lunes, 21 de enero de 2013

Capítulo 4: El extraño comportamiento - Octubre 30.2012

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Capítulo 4: El extraño comportamiento 



Camus se encontraba en una oscura habitación, había una silla en el centro y parecía más bien una sala de interrogatorios. Contaba con una cama, un baño y una pequeña mesa. No tenía ventanas. Cuando Zeus lo descubrió intentando escapar, lo tomó por el brazo con fuerza y lo arrastró hacia ese lugar, no le importaron las quejas del francés, quien comprendió por primera vez la enorme diferencia que había entre un humano y un dios. Ahora admiraba más que nunca a Seiya y compañía, y por un instante le cruzó por la mente la idea de que se estaba volviendo débil.



               - Yo solo… quería tomar un poco de aire… - dijo sin despegar la vista del suelo.

               - Mientes – la voz de Zeus lo inquietaba, hablaba con tanta autoridad que ni siquiera se atrevía a mirarlo.

               - No… Solo… yo solo… - estaba muy nervioso, jamás se había sentido así.

               - Mírame cuando hables conmigo… - dijo el dios muy despacio mientras tomaba el rostro de Camus por la barbilla y lo obligaba a levantar la cabeza.

               - Sí… - sentía que estaba temblando y temió que Zeus lo notara.

               - Te lo preguntaré una vez más, ¿A dónde ibas y por qué?

               - No me sentía bien en la fiesta, y salí a tomar aire.



El dios lo observó detenidamente, había olvidado lo hermoso que era y cuánto adoraba cada una de sus facciones. Su piel pálida se sentía suave al contacto con sus dedos.




               - De acuerdo… voy a creerte – no estaba seguro de que estuviera diciendo la verdad, sin embargo había algo en su expresión que lo hacía débil ante él, quería darle todo y más. 



Los sentimientos del dios hacia el joven eran egoístas, lo había deseado de todas las formas posibles desde el día en que lo vio por primera vez en el monte Ida, por eso lo había secuestrado obligándolo a dejar todo atrás, no le preocupó lo que él pensara o que le afectara el hecho de abandonar a sus seres queridos. Lo único que le importaba era que estuviera a su lado, así que ahora le dolía el saber que intentaba huir, no toleraba siquiera la idea de no ser el centro de atención de Ganímedes. 


               - Pero ya sabes lo que pasará si descubro que intentas salir de nuevo… “a tomar un poco de aire” – dijo con sarcasmo.



Camus tan solo asintió, no tenía ni idea de qué hablaba pero tampoco quería descubrirlo. Supuso que no le quedaba más remedio que esperar a que la diosa Afrodita buscara la forma de sacarlo de ahí. 



***



Cuando Ganímedes despertó lo primero que vio fue el rostro del escorpión, estaba a un par de metros de su cama y lo observaba con una expresión angustiada. Le inquietaba la presencia de Milo, por algún motivo no se sentía cómodo con él, siempre le daba la impresión de que comenzaría a cuestionarlo y entonces él (Ganímedes) no sabría que responder.


               - ¿Cómo te sientes? – preguntó el griego intentando colocar su mano sobre la frente del semidios pero éste se echó hacia atrás para evitar el contacto.

               - Bien, gracias – respondió sin ganas y con cierta irritabilidad en la voz.Tardó unos cuantos segundos en comprobar que estaba en el templo de acuario, había tenido que recordar ciertas características para no perderse, sabía que su templo tenía una cúpula y que si llegaba hasta las rosas ya estaría en piscis. 

               - ¿Qué pasó en el entrenamiento? – Ganímedes lo miró a los ojos sin saber qué responder.

               - No lo sé, estaba algo cansado y me distraje.

               - Ya veo… oye, quería hablarte acerca de lo que viste el otro día…



Afortunadamente para Ganimedes, Kanon interrumpió la conversación mientras se asomaba por la puerta.


               - ¿Se puede? – preguntó aunque ya estaba dentro – ¿Cómo sigues?

               - Bien… gracias – se sonrojó con solo verlo, hacía años que no se sentía así.Era la misma respuesta que le había dado al escorpión, sin embargo se escuchaba distinta, parecía más cálida, más sincera. 

