Capítulo 2: Venganza
Miró el reloj por cuarta vez.
3:17 a.m.
Se movió despacio, intentando no despertar a Aioria quien había insistido en quedarse a dormir en el sexto templo. Le habría gustado decirle que quería estar solo, que necesitaba juntar el valor necesario para confesarle lo que estaba pasando, pero el tierno abrazo del castaño y el cansancio bajo el que se encontraba era demasiado, así que esperó pacientemente hasta que el de Leo se quedó dormido, y salió de su templo rumbo al de Acuario.
- Camus – musitó sintiéndose algo culpable por irrumpir de esa forma en la habitación del francés, pero no le había quedado otra opción, no quería regresar a su templo, no deseaba percibir el aroma de Aioria impregnando sus sábanas, ni tampoco sentir las eventuales e inconscientes caricias de las que era presa - ¿puedo dormir contigo hoy?
- ... –
respiró profundamente mientras abría los ojos – Hey... claro – no era la
primera vez que hacía algo así, por lo que no se sorprendió al encontrarlo en
su habitación en plena madrugada. Apartó un poco las sábanas dándole espacio
para que se acostara a su lado - ¿quieres una manta? – preguntó sabiendo que su
templo era algo frío.
- No,
gracias, estoy bien.
-
Entonces, buenas noches – sin pensarlo besó ligeramente los labios de Shaka,
fue una acción de la que no se percató hasta que se topó con los celestes ojos
del rubio observándolo con sorpresa – ahh... lo siento, es que... no sé,
disculpa, estoy... algo adormilado, no sé bien lo que hago – el rostro de Camus
se tiñó adorablemente – lo lamento – terminó diciendo en voz muy baja.
- No te
preocupes.
Conocía a Camus tanto como para saber que en ocasiones hablaba dormido o se despertaba sin recordar nada del día anterior, pero eso no impidió que se sorprendiera y que también se sonrojara con ese beso, que por cierto, no le había parecido nada desagradable.
- Shaka.
- ¿Mm?
-
¿Puedo preguntarte algo?
- Sí –
era evidente que estaba más dormido que despierto, ese era el efecto somnífero
y analgésico de Camus.
- ¿Te
peleaste con Aioria de nuevo?
- No,
bueno ayer discutimos pero ya estamos bien – Camus asintió como si comprendiera
lo que sucedía en la relación del rubio, pero a decir verdad seguía sin
entender cómo era que se lastimaban de esa forma.
- Si te hace algo... – inició su discurso pero no supo cómo continuarlo – Shaka, si te hace algo, te prometo que lo golpearé – el rubio sonrió.
- ¿Tienes que ser tan dramático?
- Já, aquí
es donde se supone que me agradeces para después abrazarme y quedarnos
dormidos, ¿por qué tienes que arruinar mi momento?
- Se te está pegando lo cursi de Milo – siguió burlándose, se burlaba porque de no hacerlo habría terminado haciendo lo que Camus esperaba que hiciera, y si lo abrazaba, sabía que no lo dejaría ir.
- ¡No
soy cursi! – dijo realmente indignado – soy... – pensó en miles de palabras
pero se sintió algo frustrado cuando se dio cuenta de que en verdad había sido
cursi.
- ¿Considerado?
– lo ayudó Shaka, sabía que Camus no pensaba con coherencia cuando acababa de
despertar.
- ¡No necesito tu ayuda! Además tampoco soy dramático, tú eres el dramático... – Shaka arqueó una de sus hermosas cejas – y ya, ¡duérmete! – se colocó de espaldas al rubio – pero lo que dije es cierto.
- Lo sé.
***
- ¿No crees que ya pasaste mucho tiempo con él? – la indignación de Minos era evidente.
- ¿Estás celoso?
- No
seas idiota Radamanthys. ¿Estás enamorado del niñato ese?
- Claro
que no, ¿con quién crees que estás hablando?
El motivo de la indignación de Minos era simple, siempre lo había sido, no tener lo que quería. Lo primero que les llamó la atención cuando llegaron al santuario fue esa rubia cabellera que se movía ligera y suavemente con el viento. Elegir a Shaka como su nueva diversión fue fácil, no solo era el hecho de que fuera hermoso sino que había sido de los más poderosos caballeros de la orden de Athena, y eso les producía cierto morbo a ambos.
- Entonces... ¿cuándo me dejarás estar con él?
