lunes, 21 de enero de 2013
Capítulo 5: Huida - Febrero 10.2013
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Capítulo 5: Huida
Milo pasó varios días acosando a Camus (Ganímedes), nadie podía quitarle de la mente que algo extraño había sucedido y que ese francés no era el suyo. Así que intentó mantenerse cerca de él aunque éste hacía todo lo posible por sacarle la vuelta.
Le hizo cientos de preguntas y en ninguna el supuesto “Camus”pudo acertar. Kanon le dijo que las personas cambiaban y que no le diera tanta importancia al asunto, pero Milo tan solo no podía dejarlo pasar, y luego una idea vino a su mente. Camus podía haber cambiado su forma de pensar, su estilo, gustos, creencias e incluso hasta la forma de hablar, pero no podía cambiar el pasado. Así que una mañana esperó con paciencia hasta que lo vio entrar al comedor. Era muy tarde, nadie desayunaba a esa hora.
- Oye Cam… y… ¿Has sabido algo de Hyoga? ¿Vendrá pronto al santuario? – preguntó el escorpión.
- … No… no lo sé – respondió muy nervioso, no tenía ni idea de quién era Hyoga.
- Debe ser difícil ¿no? Estar lejos… ¿no la extrañas?
Ganímedes jugueteó con los cubiertos, ¿acaso Hyoga era un familiar suyo? ¿Qué relación tenían y por qué debía extrañarla? Deseó con todas sus fuerzas que Afrodita estuviera ahí para ayudarle, pero el de piscis estaba fuera en una misión y no regresaría hasta el fin de semana.
- Sí… claro, no sabes cuánto – respiró profundamente e hizo una mueca que Milo nunca antes le había visto hacer. El griego sonrió, el verdadero Camus lo habría corregido cuando se refirió a Hyoga como si fuera una chica.
- Yo también te he extrañado – dijo el escorpión mientras tomaba la mano del francés.
- Ahh… pero si yo estoy aquí… - respondió nervioso ante el contacto del griego, y se fue zafando del agarre despacio, como si temiera hacer un movimiento brusco.
- Ya, pero extraño estar contigo de otra forma – musitó en su oído, cerca de su cuello, nunca en su vida había estado tan cerca del verdadero francés y, aunque sabía que no era él, no pudo evitar sentirse nervioso - ¿Nunca has pensado que deberíamos volver? – ahora las manos inquietas de Milo recorrían los muslos de Camus – Aun no entiendo por qué decidiste terminar conmigo ¿recuerdas cuando nos hicimos novios?
La mente de Ganímedes iba a mil por hora, no podía ser que estuviera metido en un lío tan grande, y ¿cómo iba a salir de éste?, nadie le había dicho que tuvo un romance con el escorpión, bueno él no pero sí Camus, intentaba poner en orden lo que le decía el griego, quería encajar las piezas aunque no sabía cómo.
- ¿Lo recuerdas? – insistió Milo sin dejar de tocarlo.
- Eh… sí… claro… - dijo tan solo para salir del paso – Tengo que irme… - apenas alcanzó a ponerse de pie cuando el escorpión se interpuso en su camino obligándolo a retroceder hasta que su espalda quedó apoyada contra una pared. Frente a él estaba Milo muy serio.
- Hyoga no es una chica, y Camus y yo nunca hemos sido novios… - el corazón de Ganímedes latía a toda prisa – ¡Además es alérgico a las nueces! Ahora dime, ¿Quién rayos eres y qué has hecho con el verdadero Camus? – Milo colocó sus manos a ambos lados de la cabeza del supuesto francés acorralándolo - ¿Vas a hablar o tendremos que ir directamente con el patriarca?
- Ahh… - bajó la cabeza derrotado y su cabello rozó ligeramente el rostro del griego – Mi nombre es Ganímedes…. ¿Crees que... podríamos… hablar en otro lugar?
Milo asintió y lo siguió hasta el templo de Acuario.
***
El aspecto de Camus había decaído considerablemente. Apenas si comía y no podía dormir ya que cualquier ruido lo alertaba, aunque gracias a ello pudo salvarse de las garras de Zeus en un par de ocasiones. Estaba exhausto y con el espíritu quebrantado.
- Gani… - el francés levantó la cabeza al escuchar su nombre – ¿te sientes bien? – se notaba la preocupación en la voz de Zeus, y quizá fue eso lo que hizo que Camus bajara la guardia.
- Sí, solo estoy cansado – hablaba con lentitud, como si tuviera que pensar cada palabra antes de decirla.
- ¿Qué puedo hacer por ti?
De haber estado lúcido habría pedido que lo dejaran salir, que lo enviaran de vacaciones al mundo humano o que lo dejaran ver a la diosa Afrodita, sin embargo, en su estado lo único que pudo hacer fue musitar un débil “Nada” y después recargó su cabeza en una de las paredes de su habitación.
