sábado, 12 de enero de 2013

Capítulo 2: Ahora solo pienso en ti - Mayo 18.2008


Capítulo 2: Ahora solo pienso en ti.



No muy seguido entrenaban, era como si la palabra no existiera en el vocabulario de Saga, así que después de aquel día, había seguido con la costumbre de vagar y emplear las pocas técnicas que conocía, luego regresaba a su habitación, ocasionalmente se encontraba a Milo y éste le sacaba plática de cualquier cosa, no comprendía cómo era que el futuro escorpión estaba siempre enterado de todo lo que acontecía en el santuario, pero su compañía le parecía agradable.



                    - Entonces nos veremos más tarde…


                    - ¿Más tarde? – preguntó Camus sin comprender lo que Milo decía, y sin darse cuenta de que alguien los observaba.


                    - Sí… el Patriarca hará una reunión ya que estamos todos los aspirantes a caballero – observó la expresión de incertidumbre en Camus y siguió hablando – Seguro que a tu maestro se le olvidó decírtelo, pero será divertido… espero… bueno, al menos habrá bebidas gratis – a su edad, Milo solo pensaba en divertirse, y la palabra diversión, para él era sinónimo de sexo y alcohol.


                    - …supongo – el sonido de la puerta interrumpió el diálogo y ambos jóvenes se giraron para ver al Santo de Géminis asomarse.


                    - Camus… 



No supo exactamente qué fue lo que sintió al ver a Camus junto al chico escorpión, fue como una especie de malestar general que se detenía en algún lugar de su pecho, como una alarma que se encendía anunciando que había peligro… quizá era su intuición, pero no le gustaba ese chico cerca de SU Camus… entonces se dio cuenta de que Camus no era suyo y la sensación de malestar se incrementó… él era un Santo de Athena, no se suponía que debiera preocuparse por nadie más que por su diosa, entonces… ¿por qué no dejaba de pensar en ese francés cobardica? ¿por qué le molestaba que éste pasara las tardes en no sé donde, con no sé quien y haciendo no sé qué? No lo sabía, no podía explicarlo y tampoco quería hacerlo, ya era suficiente el hecho de que días antes hubiese querido besarlo.



                    - ¿Qué pasa? – preguntó al ver que el mayor no decía nada, pero Saga ignoró su pregunta.


                    - ¿No piensas saludar a tus superiores, chico escorpión? – lo último fue dicho con cierta saña.



Saga siempre había tenido la idea de que Milo lo observaba de una forma extraña, creía que el chico escorpión, como él lo llamaba, solo sentía una especie de odio hacia él. Aunque eso no era del todo cierto, la verdad era que Saga tenía fama de ser el caballero dorado más poderoso y eso despertaba en Milo cierta admiración, aunque, los dos eran igual de orgullosos y terminaban en discusiones sin sentido.



                    - Si hubiera algún superior ya lo habría saludado – esbozó esa sonrisa de medio lado, de esas que hacían que Saga se enfadara y perdiera la sangre fría.


                    - ¡¿Qué dices mocoso?! – se acercó amenazadoramente a Milo pero Camus se interpuso deteniéndolo en un abrazo que le cortó la respiración por un momento, no por la fuerza empleada sino por la sensación que le producía.


                    - ¡Nos vemos Camus! – su voz apenas se distinguió de las quejas de Saga.


                    - Sí… hasta… luego…



***



Shion revisó por última vez el enorme salón, era como si él mismo se hubiera encargado de todo y ahora se sintiera orgulloso al ver el resultado, aunque lo cierto es que solo había dado órdenes. Observó a Death Mask (seguía sin entender el motivo de ese sobrenombre) bebiendo sin que el alcohol pareciera afectarlo, se preguntó si era buena idea dejar que algunos de los más jóvenes bebieran, aunque eso lo dejaba claro y a criterio del maestro correspondiente, por ejemplo, él mismo no le permitía a Mu ingerir alcohol y sabía que Aioros haría lo mismo con Aioria, el único que le preocupaba era el maestro de Milo, ambos escorpiones eran muy parecidos, solo que Milo tenía una especie de dulzura a la hora de relacionarse con los demás, el chico era sociable y tenía una gran empatía con todos.