- ... pronto – dijo sin muchas ganas, si por él fuera, no compartiría a Shaka con nadie, pero esa era la metodología, Minos y él compartían todo.
***
- ¿Hasta cuándo se quedarán? – preguntó molesto el de capricornio mientras secaba su cabello con una toalla.
-
¿Tanto te molesta que yo esté aquí? – bromeó Aioros.
El arquero había sido el único que ofreció su templo de buena gana, no era que estuviera muy complacido con la visita pero al menos tenía la paciencia y la civilización necesaria para seguir siendo cortés, esa era una de las tantas cosas que Shura amaba de él.
- No, no es eso – se acercó para abrazar a su hermoso arquero – me encanta que estés aquí – tomó su rostro y lo acercó para poder degustar esos labios deliciosamente adictivos.
- Shion
no quiere ser descortés ahora que las cosas están bien, así que la verdad no sé
hasta cuándo se vayan.
Aioros era de los más cercanos al patriarca, casi tan cercano como Mu, así que por eso era él quien estaba al tanto de todo lo que ocurría con los tres jueces.
***
A pesar de la supuesta reconciliación con Aioria, Shaka siguió algo alejado, y es que, ¿cómo estar con el león cuando tenía que satisfacer al juez? Era imposible, Radamanthys lo cansaba tanto que lo último que deseaba Shaka al final del día era el contacto físico.
- Rada... – dijo cuando su respiración se calmó un poco.
Wyvern continuó entre sus piernas sin querer moverse. De haber sido por él, se habría quedado dormido en aquella posición, pero sabía que de un momento a otro Shaka le exigiría que lo librara de su peso.
- Radamanthys... – insistió el rubio nuevamente.
- ¿Mm?
– fingió estar adormilado.
-
¿Podrías moverte un poco?
Se sorprendió que el mayor se hiciera a un lado sin darle pelea como solía hacer siempre.
- Me daré una ducha – apenas puso los pies en la suave alfombra y sintió un fuerte tirón que lo dejó de nuevo sobre la cama.
- No lo harás – tomó las muñecas de Shaka y se colocó parcialmente sobre él.
Había algo extraño en sus voces, algo que los molestaba a ambos y que quizá de manera inconsciente los ponía a la defensiva. Puede que haya sido el tono impregnado de desprecio y cansancio que Shaka había utilizado lo que fastidió a Radamanthys. Y era la prepotencia y la autoridad en la voz del inglés lo que el rubio realmente aborrecía, y así comenzaba la discusión acerca del poder que ejercían uno sobre el otro.
- Rada... quítate – era una advertencia.
- No
debería importarte.
- ¿Qué?
¿De qué demonios hablas?
-
Quédate así – había un gran sentido de posesión implícito en ese acto, como si
de esa forma pudiera marcar al de virgo y reclamarlo como suyo, una de las
reglas que puso Shaka fue que el juez debía utilizar preservativos, sin
excepción, pero pronto esa condición quedó en el olvido.
- Pero estoy
– hizo una mueca de disgusto – ... sucio – no encontró otra palabra mejor para
describir lo incómodo que era sentir el semen resbalar con lentitud entre sus
muslos.
El aroma del inglés impregnando cada centímetro de su nívea piel, saturando los poros con su propia alma. Era demasiada la culpa, tanta la decepción de sí mismo que ahora se iba convirtiendo en rencor.
- ¿Quieres que te ayude a limpiarte? – preguntó burlonamente mientras lamía con lascivia la cercanía de sus labios. El rubio lo empujó de inmediato.
- ¡No! Lo
único que quiero es ducharme, no eres tú el que... – no sabía cómo continuar –
ahh – suspiró – olvídalo... me aburres - se puso de pie rumbo al cuarto de
baño, sabía que discutir con Radamanthys no lo llevaría a ningún lado y se
estaba cansando de ello.
- ¡No
puedes decir eso! – gritó conteniendo el deseo de ir por él y hacerlo
retractarse.
¿Aburrido? ¿Cómo puede decir que soy aburrido cuando soy yo el que hace todo? – pensó, al parecer había tomado muy en serio las últimas palabras del rubio, ningún amante se había quejado de él, peor aún, ninguno lo había desobedecido. Se puso de pie y entreabrió la puerta lo más despacio que pudo, la visión era simplemente sublime, el agua recorriendo el cuerpo de Shaka, mojando su cabello el cual comenzaba a pegarse a su espalda, mantenía los ojos cerrados y sus manos recorrían su cuerpo quitando el exceso de jabón.
