Al igual que en la primera parte, los diálogos en pasado están en cursiva. Otra cosa, en este fic, Hyoga tiene 18 años, entonces, ya es mayor de edad, jajajaja, o sea, cuando me conviene la mayoría de edad es a los 18 y cuando no es a los 21 xD
Capítulo 8: Las cosas que no me gustan de ti y el festival de invierno – Segunda parte
Aioria tenía la costumbre de arrastrar a quien fuera dentro de su sociable y ruidosa vida, así había sucedido con Camus, y aunque en un principio tan solo se había interesado en su habilidad para sintetizar cualquier información, había llegado a apreciarlo con todo y sus constantes distracciones. Sin embargo, con Shaka fue diferente, nunca tuvo un interés verdadero en el rubio, sí pensaba que tenía un rostro precioso, pero no había algo que le llamara la atención de él más allá del hecho de verlo siempre solo. A veces, cuando su autoestima se elevaba por los cielos, sentía ganas de hablarle e ir con él a todos lados. Y es que ese era el punto débil de Aioria, no le gustaba estar solo, le agradaba rodearse de gente y que todos sus amigos se llevaran bien entre sí, siempre y cuando no lo excluyeran nunca a él.
- ¡Hey, Shaka! – le gritó desde las gradas cuando vio que salía de un aula.
- Hola… - se notaba la incertidumbre en su voz - ¿Qué haces aquí? – la facultad del león estaba muy lejos de la suya.
- Vine por ti, vas al festival ¿no? – el rubio asintió y avanzaron sin prisa.
El león le hablaba de todas las cosas que habían sucedido en el grupo de teatro y de cómo había cedido el papel principal porque quería explorar su faceta como director. También le contó del número que preparaban para fin de año. Le gustaba la forma en que Shaka parecía estar atento a cada una de las palabras que él decía.
- Ay no… - musitó el rubio deteniéndose de pronto.
- ¿Qué pasa?
- Olvidé mis guantes en el aula… si quieres irte adelantando, te alcanzo más tarde.
- No, mejor te espero en aquellas bancas – sentía que si lo dejaba ir sería difícil toparse con él de nuevo.
- De acuerdo, no tardo.
Lo observó alejarse y sacó sus audífonos mientras lo esperaba.
- No quería interrumpir… - dijo un sujeto que se acercó al león, el joven en cuestión era uno de sus compañeros de clase.
- ¿Interrumpir? – preguntó Aioria.
- El chico con el que estabas ahorita… ¿estás saliendo con él?
- No… - musitó, le sorprendía que el otro hiciera esa suposición con tanta naturalidad.
- Se llama Shaka ¿cierto? Está en medicina…
- Sí… ¿cómo sabes tú eso? – como respuesta, el joven tan solo sonrió.
- Luego te cuento, ¿vale? - palmeó su espalda y se puso de pie – Y suerte con él, se ven bien juntos… y él está muy… - el gesto obsceno que hizo enfadó al león.
Y no pudo quitarse esa duda de la mente. El de virgo era muy callado, casi siempre pasaba desapercibido, entonces, ¿cómo había hecho para llamar la atención de un chico de su clase? Si lo pensaba un poco, Shaka tenía varias cosas en común con Shura, eran serios y nunca se metían en los asuntos de los demás, sin embargo, al de capricornio era imposible no notarlo ya que su personalidad era fuerte, no necesitaba hablar para que todos supieran que estaba ahí, y con Shaka pasaba exactamente lo contrario. Recordaba un día en que estaban afuera del aula de idiomas, Camus platicaba acerca de una película que había visto y cuyo final no había entendido. Milo, quien por lo regular le prestaba atención absoluta, estaba jugando con Ikki, aunque el fénix no se veía muy contento y era cuestión de minutos para que perdiera la poca paciencia que poseía y terminara haciéndole daño al escorpión. Ninguno notó que Shaka se acercaba, a decir verdad, ni el mismo Aioria lo hizo, el rubio se paró al lado de Camus pero el francés no volteó a verlo.
- "¿Le puedes dejar estas llaves a Shiryu?" – preguntó el de virgo pero Camus no lo escuchó, estaba demasiado entusiasmado hablando de esa película y de todas las críticas que tuvo que leer para más o menos entenderle - "¿Podrías darle esto a Shiryu?" – insistió.
