sábado, 19 de enero de 2013

Capítulo 7: Comentarios desafortunados - Noviembre 29,2011

Capítulo 7: Comentarios desafortunados



Había despertado en la madrugada al sentir la excesiva cercanía de Ikki, comprendía que tuviera frío, pero no esperaba que el fénix terminara abrazado a su cuerpo haciéndolo sentir un poco incómodo. Lo que tampoco esperaba el cisne, era que a la siguiente noche volviera a aparecer el peliazul frente a su puerta. Y después, la noche que le siguió a esa. Y no es que le molestara que Ikki durmiera a su lado, la verdad es que era muy tranquilo para dormir, no hacía ruido y se movía muy poco, pero a veces el cisne era presa de su propia naturaleza hormonal y tenía ganas de estar solo para descargarse, cosa que no podía hacer estando el fénix presente, así que pensó en una forma de que Ikki pudiera volver a su habitación sin morir congelado, porque aunque tuvieran sus diferencias, muy en el fondo sí se preocupaba por él.



          - Se va a romper – dijo Ikki observando la bolsa de agua caliente que el rubio le ofrecía. 


          - Ahh – suspiró el cisne – no se va a romper, para eso son… además, aunque se rompiera no pasaría nada.


          - Me niego.


          - ¡Argh! – gruñó – ¡Entonces muérete de frío! – se cruzó de brazos y apagó la lámpara de noche, pero entonces sintió el temblor del cuerpo del mayor y terminó compadeciéndose de él, quizá porque el cisne en verdad sabía lo que era pasar frío. Lo había soportado porque era parte de su entrenamiento y había terminado acostumbrándose, pero suponía que para Ikki el frío era el equivalente en nivel de sufrimiento que implicaba para él el calor.



***



          - ¿Qué te dijo? – preguntó Camus cuando vio a Milo entrar a su habitación con las manos vacías. 


          - Nada… no pude preguntarle – musitó pensativo.


          - ¿Cómo? ¿No lo encontraste?


          - Sí… estaba en su habitación… pero no entré – la expresión distraída de su rostro hicieron que el francés se pusiera de pie, si quería que Hyoga le prestara esa película, tendría que ir personalmente a pedírsela – Espera Cam… no te recomiendo que vayas… creo que él y el fénix están… tú sabes.


          - ¿Qué? ¿Estudiando? – el escorpión negó con la cabeza - ¿Platicando?


          - No, ya sabes – insistió pero Camus solo lo observó sin decir nada, como esperando que el escorpión se explicara – Creo que Ikki se está tirando a Hyoga – terminó diciendo de manera directa.


          - ¡¿Qué?!


          - Escuché que Ikki estaba preocupado de que algo se rompiera y Hyoga le decía que no se rompería y que aunque se rompiera no iba a pasar nada…


          - ¿Y?


          - Pues… es obvio que estaban hablando de condones.


          - Ahh… suena lógico – musitó volviendo a sentarse en su cama.



Se quedaron unos cuantos minutos en silencio, y Milo se recostó al lado de Camus, con las piernas recargadas en la cabecera de la cama.



          - ¿Me besas como el otro día? – preguntó de pronto el escorpión.


          - No creo que sea buena idea… - musitó un poco perturbado y el silencio volvió a reinar un par de minutos. 


          - ¿Cuánto tiempo crees que lleve follándoselo?



Camus respondió con un casi inaudible “no sé” pero a esa le siguieron una infinidad de preguntas, y es que Milo era muy curioso, bastaba que viera algo sospechoso para que su mente comenzara a divagar haciendo cientos de suposiciones y preguntas incómodas.



          - ¿Crees que Hyoga pueda… - no pudo terminar la pregunta cuando los labios del francés lo silenciaron por completo. No quería escuchar las dudas de Milo respecto a la vida sexual de su discípulo.