                    - Ten… - Saga le alcanzó un vaso a Camus quien lo vio con algo de recelo – es whisky…


                    - Pero…


                    - Sí, ya escuché a Shion - dio un sorbo a su bebida – yo te cuidaré si te embriagas… - hubo algo en la voz del geminiano que perturbó a Camus pero no le prestó demasiada atención.



Minutos más tarde Shion anunció el motivo de la reunión.



                    - Pues bien, esto no solo es para que convivan – observó a Shura cuando dijo esto y el dueño del décimo templo desvió la vista para toparse con la figura tambaleante de Camus siendo sostenida por el imbécil de Saga, como solía llamarlo él – También quería comunicarles que pronto iniciarán peleas entre ustedes mismos para poder calificar su desempeño… algunos ya lo sabían, me atrevo a decir que la mayoría ya sabe en qué consiste este sistema, así que no me detendré a hablar demasiado de ello… por otra parte, también…



Camus intentó poner atención, pero no se sentía demasiado bien, a decir verdad ni siquiera podía ubicar con certeza al Gran Patriarca y sentía que su mente no conseguía comunicarse con el resto de su cuerpo. Lo último que escuchó fue la voz de Saga preguntando si se encontraba bien.



***



Había sido fácil, después de todo, él era el caballero de Géminis, no había nada que no pudiera conseguir… aunque ciertamente ahora no se sentía tan satisfecho como horas antes… había sido fácil… quizá demasiado… Fue fácil la manera en que consiguió embriagarlo, bastó con que le permitiera beber de más para que horas más tarde tuviera que llevarlo en brazos hasta su habitación… fue relativamente simple aspirar su aroma todo el camino y quitar prenda por prenda hasta que solo quedó la ropa interior.



Se veía hermoso, su rostro sonrojado, ligeramente perlado de sudor, su pecho subiendo y bajando con la tranquilidad propia del sueño. Saga sintió un escalofrío recorrer su cuerpo como una descarga eléctrica, y sin pensarlo demasiado se acercó al cuerpo del joven y besó la comisura de sus labios, no hubo respuesta, ni tendría porque haberla si el francés no estaba muy consciente de lo que sucedía a su alrededor, pero entonces abrió los ojos y le sonrió.



                    - Saga… - musitó arrastrando las vocales.



Saga colocó una mano sobre su frente y Camus lamió su labio inferior en un movimiento que al mayor le pareció de lo más sensual, entonces dejó de importarle el después, las consecuencias, el día de mañana, dejó de importarle todo y se fue acercando hasta besar sus labios, separándolos con una lengua ansiosa que se introdujo en su boca, explorando cada rincón, saboreándolo para terminar mordiendo sus deliciosos labios, Camus era así, delicioso, todo su cuerpo se le antojaba suave y tibio. El más joven no respondía a sus besos, de hecho, intentó quejarse pero en su descuido solo consiguió que el mayor profundizara el beso mientras se iba deshaciendo de su propia ropa. Se recostó a su lado y acarició su miembro sobre la ropa interior, que era lo único que lo separaba de su delicioso discípulo.



                    - Eres hermoso Camus… - dijo aunque sabía que éste no respondería nada.



Después besó su cuello, dejando profundas marcas rojizas que serían difíciles de ocultar, bajó hasta sus tetillas y lamió una con rapidez, un ligero lengûetazo que hizo que el cuerpo de Camus se estremeciera, entonces le gusta – pensó Saga antes de tomar entre sus dedos la otra tetilla para masajearla con delicadeza, era una parte muy sensible, no quería terminar irritándolo, quería que disfrutara, quería besar todo su cuerpo, que su lengua recorriera cada rincón de ese hermoso francés, así que después de chupar un rato ambas tetillas, siguió bajando por su abdomen hasta llegar al elástico de la ropa interior. Lo olfateó antes de quitárselo, amaba su aroma, lo amaba a él, aunque eso jamás lo aceptaría.



