jueves, 3 de enero de 2013

Capítulo 3: El trato - Febrero 26,2007

Capítulo 3: El trato 



Se puso de pie cuando escuchó que alguien intentaba abrir la puerta. Era Ikki.



                     - ¿Cómo te llamas?



Silencio.



                     - Parece que tu... hermano, tu amante o lo que sea, era igual que tú.



Camus abrió sus hermosos ojos incrédulo.



                     - ¿Era...?



Ikki sonrió.



                     - ¿Cómo te llamas? - insistió. 


                     - ¿Qué... qué le hiciste?


                     - Mira niñato, no tengo tu tiempo, así que ¡contesta!



Silencio nuevamente, Camus lo observaba de una forma muy parecida a la de Hyoga, y al igual que el rubio, lo exasperaba. Lo obligó a mantenerse en pie, acercándolo a su cuerpo, pero el más joven mantenía ese porte serio y arrogante. Si algo no tenía Ikki, era paciencia y sin más, lo golpeó haciendo que cayera al suelo pesadamente. Camus no dejó que eso lo amedrentara, y sonrió de manera cínica. Pensar que en ese joven arrogante se encontraba el futuro de su pequeño hermano, hacía que la sangre de Ikki hirviera con furia, así que comenzó a patearlo con violencia, Camus se protegía como podía, pero lo cierto era que Ikki era mucho más fuerte que él y no le daba oportunidad de alejarse en lo más mínimo.



                     - ¡¿Vas a contestar ahora?!



Un adolorido Camus levantó su mano derecha, pidiendo que se detuviera, su respiración era pausada, Ikki esperó una respuesta que jamás llegó. Lo tomó del largo cabello añil y golpeó su rostro, por alguna razón, Camus se empeñaba en quedarse callado, había algo en ese sujeto que ahora lo golpeaba, que hacía que guardara esa información como el más importante secreto. Pronto se daría cuenta de que lo que sentía tenía algo de cierto. El dolor se hacía más fuerte, hasta que dejó de sentirlo.



                     - ¡Ikki! ¿qué estás haciendo?



La voz firme de Shura lo hizo volver a la realidad y vio el rostro ensangrentado de Camus. Retrocedió ante aquella visión, en ocasiones tan solo no podía controlar su ira, y tardó unos segundos en recuperar su frialdad mientras observaba como Shura se acercaba al maltrecho francés.



                     - Déjame hablar con él - dijo Shura decepcionado del Fénix.



Ikki salió sin decir nada, a medio camino se encontró con uno de los jóvenes que ayudaba en la gran hacienda, su nombre era Shiryu.



                     - Shiryu, prepara dos bandejas con el almuerzo - el joven lo miró con curiosidad. 


                     - Si señor - empezaba a alejarse cuando escuchó de nuevo la voz de su jefe. 


                     - Ah, antes de eso, lleva algunas cosas del botiquín al cuarto de servicio que está al lado del de Mime, ya sabes, gasas, alcohol, esas cosas - parecía despreocupado, pero lo cierto era que necesitaba pensar en si estaba haciendo lo correcto. 


                     - Claro señor - se alejó a cumplir con lo que le habían ordenado mientras Ikki salía a la terraza esperando despejar su mente.



***



El silencio que había permanecido durante minutos fue interrumpido por el de capricornio. 



                     - Ikki es un bruto a veces - se sentó al lado de Camus, que ahora estaba en la cama, pero éste ni siquiera se dignó a verlo - Y... el rubio, ¿es tu hermano?



Camus lo observó con algo de esperanza.



                     - Si, ¿cómo está?



Shura tomó aire, iba a responderle cuando alguien tocó la puerta.



                     - Adelante. 


                     - El señor me pidió que... - Shiryu se quedó mudo al ver al hermoso joven con el rostro lleno de heridas - que... que le trajera esto. 


                     - Gracias Shiryu - se acercó al pelilargo ya que éste se había quedado en el marco de la puerta y tomó las cosas que llevaba en sus manos - puedes retirarte.


                     - ¿Necesita algo más?


                     - No, gracias - intentó sonreír para calmar al menor y cerró la puerta para acercarse de nuevo a Camus, se arrodilló frente a él y comenzó a curar cada una de las heridas hechas por el furioso fénix.


                     - Ahh - se quejó al mismo tiempo que se alejaba instintivamente de Shura.


                     - Disculpa - Camus se sentía aturdido, no sabía si debía confiar en quien curaba sus heridas. 


                     - ¿Cómo está Hyoga? - tomó una de las manos de Shura, esperando que se apiadara de él.



No sabía que le sorprendía más, el cálido contacto de Camus o el saber su nombre. Así que el nombre del rubio es Hyoga - pensó Shura. 



                     - No te preocupes, el rubio está bien... ¿Camus?



Camus lo miró extrañado.



                     - ¿Cómo lo...?


                     - ¿Tu nombre es Camus?


                     - Sí.


                     - Ellos tenían razón - sonrió - tienes un rostro hermoso - terminó de decir con tristeza.



Camus se sonrojó un poco, pero la forma en que hablaba Shura lo inquietaba. Sabía que había algo más.



Más tarde, después de que el mismo Shura le llevara el desayuno, cayó en un profundo sueño.



***



                     - Shun ya tiene 16 años Ikki, ya sabes a lo que me refiero - dijo Milo sonriendo. 


                     - Aún es muy joven - respondió Ikki tranquilamente.


