sábado, 19 de enero de 2013

Capítulo 8: Las cosas que no me gustan de ti y el festival de invierno - 1° parte - Diciembre 2,2011

Hola! Este capítulo va un poco raro xD, habla de diferentes parejas, cada una empieza en el presente pero luego habla un poco del pasado. Intenté poner solamente diálogos del presente y lo demás narrado, PERO me fue imposible xD, así que los diálogos en pasado están en cursiva. Ah, otra cosa, este capítulo se ubica dos semanas después que el capítulo 7, me pierdo mucho con eso del orden cronológico, así que disculpen si de repente parece que ha pasado mucho tiempo xD



Muchas gracias a todos los que se tomen el tiempo de leer este fic =) Cualquier duda o aclaración, me dicen y así =)



Capítulo 8: Las cosas que no me gustan de ti y el festival de invierno – Primera parte



El escorpión se encontraba sentado desordenadamente en una banca, a menos de medio metro de distancia, recargado en el tronco de un árbol, estaba Camus, con su portátil sobre las piernas, terminando de teclear un ensayo.



          - Camus… - musitó Milo pero el francés tan solo emitió un sonido para que el escorpión supiera que lo estaba escuchando.



Sin embargo, no parecía suficiente y el griego lo observó fijamente antes de empujarlo con una de sus piernas.



          - ¿Qué? – preguntó el francés y sonrió en el preciso instante en que guardó su trabajo, ahora solo tenía que enviarlo a su maestro y se habría librado el resto de la tarde.



Un segundo empujón seguido de un tercero y el francés seguía como si nada.



Había muchas cosas que le molestaban de Camus, y es que el francés tenía muchas costumbres extrañas, parecía que su mente saltaba de un lado a otro y que nunca ponía atención. Recordaba en especial una ocasión en que él (Milo) estaba muy emocionado después de ver una película con un final completamente inesperado, y no le importó que Ikki (a quien llevó casi a la fuerza porque no tenía con quién ir) dijera que era predecible y que ya sabía lo que iba a ocurrir desde los primeros minutos. No supo si creerle, el fénix sabía bien cómo molestarlo así que prefirió quedarse con la idea de que el final era muy bueno y que la película era excelente. Tanta había sido su emoción que sentía la necesidad de compartirla con alguien, en realidad habría hablado con quien se le pusiera en frente en ese momento, pero por algún motivo disfrutaba más la compañía del francés. Aquella noche, entró emocionado a la habitación del de acuario y lo encontró recostado mirando fijamente al techo. No le sorprendía, Camus solía distraerse con la misma facilidad que Kanon y Seiya.



No tardó en recostarse a su lado y preguntarle qué miraba. El francés le respondió con otra pregunta, “¿De dónde sacaban sus técnicas? Porque él era inmortal, ¿qué hizo para ser inmortal?” Y en minutos, Milo había olvidado todo aquello que quería contarle para comenzar a pensar sobre el origen del poder de un personaje de su serie favorita. 



Otra cosa que le molestaba de él era su falta de reacción, parecía que nunca se enojaba, un día el escorpión llegó más de media hora tarde, su móvil se había estropeado porque le había jugado una broma a Ikki y el fénix en venganza no tuvo mejor idea que empujarlo a la alberca. Así que, en lo que se cambiaba de ropa e intentaba revivir su móvil, terminó llegando muy tarde. Pensó que quizá Camus se habría cansado de esperar, incluso temió que se hubiera regresado a casa y que en el camino no se hubieran encontrado. Sin embargo, cuando llegó al cine donde habían quedado de verse, se topó con Camus esperando tranquilamente en una banca, no solo eso, el francés todavía se atrevió a sonreírle de manera encantadora y le dijo que aún alcanzaban a entrar a otra función. 



Al parecer, no había nada que Milo pudiera hacer para enfadarlo, no importaba cuánto se empeñara en distraerlo, o cuántas cosas le perdiera, el francés jamás perdía el control, y no es que eso fuera malo, lo cierto es que el de acuario a simple vista era muy tolerante, el problema era que Milo tomaba esa actitud como falta de interés. Y en muchas ocasiones deseó que fuera más como Ikki, que se le notaran los sentimientos en el rostro, que pusiera cara de enfado cuando no estaba de acuerdo con algo en lugar de simplemente ceder. Había escuchado, por ejemplo, de su mala relación con Shaka, pero siempre que se topaban en algún lugar de la mansión, el francés tan solo prefería alejarse o escudarse detrás de Aioria, y ESA era otra de las cosas que le molestaban de él, quizá lo que más le enfadaba, su amistad con el león. 



