jueves, 3 de enero de 2013
Capítulo 8: Culpabilidad - Junio 10,2007
Capítulo 8 - Culpabilidad
Se encontraba en su despacho revisando unos documentos que le había enviado Ikki, pero no se podía concentrar, repasó la habitación con la mirada hasta que finalmente dio con un espacio vacío, donde tiempo antes había descansado un libro con cuentos de misterio, recargó un momento su cabeza sobre sus manos y después se estiró, algo frustrado. Había ido a visitar a Saga con la esperanza de encontrarse con ese joven de cabellos lila, pero al igual que en la ocasión anterior, no consiguió verlo. Tan solo había desaparecido, y ni siquiera podía considerar cuestionar a Saga, sabía demasiado bien los sentimientos que éste albergaba hacia él. Se lo había confesado tiempo antes, en alguna de esas reuniones a las que con tanta frecuencia asistía, o bueno, a las que asistía desde que había conocido a Mu.
La primera vez que observó a Mu, fue en una de las memorables fiestas organizadas por Milo. El joven de cabellos lilas y aspecto tímido se encontraba en una de las esquinas de la habitación, escondiendo su mirada temerosa, intentando no importunar a nadie. Cuando fue por una bebida, se lo topó de frente y pensando que se trataba de algún joven e inexperto inversionista, intentó entablar conversación con él, darle confianza puesto que él mismo en ocasiones se sentía con una gran responsabilidad. Sin embargo, todos los supuestos que había considerado se esfumaron en cuanto vio en la muñeca del joven un bello brazalete, uno de esos que Saga solía obsequiar a sus amantes... entonces el joven no era ningun inexperto inversionista, sino un diestro amante... Saga sabía elegirlos. Siempre resultaban ser jovenes educados, tímidos y muy hermosos, sin importarle demasiado, lo invitó a salir con él al jardín. A pesar de mostrarse reticente en un principio, algo en la mirada de Shaka hacía que confiara en él.
La conversación era fluida y pronto descubrió que al joven le encantaba leer, solía escabullirse a la enorme biblioteca de Saga y devoraba cuanto libro estuviese a su alcance, para terminar enamorado de la literatura fantástica y oscura. Mu era una persona encantadora, servicial e interesante, era de esas personas que están profundamente enamoradas de la vida y que de alguna extraña manera transmiten ese sentimiento a los demás. Comenzaba a preguntarse si Saga estaba enamorado de ese hermoso joven o si sería otra de sus adquisiciones y con todo la delicadeza del mundo se atrevió finalmente a preguntarle cómo es que había llegado a manos de Saga.
La historia era tan simple como dolorosa, al igual que todas las historias que rodeaban a Saga, y se reducía a una simple frase: "Todos tienen un precio". Con los días, comenzó a frecuentar la enorme mansión que Saga poseía, producto deshonesto de sus negocios. Esperaba con ansias el momento de ver al dulce joven de la mirada perdida. Enamorándose cada vez más, sintiendo que sería capaz de todo con tal de verlo sonreir. Y fue hasta una noche, en una reunión cuando Saga, dijo lo que había estado escondiendo durante tanto tiempo.
- Shaka... te ves hermoso hoy - arrastraba las palabras, sin duda, había estado bebiendo más de lo que acostumbraba.
- Gracias - comenzó a sentirse incómodo ante la mirada del mayor.
Un par de explicaciones incomprensibles para llegar al punto que deseaba abordar desde el principio. Un casi imperceptible "Te amo" dicho en voz muy baja, cerca de su oído, haciéndolo estremecer, sintiéndose mal por no poder corresponderle, por no poder creerle siquiera. El resto de la noche, resultó ser un completo fracaso, después de rechazar a Saga, alegando estar enamorado de alguien más, éste se fue molesto llevándose a Mu consigo, tratándolo de manera violenta, lo cual causó dolor en el hermoso rubio al imaginar que sería con el pelimorado con quien Saga descargaría sus frustraciones. Y no se equivocaba.