Zeus lo observó durante unos cuantos minutos, ¿qué tenía Ganímedes que lo enloquecía tanto? Lo necesitaba de una forma que le era casi dolorosa, le hacía sentir cosas de las que ni siquiera se sabía capaz, nunca había conocido la angustia de no ser correspondido, la incertidumbre, el deseo absoluto. Acarició el cabello del francés y éste se movió un poco, era tan sensible que ni siquiera parecía real. Y no pudo soportarlo más, tomó las manos del francés y lo colocó en medio de la cama. Camus se alertó de inmediato aunque tardó algunos segundos en reaccionar.
- No… - se removió bajo el cuerpo de Zeus, tenía miedo.
El dios lo sometió con una facilidad que le pareció extraña y tuvo la impresión de que si ejercía un poco más de fuerza terminaría rompiéndose. Le gustaba lo frágil e indefenso que se veía, le excitaba la forma en que Ganímedes (Camus) luchaba desesperadamente por quitárselo de encima, aunque al mismo tiempo le dolía el rechazo.
- Ya, quédate quieto… ¡no quiero lastimarte! – gritó el dios, quería que supiera que no tenía oportunidad o escapatoria y que sería suyo por las buenas o por las malas, se encontraba desesperado – No me importa si crees que ya no sientes nada por mi… Haré que lo recuerdes – Camus se estremeció al escucharlo tan cerca y por un segundo se sintió derrotado, cansado y sin saber qué hacer – Así me gusta… - dijo Zeus al verlo tan pasivo.
Se colocó entre sus piernas y comenzó a besar su cuello con desesperación, sus manos lo fueron despojando rápidamente de la ropa, acariciando su piel como si fuera la primera vez, podía sentir cómo su cuerpo temblaba y no entendía por qué, ¿Acaso no sabía cuánto lo amaba? Que había tenido miles de amantes pero que siempre volvía a él y así sería eternamente, porque no podía estar lejos mucho tiempo, porque lo necesitaba a su lado. Un suave suspiro hizo que dejara de tocarlo, entonces se percató que el temblor en realidad se trataba de un sollozo, que se hacía cada vez más fuerte, más incontrolable. Y por primera vez en su vida inmortal no supo qué hacer.
- Gani… - se quitó de encima intentando consolarlo – ¿Qué es lo que pasa? – quería comprenderlo pero no podía.
- Ahh… - tomó aire mientras se cubría con una manta, quería dejar de llorar pero no tenía fuerzas para hacerlo, se sentía humillado, estaba agotado y quería regresar a casa.
- Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿cierto? – tomó el rostro del francés entre sus manos y pudo ver la humedad en sus pestañas y las marcas que habían dejado las lágrimas al deslizarse por sus mejillas.
Sintió una profunda tristeza al verlo así, y nuevamente era una de esas sensaciones que no sabía que podía sentir.
- Estoy cansado… - musitó Camus.
- Entiendo… pediré que nadie te moleste…
La frase resonó en su cabeza, y luego escuchó a Zeus pedirles a los guardias que se alejaran del lugar para que Ganímedes (Camus) pudiera descansar. En su mente resonó “Es ahora o nunca”. El francés se vistió lo más rápido que pudo mientras pensaba que quizá esa sería su única oportunidad de escapar.
***
Ganímedes parecía un crío siendo regañado, tenía ambas manos sobre el regazo y no dejaba de mirar al suelo mientras Milo caminaba de un extremo a otro en la habitación.
- Gani… - dijo Afrodita al entrar al onceavo templo, luego sus ojos se toparon con la mirada furiosa de Milo y lamentó haber regresado antes de la misión – C… Cami – intentó arreglarlo pero era demasiado tarde, el escorpión ya estaba de pie y hecho una furia.
- ¡Tú lo sabías!
- Milo… – lo cierto es que no tenía ni idea de qué decirle, aunque tampoco es como si el escorpión estuviera dispuesto a escucharlo.
- ¡Y no hiciste nada! Tan solo dejaste que se lo llevaran, ¿Qué clase de amigo eres?
- Tú no estabas aquí cuando sucedió… no había nada que pudiéramos hacer…
´
- Pero pudiste habérmelo dicho y habría ido por él.
- Ni siquiera la diosa Afrodita ha podido hacer algo al respecto – dijo el de piscis, no es que quisiera ser pesimista, pero la verdad veía muy difícil que el escorpión pudiese hacer algo.
- Iremos por él – dijo Milo después de un par de minutos en silencio.
- ¡¿QUÉ?! Milo, esto no es como cuando Seiya y compañía se enfrentaban al dios en turno… estamos hablando de Zeus… el mismito Zeus y una infinidad de dioses más… - el griego sonrió, no había nada que pudieran decir para hacerle cambiar de opinión, traería de vuelta a Camus aunque fuera lo último que hiciera en su vida.
- Los veo afuera, hay que pensar en un plan.
Continuará…
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