               - Aioros te mandó esto – dijo con una gran sonrisa mientras le daba una canastilla con galletas – Vino hace rato pero seguías dormido y me dijo que… – siguió parloteando acerca de las cosas que sucedían en el santuario, y es que la naturaleza sociable de Kanon lo hacían una fuente interminable de anécdotas.



Ganimedes lo observaba con cierto nerviosismo, le gustaba el gemelo, su voz, la forma en que se expresaba y cada una de las palabras que decía. Le fascinaban su sonrisa, sus ojos y el aroma de su piel. Físicamente era perfecto, era todo un Adonis, y su personalidad le parecía encantadora. Hacía muchos años que no se fijaba en nadie más que en Zeus y le pareció extraño de pronto estar en esa situación, deseando a un desconocido más que a nada.



Milo no dijo ni una palabra, le molestaba que Camus le prestara tanta atención a Kanon, ¿qué tenía de especial el gemelo? Se reía por cualquier cosa, nunca tomaba nada en serio y era distraído y atolondrado, sí, aceptaba que tenía un cuerpo de envidia y un rostro perfecto, pero Camus nunca antes se había fijado en él, ¿por qué ahora no podía dejar de verlo?



El escorpión se interponía entre ellos cada vez que veía que Kanon se acercaba demasiado a Camus, aunque éste no hacía más que sonreírle. Suspiró con fastidio y tanto Ganímedes como el dragón marino lo observaron.




               - ¿Qué tienes bicho? 

               - Nada… - respondió aunque era obvio que algo le sucedía – Iré a preparar algo de café.



Alcanzó a escuchar sus risas cuando el agua comenzó a hervir, y se sintió profundamente herido, es decir, siempre le contaba cosas graciosas a Camus para alegrarle el día y el francés a lo mucho sonreía, jamás se reía tan abiertamente como ahora hacía con Kanon. Y le pasó por la mente la idea de que quizá era una venganza, quizá el francés estaba molesto por haber visto a Aioria en su templo y tan solo había decidido hacerlo sufrir utilizando a Kanon. 



Colocó tres tazas sobre una bandeja, dos tenían crema y una era tan solo el café muy cargado, sin leche, con poca azúcar y con unas gotas de esencia de vainilla, éste último lo había preparado especialmente para Camus porque sabía que así era como le gustaba el café. Por eso le sorprendió bastante cuando el francés tomó sin dudar, una de las tazas que tenían crema. Le pareció muy extraño eso y a partir de ese momento comenzó a observar detenidamente cada una de las acciones del de acuario sin que éste se diera cuenta. 



***



Zeus esperó hasta el anochecer para acercarse a la habitación donde se encontraba Ganímedes, tenía días sin descargarse. No era que le faltaran amantes, el problema era que deseaba desesperadamente al joven, le enloquecía el simple hecho de imaginarse sobre su cuerpo, entre sus piernas.



Cuando entró vio que la cama estaba vacía, y se sintió frustrado al pensar que Ganímedes había huido de nuevo. Iba a dar la alerta para que todos los guardias fueran en su búsqueda pero entonces se percató del sonido del agua corriendo que provenía del cuarto de baño. Se acercó despacio y entreabrió la puerta. Camus se encontraba en la tina, seguramente no tenía mucho de haber entrado. El vapor del agua había empañado el espejo y el francés se había colocado una toalla húmeda sobre el rostro.



Se veía más deseable que nunca, tanto que fue inevitable que Zeus se acercara y acariciara su abdomen deslizando sus manos por su torso hasta casi tocar el miembro del francés.


               - ¡¿QUÉ DEMONIOS…?! – Camus reaccionó rápidamente y tomó una toalla para cubrirse mientras salía de la tina y se alejaba del dios.

               - Gani… - dijo con voz conciliadora – Soy yo…



El francés respiraba agitado y se notaba el desprecio en sus ojos. Zeus intentó acercarse pero Camus retrocedió hasta que su espalda quedó apoyada contra la pared. El dios sonrió, lo tenía acorralado y colocó sus brazos a los costados del cuerpo del de acuario.