          - Terminé – dijo el francés orgulloso y guardó su portátil en su mochila - ¿Qué? – preguntó ante el mutismo de Milo, y sin que lo esperara, éste jaló su cabello – Ahh… - una casi imperceptible mueca de dolor y disgusto cruzó por su rostro y el escorpión sonrió - ¿Qué… - no lo dejó hablar y volvió a tirar de su cabello – Deja de hacer eso.


          - ¿O si no qué? – preguntó antes de empujar suavemente su cabeza.


          - Ahh… - musitó con algo de frustración y antes de pensarlo siquiera, terminó empujando al escorpión.



Comenzaron a forcejear en el suelo, pero la risa de Milo le hacía perder fuerzas y Camus terminó como vencedor absoluto, sentado sobre el abdomen del escorpión, aferrándose a sus muñecas para mantenerlo sobre el pasto.



          - Gané – dijo Camus sonriendo.


          - Te dejé ganar… - se deshizo del agarre del francés y se incorporó para luego abrazarlo por la cintura. No le dio tiempo de hablar, tan solo besó sus labios acariciando suavemente su lengua. Camus podía librarse fácilmente, pero el aroma embriagador de Milo y el calor que despedía su cuerpo eran adictivos. Para tener poca experiencia (como él decía), besaba bien, muy muy bien.



***



La relación de Aioros y Kanon se hizo pública casi de inmediato, decepcionando así al grupo de seguidoras que Kanon ni sabía que tenía, el dragón marino creía, erróneamente, que no era popular, es decir, no pertenecía a ningún equipo deportivo ni a ningún club, se la pasaba vagando cada que podía y más de una vez se escapó de clases para ir junto con Seiya a hacer fila para comprar algún videojuego. Lo cierto era que, bajo esa seguridad que solía aparentar, en el fondo siempre se sintió menos que Saga.



          - Vamos Aioros… - dijo Kanon casi arrastrando del brazo al arquero.


          - Espera, tengo que devolver estos libros a la biblioteca, ¿te veo más tarde?


          - No, te acompaño – le gustaba estar con él, y aunque el arquero nunca tomaba la iniciativa para estar al lado de Kanon, el sentimiento era mutuo.



Fue un problema que Aioros, Shura y Saga estuvieran en la misma clase. El arquero comenzó a sentarse a cierta distancia, no sentía la confianza ni el valor para acercarse a Saga, y éste tampoco hizo nada por hablarle a él. De cierta manera lo entristecía, sentía que había perdido demasiado y sabía que tarde o temprano tendría que hablarle de nuevo porque era el hermano de su actual pareja, no podía tan solo fingir que no existía, y era una contradicción porque le habría gustado no volverlo a ver y al mismo tiempo también deseaba borrar el pasado para poder ser amigos. Afortunadamente para Aioros, Kanon solía ocupar casi todo su tiempo libre, y es que con el dragón marino siempre tenía algo que hacer. Eso le agradaba, también le gustaba la manera en que Kanon se interesaba por él y cuando le preguntaba si había algo que deseara hacer, era completamente diferente a Saga.



Nunca le pasó por la mente a Aioros que Shura sufría más o menos lo mismo, y es que él no tenía ni idea de que el español había estado interesado en Kanon. Es más, si no hubiera sido porque Afrodita se lo dijo, tampoco se habría dado cuenta de que ahora el de capricornio sostenía una relación con el mayor de los gemelos. Sí le causó cierto estrés cuando lo supo, esa noche se había encontrado con Afrodita y Mu en la cocina, había ido por un poco de café para mantenerse despierto y poder terminar una tarea. Y fue entonces cuando los escuchó hablando de lo sorprendidos que estaban de que Shura saliera con Saga. Mu se veía un poco afectado, pero Aioros no lo notó, había demasiadas preguntas en su mente como para poderle prestar atención a cualquier otra cosa. Y es que Saga y él habían compartido mucho más que una amistad, ¿cuándo se había enamorado Saga de Shura? ¿por qué nunca se lo había contado? Sí había notado muchas veces la manera en que Saga miraba al español, y todas esas ocasiones en que intentaba llamar su atención, pero creyó que se trataba de un intento del mayor de los gemelos por integrarlo al grupo.



No pudo evitar sentirse decepcionado, y su manos temblaban un poco, no supo si de coraje o de ansiedad. Pero todo pareció calmarse cuando Kanon apareció en la puerta para decirle que Seiya había encontrado un bicho extraño en el jardín y que le había puesto de nombre “Milo”. Al final, Saori no permitió que se quedaran con él, el verdadero Milo golpeó la cabeza de Seiya por ocurrente, y Aioros olvidó todas esas preguntas que lo inquietaban.



