Capítulo 1: El error
Una nueva discusión, ya no sabía qué le sorprendía más, si seguir creyendo en esa relación o no tener el valor para terminar con ella, ya fuera porque se había convertido en costumbre o quizá porque por alguna razón se sentía aceptado cuando estaba con él, tal vez era eso. Shaka jamás fue tan sociable como algunos de sus compañeros, nunca se entregó a excesos y anteponía su meditación ante todo, siempre estuvo orgulloso de ser uno de los más poderosos, y por eso era irónico que ahora estuviera ahí, en la séptima casa creyendo que era una suerte que Dohko nunca estuviera para poder ocupar su templo y escapar de todo lo que no quería enfrentar.
- Te he estado buscando - Radamanthys tomó su brazo sin ningún tipo de delicadeza, le causaba cierto placer tener el control sobre el de virgo. Lo atrajo hacia sí obligándolo a ponerse de pie - estoy aburrido, ven.
Lo llevó hasta una de las columnas, y comenzó a restregarse contra él ignorando por completo su desaprobación. Las fuertes manos del juez se movieron con una habilidad envidiable reclamando la dulce y suave piel del rubio, lamía lascivamente su cuello para después comenzar a succionar lenta y profundamente.
- ¡Dijiste que no dejarías marcas! - habló en voz baja, con ese tono de enfado que tanto fastidiaba a Radamanthys. No quería ni pensar en el drama que se armaría cuando Aioria viera su cuello.
- Y también dijimos que cambiarías esa forma de dirigirte a mí.
- Eso
lo dijiste tú.
- ¿Qué
crees que haces? - Shaka comenzó a acomodar su ropa, lo último que deseaba era
sentir el contacto del juez - No irás a ningún lado, ¿entiendes? - lo obligó a
recargarse sobre la pared mientras él continuaba manoseándolo, intentando
remover las prendas necesarias para poseerlo, callando sus réplicas con demandantes
besos que un día terminarían con la paciencia del menor.
- Ahh, aquí no - era una orden, y Radamanthys odiaba las ordenes.
- ¿Nunca te enseñaron modales? - muy a su pesar el rubio gemía acentuando la erección del mayor - las cosas se piden por favor - sonrió - dime que quieres que te haga mío - fue casi una súplica, deseaba escuchar esas palabras, lo necesitaba.
- Nunca – dijo con desprecio antes de sentir cómo Radamanthys se adentraba lenta y dolorosamente en su cuerpo sin preparación alguna - ¡agh! De.. detente - pidió con dificultad pero las embestidas se volvieron furiosas amenazando con desagarrar su interior - ¡Ahh! - un doloroso quejido y la inevitable tensión de todo su cuerpo hicieron sonreír al juez.
- Creí que eras el más fuerte de los dorados, ahh....
Sabía perfectamente qué palabras utilizar para lastimarlo, y habría seguido con mordaces comentarios pero sentir su miembro apresado dolorosamente en la estrechez del rubio hacían que fuera incapaz de seguir hablando. Le gustaba sentir cómo las manos de Shaka se aferraban con fuerza a sus brazos, como si con eso pudiera disminuir el dolor que sentía. En un principio había decidido hacerlo suyo unas cuantas veces, al menos hasta que fuera perdiendo el interés en él, pero pasó un mes y seguía deseándolo, quizá más que antes.
El sonido de un par de voces conocidas acercándose alertaron al menor.
- Alguien viene.
- Descuida.
- Si
alguien se entera esto se acabó, ¿entiendes?
Esa última sentencia lo obligó a salir del interior de Shaka. Se alejaron como si nada hubiera pasado, ambos sintiendo un dolor similar pero en distintos lugares, uno relativamente satisfecho y el otro con náuseas. Shaka llegó hasta las afueras del recinto del Patriarca ignorando a todos, se sentía... miserable, llevaba un mes sintiéndose así.
Si lo pensaba detenidamente habría llegado a la conclusión de que era estúpido, el hecho de tener que acceder a los deseos de alguien más tan solo porque no tenía el valor de acabar con todo. Pequeñas gotas se fueron acumulando en sus ojos debido a la frustración, amenazaban con escapar y convertirse en llanto, pero él no podía llorar, no debía hacerlo. Le daban ganas de ir hasta el templo de leo y decirle a Aioria que habían terminado, quería culparlo de todo lo que ahora le estaba pasando, quería restregarle en la cara que se estaba acostando con alguien más y que todo era su culpa, aunque en el fondo sabía que no era cierto. La situación tan solo se le había escapado de las manos y ahora no sabía qué hacer.
