sábado, 19 de enero de 2013

Capítulo 10 - Lo que sucedió en dos meses. Primera parte - Te odio y te amo, la virgen y el león - Diciembre 13,2011

Hola chicas! Pues bueno, el capítulo 10 está dividido en 5 partes, sí, ya sé que son como un millón (muchas) PERO, estuve pensando bastantísimo en cómo hacerle porque me di cuenta de que casi no avanzaba en cada capítulo, de hecho, la relación que más se desarrolló fue la de Aioros con Kanon y los demás como que daban un paso y retrocedían dos, así que, decidí hacer un pequeño salto temporal de dos meses, en los cuales ocurrieron cosas con cada pareja que serán relatadas por separado. Coinciden en algunos fragmentos, PERO se habla solo de una pareja en específico. Y empiezo por Aioria y Shaka!, ¿por qué ellos? Pues porque es una de las parejas que tenía más pensadas desde antes de iniciar el fic, así que, quería avanzar con ellos antes de que se me olvidara lo que tenía planeado. Cualquier duda o sugerencia, ya saben, nos vemos!



Capítulo 10: Lo que sucedió en dos meses. Primera parte – Te odio y te amo, la virgen y el león.



Para ellos, la fiesta anual de la fundación fue todo un desastre. Su relación se volvió tan adictiva y dolorosa que muchas veces se preguntaron qué hacían juntos. Al principio estaban bien, la mayor parte del tiempo eran como cualquier otra pareja, pero entonces, cuando las actividades extra escolares de Aioria dejaron de absorber su tiempo por completo, comenzó a notar ciertas cosas acerca del rubio que despertaron de inmediato su paranoia. Un día le marcó para encontrarse con él, lo cierto era que lo estaba observando a algunos metros de distancia y quería hablar con él tan solo para sorprenderlo de repente con su presencia, sin embargo, Shaka observó su móvil durante unos segundos y no contestó. El león pasó el resto del día y de la tarde preguntándose por qué no le había tomado la llamada, así que cuando se encontraron después de clases, le preguntó directamente y sin rodeos, a lo que el rubio respondió “No escuché el móvil”. Aioria sonrió con algo de decepción, y es que ese tipo de mentiras eran casi una costumbre para Shaka, como todas aquellas veces en que omitía el hecho de pasar mañanas enteras al lado de Dohko.



A veces tenía ganas de echarle en cara que lo sabía, que estaba consciente de que mentía de forma constante, pero el cariño y el apego que había desarrollado por él en tan poco tiempo se lo impedían, además, pensaba que de todos, lo había elegido a él y seguía adorando la atención que recibía cuando estaban juntos.



Entonces llegó la fiesta de la fundación y vio al rubio muy cerca de Dohko, el de libra no parecía prestarle mucha atención a Shaka, se veía demasiado entretenido platicando con Kanon y Aioros, sin embargo, el de virgo no parecía tener ojos para nadie más. Y el alcohol comenzó a acumularse en la sangre del león hasta que Milo se acercó a él y le dijo que Saori no quería que bebieran tanto.



         - Ven, te acompaño al jardín – dijo el escorpión tomándolo del brazo.



         - Él miente… - dijo arrastrando las palabras.


         - ¿Quién?


         - ¡Suéltame Milo! – le gritó porque estaba demasiado molesto observando esa expresión que nunca antes le había visto a Shaka cuando estaba con él. Se veía… tranquilo y feliz.



         - ¿Todo bien? – preguntó Aioros acercándose, y es que sin importar la enorme cantidad de energía que tuviera su hermano, no era de los que levantaban la voz.



         - ¿De qué estaban hablando? – Al arquero le sorprendió la ira que veía en los ojos del león y tardó un poco en responder – Olvídalo… - avanzó hasta Shaka y lo tomó del brazo para dirigirse rumbo al jardín.



         - Ahh… - expresó el rubio con sorpresa. Sí había notado que Aioria no le había quitado la mirada de encima, pero no esperaba que se pusiera así.



El castaño caminó en círculos respirando profundamente, quería calmarse pero no podía. El de virgo se recargó en una jardinera y esperó pacientemente a que Aioria hablara.


         - Te gusta Dohko…


         - Me agrada, es un buen sujeto – le dolían la frialdad de su voz y la simplicidad de su respuesta, esperaba verlo un poco más preocupado, pensaba que al mencionar a Dohko no tardaría en explicar lo que sucedía, pero no fue así.