A veces volvían en la noche, cuando estaba solo en su habitación intentando dormir. No tardaron en aparecer tenues ojeras en su rostro y fue cuando el dragón marino comenzó a preocuparse. Le dijo que se veía cansado, y Aioros tan solo le sonrió y le respondió que se había estado desvelando porque tenía que estudiar. Algo en la mirada del arquero le hizo pensar a Kanon que mentía, y se sintió terriblemente culpable cuando la desconfianza le hizo acercarse a Saga para preguntarle si tenían muchos exámenes últimamente, y cuando éste le respondió que no, fue directamente a la habitación del arquero. Tocó un par de veces antes de escuchar su voz.



          "¿Estás estudiando?"


          - "No".


          - "¿Puedo quedarme un rato contigo?" – como respuesta, Aioros levantó las cobijas para dejar que se acostara a su lado – "Me preocupa que no duermas, serás como… esa niña de cabello largo de la película de terror que tanto asusta a Seiya, la que no duerme…" - el arquero sonrió – "También le da miedo a Camus"


          "¿En serio?"


          - "Sí, un día después de ver esa película, Milo y yo convencimos a Shiryu de que asustara a Ikki, ya ves que a Milo le gusta joder al fénix y pues, Shiryu es el único que tiene cabello negro."


          "¿Y luego?"


          - "Pues, Ikki de alguna forma se enteró y le dijo a Hyoga que entrara él primero a la casa, el pato no confiaba mucho en Ikki y le dijo que entrara él, y pues, yo creo estuvieron casi quince minutos discutiendo de quién entraría primero, pero Camus llegó y entró sin darle importancia a la discusión, se me hace que ni los estaba escuchando. Hubieras visto su cara… - dijo Kanon entre risas – Se enojó bastante, y Milo terminó abrazándolo, aunque creo que solo fue una excusa para acercarse a él."



Cuando dejaron de reírse, se quedaron un rato en silencio, tan solo observándose. Aioros pensó que Kanon no merecía eso, así que esa noche decidió olvidar las preguntas que quería hacerle a Saga, para procurar no pensar más en él.



          "¿Te preocupa algo?" – preguntó Kanon.


          - "No" – musitó con una sonrisa – "Ya no."



***



          - Se ven muy felices – dijo Shura viendo cómo el arquero y el dragón marino se alejaban jugueteando por el campus, siempre se les veía riendo, por lo regular era Kanon quien abrazaba a Aioros, pero era éste último quien tomaba el rostro de Kanon entre sus manos y lo miraba fijamente antes de besarlo.


          - Sí… ¿Vamos a lo de Aldebarán de una vez?


          - Es temprano, me gustaría quedarme un rato más aquí.


          - De acuerdo.



No se arrepentía de salir con el español, pero sí había algunas cosas que le pesaban de estar con él. Y es que Shura no era de los que mostraban sus sentimientos, era un poco frío y callado, era ordenado aunque siempre vivía perdiendo sus lentes y nunca sabía a dónde iban a parar sus calcetines. La manera en que Saga se enamoró de él fue tan simple que a veces ni él mismo comprendía cómo había llegado a tanto. Ocurrió un viernes por la mañana, no tenían clases porque era un día festivo, así que algunos habían aprovechado para salir a pasear. Saori le había pedido a Kanon que fuera de compras con ella puesto que era de los pocos que quedaban en la mansión, y el dragón marino accedió a cambio de un helado de yogurt con mermelada de fresa. Era muy fácil complacer a Kanon.



Saga buscaba su móvil, y como sabía que Kanon tenía la mala costumbre de tomar sus pertenencias, se dirigió sin pensarlo a su habitación, suspiró con cansancio en cuanto vio el terrible desorden del lugar. Había ropa sobre la cama y el suelo, tubos de pintura sobre la mesita de noche, un par de bastidores recargados desordenadamente al lado de la puerta y los cajones de su guardarropa estaban en el piso, se preguntaba si habría estado buscando algo la noche anterior, aunque otras veces había entrado a su cuarto y el desorden era casi el mismo, así que descartó la idea de inmediato. Al parecer iba a ser una odisea encontrar su móvil. Suspiró al notar que el ordenador de Kanon estaba encendido, por eso no le duraban las cosas, porque era muy descuidado y descargaba cuanta cosa le pasara por la mente, se sentó delante del escritorio para ver si el menor estaba bajando algo o si tenía algún programa abierto, pero tan solo vio una ventana intermitente.



