jueves, 3 de enero de 2013
Capítulo 7: Violación - Mayo 14,2007
Capítulo 7: Violación
Hyoga permaneció inmóvil en la cama que fue testigo de aquello que no se atrevía a mencionar. Apenas estaba cubierto por una sábana y su mirada estaba perdida en algún punto indefinido de la habitación. ¿Cómo había llegado hasta ello? Ni siquiera él mismo lo sabía, y es que, todo había sucedido tan rápido que no tuvo tiempo de defenderse.
Habían pasado días desde la partida de Shiryu, seguía sin tener noticias de él, y no es porque el pelinegro no se hubiera comunicado, es solo que las noticias se las reservaba Ikki, de Mime tampoco sabía nada y el ambiente dentro de la casa comenzaba a ser nauseabundo. Él tenía que ocuparse de todo, quedando agotado por las noches, Aioros lo ayudaba en todo lo que podía, pero la verdad es que él mismo tenía demasiado trabajo. Al parecer, al Fénix se le había metido la idea de ampliar sus negocios y la vinicultura parecía ser una buena opción, habría que hacer una fuerte inversión en un principio así que se la pasaba todo el día cerrando tratos, buscando inversionistas que quisieran apoyar su negocio, incluso pensó en vender la mitad del enorme ingenio azucarero del que era dueño.
Fue un día antes cuando Ikki lo despertó más temprano que de costumbre, aunque tenía que aceptar que batallaba demasiado para despertar y el Fénix siempre lograba estar en pie antes que él.
- Despierta, hoy vendrás conmigo - fue lo único que dijo y salió de la habitación, apenas dándole tiempo de ducharse.
Cuando llegó al comedor, se encontró con que Aioros ya había preparado el desayuno. Apreciaba a Aioros, en ausencia de Shun y Shiryu, era lo único a lo que se podía aferrar para no caer en depresión, para no gritar todo lo que pensaba de Ikki y de su estúpida actitud.
- Siéntate - Hyoga se quedó de pie en el comedor, sin saber si acatar la orden, pero, aunque no quisiera, tenía que hacerlo.
Y, caminando pesadamente, tomó asiento al lado de Aioros, para mala suerte de Shura, quien disfrutaba enormemente el contacto innecesario del que hacía objeto al castaño, cuando haciendo alguna broma tocaba su antebrazo o presionaba su hombro, sin atreverse a nada más.
- ¿Te sientes bien Hyoga? - dijo Aioros al ver el rostro pálido del más joven, lo que atrajo la atención de Ikki, quien desde hace rato, charlaba con Shura.
- Sí, estoy bien, gracias.
Pero no estaba bien. Apenas probó la comida, cosa que no pasó desapercibida por Ikki, aunque fingía no prestarle atención. En más de una ocasión, Aioros tocó la frente de Hyoga para asegurarse de que no tuviese fiebre, sin imaginar que era observado por la cruel mirada de Ikki.
***
Entró a la habitación que compartía con Milo deseando desaparecer de esa casa, se recostó en una orilla de la cama y cerró los ojos intentando dormir, aunque sabía que no lo lograría. Sinceramente estaba harto, quería escapar de ahí y comenzar de nuevo, quería sentir que su vida le pertenecía, en lugar de pensar constantemente que estaba obligado a satisfacer los deseos de alguien más.
Veinte minutos después, Milo entró a la habitación muy serio y acercó un sillón a donde estaba Camus recostado, se sentó frente a él y besó sus labios, apenas ejerciendo presión en ellos.
- ¿Amanecimos de mal humor? - preguntó con esa sonrisa arrogante.
La mirada indiferente que le dirigió Camus terminó por fastidiar a Milo, quien lo tomó de los cabellos obligando a responder a un profundo beso que terminó por romper el labio inferior del más joven.
- ¿Ahora que tienes? - preguntó enfadado, perdiéndose en los ojos de Camus como si quisiera adivinar sus pensamientos.
- Nada - musitó Camus débilmente.
Camus desvió la mirada mientras Milo entrecerraba los ojos sin creerle, abandonó el sillón que ocupaba y se recostó al lado de Camus, abrazándolo por la espalda.