Hubo un enfrentamiento interno, por un lado sintió algo que no había sentido antes, algo que ni sabía que se podía sentir, odiaba el cansancio tanto físico como emocional de Shaka, sentía una extraña frustración al saber que el de virgo solamente estaba con él porque lo estaba obligando, que cada vez que estaban juntos quizá pensaba en alguien más para evadirlo y que jamás le pertenecería. Pero por otra parte se sentía molesto, molesto de que una sola persona pudiera despertar tantas cosas en él, molesto de ser rechazado y de no poder hacer nada para que las cosas cambiaran. El sonido en la puerta lo distrajo de sus pensamientos, no se sorprendió de encontrarse con Minos, y una idea cruzó por su mente.
Cuando Shaka finalmente regresó a la habitación vio con alivio que no se encontraba Radamanthys, pensó en salir del noveno templo pero estaba demasiado agotado como para hacer cualquier movimiento, se recostó un momento y su consciencia comenzó a nublarse hasta que sintió que sus manos eran tomadas con violencia, abrió los ojos para encontrarse con la imponente figura de Minos.
-
¿QUÉ... – no pudo seguir hablando porque una mano cubrió su boca.
- Será
mejor que guardes silencio.
Shaka intentó librarse de Minos pero éste era demasiado fuerte. Finalmente, después de un par de intentos consiguió empujarlo dejándolo en el suelo y se dirigió hacia la puerta, no alcanzó a dar ni cinco pasos cuando sintió como el juez tomaba uno de sus tobillos y lo arrastraba al suelo junto con él.
- Te
estás portando mal... muy mal – dijo burlonamente mientras golpeaba el abdomen
del rubio una y otra vez para dejarlo inmóvil. Hizo un intento de mordaza y la
colocó en la boca del rubio, era una gran ventaja el hecho de que los santos de
Athena hubieran perdido la fuerza que alguna vez los había caracterizado.
Cargó el delgado cuerpo del rubio y lo arrojó sobre la cama, tomó su mano derecha y la amarró junto con su pie derecho, después hizo lo mismo con la otra mano obligándolo de esta forma a permanecer con las piernas muy abiertas, quedando completamente expuesto. Colocó una especie de soga alrededor de su cuello y la amarró a la cabecera de la cama, de esa forma no podría moverse a menos que quisiera morir por asfixia. Shaka lo miraba aterrorizado, sin creer lo que estaba ocurriendo, y por un momento deseó la compañía de Radamanthys. Minos elevó un poco los muslos de Shaka para que quedaran sobre sus hombros, y comenzó a besar su miembro mientras uno de sus dedos palpaba entre sus nalgas en busca de la preciada entrada. A pesar de las caricias de Minos, Shaka no demostraba excitación alguna.
- Pensé que estabas aburrido – escuchó la voz del inglés y movió su cabeza lo suficiente como para poder observarlo – lame un poco más abajo, es muy sensible ahí – conocía muy bien el delicioso cuerpo del rubio, y no pudo evitar sentir una punzada cuando se topó con su celeste mirada – No te preocupes – dijo intentando permanecer sereno – después de Minos entraré yo – sonrió – no al mismo tiempo... a menos que quieras intentarlo.
Un sonido incomprensible salió de la boca del rubio, y Radamanthys se sintió molesto al ver la posición en la que Minos había colocado a Shaka. Se acercó para quitarle la mordaza.
- ¡No! No, Rada... por favor, no dejes que... ¡ahh! – Minos colocó su lengua sobre la entrada del rubio venciendo lentamente la resistencia de su esfínter.
-
Tranquilo, no dejaré que te lastime, verás que lo disfrutaremos los tres – dijo
aunque él tampoco lo estaba disfrutando, se recostó al lado de Shaka para
acariciarlo mientras Minos seguía dilatándolo con su lengua, dejando un poco de
saliva dentro como lubricante - ¿por qué lo amarraste así? – Radamanthys
comenzó a quitar las correas que lo mantenían inmóvil.
- Se
negaba a separar las piernas, se ha portado mal Rada, creo que lo has consentido
demasiado – comenzó a reír mientras introducía un dedo bruscamente.
