jueves, 3 de enero de 2013

Capítulo 9: El regreso - Julio 23,2007



Capítulo 9: El regreso



Las últimas dos horas de espera fueron las más largas para Ikki, había despertado muy temprano ese día con la idea de realizar todos los preparativos para la temporada de lluvias, la cual estaba cerca y aunque esto no era del todo malo, era cuando los campos estaban secos que la sacarosa podía concentrarse, sin embargo, eso era lo último que pensaba realmente, en el fondo confiaba ciegamente en Aioros.



                    - Aioros - musitó. Siempre lo había visto como un hermano y el hecho de que ahora estuviera algo alejado de él, en verdad le dolía.



Se recargó en el escritorio dejándose vencer por el sueño hasta que escuchó un murmullo proveniente del pasillo y abriendo un poco la puerta, pudo ver como Aioros ayudaba a Shiryu con sus cosas y sintió algo de envidia al ver que ambos reían con complicidad intentando no hacer mucho ruido. Cuando vio que el arquero salía de la enorme casa, aprovechó para ir al cuarto de Hyoga y una vez ahí, lo observó en silencio desde la puerta, tenía días haciendo lo mismo, cada vez que pasaba frente a su habitación, había algo que lo obligaba a detenerse, era como si estuviera programado en su mente sin que él lo quisiera, tan solo se detenía ahí y lo observaba unos cuantos minutos, el ritual fue cambiando, cada vez se acercaba un poco más sin atreverse a entrar nunca y a pesar de que Hyoga sentía su presencia, tampoco hizo nada por girarse y toparse con el Fénix, después de todo, no había nada que quisiera escuchar de él, nada que quisiera decirle tampoco porque no había palabras para expresarle todo el desprecio que sentía por él. Y en medio de todo ese mutismo al que se aferraba con desesperación, buscaba la forma de dañarlo, tan solo... quería sentir que el Fénix estaba sufriendo y si la justicia no estaba de su lado, entonces él tendría que buscar su propia justicia, pero no sabía como... y fue entonces, que Shiryu finalmente apareció.



                    - Señor, ¿puedo entrar a verlo? - preguntó con amabilidad el pelinegro, Ikki asintió.



Cuando escuchó su voz, tan tranquila y grave, pensó que era otro de esos sueños en donde se mezclaban voces e imágenes, era extraño, soñaba más con el pelinegro que con su propio hermano, a decir verdad pocas veces había soñado con Camus pero siempre que lo hacía despertaba creyendo que lo encontraría a su lado, y un vacío lo apresaba al darse cuenta de que quizá jamás lo volvería a ver, se negaba a ello, simplemente no podía aceptarlo. De cierta forma, siempre pensó que su estancia en esa enorme hacienda sería temporal. 



Shiryu se acercó lentamente, sin duda había extrañado a ese rubio gruñón y exagerado, cuando llegó hasta la cama, posó una de sus manos sobre el hombro de Hyoga.



                    - ¿No crees que has dormido demasiado? - era nuevamente su voz la que sacaba a Hyoga de ese sopor. 


                    - Shiryu, has vuelto - se giró rápidamente para después abrazarlo, necesitaba saber que era real, que no era una ilusión. Por alguna razón su mirada se dirigió inmediatamente hacia la puerta en donde el Fénix seguía recargado y en ese instante lo supo, pudo ver tristeza en el rostro de Ikki, en un principio no supo a que se debía pero bastaron unos cuantos segundos para que lo descubriera, él era el motivo y no pudo más que sonreir. Había encontrado el cómo que tanto había estado buscando. Él saldría ganando, no importaba cuánto arriesgara, de cualquier forma, no tenía nada que perder.



***



                    - ¿Qué haces aquí? - Mime volteó hacia ambos lados y después tomó la manga de Bud arrastrándolo a las afueras de la propiedad de Milo. 


                    - Necesitaba verte... - intentó abrazar a Mime pero éste lo rechazó.


                    - Aquí no - finalmente Bud logró abrazarlo y comenzó a besar su cuello quebrantando las barreras impuestas por el pelirrojo. 


                    - ¿Por qué no? 


                    - Porque nos podrían ver...  ven conmigo.



