lunes, 7 de enero de 2013

Epílogo - Junio 25,2009

Epílogo



Martes 2:50 a.m.



- ¿Estás seguro Camus? – preguntó Milo mientras se colocaba sobre el francés, éste tan solo asintió con la cabeza nerviosamente. Ambos se encontraban desnudos y agitados.



A esas alturas, Milo podía decir que conocía a Camus mejor que cualquier otra persona, y le agradaba esa sensación, había tenido que aprender a leerlo y sabía que aunque quisiera aparentar, en ese momento, Camus estaba a un paso de arrepentirse. Se sintió egoísta al desear que no se retractara, y besó sus labios con dulzura mientras apartaba el cabello que descansaba sobre su rostro. Separó sus muslos mientras sus manos acariciaban la punta de su miembro.



- Esperahh… - la palabra se mezcló con un gemido e intentó incorporarse para poder quitarse a Milo de encima.


- ¿Quieres que me detenga?... – el francés pareció dudar – No tenemos que hacerlo si no quieres.


- Yo… te lo prometí.


- Pero estabas ebrio… - dijo Milo sintiéndose culpable.


- Aun así, sigue siendo una promesa - volvió a recostarse y giró su rostro mientras cerraba los ojos.



Milo volvió a acariciarlo recorriendo toda su anatomía, no era la primera vez que lo hacía, pero existía la posibilidad de que en esta ocasión sí llegaran a algo y no solamente se quedaran terriblemente excitados, masturbándose hasta terminar sobre las sábanas. El escorpión tomó un frasco con lubricante y puso una generosa cantidad sobre su miembro hinchado, luego deslizó dos de sus dedos por entre las nalgas de Camus.



- ¡Noo! – dijo el francés, su espalda se arqueó y empujó su cuerpo apoyándose en sus manos para separarse de Milo – lo siento… continua.



Comenzó a restregarse contra Camus, ambos se encontraban erectos. Ocasionalmente Milo deslizaba su miembro entre las nalgas del de acuario mientras seguía masturbándolo. Devoraba sus labios, y bajaba hasta su cuello repartiendo leves mordisqueos que excitaban al francés, luego bajó a sus tetillas y comenzó a besarlas, acariciándolas con la punta de la lengua para después succionar levemente, sus manos se dirigieron a las piernas de Camus y las acomodó de tal forma que quedaba un poco más expuesto, le gustaba sentir esa tibia piel bajo la suya, rozando todos los puntos que le parecían apetecibles y sensuales. Sentía el miembro del francés apresado con su abdomen, y una vez que hubo bajado por completo lo metió a su boca.



Era una sensación deliciosa, ver el rostro de Milo entre sus piernas lamiendo su miembro y sus duros testículos. Sus caderas comenzaron a moverse levemente embistiéndolo mientras su cuerpo comenzaba a sentirse tan caliente que comenzaba a serle doloroso, y sentía que podía terminar en cualquier momento.



- Date la vuelta… - pidió Milo con voz ronca, y Camus solo le obedeció, en ese momento habría hecho cualquier cosa que el escorpión le hubiera pedido.


- Espera, qué… ahhh… - sintió la lengua del griego jugueteando en su orificio, y por un instante pensó en pedirle que se lo follara, Milo tenía esa extraña sensualidad que acababa con las defensas de Camus – No…



Lamió el área sensible que quedaba entre los testículos y el pequeño orificio que se contraía cada vez que lo rozaba ligeramente. Luego intentó introducir su lengua sin obtener resultados.



- No… - sus manos se aferraban a las sábanas mientras su dolorosa excitación le pedía terminar – Ahh… - Milo lamió su dedo índice, y con la yema comenzó a rozarlo, indeciso sobre si debía penetrarlo o no.


- Relájate… - dijo antes de introducirlo poco a poco.


- ¡No! – entre forcejeos consiguió colocarse nuevamente boca arriba, no podía ocultar lo excitado que estaba pero su cuerpo tenso hacían que Milo se sintiera nervioso.



El griego apresó las manos de Camus a ambos lados de su cabeza mientras besaba su cuello, con sus rodillas separó un poco más sus muslos y siguió restregándose contra su miembro para después deslizarse por entre las nalgas del francés. Los tenues gemidos que abandonaban sus labios eran excitantes.