Milo tomó las manos del francés haciendo que este perdiera el equilibrio y terminara pegado a su cuerpo. Camus intentó separarse, pero el escorpión invirtió los papeles para ser él quien quedaba sobre el cuerpo del de acuario.



***



La mañana siguiente estaba marcada en el calendario del dragón marino con un círculo deforme en color naranja. Lo cierto era que originalmente ese calendario ni era del dragón marino y esa marca no pretendía ser un círculo. Era un calendario con el logotipo de la fundación y estaba en la cocina. Kanon se lo había adueñado ya que era el único que le prestaba atención anotando todo lo que le pareciera importante, dichas anotaciones iban desde cumpleaños y exámenes, hasta fechas cruciales como los días cuando salía a la venta su manga favorito o cuando había alguna convención de videojuegos. Y la marca de ese día en un principio iba a ser un corazón debido a que Aioros se había ofrecido a llevarlo a la universidad, y pensaba, que cualquier cosa que se relacionara con el de sagitario debía ir acompañada de cosas cursis y melosas, sin embargo, después de hacer el primer trazo Death Mask entró a la cocina y, temiendo que se burlara de él, terminó haciéndolo como un círculo que ahora parecía deforme.



No sabía cuántas veces había ensayado lo que le diría a Aioros pero siempre terminaba esperando a que fuera el arquero quien tocara el tema. No quería perderlo como amigo, así que en varias ocasiones le pasó por la mente darse por vencido y hacerse a la idea de que jamás tendrían una relación. Entonces se deprimía durante unos cuantos segundos, mordía algún pincel o cualquier cosa que tuviera a la mano y volvía a ensayar, tenía que estar preparado por si inesperadamente el valor llegaba a su cuerpo y en un lapso de impulsividad se atrevía a preguntarle.



Lo que no sabía el dragón marino era que a unas cuantas habitaciones de distancia, el arquero también se preguntaba cómo abordar el tema con él. Y es que, la única persona a la que había amado era Saga y pensó, por mucho tiempo que existía la posibilidad de ser correspondido, se había acostumbrado a vivir fingiendo que era su mejor amigo y no le había importado que lo que compartían se mantuviera en secreto por siempre. En cambio ahora con Kanon no estaba muy seguro de lo que seguía, ¿qué esperaba el menor de los gemelos de él?



          - ¿Nos vamos? – preguntó Aioros cuando vio a Kanon en la cocina.


          - Claro – y ambos partieron en un silencio que se prolongó hasta que llegaron a la universidad.


          - ¿Crees que podamos vernos más tarde? Hay algo que tengo que decirte… – dijo el arquero cuando estacionó el auto para que Kanon bajara.


          - Si – quería preguntarle en ese momento de qué se trataba pero una especie de temor se lo impedía, así que terminó saliendo del auto sin siquiera preguntar a qué hora se iban a ver.



El arquero se recargó en el volante y respiró profundamente un par de veces, jamás en toda su vida había estado tan nervioso. Decidió dejar el auto estacionado ahí para ir caminando hasta su facultad, el aire fresco le hacía sentir un poco menos inquieto. No alcanzó a avanzar ni diez metros cuando sintió cómo alguien se recargaba en sus hombros.



          - ¡Ahh! Me asustaste… - dijo después de girarse y ver al dragón marino frente a él.


          - No quiero esperar… - Kanon se veía extrañamente serio – Lo que sea que tengas que decirme… dilo ya.


          - Bueno… - tomó aire y sonrió con nerviosismo – hay algo que tienes que saber… - veía a Kanon y comenzaba a sentir el rostro acalorado – No creo que sea buena idea que salgamos… como pareja… - terminó diciendo y se sintió terriblemente mal cuando notó la expresión sombría en el menor de los gemelos.


          - De acuerdo… - fue un momento de incertidumbre para Kanon, por un lado quería saber los motivos, pero al mismo tiempo deseaba no saber nada al respecto, quería ir a su clase y que el día terminara lo más pronto posible para ir a casa.