Caminaron hasta una especie de establo que tenía mucho tiempo abandonado. Subieron ignorando el deplorable estado de las escaleras y se sentaron muy cerca el uno del otro.



                    - ¿Cómo supiste que estaba aquí? 


                    - Le pregunté a Aioros - en realidad había sido Syd quien había cuestionado al arquero, pero daba lo mismo. 


                    - ¿Y qué quieres? 


                    - Ya te lo dije, necesitaba verte - Mime lo miró con fastidio - ¿Por qué no regresas? Mime, yo te quiero, en verdad me gustas y sé que quizá ahora no sientas nada por mí pero ¿por qué no me dejas intentarlo? Olvida a Milo... 


                    - ¡NUNCA! ¿Me escuchaste? Jamás dejaré que Milo esté con... ese, él no debería de estar con Milo. Ni siquiera lo ama, y yo... yo daría cualquier cosa por él, yo estaría con él por siempre si me lo pidiera... 




La voz de Mime se iba alterando cada vez más y Bud se fue acercando lentamente hasta poderlo abrazar, y aunque Mime se resistió en un principio, fueron las palabras dulces de Bud las que hicieron que le correspondiera, y es que se sentía tan solo, toda su vida se había sentido así pero era ahora cuando más lo resentía, al menos cuando estaba en la hacienda de Ikki, tenía a Shun, Shiryu y ocasionalmente a Aioros, aunque desde que había llegado Hyoga se sentía reemplazado y quizá en parte había sido eso lo que lo empujó a buscar algo en los brazos de Milo, pensó por un momento que existía la posibilidad de que surgiera algo entre ellos y lo había planeado tanto, había pasado tanto tiempo pensándolo que la idea de que el escorpión terminara al lado de Camus simplemente no era factible. Desde su punto de vista, Camus no merecía el amor de Milo, no merecía todo lo que Milo sentía por él.



Bud siguió observando a su adorado pelirrojo debatirse en sus pensamientos y optó por hacer lo que siempre quiso, besar esos tersos labios mientras dulces y excitantes caricias acallaban sus quejas para convertirlas en gemidos. Bud comenzó a quitar la ropa de Mime mientras lo besaba cada vez más apasionadamente, lo deseaba tanto que habría dado su vida por verlo feliz, aunque eso era algo que Mime no veía, estaba completamente cegado por su obsesión con Milo y su odio por Camus.



                    - Hazlo - dijo Mime una vez que estuvieron ambos desnudos, mientras se preguntaba qué pensaría el escorpión si lo encontrara en esa situación con Bud - ¡Ahh! - se abrazó a su cuerpo mientras sentía como el menor de los gemelos se adentraba en su cuerpo con una lentitud que lastimaba.



El movimiento de sus cuerpos se aceleró junto con sus respiraciones, mientras uno musitaba palabras de amor y consuelo, el otro se mantenía callado, pensando en que era alguien más quien arremetía con fuerza contra su cuerpo. Para Bud fue lo más hermoso que le pudo haber pasado, para Mime, fue la forma de tener un aliado.



***



                    - ¿Has sabido algo? - Aiacos cubrió con una sábana el cuerpo lacerado de Mu, el cual se contrajo dolorosamente, le gustaba pensar que era cierto rubio quien por fin había vuelto y disfrutaba azotándolo hasta dejarlo casi inconsciente. 


                    - Aún no tenemos noticias de... - un fuerte golpe dado contra la puerta hizo que Mu abriera los ojos temiendo que la tortura no hubiese concluido y comenzó a temblar ligeramente mientras intentaba controlarse. 


                    - ¡No te contraté para que me digas que no tienes noticias! - el enfado era evidente en su rostro - ¿qué has estado haciendo todo este tiempo? - el joven simplemente sonrió para después posar la mirada en el pálido cuerpo que comenzaba a dejar marcadas tenues lineas escarlata en la sábana - ¡Contesta!


                    - ¿Está bien? - dijo señalando a Mu.


                    - Lo que le pase no te importa, más te vale que me tengas noticias pronto, porque sino, te prometo que te arrepentirás. 