- "Yo se las doy" – dijo Aioria. Aunque no había ninguna clase de enfado en el rostro del rubio, quiso evitarle a Camus el estrés de añadir un nuevo suceso a su lista de cosas que involuntariamente había hecho para enfadar a Shaka, y es que el francés, en ese sentido, le recordaba mucho a Seiya.
- "Gracias" – musitó antes de irse. Ese día no entró a clase.
Shaka era un misterio, un misterio de ojos muy bonitos y sonrisa adorable.
- Ya vine.
- ¿Encontraste tus guantes?
- No – respondió mostrándole ambas manos y el león las tomó entre las suyas para calentarlas.
***
El festival de invierno era al que asistía más gente. Lo organizaba la Escuela de Arte Culinario, empezaba a las tres de la tarde y terminaba ya muy entrada la noche. Los alumnos exponían una infinidad de deliciosos platillos y al final del día se elegía a un grupo ganador. Aquella mañana Aldebarán había despertado muy emocionado y sin importarle lo temprano que era, se aseguró de recordarle a todos y a cada uno de los habitantes de la mansión que fueran y votaran por el mejor.
- ¿Te pasa algo? – preguntó una joven.
- ¿Eh? No… nada… - respondió Hyoga.
Lo cierto era que el fénix tenía toda su atención. Habían hablado muy poco en esas dos semanas, el fénix se ofrecía a llevarlo a la universidad o pasar por él de regreso, y el cisne aceptaba pero se quedaba en absoluto silencio, resistiendo las ganas de burlarse de él o de llamarle idiota, pero era la ley del hielo, y no pensaba ceder aunque en más de una ocasión quiso mandar todo por la borda y volver a la normalidad. De hecho, había estado casi seguro de que Ikki le pediría que lo acompañara al festival de invierno, incluso intentó toparse con el fénix días antes para ver si surgía por su parte la sugerencia de ir juntos, sin embargo eso no sucedió.
Ni siquiera el mismo cisne pudo describir lo que sintió cuando vio el por qué Ikki no lo había invitado. A su lado estaba Seiya, tan revoltoso como siempre, tomando al fénix de una de las mangas de su chaqueta para arrastrarlo con él por cada uno de los stands de comida. No podía negar que se veían bien juntos, incluso Ikki se veía más relajado, como si fuera una persona totalmente diferente. Tuvo que apartar su vista de ellos varias veces, en especial cuando su acompañante demandaba atención.
Más tarde notó que el escorpión se acercaba al fénix y le decía algo seguido de Camus. Suspiró, hasta las piedras parecían tener más contacto con Ikki que él.
- Entonces, ¿qué dices?
- ¿Perdón?
- Hyoga, ¿en dónde tienes la cabeza esta noche? – preguntó la chica sonriendo – Te preguntaba que si te apetece ir a tomar algo, después podríamos irnos por ahí… - musitó de manera seductora y el cisne echó otro vistazo hacia donde estaba Ikki, ¿por qué le daba tanta importancia?
- Vamos… - terminó diciendo aunque no tenía muchas ganas de ir.
***
Tanto Death Mask como Aioros y Kanon, se unieron a Milo y Camus, Ikki también estaba en el grupo, pero no decía mucho, a decir verdad, el fénix no se veía muy cómodo estando entre ellos, o quizá tan solo se debía a que estaba a la defensiva por la presencia del italiano.
- Iré por un poco de té, ¿quieren algo? – eso era lo que todos adoraban del arquero, que siempre se ofrecía a ayudar e incluso hacer las cosas que los demás no querían. Nunca lo habían visto enojado, así que su compañía siempre era muy agradable.
- No, gracias – dijeron algunos y otros tan solo negaron con la cabeza.
- No tardo – Kanon estuvo a punto de seguirlo pero Death Mask lo detuvo tomándolo del brazo.
- ¿Qué?
- ¿No crees que pasan mucho tiempo juntos? – preguntó el italiano.
- No, es normal en una relación – respondió Kanon muy seguro.
Lo cierto era que se la pasaba pegado a Aioros, no importaba qué estuvieran haciendo, tan solo le fascinaba estar con él, en el desayuno, mientras limpiaban su habitación, entre clases, por las noches, incluso le hacía compañía cuando estaba haciendo tarea, bastaba que coincidieran en algún lugar de la casa para que Kanon lo abrazara y le dijera cuanta cursilería pasaba por su mente.
- ¿No es normal? – preguntó al notar que Milo no intervenía a su favor.
- Si sigues de empalagoso con él lo terminarás hartando – dijo Death Mask.
