lunes, 21 de enero de 2013
Capítulo 6: Reencuentro - Agosto 8.2014
Capítulo 6: Reencuentro
Agosto 8.2014
Camus estuvo muy atento a los ruidos del exterior, al parecer los guardias daban rondas cada quince minutos, se aseguraban de que siguiera en la habitación y después se iban de nuevo. Y aunque había utilizado el polvo de diamantes para congelar la manija de la puerta, no había conseguido nada, al parecer todo ahí era inmune a cualquier técnica que él intentara hacer, se sintió derrotado, y justo cuando comenzó a lamentar su mala suerte la puerta se abrió como por arte de magia.
Levantó la mirada esperando no encontrarse con Zeus, y para su sorpresa era la diosa Afrodita quien estaba frente a él con una gran sonrisa.
- Vengo por ti.
- ¿Cómo abriste la puerta? – ella lo miró un poco desconcertada.
- ¿Intentaste girar la manija y luego empujar un poco?
El de acuario se sintió tan tonto que prefirió no comentar nada al respecto.
- Tenemos poco tiempo, toma – dijo muy seria para después darle una bolsa mientras ella metía un gran maletín a la habitación.
Por un segundo Camus pensó que la idea de la diosa era introducirlo al maletín y sacarlo de ahí, pero sus suposiciones se vinieron abajo cuando al abrirlo, notó que se trataba de un estuche inmenso con una gran cantidad de maquillaje y brochas.
- Vamos Gami – dijo mientras palmeaba las manos indicándole que debía apurarse.
- Camus.
- Da igual, vístete.
- Pero esto es…
- Es lo mejor de mi guardarropa, tuve que conseguir algo con lo que darle forma a tu cuerpo, PERO me las ingenié.
- No creo que quiera vestir con esto.
- Bien – dijo la diosa indignada – Pero luego no vengas a quejarte de por qué no has podido volver al Santuario… buena suerte con Zeus, espero que te diviertas el resto de tu vida siendo su…
- Está bien, está bien – interrumpió, no hacía falta que le explicara cuál sería su destino si se quedaba ahí.
Y muy a su pesar, comenzó a vestirse, colocando torpemente rellenos en los lugares apropiados para parecer mujer. Luego Afrodita comenzó a arreglar su cabello, trenzándolo mientras dejaba algunos rizos sueltos.
- Esto va a doler un poco… - Musitó mientras le mostraba unas pinzas para ceja, y luego la tortura comenzó.
Camus no dejaba de quejarse, no podía creer que las mujeres tuvieran que soportar tal dolor extremo.
- ¿Ya terminamos? – preguntó Camus.
Y la estruendosa risa de la diosa fue lo único que obtuvo como respuesta, la transformación apenas comenzaba. El francés no estaba muy seguro de qué era lo que sucedía, tan solo veía a la diosa tomar brochas de distintas formas y tamaños, una después de otra, colocando correctores, bases, polvos.
- Cierra los ojos – pidió la diosa cuando fue el turno de rizar sus pestañas.
- Auch – se quejó el fancés.
- ¡Te dije que cerraras los ojos!
Y después de una hora (aunque al de acuario le pareció una eternidad) Camus lucía completamente diferente. La diosa sonrió satisfecha por su trabajo y sin apuro alguno se dirigió hacia la puerta.
- Espera… los guardias…
- No te preocupes por ellos, tengo todo bajo control.
Les había mandado a las más hermosas de sus sirvientas para que los distrajeran mientras Zeus se embriagaba lamentando el rechazo de Ganímedes.
***
Por su parte, en el Santuario, Milo seguía haciendo estrategias, cada una más inverosímil que la anterior, hablaba incluso de reclutar a los de bronce para atacar el Olimpo.
- Y luego le diremos a Mu que use su teletransportación y saldremos todos de ahí.
Ganímedes hacía mucho que se había quedado dormido en la escalinata mientras el parloteo de Milo lo arrullaba. Afrodita luchaba por mantenerse despierto pero le era imposible y no dejó de cabecear hasta que un inmenso ruido perturbó la paz de su templo.
Delante de ellos se encontraba la diosa Afrodita junto a una joven muy atractiva.
- ¡Camus! – exclamó Milo antes de correr a abrazar al francés.
- ¿Cómo… ¿cómo es que… - el de piscis no sabía por dónde comenzar, y tuvo que ver fijamente al francés antes de corroborar que se trataba de él.
Ganímedes observó la escena, no podía evitar sentir celos de Camus, aún con el disfraz y el maquillaje encima, Milo era capaz de reconocerlo, y se preguntó si Zeus habría notado la diferencia entre ellos, por el atuendo del francés supuso que habían escapado del Olimpo a escondidas, así que no era muy optimista al respecto.
- ¿Estás bien? – preguntó Milo con verdadera preocupación mientras que el de acuario sentía el rostro muy caliente, ciertamente no esperaba que el escorpión estuviera en su templo.
- Ya tendrán tiempo de hablar luego – dijo la diosa Afrodita mientras intentaba localizar a Ganímedes con la mirada – Ahora, nosotros nos tenemos que ir. Gani querido, vamos.
- Espera… - dijo el joven antes de tomar a Camus por la muñeca y llevarlo lejos de ahí.
Milo pensaba detenerlos, pero el gran parecido físico entre la diosa Afrodita y el de piscis lo distrajo el tiempo suficiente para que Camus y Ganímedes se escabulleran.
- ¿Qué piensas? – preguntó el semi dios después de unos segundos de silencio, se veía alterado, nervioso.
- ¿De qué?
- De Zeus, ¿lo hiciste con él? – preguntó sin mirarlo, no estaba seguro de querer escuchar la respuesta, por un lado le dolía que el dios no hubiese notado que no se trataba de él, pero por el otro, si había confundido a Camus y no se había acostado con él, ¿significaba eso que ya no lo deseaba?
- No – Ganímedes respiró tranquilo un instante.
- ¿Por qué no? ¿Estuvo muy ocupado con otras personas?
- Ahh – Camus suspiró, sí había notado la facilidad con la que Zeus se dejaba envolver por la belleza de los demás, pero no estaba muy seguro de querer decirle eso a Ganímedes – Le puse todas las excusas que encontré para mantenerlo alejado.
- ¿Entonces sí te buscó? – parecía decepcionado y el francés no supo qué era lo que quería escuchar.
- Porque me confundió contigo.
Un sonido ahora familiar para el de acuario interrumpió su conversación y miró asustado hacia el cielo.
- No pienso volver – musitó Ganímedes antes de esconderse entre las sombras.
Y nuevamente Camus se encontró solo y completamente aterrorizado por lo que se aproximaba.
Continuará...
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