Se encontró con el miembro semi erecto del francés, no tenía hecha la circuncisión así que decidió jugar un poco con el prepucio que cubría esa hermosa cabecita rojiza y húmeda, le gustaba como se sentía la suave piel entre sus dedos, siendo masajeada, acariciada por expertas manos que bajaban hasta sus testículos y tenía tantas ganas de besarlo, era extraño, nunca había pensado en hacérselo oral a otro chico, pero Camus era distinto, tan solo lo deseaba, quería que todo su cuerpo le perteneciera. Así que mientras seguía jugando con su prepucio, se limitó a besar la cara interna de sus muslos, marcándolos, dejando chupetones que tardarían en desaparecer, luego subió para encontrarse con el par de testículos que caían con pesadez, pasó sus labios sobre ellos y luego su lengua se asomó para encontrarlos y lamerlos, subiendo hasta su miembro para después besar la jugosa punta que comenzaba a gotear líquido preseminal, dioses, era perfecto, nunca pensó que podía encontrar tanto placer chupándosela a alguien, pero así era. Así que sin pensarlo demasiado, fue introduciendo el miembro de Camus en su boca, restregaba su lengua contra su delicada punta y succionaba con fuerza el tronco ayudándose en el proceso de masturbación con una de sus manos, en ocasiones se lo sacaba de la boca para ver el resultado y sonreía al ver la plena erección de su hermoso Camus, quien ahora gemía aferrándose a las sábanas y movía sus caderas en busca de que Saga continuara con su labor. Succionó, queriendo sacar cada gota de la esencia del francés. Y entonces encontró otro lugar que le pareció sumamente atractivo y deseable, su mano continuó apretando el miembro de Camus mientras su boca bajaba hasta su entrada trasera, se veía tan pequeña, que comenzó a dudar que su miembro pudiera caber en ese lugar.



Colocó la punta de su lengua y el cuerpo del de acuario se contrajo en un espasmo, cuando su respiración volvió a la normalidad, volvió a besarle el culo, llenándoselo de saliva mientras le pasaba un dedo por toda la raja de las nalgas, le gustaban las reacciones de Camus, reacciones inconscientes y deliciosas. Tuvo que detenerse mientras buscaba algo entre sus pertenencias y cuando regresó, colocó un par de sogas por detrás de las rodillas de Camus para dejarlo expuesto y con las manos libres para acariciarlo mientras seguía con su sesión de sexo oral. Besó sus testículos lamiéndolos un poco para bajar por toda la raja hasta llegar al delicioso orificio que lo albergaría, se detuvo ahí, besando sus nalgas, lamiéndolas, intentando follárselo con la lengua mientras sus manos seguían masturbándolo, llenó su dedo índice con aceite y lo introdujo con morbosa lentitud, intentando localizar la próstata para acariciarla y conseguir que Camus se corriera, un profundo gemido abandonó los labios del menor y Saga volvió a introducir su miembro en su boca para succionarlo mientras seguía penetrándolo con sus dedos.



                    - Ahora es mi turno – dijo, su cuerpo estaba tan excitado que comenzaba a dolerle, así que colocó abundante aceite en la entrada de Camus y luego en su miembro para introducirse despacio…


                    - ¡AAHH! – se quejó Camus intentando liberarse, pero la posición en que se encontraba y el alcohol en su sangre no le permitían hacer mucho.


                    - Shh… ya, ya, solo duele un… poco… ahh – se sentía tan bien, descubrió que era más estrecho de lo que había pensado y que nunca había disfrutado tanto con alguien.



Entraba un poco, se detenía hasta que Camus se calmaba y después entraba un poco más, a Saga le habría gustado entrar de golpe y bombearlo toda la noche, pero sabía que no debía hacerlo. Así que cuando estuvo completamente dentro, liberó las piernas de Camus y se recargó en su cuerpo, observando el hermoso rostro, mitad inconsciente, mitad asustado, seguramente comenzaba a recuperarse y no tendría ni la más mínima idea de lo que habría pasado.



