jueves, 3 de enero de 2013
Capítulo 5: El inicio y el final - Marzo 31,2007
Capítulo 5 - El inicio y el final
Shiryu despertó sintiéndose apresado por un delgado brazo, fue entonces que recordó de quien se trataba, se giró un poco para observarlo mejor, era hermoso, casi sin darse cuenta, se encontró a si mismo acariciando esos suaves cabellos rubios que caían despreocupadamente sobre la almohada y sonrió. Un ligero movimiento del rubio fue suficiente para que Shiryu se diera cuenta de lo que hacía y se detuviera. Se liberó de aquel cálido abrazo y se dio una ducha para comenzar con las labores diarias.
Antes de salir de la habitación, volteó y nuevamente sonrió al recordar la seriedad de Hyoga al pedirle dormir en su cama, seguramente Aioros tuvo mucho que ver con esa decisión, y sin más, salió sin cerrar la puerta completamente.
****
El rostro de Camus reflejaba verdadero cansancio, si bien era cierto que después de la cena, Milo había recibido una noticia que al parecer había hecho que olvidara los planes que tenía para Camus, también lo era el que le hubiese obligado a dormir a su lado. Sobra decir que Camus estaba por demás nervioso, la cercanía de Milo y saber que en cualquier momento podría sentir de nuevo lo que había sentido con Minos, lo aterrorizaba profundamente y por más que intentara no demostrarlo, por más que intentara mantener su frialdad, no podía.
Milo lo había abrazado pegando su cuerpo al de él, lo acarició por encima de la ropa hasta que sus párpados se hicieron tan pesados que no pudo mantenerse despierto. Sin embargo, Camus no pudo dormir hasta la madrugada, y despertó tres horas después, con cara de cansancio.
- ¿No dormiste bien? - preguntó Milo terminando de vestirse sin pudor alguno delante del menor, quien hasta ese momento no había reparado en su presencia.
- Yo... - posó sus hermosos ojos en el escorpión y desvió la mirada sonrojándose violentamente, cosa que no pasó desapercibida para el griego - no.
Milo se acercó a él, como un depredador se acercaría a su presa, llegó hasta la cama en donde se encontraba sentado Camus y tomándolo de la cintura lo atrajo hacia sí, abrazándolo mientras hacía que se pusiera de rodillas sobre las sábanas destendidas. Acarició su espalda suavemente y comenzó a besar su cuello, descubriendo un dulce sabor al que pronto se haría adicto.
Camus puso sus manos en el pecho de Milo, intentando mantener al menos un poco de distancia entre ambos cuerpos, pero el escorpión era más fuerte que él. Y repentinamente sintió como una mano se introducía en su ropa para acariciarlo. No pudo evitar que un excitante gemido saliera de sus labios y que sus manos se cerraran un poco sobre la acaramelada piel de Milo, quien sonrió al sentirlo e incrementó sus caricias. Lo cierto era que no quería penetrarlo en ese momento, tenía muchas cosas que hacer y quería que la primera vez que ese hermoso joven le perteneciera fuera sublime. Por ahora se concentraría en proporcionarle placer.
Las sensaciones que lo recorrían eran intensas, aquella mano aferrándose a su miembro, acariciándolo, masturbándolo suavemente lo debilitaban, no quería aceptar que le gustaba lo que estaba sintiendo, sentía que estaba completamente sonrojado, así como también sentía la mirada de Milo sobre él.
- ¿Te gusta? - Milo sonrió, adoraba ver ese rostro que expresaba todo y al mismo tiempo nada, podía ver que lo estaba disfrutando, se notaba en cada gemido, en cada movimiento de sus labios, pero no sabía lo que pensaba, no había nada que le indicara lo que pasaba por la mente de su joven amante. Las caricias se incrementaron y fue suficiente para que Camus se corriera en las manos de Milo y apoyara su cansado cuerpo sobre el mayor. El escorpión pudo sentir la respiración agitada sobre su pecho, y luego el francés se fue quedando dormido entre sus brazos. Había sido demasiado, el cansancio y lo recién vivido, hicieron que el menor se entregara por completo al sueño.
