jueves, 3 de enero de 2013

Capítulo 4: La voz de Ikki y el efecto de las historias de Aioros - Marzo 18,2007



Capítulo 4: La voz de Ikki y el efecto de las historias de Aioros 



Fue despertado por los cálidos rayos solares que jugaban graciosamente sobre su rostro, todo parecía tan lejano, había estado tan angustiado el día anterior que cuando la noche hizo acto de presencia, no pudo más que caer en un profundo sueño del que ahora se negaba a despertar. Escuchaba la voz de Camus, la escuchaba tan clara y cerca, que por un momento tuvo la esperanza de que todo hubiera sido un mal sueño, que en cuanto despertara, se encontraría de frente a su hermano que quizá estaría durmiendo aún.



Abrió los ojos para encontrarse con un joven de cabellos verdes que lo miraba sonriente.



                    - Al fin despertaste - su voz era dulce, así como aquella expresión en su rostro. Se acercó hasta la cama y lo tomó de la mano, pero el rubio se soltó, rechazando cualquier tipo de contacto, mostrando su de por si notable desconfianza - ¿Qué sucede? - Se podía percibir algo de tristeza en su voz, pero pronto recuperó la alegría que había mostrado al principio - Mi nombre es Shun, ¿Cómo te llamas?



Hyoga no contestaba, no sabía que estaba pasando y se sentía terriblemente perdido. Quería regresar con su hermano, quería que todo fuera como antes, incluso estaba dispuesto a soportar el acoso constante de Aiacos.



                    - ¿Qué tienes? - por primera vez posó sus ojos en el joven que tenía en frente - ¿Te sientes bien? - había algo cálido en él que le inspiraba confianza. 



Comenzó a sollozar, era de ese llanto que lastima al ser escuchado, el rostro de Shun se cubrió de la misma tristeza que embargaba al rubio y lo abrazó.



                    - ¿Qué pasa? - Preguntaba preocupado mientras el otro joven se aferraba a su delgado cuerpo en busca de algún tipo de consuelo 


                    - No quiero estar aquí.



                    - Pues qué lastima rubio, porque estarás aquí mucho tiempo... Shun, será mejor que te vayas ahora, no querrás llegar tarde - reconoció esa voz de inmediato, quizá aquel día no había logrado ver a ese sujeto, pero recordaba bien su voz, y fue esa voz la que provocó un ligero temblor en Hyoga y de inmediato limpió sus lágrimas, no quería mostrarse tan débil delante de ese sujeto que tenía la culpa de todo, era él quien los había secuestrado y quien lo había dejado completamente solo, sin ninguna razón que lo justificara, si es que aquello se podía justificar. 


                    - Pero hermano... 


                    - Shun.


                    - Está bien - se separó del cuerpo del rubio y salió de la habitación.


                    - Desde hoy ayudarás con el trabajo en la hacienda, Shiryu te dirá que hacer y tú... tan solo obedecerás - esperaba escuchar algún reclamo o la misma pregunta del día anterior, pero solo recibió un incómodo silencio - ¿Entendiste? - sin darle tiempo para que respondiera, pues temía que no lo hiciera y se desencadenara algún enfrentamiento continuó - Shiryu me informó que ayer no querías comer, no quiero que eso suceda de nuevo... 


                    - Señor... - Interrumpió Shiryu - aquí está la ropa que me pidió. 


                    - Bien - volvió a ver a Hyoga - vístete, Shiryu te esperará afuera - terminó de decir para después dirigirse a la salida - ahh, otra cosa, no quiero que te la pases lloriqueando y MENOS, que te lamentes o te quejes con Shun - fue lo último que dijo antes de salir.



Maldito - pensaba Hyoga mientras se ponía aquellas prendas que habían dejado para él. En cuanto estuvo listo salió en busca del pelilargo quien lo recibió con una sonrisa.



                    - Ven, ¿tienes hambre?


                    - No - Shiryu lo observó serio durante unos segundos para después sonreírle de nuevo. 


                    - Será mejor que comas algo de cualquier manera, el día es más pesado de lo que crees...



Y tenía razón, horas más tarde se sentiría completamente agotado. El lugar era más grande de lo que se hubiera podido imaginar, tenía instalaciones en donde se procesaba la caña de azúcar y había trabajadores por todos lados, según le había contado Shiryu, la hacienda Fénix era la principal productora de azúcar. Hacía dos días que había comenzado la época de cosecha y todavía quedaban sembradíos en muchas hectáreas.