- ¡Ahh!
No, Rada... por favor – se giró con dificultad para abrazarlo y aferró sus
puños a la ropa del inglés mientras seguía pidiéndole que lo detuviera – por favor,
no quiero estar con él.
Otro dedo se introdujo y Shaka mordió sus labios intentando reprimir el dolor. Se acercó hasta el mayor y musitó un último “por favor” depositando un suave beso, un leve contacto que despertaba una ternura que contrastaba con sus más bajas pasiones, y eso fue más que suficiente para que Radamanthys se pusiera de pie y echara a Minos del templo que temporalmente habitaba.
- ¡¿Qué
te ocurre?! – preguntó realmente molesto.
- Creo que no eres indispensable Minos – sonrió con burla – Me quedaré con el rubio ¿entiendes?
- ¿QUÉ?
Ese no era el plan – en verdad no podía creer que Radamanthys tan solo hubiera
cambiado de opinión, dejándolo con tremenda y dolorosa erección.
- Já,
no seas ridículo Minos, algo que nos enseñaron bien fue el no confiar en nadie...
es una lástima que lo hayas olvidado – dijo antes de cerrar la puerta del
enorme templo, dejando al juez molesto y con deseos de venganza.
Llegó hasta el templo de Aldebarán quien en esos momentos se encontraba fuera del santuario, y buscó entre el montón de cosas que conformaban su equipaje. No pudo evitar sonreír cuando encontró la grabación que terminaría con la relación entre el rubio y Radamanthys.
- No confiar en nadie ¿eh?... no lo he olvidado – musitó para
sí mismo.
***
- ¿Estás bien?
La pregunta de Radamanthys no obtuvo respuesta, pero al verlo tan decaído supo que no se encontraba bien, su orgullo había sido pisoteado y eso era lo que más le dolía al rubio.
-
Escucha... – colocó una de sus manos sobre su hombro pero el menor se alejó de
inmediato, cualquier contacto le parecía violento. Radamanthys lo observó un
momento sin creer lo que estaba a punto de decir – lo lamento... – pero su
disculpa no fue escuchada.
Lo acercó a su cuerpo a pesar del notable rechazo y lo mantuvo así, abrazándolo con fuerza como si con eso pudiera reparar algo del dolor que le había causado.
Horas más tarde, cuando se encontraba solo, deseó con todas sus fuerzas que Shaka sintiera algo por él.
***
Si había algo que realmente disfrutaba, era escuchar música mientras saboreaba un buen vino, y si la compañía tenía unos preciosos ojos azules y sonrisa encantadora, entonces era mucho mejor, quizá fue por eso que ignoró el sonido de algún objeto precipitándose al suelo, aunque inconscientemente su cerebro repasó todos los objetos disponibles en su habitación, intentaba descubrir cuál sería el que habría tenido la mala suerte de ponerse en el camino de cierto rubio que últimamente parecía algo molesto y que había pedido asilo en su templo. El escorpión lo observó extrañado pero Camus fingió no escuchar nada y subió un poco el volumen de la música, después siguió recostado a su lado sobre el cómodo sofá. Minutos más tarde, una especie de grito de frustración y alguna que otra maldición dirigida hacia la nada.
- ¿Qué
fue eso?
- ... –
Camus cerró los ojos para no adoptar una expresión de fastidio – Nada.
- ¡Ahh! ¡Estoy harto! – Shaka entró sin percatarse de la presencia de Milo – Camus, necesito que me ayudes a...
Vio cómo el escorpión se erguía en su asiento, y tanto él como Camus se quedaron inmóviles un instante para después actuar como si no fuera extraño el hecho de que el rubio acabara de salir de la habitación del francés. Entonces el de acuario pensó que era hora de decirle a Milo que Shaka se estaba quedando en su templo.
- ¿Qué...
– Milo no podía formular ninguna pregunta, seguía en una especie de estado
catatónico - ¿Qué hace él aquí?
Demasiado tarde, el drama había comenzado y tardaría al menos una hora en terminar. Una serie de reclamos era lo único que el rubio alcanzaba a escuchar desde las afueras del templo, donde algunos curiosos, por no decir medio santuario, ya se encontraban.
- 200 a
que termina congelado – dijo el menor de los gemelos.