                    - Sabes que no hay nadie mejor que yo, ¿quieres tu dinero de vuelta? Claro, puedo dártelo - dijo el enorme hombre con despotismo - pero si lo hago, vete olvidando del rubio porque si hasta este momento no he dado con él, dudo que alguien más lo haga - sonrió nuevamente - y puedes decirle lo mismo a tu hermano - se puso de pie y cuando pasó al lado de Mu no pudo evitar compadecerse del joven. 



***



Llegó más temprano de lo acostumbrado, se sentía terriblemente agotado, lo único que quería hacer era dejarse caer en la enorme cama, abrazar a Camus y sentir sus suaves caricias. Subió las escaleras hasta su habitación, nunca entendió cómo es que había llegado a amarlo, él no había hecho nada, nunca era cariñoso, más bien, se mostraba distante todo el tiempo, siempre callado y con esa mirada triste que lo hacía sentir mal, tal vez era por eso, pasaba tanto tiempo rodeado de personas que se esforzaban por mantenerlo contento que cuando vio a Camus resistirse sin lograrlo, sintió que si conseguía que ese joven lo amara, sería por él y no por lo que tuviera, pensó que era mucho más profundo que todas las personas que lo rodeaban y fue así que comenzó a enamorarse de él. Se recostó escuchando el agua de la regadera y sonrió, bien, el primer punto estaba concluido, ahora solo tenía que esperar a que el joven de la mirada triste saliera, lo abrazara y poder sentir sus suaves caricias. Sabía que eso no ocurriría, pero, no perdía nada al imaginarlo. Minutos más tarde lo vio salir cubierto solamente por la bata de baño añil, sin percatarse de su presencia.



Camus comenzó a desenredar su largo cabello, en más de una ocasión pensó en cortarlo, no demasiado, solo un poco y comenzó a jugar acomodándolo para descubrir que de haber tenido el cabello un poco más corto, quizá a la altura de los hombros, se habría visto sumamente pequeño, sonrió, "tal vez en unos cuantos años cuando me de la crisis de los 40" - pensó y comenzó a reir al recordar a Aiacos cambiando repentinamente el estilo de su ropa cuando fue su cumpleaños número treinta y cuatro, seis años antes de lo planeado, o del promedio. "¿Cuántos años tendrá Milo?" - se preguntó y caminó hasta el enorme guardarropa, aún con el cepillo en la mano. Milo lo había estado observando pero al escucharlo reír de esa forma fue incapaz de interrumpirlo.



Sintió como era abrazado por la cintura y no pudo evitar pensar que se trataba de Mime intentando fastidiarlo antes de la llegada de Milo, por lo que sin importarle las consecuencias lo golpeó tan fuerte como pudo con el cepillo, provocando una queja del mayor.



                    - ¡Ahh! - Milo se encogió sobre si mismo a pesar de que el golpe fue en el brazo. 


                    - Ya déjame en... - abrió más los ojos cuando se dio cuenta de que no se trataba de Mime - Yo... lo siento, lo siento, en verdad, lo lamento - fue una extraña sensación, no encontraba la forma de disculparse y repentinamente se dejó caer adoptando una posición sumisa, cerró con fuerza sus puños sobre la bata que lo cubría y se mantuvo con la mirada baja, sin atreverse a levantar el rostro. 


                    - Está bien, no dolió... tanto - se sentó en el suelo al lado del acuariano sin dejar de tocarse el brazo lastimado - no importa.


                    - Lo siento.



Se acercó a él y tomó su rostro con una mano, pero la mirada de Camus era huidiza.



                    - Camus... está bien... bueno, no está bien que me recibas con un golpe, já, pero, no importa que lo hayas hecho - el acuariano lo observó y se acercó lentamente hasta Milo para besarlo, en ese momento no supo los motivos para haberlo hecho, pero no era del todo desagradable, sus labios eran suaves y tenían un sabor dulce que invitaba a su lengua a degustarlo lentamente. 