Aioros prendió fuego a los sembradíos mientras algunos jóvenes miraban embelesados cómo solamente se consumían las hierbas y hojas secas alrededor de las cañas dejando éstas intactas.



                    - Creo que haré eso - dijo Hyoga señalando a unos jóvenes que estaban cerca y que jugueteaban mientras esperaban a que el fuego hiciera su trabajo para comenzar a cortar. 


                    - Eh... no es tan fácil como parece Hyoga.


                    - Vamos, me preguntaste qué quería o sabía hacer - después de una hora con el pelilargo y ya le tenía toda la confianza del mundo - además, tengo que trabajar ¿no? - dijo casi empujando Shiryu para que lo dejara trabajar.


                    - Sí, pero...


                    - Pero nada Shiryu, será fácil, confía en mí.


                    - Es que... - al ver la expresión de determinación en el rostro de Hyoga supo que no lograría persuadirlo - está bien, pero ten cuidado, mira, él - señaló a Aioros - es el supervisor de ésta área, cualquier cosa que necesites, ve con él.


                    - No te preocupes - le sonrió y se dirigió a los jóvenes que minutos antes jugueteaban. 



***



Milo comenzó a explorar la boca de Camus con una extraña necesidad mientras acariciaba su cuerpo aún lastimado por los golpes del día anterior. Quería poseerlo, quería hacer que gritara su nombre bajo el más sublime éxtasis pero el francés no respondía a sus caricias, no podía dejar de recordar la forma en que había sido ultrajado por Minos. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando sintió que el escorpión separaba sus piernas y se colocaba entre ellas.



                    - No... por favor...



Su voz era terriblemente melancólica. Todo en él parecía tener un manto de tristeza que contagiaba a Milo y eso no era algo que le agradara demasiado, era como si le recordara que quien estaba bajo de si era otra persona y no un simple juguete en el cual podía descargar su lujuria, pero... para eso lo tenía ¿No? Ese había sido el trato, ahora era prácticamente su dueño y podía hacer lo que quisiera con él, podía tomarlo cuantas veces quisiera y Camus no podría oponerse, porque no era nadie. Intentaba mantener esa idea en su mente, se recordaba constantemente que ahora el francés le pertenecía pero no era tan fácil.



Un ligero quejido salió de sus labios cuando Milo dejó caer por completo su peso sobre él, intentaba alejarlo de si, pero ahora estaba inmovilizado. Una de las manos de Milo acariciaba aquel rostro asustado mientras la otra tocaba sus muslos, en verdad que era un joven hermoso, todo en él le parecía encantador, se preguntaba como sería ese cuerpo que ahora era suyo...



Camus ladeó su rostro para evitar ese contacto que parecía lastimarlo, más por lo que a su mente venía que por el contacto mismo.



                    - No...



Y de nuevo esa voz que lo embargaba de nostalgia... dejó de acariciarlo y poco a poco se separó de él a pesar de la necesidad que sentía por poseerlo.



***



                    - ¡Aahh! - no pudo evitar emitir un quejido e intentar retirar sus manos cuando sintió aquel líquido sobre su piel. Shiryu sonrió mientras continuaba con la tarea de desinfectar y vendar las heridas - Cuidado... aahh.


                    - No seas escandaloso Hyoga - dijo entre risas. 


                    - Claro, lo dices porque tus manos no están sangrando copiosamente- la manera en que lo decía y la expresión de completa seriedad en el rostro del rubio realmente hacían reir a Shiryu, quien normalmente estaría preocupado. Había algo diferente en él, se veía menos tenso que en la mañana, era como si el trabajo lo hubiera distraído un poco. 


                    - No están tan mal... además, te dije que no era tan fácil.


                    - Bueno, es porque fue mi primer día, pero ya verás, mañana lo haré mejor.


                    - ¡¿Qué?!... ¿piensas... piensas hacerlo de nuevo?... pero...


                    - Claro que pienso hacerlo de nuevo y verás que... 


                    - Shiryu - el rostro de Hyoga se ensombreció y al notarlo, la sonrisa de Shiryu también desapareció.


                    - ¿Señor?


