Mi primer (y último)
songfic.
Personajes
Principales: Saga, Camus
Secundarios: Milo, Mu, Kanon
Parejas
Principal: Saga x Camus
Secundarias: Milo x Camus, Milo x Mu
Tipo: Romántico creo.
Resumen: Después de que Milo terminara su relación con Camus, Saga decide intentar algo con el francés, pero las cosas se pondrán difíciles cuando Milo decida regresar.
15 de junio, 2007
One last
goodbye - Anathema
Saga x
Camus
How I needed you
How I grieve now you're gone
Subió las escaleras pesadamente rumbo a su templo,
sintiendo que sus articulaciones no soportarían más, y que inevitablemente sus
huesos estallarían en mil pedazos para terminar como un montón de astillas
incrustadas bajo su piel, a esas alturas, ya nada le importaba. Nunca pensó que
le dolería tanto, a decir verdad, ni siquiera se imaginaba lo que representaría
para él esa furtiva relación.
- Lo lamento Saga - había musitado
mientras se deshacía del abrazo que lo mantenía aferrado a su cuerpo, y salió
antes de que el de géminis pudiera decir algo.
In my dreams I see you
I awake so alone
Estaba cansado, quería enfadarse, él había estado
ahí cuando Camus lo había necesitado, y ahora tan solo lo dejaba, ¿qué no
habían comenzado a sentir algo el uno por el otro? ¿Cómo había comenzado todo?
Depresión, quizá sería una de esas ocasiones en que las cosas terminan como
comienzan, porque así había comenzado todo, con una depresión.
Lo había encontrado en la barra platicando animadamente con un desconocido, al parecer, el alcohol contenido en el whisky por fin había entrado a su torrente sanguíneo haciéndolo mucho más sociable. Se acercó silenciosamente colocando su mano sobre el brazo de Camus impidiendo que éste llevase el vaso a sus labios una vez más.
- ¿Qué...? - se giró un poco molesto, enfocando su mirada sin poder reconocerlo plenamente.
- Vamos, creo que ya bebiste suficiente
- la voz firme de Saga hizo que el caballero de Acuario sonriera mientras el
desconocido se ponía a platicar con alguien más.
- ¿Te mando Milo? - entrecerró
los ojos con desconfianza.
- No - lo tomó del brazo pero el
contacto fue rechazado violentamente.
- ¡Suéltame! - ni siquiera él
mismo sabía cuánto había bebido ya. Pasaron unos cuantos segundos antes de que
siguiera hablando - me engañó - musitó terminando el contenido de su vaso.
- Camus... no vale la pena que
sigas bebiendo por eso, ven, vayamos al Santuario y... hablaremos allá.
Lo que quería era sacarlo de ese bar de donde muchas veces había tenido que sacar casi arrastrando a Kanon, quizá en ese momento Camus no lo notaba pero habían varios tipos viéndolo de manera sugerente, y si algo no quería Saga era que todo terminara en una pelea que bien se podía evitar.
- Ven - fue más una orden que
una sugerencia.
Lo tomó nuevamente del brazo obligándolo a ponerse
de pie, sin embargo, no pasó mucho tiempo para descubrir que era casi imposible
que el francés llegara por sí mismo al santuario, sus piernas apenas lo
sostenían y todo parecía girar a su alrededor. Saga lo abrazó parcialmente
colocando uno de los brazos Camus sobre sus propios hombros, mientras que lo
tomaba por la cintura sirviéndole de apoyo.
Cruzaron lentamente cada templo hasta llegar a
géminis, donde por decisión de Saga se mantendrían al menos un rato. Ayudo a
Camus a recostarse y le prestó algo de ropa, después se sentó frente a él
soportando con suma paciencia el estado eufórico del francés, seguido por la
inevitable depresión donde terminó llorando, diciendo cuánto amaba a Milo. Le
dolía verlo en ese estado.
- No lo entiendo... - suspiró
agotado mientras Saga continuaba conteniendo las ganas de salir corriendo en
busca del escorpión y obligarlo a regresar con Camus.
La historia era la misma, un desliz del griego, un francés
herido, aunque a decir verdad, esta vez
había algo diferente, en esta ocasión no había de por medio un intento
desesperado por salvar su relación, y había sido eso lo que afectó
terriblemente a Camus, el saber que ya no habría una reconciliación, que ya no
estarían juntos de nuevo porque había alguien más, ¿qué había pasado con lo que
decían sentir? Fácil, se había evaporado. Pasaron algunos minutos antes de que
Camus se quedara dormido, entonces Saga pudo apreciar los bellos rasgos del
francés, preguntándose qué le había faltado a Milo.