Cuando al día siguiente visitó la mansión, se encontró con un taciturno Mu, cuyos ojos habían perdido ese brillo tan encantador que poseían, no se atrevió a preguntarle qué era lo que había sucedido, bien podía imaginarlo, así que se limitó a dejar en sus manos un ejemplar que contenía una serie de historias cortas. Obtuvo un débil "Gracias" y una casi imperceptible sonrisa. No se dio cuenta de que Saga observaba terriblemente enfadado esta escena, pero lo supuso después, cuando aquella ocasión se convirtió en la última vez que pudo ver a Mu.
***
Llevaba media hora recostado, escuchando el parloteo de su hermano. La partida de Mime había causado estragos en él. Siempre había pensado que a Bud solamente le gustaba fastidiar al pelirrojo, pero se había equivocado, parecía que en verdad se había enamorado de él. Aunque era más que obvio que quizá no sería correspondido.
- ¿Crees que regrese esta semana? - Preguntó por vigésimo séptima ocasión.
- No lo sé - respondió.
- Tal vez debería buscarlo... - lo dijo más para si mismo que para su hermano.
- Mira, mañana le preguntaré a Aioros, él debe de saber algo - estaba dispuesto a todo con tal de que su hermano se callara de una buena vez.
- Gracias - dijo como un niño pequeño y se dispuso a dormir.
***
Se vistió de mala gana, últimamente todo hacía de mala gana, convirtiéndose así en un ridículo círculo vicioso, donde él salía perdiendo frecuentemente. Se negaba a compartir la cama con Milo, y éste terminaba discutiendo con él para terminar abrazándolo posesivamente impidiendo que se fuera a otra habitación durante la noche. Se negaba a vestir la ropa que elegía para él, por lo que éste terminaba amenazándolo hasta que finalmente el hermoso acuariano accedía a sus caprichos, por más ridículos que éstos fueran. Se sentía un objeto, porque era tratado como un objeto. Incluso la cuestión de la comida se había vuelto un campo de batalla para ambos, Camus siempre había comido poco, su delgado cuerpo era prueba de ello, solía perder el apetito facilmente, lo que solía enfurecer a Milo, quien creía que se negaba a comer en un intento por someterlo a él, al gran escorpión.
- ¿No podría ir Mime en mi lugar? - dijo sarcásticamente para recibir un fuerte tirón de cabellos.
- No, irás tú.
- Aahh - se quejó Camus mientras tomaba la mano de Milo en un intento de reducir el dolor que le ocasionaba.
- Así que... termina de vestirte - el tono imperativo fue más que suficiente para que un fastidiado Camus terminara de abrochar los botones de esa delicada camisa.
Bajó minutos después, completamente impecable, con el cabello perfectamente peinado... sin duda era hermoso, Milo intentó no parecer sorprendido pero lo cierto era que estaba deslumbrante. En el camino fue dándole una serie de indicaciones como si fueran a un lugar peligroso.
- No quiero que te separes de mi lado, no quiero que hables con extraños.
- ¿Y si alguien me habla? - de un tiempo a la fecha había descubierto cómo fastidiar al escorpión - sería grosero de mi parte no responder - dijo con una fingida inocencia haciendo que Milo entrecerrara los ojos.
- Si... pero solo responderás lo necesario - dijo visiblemente molesto - y por ningún motivo, escúchame Camus - tomó el rostro del menor para dar más énfasis a lo que decía - no te atrevas a pedirle ayuda a alguien... - lo soltó y desvió la mirada - lo que necesites, pídemelo a mí.
No volvió a decir nada en el resto del camino. Sinceramente no entendía el por qué de sus consejos, ¿acaso creía que escaparía o algo así? ¿O que se le iría insinuando a quien se le pusiera en frente? Lo mejor habría sido preguntarle el por qué, en lugar de estar pensando obsesivamente en las posibles respuestas, pero no se tenían confianza, o bueno, la poca confianza que se tenían era empañada por las acciones de alguno de los dos, Camus nunca le decía lo que pensaba, porque quería ser al menos dueño de sus pensamientos, y Milo jamás pensó que al menor le interesara lo que pudiera decirle. Quizá si le hubiera preguntado, Milo le habría dicho que en esas reuniones, había un montón de personas económicamente poderosas que podían hacer lo que quisieran con quien quisieran, y ese era un riesgo que Milo no pensaba tomar. ¿Y por qué había llevado a Camus y no a Mime? Fácil, ese día presentaría a Camus como su pareja oficial aunque aún mantuviera a Mime en su hogar, y es que, así como Camus había encontrado la forma de fastidiarlo, él, a su vez había encontrado lo delicioso que era despertar los celos del acuariano, porque cada día estaba más seguro de que se trataban de celos.