Vio que se trataba de Shura y quiso bromear con él fingiendo que era Kanon, sin embargo, la sonrisa se borró de sus labios en cuanto vio que lo que decía ahí en realidad era una especie de declaración. Era intensa, hablaba de cómo se había dado cuenta de sus sentimientos hacia Kanon y de lo insoportable que era estar a su lado y no poder aspirar a nada más. Había un fragmento que se le grabó a Saga “Tal vez ya lo has olvidado, pero, ¿recuerdas cuando estabas viendo esa serie de piratas? Que de pronto quisiste vivir en un barco y dijiste que eso era tan difícil como ir a Marte. Yo te pregunté que si querías ir a Marte y te reíste, supongo que pensaste que era ridículo lo que decía, pero iba en serio, porque desde hace mucho que no me ha importado otra cosa que no sea tu felicidad. Y te pido que me guíes y tú no sabes de qué te hablo, pero eres lo único constante, dentro de toda la inestabilidad que me produces, eres lo único bueno a lo que puedo aferrarme”.Las palabras le dolieron, dejó de leer porque no le parecía correcto husmear en los sentimientos ajenos, pero se preguntaba ¿cómo podía haber alguien que amara tanto y que sufriera por ello? Quiso consolarlo de alguna forma, y a partir de ese día comenzó a buscarlo más.



Saga nunca supo que Kanon no llegó a ver ese mensaje, en cuanto el mayor de los gemelos abandonó la habitación (sin su móvil), Shura entró y suspiró aliviado al ver que el dragón marino no estaba en su cuarto, así que pensó que lo más probable era que aún no hubiera visto nada. Cerró la ventana y borró el historial. Solo el tiempo le daría el valor necesario para acercarse a Kanon, mientras tanto, tan solo podía lidiar con algunas crisis que le daban, y es que a veces el tiempo libre era su peor enemigo y terminaba agotado de tanto pensar. Los episodios de angustia y depresión continuaron aun cuando inició su relación con Saga, el problema era que el mayor de los gemelos no tenía la paciencia necesaria para soportarlo, más bien, le estresaba un poco no saber qué hacer para que se sintiera mejor, así que prefería irse y dejarlo solo, sin embargo, no tardaba en regresar, porque lo amaba y porque se preocupaba por él. 



          - Lamento lo de ayer – dijo Shura de pronto.


          - No importa.


          - No, sí importa, y lo lamento.



La noche anterior, Saga había aparecido delante de su puerta para avisarle que bajara a cenar. Lo encontró en medio de un desorden comparable con el de Kanon y se sorprendió un poco.



          "¿Pasa algo?"


          - "No, solo… buscaba algo" – había dicho el español con ansiedad.


          "¿Te ayudo?"


          - "No, preferiría estar sólo un rato."


          - "Si algo te molesta podemos hablarlo."


          - "¡No!" – exclamó y Saga tuvo la sensación de que iban a terminar peleando otra vez y que nuevamente no sabría por qué, así que lo dejó antes de que el drama empezara. Era increíble, llevaban cerca de dos semanas siendo pareja y ya habían tenido más problemas que los que Aioros y Kanon tendrían en toda su vida.



Regresó una hora más tarde con la cena del de capricornio. Abrió la puerta sin llamar antes y lo encontró alterado sobre la alfombra de su habitación.



          "Te dije que quería estar solo…" - había dicho mientras recargaba su frente sobre sus manos, y la escena lo desgarraba emocionalmente.


          "Déjame escucharte… quiero que estés bien… para eso estoy aquí."



Fue imposible que Shura se resistiera y es que algo tenía Saga que lo hacía sentir débil, lo quería como amigo, pero comenzaba a pensar que quizá el amor no estaba hecho para él y no sabía qué hacer al respecto. No le gustaba que los demás lo vieran perder el control de las cosas, y es que lo cierto era que nadie se imaginaba el dolor y el caos que había en su interior. Al mayor de los gemelos no le agradaba que estuviera deprimido, y a Shura no le gustaba que Saga pudiera ver a través de su depresión.



          - Eres libre de dejarme si quieres – musitó Shura. Saga tomó aire con un nerviosismo que supo disimular a la perfección.


          - ¿Quieres que te deje? – el español negó con la cabeza – Que bueno – sonrió – porque no quiero dejarte – tomó su mano antes de ponerse de pie – Vamos a lo de Aldebarán.



De pronto Shura se sintió más tranquilo, y no dejaba de sorprenderle la facilidad con la que Saga calmaba gran parte de sus angustias.



Continuará…

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