               - Soy yo… - dijo nuevamente mientras se acercaba para besarlo pero Camus giró su rostro y Zeus solo alcanzó a percibir el aroma de su cabello húmedo.



El mayor tenía sentimientos encontrados, nunca había experimentado el rechazo y se dio cuenta de lo mucho que lo enfadaba y le dolía al mismo tiempo. No entendía lo que estaba sucediendo, y de pronto la idea de que Ganimedes ya no lo amaba le caló profundamente.


               - Gani… - había un ligero tono de ruego en su voz, era la primera vez que se sentía así, con la angustia de no tener las cosa bajo control – Gani… - insistió pero Camus ni siquiera lo miraba.



Tomó el rostro del francés y lo obligó a verlo.


               - Hoy no… por favor… hoy no… - musitó Camus intentando calmarse.



Zeus lo tomó del brazo y notó las marcas que le había dejado la noche anterior. ¿Cómo es que lo había lastimado de esa forma? No recordaba que fuera tan frágil, tal vez por eso ahora Ganimedes le temía y no podía culparlo por ello. Así que se dio a la tarea de conquistarlo nuevamente.



***



Durante los días siguientes Zeus se dedicó a llenar de obsequios a Camus, le llevaba libros, dulces, postres, cristales preciosos y todo tipo de flores de diferentes partes del mundo. El francés se dio cuenta de que a pesar de que físicamente él y Ganimedes eran iguales, sus gustos eran completamente distintos, así que, aunque no era su intención rechazar los obsequios de Zeus, le era casi imposible aceptarlos, de hecho, él era alérgico a las nueces y por eso no pudo siquiera probar los panquecitos que le había llevado el dios.



Una mañana la diosa Afrodita entró a su habitación hecha una furia. El francés se estaba vistiendo así que no pudo evitar sonrojarse cuando la joven observó su cuerpo semidesnudo.


               - ¿Qué crees que estás haciendo?

               - Me estaba cambiando – respondió Camus.

               - Já – rio con burla – Eso ya lo sé genio, me refiero a Zeus… Lo encontré con Dionisio bebiendo esta mañana, lamentándose patéticamente de cómo lo rechazabas una y otra vez… Y te lo advierto Gamus…

               - Camus – corrigió, pero la diosa lo ignoró por completo.

               - Zeus no es muy paciente que digamos, en cuanto se canse tomará lo que quiere por las buenas o por las malas… y si lo hace por las malas estarás en graves problemas… queridito.



No supo exactamente a qué clase de problemas se refería, pero le ponía nervioso la sola idea de pensar en tener que confrontar al dios.


               - ¿Y qué sugieres que haga? – preguntó casi derrotado.

               - Ya sabes qué hacer… - sintió escalofríos con la respuesta – Solo deja que pase y ya… quizá así vuelva a confiar en ti y te de más libertad para dejar este lugar… Si no lo haces no habrá forma de sacarte de aquí… Es más – reconsideró de pronto – creo que si dejas que lo haga contigo dejará de molestarte… así que hazlo y ya, acabemos con todo – dijo despreocupada.



La diosa observó la sobriedad de la habitación. Tenía muy pocas cosas y contrastaba enormemente con cualquier otra área del palacio.


               - Ahh – suspiró - no creo poder hacerlo… y menos con él…

               - Piénsalo… es tu boleto de salida.



De pronto se sintió muy cansado, ya ni siquiera sabía cuánto tiempo había estado lejos del Santuario. Extrañaba a Milo, no podía dejar de pensar en qué estaría haciendo, seguro estaría tonteando con Kanon y Aioria, y era el imaginarlo con éste último lo que le dolía inmensamente.



***


               - Creo que Camus ha sido secuestrado…

               - ¿¡QUÉ?! – exclamaron Aioria y Kanon al mismo tiempo.

               - Sí…

               - ¿De qué estás hablando? Yo lo vi esta mañana en el desayuno… - dijo Aioria sin ocultar su preocupación.

               - No puede ser – comenzó a lamentarse Kanon, justo ahora que se llevaba tan bien con el francés.
               
               - Creo que fue una abducción alienígena… - dijo con mucha seguridad el escorpión, y Aioria lo observó con burla.