- ¿Estás bien? - una voz conocida lo hizo levantar el rostro lo suficiente para confirmar su presencia.
Camus se sentó a su lado, había visto a Shaka pasar y le sorprendió que no lo saludara. Podría decirse que era su mejor amigo, y que de no haberlo querido tanto como para temer que todo terminara mal, ahora estaría con él y no con Milo. Lo que nunca supo Camus era que su historia con Shaka pudo tener un final feliz, o quizá sí lo supo a mitad del camino y decidió no darse por enterado.
- Sí, no es nada - mantuvo sus ojos cerrados, no deseaba verlo.
- Sabes que aquí estoy ¿cierto? - había cierta nostalgia en su voz - si quieres hablar de algo aquí estoy.
- ¿Por
qué lo dices? - intentó sonreír pero no pudo - Claro que sé que ahí estás,
basta con escuchar tus constantes quejas acerca de cierto bicho.
- Já,
oye, no me quejo tanto, es solo que... ahh, Milo a veces me desespera.
- ¿A veces?
-
Bueno, casi siempre pero... ya sé lo que estás haciendo, intentas cambiar de
tema -suspiró - tan solo confía en mí ¿quieres?
Sabía que Camus tenía razón, intentaba desviar el tema porque odiaba hablar de ello, y por un instante sintió el deseo de besarlo.
- Nos vemos - se puso de pie sabiendo que incomodaba al de virgo con su presencia.
-
Camus... ¿crees que lo nuestro habría funcionado?
Mordió su labio inferior, sentía escalofríos cada vez que Shaka hacía algún tipo de comentario relacionado con lo que pudo haber pasado entre ellos, una extraña opresión en el pecho y el inmenso deseo de abrazarlo y decirle que lo quería, que necesitaba su presencia como no había necesitado algo antes, que era una de las personas más valiosas para él, y que tenía miedo de perderlo, había muchas cosas que Camus habría querido decirle. Tal vez era el hecho de saber que nunca tendrían la oportunidad de estar juntos lo que hacía que el francés se sintiera tan mal. Regresó hasta donde se encontraba el rubio, y pasó sus brazos alrededor de su cuello dejando caer suavemente su cabeza sobre su hombro, el primer punto estaba concluido, pero no continuaría con lo demás, no le diría nada de lo que pensaba.
- No hagas esto, por favor - musitó mientras seguía recargando su cuerpo sobre el del rubio.
- Lo siento. - más que sentirlo lo lamentaba, lamentaba cada vez que veía la tristeza en sus ojos y se preguntaba si no podría tenerlo en sus brazos por siempre.
Se quedaron unos minutos así, sin atreverse a realizar algún movimiento que interrumpiera lo que sentían.
***
Era la quinta cerveza en lo que iba de la tarde. No comprendía por qué Shaka, a quien creía perfecto, era tan inestable. Ni siquiera sabía de donde salían tantas peleas, a veces tan solo se encontraban discutiendo por estupideces, y a pesar de que en más de una ocasión se preguntó qué era lo que los mantenía juntos, descubrió que no quería dejarlo, ¿qué si estaba obsesionado? Ni siquiera él habría podido responder a eso.
- Ya deja de pensar en él, te vas a acabar las neuronas gato.
- No
estoy pensando en él - respondió molesto de ser tan transparente.
Aioria había llegado al templo de Camus buscando a Shaka, necesitaba saber que todo estaba bien entre ellos, quería arreglar las cosas y si era posible, abrazarlo, besarlo y nunca dejarlo ir, pero solo se encontró con Kanon, Milo y un montón de videojuegos que los tenían demasiado entretenidos como para escuchar sus penas, por eso se dirigió a la cocina regresando con un par de cervezas que no se molestó en compartir con los demás. Cualquiera habría pensado que abusaban de la hospitalidad de Camus, pero lo cierto era que tenían meses yendo a su templo, primero porque era la única forma de encontrar a Milo, y segundo porque el de acuario había resultado ser un buen anfitrión.
- ¡Noo! - exclamó Milo cuando le quitaron la mitad de sus puntos de vida.
- Te lo
dije bicho, en este juego das asco, anda, dale el control al gato.
- ¿Qué?