La mañana trajo consigo el terrible dolor de
cabeza, Camus se puso de pie, no recordaba nada de la noche anterior, tuvo que
apoyarse en algunos muebles para poder llegar al baño y terminar con las náuseas
que venía sintiendo. No quería escuchar nada, no quería sentir, tan solo quería
encerrarse en su templo y levantar un muro de hielo si era preciso para evitar
que se le acercaran. Lavó su rostro, sentir el agua fresca sobre su pálida piel
fue despertando sus sentidos poco a poco y fue entonces que descubrió
que no se encontraba en su templo.
Caminó con pasos temblorosos hasta lo que sería el
comedor, siguiendo las voces que provenían de ahí, sin duda eran Saga y Kanon.
¿Qué hacía en el templo de géminis?
- Buenos días - dijo Saga -
desayuna, saldremos en media hora.
- Hola Cam, dura la resaca ¿eh?
- Buenos días, creo que iré a mi
templo.
- Siéntate - no le gustó el tono
utilizado por Saga, pero por alguna razón lo obedeció.
El mayor de los gemelos se puso de pie y fue a la
cocina para regresar un par de minutos después con un extraño brebaje.
- Uy, la que te espera francesito
- Kanon terminó su desayuno, se puso de pie y cuando pasó detrás de Camus, le
dio un par de palmadas en la espalda en señal de apoyo, musitando lentamente -
no lo hagas enojar, tiene un genio que... no quieras descubrirlo.
- Ten... - Saga le ofreció el
vaso a Camus, pero éste se quedó inmóvil con una expresión de aversión - te
ayudará a disminuir los efectos del alcohol...
- Sí sirve, créeme – dijo Kanon
- ¡Nos vemos Saga! No me esperes y... pórtense bien já - les dirigió una mirada
traviesa y salió del lugar.
- Confía en mí.
La sinceridad que había en esas últimas palabras terminó por convencer al de acuario. No sería la primera vez que tomaría el extraño brebaje, ni la última que estaría en el tercer templo, pero eso, era algo que todavía no sabían.
***
- ¿Entonces vendrás? - preguntó
Mu.
- Sí - continuó acariciando la
suave y blanca piel del lemuriano.
- ¿Ya lo sabe Camus? - era como
si buscara herirlo a como diera lugar.
- Mu... - tomó su rostro
besándolo dulcemente - lo mío con Camus terminó...
- Ahh, claro - ¿por qué tenía
que ser tan sarcástico? Mu habría preferido seguir en ese tipo de relación, no
le importaba ser el otro siempre y cuando fuera solamente él, porque, si Milo
dejaba a Camus, y Mu tomaba su lugar... entonces, quizá alguien más tomaría el
lugar de Mu.
- No me crees ¿eh?... - se le acercó
lascivamente, sabía cómo convencerlo, y colocándose sobre él comenzó a besar su
dulce cuello haciendo que todos los pensamientos de Mu quedaran reducidos a
simples frases sin significado aparente.
***
De haber sabido con lo que se encontrarían en el primer templo, habría retenido más tiempo al francés, le habría hablado de cualquier cosa, pero no lo hizo porque no lo sabía.
- Está con él ¿cierto? Milo está
aquí - fue lo único que escuchó de Camus cuando intentaban cruzar rumbo al
pueblo.
- Olvídalo, no vale la pena - detuvo
su paso contrariando a Saga - ¿Qué pasa?
- Regresaré a mi templo, no
quiero salir - no fue capaz de notar la melancólica expresión de Saga, y quizá
si lo hubiera hecho no le habría importado demasiado.
- De acuerdo.
Sabía que no era una buena idea dejarlo ir pero no
pudo impedirlo, por más que quisiera no era nadie para obligarlo a estar con
él. Más tarde, cuando su instinto le dijo que debía visitar a Camus, lo
encontró en una situación similar a la de la noche anterior, solo que en lugar
de una barra en un lugar de mala reputación, se encontraba en la sala de su
templo. ¡Maldición! Pensó Saga, ¿qué no había escarmentado ya?
Y se acercó a él.
- ¡SAGA! Amigo... ven... - una
vez que estuvo a su lado, lo abrazó como si de ello dependiera su vida.
- ¿Qué no aprendes niñato?
Lo ayudó a darse una ducha admirando silenciosamente
su cuerpo. Después, lo guio hasta la recámara y lo arropó.