- Hecho
– aceptó Dohko sonriendo, de haber sido otra la situación, él también habría
creído que el escorpión pasaría el resto de sus días en un gran bloque de
hielo, pero él recordaba algo que Kanon no, y eso era que aunque quisiera,
Camus ya no tenía la capacidad de congelar a Milo.
Afrodita observó de forma reprobatoria la apuesta que proponía Kanon, después escuchó a Camus reclamarle a Milo el embriagarse con el menor de los gemelos.
- ¿Y
así se dicen sus amigos? – preguntó el de piscis indignado – Están pasando por
una crisis y a ustedes solo se les ocurre apostar para ver si Camus es o no
capaz de congelar a Milo, me sorprende de ustedes, en especial de ti Dohko...
no creí que fueran tan infantiles.
- 500 a que Milo termina llorando como una nena – ahora era Saga sonriendo de manera encantadora, o al menos eso fue lo que pensó Dita.
- Sí,
creo que tienes razón – dijo el de piscis acercándose un poco más al mayor de
los gemelos.
- ¿No
que apostar era infantil? – musitó D.M. antes de sentir cómo alguien lo pisaba
– ¡Ahh! ¡Lo hiciste a propósito!
- ¿Tú
crees? – el peliceleste sonrió mientras jugueteaba con una delicada rosa entre
sus dedos.
- Te
perdonaré esta vez.
Shaka no pudo evitar sonreír pero decidió alejarse, si las cosas entre Milo y Camus empeoraban, él tendría que regresar a su templo y eso era algo que no deseaba. Tenía un par de días quedándose con Camus porque no era capaz de enfrentarse a Aioria y sus constantes reclamos, seguidos de disculpas y abrazos innecesarios.
- ¿No
crees que huir se te está haciendo una mala costumbre? – preguntó Radamanthys,
y Shaka cerró los ojos para no dirigirle una mirada furiosa.
- No es
asunto tuyo – las palabras produjeron un dolor constante y agudo.
- Ven –
lo tomó de la muñeca.
- Rada,
estoy cansado – y en verdad lo estaba, no comprendía de dónde sacaba el juez
tanta energía para poseerlo cada vez que quería.
- No se
trata de eso, quiero mostrarte algo... – ante la mirada sorprendida de Shaka,
siguió hablando – confía en mí.
Salieron del Santuario y siguieron caminando durante 15 minutos, se desviaron por un camino que el de virgo jamás había utilizado y llegaron hasta una especie de meseta con muchos árboles y un gran lago. Por alguna razón, pensó en Rozan, aunque a decir verdad no había ninguna cascada.
- ¿Y
bien? – preguntó Radamanthys sonriendo.
- ¿Y
bien qué?
- Sé
que ya no meditas.
- ¿Cómo
lo sabes?
- Aunque no sé porque... – esperaba que dijera algo pero no fue así - pero bueno, este lugar es perfecto ¿no crees?
- No lo
sé, supongo que está bien – avanzó hasta quedar bajo un árbol y se sentó en
posición de loto, sintiéndose algo extraño por el comportamiento del juez quien
se quedó a su lado de pie. Un escalofrío recorrió su espalda y por un instante
pensó que lo golpearía.
- Te
ves cansado – Radamanthys por fin se sentó a su lado y se recargó en sus brazos
quedando semi acostado.
- La
meditación arreglará eso... espero – ya no estaba seguro de muchas cosas.
- Tengo
una idea mejor – se colocó detrás de él y abrazó su cintura obligándolo a
recostarse sobre su pecho, de inmediato sintió la tensión en el rubio –
relájate y escucha el viento, el agua – el de virgo intentó concentrarse pero
lo único que escuchaba era el hipnotizante latido de su corazón.
Y así, poco a poco se fue quedando dormido. Continuaron con ese ritual de salir a lugares que por alguna razón el rubio no conocía, y fue sintiendo un extraño vacío cuando el inglés tomaba su mano y caminaban entre tanta gente, odiaba que Radamanthys caminara tan rápido. Ocasionalmente el juez volteaba, como si el contacto no fuera suficiente para asegurarse de que Shaka lo seguía.
- ¿Él
te hizo esto? – preguntó cuando llegaron a un pequeño café en donde, según el
juez, vendían las mejores tartaletas, y señaló una de las muñecas del rubio, la
cual tenía una marca rojiza.
- Algo
así – dijo vagamente mientras bajaba su manga para cubrirse.