- ¿Es en serio? – estaba preocupado, y es que en su mente no cabía esa posibilidad.
- D.M. tiene razón – dijo Milo y el menor de los gemelos casi colapsa ante tal descubrimiento.
- Camiii, ¿también piensas eso?
- Pues… quizá algo de espacio les vendría bien…
Por último, dirigió su mirada hacia el fénix, pero este seguía cruzado de brazos sin decir nada.
- Yo qué sé… - dijo Ikki antes de que Seiya fuera por él y agradeció enormemente la aparición del castaño. Se sentía incómodo hablando de temas amorosos.
- Me prometiste que iríamos hoy, no creas que lo he olvidado – dijo el pegaso con un puchero que según él era una expresión de amenaza.
- ¿A dónde van? – preguntó Milo jalando juguetonamente la camisa del fénix.
- Por ahí – respondió alejándose por instinto del escorpión.
- Ya vine, tienen que probar esto – acercó un plato con pequeños trozos de pollo envueltos en pan dorado y cubiertos con una deliciosa salsa.
- Mm… - el gemido del francés hizo que Milo sintiera un leve cosquilleo.
- ¿Qué te parece? – le preguntó Aioros a Kanon, lo notaba muy serio.
- Sabe bien – respondió el menor de los gemelos sin la emoción que lo caracterizaba la mayor parte del tiempo.
***
Le gustaba platicarle todas sus anécdotas, y descubrió que le agradaba escuchar los graciosos e inesperados comentarios que el rubio hacía al respecto. Nunca se lo imaginó así, tan normal, tenía la impresión de que solamente hablaba de temas filosóficos así que se sorprendió gratamente al notar que no era así, también le pareció extraño darse cuenta de que podía disfrutar estando con una sola persona, estaba acostumbrado a estar rodeado de gente y tenía grabada la idea de que entre más hubiera era mejor. Sin embargo, el de virgo le transmitía una extraña tranquilidad. Le daba la sensación de que todo estaba bien y que el tiempo no transcurriría nunca, que podrían estar ahí, disfrutando de la música y de su mutua compañía eternamente.
- Me preguntaba si… ¿te gustaría salir conmigo mañana? – los segundos que tardó el rubio en responder le parecieron una eternidad.
- Sí, me parece bien.
***
La noche iba bien, había buena música y las bebidas eran una delicia. Su acompañante era interesante, guapa y no esperaba ninguna clase de compromiso de parte del cisne. No es que Hyoga le huyera al compromiso, lo cierto era que en el fondo deseaba una relación sólida que durara muchos años, el resto de su vida si es que eso era posible, sin embargo, pensaba que para encontrar a la persona indicada debía salir con mucha gente, y mientras lo hacía, disfrutaba de su libertad. Se preguntaba cómo es que Ikki se había atado a alguien siendo tan joven, y que la persona a la que se hubiera atado fuese precisamente el pony, es decir, ¿no tenía curiosidad Ikki por descubrir el mundo? Tanta gente y elegir precisamente a Seiya, eso era algo que estaba más allá de su comprensión.
Terminó su bebida y comenzó a bromear con la joven que lo acompañaba, así estaba bien él, sin duda eso era mejor, salir con alguien sin compromisos de ningún tipo, no como Ikki, y nuevamente le venía a la mente la misma imagen del fénix al lado de Seiya, ¿cómo se habían enamorado si ni siquiera tenían algo en común? Y le fastidiaba que se vieran TAN felices.
- Te ves molesto, ¿no te gustó la bebida? - preguntó la chica.
- Solo pensaba… ¿crees que dos personas muy diferentes entre sí puedan estar juntas?
- No lo sé, pero tú y yo no somos muy distintos ¿o sí? – preguntó acercándose al cisne pero éste le sonrió antes de alejarla un poco, no le gustaba sentirse invadido, prefería ser quien diera el primer paso.
Su mirada celeste se dirigió a la barra, si no había mucha gente iría por otro trago. Y entonces lo vio. Ahí, a muchos metros de distancia y de espaldas, estaba el Fénix. Lo observó unos cuantos segundos, tenía la esperanza de que el sujeto tan solo se pareciera mucho a Ikki, y es que, ¿no se suponía que el Ikki andaba tonteando con su novio Seiya en el festival de invierno? (y es que en su mente ya lo hacía casado al fénix con el pegaso) ¿Por qué rayos se lo tenía que topar ahí? Justo cuando pensaba que podía apartarlo de su mente, volvía, era como un virus.