- Suéltame… - musitó, necesitaba algo a qué aferrarse y Milo no se lo permitiría si lo seguía inmovilizando de esa manera.


- Necesito… - soltó las muñecas de Camus y con una de sus manos dirigió su miembro hasta la entrada del francés, tuvo que ejercer más fuerza de la que había pensado y se detuvo al pensar que quizá lo estaría lastimando.



Pasaron unos segundos antes de que continuara penetrándolo despacio, era tan estrecho, su miembro se sentía apretado y palpitaba en el interior de Camus, quien había tomado los brazos de Milo y ahora se aferraba a ellos sin atreverse a respirar demasiado. Solo dejaba que la cantidad de oxígeno justo entrara en sus pulmones, como si con eso pudiera disminuir su dolor, sentía cómo el escorpión se abría paso en sus entrañas, ¿qué nunca iba a detenerse? Dioses, había visto a Milo desnudo y estaba seguro de que NO era tan grande… pero ahora parecía lo contrario.



- No te muevas… - advirtió Camus intentando recuperarse, o por lo menos acostumbrarse al dolor punzante que amenazaba con partirlo en dos.


- Si te relajas un poco – comenzó a salir despacio moviendo sus caderas, pero eso solo parecía inquietar más al francés – quizá si cambiamos de posición… - dijo sumamente excitado, ni siquiera él mismo sabía cómo podía seguir hablando si lo que quería era moverse, introducirse en lo más profundo de Camus una y otra vez. Sacó un poco más su miembro para volver a entrar desde otro ángulo prolongando la deliciosa tortura del francés.


- ¡Milo! ¡Ya! – ahora que era él el sometido, no encontraba explicable el hecho de que eso pudiera ser agradable.


- Relájate Cam.


- ¡Detente! ¡Si sales no vuelves a entrar! – le gritó amenazante y solo así el escorpión se quedó inmóvil.



Estuvieron segundos así.



- No me veas así… - Milo sonrió.


- ¿Así cómo?


- Así… pensando solo los dioses sabrán qué cosas… - dijo relajándose un poco.


- Pienso que quiero follarte, quiero metértela hasta el fondo y que digas mi nombre – las palabras tan directas del escorpión hicieron que Camus se sonrojara inevitablemente.



Así que sin más consideración, el griego comenzó con el doloroso y excitante vaivén. Aprovechaba para besar los hombros de Camus y acariciar su miembro apresado entre los dos cuerpos. Y entonces comenzó a rozar un punto específico de la anatomía de Camus, y éste se sorprendió al encontrarse gimiendo y separando más sus piernas para hacer más profunda la penetración.



- Abrázame Camus… - musitó Milo, y una vez cumplida la acción fue incorporándose para quedar sentado con el francés sobre su miembro, apretándolo con fuerza en su interior.



El de acuario comenzó a moverse despacio intentando encontrar el punto estimulado antes por Milo mientras éste seguía masturbándolo con firmeza. Las caderas de Camus se elevaban solo un poco hasta que ya no pudo más, todo su cuerpo se contrajo causando cierto dolor en el escorpión, y terminó corriéndose salpicando el abdomen de Milo. 



- Ahh… - su respiración fue relajándose de inmediato mientras los latidos de su corazón seguían acelerados.



La expresión excitada de Camus fue suficiente para que Milo terminara inundando su interior. Momentos después ambos se entregaban a los brazos de Morfeo.



***



4:10 a.m.



Camus abrió los ojos y se estiró en la cama para después emitir un quejido contenido, luego observó a Milo y le dio una crisis de pánico, no sabía por qué, tan solo quería salir de ahí corriendo. Así que de inmediato comenzó a revolver las sábanas en busca de su ropa.



- Mm… - Milo abrió los ojos despacio - ¿qué pasa? – por instinto intentó tocar la frente de Camus pero éste se hizo hacia atrás.


- Estoy buscando mi ropa, no la encuentro… - la mirada de Camus estaba perdida en la oscuridad de la habitación. 


- ¿Te sientes mal?


- Ayúdame a buscar mi ropa – los movimientos del francés se volvieron más frenéticos hasta que dio con una playera, ni siquiera se dio cuenta de que era de Milo y tan solo se la puso, lo mismo sucedió con la ropa interior segundos después.



Luego el de acuario se puso torpemente de pie, ignorando momentáneamente el dolor que lo acosaba aún. Milo de inmediato apresó su cuerpo en un abrazo.