                    - Aioros irá por Shun al colegio, quiero que lo acompañes - conforme Ikki hablaba, el rostro de Hyoga, quien le estaba dando la espalda al fénix, se endurecía notablemente - irán al pueblo a comprar algunas cosas. 


                    - De acuerdo.


                    - Ahh.. y llévate al rubio contigo - eso era el colmo, hablaba de él como si fuera algún objeto. Apretó sus puños reprimiendo un enorme deseo de golpearlo, mientras las vendas que acababa de colocar Shiryu comenzaron a llenarse de sangre proveniente de las heridas que se reabrían con la fuerza que hacía al cerrar los puños. 


                    - Está bien.



Ikki salió de la habitación sin prestar más atención a Hyoga.



                    - ¿Hyoga? - tocó su brazo - ¿Te encuentras bien? - volvió su vista hacia Shiryu y se puso de pie. 


                    - Será mejor que nos vayamos.



No pasó mucho tiempo para que Hyoga volviera a sonreir, en especial con las historias de Aioros que no paraba de hablar mientras se dirigían al colegio de Shun.



                    - ¡Aioros! - gritó el jovencito entusiasmado seguido de otro joven de cabellos castaños. Aioros le sonrió dulcemente, tenía mucho tiempo trabajando para la familia Fénix, por lo que no podía evitar sentir un sincero aprecio por ambos hermanos - Bueno Seiya, ¿nos vemos mañana? - el joven asintió y se despidió de su amigo, quien hasta entonces no había notado la presencia de Hyoga - ¿Qué te pasó en las manos? - dijo señalando los vendajes manchados con algo de sangre, el rubio había estado cubriendo sus manos, por lo que ni siquiera Aioros se había percatado de que estaba lastimado. 


                    - Eh... no... no es nada... no importa.


                    - Hyoga, déjame ver - Aioros tomó una de las manos del rubio y le quitó el vendaje - habrá que curar estas heridas...


                    - Shiryu ya lo hizo, en verdad, estoy bien - Shun lo observó detenidamente.


                    - ¿Te duele? - se acercó más al rubio quien intentó retroceder.


                    - De seguro te dirá que si, con eso de que es bien exagerado - dijo Shiryu intentando que le dejaran un poco de espacio a Hyoga. En las pocas horas que tenía hablando con él, había aprendido al menos una cosa, el rubio odiaba sentirse atrapado y no cabía duda que se sentía así en ese momento, podía verse en su rostro esa incomodidad provocada por la cercanía de los otros dos jóvenes. 


                    - ¡NO SOY EXAGERADO! - dijo cambiando su semblante por uno más relajado que fingía estar enfadado. 


                    - ¿Ven? ¿Así o más exagerado? - Hyoga retiró su mano de la de Shun y volvió a vendarla torpemente mientras refunfuñaba algo ininteligible.



La risa de Aioros y Shun no se hizo esperar. Y es que, cualquiera que hubiera visto la reacción del rubio no habría podido hacer otra cosa. Pasaron el resto de la tarde comprando varios libros que el peliverde necesitaba.



***



                    - ¿Qué edad tienes? - Era la primer pregunta que le hacía desde que había comenzado la cena, aunque durante el transcurso de la misma no le había despegado la mirada. 


                    - Die... diecinueve.


                    - No parece que tengas 19... y dime Camus, ¿has estado con alguien alguna vez? - Camus casi se atragantó al escuchar esa pregunta y el escorpión no pudo más que reír - No te preocupes... no tienes que decírmelo... ya lo descubriré esta noche.



Adoraba ver ese rostro lleno de angustia, y sonrió mientras se imaginaba todo lo que le haría esa noche, quería ver su rostro sonrojado, que se entregara a él sin reparos, escuchar su nombre entre gemidos de placer. Camus tan solo bajó su vista al plato, limitándose a dar pequeños sorbos a la bebida dispuesta frente a si, parecía estar perdido en sus pensamientos. No sería la primera vez que Milo se preguntaría en qué estaría pensando, de hecho, sería la primera de muchas veces en que lo haría. Y durante mucho tiempo, no obtendría la respuesta.



***



Llegaron los cuatro entre risas y eventuales enfados del rubio quien había resultado algo enojón y tal vez un poco exagerado.