                    - Shh… calma… aguanta un poco… - Camus abrió los ojos aunque no conseguía mirar fijamente a Saga.



El mayor comenzó a salir con lentitud para entrar con fuerza ante los quejidos del hermoso francés, era tan placentero, al menos para él, sentir toda esa presión sobre su miembro, pero por su parte, para Camus era otra historia, comenzó a recuperarse cuando sintió una terrible punzada en la parte baja, luego el ardor y el deseo de que todo terminara lo más pronto posible. Una parte de si mismo le anunciaba lo que estaba pasando y la otra simplemente no quería saberlo porque no lo entendía, porque eso no debía pasar y cuando sintió cómo Saga iba inundando su cuerpo, llenando sus entrañas, sintió tanto asco por sí mismo que un par de lágrimas abandonaron sus bellos ojos, hecho que asustó a Saga.



                    - Dioses, Cam… ¿te lastimé? – dijo preocupado mientras salía de su cuerpo, le habría gustado permanecer un poco más en aquella posición pero el acuariano no se veía muy bien.



Se puso de pie con dificultad y Saga lo imitó sin saber qué era lo que le pasaba a su hermoso discípulo. Camus avanzó hasta el cuarto de baño y comenzó vomitar, sin saber muy bien si era efecto del alcohol o de lo que acababa de pasar. Saga sostuvo su cabello mientras acariciaba su espalda intentando confortarlo pero el menor rechazó el contacto mientras formulaba una pregunta que era tan simple, que le dolía tanto y que no podía responder.



                    - ¿Por qué?



***


                    - ¡Está entrenando de nuevo!



Milo subió corriendo por entre las gradas hasta llegar a donde se encontraba Aioria. Intercambiaron una mirada cómplice y se dirigieron a uno de los campos de entrenamiento, no estaba demasiado lejos, sin embargo, iban corriendo tan rápido que sentían que sus piernas dejarían de responderles en cualquier minuto. Cuando llegaron se ocultaron detrás de unas columnas y sin hacer demasiado ruido continuaron observando.



Ver a Shaka entrenar era… fascinante y aterrador al mismo tiempo, por un lado, era increíble ver la velocidad de sus movimientos, la fuerza en cada uno de sus ataques, la sensación de su cosmos despertando y envolviendo todo aquello que estaba a su alrededor, purificándolo y destruyéndolo… era simplemente impresionante… y tenía sus motivos para serlo, podría decirse que su entrenamiento era casi inhumano, y ahí radicaba el hecho de que también fuese aterrador presenciarlo. Su maestro lo dejaba dormir pocas horas, por eso no era extraño verlo cansado o dormitando en su escaso tiempo libre, tampoco dejaba que comiera demasiado y prácticamente vivía aislado de todo, meditando o entrenando, no había otra cosa que le permitieran hacer.



                    - ¡Bien! – gritó su maestro – Ahora haz lo mismo sin moverte de tu lugar – los hermosos cielos de Shaka se abrieron al máximo, no tenía ni idea de cómo realizar un ataque a distancia.


                    - Pero… - musitó demasiado tarde, antes de ser empujado por una enorme fuerza que emanaba de una de las manos de su maestro. Su cuerpo se estrelló contra una columna y la sangre comenzó a salir de su boca.



Milo y Aioria ahogaron una expresión de preocupación, sabían lo que seguía, el insensible caballero de virgo se molestaría por el fracaso de su alumno y lo obligaría a seguir entrenando, golpeando su cuerpo, disfrutando con cruel indiferencia de las súplicas de su alumno.



                    - Es un misera… - Milo cubrió la boca de Aioria con una de sus manos y lo obligó a alejarse del lugar – ¡Suéltame! – dijo y entonces el escorpión lo soltó.