Pero todavía me queda la mitad de la vida.
- Sí,
pero pronto perderás y necesito llegar al último nivel con un buen jugador.
-
¿Estás diciendo que soy malo jugando?
- Sí,
creí que habías comprendido cuando dije que en este juego DAS ASCO.
Siguieron discutiendo, Kanon tenía cierta facilidad para desesperar a las personas y disfrutaba haciéndolo, se divertía mucho cuando Camus estaba en casa porque el de acuario tenía poca paciencia, y unos cuantos minutos eran suficientes para que Milo tuviera que sostenerlo y así evitar que se lanzara a golpes sobre el menor de los gemelos, aunque eso tampoco habría sido un problema, desde que habían vuelto a la vida lo habían hecho sin el poder que tanto tiempo les había llevado perfeccionar, así que si surgía alguna pelea al menos estaba seguro de no quedar dentro de un inmenso bloque de hielo.
El sonido de la puerta y los conocidos pasos del dueño del onceavo templo hicieron que casi por instinto Milo dejara de discutir.
- Hola am... ¿Cam? - su saludo fue interrumpido cuando su adorado francés desapareció de la estancia sin siquiera mirarlo.
-
¿Ahora qué le hiciste bicho? - Aioria aprovechó para sentarse en donde había
estado Milo y tomó el control que había abandonado el escorpión.
- Nada,
¿por qué tengo que ser yo el que haga algo?
-
Porque no creo que Camus sea de los que se enfadan por cualquier cosa.
Milo suspiró, sabía que Aioria tenía razón, y con un "Ya vuelvo" apenas audible se alejó rumbo a su ahora habitación.
- ¿Qué pasa? - acercó una silla hasta la cama y se sentó frente a él.
- ¿Eh?
- había escuchado las palabras del escorpión, pero su sistema nervioso se negó
a recibir el mensaje.
- ¿Te
sientes mal? - tocó su frente.
- Ahh,
no, no es nada, es solo que estoy algo... cansado.
- De
acuerdo, ven - se recostó a su lado dejando que recargara su cabeza sobre su
pecho, y comenzó a jugar con su cabello produciéndole algo de somnolencia. Milo
siempre tenía la solución a sus problemas.
***
Llegó a su templo cerca de las once de la noche, y agradeció que éste estuviera antes que el de leo para no tener que pasar por ahí, no deseaba encontrarse a Aioria en ese momento, no sabía qué iba a hacer o decir. Decidió darse un baño antes de dormir, aún podía sentir las caricias de Radamanthys sobre su cuerpo, y antes de darse cuenta sus puños se cerraron en un intento por controlar la ira que sentía.
Para él fue muy difícil aceptar el hecho de que esta era su nueva vida, que ya no era el más poderoso ni el más cercano a un dios, y no era que eso estuviera mal, a decir verdad disfrutó terriblemente esos días llenos de la tranquilidad que tanto amaba. Y comenzó a recordar todo aquello que lo había llevado hasta donde se encontraba en ese momento.
Todo había comenzado en una fiesta a la que ni siquiera había querido ir, no se sentía cómodo en ese tipo de reuniones. Pero fue casi una obligación, al parecer los jueces del infierno (que por alguna injusta y extraña razón seguían conservando sus poderes) decidieron pasarse por el santuario, quién sabe, quizá lo encontraron divertido, tal vez solo estaban aburridos, cualquiera que haya sido el motivo, ahí estaban. Fue como si toda esa basura dicha por él mismo acerca de la inexistencia de la justicia perfecta y la maldad perfecta volviera para restregarse en su cara. Y como si eso fuera poco, Aioria comenzaba a reclamarle su indiferencia bajo los efectos del alcohol. No pensaba soportarlo en ese estado, y por un momento deseó ser él quien estuviera ebrio, quizá así podría ignorar las miradas lascivas que le dirigía Minos.
- Suficiente de esto para ti - Milo se acercó a Camus y le quitó la bebida.
- Nos estamos divirtiendo – dijo Kanon y
comenzó a reírse por algo que no lograba recordar, luego abrazó a Camus, el
francés intentó soltarse sin conseguirlo. Fue hasta que el escorpión le dirigió
una de sus miradas asesinas al Dragón Marino, que este decidió dejar a Camus
antes de terminar en el suelo - Uy, que
genio - miró a Shaka quien seguía a su lado - bueno, entonces... quedamos tú y yo.