***
De haber sabido que terminaría en ese estado, quizá jamás hubiese tocado al rubio. Después de aquel suceso, había caído en una terrible depresión, habían pasado un par de días, y se negaba a salir de su habitación. El primer día, Ikki lo obligó a ducharse, aunque en realidad fue él quien tuvo que encargarse de bañar al hermoso rubio para después depositarlo suavemente sobre su cama y dejarlo descansar, después de un rato, regresó por él, incitándolo a que saliera de la enorme casa y paseara un rato por la plantación, sin embargo, apenas lo dejó solo y el rubio se acurrucó en un rincón y se mantuvo quieto, sin moverse ni un centímetro hasta que Aioros lo encontró.
- Hyoga... ¿qué te sucede? - su voz se escuchaba temerosa, el aspecto del rubio era por demás melancólico y aunque en alguna ocasión lo había visto así, quizá cuando recordaba a su hermano, esta vez era distinto, se le notaba más pálido y parecía no estar presente.
Temiendo que estuviera enfermo e ignorando lo que había sucedido con el fénix, decidió llevarlo a su habitación para después informar a Ikki de la situación, y para su sorpresa, el Fénix estaba al tanto de lo que sucedía y aunque no le dio ninguna explicación a Aioros, éste hizo sus propias conjeturas. Al día siguiente ocurrió lo mismo, apenas había bebido agua y se encontraba demasiado débil. Ni siquiera la amabilidad y dulzura de Aioros podían sacarlo de aquel ensimismamiento en el que se encontraba.
- Hyoga, te preparé una tarta de chocolate y frambuesas - dijo con una sonrisa esperando que el rubio se entusiasmara por su postre favorito, pero apenas lo miró. Se sentó en el suelo y su rostro quedó a la altura del de Hyoga quien aún estaba recostado - vamos, come algo, lo que sea... dime... ¿qué se te antoja?
Pasó cerca de 15 minutos intentando convencerlo de que comiera algo, sintiendo una gran pena al verlo reducido a ese estado.
- Hyoga - lo tomó del rostro, intentando que al menos su mirada se fijara en él, pero éste rehuyó al contacto del mayor.
Quería golpear a Ikki, pero no ganaría nada con ello. Salió de la habitación en silencio, y a mitad del pasillo los escuchó.
- Ya no sé que hacer... es mi culpa...
Eso es cierto - pensó Aioros imaginando que hablaban de Hyoga. Pero lo que siguió lo dejó helado.
- Mira Ikki... deja que se recupere, dale su espacio... después de todo, ya sabías que esto iba a pasar...
"Ya sabías que esto iba a pasar" Tal vez fue la forma en que fueron dichas esas palabras, o la persona que las pronunció pero sintió como si lo hubieran noqueado, ¿acaso Shura sabía que el idiota de Ikki pensaba abusar de esa manera de Hyoga? Porque a estas alturas estaba casi seguro de lo que había sucedido. Sin escuchar más, salió para seguir con su trabajo, aunque en el fondo no dejaba de pensar en lo que había escuchado. Tal vez, si se hubiera quedado un poco más de tiempo, no habría malinterpretado las cosas. Shura no se refería a lo que pasaría una vez que ejerciera su poder sobre él, sino a la manera de proceder de Ikki, en alguna ocasión le había comentado que de esa forma no lograría nada, que si lo que parecía sentir por el rubio era algo verdadero, someterlo no iba a ayudar. Pero eso fue algo que Aioros no alcanzó a escuchar, así que se quedó con la idea de que había sido algo planeado y peor aún, que la persona por la que creía sentir algo había sido parte de ello.