- Ven, cambiemos de mesa – dijo el rubio antes de acercarse un poco a la barra, y sin notar la mueca de fastidio de su acompañante.
***
- Has estado muy serio – dijo Aioros mientras ayudaba a Aldebarán a recoger sus cosas - ¿Te pasa algo?
- No – lo ayudó a guardar algunos utensilios en una caja y luego se recargó en una jardinera – Veré si Milo me puede llevar a casa…
- Yo te llevo – ofreció amablemente – No tardo, solo, termino de guardar esto y lo pongo en el auto.
- Deberías estar un rato con Aldebarán, después de todo su grupo ganó el primer lugar, tal vez quieran ir a celebrar.
- …De acuerdo, te veo más tarde – se acercó a él para besarlo y para su sorpresa, el dragón marino no lo abrazó posesivamente como solía hacer siempre – ¿En serio estás bien?
- Sí, no te preocupes – dijo con una sonrisa que lo tranquilizó de inmediato.
***
- Es que no tienen NADA en común… - decía Hyoga sin quitarle la vista de encima a Ikki.
- Ahh – suspiró la joven - ¿Es ese sujeto de allá?
- ¿Qué?
- ¿Te gusta? No le has quitado la mirada de encima desde que llegó, ¿te gusta? – volvió a preguntar empezando a molestarse, y es que nunca se había sentido tan ofendida en su vida, que el sujeto (Ikki) estaba que se caía de bueno, sí, pero era hombre, igual que Hyoga, así que se sentía un poco tonta al habérsele insinuado y le fastidió el hecho de que el rubio le siguiera el juego cuando de lejos se le notaba el interés en el sujeto de la barra.
- No – negó de inmediato.
- ¿Lo conoces de algún lado?
- Vivimos juntos – dijo muy normal y después de unos cuantos segundos, cuando vio el rostro desencajado de la chica, se dio cuenta de que una vez más había sido malinterpretado – No, no es lo que estás pensando… yo no…
- Já… idiota – le dijo muy molesta y se puso de pie.
- Espera… - le pareció extraña la escena, nunca había tenido que ir detrás de nadie, pero no quería quedarse solo porque eso significaba que tendría que regresar a casa y entonces ya no sabría nada de Ikki, y no es que quisiera saberlo… o al menos de eso se intentaba convencer.
- ¡Suéltame! – apenas si había rozado el brazo de la chica, pero ésta estaba tan molesta que exageró las cosas haciendo que Hyoga se sintiera sumamente incómodo.
El rubio regresó a su mesa, no pensaba quedarse ahí pero necesitaba un momento para olvidar el mal rato. Sintió que alguien se paraba a su lado y pensó que quizá era alguien buscando un lugar vacío. Se puso de pie, no le importaba, después de todo no planeaba quedarse.
- Te dejó la chica – la voz del fénix llegó a sus oídos y levantó su rostro lentamente - ¿Era tu novia? – preguntó antes de tomarse la libertad de sentarse delante de él. Entonces el cisne notó algo, Ikki no se andaba con rodeos, le había preguntado de forma directa si la chica que se acababa de ir era su pareja, entonces, ¿por qué tenía que ser el cisne considerado con Ikki?
- ¿Sales con Seiya? – intentó notar algún cambio en la expresión del fénix pero fue en vano.
- ¿Estás celoso?
- No contestaste mi pregunta.
- Ni tú la mía – el fénix sonrió y terminó de beber.
- Te invitaré otro trago si me respondes.
- Voy a conducir de regreso a casa, ya no debo tomar.
- Te haré el desayuno hasta que termine el año – el fénix no pudo reprimir una carcajada.
- Conociéndote me darás puras barras de fibra y yogurt – sonrió al ver la impaciencia en el rostro del rubio – Quiero que duermas conmigo.
- ¿Qué?
- Quiero acostarme contigo… - dijo y un leve estremecimiento recorrió el cuerpo del cisne, supuso que el fénix se refería estrictamente a dormir, pero la forma en que lo decía le hacía pensar en sexo – Pero si no quieres saber… por mí está bien.
- No estás saliendo con él… - el fénix lo miró con curiosidad – Si estuvieras saliendo con Seiya le pedirías a él que durmiera contigo… y sería él quien estaría aquí haciéndote compañía.
- Quién sabe… - dijo quitándole importancia al asunto y el cisne sonrió fingiendo haber acertado en sus suposiciones.