         - No me refiero a eso, te pregunto que si te gusta él… como posible pareja – el rubio se quedó en silencio, tan inexpresivo como siempre – Te vi con él… te he visto con él – corrigió – Sé que lo buscas en su escuela cada que puedes.


         - A veces Aldebarán me pide que le lleve el almuerzo.



         - No te creo – dijo sentándose a su lado y no pudo notar la expresión de enfado del rubio - ¿Quieres que le pregunte si solo vas a eso? Puedo decirle que estamos saliendo y que no debería estar tan cerca de…


         - No… no lo hagas… por favor – la naturaleza pacífica de Dohko lo habría hecho alejarse por completo si Aioria le decía que estaba celoso de él.



         - ¿Por qué no? ¿Tanto te importa?



         - No.



         - ¿Saldrías con él? – preguntó después de unos minutos en silencio – Si te lo pide, ¿saldrías con él?         



         - No.


         - ¿En verdad quieres estar conmigo? – algo que le fastidiaba del rubio era su costumbre de solo responder lo que se le preguntaba, no era como Milo, al que le hacían una pregunta y daba santo y seña de todo aquello que le pasaba por la mente. No, a Shaka había que forzarlo a contestar y sus respuestas siempre parecían ocultar algo más. 



         - Sí.


         - Dilo… - el rubio suspiró cansado – Di “Sí quiero estar contigo Aioria”… Vamos, dilo.



         - No me pidas las cosas así.



         - DILO – insistió.



         - No soy un ave para repetir lo que me dices – dijo molesto y se puso de pie.


         - ¿A dónde vas?



         - Adentro – no pensaba morir de frío tan solo porque Aioria buscaba pelea.


         - ¿Con él?



         - Ahh – suspiró – No, no sé – le dio la espalda y se alejó con pasos rápidos.



Pensó que Aioria iba a decir algo, que quizá lo detendría o le exigiría alguna clase de explicación pero no fue así. Y se detuvo de golpe, odiaba discutir con él, pero tampoco podía ser sincero, así que no le quedaba más que permanecer lo más tranquilo posible, sin saber que era precisamente esa pasividad la que exasperaba al de leo. Le tomó varios segundos pero finalmente regresó, lo hizo porque había observado a Aioria más tiempo del que él creía, así que lo conocía lo suficiente como para saber que su orgullo no le permitiría dar el primer paso.





         - Vamos adentro – le dijo abrazándolo por la espalda y sintió la tensión en el cuerpo del león – Te vas a congelar si te quedas aquí – musitó con dulzura. 



El castaño lo jaló de un brazo para colocarlo frente a él. Deseaba que pudiera ser capaz de ver por un instante lo mucho que le dolía todo aquello. El rubio tomó el rostro de Aioria entre sus manos y lo acercó para besar sus labios, y con ese simple gesto todo pareció olvidarse. 



***



Peleas hubo y fueron muchas, para los demás se convirtió en costumbre ver a Aioria alterado y discutiendo a gritos, Shaka no solía perder la compostura pero por lo regular atacaba con comentarios que hacían que el león reaccionara de manera violenta, sabía cómo lastimarlo, lo había aprendido tan bien que parecía que había practicado toda la vida. La intimidad fue otro gran problema, y es que cada vez que Shaka intentaba acercarse al de leo, éste terminaba por detenerse antes de quitarle la ropa por completo y comenzaba a cuestionarlo.

         - ¿No piensas decir nada?



         - ¿Como qué?



         - Solo es una pregunta… - el rubio suspiró con hartazgo, y Aioria lo observó fijamente.



         - ¿Qué quieres saber exactamente? ¿Quieres saber si Aldebarán en verdad es así de grande? – el león cerró los puños y comenzó a vestirse mientras el rubio seguía hablando - ¿o cuál es la verdadera diferencia entre Saga y Kanon? ¿Si Mu en realidad es tan tímido como parece? ¿Qué quieres saber? ¿Ah? ¿Si Camus es bueno en la cama?



         - Ya basta… - dijo muy molesto.



         - Já… no deberías preguntar algo que no quieras saber – ninguno era capaz de ver al otro a los ojos. Aioria sentía que su corazón latía con violencia y sabía que si se quedaba ahí terminaría lamentándolo.