- ¿Te
ha golpeado?
- Claro
que no – se sintió ofendido, ¿quién creía que era para dejar que lo golpeara
alguien más?
-
Entonces, ¿cómo te hizo eso? – Shaka bajó su rostro sintiendo que se sonrojaba
– ahh... ya veo – y no pudo evitar sonrojarse también.
***
En el santuario, el león caminaba de un lado a otro molesto por no encontrar a Shaka, y más molesto aún por lo que Minos le había mostrado, aunque decir eso no era exactamente lo que había sucedido, las cosas se dieron de una forma distinta.
Lo había encontrado platicando con Kanon y Shura, y creyó que era la oportunidad perfecta para ponerlo al tanto de la situación, sin embargo, sabía que no sería escuchado. Se acercó al menor de los gemelos consciente de que éste seguía siendo muy fuerte, quizá por su complexión o porque él no había sido precisamente un santo de Athena sino una marina de Poseidón. Comenzó a acosarlo mientras daba leves caricias que en verdad incomodaban a Kanon.
- Vamos, saqué algo de la colección de
Radamanthys – sonrió sabiendo que en cualquier momento el Dragón Marino lo
golpearía.
Y así fue, bastaron un par de segundos para que éste comenzara a decirle un montón de cosas, seguidas por unos cuantos golpes que ciertamente hirieron la dignidad del juez, y premeditadamente dejó caer el video antes de marcharse.
- ¿Todo bien?
– preguntó Shura.
- Sí, ese imbécil – dijo aún molesto – buscaba algo conmigo.
- ¿Qué es eso? – preguntó Aioria cuando vio algo en el suelo cerca de donde
se encontraban. Media hora más tarde se arrepentiría de haberlo visto.
Por eso, ahora se encontraba inquieto, demasiado molesto como para escuchar cualquier cosa que dijeran los demás.
-
Aioria, ya cálmate, quizá sea un malentendido – le decía Shura intentando tranquilizarlo,
aunque la verdad, no sabía cómo podría justificarse Shaka y sintió algo de pena
por él.
- ¿Cómo
me pides que me calme cuando el imbécil de Radamanthys se acostó con Shaka? –
ante los gritos, llegó el escorpión junto con Camus, que recién llegaban al
Santuario; y más tarde, se les unió Aioros.
- Tal
vez fue antes de que salieras con él.
- No lo
justifiques Shura ¿Qué? ¿Acaso también dormiste con él?
- No, solo
digo que no puedes saber cuándo ocurrió eso, es más ni siquiera puedes decir
que ese video no es falso.
- ¡Mira
bien! ¿Acaso no notaste que estaban en el templo de Aioros? – Shura no supo qué
decir, la verdad era que no lo había notado, ni siquiera el propio arquero lo
había hecho - ¿Tú lo sabías?
Se acercó a Camus y lo tomó con violencia de ambos brazos.
- Claro, eres su amigo, de seguro estabas al tanto de todo ¿cierto?
- ¡Suéltame!
– intentó deshacerse del agarre de Aioria pero éste en verdad estaba enfadado y
no medía la fuerza con la que lo sostenía.
- Déjalo – dijo Milo realmente molesto mientras, con la ayuda de Kanon, hacía que Aioria dejara en paz al francés - ¿estás bien? – abrazó a Camus, habría dado su vida por que nada malo le sucediera.
Aioria se acercó nuevamente al de acuario, y a
pesar de que era abrazado por Milo comenzó a registrar sus cosas en busca de su
móvil.
- ¿Qué
haces? – el león era demasiado rápido, demasiado fuerte, no sabía si era porque
estaba enfadado o si había sido así todo el tiempo.
Comenzó a teclear un mensaje, sabía que Shaka era el mejor amigo de Camus y que no rechazaría ir a su templo si éste se lo pedía, lo cual era perfecto, así tendría que pasar forzosamente por el templo de capricornio.
***
- Creo que es hora de regresar – estaba anocheciendo y habían pasado todo el día fuera, eso sin mencionar con el extraño mensaje que había recibido por parte del francés.
-
¿Sucede algo?
- Es Camus, necesita hablar conmigo.
- ¿Y
eso... es algo malo?
- No,
pero me parece extraño que no haya marcado – su voz apagada preocupó un poco al
juez.
Ninguno de los dos sabía lo que les esperaba.
Continuará...
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