- Espera... no te vayas - habría
querido escuchar esas palabras en otras circunstancias, pero se conformó con
tan solo escucharlas - quédate aquí... por favor...
Se recostó al lado de Camus y éste lo abrazó, a diferencia
de lo que había pensado, el cuerpo de Camus era cálido y despedía un dulce y
embriagador aroma. No correspondió al abrazo, tan solo se limitó a acariciar el
largo cabello del francés, imaginando lo que sería una vida a su lado.
***
Despertó sintiéndose apresado por los brazos de alguien más, tal vez fue por costumbre que creyó que se trataba de Milo, y se sorprendió al encontrarse al mayor de los gemelos descansando a su lado. Agradeció que éste estuviese dormido aún y que no pudiera ver el sonrojo que le había ocasionado, así que deshaciéndose del abrazo salió rumbo a la cocina. ¿Acaso había bebido tanto? Pobre Saga, tener que lidiar con Kanon y ahora conmigo - pensó mientras continuaba con su labor.
- Buenos días.
- Ahh - se sobresaltó un poco -
me asustaste. Hice el desayuno pero te advierto que no sé cocinar, así que...
no esperes mucho de mí.
Saga sonrió, no le importó que no supiera cocinar hasta que tuvo que probarlo, e hizo un esfuerzo sobrehumano para fingir que no estaba tan mal.
- Sabe horrible ¿cierto? -
¿acaso esa era una de las sonrisas de acuario?
Los sucesos a partir de ese momento fueron
confusos, una serie de situaciones que se dieron de forma espontánea iniciando
así una relación que podía satisfacerlos a ambos.
***
Salieron del pueblo ante el cotilleo por parte de algunos de sus compañeros.
- ¿A dónde se supone que vamos?
- Ya verás.
Tenía que caminar un poco más rápido de lo normal
para no quedarse atrás, ¿por qué tenía Saga era tan rápido?
- Llegamos - dijo con una
sonrisa triunfal mientras empujaba a Camus dentro de una tienda.
- ¿Qué hacemos aquí?
- Te compraremos lo que quieras
– el francés miró a su alrededor, no había más que instrumentos musicales.
- Pero... yo no sé tocar.
- ¿Nunca has querido aprender? –
en francés lo miró confundido, a decir verdad jamás se había puesto a pensar en
ello – No importa, aprenderás.
Y antes de que pudiera responder se dirigió con uno
de los dependientes del lugar, más tarde, regresaron ignorando con maestría la
curiosidad despertada en el menor de los gemelos. Comenzaba a gustarle eso de
Saga, hacía que las cosas parecieran tan fáciles, como si tuviesen todo el tiempo
del mundo entregándose por completo a cualquier cosa.
***
- Quiero una mangosta - Saga,
quien hasta entonces estaba boca arriba, giró quedándose de costado para
observarlo mejor
- ¿Una mangosta?
- Sí, un suricato - se puso de
pie y regresó con una especie de álbum, después se recostó de nuevo al lado de
Saga - ¿Puedo mostrarte algo?
- ¿Qué es? - tomó el libro de
las manos de Camus y comenzó a hojearlo desde el principio.
Había una serie de imágenes, lugares del mundo, objetos
sin utilidad aparente y finalmente, animales, donde sobresalían los suricatos.
- Já, es… - su risa era nerviosa
- son cosas que siempre he quiero ver alguna vez en la vida... es como... mi
lista de deseos... sé que se escucha muy tonto, pero... pues... - sentía que
tenía que explicarse, tuvo una extraña sensación en las manos, y el oxígeno comenzó a llegar a
cuentagotas a sus pulmones indicando el miedo que tenía a lo que Saga pudiera
pensar, aunque habían pasado mucho tiempo juntos, seguía sin saber qué esperar
del gemelo.
- ¿Por qué un suricato? ¿No
prefieres un perro... no sé... un gato?
- No, algún día... iré a Africa
y me traeré uno en la maleta – dijo entre risas - mira éste - señaló una imagen
donde el pequeño animal estaba sentado con una rama en sus manitas – mi plan es
que te encariñes con uno y vendértelo después de mi viaje a África.
- Y piensas traerlo en tu maleta...
sin que se den cuenta.
- Pues... - tocó su hombro - si
fueras conmigo sería más fácil... ya sabes, un portal por aquí, otro allá y
hasta tendrías tu propio suricato - dijo con entusiasmo mientras sonreía con
complicidad. Y el saber que aunque fuera bromeando el de acuario lo incluía en
sus planes lo hizo sentirse terriblemente bien.