Salió azotando la puerta y se recargó en ella.




         - ¡Argh! – gruñó cerrando los puños con fuerza y bajó las escaleras, quería encontrarse con alguien, que lo desmintieran, quería respuestas porque ya no soportaba la ambigüedad del de virgo.



         - Eh, Aioria, mira, tienes que ver lo que… - comenzó a decir Kanon.



         - Dijo que se acostó contigo… ¿es cierto? – interrumpió, y el menor de los gemelos lo observó sin saber qué decir. 



         - ¿Quién?



         - ¡Ahh, no te hagas idiota Kanon!, Shaka… dijo que se acostó contigo… ¿es cierto?



         - ¿Pero por qué te enojas tanto? – dijo Kanon mientras se acercaba a Aioria – No hiciste tanto escándalo cuando tú y yo, ya sabes… o bueno, sí hiciste escándalo pero fue porque te estaba gus…



         - ¡¿Quieres callarte?! – gritó antes de empujarlo contra la pared apresando su cuello con el antebrazo.



         - Ahh…



         - ¡Aioria! – el arquero entró justo a tiempo para quitarle a Aioria de encima - ¿Qué ocurre?



         - Nada… - dijo el león y se fue aún molesto.



         - ¿Por qué estaban peleando? – Aioria alcanzó a escuchar la pregunta de Aioros, pero ya no supo qué le respondió el dragón marino.



El león se quedó un rato en el jardín, no le sorprendía realmente que se hubiera acostado con Kanon, es decir, el menor de los gemelos era el que menos se inhibía en esa clase de cosas. ¿A quién más había mencionado? Saga, pero con el de géminis no tenía la suficiente confianza como para acercarse y preguntarle si era cierto o no… y luego un nombre le vino a la mente, “Camus”, lo encontró después de algunos minutos, estaba con Milo, parecía que ellos estaban teniendo su propia discusión pero no le importó y jaló al francés, lo sentía como una especie de traición, se suponía que Camus era su amigo, ¿entonces por qué no le había contado nada al respecto? Así que pensaba aclarar ese asunto en ese instante. El escorpión se quejó pero un empujón por parte del castaño fue suficiente para ganar los escasos segundos que le permitieron cerrar la puerta del baño, el cual había sido el primer lugar que encontró disponible.

         - Te acostaste con él – no supo si era pregunta ni tampoco a quién se refería – Con Shaka… quiero que me lo cuentes.



         - ¡Abre la puerta! – gritó el escorpión desde afuera.



Y ante tanto golpeteo, el de leo se fastidió y abrió solo un poco para asomarse.

         - Por primera vez en tu vida, ¿puedes quedarte callado? – volvió a cerrar y el escorpión se fue enfadado de ahí pateando todo lo que había a su paso – Me lo vas a contar.


         - Lo que haya pasado entre nosotros no tienen nada que ver contigo… - Aioria golpeó la pared al lado de la cabeza de Camus y este cerró los ojos.



         - Habla…



         - No.



         - Habla o le contaré a Milo que te he estado follando cuando él no está – dijo en voz baja, muy cerca de su rostro y al francés le dio la impresión de que en realidad parecía un león olfateando a su presa. 


         - ¿Qué? Eso no es cierto…



         - ¿Qué importa? Conociendo a Milo, va a dudar de ti…



         - Aioria no, no lo hagas… somos amigos… - por más que le doliera aceptarlo, sabía que Milo le creería más al castaño que a él y las cosas en ese momento no estaban bien entre ellos.



         - Por eso, porque somos amigos debiste decírmelo…



         - Perdóname… fue algo pasajero… no creí que tuviera importancia… - pudo notar la sinceridad en su voz y su enfado se calmó de inmediato.



         - Ahh – suspiró – supongo que estamos a mano ahora ¿cierto?



         - ¿Por qué?



         - Pues, yo me acosté con Milo en alguna ocasión… supongo que es algo parecido ¿no?



         - ¿Milo? – musitó con algo de incredulidad, y es que el escorpión se había presentado de forma muy distinta ante sus ojos. Y la pasividad y la expresión pensativa del francés le hicieron darse cuenta al castaño que había hablado de más.



         - No pienses que…



         - No importa – dijo aunque parecía lo contrario – Lo que haya sucedido entre ustedes ahí se queda… - salió del cuarto de baño muy despacio.