                    - No vas a conseguir nada, él es un caballero dorado, tu fuerza no se compara con la de él…


                    - ¿Y qué? Entonces… ¿quieres que me quede cruzado de brazos? – Milo lo observó detalladamente, él también se sentía indignado.


                    - No podemos hacer nada… por ahora – se sentó en el suelo observando hacia ningún lugar en específico – él es lindo…


                    - ¿Qué?...


                    - El rubio, tiene un rostro hermoso – Aioria no supo que decir, él era un chico y no se supone que los chicos piensen que otros chicos son lindos… aunque, en este caso sí era lindo, realmente lindo.

                    
                    - Oye… ¿quieres…? - su rostro se sonrojó con un delicioso carmín y Milo sonrió.



Había esperado a que fuera Aioria quien dijera el tan conocido “¿quieres?” no era una pregunta formulada propiamente, pero Milo lo entendía, sabía que irían a su cuarto y se masturbarían mientras veían alguna película porno conseguida clandestinamente por el escorpión.



***



Culpabilidad, era la única palabra que podía describir lo que sentía en ese momento, observó con detenimiento las pertenencias de Camus, era extrañamente ordenado y le daba la impresión de que todo estaba impregnado con su aroma. La habría gustado tenerlo ahí, que en ese momento el bello cuerpo del acuariano descansara en la cama, pero eso era pedir demasiado.



                    - Soy un idiota… - musitó mientras cerraba con fuerza los puños.



La relación maestro – alumno, había sufrido un cambio radical y desagradable. Ambos lo sabían pero no habían dicho nada al respecto. Saga seguía aprovechando su posición para obligar a Camus a estar con él y éste se sentía tan culpable, que prefería las ya no tan continuas ausencias del mayor.



*** 



Lo encontró cerca de una colina adornada únicamente por un solitario árbol, miró a su alrededor, no había nadie.



                    - Saga… - su voz apenas audible alertó al mayor, quien pensaba que su presencia no había sido percibida.


                    - ¿Qué pasa? – se le acercó intentando abrazarlo pero Camus rechazó el contacto y se alejó.


                    - Esto está mal… - fueron tres palabras, Saga no tenía idea de que pudieran ser tan dolorosas, tan acusadoras, no sabía que abrir los ojos causara tanto daño.


                    - Así que esto está mal… - dijo con una inusitada crueldad en la voz, se sentía molesto y rechazado, culpable - ¿y qué piensas hacer? – Tuvo una extraña sensación, el deseo de amenazarlo y obligarlo a estar con él. Camus lo observó sin entender claramente el significado en las palabras del mayor - ¿qué? ¿Acaso quieres que todos se enteren? – rodeó el cuerpo de Camus como a una presa – Si alguien más lo supiera… jamás podrías obtener la armadura dorada de Acuario… ese es tu objetivo ¿cierto? – ahora la mirada de Camus era de incredulidad e impotencia – yo podría encargarme de que todos lo supieran… y que tu sueño jamás se cumpla…



Camus no sabía porque le decía todas esas cosas, comprendía que tenía razón, pero no sabía qué ganaba con ello y su vista se empañó con lágrimas que no tardaron en abandonar sus ojos.



                    - Eso no funcionará conmigo – dijo con desprecio, odiaba que llorara, más bien, odiaba hacerlo llorar, así que se alejó.



De pronto Camus sintió su cuerpo demasiado pesado, no se dio cuenta del momento en el que comenzó a sollozar y se dejó caer al lado del árbol, apoyando las manos sobre el césped, con su cuerpo temblando como el de un niño pequeño y sin poder controlarse. Saga se detuvo a un par de metros y después regresó sobre sus pasos molesto, fastidiado, tomó con fuerza el cuello de la camiseta de Camus y lo obligó a ponerse de pie, recargándolo sobre el árbol y haciendo el ademán de querer golpearlo. El hermoso francés tan solo cerró los ojos con fuerza esperando algún golpe pero de pronto sintió como su cuerpo era apresado en un tierno abrazo que solo consiguió confundirlo.