- ¿Por qué un suricato?
- Los vi en un documental un
día.
La vista de Camus se perdió en algún punto de la
habitación, y Saga aprovechó para acercarse y besarlo con ternura, cada día le gustaba
más, cada día disfrutaba más de su presencia y de la manera en que se
entusiasmaba. A decir verdad, Camus no pedía mucho, solía mantener sus sueños
en silencio, podía animar a las personas pero era casi incapaz de pensar en él,
parecía como si buscara protección para terminar protegiendo a todo aquel que
se encontraba cerca, eso había aprendido Saga del francés, y le gustaba, había
dejado de ser atracción física para convertirse en algo que ni siquiera había
contemplado en un principio.
El de acuario quería preguntar qué era lo que
pasaba, qué significaba ese beso para ambos pero tuvo miedo, temía darse cuenta
de que se había ido enamorando de Saga.
***
- Ahh - el suspiro cansino
atrajo la atención de Saga - ahí están Dita y D.M. - si había algo que
fastidiaba a Camus, era la forma en que hablaban de ellos, después de la
partida de Milo y Mu algunos meses antes, la relación de Saga y Camus, se
convirtió en el principal tema de conversación - ¡Eres un imbécil Saga! - gritó
repentinamente Camus ante la mirada sorprendida del gemelo - dime algo - dijo
en voz muy baja mientras le guiñaba un ojo.
- ¿Ah sí? ¿Y qué querías que
hiciera? ¿Qué te lo festejara?
- ¡Dijiste que me amabas! - era
un buen actor.
- Y te amo - a pesar de ser un
juego, esas palabras causaron algo en ambos, algo que prefirieron ignorar.
- ... – el francés se repetía
una y otra vez que solo estaban fingiendo – Ya no mientas por favor, ya me
cansé de esto.
- ¡Espera! ¡Arreglaremos las cosas de
una vez!
Saga tomó las muñecas de Camus fingiendo hacerle daño.
- ¡Saga! - dijo un aterrorizado
Dita - Cálmate, mira... Camus es un buen chico y... - no sabía qué decir para
detener lo que en su opinión era un ataque de celos, así que se llevó una gran
sorpresa cuando vio cómo la pareja comenzaba a reír.
- Ahora ya tendrán de qué hablar -
musitó Camus sin saber que había sido escuchado.
- ¿Qué pasa con ustedes? -
chilló indignado el de piscis - ¡Me preocuparon! - y sin decir más se
marchó con D.M. quien seguía sin comprender la escena.
Ni Camus ni Saga sabían que a cientos de kilómetros
de distancia, una pareja parecía interpretar la misma escena intercambiando el "Y te amo" por un musitado "Pensé que te amaba", el final
era distinto, no terminaba en risas sino en un amargo abrazo.
- Regresaré al Santuario - dijo el
escorpión mientras llamaba para anunciar su llegada.
Lo que siguió fue doloroso.
***
I know you didn't want to leave
Your heart yearned to stay
I know you didn't want to leave
Your heart yearned to stay
Sucedió con el regreso del escorpión, Saga no
comprendía por qué Camus lo dejaba, ¿por qué regresaba con Milo cuando lo había
lastimado tanto? Estaba agotado, cansado de pensar y de desear que las cosas
hubieran sido diferentes. Habría querido obligar a Mu a regresar con el
escorpión, aunque si de obligar se trataba, habría obligado a Camus a quedarse
con él.
But the strength I always loved in you
Finally gave away.
- Milo regresa hoy - lo dijo como si nada.
Y con esa simple frase fue que todo terminó, podía
ver la indecisión en su mirada, ese miedo que se iba incrementando, como si
todo a su alrededor fuera reduciéndose para destruir lo poco que habían
construido. Así que temiendo lo peor y de la manera más cobarde, ayudó a Camus
a decidir.
- Puedes regresar con él si quieres... - se arrepintió casi
inmediatamente pero fue demasiado tarde, las palabras habían sido pronunciadas.
Camus no pudo negar que le habían dolido escuchar a
Saga, pensó que de alguna forma el gemelo diría o haría algo para retenerlo a
su lado, que no lo dejaría ir tan fácil, necesitaba que le dijera que lo quería
o que lo necesitaba, algo que nunca necesitó de Milo. Saga era diferente,
demostraba su amor con hechos, así que el francés siempre tuvo dudas, siempre
necesitó escucharlo para saber que había un sentimiento y que no solo era su
imaginación.