- Ikki, ¿me compras otra bebida? – preguntó el pegaso acercándose a la mesa y la sonrisa del rubio se desvaneció por completo.
***
No pudo dejar de pensarlo de camino a la mansión, ocasionalmente le daba algún vistazo a Seiya tan solo para cerciorarse de que seguía dormido en el asiento trasero del auto. Cuando llegaron el fénix intentó despertarlo pero éste tan solo abrió los ojos para volver a caer rendido. A Hyoga le había sorprendido la dulzura con que Ikki lo trataba, a decir verdad, pensó que el fénix terminaría pateando a Seiya para despertarlo, pero no fue así, el mayor se conformó con que pudiera ponerse de pie y fue guiando sus pasos, aunque poco faltó para que lo llevara cargando hasta el interior de la casa. Quizá sí eran pareja y el amor que Ikki le tenía era tanto como para soportar el carácter inquieto del pony y todas sus borracheras.
Intentó recordar todas las interacciones entre ambos, parecía que era Ikki el que cuidaba a Seiya, el que lo buscaba y el que lo invitaba a salir (eso sin contar con el hecho de que el pegaso, nunca de los nuncas tenía dinero). Y ahora que lo pensaba, no había visto al pony en aquel lugar hasta que fue en busca de Ikki, quizá no le correspondía, tal vez Seiya no estaba interesado en el fénix y por eso era aquel correo en el que Ikki le pedía que se pusiera en su lugar, sí, seguro que se trataba de eso y fin de la historia. Se dio la vuelta para intentar dormir, había llegado a la conclusión de que Seiya no quería a Ikki. Apagó la luz de la mesita de noche.
“¿Pero por qué no quiere a Ikki?” – se preguntó y volvió a encender la luz. Es decir, el fénix era atractivo, era buena persona, era gracioso cuando quería y siempre aparecía cuando uno más lo necesitaba, ¿qué más podía pedir Seiya? Ikki se preocupaba por él y lo mejor de todo, lo quería y puede que incluso hasta lo amara, a él nunca lo habían querido, es decir, nunca había sentido que alguien lo quisiera de la forma en que el fénix parecía querer a Seiya, sí había salido con un montón de gente, pero siempre bajo la palabra libertad. “Que tonto Seiya, si yo fuera él sí querría a Ikki” – pensó y segundos después se levantó de golpe de la cama con los ojos muy abiertos, ¿qué era lo que había pasado por su mente? ¿Y cómo es que ese pensamiento había llegado hasta ahí? Tomó todo el aire que sus pulmones le permitieron e intentó relajarse sin conseguirlo.
Al final terminó saliendo de su habitación para ir hacia la de Ikki, tocó un par de veces pero no respondieron y abrió un poco la puerta. La cama estaba tendida y no había ningún indicio de que el fénix hubiese entrado. “Tal vez decidió dormir con Seiya” – pensó y una mezcla contradictoria de angustia y alivio recorrió su cuerpo.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó el mayor de repente y el rubio dio un respingo mientras tomaba aire, le había tomado por sorpresa la presencia del fénix - ¿Viniste a darme las buenas noches? – entró dejando al cisne cerca de la puerta.
- Quiero saber.
- ¿Qué?
- Ya sabes qué, quiero saber… si Seiya es tu novio.
- ¿Dormirás conmigo si te respondo?
- Sí.
- ¿Cuándo yo quiera?
- … Sí, ¡ya responde! – dijo desesperado y el fénix sonrió.
- Seiya no es mi novio… - volvió a sonreír - ¿Cómo se te pudo ocurrir eso pato idiota? – comenzó a desvestirse ante la mirada cohibida del cisne.
- Ah… - miró al suelo como si hubiera algo muy interesante en él y se giró un poco para abrir la puerta.
- Eh, eh, eh… el trato empezó desde que te respondí – señaló la cama mientras terminaba de ponerse la pijama.
Se acostó despacio, como si pensara en cada uno de sus movimientos, y es que ahora las cosas eran completamente distintas, todo lo que creía se había venido abajo.
- Tengo otra pregunta – dijo después de un rato en silencio.
- ¿Tienes algo más que ofrecerme?
- Já… olvídalo… - dijo indignado y se dispuso a dormir.
- Que descanses patito – musitó el fénix cerca de su oído antes de abrazarlo y el cisne agradeció la oscuridad de la habitación que ocultaba por completo el calor de su rostro.
Continuará…
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