***
Habían pasado dos semanas y cada día, Hyoga elegía algo distinto que hacer, a decir verdad, poco le faltó para sugerirle a Aioros ayudarlo a supervisar a los demás. Si bien al principio se mostraba esquivo, bastaba un par de horas para que la gente se encariñara con él. En el comedor que estaba destinado para los empleados, se le podía ver siempre conversando animadamente e incluso riendo. No importaba cuán cansado estuviese, siempre se daba tiempo para ayudar a quien se lo pidiera.
- No tiene ni una semana aquí... - la voz de Mime sonaba un poco más aguda de lo normal, estaba enfadado, se sentía desplazado. Shun se había alejado de él y ahora se pasaba las tardes con ese insolente jovencito al cual Mime no le encontraba gracia alguna, a su parecer era solo un tipo arrogante, quejumbroso y detestable - y míralo...
- Vale Mime, no te ha hecho nada, y lleva como dos semanas - Syd no pudo evitar sonreír al ver la expresión de incredulidad de su amigo.
- Ahh - gruñó cuando lo corrigieron - No me importa cuánto lleve aquí, já y ¿que no ha hecho nada? ¿Cómo puedes decir eso?... Además... es el hermano de... ese - bajó la mirada.
- ¿De qué hablas?
- Sí... Milo... ya no le interesa verme... antes... antes me mandaba llamar o me mandaba noticias con alguien pero... ya no lo ha hecho... - su voz era casi inaudible por lo que Syd se acercó un poco más - y todo es por culpa del hermano del rubio... de haber sabido para que buscaba el señor Fénix con tanta insistencia al tal Camus... créeme, jamás le hubiera dicho que lo habían encontrado.
- Camus... me suena ese nombre...
- ¿Cómo no te va a sonar hermanito? - era Bud quien había alcanzado a escuchar lo dicho por su hermano. Syd hizo un esfuerzo por recordar dónde había escuchado ese nombre, y una sonrisa se dibujó en su rostro cuando lo consiguió, pero le duró poco al recordar lo que había escuchado unos días antes mientras paseaba.
El nombre de Camus era algo parecido a una leyenda, eran pocos los que lo habrían visto en realidad pero todos decían que era hermoso. Eran incluso menos los que sabían que tenía un hermano, quizá de haberlo sabido, la popularidad de Hyoga se habría incrementado y superado la del francés. Ambos trabajaban para Aiacos, quien los tenía casi esclavizados desde que habían muerto sus padres, y ese era el motivo de que fuesen pocos los testigos de la belleza del joven, sin embargo, habían sido suficientes para crear toda una leyenda a su alrededor.
- ¿Qué pasa? - Syd se había quedado callado y su mirada se posaba en Hyoga, quien se encontraba con Shun.
- Nada... es... es solo que no sabía que tuviera un hermano.
- ¿Hermano?
- Sí, el rubio es hermano de Camus - su voz seguía sonando preocupada.
- Vaya, tampoco lo sabía.
- Ya dejen de verlo con esa cara, no tiene nada de especial, no entiendo que le ven - refunfuñó Mime con fastidio.
- ¿Estás celoso? - dijo Bud juguetonamente entre risas mientras se le acercaba y depositaba húmedo beso en la comisura de sus labios - Acéptalo, me amas como yo a ti.
- Eres un idiota - dijo molesto y se fue, en verdad, a veces no entendía como podía ser tan distinto a Syd.
- Y bien... ¿qué ocurre?
- Ya te dije que nada...
- Vamos Syd...
- Es solo que no creo que Aiacos esté muy contento...
Y tenía razón.
***
- ¿No quieres ir Hyoga? No es ningún problema para Seiya y... yo podría decirle a Ikki que te deje ir si quieres...