***
Somehow I knew you would leave me this way
Somehow I knew you could never… never stay
El de géminis se sintió como un idiota, siempre
supo que no duraría, que Milo terminaría arrepintiéndose, y que Camus lo
perdonaría, y era eso lo que más le dolía, los meses que pasaron juntos no
fueron suficientes para acabar con los sentimientos que el francés tenía hacia
el escorpión.
And in the early morning light
After a silent peaceful night
You took my heart away
And I grieve
La última noche que pasaron juntos fue silenciosa. Camus se encontraba sumido en sus pensamientos mientras que Saga se limitaba a mantener los ojos cerrados, fingiendo un tranquilo sueño que no podía estar más lejos de la realidad. El primero estaba boca abajo moviendo uno de sus pies intentando liberar toda la tensión que sentía en ese momento. Si estaba pensando en marcharse tenía que hacerlo ya. Antes de que Saga despertara.
In my dreams I can see you
I can tell you how I feel
Pudo sentir el suave movimiento de Camus quien se
acercó para besar sus labios por última vez. Quería detenerlo, quería abrir los
ojos y abrazarlo para no dejarlo ir, pero no quería hacer las cosas más
dolorosas, quizá todos tenían razón, quizá Milo y Camus estaban destinados a
estar juntos, tal vez habían nacido para pertenecerse, para librar todos los
obstáculos que ellos mismos se ponían. No lo soportaba, su cabeza era un mar de
pensamientos dolorosos que desembocaban en su alma, y lamentaba jamás haberle
dicho lo que sentía por él, que se había enamorado, que aquella vez que le dijo
que lo amaba no había sido un juego, que era lo que sentía. "Lo
lamento Saga" Fue lo último que escuchó aquella noche.
In my dreams I can hold you
And it feels so real
Quería dejar de soñar con el de acuario, necesitaba
dejar de pensar en él y en los planes que inconscientemente comenzaron a trazar
juntos.
I still feel the pain
I still feel your love
I still feel the pain
I still feel your love
- ¿Pensando en el francés? -
preguntó Kanon.
- No - dijo sin dudarlo, había
estado practicando esa respuesta.
- Vamos Saga, eso ni tú te lo
crees, ¿por qué no hablas con él?
- Estoy cansado, déjame solo.
Le dolía ver a su hermano así y pensó que si alguien podía ayudarlo en ese momento, era Camus, pero paradójicamente era el francés quien producía ese patético estado en su hermano. Jamás olvidaría la ocasión en que los encontró abrazados, Saga se aferraba al delgado cuerpo de Camus como si encontrara alguna especie de alivio en él, sabía por experiencia propia lo que se sentía cargar con tantas culpas, él mismo solía terminar llorando sobre el hombro de Aioria, fingía estar alegre todo el día para desmoronarse ante la más leve demostración de cariño. Seguro que Saga pasaba por lo mismo.
And somehow I knew you could never, never stay
And somehow I knew you would leave me
Tenía que hacer algo, se lo debía, así que salió de
la habitación con un rumbo ahora definido. Nunca creyó en esa relación pero
creía en su hermano.
And in the early morning light
After a silence peaceful night
You took my heart away
After a silence peaceful night
You took my heart away
Las noches eran cortas y los días largos, ahora
comprendía como debió sentirse Camus cuando lo encontró en aquel bar, quizá él
mismo debía buscar alguna salida, ya no le quedaba nada, todas las ganas que
alguna vez había tenido se habían esfumado con su partida, lo necesitaba, tal
vez ese era su destino, permanecer solo, y por un breve instante el deseo de
terminar con todo cruzó por su mente, pero fue desechado inmediatamente cuando
pensó que él lo podría necesitar de nuevo alguna vez.
I wished, I wished you could have stayed.
- Saga… - escuchó su voz muy
lejos, el movimiento etílico le impedía ubicar a la persona que le hablaba -
¿qué no aprendes niñato? - sonrió de manera encantadora.
- Camus... ¿qué haces aquí?
Era una pregunta fácil, pudo decirle que minutos
antes se encontró a Kanon quien aparentemente lo estaba buscando dispuesto a
todo con tal de que se replanteara lo que había pasado, pudo decir que cuando
vio a Milo se dio cuenta de que ya no sentía nada por él, que en cambio no
dejaba de pensar en Saga, en las cosas
que quería hacer con él, los lugares que conocerían, quiso decirle tantas
cosas.
- Te amo - musitó en su oído
mientras Saga terminaba de abrazarlo, recargando todo su peso sobre él.
Ya no importaba quien diera el primer paso.
FIN
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