- Olvídalo Kanon.
Se dirigió a la salida de la enorme sala pensando en si debía avisarle a Aioria que ya se iba, pero luego lo vio riendo con Marín y haciendo estupideces con Death Mask, y pensó que no valía la pena hablarle de algo que quizá no recordaría al día siguiente. Una vez afuera se sentó en las escaleras pensando en cómo justificar su partida, afortunadamente no era el único que había escapado de la dichosa fiesta.
- ¿No te estabas divirtiendo? - Shura terminó su cigarrillo e inmediatamente encendió otro.
- No tenía motivos para quedarme.
- ¿Qué hay de Aioros?
- Yo no soy tan paciente y comprensible como
él, no puedo quedarme a ver cómo todos esos imbéciles vienen como si nada
hubiera pasado ¿y nosotros qué? -
Shaka lo observó comprendiendo a que se refería - Está bien, agradezco infinitamente esta oportunidad y el hecho de que
Aioros se encuentre aquí de nuevo pero... no me parece justo.
- ¿Shura? - la dulce voz del arquero los interrumpió - Ahh, aquí estás – sonrió.
- No vuelvas a hacer esto Shaka, es malo para
tu salud – el español tiró el cigarrillo como si se lo
acabara de quitar al rubio - estos niñatos
que no aprenden - tocó la cabeza del de virgo en un gesto paternal.
- Já, sí, claro - dijo Aioros con sarcasmo - ¿en verdad piensas que te voy a creer? Nos vemos Shaka, y no dejes
que éste - señaló a Shura - te
arrastre al paraíso de los fumadores junto con él - comenzaron a alejarse y
el arquero se detuvo de pronto - ¿te
quedarás aquí afuera?
- Un rato - a decir verdad Shaka no
pensaba regresar.
- Bien - Aioros se acercó y le dejó su
suéter - hace frío.
- Gracias – el
arquero regresó sobre sus pasos hasta donde se encontraba Shura y se alejaron
nuevamente.
- Hueles a cigarro.
- Es que estaban fumando cerca de mí - las voces cada vez se escuchaban más lejanas.
- Ni creas que te voy a besar así.
- Tengo mentas.
En ocasiones podía ver un enorme parecido entre
Aioria y Aioros, no solo físicamente sino que ambos actuaban con la misma
dulzura que en su momento convenció a Shaka de que sería una buena idea empezar
una relación, no contaba con que tendrían problemas, y le dolía pensar que
existía la posibilidad de que solo estuviera con Aioria para olvidar a Camus.
Se recargó en una de las columnas y vio una botella de vodka olvidada,
seguramente acompañaba a Shura minutos antes. Lo pensó unos segundos antes de
decidirse a tomarla, después de todo él no tenía a nadie que le pudiera decir
que ya había bebido suficiente. En poco tiempo terminó el líquido que parecía
evaporarse al contacto con su boca, estaba algo aturdido porque no acostumbraba
beber.
- Vaya, vaya, pensé que los santos de Athena eran más educados.
- ¿Ah sí? Pues lamento decepcionarte - Shaka se puso de pie dispuesto a retirarse.
- Espera, yo... - por alguna razón pensó que sería más fácil hablar con el
de virgo - no soy muy sociable, ¿por qué
no vamos al pueblo? Te invito un trago - una de las hermosas cejas se
arqueó con incredulidad ¿por qué habría de escuchar a quien había sido su
enemigo? – Vamos, soy tu invitado y tengo
ganas de salir, ¿qué acaso no los tratamos bien cuando ustedes fueron al
Inframundo? - la melodiosa risa de Radamanthys fastidió al rubio - Bueno... mira ¿qué es mejor, acompañarme o
terminar ahí dentro con un montón de mocosos a quienes llamas compañeros y
otros imbéciles que solo vinieron para fastidiar?
Se preguntó si sería buena idea, no quería volver a entrar pero la compañía de Radamanthys tampoco le era agradable, y antes de decidirse fue el mayor quien lo tomó del brazo y lo arrastró con él hasta el pueblo.
***
- ¿Has visto a Radamanthys? - preguntó Aiacos al no ver a su compañero cerca.
- Fue por la nueva presa - sonrió a pesar
de que Garuda no comprendió a qué se refería, había bebido demasiado como para
prestarle la atención necesaria.
