sábado, 19 de enero de 2013

Capítulo 9: No todo lo que brilla es oro - Diciembre 9,2011

Capítulo 9: No todo lo que brilla es oro



          - Creo que voy a pedir ésta…– dijo Camus con cierto entusiasmo en la voz.

          
          - ¿Qué lleva? – preguntó Aioria.


          - Todo, todo lo que puedas imaginar en una hamburguesa.


          - Es muy grande, deberías pedir otra cosa – dijo Milo, y Camus lo observó entrecerrando los ojos.



Una de las pocas cosas que le disgustaban al francés era que le dijeran que hacer.



          - Voy a pedirla – dijo cerrando el menú.


          - Camus…


          - No he comido en todo el día, además, es la que pedí la otra vez ¿te acuerdas?


          - Bueno, ándale, pídela – el escorpión se resignó, y es que no importaba cuántas veces lo aconsejara, el francés terminaba haciendo lo que le venía en gana - ¿Por qué tan feliz? – le preguntó a Aioria quien no había dejado de sonreír mientras veía su móvil.


          - Un mensaje… de Shaka… - Milo estaba a punto de preguntarle de qué se trataba pero el león se puso de pie y tomó su chaqueta – Lo siento chicos, comeré con ustedes otro día. Nos vemos.


          - ¿No te molesta que se vaya? – preguntó el escorpión cuando vio a Aioria lo suficientemente lejos.


          - No, él siempre está ocupado.


          - Lo más seguro es que vaya a salir con Shaka – intentaba ver algo de celos en el rostro del francés, pero éste parecía muy ocupado buscando algo en su mochila.



***



En esos últimos días los habían visto muy juntos, el de virgo prácticamente se había convertido en su acompañante. Al parecer, el día después del festival de invierno, habían ido a vagar por el centro y aprovecharon para comprarse ropa para la fiesta de la fundación, luego Shaka lo acompañó a su entrenamiento y lo esperó pacientemente en las gradas. La mayoría de sus compañeros de equipo le preguntaron por él y pudo notar el deseo en su mirada cada vez que se topaban con la deliciosa figura del de virgo. Le gustó la sensación, le encantaba pensar que la mayoría de esos chicos habrían dejado a un lado su heterosexualidad por poder estar con Shaka, y más adoraba aún el hecho de saber que el rubio estaba ahí exclusivamente por él, lo volvía loco. Era como si la testosterona subiera a niveles indecibles e incluso jugó mejor que nunca esa tarde. Así que siguió llevándolo consigo a otros lugares donde el hermoso rubio permanecía en silencio viéndolo de lejos.



          - Tengo algo para ti… - dijo Shaka en cuanto vio llegar al león.


          - ¿En serio? – el rubio asintió antes de darle una pequeña caja que Aioria abrió con cuidado – Wow… ¿dónde la conseguiste? – era una caja de música que salía en su anime favorito, habían salido como edición limitada y para cuando convenció a Saori de utilizar sus influencias para conseguirla, ya se habían agotado.


          - Vagando en internet – mintió.


          - Ahh… ¿cuánto es? – preguntó sacando su billetera.


          - No… nada…


          - Pero, te debió salir carísima, en serio, dime, ¿cuánto es?


          - Nada… de verdad- musitó y Aioria lo envolvió en un cálido abrazo.



***



          - Ya no quieres ¿cierto? – preguntó el escorpión al terminar de cenar y ver que el francés aún tenía la mitad de la hamburguesa en su plato.


          - Es muy grande… pero… es la misma que pedí el otro día ¿te acuerdas?


          - Sí… y también dejaste la mitad.


          - ¿En serio? – no lo recordaba - ¿Y por qué no me dijiste que no la pidiera? – quiso golpearlo en ese momento pero se contuvo porque ya estaba acostumbrado a que el francés no le hiciera caso y que al final terminara dándole la razón.



Al principio había pensado que lo hacía intencionalmente para molestar a los demás, pero con el tiempo se dio cuenta de que así era él, y lo peor, es que así le agradaba. Disfrutaba en especial sus sesiones de besos y ver su rostro agitado cuando se separaban. Le gustaba ese sonido que hacía cuando probaba algo delicioso, era como un leve gemido que despertaba en el escorpión sus deseos más ocultos, de pronto imaginó al francés gimiendo bajo el peso de su cuerpo y no pudo evitar excitarse y sorprenderse al pensar en ello.