- ¿Qué quieres? – forcejearon un instante.


- ¿A dónde vas?


- Me voy a casa… - era como una pelea sin motivo.


- Camus… Camus, espera…


- Suéltame.


- No… dioses Cam… son las… - miró el reloj sobre la mesita de noche – 4:30… quédate.



Sabía que no estaba siendo justo con Milo, sentía que el griego no merecía esa escena tan solo porque lo habían hecho… pero… era una sensación inexplicable, como si algo repentinamente lo ahogara y ahora necesitaba aire fresco, salir, irse lo más lejos que pudiera, desaparecer de ser posible.



- Tengo que irme… lo siento Milo.


- No, espera… - lo abrazó más fuerte – solo un par de horas más… solo eso y después te llevaré a casa.



Hasta ese momento ninguno de los se había percatado de que el francés no tenía forma de volver a casa, a menos que quisiera caminar la considerable distancia que separaba ambos hogares. Y aunque ninguno de los dos dijo algo al respecto, ambos supieron que pasaría algún tiempo para que volviera a haber contacto sexual entre ellos.



***



6:50 a.m.



El sonido del teléfono despertó a Milo. Camus habría despertado normalmente, pero había estado lidiando con su propia crisis y había terminado demasiado estresado, pensando, dándole vueltas al asunto hasta que finalmente se había quedado dormido bajo el abrazo de Milo, quien no quiso soltarlo por temor a que se fuera precipitadamente.



- Ahora no puedo, estoy con Cam… - el francés abrió los ojos sin moverse - ¿no puede ser otro día? – pensó que Milo le había preguntado algo pero cuando intentó moverse el escorpión acarició su espalda para tranquilizarlo – se va a dar cuenta – musitó – pero bueno, está bien.



Beso los labios del aún adormilado Camus, y se fue a duchar, los recuerdos de la noche anterior hicieron que su miembro despertara y tuvo que masturbarse puesto que sabía que el francés aún estaba molesto.



Una hora más tarde, cuando el de acuario finalmente despertó, se encontró solo en la habitación, y sintió aún más rencor contra Milo.



***



2:00 p.m.



Caminó por los alrededores de la facultad cuando de pronto creyó haber visto a Shura, iba a saludarlo pero éste se dio cuenta de su presencia, y la sonrisa que tenía hasta ese entonces se borró para acercarse apresuradamente a Camus.



- ¿Qué haces aquí?


- ¿Qué? Eso debería preguntarte yo a ti.


- Ven, vamos por un trago - la insistencia de Shura le parecía sospechosa, así que decidió ignorarlo.


- ¿Qué sucede?


- Nada… ven, vamos.


- Tengo que ir a mi casillero – mintió para deshacerse del español.


- Espera… - intentó tomar a Camus del brazo pero fue demasiado tarde.



Frente a sus ojos se encontraba Milo, Milo con una joven, Milo con una joven que se veía muy empalagosa con él, Milo que no hacía nada por quitársela de encima, y entonces sintió náuseas, y maldijo al idiota de Milo, y se maldijo a si mismo por haberse emborrachado y por no haber querido romper esa promesa, le dieron ganas de reclamarle. Pero no hizo nada, tan solo regresó sobre sus pasos.



- ¿No querías que viera eso o algo así? – le preguntó con algo de rencor a Shura.


- Camus, no saques conclusiones precipita…


- Dioses Shura, ¡NO! No te atrevas a opinar al respecto, adiós.



Y tan solo se fue molesto. Para cuando el escorpión se dio cuenta de la presencia de Camus, éste ya iba muy lejos.



***



Miércoles 11:00 a.m.



- ¿Cuánto llevan así? – preguntó Ikki con curiosidad.


- Desde ayer en la noche… - ambos se encontraban sentados en el suelo, en el pasillo que separaba la habitación de Camus de la de Hyoga.


- ¿QUÉ? ¿No durmieron?


- Pues en la madrugada dejaron de gritarse por un par de horas.


- ¿Y por qué pelearon ahora?


- Creo que Camus lo encontró con una chica.


- ¿Es en serio?


- Bueno, algo así escuché que le reclamó Camus. ¿Por qué te sorprende?