- Gracias Shun, pero no creo que tu hermano quiera, además, no quiero causarte ningún problema con él.
- Pero será divertido Hyoga.
Comenzaban las vacaciones y la familia de Seiya, como cada año, saldría a la playa, quedaba algo lejos, era cierto, pero eran vacaciones y sería la primera vez que invitaba a alguien. Había sido casi un reto convencer a Ikki de que le diera permiso a Shun, si no hubiera sido por la intervención de Shura y Aioros, lo más seguro es que el fénix no habría accedido.
- Por favor...
- Shun... además, si fuera, ¿quién molestaría a Shiryu estos días? Es mi deber hacerlo, por cierto, ¿no sabes a qué le teme o algo así?
- No estoy seguro, ¿para qué quieres saber? - Hyoga solamente sonrió, mientras recordaba como en varias ocasiones, cuando fastidiaba al pelilargo, éste le recordaba lo miedoso que era, claro, como él nunca se quedaba a escuchar a Aioros, por eso decía que era miedoso. Así que ahora el rubio pensaba en demostrarle a Shiryu que no era tan valiente como creía.
A lo lejos, Ikki observaba a ambos jóvenes y se preguntaba de qué hablarían, no podía negar que sentía cierta envidia de su pequeño hermano, a decir verdad, sentía algo de envidia de casi todos, porque, Hyoga era tan amable con todos, con todos menos con él, a quien parecía odiar y eso lo hacía sentir mal, así que cada vez que el rubio le contestaba con esa expresión arrogante, Ikki terminaba gritándole o haciendo comentarios que lo hacían sentir mal, el rubio jamás demostraba si algo lo lastimaba, o al menos, no lo demostraba delante de él. Y era una especie de círculo vicioso, en el que la antipatía del rubio por Ikki no hacía más que incrementarse y éste a su vez, deseaba tener a Hyoga bajo su cuerpo, a su merced.
- Está bien, entremos, todavía no termino de empacar.
- Claro - la sonrisa de Hyoga se desvaneció en cuanto vio que Ikki los observaba desde la ventana.
Horas más tarde, Shun se despedía de todos y le dio un efusivo abrazo a Hyoga, mientras le decía en voz baja "su cabello", luego se separó de él ante la mirada fría y algo molesta de Ikki.
***
Amarró sus muñecas con fuerza a la cabecera de la cama, fascinado con el quejido emitido. Finalmente, lo tenía como había querido, desnudo y expuesto delante de si. Sonrojado y deseable. Se quitó la ropa que tanto le estorbaba y se acercó. Hasta ese día, no había tenido oportunidad de hacerlo suyo, ya fuera porque tenía asuntos que arreglar o porque se sentía mal de ver esa expresión de angustia en el acuariano. Aunque eso no significaba que no se hubiera deleitado más de una vez masturbándolo, porque lo cautivaba observar el rostro de Camus mientras lo tocaba.
Bajó una de sus manos y comenzó a acariciarlo, despertando su miembro mientras con la otra pellizcaba las tetillas que se iban endureciendo tomando un ligero tono carmín. Saboreaba esa boca tan deseable que se resistía a darle paso a su ávida lengua, pero pronto se dejó llevar por esas caricias y comenzó a olvidarse de la incomodidad de sentirse atado. La boca de Milo abandonó la suya para ir bajando por el cuello hasta su abdomen, deseaba que continuara, pero también temía lo que pudiera seguir puesto que no podría hacer nada para evitarlo y eso era algo que Milo sabía.
Comenzó con suaves besos en la humedecida punta, los gemidos de Camus se hicieron incontenibles en cuanto posó su cálida lengua y comenzó a restregarla, jamás había hecho eso, siempre eran sus múltiples amantes los que se encargaban del sexo oral. Y ahí estaba, dejando su propia satisfacción de lado con tal de ver aquel bello rostro que reflejaba el placer que sentía. Introdujo todo el miembro del francés a su boca, succionaba, mordisqueaba levemente incrementando las sensaciones del menor. Con una mano masajeaba sus testículos y con la otra torturaba sus tetillas.