                    - Será mejor que me apresure con la cena - dijo Shiryu.


                    - ¿Quieres que te ayude? 


                    - No, será mejor que vayas con Aioros para que te cambie las vendas... a ver si no te quejas como un niño esta vez. 


                    - ¡Oye! - dijo un indignado Hyoga ante la mirada divertida de Aioros y Shun - no me estaba quejando.


                    - ¿Ah no?


                    - No, yo... estaba exteriorizando mi inconformidad...


                    - Es decir que te estabas quejando - terminó de decir Aioros, conteniendo la risa - bien, vamos quejica. 



Una vez en el cuarto de Hyoga, Aioros retiró las vendas y comenzó a desinfectar nuevamente las heridas con mucho más cuidado que Shiryu, en opinión de Hyoga, al mismo tiempo que contaba una de las historias que tanto hacían temer a Shun, y al parecer, no sería el único que no podría dormir de ahora en adelante.



                    - Estaba tan absorto en lo que hacía que no se dio cuenta de que ese no era su reflejo...


                    - Pero... entonces... ¿cómo es que.... - no se atrevía a formular la pregunta


                    - Esa imagen frente a sí estaba completamente seria mientras él seguía sonriendo, pero no se había dado cuenta...


                    - ¿Quieres decir que... - a estas alturas de la historia, Shun estaba aferrado al brazo de Aioros, quien terminaba de vendar la mano izquiera de Hyoga. 


                    - No lo digas Aioros, no lo digas...


                    - Fue entonces que lo recordó, recordó cuando le dijeron que ellos entraban por las ventanas, por las puertas entreabiertas y que nada los detenía, de nada le había servido mantenerse inmóvil el día en que los dejaron escapar, de nada le había servido haber contenido la respiración esperando que no notaran su presencia, ahora estaban frente a él, formando esa imagen que creía era su reflejo, pero no lo era, hasta que sintió que alguien... o algo tocaba su hombro...



El sonido de la puerta hizo que Hyoga se sobresaltara y que Shun se aferrara más al brazo del arquero.



                    - La cena está lista. 


                    - Vamos, ha sido un largo día - Hyoga no lo creía, ¿cómo era que Aioros decía eso como si nada después del tremendo susto que les había dado Shiryu?.



A pesar de que eran muchos trabajadores en el hacendado, la mayoría vivían en casas construidas en el todavía terreno que Ikki poseía. A decir verdad, en la hacienda en sí, solamente se encontraban Mime, Shiryu, Aioros y ahora Hyoga. Aunque podría decirse que a Shura solamente le faltaba dormir ahí para que se considerase un habitante más de la hacienda, ya que las comidas las realizaba con los Fénix, y esa, era la única razón para que Aioros aceptara la petición de Ikki de comer con ellos también y no hacerlo en la cocina como lo hacían Shiryu y Mime. Pero hoy era distinto, era la primera noche que Hyoga pasaba fuera de su habitación y por alguna razón, deseaba ganar su confianza y que se sintiera tranquilo, porque a pesar de haber estado bromeando con él en la tarde, notó que en momentos un gesto de tristeza casi imperceptible se hacía presente. 



Bien Hyoga, era una historia, nada entrará por la ventana y no importa que dejes la puerta entreabierta, no pasará nada
 - pensaba Hyoga mientras se debatía entre apagar la luz y correr hasta su cama o dejar la luz encendida y torturarse con las posibles sombras que se pudieran formar.



Tenía ya 10 minutos cuestionándose acerca de cuál sería la mejor opción hasta que la solución pasó frente a su puerta. No lo pensó dos veces, ya mañana soportaría las burlas de su ahora amigo.



                    - Shiryu - dijo con un semblante frío que preocupó a su compañero.


                    - ¿Qué sucede? 


                    - Eh... yo... me preguntaba si... podría... ¿podría dormir en tu habitación esta noche? - sentía la cara ardiendo, no podía sentir más vergüenza, esperaba escuchar la risa del pelilargo, pero por más que espero, esa risa burlona jamás llegó. 

                    
                    - Claro.


                    - Gracias.



Días más tarde se convertiría en costumbre dormir al lado del Dragón, ocasionándole más de un problema, pero eso aún no lo sabía y por el momento, se sentía protegido con la cálida presencia de Shiryu a su espalda.



Continuará...

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