               - Já… bicho, no deberías hacer esa clase de bromas… - el león retomó el control del videojuego que había dejado caer por la sorpresa.

               - ¡Es en serio! – dijo Milo – ¡Algo le hicieron a Camus, porque ESE que ocupa su templo NO es él! Estoy seguro…

               - ¿Por qué lo dices? – preguntó Kanon. Algo que tenía el menor de los gemelos es que a todo mundo le daba el beneficio de la duda, por eso todos se sentían cómodos con él.

               - Es extraño… primero bebió café con crema… - lo dijo como si esa fuera la mayor de las pruebas.



Aioria y Kanon se miraron el uno al otro sin saber qué pensar del escorpión y luego siguieron jugando. 


               - Y… hay una camisa que le obsequiaron y que nunca usa porque no le gusta… y ¿qué creen? El otro día… se la puso – dijo como si se tratara de una gran revelación.

               - Quizá no tenía más ropa limpia – dijo Aioria - a mí me pasa todo el tiempo. 

               - Pero eso no es todo… hace días llevaba un suéter y NO hacía tanto frío… ¿cuándo han visto que Camus sienta frío? Y hay… muchas cosas más.

               - ¿Cómo qué? – preguntó Kanon, y el león lo observó sin comprender cómo es que le seguía el juego a Milo.

               - Lo descubrí viendo un programa de comedia, y en la cena hace dos días se sirvió zanahorias… - los otros dos se quedaron en silencio – al verdadero Camus no le gustan las zanahorias…

               - Milo, eso no demuestra nada… Las personas pueden cambiar de gustos y ya – alegó Aioria un poco cansado.



Pero para Milo esas cosas eran muy importantes, y siguió hablando de cómo había notado que el francés dormía del lado derecho de la cama cuando siempre había dormido del lado izquierdo, que tardaba mucho tiempo arreglando su cabello, que vestía diferente, que se reía más, que ahora tenía problemas de ubicación y que incluso parecía perdido en su propio templo. También se dio cuenta de que ya no consumía tantas frutas y que prefería ahora los dulces, que era más desordenado, que vestía de blanco y beige, que miraba fijamente las otras casas como si quisiera reconocerlas y que consumía pay de nuez.


               - ¿No lo ven extraño?


               - Eso no tiene nada de extraño – dijo Aioria – Quizá solo ha decidido… relajarse y disfrutar de la vida… - le sonrió al escorpión.


               - ¡Es alérgico a las nueces! – Kanon dejó el control sobre la mesita de centro y miró a Milo.


               - A lo mejor te estás confundiendo… Tal vez… es alguien más el que es alérgico a las nueces y tú piensas que es Camus.

               - Claro que no, no podría equivocarme en eso, lo conozco como a la palma de mi mano.

               - ¿Y cómo es que sabes tantas cosas de él? – preguntó Kanon.


               - Porque es mi mejor amigo y porque lo… - se detuvo cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de decir – Ahh… Tan solo lo sé… y… ¡ya dejen de molestarme!…



El escorpión se puso de pie y se alejó fingiendo que se había enojado. Lo cierto es que había muchas cosas que tenía que pensar.



               - Creí que yo era su mejor amigo – el orgullo del león había sido prácticamente aplastado.


               - Já – le sonrió el dragón marino – No, tú y yo somos mejores amigos – corrigió antes de contagiarlo con su sonrisa y abrazarlo hasta recibir una queja por parte del león – Ahora… acabemos con esos zombies.



***



Milo pensó el resto de la tarde, la frase dicha a medias se repetía una y otra vez en su mente…“Porque es mi mejor amigo y porque lo…” ¿Lo qué? Se burlaba de sí mismo intentando convencerse de que no iba a decir lo que creía que diría. ¿Lo quería? Sí, y mucho. No había dudas sobre ello, prácticamente era lo mejor que le había pasado en la vida y no se imaginaba sin él a su lado… ¿Lo amaba?... de pronto la idea no le parecía tan extraña, y supo en ese momento que tenía que traer al verdadero Camus de regreso.


               - Te traeré de regreso, porque eres mío Camus... - lo soltó como un suspiro, al fin lo había comprendido, se pertenecían, él era su Camus y lo quería de vuelta.



Continuará…

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