          
          - No es que no te quiera… - dijo Aioros reteniendo una de las manos del gemelo.


          - No… yo entiendo… - de cierta forma le parecía lógico, todos siempre terminaban eligiendo a Saga, tenía la impresión de que Saga era una versión mucho más refinada que él y que por lo tanto, era la mejor opción – Lo quieres mucho ¿cierto? – preguntó tan solo por masoquista.


          - No… no es eso… en verdad que tengo un buen motivo para…


          - ¿Cuál? – lo interrumpió y el arquero cerró los ojos.


          - Ahh… - suspiró – Yo… me he acostado con Saga… - musitó y para su sorpresa, Kanon sonrió. 


          - ¿Y por eso no puedes estar conmigo? – ahora su sonrisa fue mayúscula.


          - Kanon… Saga es tu hermano, me acosté con tu hermano, ¿no crees que sería extraño?… - preguntó sin comprender la expresión de felicidad del gemelo.


          - No, yo también lo hice.


          - ¡¿Qué?!


          - No… no con Saga… - dijo de inmediato al notar el malentendido – Digo, me acosté con Aioria… - argumentó como si eso hiciera el asunto menos escalofriante – Pero… fue solo una vez hace mucho y los dos estábamos ebrios…



No le molestó enterarse de ello, su hermano ya era lo suficientemente adulto como para saber con quién se acostaba. Pero sí tuvo ganas de decirle que su relación con Saga era diferente a lo que él había vivido con Aioria, que había ido más allá de un simple acostón y que había una historia turbia detrás de ellos, sin embargo, cuando veía el rostro de Kanon con esa sonrisa eterna, todo parecía quedar atrás, y pensó, que estando con él no se vería atormentado por los fantasmas del pasado.



          - Entonces… eres mi novio ¿cierto? – Aioros asintió pensando en lo rápido que habían ocurrido las cosas y en lo extraño que parecía la palabra “novio” en voz del gemelo – Genial… - dijo antes de rozar levemente sus labios y abrazarlo al borde de la asfixia – Te veré cuando salga, tengo examen a esta hora y creo que ya se me hizo tarde, ¿qué hora es?

          
          - 8:20


          - ¡Ah, maldición! – exclamó antes de irse corriendo.



Ninguno de los dos notó la presencia de Shura a varios metros. El español se alejó rápidamente sin apartar la mirada del suelo y sin detenerse hasta que chocó contra alguien.



          - Ah, lo siento – se disculpó.


          - ¿Qué sucede? Te ves alterado – la voz de Saga lo obligó a levantar el rostro, y fue un impulso y el despecho los que lo instaron a hablar.


          - Todas esas veces en que has dicho que sientes algo por mí… ¿era en serio? – Saga asintió – Creo… que podríamos intentarlo… - Saga sonrió, y aunque Shura quiso retractarse en ese mismo instante, terminó cediendo a los brazos del mayor de los gemelos.



Ese día comenzaron dos relaciones en la mansión, aunque ciertamente, su desarrollo tendría muy pocas cosas en común.



***



Hyoga se enfadó con Ikki aquella tarde. Se habían encontrado por “casualidad” al terminar las clases (lo cierto era que el rubio se había pasado casi media hora intentando dar con el fénix, incluso estuvo tentado a marcar su número tan solo para ver si alcanzaba a escuchar a lo lejos la característica melodía que traía el fénix en su móvil), y Aioria, que llegó de pronto con Ikki, sugirió que fueran a comer los tres.



          - ¿Y qué planes tienen hoy? – preguntó Aioria con curiosidad, y es que el escorpión le había informado a primera hora de la mañana acerca de la relación clandestina del cisne y el fénix.


          - Una conferencia – dijo Hyoga sin notar el nerviosismo en Ikki. 


          - ¿Conferencia? ¿De qué?


          - A una que darán hoy… - dijo Ikki intentando concluir la plática.


