Capítulo 2: Separación.
- Espera Ikki, ¿estás seguro de querer hacerlo? Piénsalo... - Shura tomó al fénix del brazo intentando que recapacitara.
- No hay nada que pensar.
***
Bajó un poco adormilado, se encontraba sediento y decidió ir por agua, estaba por llegar cuando unos leves gemidos que provenían de la estancia lo paralizaron. Quería alejarse, quería regresar a su habitación y pensar que no había escuchado nada, pero su curiosidad era demasiada y comenzaba a sentir cierta excitación.
- Ahh... así.
- ¿Te gusta?
Lo que vio no era lo que esperaba, aunque no sabía exactamente qué estaba esperando, aferrado al definido cuerpo de Milo, se encontraba Mime. Era embestido con violencia mientras el escorpión besaba su cuello con desesperación, el joven se veía notablemente sonrojado, una de sus manos rasguñaba la espalda del peliazul mientras la otra intentaba buscar algo de apoyo en el sillón sobre el que se encontraba, mordió el lóbulo de la oreja de Milo y comenzó a rodear con sus piernas el cuerpo del mayor. Shun se encontraba absorto en aquella visión, le daba pena aceptar que se sentía excitado, parecía que Mime lo estaba disfrutando. Fue entonces que lo recordó...
***
- Escucha Ikki, sé que lo haces por tu hermano, pero ese joven...
- Camus - observaba aquella gran casa pensando en dónde se encontraría el cuarto del joven al que buscaba.
- Bien - Shura movió la cabeza intentando comprender a Ikki - Camus, él... él debe ser apenas dos o tres años mayor que Shun, ¿no crees que es injusto?
- Shun es mi hermano... es lo único que tengo...
- Pero...
- No lo digas Shura, mejor no lo digas...
***
Recordó las palabras de su hermano antes de partir, le pedía que no se acercara a Milo, que de ser posible no saliera de su habitación hasta que él regresara, y que en caso de necesitar algo se lo pidiera a Aioros. Shun no quiso cuestionar al fénix, sabía de antemano a lo que le temía, no solo porque siempre había sido algo sobre protector sino porque conocía a Milo.
- ¿Shun? - el peliverde se sobresaltó y vio como el escorpión soltaba de Mime para dirigirse hacia él.
- Yo... lo siento - se sonrojó violentamente al estar frente a un desnudo Milo, sin embargo, no pudo evitar dirigir su mirada hacia la entrepierna del peliazul.
- ¿Quieres tocarme? - preguntó con morbo.
Shun no podía estar más apenado, así que sin decir palabra salió rumbo a su habitación.
- ¿Cree que... le diga al señor Ikki?
- No me hables de usted, ya te lo he dicho... y por Ikki no te preocupes, eso lo tengo arreglado.
- Pero es que si se entera...
Milo besó a Mime mordiendo su labio inferior mientras lo aprisionaba contra el sillón.
- Será mejor que continuemos en mi habitación - dijo Milo.
***
Shura tenía sus dudas, pero Ikki más que su jefe era su amigo y a pesar de todo, pensaba apoyarlo.
- Ven, creo que ya sé en donde está - dijo Ikki con seguridad.
Se acercaron lentamente, ocultándose tras los árboles que se encontraban a su paso. Había dos jóvenes, al parecer estaban haciendo guardia o algo por el estilo, pero eso no fue ningún problema para el de capricornio, ya que un golpe certero fue suficiente para dejarlos en el suelo semiinconscientes, sin darles oportunidad siquiera de alertar a los demás. Mientras tanto, el Fénix se acercaba a una construcción que estaba al lado del inmueble principal, era pequeña, a lo mucho habrían unos tres cuartos muy sencillos. Después de unos minutos, un agitado Shura alcanzó a Ikki quien después de irrumpir en cada uno de los cuartos logró dar con lo que buscaba.
- ¿Qué sucede?
- Shh...