Milo comenzó a desabrochar la bata de baño que lo cubría y siguió acariciando ese suave cuerpo que desprendía un delicioso aroma, una mezcla de menta dulce con su propio aroma personal. Lo llevó hasta la cama y se tumbó sobre él besando su cuello mientras dejaba que sus manos siguieran recorriendo los muslos del acuariano para detenerse en su entrepierna. A su vez, Camus comenzó con esa tortura que había ido aprendiendo, leves y eventuales roces sin establecer un contacto permanente, sabía que eso enloquecía al escorpión y lo utilizaba en su contra. 



Si bien era cierto que seguía teniendo miedo, ahora se dejaba llevar un poco más, comenzaba a disfrutar sentir a Milo a pesar del dolor inicial que poco a poco se iba convirtiendo en placer, ahora el problema era que al terminar, se retraía en si mismo pensando en si estaba bien hacerlo de esa forma, porque en el fondo, sentía que era utilizado, que era otro más, y es que Milo le había dicho tantas veces que ese era su trabajo que finalmente terminó creyéndolo y sufría con ello. No importaban cuantos "¿en qué piensas?" fueran mencionados por el escorpión, él no respondería, no quería sentirse más vulnerable.



***



Mime descubrió unas cuantas cosas acerca del escorpión en el tiempo que vivió con él, supo que odiaba las traiciones y que nunca perdonaba, no importaba de quien se tratase, el perdón no estaba en su diccionario. Bud todavía se encontraba sobre él.



                    - Necesito que hagas algo, pero antes de decirte quiero que me digas si lo harás. 


                    - Lo que sea. 


                    - No pretendo ser un criminal por culpa de... ese.


                    - Já, ¿quieres que yo lo haga por ti? - sonrió con esa ironía que lo caracterizaba - ¿qué quieres que haga?



***



                    - ¿Estás huyendo de mi? - había pensando bastante en como preguntarle a Aioros qué tenía, pero cuando lo vio regresar sobre sus pasos al toparse con él, fue la única pregunta que pudo formular. 


                    - No - dijo secamente, no es que estuviera huyendo de Shura, tan solo no deseaba hablar con él. 


                    - Entonces, ¿por qué no quieres hablar conmigo?


                    - Tengo muchas cosas que hacer ahora. 


                    - ¡No! Espera - lo tomó por los hombros, ¿qué había hecho para recibir el desprecio de su adorado castaño? 


                    - Shura, en verdad, ahora no tengo tiempo para esto. 


                    - Sal conmigo.


                    - ... ¿qué? 


                    - Quiero que salgas conmigo... en una cita, te invito a donde tú quieras - siempre pensó que el día que escuchara esas palabras sería feliz, pero ya era tarde. 


                    - No puedo - se soltó del firme agarre e intentó seguir su camino.


                    - ¿No puedes o no quieres? ¿A qué le tienes miedo Aioros? Sé que no te soy indiferente - algunos de los trabajadores voltearon al escuchar la voz alterada de Shura.


                    - ¿Podrías bajar la voz? No es miedo... - suspiró. 


                    - Entonces sal conmigo. 


                    - Shura, en verdad, en este momento no deseo hablar contigo, no me hagas decir cosas que quizá lamente después.



Si había estado esperando alguna clase de confesión de parte del arquero, definitivamente no era esa, no era ese tono de voz ni ese rostro que parecía enfadado sin estarlo realmente.



***



Con el transcurso de los días, la situación se hizo en verdad insoportable, Hyoga volvió a recuperar el ánimo de antes, aunque su aspecto tardó un poco más en recobrarse y todo era gracias a Shiryu, sabía que era egoísta de su parte, pero era algo que Ikki no podía soportar, le dolía el simple hecho de saber que las sonrisas de Hyoga jamás serían dedicadas a él. Ni siquiera se atrevía a acercársele, sin contar con el hecho de que no solo era su consciencia lo que se lo impedía, sino que también estaban las miradas fulminantes de Aioros.



                    - Por favor Ikki - Shun regresó tres días después que Shiryu y aparentemente todo volvió a la normalidad, excepto que ahora un inquieto castaño se la pasaba metido en la hacienda como si fuera un miembro más de la familia. 


                    - Shun, ahora no tengo tiempo. 