          - Se supone que tú también irás ¿no? – preguntó Hyoga comenzando a sospechar por la actitud del fénix – Es de tu carrera… - dijo sin despegar la mirada de Ikki.


          - Ahh… esas conferencias, nah, son demasiado aburridas.


          - ¿No son obligatorias? – la expresión del ruso iba tornándose más y más severa y el fénix no era capaz de verlo a los ojos.


          - No, casi nadie va, yo iré más tarde a… - siguió hablando acerca de sus planes aunque ni Hyoga ni Ikki le pusieron atención.


          - Me iré a casa – dijo el rubio en cuanto Aioria terminó de hablar. Había dejado la comida casi intacta.


          - Espera… te llevo – dijo Ikki.


          - No hace falta – musitó enfadado y salió del lugar.


          - ¿Por qué se molestó? – preguntó Aioria sin comprender el repentino enojo del rubio.


          - No sé – mintió Ikki – nos vemos.


          - Claro… - musitó con extraña tristeza, y es que le parecía rarísimo quedarse solo. Sacó su móvil para buscar a alguien que le hiciera compañía, pero entonces, una voz muy familiar le hizo levantar la mirada.


          - ¿Puedo sentarme aquí? – la voz en cuestión, venía acompañada de una sonrisa preciosa en un rostro encantador.


          - Por supuesto – dijo Aioria, y Shaka se sentó en el lugar donde había estado minutos antes sentado el fénix.



***



          - Deja de seguirme – dijo el rubio fastidiado.


          - Vivimos en la misma casa, no te estoy siguiendo – dijo Ikki desde el auto, agradeciendo a todos los dioses que casi no transitaran vehículos por esa calle pues de lo contrario se vería obligado a avanzar más rápido y dejar al rubio atrás.


          - Bien – dijo antes de dar vuelta en la primera esquina.


          - ¡Argh! Pato idiota… - se quejó al darse cuenta de que la calle iba en contra y que ya no podía seguirlo, así que estacionó el auto y se bajó para darle alcance al rubio – Espera… Hyoga, al menos déjame llevarte a casa.


          - … de acuerdo – dijo después de pensarlo, era lo menos que podía hacer el fénix por él después de haberlo engañado de esa forma.



El camino fue una tortura silenciosa para Ikki, todos sus intentos de sacarle plática al rubio terminaron en un rotundo fracaso, y es que Hyoga sabía cómo ignorarlo por completo.



          - ¿No vas a preguntar nada? –dijo Ikki antes de entrar a la mansión.


          - ¿Por qué me mentiste?


          - Lo siento.


          - Eso no responde a mi pregunta – cruzó la puerta y se detuvo cuando volvió a escuchar la voz del fénix.

         
          - En verdad lo siento.


          - ¡Já, solo dices que lo sientes porque quieres acostarte conmigo! – el fénix levantó ambas cejas sorprendido y dirigió una mirada a la estancia en donde se encontraban algunos de los habitantes de la casa observando la escena con curiosidad y morbo.


          - Lo sabía… - musitó Shun con voz algo triunfal.


          - Te lo dije… - le comentó Milo a Camus en voz baja, procurando que el rubio no los escuchara.



Pero para ese entonces el rostro del cisne estaba enrojecido y se preguntaba por qué siempre tenía que hacer comentarios que se malinterpretaban. Subió hasta su habitación y se encerró, el fénix podía morir congelado y ya no le importaba. Pero a pesar de que seguía enfadado con Ikki, no podía quitarse la sensación de decepción de encima, supuso, erróneamente, que quizá al fénix tan solo no le agradaba, tal vez quería quitárselo de encima y por eso había elegido lugares aburridos. Sí le dolía, le lastimaba un poco pensar que quizá todas las discusiones con Ikki eran ocasionadas por el repudio que sentía el mayor hacia él. Tal vez no se debía a que ambos fueran tercos y explosivos, tal vez… a Ikki tan solo no le caía bien, y ese pensamiento lo entristecía irremediablemente.



Continuará…

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