          - ¿Quieres ir a vagar por ahí? – preguntó Camus.


          - Vamos a casa… se me acaba de ocurrir algo…



***



          - Ahh – el menor de los gemelos suspiró por tercera vez, y Saga dejó el libro que estaba leyendo. Ya le había preguntado si le sucedía algo pero el dragón marino había respondido que no, aunque de lejos se notaba que algo le preocupaba.



Se acercó a él y se acostó a su lado para después abrazarlo. No acostumbraba a ser muy demostrativo, la verdad es que le incomodaba un poco la cercanía física de los demás y siempre era Kanon quien lo abrazaba a él.



          - ¿Qué tienes? – preguntó apretando un poco su cuerpo. Aunque en ocasiones terminaba cansado por el carácter inquieto de su hermano, el verlo así, tan decaído, lo angustiaba. Y es que Kanon no era así, él siempre estaba feliz, no importaba lo estresados que estuvieran todos, él siempre tenía una sonrisa y un comentario idiota para alegrar el día.


          - Saga…


          - ¿Mm?


          - ¿Estás intentando seducirme?


          - ¡AHH! – su rostro enrojeció por completo - ¡Claro que no, grandísimo idiota! – le gritó antes de golpearlo en la cabeza.


          - Ahh… - se quejó sin dejar de reírse, y es que siempre era comiquísimo ver a Saga sonrojarse.


          - Te estaba preguntando bien – se alejó de Kanon y puso ambas manos detrás de su cabeza. Al menos verlo reírse lo tranquilizaba un poco.


          - Lo sé, lo siento, es que… - no sabía si podía hablarle libremente de Aioros, y Saga tampoco había mencionado a Shura hasta ese momento.


          - ¿Se pelearon? – intuía que si algo tenía así a Kanon, se relacionaba irremediablemente con el arquero.


          - No fue una pelea… solo… le estoy dando espacio…


          - ¿Espacio? – arqueó una de sus cejas con incredulidad, ¿de cuándo a acá Kanon le daba espacio a la gente? A decir verdad, el mayor de los gemelos dudaba que su hermano supiera el significado de la palabra “espacio” - ¿Él te lo pidió? – negó con la cabeza - ¿Entonces?



Kanon moría de ganas de preguntarle si Aioros se había hartado alguna vez de él, pero sentía que era un tema prohibido entre ellos, además, le daba miedo enterarse de algo con lo que no pudiera lidiar.



          - Conozco a Aioros y…


          - No, no, no, no – dijo mientras cubría sus oídos.


          - ¿Qué? – preguntó tomando ambas manos del dragón marino.


          - No quiero saberlo, lo que sea que vayas a decir de él, prefiero no saberlo.


          - De acuerdo.



***



          - Ahh… - el gemido abandonó sus labios y apretó los brazos del escorpión.


          - ¿No te gusta? – preguntó Milo mientras restregaba su cuerpo contra el de Camus.


          - Sí, pero… no creo que… ahh… sea correcto…


          - ¿Por qué no? – se perdió en la blancura de su cuello hasta que su nariz se topó con el delicioso aroma de su cabello – No estamos haciendo nada malo… - musitó en su oído y el cuerpo del francés se estremeció al sentir su tibio aliento.



De pronto Camus se vio envuelto en un dilema, por un lado, Milo era su mejor amigo, no le molestaba pasar mucho tiempo con él ni que éste se metiera entre sus sábanas por la noche. A decir verdad, le gustaba cuando el escorpión lo abrazaba aunque en la madrugada tenía que separarse de su cuerpo porque se sentía acalorado, en más de un sentido. El problema era precisamente ese, que Milo era su mejor amigo y por lo tanto, lo conocía lo suficiente como para pensar que el escorpión solo quería satisfacer su curiosa naturaleza, quería experimentar, y sabía que en cuanto encontrara a alguna chica terminaría por dejarlo a él (Camus) a un lado. Y es que había una gran diferencia entre ellos dos. Y el francés, a pesar de vivir la mayor parte del tiempo en su mundo personal, lo había notado, para Milo iba primero su pareja, y para Camus iban primero sus amigos, y eso, pensaba el de acuario, tan solo no era compatible.



Por lo tanto, no quería encariñarse demasiado con el escorpión, prefería darle su amistad sin esperar nada a cambio, porque había pocas cosas que le dolían y una de ellas era Milo. 