Lo estaba disfrutando, sentía esas manos apoderarse de zonas tan sensibles y esa boca haciendo maravillas con él. Pronto comenzó a elevar un poco sus caderas, embistiendo al mismo tiempo que separaba un poco más las piernas, cosa que Milo aprovechó para ubicar su entrada. Parecía tan estrecha que su propio miembro palpitó al imaginarse dentro de él. Así que comenzó a introducir con cierta dificultad uno de sus dedos. Camus abrió los ojos y dejó de moverse, dioses, iba a pasar, estaba a punto de ser penetrado y sentiría aquel dolor que sintió con Minos, una serie de recuerdos llegaron hasta él y comenzó a sentirse mal, no quería que siguiera, tenía miedo, pero el girego no sabía nada de esto y consiguiendo que el de acuario eyaculara en su boca, siguió jugando con esa estrecha cavidad en la que pronto se adentraría.
- ¿Te gustó? - preguntó Milo sin saber que esa simple pregunta desencadenaría muchas cosas, porque eso era lo que le había preguntado Minos aquel día y comenzó a sentir asco por si mismo y por Milo quien se encontraba sobre él - ¿Qué sucede Camus? - el francés no respondió, incluso ladeó su cabeza para no tener que verlo, cosa que molestó un poco a Milo quien introdujo un segundo dedo mientras subía para ver mejor a Camus - Vamos, te gustará... - apoyó la punta de su miembro y comenzó a empujar suavemente, el joven comenzó a negar con la cabeza mientras intentaba liberar sus manos.
- Noo... por favor... no... Minos... - Y el tiempo se detuvo, Milo dejó de entrar en él y lo observó furioso. No es que Camus hubiera estado consciente de que había pronunciado otro nombre, no es que hubiera querido decirlo, tan solo lo había dicho. Pero para Milo no significaba eso, se preguntaba quien demonios era Minos y por qué había pronunciado ese nombre - por favor... - musitó débilmente.
Se preguntó si estaría recordando a algún amante y por eso no quería hacerlo con él. No había otra explicación, pero quiso darle el beneficio de la duda aunque su paciencia no daba para mucho.
- ¿Quién es Minos? - Su voz no era su voz, no sonaba como Milo, Camus guardó silencio, no quería recordarlo pero no podía evitarlo, las lágrimas se acumularon en esos bellos ojos y fueron malinterpretadas. Pensó que el francés lloraba al recordarlo, y una especie de furia incontrolable creció en su interior, terminó de penetrar a Camus de una embestida, sin darle oportunidad a que se acostumbrara, quería marcarlo, que no pensara en nadie más que en él.
El frances sintió como si su cuerpo se rompiera, por un lado, estaba Milo destrozándolo y las ataduras en sus manos que lo mantenían en una incómoda posición comenzaban a lastimarlo, ahora estaba claro, sabía que no sería diferente a como había sido con Minos, todo sería igual y de cierta forma, no se sentía sorprendido ante tal descubrimiento.
Milo estaba cegado, no le importaba lastimarlo, de hecho, sentía cierto placer al ver ese rostro presa del dolor. Se sentía estafado, porque había hecho un trato con Ikki, y un joven que pensara en alguien más mientras estaba con él no era lo que estaba en ese acuerdo. Descargó su furia en el cuerpo bajo si y no le importaba, así como tampoco le importó ver las lágrimas correr por sus mejillas ni escuchar la respiración entrecortada de Camus, producto del llanto y el dolor. Finalmente acabó dentro de él, y por primera vez, escuchó el llanto de Camus, o al menos, por primera vez le puso atención, y no supo que sentir.
- Cállate - fue lo único que pudo decir, se sentía culpable, era cierto, pero al mismo tiempo sentía que no podía haber actuado de otra forma.