***
Hyoga se removió entre los brazos de Camus y hubiera seguido dormido de no ser porque sintió que alguien respiraba a su espalda. Giró su rostro lentamente temiendo encontrarse con Aiacos, y abrió sus hermosos cielos sobremanera al toparse con la mirada de un desconocido. Iba a emitir algún sonido cuando sintió que tapaban su boca y después fue bruscamente separado de Camus. El francés despertó sin entender lo que sucedía a su alrededor.
- ¿Qué sucede?, ¿quiénes son ustedes? - Se puso de pie y empujó a Shura. Ikki sonrió, pensando que ninguno de los jóvenes tendría oportunidad al enfrentarse a cualquiera de ellos dos.
El fénix mantuvo una de sus manos en la boca de Hyoga dificultando su respiración mientras que con la otra lo mantenía inmóvil. Hizo una señal con la cabeza, y Shura entendió lo que debía hacer, evitando algunos de los golpes que propinaba Camus, logró acercarse lo suficiente para colocar un pañuelo con cloroformo dejándolo inconsciente ante la mirada aterrorizada de Hyoga, quien segundos después, pasaba por el mismo proceso empleado con su hermano.
- ¿Quién de ellos es Camus? - preguntó Shura ansioso mientras se dirigían a la propiedad de Ikki.
- Eso no importa - No se había tomado la molestia de observar a ninguno de los jóvenes, sabía que al menos uno de ellos era hermoso y que por eso su nombre era conocido, pero le daba miedo observarlos y darse cuenta de que eran ciertos los rumores.
Ikki subió con Hyoga en brazos, el rubio se acurrucó en él y el fénix no pudo evitar bajar la mirada. Lo depositó en la cama y se quedó observándolo unos minutos, hasta que el rubio comenzó a despertar, entrecerró los ojos intentando enfocar algún punto, pero la oscuridad no le permitía ver nada.
- Duerme - ordenó.
- ¿Quién eres? - Ikki no respondió, se sentía cansado e irritado, Hyoga se puso de pie y se dirigió a la única sombra que alcazaba a distinguir, lo jaló del brazo en busca de una respuesta - ¿Dónde está mi hermano? - el silencio del fénix exasperaba al rubio - ¡Contesta maldita sea! - la actitud del ruso le parecía interesante, podía notar la respiración entrecortada del joven, seguramente se estaba muriendo de miedo.
- Duerme, no pienso volver a decírtelo - y le dio la espalda a Hyoga quien enfadado lo encaró.
- ¡Espera!, ¿qué le hiciste a mi hermano? ¿Dónde está?
- No tengo por qué responder a tus preguntas - se disponía a salir cuando lo escuchó.
- ¿Así es como actúas? ¿Escondiéndote entre las sombras como un cobarde de mierda? ¿Por qué no...?
Ikki regresó sobre sus paso y tomó de la barbilla a Hyoga haciendo que éste levantara el rostro.
- Escucha niñato, aquí el que manda soy yo, harás lo que te diga, cuando y como te diga. No harás preguntas si no quieres que te vaya mal y créeme, puedo hacer de tu vida un infierno.
Ahora estaba satisfecho, sentía al joven indefenso, y casi podría decir que hubo un ligero temblor en el delgado cuerpo del rubio.
- Jódete- arrastró esa palabra con todo el odio del que era capaz de sentir - No pienso hacer nada de lo que digas.
Ikki enfadado, lo empujó contra la pared tomándolo por los hombros y elevándolo un poco.
- ¿Qué parte no entendiste? Ya no tienes a nadie, vete acostumbrando a ello, y más te vale que cambies esa actitud, no te ayudará en nada.
El escuchar que ya no tenía a nadie hizo que el mundo de Hyoga se derrumbara, dejó de retar a Ikki con la mirada para perderse en sus pensamientos.
- Creo que comienzas a entender - lo soltó y el rubio resbaló hasta el piso tratando de impedir que las lágrimas salieran.
Así será más fácil - pensaba Ikki, mientras salía de la habitación para dejar a un contrariado Hyoga que escuchaba como cerraban la puerta desde fuera.
Continuará....
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