Afuera estaba Aioros esperando junto con Milo, de hecho, había sido el escorpión quien le había dicho al arquero que Aioria estaba fuera de control y que había tomado a Camus como rehén. El francés se dirigió a las escaleras rumbo a su habitación, Milo intentó detenerlo pero éste musitó algo acerca de no sentirse bien, y lo dejó ir.



***

         - Sé que no debería meterme, que es tu vida y no pretendo sermonearte acerca de nada, pero… creo que deberías tomar esto con más calma – dijo Aioros – cada vez que te veo pareces molesto o angustiado… y, me preocupas Aioria… como hermano mayor tengo que cuidarte – sonrió para disminuir la tensión que se respiraba en el aire. 


         - Para ti es fácil… Kanon es… muy diferente a Shaka… - sí, el menor de los gemelos era un ángel comparado con el rubio – Hay cosas que me lastiman de él y… no puedo hacer nada para cambiarlo.



         - ¿Cosas que hace o cosas que dice?



         - Ambas… él miente.



         - Todos lo hacemos a veces.



         - Ya lo sé, pero él lo hace siempre… y odio que haga eso – dijo entre dientes.



         - Cuando mentimos, por lo regular lo hacemos por un motivo, ¿has intentado hablar con él?



¿Qué si lo había intentado? Claro, tantas veces que ya hasta había perdido la cuenta. Pero el rubio lo negaba, se retractaba y alegaba haberlo dicho solo para molestarlo, así que nunca sabía qué era verdad y qué era mentira, y el león comenzaba a cansarse.


         - ¿A dónde vas? – preguntó cuando el menor se puso de pie.



         - A hablar con él.



*** 



No tardó más de dos minutos en llegar a la habitación de Shaka, sin embargo se quedó afuera un rato, no sabía qué iba a decirle, qué iba a preguntarle, ni tampoco estaba seguro de cómo reaccionaría con su respuesta. Finalmente se armó de valor y entró, lo encontró sentado en cama mirando una película, no parecía nada afectado y era entonces cuando se daba cuenta de lo poco que parecía importarle.

         - ¿Por qué yo? – preguntó Aioria acercándose y tomando lugar a su lado.



         - ¿Qué?



         - Dices que te has acostado con ellos pero nunca iniciaste una relación… ¿por qué conmigo sí? – Shaka le sonrió de manera encantadora y Aioria lo supo, tuvo esa sensación de que el final había llegado y que dependía de la respuesta del rubio.



         - Porque eras el único… que faltaba en mi lista – musitó e inconscientemente lamió su labio inferior humedeciéndolo.



El castaño se le echó encima, era inalcanzable, sentía que no podía lastimarlo emocionalmente así que recurría a lo único que le quedaba, lo físico. No sabía que en realidad Shaka estaba lleno de heridas que no le permitían demostrarle cuánto lo quería.

         - Ahh – gimió cuando sintió el cálido aliento del león sobre su cuello, rozándolo peligrosamente con sus dientes – Fóllame Aioria… - su cuerpo necesitaba contacto físico y siempre le gustó el calor del león, desde que estaban en el Santuario, su cosmos era tan característico, lo envolvía haciéndolo sentir vivo.



El castaño terminó entre sus piernas, acariciando cada centímetro de su cuerpo, tomó su miembro excitándolo tanto que los gemidos del rubio se escucharon en el cuarto contiguo. El constante cosquilleo y la presión le encantaban, sentía que podría morir ahí mismo de placer absoluto, derretirse entre sus dedos. Aioria continuó acariciándolo hasta que la respiración del de virgo se aceleró, y entonces, justo antes de que se descargara, el león se detuvo.


         - ¿Qué? – pensó que quizá querría penetrarlo, así que separó más los muslos y elevó un poco las caderas, Aioria sonrió, sin duda la belleza de Shaka no tenía comparación alguna. 



         - … No seré parte de tu lista… - dijo con voz ronca, estaba excitado, pero no iba a ceder, y por primera vez pudo ver el rostro desencajado del rubio – Se acabó.



Valía la pena dar por terminada una relación con tal de ver esa expresión incrédula y desesperada. Besó sus labios, un simple roce libre de presión, y es que pensaba que esa sería la última vez que lo tendría así, tan cerca.



Continuará…

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