                     - No quiero presionarte pero... un acuerdo es un acuerdo - se puso de pie y se acercó al enorme librero que ocupaba la mayor parte del estudio - y... sabes bien lo que pasaría si no lo cumples.


                     - Eso fue un acuerdo entre nuestros padres, pero tengo algo que proponerte - Milo entrecerró los ojos mientras tomaba asiento delante de Ikki. 


                     - ¿Ah si?


                     - ¿Has escuchado hablar de un joven, de nombre Camus?



Milo sonrió, ahora sí que se interesaba en lo que Ikki pudiera decir. 



***



Eran casi las 5 de la tarde cuando se encontró con un preocupado Shiryu.



                     - ¿Qué sucede? - preguntó Ikki al ver al pelilargo caminando de un lado a otro delante de la puerta donde se encontraba Hyoga.


                     - Eh... es el joven que está en la habitación... - Ikki puso cara de fastidio. 


                     - ¿Qué hizo? - la verdad era que había sentido un gran alivio cuando Shura le dijo que el joven al que había golpeado en la mañana era el tan famoso Camus. Y luego el resto del día se sintió culpable.


                     - Pues, le dejé la bandeja con el almuerzo como me lo pidió y, no comió nada, se le ve triste - dijo preocupado - puede que esté enfermo.


                     - No, no está enfermo. Y es su problema si no quiere comer. Ya tendrá hambre y entonces rogará por una pequeña ración de comida. Continua con tus labores Shiryu - el joven se retiró sin quitar esa expresión de preocupación que lo embargaba. 



***



                     - Entonces ¿qué pasó? - preguntó curioso Shun. 


                     - Pues... nadie lo sabe - dijo Aioros tranquilamente mientras seguía cepillando a los caballos - esa fue la carta que dejó... no pudo concluirla porque cayó muerto... todo parece indicar que...


                     - Aioros - interrumpió Shura.



Shun dejó escapar un gritito y se sobresaltó, mostrándose muy asustado. Shura sonrió mientras negaba con la cabeza.



                     - Otra vez le estás contando historias extrañas ¿eh?



Aioros le devolvió la sonrisa mientras Shura se acercaba y acariciaba la cabeza de Shun.



                     - Sabes que Ikki te mataría si se entera que tú eres el culpable de que cierto jovencito tenga pesadillas y le pida dormir en su habitación - dijo mientras miraba a Shun. 


                     - Yo le pedí que lo hiciera, por favor no le digas a mi hermano. 


                     - No te preocupes. ¿Ya terminaste tus deberes? 


                     - Sí, no tenía mucha tarea - bajó la cabeza.



Aioros le dirigió una mirada a Shura quien de inmediato comprendió la situación. Había sido difícil la vida de Shun, era cierto que era un joven amigable, pero también era cierto que todos en su clase, (porque le había rogado a Ikki durante meses no seguir con maestros particulares), lo miraban ya fuera despectivamente o con temor. Era bien conocida la reputación de su hermano, se decía que era despiadado y cruel. Un día de tantos, el peliverde escuchó como se expresaban sus compañeros de Ikki, le dolía tanto escucharlos que el regreso a casa lo hizo en completo silencio, incluso cuando llegó se negó a hablar. Pero aún así, no quería regresar a las aburridas clases particulares, le gustaban convivir con la gente aunque a veces se sentía muy rechazado. 



                     - Bueno, iré a ver a mi hermano - dijo sonriendo - ¿Me terminarás de contar la historia más tarde?


                     - Claro.



En cuanto Shun salió, Aioros se le acercó a Shura.



                     - ¿Sucede algo?


                     - No, bueno, me temo que no falta mucho para tener noticias de Aiacos... lo que hizo Ikki... fue demasiado imprudente, fue... demasiado egoísta - la expresión de Shura decía más que sus palabras, pero Aioros no encontraba la forma de acercársele - hoy... hoy se irá Milo - Aioros asintió en señal de que lo estaba escuchando - Y ese hermoso joven se irá con él- terminó de decir abatido, el semblante de Aioros cambió, no pudo evitar sentir una punzada de algo que no sabía que era.


***



Milo sonrió satisfecho mientras observaba aquel cuerpo delgado enfrente de si, estaba herido, pero verlo en ese estado, tan débil parecía aumentar su deseo hacia él.



                     - Así que eres Camus... - esperaba que el menor dijera algo, pero no lo hizo - Já, ¿qué?, ¿no hablas? - levantó el rostro del joven para verlo mejor - buena caza Ikki.



Camus temblaba ante la mirada violenta de Milo, pensaba que lo que le esperaba no era nada bueno y probablemente tendría razón.



                     - ¿No iré a tener problemas con su antiguo dueño?



¿Dueño? - Pensó algo alterado Camus mientras retrocedía un poco ante la mirada de molestia de Milo.



                     - No te preocupes. Entonces... ¿es un trato?



Milo acercó al joven que forcejeaba débilmente y sonrió.



                     - Claro, siempre me ha gustado domesticarlos.


***



Después de varios intentos, consiguió que aquel bello rubio comiera algo, eso fue lo que le informó alegremente Shiryu en cuanto Ikki entró a su estudio. Aún no sabía que haría con él. Tal vez lo visitaría algunas noches, y sonrió ante ese pensamiento. Por el momento, tenía que arreglar unos papeles, ya mañana buscaría que uso darle a Hyoga. Hyoga, ese era el nombre que le había dicho Shura. Más tarde, ese mismo día, Milo abandonaba el hacendado con un nuevo "entretenimiento", dejando a Mime algo triste y a un capricornio un poco preocupado.



Continuará...

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