Una vez que el enfrentamiento en el Inframundo había terminado, Minos y Radamanthys se hicieron casi inseparables, eran como una versión espectro de Milo y Aioria antes de que el primero comenzara a salir con Camus y el segundo con Shaka, solo que a diferencia del escorpión y el león, los ex jueces no sentían nada por nadie. En cuanto a Aiacos, él era el equivalente a Kanon, a veces salía con ellos, a veces no, pero la mayor parte del tiempo se la pasaba fastidiando a los demás.
***
Con algo de dificultad consiguió que bebiera
más de lo que podía soportar. Ya ni siquiera era capaz de mantenerse en pie y
se reía casi con cualquier cosa. Llegaron hasta el templo de Sagitario en donde
se estaba quedando el juez.
- Entonces, tu amigo Camus sale con Milo y te sientes abandonado - por un momento sintió que su verdadera vocación pudo ser la psicología y sonrió ante ese pensamiento, quizá él también había bebido demasiado.
- No, no abandonado, no así, solo que a veces
me pregunto por qué sale con él y no conmigo
- ese último comentario fastidió al juez y produjo un extraño sentimiento en
Shaka.
- ¿Estás enamorado de Camus?
- ... -
lo observó un instante – no… no lo sé,
nunca lo he pensado.
Lo cierto era que sí lo había pensado, se lo había preguntado tantas veces que terminó destruyendo la mitad de su templo, después se alejó un poco del francés cuando éste finalmente pasó la prueba del tiempo con el escorpión. Pensó que era preferible tenerlo como amigo que no tenerlo, envidiaba un poco la relación que éste mantenía con Milo, que a pesar de todo pronóstico y después de muchas discusiones, seguía siendo casi tan estable como la de Aioros y Shura.
Radamanthys observó los ojos tristes de Shaka, y por un breve instante pensó en dejar su plan para otro día, para otra persona, pero bastó que el de virgo se recostara un poco sobre la cama para que ese instante se desvaneciera y despertara el deseo en él. Se sentó a su lado y comenzó a acariciar su abdomen por encima de la ropa mientras besaba con suavidad sus tersos y deliciosos labios.
- ¿Qué haces? - parecía confundido, como si ni siquiera estuviera consciente de lo que en realidad ocurría.
- Te ayudo a olvidar.
- No, yo... salgo con alguien - hasta ese
momento no había pensado en Aioria.
- No importa, no le diré nada, vamos, esto te
gustará.
Comenzó a desabotonar su ropa, Shaka no puso ningún tipo de resistencia, comenzaba a disfrutar de esos labios recorriendo su piel, se estremecía ante el más leve contacto, demasiado sensible quizá. Cuando lo tuvo completamente desnudo lo acomodó en el centro de la cama y admiró ese hermoso y deseable cuerpo. Se situó entre sus piernas y comenzó a masturbarlo, tomó con firmeza su miembro erecto y bastaron un par de caricias para que comenzara a gotear algo de líquido preseminal, se acercó para poder degustarlo y lo fue introduciendo lentamente en su boca. La sensación en sí era grandiosa para ambos, Shaka no podía contenerse al sentir cómo iba invadiendo esa húmeda y cálida cavidad que lo recibía ansiosa, y se aferraba a las sábanas para no correrse en ese instante. Sin poder evitarlo una de sus manos acarició el cabello del juez haciendo que éste acelerara sus movimientos, deteniéndose solamente para jugar con su glande. Sintió un placer que no había sentido antes, toda su vida había estado ocupado entrenando y había dejado a un lado su sexualidad, incluso en sus maratónicas sesiones con Aioria, éste se limitaba a las caricias y la penetración, jamás al sexo oral que no viniera por parte de Shaka.
Radamanthys se deleitaba con cada pequeña reacción del de virgo, lamió la base del pene para pasar a lo largo de este succionando lentamente, como si quisiera extraer su esencia poco a poco, con su mano derecha comenzó a ejercer algo de presión sobre sus testículos provocando una dolorosa expresión en el menor, quería que se corriera como nunca antes, quería tenerlo bajo su cuerpo, aferrándose a él y pidiendo por más. Separó un poco más sus muslos para poder ubicar su entrada y vio que ésta se contraía con cada una de las expertas caricias, excitándolo y produciéndole unas inmensas ganas de penetrarlo de una sola estocada. Tomó el miembro de Shaka con la mano derecha y continuó con movimientos de arriba hacia abajo intentando que las secreciones resbalaran lentamente hasta la entrada del rubio, después lamió la zona que quedaba entre esa estrecha cavidad y sus testículos. El de virgo se retorció en la cama, todo era demasiado intenso para él.