          - Oye Milo, ¿tomaste mi… - dijo Ikki entrando a la habitación del escorpión sin avisar y descubriendo al griego manoseando el cuerpo de Camus. Tenían la ropa puesta pero la escena no dejaba de ser sugerente.


          - No, no es… lo que parece – intentó decir Camus empujando al escorpión.


          - Ahh… lo siento yo… - se disculpó el fénix sin levantar la mirada y dispuesto a irse.


          - Espera Ikki, ¿qué querías? – preguntó Milo, más le valía a Ikki tener un buen motivo para interrumpirlo de esa manera.


          - Solo… saber si tú tenías mi chaqueta de… - dijo el nombre de un famosa banda.


          - No, ¿para qué la quieres?


          - Já, porque es mía, ¿no es razón suficiente? – el escorpión se rió, y es que en una casa donde habitaba tanta gente, esa no era una razón válida.


          - Pregúntale a Aioria.



El fénix asintió sin muchas ganas, lo cierto era que lo único que quería era ausentarse de esa incómoda situación.



          - Oi, Ikki, ¿cómo va todo con Hyoga? – el de leo le dirigió una mirada asesina, sabía que el escorpión tan solo le preguntaba para molestarlo.


          - Bien – respondió para cortar la conversación e irse.



***



Aioros notó cómo Kanon se iba distanciando lentamente, lo había buscado infinidad de veces y el menor de los gemelos tan solo parecía estar huyendo de él, incluso pasaba más tiempo con Saga, sabiendo que esa era la manera más efectiva de mantenerlo alejado. No se atrevía siquiera a pasar frente a la habitación del de géminis, sin embargo, Kanon le importaba lo suficiente como para querer arreglar lo que sea que se hubiese roto entre ellos, el problema era que no sabía cómo.



          - Dioses Aioros, me asustaste, ¿qué haces aquí sentado a oscuras? – preguntó el dragón marino al casi tropezar con el cuerpo del arquero.


          - Renté una película… pensé que quizá te gustaría que la viéramos juntos… - estaba nervioso, le preocupaba que Kanon lo rechazara nuevamente.


          - Como tú quieras… - ambos entraron a la habitación pero Aioros no podía pensar en otra cosa más que en irse, sentía que lo estaba forzando a estar con él y una enorme tristeza se instaló en su rostro - ¿Qué pasa?


          - Nada… - dijo con una sonrisa fingida.



La hora y media que duraba la película pasó sin sentirse, Kanon estaba muerto de miedo y en varias ocasiones tuvo que contenerse para no terminar abrazando al de sagitario, y es que los pequeños monstruos que aparecían en la película eran verdaderamente aterradores. El arquero por su parte no estaba muy al tanto de lo que ocurría frente a sus ojos, no podía dejar de pensar en qué decir para romper el hielo que, sin saber cómo, se había formado entre ellos. 



          - Es aterradora, le tengo que decir a Seiya que la veamos de nuevo, él se asusta por todo – a pesar de la enorme cantidad de películas de terror que había visto, seguía sintiendo escalofríos cuando pensaba que podía haber algo bajo su cama.


          - ¿Puedo dormir aquí esta noche? – preguntó de pronto el castaño.



Sentía que se acercaba al fin de su relación y no pensaba retener a Kanon a su lado, si no lo había hecho con Saga a quien había querido tanto, tampoco lo haría con Kanon a quien amaba. Pensó que quizá había algo malo en él, tal vez su personalidad terminaba por ahuyentar a la gente y no sabía qué hacer al respecto, así que quería pasar con el dragón marino el mayor tiempo posible mientras esperaba con poca paciencia a que fuera él quien diera por terminada su relación.



          - Como tú quieras… - musitó Kanon y pudo ver la tristeza en el rostro del arquero.


          - Iré a cambiarme – dijo sin verlo a la cara. El gemelo quiso detenerlo pero se contuvo – No tardo…



Pasaron cerca de veinte minutos y Kanon se preguntó si el arquero realmente regresaría, quizá se había topado con algún monstruo, y él por andarle haciendo caso a Death Mask no estaba ahí para cuidarlo, mataría al italiano si algo le pasaba a su hermoso arquero.



Así que sin darle más vueltas al asunto, tomó sus pantuflas y fue directo hasta su habitación. Se detuvo en la puerta cuando escuchó aquel sollozo apagado que le era tan familiar, lo reconoció de inmediato, era el mismo que solía escuchar cuando Saga le hacía algo, aunque ciertamente jamás supo de qué manera le hacía daño el mayor de los gemelos. Tocó dos veces a la puerta antes de entrar.