- Quisiera quedarme aquí todo el día - comenzó a besar el níveo cuello del francés, dejando pequeñas marcas rojizas - pero tengo asuntos que arreglar... haré que te traigan una bandeja con el desayuno...
Era extraño, esa dualidad de Milo, un segundo mostrándose como un completo tirano y al siguiente demostrando una verdadera preocupación, lo que había ocurrido esa mañana era simple...
Milo aún no bajaba a desayunar.
- ¿Y cómo dormiste anoche... Camus? - Camus odiaba la forma en que Mime pronunciaba su nombre, de hecho, odiaba todo lo relacionado con Mime, así que se limitaba a contestar con monosílabos.
- Bien.
- Ahh... sabes... siempre me preocupa que no te dejemos dormir - sonrió burlonamente.
Eso era cierto. A eso se traducía la pregunta inicial de Mime. Aunque Camus dormía en el mismo cuarto que Milo, éste llegaba tarde, justo después de una acostumbrada visita a Mime. Y era algo que comenzaba a hartarlo, sentir los besos de Milo sabiendo que acababa de estar con alguien más, lo hacía sentir peor, ya no solo se sentía terriblemente usado sino que sentía que era denigrado y si eso no le importaba a Mime, a él si. Comenzaba a evadir a Milo cada vez que intentaba besarlo porque le daba asco sentir esos labios que minutos antes habían estado sobre los de alguien más.
- Ahh... - suspiró Milo mientras entraba al comedor.
- Buenos días señor - dijo Mime con ese tono adulador mientras portaba esa sonrisa hipócrita.
- ¿No piensas saludar Camus? - más que una pregunta fue como un reproche.
- Buenos días.
El desayuno fue puesto frente a si, pero estaba tan absorto en sus pensamientos que, como en otras ocasiones, ni siquiera lo probó. Escuchaba la conversación superflua que mantenían Milo y Mime y las ganas de salir corriendo de ese lugar se incrementaron a tal grado que cuando Milo le hizo una pregunta, sin siquiera saber a que se refería, le respondió con un tono de voz enfadado que no hizo más que molestar al escorpión, quien lo obligó a ir a su habitación como si estuviera castigando a un adolescente por contestarle de mal modo a su padre.
Toda esta escena transcurrió ante la mirada divertida de Mime, quien sentía que cada vez ganaba más terreno.
Y ahora estaba ahí, molesto con Milo por abandonarlo de esa manera, porque eso sentía, sentía que había sido reemplazado muy facilmente. Pero lo que realmente lo fastidiaba era tener que soportarlo, le habría gustado salir de ese encierro, cada vez tenía menos paciencia y eso sin duda, le traería problemas.
Más tarde entró Mime con una bandeja, él mismo se ofreció a llevársela y no porque fuera de carácter servicial, sino porque no desaprovechaba ninguna oportunidad para molestar al bello acuariano.
- ¿Castigado? - preguntó al entrar - Bien, deberías ser más condescendiente, así, quizá Milo te obsequiaría alguna mirada.
Dejó la bandeja en una mesita al lado de Camus pero éste ni siquiera tuvo la intención de acercarse.
- ¿Qué? ¿No piensas comer? - le acercó la bandeja a la cama mientras musitaba a su oído - la única razón por la que permaneces en esta casa es por lástima, por eso y... porque sin duda eres hermoso...
Intentó acercar su mano a la entrepierna de Camus pero éste lo detuvo tomándolo de la muñeca, cosa que hizo reír a Mime.
- Pero de nada te sirve ser hermoso si no eres bueno en la cama, yo podría enseñarte un par de cosas - apresó el cuerpo de Camus mientras delineaba sus labios con su lengua provocando un inmenso asco en él.
- ¡Déjame en Paz! - consiguió empujarlo.
- Pero si se nota que te gusta... no eres más que una simple putita - sonrió sabiendo que en cualquier momento Camus estallaría - Cuando Milo te trajo aquí, no sabía la clase de persona que eras... - seguía portando esa maldita sonrisa - ¿Con cuántos has estado Camus? Bueno... puede que ya lo hayas olvidado.... ahora... toma tu desayuno, no queremos que te enfermes.
Camus intentó controlar su enfado.
- ¿O qué? ¿Quiere que te alimente? - Había encontrado una morbosa diversión al acosar a Camus.