El juez se preguntó si sería la primera vez del rubio, al menos la primera vez con otro hombre, pero no quería interrumpir ese momento, además recordó que éste había dicho que estaba saliendo con alguien. Empapó su dedo y comenzó a introducirlo lentamente y con algo de dificultad, esa fue la primera vez que sintió la tensión que se producía en el cuerpo del más joven, la sensación de presión en su dedo medio y el quejido mal contenido le causaban morbo.
- ¿Te gusta? - solo obtuvo jadeos como respuesta.
Ubicó su dedo para estimularlo, con movimientos constantes y firmes, haciendo de sus caricias algo insoportable. Después de un par de minutos, la esencia de Shaka salió disparada ensuciando las sábanas y su propio abdomen. El juez sonrió satisfecho.
- Ya vuelvo - acomodó lo que tenía preparado en un principio y regresó a la cama.
Se colocó completamente desnudo al lado del cuerpo exhausto del más joven, y comenzó a acariciar la parte interna de sus muslos, separándolos un poco. Se acercó a los tersos labios y los besó de forma demandante, quería que le perteneciera. No se percató del momento en que comenzó a morder el labio inferior del rubio produciendo una tenue herida en él. El de virgo lo único que pudo hacer fue abrazar el cuerpo del juez y dejarse acariciar por él, su mente seguía nublada.
Radamanthys metió dos de sus dedos en la boca de Shaka y después comenzó a introducirlos en su entrada recibiendo una queja de éste.
- Shh, tranquilo.
- ¡Ahh!
- Lo sé, a veces duele pero pronto lo
disfrutarás - se sorprendió a sí mismo intentando calmar al
rubio.
Besaba sus labios y su rostro como si con eso pudiera disminuir el dolor del de virgo, y con su mano libre comenzó a estimularlo nuevamente. Una vez que consiguió que se relajara pudo colocarse encima de él y presionar la punta de su adolorido miembro. La entrada fue lo más difícil, fue tan doloroso que Shaka se alejó instintivamente, y Radamanthys tuvo que dejar caer su peso sobre su abdomen para evitar que se moviera, lo calmaba con besos y después seguía entrando, siempre con lentitud, no quería producir ningún desgarre. El rubio mordía su labio inferior de por si lastimado en un intento de atenuar el punzante dolor que sentía.
- Ahh, detente - de haber sido alguien más el juez habría hecho caso omiso a su petición, pero por alguna razón se detuvo en ese instante y siguió observando el gesto mezcla de dolor y placer que probablemente jamás volvería a ver.
- Relájate, ya pasará.
Siguió hasta que estuvo completamente dentro, luego comenzó a embestir con una especie de desesperación que no podía controlar, por un instante dejó de importarle que el rubio se acostumbrara a la invasión y se concentró en disfrutarlo, sentía su miembro erecto entre ambos cuerpos y se abrazó a Shaka para presionarlo y que éste consiguiera eyacular de nuevo. Ambos comenzaron a moverse como si estuvieran sincronizados, ignorando por completo que era la primera vez que estaban juntos de esa forma, fundiéndose y exhalando toda la pasión que sentían. Envolvió con sus piernas el cuerpo del mayor atrayéndolo hacia sí, controlando el ritmo de las embestidas hasta que sintió el líquido correr por su miembro por segunda vez esa noche, entonces, fue como si su cuerpo ya no lo obedeciera, y quedó a merced del juez quien aceleró el ritmo al sentir como el esfínter del menor succionaba su miembro como si se resistiera a dejarlo ir, la excitante visión del rubio cubierto parcialmente por su esencia y ese rostro sonrojado jadeando para poder respirar fue más de lo que pudo soportar, y terminó inundando sus entrañas para después salir de él, con una lentitud desesperante, como si no deseara abandonar esa deseable cavidad.
Se recostaron agitados, intentando normalizar sus respiraciones. El primero en dormirse fue Shaka, Radamanthys giró un poco su rostro y sonrió, después se levantó y apagó la cámara. Ese molesto foco rojo comenzaba a fastidiarlo.
El de virgo despertó horas más tarde con un terrible dolor de cabeza, creyó que la noche con Aioria había sido larga, no recordaba nada, tan solo sentía la satisfacción propia después de un buen sexo y sonrió... hasta que descubrió que ni se encontraba en el templo de Leo, y Aioria no era precisamente quien yacía desnudo a su lado.
- ¿QUÉ... QUÉ HACES AQUÍ?
- Buenos días,
y respecto a tu pregunta, ¿no crees que es muy obvia la respuesta?
- No, eso no... no es posible yo... - se levantó para recoger su ropa - yo salgo con alguien, esto no…
El simple hecho de observarlo desnudo despertaba sus instintos más primitivos.
- Ven, todavía es temprano, vamos a hacerlo de nuevo.
- ¿Qué? ¿Cómo puedes decir eso? Esto está mal,
yo no debí hacerlo... y menos contigo, es solo que... bebí demasiado y no...
- ¿Menos conmigo?
Había solo un par de cosas que sacaban al juez de sus casillas, el sentirse rechazado era una de ellas, y pensar que antes de hacerlo se estaba arrepintiendo de sus actos. Se le acercó amenazante, sabiéndose de antemano más poderoso que él. Tomó una de sus manos y lo obligó a ponerse de pie.
- Creo que no entendiste bien, no fue una sugerencia.
- ¡Suéltame! - en un intento por liberarse
chocó con el tripié colocado estratégicamente frente a la cama, y una expresión
de incredulidad abarcó su hermoso rostro cuando su mirada se topó con una
cámara - ¿Qué… - se negaba a creerlo.
- Já, olvidé mencionar ese pequeño detalle,
¿quieres ver nuestro video? Quizá así recuerdes algo.
- Me tengo que ir - lo último que quería era permanecer en el mismo lugar con
él.
- No creo que a tu noviecito y a tus amigos
les haga mucha gracia recibir una copia, considerando que no están muy felices
con nuestra presencia aquí.
Se detuvo a medio vestir, sin atreverse a respirar, esperando a que el mayor continuara hablando.
- Creo, mi hermoso rubio, que nos divertiremos mucho - sonrió.
Desde entonces había sido una tortura, no solo había empeorado su relación con Aioria, quien cada vez se volvía más demandante, sino que tenía que acudir a las citas hechas por el más poderoso de los jueces. En ocasiones temía llegar a su templo y encontrarlo ahí, por eso se la pasaba fuera del santuario, como si con eso pudiera borrarse de la mente de Radamanthys, aunque eso le traía problemas con su posesivo novio, y se preguntaba si no sería mejor terminar con todo, confesar su error que con el tiempo se había hecho incomprensiblemente enorme, tanto que un día acabaría con las pocas energías que le quedaban, estaba completamente agotado y reaccionaba ante cualquier tipo de contacto, sintiéndolo agresivo y amenazante. Sin darse cuenta de lo que hacía, comenzó a sollozar en el suelo de la regadera, inhalando la culpabilidad que lo rodeaba constantemente.
- ¿Shaka?
Aioria había llegado al templo de Virgo minutos antes y se detuvo al escuchar el agua corriendo, se preguntó si sería una buena idea entrar, quizá después de una disculpa le pondrían fin a la discusión de esa mañana, además, la idea de verlo en la ducha le parecía irresistible, pero por otra parte, estaba la posibilidad de que eso solo empeorara las cosas. Fue hasta que escuchó esos débiles sollozos que decidió entrar.
- Shaka - en esta segunda ocasión el rubio pudo escuchar la voz de Aioria, y levantó la cabeza que segundos antes estaba recargada sobre sus piernas flexionadas - ¿Qué tienes? - se acercó con una especie de temor.
- Ya no
puedo con esto - el llanto se hacía irreprimible - Aioria lo siento pero ya
no... yo...
El castaño lo miró intentando ser comprensivo aunque en realidad no sabía qué era lo que tanto lo preocupaba, ¿acaso lloraba por haber discutido nuevamente? Y de ser así, ¿era eso un motivo suficiente para dar por terminada su relación? Se acercó, el agua estaba fría por lo que decidió cerrar la llave antes de abrazar al rubio.
- No, no me abraces yo... - era cuestión de tiempo para confesar todo lo que había ocurrido.
-
Shh... ya, está bien, todo va a estar
bien, te lo prometo.
Era esa calidez la que le impedía dejarlo, era esa forma de ser de Aioria la que lo mantenía a su lado, sus palabras las que impedían que confesara todo lo que habría querido confesar.
Continuará...
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