                    - Pero... Seiya me invitó de vacaciones, es lo menos que puedo hacer por él, por favor - adoptó esa expresión que solía mantener cuando quería algo de él o de Aioros, lamentablemente con Shiryu no funcionaba - es más, no tienes que venir con nosotros, puedes decirle a Shiryu y a Hyoga - sintió como la sangre se agalopaba en su rostro al escuchar ese nombre, era como si todo fuera hueco, los sonidos se escuchaban más lejanos de lo normal. 


                    - De acuerdo, diles que iremos al río. 


                    - ¡Gracias! - lo abrazó muy emocionado. 



Ikki no era un fanático de los días de campo, pero la idea de poder estar al lado de su hermoso rubio sin tener que dar una explicación era algo que había estado esperando.



***



Con el tiempo, la confianza que tenía Milo en Camus fue incrementándose, a pesar de que en un principio no dejaba que saliera, poco a poco fue dándole más libertad y en los últimos días, era él quien se encargaba de comprar los víveres, aunque claro, siempre acompañado por alguien, desafortunadamente ese alguien no siempre era de su agrado.



                    - Si quieres adelántate, yo te alcanzo luego, tengo que terminar de acomodar esto.


                    - ¿Quieres que te ayude? 


                    - No, no quiero que te lastimes, princesita - Camus negó con fastidio y se adelantó, después de todo, salir solo era mejor que salir con el odioso pelirrojo.



Adoraba salir, interactuar con la gente, aunque por lo regular era tímido, pasó cerca de una plaza y decidió sentarse a esperar a que Mime apareciera, pero eso era algo que no sucedería.



                    - Disculpa, ¿sabes dónde hay alguna farmacia? 


                    - Claro - se puso de pie para darle indicaciones al desconocido quien seguía observándolo sintiéndose cada vez más culpable. 


                    - ¿Podrías decirlo de nuevo?, no se me dan muy bien las direcciones.


                    - Si quieres te acompaño, tengo que pasar por ahí de cualquier forma.



Y siguieron caminando, ya después buscaría a Mime. Cuando pasaron por una de los calles cerradas que daban hacia las casas de renta, Bud tomó el brazo de Camus pasándolo por su espalda sometiéndolo, al mismo tiempo que colocaba una mordaza ante la mirada aterrorizada del joven. Recordó las indicaciones de Mime "quiero que lo marques, que se vea que estuvo con alguien, pero ni se te ocurra hacerlo con él, si lo haces, vete olvidando de mi" Era demasiado tarde para arrepentirse, si con eso conseguía que Mime estuviera a su lado, lo haría, sin importarle a quien se llevara en el camino. 



Removió las prendas necesarias sin terminar de quitarle ninguna, evitando el constante forcejeo, no quería que pareciera un asalto, por lo que no podía simplemente golpearlo. Comenzó a repartir mordidas que casi sangraban y marcas rojizas por todo su abdomen, dejando un camino rumbo a la entrepierna de Camus, quien cada vez luchaba más desesperado. Era hermoso, aún con esa expresión de terror en sus ojos, seguía siendo todo lo que decían que era, no era difícil imaginar que fuera hermano de Hyoga. Bud comenzó a ejercer presión en su miembro que estaba por demás excitado al tener de esa forma a Camus, tomó una de las manos del francés y comenzó a masturbarse con ella sin que éste pudiera hacer algo al respecto. Dioses, deseaba penetrarlo en ese instante pero el temor a perder a Mime era más grande que todo su deseo. Cuando sintió que se iba a venir, bajó un poco más la ropa de Camus para terminar entre sus piernas. Y después se fue, dejándolo ahí, sintiéndose terriblemente mal.



***



El camino hasta el lago estuvo lleno de las risas de Seiya y Shun, tanto Hyoga como Shiryu solamente sonreían por las ocurrencias del castaño, en cuanto a Ikki, se limitaba a observarlos para ser ignorado olímpicamente por el rubio. Una vez que llegaron, fueron el castaño y el peliverde quienes se precipitaron hacia el río arrastrando a Hyoga con ellos mientras Shiryu ayudaba a Ikki a acomodar el lugar en el que se quedarían. 



                    - ¿No preferirías ir con ellos? - sugirió Ikki, después de todo, Shiryu era un año mayor que su pequeño hermano, seguía siendo un adolescente, sin importar que tan maduro pudiera ser. 