- Ya vete - dijo empujando a Mime junto con la bandeja, por desagracia, en ese momento entraba Milo para despedirse.
- ¿Qué ocurre contigo Camus? - gritó enfadado al ver a Mime en el suelo - Deberías de agradecer que Mime se ofreció a traerte el desayuno.
- No importa - dijo Mime haciendo gala de toda su hipocresía.
- No, claro que importa... déjanos solos Mime - el pelirrojo obedeció.
- ¿Qué demonios te pasa? - Camus iba a decir algo pero fue interrumpido por Milo - Y no quiero que me digas que no tienes nada.
Camus se quedó en silencio, sentía que si decía algo, sus palabras serían acusadas de falsas y honestamente, estaba muy cansado. Milo miró su reloj y con un gesto de frustración se alejó de Camus.
- ¿No tienes hambre? Perfecto, no comerás nada el día de hoy - salió sin saber que hería profundamente el orgullo de Camus, sin saber que el resentimiento se iría acumulando en él.
***
- Vamonos.
Ikki tomó a Hyoga de un brazo y lo obligó a salir junto con él. Dejando a Aioros preocupado.
***
Estaba terriblemente aburrido, no sabía porque Ikki había insistido en que lo acompañara, no había nada en lo que él pudiera ayudarlo, de hecho, tan solo parecía causarle más problemas, ya que se la pasaba regañándolo. Después de esperar durante diez minutos que le parecieron eternos, decidió salir al enorme jardín.
- Claro Ikki, tienes todo mi apoyo...
- Gracias Shaka.
- Y dime... ¿quién es el joven? - dijo señalando a Hyoga - parece que se lleva bien con Aioria.
- Sí... su nombre es Hyoga - intentó disimular como pudo su creciente enfado.
- Bueno, ¿por que no me explicas bien el proyecto? No te preocupes por Hyoga, Aioria es un buen muchacho - Shaka sonrió a pesar de que en el fondo se podría observar un conato de melancolía en su rostro.
- Claro - dijo Ikki muy a su pesar.
Odiaba esa actitud de Hyoga, tan amistoso con cualquiera que se le acercara mientras se mostraba reticente cuando él le preguntaba algo. Y a pesar de que escuchaba los consejos de Shaka, no podía dejar de ver como aquel joven de cabello castaño se acercaba demasiado a Hyoga, colocando una mano en su hombro mientras musitaba algo a su oído, casi a punto de besarse. Así que lo primero que hizo en cuanto cerró el trato con Shaka fue ir por Hyoga y llevarlo casi arrastrando de regreso.
- ¿Qué pasa? - preguntó algo preocupado, puesto que la presión ejercida en su brazo izquierdo comenzaba a lastimarlo.
El camino de regreso fue silencioso. De nada serviría hacer preguntas, ya que no serían contestadas.
El fénix empujó al rubio dentro de su habitación y cerró con llave, después comenzó a acercarse a él, con esa sonrisa de lado. Y el miedo se apoderó del rubio.
- ¿Qué... qué piensa hacer? - preguntó incrédulamente a pesar de sospechar las claras intenciones del mayor, quien de inmediato comenzó a deshacerse de la ropa.
No dejó que formulara otra pregunta cuando lo apresó contra la cama, besando, lamiendo y mordiendo la suave piel de Hyoga, quien luchaba inútilmente por quitárselo de encima. A decir verdad, se sentía demasiado débil.
- Por favor... noo...
Pero sus súplicas no fueron escuchadas, incluso parecían incrementar el deseo de Ikki. Había soñado tanto tiempo con tener ese cuerpo bajo el suyo que ahora que lo tenía, pensaba disfrutarlo lentamente. Empezó a masajear el pene de Hyoga pasando repentinamente a sus testículos, haciendo movimientos circulares que comenzaron a despertar la hombría de Hyoga, mientras su boca se apoderaba de sus delicadas tetillas que ahora estaban un poco irritadas. Y a pesar de que comenzaba a disfrutar de las caricias que le proporcionaba Ikki, no pudo evitar que su cuerpo se tensara al sentir un dedo introduciéndose lenta y dolorosamente en su interior.