***
Era muy tarde, lo único que Camus deseaba era dormir un poco, había sido un día agotador, sin mencionar lo que había sucedido aquella noche, tener que soportar a un montón de personas superficiales y vacías era horrible. Lo único que parecía interesarles era quién poseía más tierras, más empresas o más personas. Estuvo todo el tiempo al lado de Milo, quien en más de una ocasión tomó su mano como si con ello advirtiera a los demás que ese hermoso joven era de su propiedad, y tuvo nuevamente ese sentimiento de ser solo un adorno en la vida del escorpion. Un joven de cabello castaño rojizo, que le recordaba demasiado a Mime, se llevó a Milo consigo dejando solo a Camus, oportunidad que no fue desaprovechada por un hombre que estaría cerca de los 40 años y que se acercó con no muy buenas intenciones.
- Buenas noches - dijo de manera respetuosa, intentando ganar la confianza del menor - ¿te dejaron solo? - sonrió lascivamente.
- No... yo... - si en ese momento se encontraba asustado, se horrorizó cuando sintió una de las fuertes manos del extraño en su cintura mientras la otra lo tomaba de las muñecas - suélteme... por favor...
- Vaya... te tienen bien educadito... veamos qué más te han enseñado... - lo arrastró por el salón sin que nadie le diera importancia, ese tipo de escenas eran demasiado comunes.
Camus intentó soltarse pero no lo conseguía, mientras tanto, Milo había regresado al salón y lo buscaba con la mirada sin encontrarlo. Cuando salió al jardín, vio a ese tipo, intentando besar a Camus y cómo este se resistía sin lograr quitárselo de encima.
- ¡Ya deja de moverte! - le gritó casi escupiéndole el rostro, mientras continuaba en su labor de desvestirlo.
Se detuvo un momento para admirar al acuariano y éste aprovechó su distracción para golpearlo directamente en el rostro, haciendo sangrar su nariz. Se puso de pie con algo de dificultad y segundos después se encontró con un iracundo Milo. Su primera reacción fue abrazarlo buscando sentirse protegido, pero conociendo al escorpión, lo más seguro era que éste lo culpara a él de la depravación del otro tipo, así que sintió que debía decir algo.
- Yo... yo no...
- No digas nada - no supo como interpretar su voz, se escuchaba molesta pero sin gritarle como era su costumbre.
Milo se acercó al hombre quien apenas se levantaba cubriendo su rostro, intentando parar la hemorragia para ser golpeado nuevamente por Milo. Lo dejó en el suelo, para darle un par de patadas en el abdomen y después tomarlo del cuello de la camisa y decirle peligrosamente al oído.
- Creo que no sabes quien soy... mi nombre es Milo de Escorpio - el hombre abrió los ojos. .
- Yo... lo lamento señor, no sabía que...
- No me interesa... considerate arruinado... - se levantó y tomando a Camus de un brazo, sin importarle si lo lastimaba o no, entró a la enorme casa.
No pasó mucho tiempo para que se retiraran del lugar, se mantuvieron en silencio, Camus no se atrevía a decir nada y Milo tampoco le pidió que lo hiciera.
***
- Ikki - dijo Aioros sin siquiera saludar a Shura - necesito hablar contigo.
- Bien... yo... me retiro - respondió Shura algo desconcertado mientras salía de la habitación, le sorprendía esa actitud fría e indiferente con que era tratado, pero supuso que se debía a la preocupación de Aioros por Hyoga.
- Dime...
- Creo que deberías hacer que Shiryu regrese... - le había tomado algo de tiempo pensar en qué hacer para alegrar al rubio.
- ¿Qué?... ¿por qué? - honestamente no entendía cual era el interés de Aioros por el regreso de Shiryu... o quizá no quería entenderlo.
- Creo que lo mejor para Hyoga es tener a alguien cerca... yo puedo estar con él, pero... sé que confía más en Shiryu... - eso no le agradó demasiado al fénix - y puede que él lo ayude a salir de esa depresión en la que se encuentra... - había sido claro, no mencionó nada acerca de los motivos que mantenían así a Hyoga, no lo consideró necesario.