          - Kanon… - musitó un poco sorprendido.


          - ¿Qué pasa? ¿No te sientes bien? – notó sus ojos enrojecidos y contuvo el deseo de consolarlo.


          - ¿Podemos… - tomó aire para tranquilizarse – podemos hablar?


          - Claro – se sorprendió bastante con la respuesta del dragón marino, tenía miedo de que le dijera que no era un buen momento o que ya era muy tarde, conocía todas las excusas habidas y por haber por boca de Saga, y se tomó su tiempo para hablar.


          - Yo entendería qué sucede… - dijo seriamente – No soy idiota, si me lo dices yo entendería… si tienes dudas… o… – le tembló la voz un poco – si necesitas tiempo para… replantearte nuestra relación… yo entiendo, no me voy a enojar si me dices que ya no estás seguro de querer estar conmigo… o si me dices lo que te molesta de mí… quizá yo pueda cambiarlo y…


          - No… - dijo mientras negaba con la cabeza – no es nada de eso… y estás bien así – ¿cómo se le ocurría pensar siquiera que debía cambiar algo? Si Aioros era la persona más considerada, paciente, amable y comprensiva que el gemelo había conocido en toda su vida, no creía volver a toparse nunca a alguien como él, por eso agradecía de manera infinita que los dioses los hubieran hecho coincidir en la vida. Tomó sus brazos acercándolo a su cuerpo.


          - Siempre eres muy amable… pero no tienes que forzarte a estar conmigo si no quieres…



El gemelo lo abrazó para después rozar sus labios, sus mejillas y todo aquello que le parecía adorable del arquero.



          - Nunca he dudado respecto a ti… me gusta estar contigo… - le creía, porque si había algo que decir de Kanon es que éste era muy honesto.


          - Entonces, ¿por qué has estado evitándome?


          - No quería asfixiarte… - Aioros sonrió aliviado – Sé que puedo ser muy empalagoso a veces, hasta Saga se queja de mí y es mi hermano ¿tú crees? – desvió la mirada cuando se dio cuenta de que había pronunciado el nombre de Saga – No quiero fastidiarte.


          - Jamás lo harías…



Esa noche aprendió dos cosas, que Kanon podía ser muy extremista, y que aun así lo seguiría queriendo inmensamente.



***



          - Habrá un concierto el viernes de la próxima semana… pensé… que tal vez te gustaría ir conmigo… - preguntó Ikki y el rubio lo pensó un instante, seguramente sería un concierto aburrido de algún grupo desconocido y quizá el fénix sería el único que asistiría. La verdad no le daban ganas de ir y de cualquier forma tenía ya planeado lo que haría hasta fin de mes. 


          - No, ya quedé con alguien.


          - ¿Con quién?


          - Con alguien… - si no fuera porque lo conocía, habría pensado que Ikki estaba celoso.


          - Bien – dijo dirigiéndose a la puerta.


          - Espera… ¿no dormirás aquí esta noche? – algo lo impulsó a preguntarle, quizá en esas últimas fechas se había terminado acostumbrando a la presencia de Ikki, le agradaba la idea de no dormir solo aunque a veces sus hormonas le rogaban descargarse y no podía hacerlo porque ahí estaba el fénix.


          - ¿Quieres que duerma aquí? - mostró su típica sonrisa burlona y el cisne lo observó con enfado – Tengo que terminar una tarea, más tarde vengo a darte las buenas noches – dijo casi riéndose y el ruso pensó que se estaba burlando de él.


          - Por mí puedes quedarte toda la vida haciendo tarea – respondió molesto y se giró dándole la espalda y dispuesto a dormir.


          - No tardo.


          - Está bien – musitó, pero el fénix ya no lo alcanzó a escuchar.



***



Pasó cerca de una semana antes de que Aioria decidiera pedirle a Shaka que saliera con él, que iniciaran una relación. El rubio le había sonreído y no tardó en aceptar, tenían la ventaja de conocerse desde hacía mucho tiempo, o al menos, eso era lo que pensaba el de leo. No fue nada difícil encariñarse con el de virgo, le gustaba lo ordenado y detallista que era, esto último era de admirarse ya que el de leo solía hablarle de tantas cosas, que para cualquiera habría sido imposible recordar cuál era su helado favorito, lo que le gustaba y lo que no.