Comenzó a patalear, intentando alejarse lo más posible de Ikki, pero éste lo sostenía firmemente de la cintura, evitando que pudiera moverse, mientras comenzaba a bajar, dejando un ligero rastro de saliva. Llegó hasta el pene de Hyoga y comenzó a besar la punta, para después pasar directamente a su tronco, el cual comenzó a succionar suavemente por los lados mientras su glande iba enrojeciendose. Le gustaba ver a Hyoga sudoroso y en esa posición, con las piernas abiertas, pero justo cuando creía que tendría libre acceso a esa pequeña y sonrosada entrada, el más joven comenzó a moverse intentando por todos los medios que Ikki se alejara de él, cosa que obviamente no le agradó al mayor.
- Más vale que te quedes quieto - logró colocar a Hyoga boca abajo, limitando el movimiento de sus piernas.
- Suélteme - Intentaba en vano apoyarse en sus manos para liberarse del peso de Ikki, pero no podía.
Ikki tomó el cabello de Hyoga y lamió su mejilla lascivamente para después morder ese fino cuello que tanto le gustaba, descubriendo un aroma mucho más dulce de lo que había imaginado.
- Eres un... aaghhh - sus manos se aferraron a las sábanas mientras Ikki se adentraba lentamente en él, sin importarle sus súplicas, disfrutando cada segundo de esa dolorosa penetración.
El cuerpo de Hyoga estaba completamente tenso permitiendo que entrara la cantidad justa de oxígeno en sus pulmones, evitando moverse para disminuir el terrible dolor al que era sometido, a la vez que apresaba con más fuerza el miembro de Ikki, quien sostenía ambas muñecas del joven queriendole demostrar que si alguien lo tendría, sería él y nadie más que él, porque lo que vió aquella tarde con Aioria habia sido interpretado como un simple y descarado coqueteo producto de su enferma y celosa mente.
- Aahhh... Hyoga - embestía lentamente retrasando lo más posible el orgasmo, para seguir dentro de esa cálida cavidad que lo recibía con cierto recelo.
Por su parte, Hyoga sentía que la consciencia lo abandonaba, esperaba que todo terminara de un momento a otro, pero la fuerza desmedida en las mordidas en su cuello, hombros y las succiones en su espalda le hacían creer que duraría para siempre.
Cuando vio que Hyoga no pondría mayor resistencia, decidió soltar sus muñecas que ya no hacían nada por liberarse y pasando su brazo por la cintura de Hyoga, logró elevarlo un poco para poder pasar su mano por el miembro del más joven, el cual, en un principio había mostrado una pronunciada erección, pero que ahora se encontraba flácido debido a las agresiones recibidas.
Lo único que se escuchaba eran los gemidos graves de Ikki y una que otra queja por parte de Hyoga, quien en un momento dado se contrajo dolorosamente haciendo que Ikki comenzara a inundarlo con su esperma caliente. Se levantó de inmediato, analizando los estragos ocasionados, había sangre en las sábanas debido a la falta de preparación. Salió de la habitación para regresar minutos después con una vasija con agua tibia, toallas y un par de gasas.
Humedeció una de las toallas y comenzó a limpiar los restos de semen y sangre que había entre las piernas de Hyoga, recibiendo un par de quejas de parte de éste cuando lo obligaba a hacer algún movimiento brusco. Cuando hubo terminado, tomó una gasa y con mucho cuidado separó sus nalgas para encontrarse con algo de sangre ahora seca.
- ¡Aahh! - Hyoga se contrajo mientras su rostro mostraba una mueca de dolor al sentir la suave tela en contacto con esa herida zona.
- No exageres.
La mirada que le dirigió lo hizo sentir terriblemente mal, no había arrogancia en esa mirada sino reproche, pero no había podido contenerse y el simple hecho de verlo con alguien más fue la excusa perfecta para hacerlo suyo, y ahora que ya había sido suyo, no se libraría tan fácil de él.
Después de aquella dolorosa curación, cayó en un profundo sueño, sin permitir en ningún momento que las lágrimas se asomasen empañando sus ojos. Cuando despertó, permaneció inmóvil, apenas cubierto por una sábana. Ikki entró con algo de fruta y jugo pero el rubio ni siquiera mostró algún indicio de presencia. Entonces Ikki comenzó a preocuparse, y a partir de ese momento, reparar el alma quebrada de Hyoga se convertiría en su principal prioridad.
Continuará...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario