jueves, 17 de enero de 2013

Capítulo 2: Glasses - Marzo 18.2010



Capítulo 2: Glasses



             - Vamos Pato, sal de una vez – el Fénix sonrió mientras se recargaba en la pared cruzado de brazos.


             - ¡NO! – respondió Hyoga viéndose una vez más en el espejo. Definitivamente no le agradaba para nada lo que veía.


             - Ya, sal, ¿no estabas muy entusiasmado por el cumpleaños de Seiya?


             - En primera NO estaba entusiasmado, tan solo dije que me parecía genial que fuera en el Arcade, en segundo lugar es de mal gusto llegar TAN temprano y tercero… - suspiró – No pienso ir con esto puesto – finalmente abrió la puerta e Ikki no pudo contener la risa - ¡AARGH! – gruñó Hyoga para luego volverse a encerrar en el cuarto de baño.


             - Ya Pato, no te ves tan mal – Hyoga se recargó en la puerta y respiró profundamente, mientras Ikki golpeaba con suavidad – Pato…


             - No se dice: “no te ves TAN mal”, se dice “te ves bien” – corrigió el rubio y volvió a verse en el espejo.



Maldecía el día en que Ikki se dio cuenta de que se acercaba demasiado al televisor para poder leer los subtítulos de las películas, es decir, esa mañana. Había intentado negociar con el Fénix, posponer la visita con el oftalmólogo, al menos una semana, pero el mayor fue tajante y amenazó con prohibirle el televisor, el ordenador y los videojuegos. Así que horas más tarde, se encontraba con un par de lentes temporales, los cuales odiaba con toda su alma.



***


Tecleó un par de palabras más antes de decidir nuevamente que era basura, tomó la hoja, leyó el último renglón y fastidiado la convirtió en una pequeña pelota de papel para después lanzarla hacia el cesto, tenía mala puntería, lo cual era ridículo, así que el cesto estaba rodeado de hojas que habían sufrido el mismo destino.



             - Hoy es el cumpleaños de Seiya, ¿no vas a venir?


             - ¿En jueves? – dijo Camus mientras se ponía de pie para dejarse caer en el sofá.


             - Es viernes – respondió Milo ante la mirada aterrorizada de Camus – pero no te preocupes, sí diste la clase que tenías que dar y la conferencia se pospuso para la otra semana.

             
             - Ahh, cierto, sabes – Milo se acercó y se sentó a su lado – creo que tengo que hacer algo con mi pésima memoria.


             - Es solo el estrés – tuvo el impulso de acercarlo a su cuerpo en un abrazo, pero sentía que invadiría el espacio personal del francés – Bueno, ¿vendrás?


             - No, estoy demasiado viejo… pero quiero pastel.


             - ¡Oye, tenemos la misma edad! No estás viejo ni yo lo estoy – Camus casi sonrió – Será divertido…


             - Soy pésimo en esos juegos.


             - Yo te enseñaré a jugar.


             - Ja, Milo, tú eres peor que yo.


             - Eso no es cierto, es que aquel día me distraje – se puso de pie con un cojín entre sus manos.


             - Oh claro, un niñato fue capaz de distraerte.


             - Estaba haciendo demasiado ruido, cualquiera habría perdido la concentración.


             - Sí, te creo – dijo con sarcasmo el francés hasta que sintió el cojín golpear su rostro – ¡OYE! – intentó regresarle el golpe pero debido a su mala puntería el cojín terminó a medio metro de distancia de Milo.


             - ¿Y te haces llamar caballero de Athena? Hasta Shaka con los ojos cerrados lo haría mejor.


             - ¡Ahh! – le gritó antes de arrojársele encima, derribándolo sobre el sofá.



Milo siempre encontraba la forma de hacer que Camus reaccionara, para bien o para mal, pero conseguía que dejara de preocuparse por un instante para atacarlo. Luego buscaba inmovilizarlo y colocarse encima de su cuerpo. Había algo en esa cercanía que le gustaba, le agradaba sentir el cuerpo de Camus bajo el suyo, luchando por librarse de su peso hasta que se cansaba y se quedaba quieto. Ya no tenía la resistencia ni la fuerza de antes, cosa que Milo aprovechaba para apoyarse más sobre el francés procurando no aplastarlo.



             - Si vas con Seiya, ¿me traes pastel? – Milo sintió las vibraciones sobre el pecho de Camus y apenas levantó el rostro para verlo.
             

             - Ya no tengo ganas de ir – a decir verdad se sentía muy bien en aquella posición.


             - Tienes que ir… pensarán que eres aburrido… 


             - ¿Y qué hay de ti?


             - Pero yo sí lo soy… anda, ve…



El escorpión se levantó de mala gana.



             - Solo lo dices para que te traiga pastel ¿verdad?


             - No, quiero que te diviertas… - Milo salió de la habitación pero alcanzó a escuchar cuando Camus le recordaba – ¡No olvides mi pastel!


***



Iban en el auto de Ikki.



             - Te aclaro de una vez que SOLO pienso usarlos CUANDO sea necesario.


             - Pato, no es vista cansada, es miopía – giró su rostro para verlo por un segundo - lo que significa que los ocupas TODO el tiempo y… - Hyoga lo miró con seriedad – que estás más ciego que un topo.


             - No eres de mucha ayuda ¿sabes?



Minutos después Ikki conseguía estacionarse mientras Hyoga sacaba el estuche de sus lentes en la guantera.



             - ¿Qué crees que haces? – preguntó Ikki al ver que el rubio estaba a punto de quitarse los lentes.
             

             - No creerás que pienso entrar con esto ¿o si? – la mirada de Ikki hizo que el menor se enfadara – Ikki… entonces no entraré y me quedaré en el auto… - el mayor lo observó sin que el chantaje tuviera efecto – ¡Ah! Y cerraré las ventanillas para morir asfixiado… - el Fénix sonrió.


             - Ya, deja los dramas y baja del auto – lo jaló del brazo para obligarlo a bajar.


***


Kanon se encontraba compitiendo contra Aioria, el león había alardeado toda la tarde así que en cuanto tuvieron oportunidad, le pidieron a Saga que les guardara la cena y salieron a adueñarse de unas maquinitas con juegos de pelea.



             - Espera – dijo el menor de los gemelos, pero el león no le prestó atención y siguió atacándolo con un golpe mortal que le quitaba casi una cuarta parte de su barra de vida.


             - Sabes que perderás… así que intentas distraerme.


             - No, mira, ya llegó Milo, pero viene solo.


             - ¿Milo? – en ese instante Aioria no reconocía ningún nombre.


             - Ven, vamos a preguntarle…


             - Kanon… ¿ya viste la cantidad de niñatos que hay? – además de ser muy popular en la escuela, Seiya había invitado a todos los niños del orfanato – Nos van a ganar.


             - No si hacemos esto – miró directamente la pantalla para después escupirle ante la cara asqueada de Aioria.


             - ¡Eres un cerdo Kanon! – afortunadamente el león aún no cenaba, pues de lo contrario habría devuelto el contenido de su estómago.


             - Pero así los mantendremos lejos – dijo con orgullo antes de asediar al escorpión.


***


Saga estaba a punto de quedarse dormido, trabajaba demasiado a pesar de la insistencia de Milo de que tomara las cosas con calma. A su lado en la barra se encontraba Shura, con una cerveza helada y espumosa.



             - No sabía que ahora tuvieras desordenes alimenticios Saguita – dijo con burla Shura al ver al mayor de los gemelos con tres pequeñas cajas que contenían la cena que les habían dado, pero Saga hizo caso omiso, o quizá fue tan solo que no lo escuchó – Oye, ¿estás bien?


             - ¿Eh? Ah… sí… creo que me iré a casa, aún tengo trabajo pendiente.


             - ¿Trabajo? Saga, es viernes – se acercó al gemelo y le acercó una cerveza – disfrútalo.



***


             - Hola Hyoga – dijo Shun muy alegre y algo nervioso.


             - Shun – la respuesta del rubio fue fría.



Andrómeda hizo un par de preguntas más pero solo consiguió monosílabos como respuesta, así que se dio por vencido ante la mirada extrañada del Fénix.



             - Bueno, mañana celebraremos a Seiya en la mansión, sería bueno que fueran.


             - Mañana no puedo – Ikki prestó más atención a lo que el rubio decía – saldré este fin de semana… 


             - No lo creo Pato – interrumpió el Fénix, parecía que Hyoga acotaría algo pero decidió alejarse sin decir nada.


             - ¿Sigues teniendo problemas con él?


             - Nos las arreglamos.


             - ¿Has pensado en ir con un psicólogo que te oriente?


             - El que debería ir con un psicólogo es ese jodido Pato…


             - Ikki… - puso su mano sobre el brazo del mayor mientras le daba una pequeña tarjeta que había sacado de su bolsillo. 
             

             - Bien, me comunicaré la próxima semana.


***


             - Ya dinos Milo… ¿quién fue la afortunada? – dijo Kanon recargándose en la mesa de billar donde jugaba el escorpión con Death Mask y unos amigos de Seiya.


             - No sé de qué hablan.


             - Saga me dijo que ya no salías como antes.


             - ¿Saga te dijo eso? – preguntó extrañado el escorpión.


             - Bueno, no exactamente. Le pregunté por el número de tu móvil y me dio el de tu casa, me dijo que era seguro encontrarte ahí.


             - Pues sí, me gusta estar en casa.


             - ¿Ya está viviendo contigo? – preguntó Aioria con curiosidad.


             - Oye Milo, a cotillear a otro lado, ¿juegas o me cedes tu turno? – dijo Death Mask desesperado.



A lo lejos se escuchó que alguien anunciaba que era hora de cortar el pastel, la mayoría estaban enfrascados en la enorme variedad de juegos, pero el Pegaso comenzó a acarrearlos como si de ovejas se tratasen.



             - El pastel – musitó Milo y fue al área de comidas del salón.



***



Para Hyoga, el resto de la noche transcurrió sin novedades, se sentía enfadado, pero no pensaba darle motivos a Saori para reprenderlo, así que tomó su tarjeta de puntos para las atracciones y se dedicó a jugar por su cuenta. Más de uno intentó acercársele, pero el rubio era hermético y solía ignorar a los demás. Se había quitado los lentes en cuanto logró deshacerse del Fénix.



Intentó sobornar a Shura para que le permitiera beber pero no lo consiguió, así que fastidiado se recargó en una mesa, ocultando su rostro entre sus brazos hasta que el Fénix fue por él.



             - Ya nos vamos, ¿quieres ir a despedirte de Seiya y los demás?


             - ¿Tú ya lo hiciste?


             - Sí, ¿vas a ir?


             - No.



El regreso a casa fue silencioso.



***



Cuando Milo llegó a casa lo primero que hizo fue buscar a Camus, el francés tenía problemas para dormir, con frecuencia tenía insomnio o tan solo perdía la noción del tiempo, por eso no le sorprendía que tuviera tan mala memoria. Al no encontrarlo en su cuarto, fue al estudio y ahí estaba aún, solo que ahora se encontraba dormido sobre el sofá.



Fue por una manta para cubrir su cuerpo.



*** 



             - Acerca de lo del fin de semana… - comenzó a decir con la esperanza de que el Fénix se apiadara de él.


             - No irás.


             - ¡Ahh! ¡Siempre me mientes! – le gritó el rubio herido.


             - No – dijo con calma el mayor – te dije que lo iba a pensar… y lo hice… lo pensé pero volví a llegar a la misma conclusión.


             - ¡AHH! ¡TE ODIO! – no era la primera vez que se lo decía pero al Fénix le daba la impresión de que cada vez le dolía un poco más. 



Disimuló lo mejor posible pero eso solo enfureció más al ruso, tenía problemas para controlar su ira, en el poco tiempo que llevaban viviendo como personas normales, había perdido toda su frialdad y autocontrol. Se sentía torpe, inseguro, dependiente y le daban ataques de histeria y ansiedad.


El rubio miró a su alrededor, alcanzó a ver uno de los floreros que había en la estancia, siempre estaban vacíos, tan solo estaban ahí por haber sido un regalo de Shun hacia el Fénix, así que lo tomó para después arrojárselo a Ikki, éste pudo esquivarlo a tiempo y el dichoso florero terminó estrellándose contra un espejo que a su vez se rompió en un ruido lastimoso. Y fue como si el tiempo se detuviera para el cisne. 



             - Lo siento Ikki… - musitó como si recién despertara de un sueño.


             - Ve a tu habitación.


             - No quise…


             - VE a tu habitación. Ya hablaremos más tarde.



El rubio tan solo asintió con la cabeza y se alejó con una horrible sensación en el pecho. El Fénix por su parte sacó la tarjeta que le había dado Shun, miró el reloj tan solo para descubrir que era muy tarde, así que decidió que llamaría al día siguiente a primera hora.



Continuará…

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