- Me matará si lo digo, pero… Milo adora a Camus, no sería capaz de engañarlo. A veces es un idiota y dice cosas a la ligera, pero nunca lo había visto tan enamorado de alguien.



***



- Camus… ¿Por qué insistes en terminar?


- ¿Qué caso tiene que sigas conmigo? Ya tuviste lo que querías ¿no? – dijo con sarcasmo – ahora puedes irte con quien te de la gana – le arrojó una almohada.


- No tienes que buscar excusas para dejarme, si no quieres estar conmigo tan solo dilo. Aunque no entiendo por qué.


- ¿En verdad quieres que te lo diga? – tuvo la sensación de que lo estaba retando.



***



- Espera… - le dijo Hyoga a Ikki mientras tocaba apresuradamente la puerta para abrirla segundos después.



Había optado por interrumpir, ya fuera con la merienda, la cena, el desayuno, el almuerzo, alguna duda, pedir algo prestado, o cualquier cosa, sentía que si no interrumpía, Camus por su mero orgullo terminaría con Milo, y éste, cansado, quizá aceptaría. Le causaba cierta angustia que discutieran tanto.



- ¡Ya está la comida!


- Hyoga, comimos hace como 3 horas.


- Sí, lo sé… - habló con lentitud – pero… ahora tenemos visita – dijo y jaló a Ikki de la camiseta.


- Hola - dijo el peliazul, fue un momento incómodo.


- Ah… Ikki… Está bien, ya bajamos.



Aún durante el trayecto al comedor siguieron discutiendo, aprovechaban cada ausencia de Hyoga e Ikki para seguir peleando.



- ¡Me dejaste en la mañana!


- Tuve algo que hacer.


- Y te veo con esa chica y a ti te da igual, bien pudo haberte besado, JÁ, quien sabe, quizá si lo hizo, no me quedé el tiempo suficiente… - Milo sonrió, se trataba solo de eso, Camus estaba celoso, se sentía terriblemente inseguro y prefería abandonar antes que ser abandonado.


- Te amo Camus… - el francés lo vio con incredulidad, y Milo estuvo casi seguro de que le daría una crisis de histeria que no sabría cómo controlar.


- ¡AH! NO digas eso cuando…


- Pero es cierto, te amo. Y quiero que estés conmigo para siempre.


- ¡No digas esas cosas! - puso ambas manos sobre la boca de Milo para impedir que siguiera hablando.



Desde la cocina Hyoga pensaba interrumpir para evitar que algo se dañara, pero Ikki lo detuvo.



Milo quitó las manos de Camus y siguió hablando.



- Sé que te da miedo escuchar este tipo de cosas… y no sabes cómo me asusta a mí decirlas… - por primera vez Camus prestó atención a lo que Milo decía.


- ¿Te asusta decirlas? Las dices todo el tiempo.


- Sí, já, y no sabes lo frustrante que es que tú nunca digas que también me amas… no sé si estás conmigo por lástima o para pasar el rato, pero yo sí quiero algo serio contigo…


- Milo…


- No, déjame terminar… te amo Camus, y puede que no lo creas, sé que no soy mágico como tú, yo no puedo expresarte todo con una mirada y por eso uso palabras, quizá no sea bueno utilizándolas, pero te prometo que eres lo que más he amado, y quiero estar contigo, quiero… que un día compartamos la misma casa y juguemos los mismos videojuegos, y que salgas conmigo, que hagamos un desastre juntos en la cocina y tengamos fiestas de disfraces… porque es algo que siento, sé que eres tú, sé que eres el amor de mi vida y… te amo.


- Pero… - sentía el rostro ardiendo, ¿cómo podía escribir poesía y ser un inepto al hablar de sentimientos? Ahh, le angustiaba no saber cómo responderle a Milo.


- Esa chica trabaja organizando fiestas, ella arregla lo de los salones y todo eso, le estaba pidiendo consejos para tu cumpleaños.


- ¿Es en serio?


- Sí, muy en serio – nunca vio tanta sinceridad en Milo, nunca lo vio tan serio y tan convencido de lo que decía.


- Sí quiero jugar los mismos videojuegos que tú… - sonrió – y podemos molestar a Shura juntos.


- Já, sí, eso sería divertido.



Eran las 12:16 p.m. cuando la reconciliación se llevó a cabo. Camus volvió a sonreír. Y entonces Milo supo que ese era su final feliz.




FIN

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