- Pues... no creo que sea una buena idea... - no era la idea lo que le molestaba, lo que le molestaba era que Aioros tenía razón.
- NO ES UNA SUGERENCIA - jamás había visto a Aioros tan enojado - Se lo debes... - terminó de decir antes de salir.
Se quedó pensando en ello.
***
- ¡No me interesa que estés cansado! - le gritó mientras mantenía sus muñecas apresadas y seguía desvistiendo su cuerpo con desesperación.
- Pero... - colocó una mano en su boca impidiendo que siguiera hablando, no quería escucharlo, no quería hablar con él, tan solo quería poseerlo, dejarle claro cual era su función en esa casa.
- Shh... - terminó besando al indignado joven, quien sorpresivamente comenzó a corresponder a ese demandante beso, pero la puerta se abrió de imprevisto.
- Oh... yo... lo lamento - era Mime, quien ocultando una furiosa mirada se alejó a su habitación, queriendo más que nunca, acabar con Camus.
A final del día no había logrado su cometido de presentar a Camus como su pareja formal, pero al menos, había conseguido que éste respondiera a sus besos y que se aferrara a él buscando su protección y eso... eso era mucho más importante para el escorpión que lo que pudieran pensar los demás.
- Espera - dijo Milo besándolo de nuevo para salir en busca de Mime, y cuando iba por la puerta pudo escuchar un suspiro apagado.
***
"Se lo debes" Resonaba en su cabeza una y otra vez, la expresión enfadada del siempre noble Aioros y el recuerdo de un Hyoga deprimido fueron lo que lo impulsaron a comunicarse con Shiryu. Lo puso al tanto de la situación, omitiendo aquellos penosos detalles, dejando una especie de versión oficial, donde el rubio tan solo estaba deprimido. El dragón tardaría dos días en regresar. Dos días... se preguntaba si podría soportar ver a Hyoga dos días más en esa precaria condición.
***
- ¿Qué ocurre? - Preguntó Milo cuando entró a la habitación donde debía estar Mime.
- Veo que las cosas van mejor entre ustedes.
Milo se recostó en la cama colocando sus manos detrás de su cabeza, Mime, conocía sus sentimientos respecto a Camus, él mismo se lo había confesado cuando en una de las últimas noches que pasaron juntos, tuvo que aceptar que ya no podía seguir acostándose con él. Cuando éste cuestionó los motivos, tan solo pudo decirle que se había enamorado, que quizá era estúpido pero era cierto y por primera vez, quería hacer las cosas bien, quería que Camus también lo amara.
- Sí, a veces... a veces es como si todo estuviera igual o peor entre nosotros, pero… creo que vamos mejorando... - seguía pensando en como Camus había correspondido a su beso y no podía dejar de sonreír pensando en que quizá, en poco tiempo, se entregaría a él por completo, sin reservas de ningún tipo.
***
Pasó frente a la habitación que ocupaba Hyoga y sintió como si algo dentro de él se quebraba al escuchar ese sollozo apagado, aquel que durante tanto tiempo no se había permitido emitir, o quien sabe, quizá había llorado antes, siempre y cuando él no estuviera presente.
Dos días.
Tendría que esperar dos días más para la llegada de Shiryu, si al menos Shun estuviera ahí en esos momentos, quizá sabría que hacer, pero no, el peliverde seguía paseando con el revoltoso de su amigo. Ahora solamente le quedaba esperar que esos dos días pasaran rápidamente y que Aioros, de alguna forma casi milagrosa consiguiera aliviar un poco el estado de Hyoga.
¿Cuándo había sido la última vez que se sintió culpable? Ni siquiera podía recordarlo. Ahora comprendía porque había decidido dejar los sentimientos a un lado. Dolía, cada sentimiento despertado por ese rubio le calaba hasta el alma... sonrió con ironía pensando en cuánto deseaba que lo que decía la gente fuera cierto... algunos le llamaban desalmado, quizá de ser así ahora no le dolería tanto.
Continuará...
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