La reacción de Milo fue totalmente opuesta a la de Camus cuando Aioria les contó que estaba saliendo de manera formal con el rubio. Mientras el escorpión casi habría una botella de vino para celebrar, el francés tan solo lo observó preocupado. Aioria pensó que quizá cuando su relación con el rubio se fortaleciera sería capaz de preguntarle de dónde venía su enemistad con el francés.



La primera vez que se atrevió a acariciar a Shaka fue porque la cercanía se le hizo insoportable y sus manos le rogaron que lo hiciera antes de que fuera demasiado tarde. Pensó que el de virgo lo empujaría o que al menos se resistiría un poco, pero no fue así, respondió ansiosamente, como si lo hubiera estado esperando e incluso recorrió ligeramente el cuerpo del león con sus dedos despertando de inmediato su hombría.



          - Vamos a mi cuarto – musitó el rubio cuando las caricias se volvieron más intensas, y Aioria sintió un agradable cosquilleo en la entrepierna.


          - ¿No crees que vamos muy rápido? – preguntó por mera cortesía y porque no quería que Shaka se arrepintiera más tarde y terminara dejándolo con una ya muy dolorosa excitación.


          - Por mí está bien… - la sensualidad de su voz era más de lo que el de leo podía soportar.



El trayecto hasta la habitación del rubio fue lo que más disfrutó, tomarlo de la mano con la ansiedad recorriendo el resto de su cuerpo, no era la primera vez que estaba con un hombre, pero los dioses eran testigos de la perfección de Shaka, así que la experiencia, creyó, sería algo que atesoraría por siempre.



Entraron mientras se deshacían de la ropa, y en cuanto le pusieron seguro a la puerta, el león se le echó encima como si fuera una presa.



          - Espera… - dijo Shaka mientras le tendía ambas manos al león.


          - ¿Qué? – tomó las muñecas del rubio, besó la palma de sus manos y luego lamió el centro de éstas ante la expresión de sorpresa del de virgo.


          - Esto servirá… - se deshizo del agarre de Aioria para alcanzar uno de los cordeles con los que anudaba las cortinas (aunque muy pocas veces lo hacía, le gustaba la oscuridad) – Ten… - se lo dio antes de darle las manos nuevamente – Vamos… ata mis manos…


          - ¿Atar? – eso sí lo tomó por sorpresa, y es que ni en un millón de años habría esperado que el rubio le pidiera eso – Pero…


          - No te preocupes, ya estoy acostumbrado…


          - ¿Acostumbrado? – parecía que el león no podía hacer otra cosa más que repetir todo aquello que lo desconcertaba.


          - Sí, a todos les gusta hacerlo así…



Fue cuando el león se separó de él por completo, ¿a qué se refería cuando decía “todos”? ¿Todos quiénes? ¿Todos cuántos? Se sentó en la orilla de la cama y el de virgo lo abrazó por detrás.



          - ¿Qué pasa? ¿No te agrada la idea? Si no te va, podemos hacerlo como tú quieras…


          - ¿Con quiénes te has acostado?


          - ¿Importa eso?


          - Tan solo quiero saber – y es que los celos no lo dejaban pensar.


          - ¿Y si me hubiera acostado con mucha gente? – preguntó sin ninguna expresión en el rostro.


          - No importa… - dijo aunque en el fondo sí le calaba - ¿Te has acostado con mucha gente?


          - No…


          - ¿Con cuántos?


          - Con nadie…


          - Pero, dijiste que a todos les gustaba hacerlo así…


          - Sí.


          - Explícate…


          - Ahh – suspiró – ya sabes, en las encuestas que hacen en internet… a todos parece gustarles… - la respuesta lo hizo sentirse mucho más tranquilo.


          - ¿Y eso de que estás acostumbrado?


          - ¿Por qué te importa tanto? – se estaba cansando rápidamente del cuestionamiento del de leo.


          - Porque me importa todo lo que se relacione contigo… - su orgullo no le permitió hablar de celos.


          - …Cuando uno medita se queda quieto… es como estar amarrado… uno se queda inmóvil…



Ahora todo parecía cobrar sentido. Cuando el de leo se volvió a recostar al lado del rubio para intentar tocarlo, éste se alejó un poco. No lo culpaba, sentía que lo había puesto bajo una lupa y era lógico que el de virgo se sintiera cohibido y quizá hasta molesto después de tantas preguntas. Lo que no sabía el de leo, era que no tardaría en darse cuenta de que el rubio mentía, y que era un experto en ello.



Continuará…

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