Se puso de pie y se alejó.
- Espere... - Milo no se detuvo, sabía que Camus le pediría que lo desatara, pero eso, era algo que no haría, apagó la luz y cerró la puerta.
***
Como las noches anteriores, Hyoga se encontraba recostado al lado de Shiryu, quien leía un libro, aunque más que leer, estaba cabeceando al sentir los dedos de Hyoga jugando con su cabello.
- Sabes Shiryu.
- Dime.
- Yo podría cortar tu cabello.
El pelilargo abrió los ojos lo más que pudo y se giró cayendo al suelo estrepitosamente. Hyoga aguantó todo lo que podía la risa, pero fracasó, la expresión de su amigo, mezcla de terror e incredulidad era muy graciosa.
- ¿Ves?, no eres tan valiente, al menos yo le temo a cosas que en verdad dan miedo - dijo entre risas mientras se daba la vuelta y se disponía a dormir. Por su parte, el dragón tomaba las tijeras que estaban en el cajón y las escondió. Bien, tenía que aceptarlo, su amigo podía causarle miedo. Se recostó a su lado mientras se imaginaba como le cortaría el cabello, si es que por demencia momentánea se dejaba, no pudo evitar sonreír. Finalmente se fue quedando dormido, ahora era él quien abrazaba a Hyoga.
Ninguno de los dos notó que Mime se había asomado al escuchar las risas de ambos.
***
No podía más, había estado toda la tarde pensando en cómo saber de Milo, quizá si fuera a buscarlo, pero ¿cuándo? No podía abandonar su trabajo... aunque... nunca le había pedido nada a Ikki. Así que juntando todo el valor que tenía, se dirigió al salón donde se encontraba su jefe.
Le costaba demasiado hablar. Pero el recordar a Milo, hizo que articulara las palabras que se negaban a salir. Para su sorpresa, o su jefe andaba de buenas o definitivamente no era su jefe puesto que aceptó después de un prolongado silencio que a Mime le pareció una eternidad.
- Gracias - dijo bajando la cabeza.
- No hay de qué, puedes retirarte - definitivamente algo pasaba, estaba demasiado tranquilo para ser Ikki.
Partiría mañana a primera hora. Fue a su habitación a empacar algo de ropa.
Una vez que salió Mime de la habitación, Ikki retomó sus pensamientos, se imaginaba a ese condenado rubio pidiéndole que lo hiciera suyo, por un instante sintió la extraña necesidad de verlo, quizá entraría a su cuarto y ya vería como ganárselo, pero ese joven tenía que ser suyo. Así que minutos más tarde entraba sigilosamente al cuarto donde dormía Hyoga, pero éste estaba vacío, no pudo ocultar su sorpresa al no verlo. Se preguntaba en dónde estaría a esas horas. Al salir, se topó con Mime quien fingió inmediatamente no haberlo visto, pero fue imposible puesto que Ikki lo detuvo.
- ¿Sabes donde está el rubio? - Seguía sin decirle por su nombre.
- Eh... debería estar en su habitación.
- Pues no está...
- Puede que Shiryu sepa, son muy amigos - lo dijo con tanta naturalidad que cualquiera hubiera creído que sus intenciones eran ayudar a su jefe, quien sin decir más, se acercó a la puerta de al lado, no estaba cerrada, y lo que encontró no le causó mucha gracia.
Ahí estaba ese rubio al que tanto deseaba, siendo abrazado por Shiryu quien apoyaba su cabeza en la espalda de Hyoga. Ikki cerró sus puños y se alejó, no quería ver esa escena.
¿Cuánto tiempo llevan durmiendo juntos? - pensaba malhumorado mientras arrojaba lo que se encontraba a su paso en su habitación - tengo que hacer algo - y una sonrisa se formó en su rostro mientras pensaba en cómo llevaría a cabo sus planes.
Continuará ....
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