                    - No gracias, prefiero observarlos desde aquí - sonrió mientras los observaba arrojarse agua y fingir que peleaban. Nunca pensó que Ikki accediera a ir, de hecho, el pelilargo pensó que sería Aioros quien iría y ya se había preparado para asustarlos. No pudo evitar reír con ello. 


                    - ¡No se alejen tanto! - gritó Ikki, con las lluvias, el ambiente seguía algo húmedo y el río ciertamente había incrementado su volumen, haciendo que en cierta parte, el agua golpeara las rocas con mayor fuerza.



Pero de nada sirvieron las advertencias del mayor, ninguno de los tres lo escuchó y siguieron confabulando en contra de Seiya. Más tarde, Shiryu anunció que había preparado un refrigerio y Seiya fue el primero en ir a sentarse bajo la cómoda sombra del árbol en el que se encontraban. Shun lo siguió de cerca pero Hyoga se quedó en el río y comenzó a buscar a su alrededor con desesperación. Ikki alcanzó a ver con horror como el rubio se acercaba al lado más peligroso, adentrándose cada vez más, pero era como si no se diera cuenta, como si no le importara el riesgo en el que se ponía. Ikki se acercó sin pensarlo y comenzó a gritar su nombre esperando que volteara pero Hyoga simplemente siguió avanzando, sumergiéndose un poco en busca de algo que aparentemente significaba mucho para él. De pronto, sintió que perdía piso, la corriente era demasiado fuerte para mantenerse de pie, comenzó a desesperarse hundiéndose cada vez más, sintiendo una terrible presión en su cabeza, tragó un poco de agua y lo último que escuchó fue el grito de Shun que decía su nombre.



Cuando despertó, estaba en brazos de Ikki, quien lo miraba preocupado y completamente empapado, más tarde ese día, Shiryu le relataría como había sido Ikki quien logró sacarlo del agua.



                    - ¿Estás bien? - Ikki cubrió el cuerpo de Hyoga con una enorme y suave toalla mientras continuaba abrazándolo para hacer que entrara en calor, antes de que el rubio cerrara nuevamente los ojos. 



Algo llamó la atención del fénix, algo que nunca había notado antes, ni siquiera el día en que obligó a Hyoga a estar con él. Era una hermosa cruz que pendía de una delicada cadena en la mano derecha de Hyoga, se preguntó quién se la habría dado y por qué no la había visto antes, lo pensó un momento, no, aquel día no la traía consigo, ni los días siguientes. 



***



                    - Shiryu, ¿habías visto esa cruz antes? 


                    - Ahh, es la cruz del norte, como la constelación del cisne. 


                    - ¿Constelación del cisne? - musitó.


                    - Sí, era de la madre de Hyoga, o al menos eso le dijo su hermano.


                    - ¿Siempre la trae consigo? - era extraño que Ikki se interesara tanto en un mismo tema.


                    - Sí, pero por lo regular no la usa, la trae en su ropa... - Shiryu siguió hablando pero Ikki ya no le prestó atención, y continuó arropando a Hyoga.



***



                    - ¿Dónde está Camus? - había pasado mucho tiempo desde que había salido y aún no regresaba. 


                    - No lo sé.


                    - ¡¿Qué no ibas a ir con él?!


                    - Sí, pero yo... le dije que se adelantara y cuando fui a buscarlo... yo.. no lo encontré... lo lamento tanto - a pesar de toda la preocupación que lo embargaba no pudo reprocharle nada a Mime y es que, en verdad que sabía fingir, cualquiera habría creído que estaba preocupado. 


                    - ¡Quiero que lo busquen inmediatamente! - le dijo a todos los empleados que a esa hora ya estaban reunidos en la sala principal. 



Pero no fue necesario que se organizaran siquiera, puesto que en ese momento la puerta se abrió, dejando ver a un tambaleante Camus entrar. Se veía más pálido que de costumbre. Milo se acercó a él y permitió que sus empleados se fueran para estar a solas con él. "Esto no te lo perdonará, ja, a ver cómo le explicas" - pensó Mime antes de irse.



Continuará...

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