Después de eso, Saga se fue a su templo y no se dejó ver durante tres semanas.



***



                    - ¿Dónde demonios está Saga? – preguntó Shion tan molesto que Aioros pensó que en cualquier momento sufriría un ataque – ¡No está en donde debería estar, no hace lo que debería hacer! ¡Su deber en este momento es entrenar a Camus! – golpeó el escritorio con fuerza mientras observaba como el montón de notas se dispersaban por el suelo.


                    - Yo podría hacerlo por él – dijo el arquero con voz calma, todo debía ser tranquilo cuando Shion se enfadaba.


                    - ¡No! Tú ya tienes suficiente trabajo con Aioria.


                    - Está bien.


                    - Aunque… estaría bien que entrenara un día o dos con ustedes… Camus tiene técnicas poderosas, incluso con el idiota e irresponsable de Saga como maestro, ha sabido aprovechar el tiempo y ha avanzado por si mismo, es bueno utilizando su cosmos y en ataques a distancia pero su fuerza física deja mucho que desear… en cambio Aioria es muy fuerte… quizá deban entrenar juntos un par de veces.



Aioros sonrió, desde el momento en que había sido llamado sabía que el Patriarca le pediría algo parecido y por su parte, siempre había creído que Camus era una persona muy agradable, aunque bueno, para Aioros, todos eran agradables, tenía una paciencia infinita y eso era algo bueno cuando se tenía un hermano como Aioria.



***



En ese tiempo, Camus se dio cuenta de algo que no le gustó demasiado… extrañaba a Saga, comenzaba a necesitarlo de una forma que no podía explicar, quería saber al menos en donde estaba, qué estaba pasando y si su ausencia tenía algo que ver con él, pero no sabía cómo obtener las respuestas, quizá si hablaba con el Patriarca… no, eso solo lograría meter en problemas al geminiano, así que se armó de la paciencia que ahora comenzaba a faltarle y siguió esperando, aunque sabía que no había salido del Santuario.



Se recostó en la colina donde se habían abrazado semanas antes y sintió una terrible nostalgia, intentó despejar su mente pero le fue imposible, entonces decidió que si la montaña no iba a él, entonces él iría a la montaña. Así que esperó a que oscureciera un poco para dirigir sus pasos hacia el tercer templo, una vez ahí elevó un poco su cosmos con la esperanza de que el mayor lo reconociera y saliera a su encuentro, pero pasaban los minutos y nada ocurría, comenzaba a darse por vencido y justo cuando pensaba en regresar sobre sus pasos, escuchó esa voz tan familiar.



                    - Camus… - sintió un nudo en la garganta cuando escuchó su nombre y un gran deseo de abrazarlo, pero se contuvo sin poder decir nada – Ahora estoy ocupado – Camus bajó su rostro sin poder ocultar la desilusión - ¿te sientes mal? – su voz adoptó un tono preocupado - ¿sucedió algo? – tocó su frente causándole escalofríos.


                    - Tan solo… quería verte… - Saga sonrió.


                    - En cuanto termine iré a tu habitación – Camus a su vez sonrió, se veía tan hermoso cuando lo hacía.



***



Eran las 3:52 a.m. lo vio en el reloj que Saga había abandonado sobre la pequeña mesa al lado de su cama. Pero el caballero de Géminis no llegó. Fue un día triste para Camus.



***



Ese día, a pesar de su estado mitad zombie, fue el primer día en que entrenó con Aioros, Aioria y el metiche de Milo que solo estaba ahí por Camus y porque su maestro estaba ausente. A pesar de que Aioros era muy fuerte, tenía un estilo distinto al de Saga, con Aioros todo era más relajado y le sorprendía la paciencia que tenía, de haber sido el geminiano, todos habrían sido presa de alguna de sus poderosas técnicas, en especial el chico escorpión.



                    - Tomen un descanso – dijo Aioros cuando vio que Shura estaba cerca.


                    - Los niñatos te dan trabajo ¿eh? – fue lo único que alcanzaron a escuchar antes de que ambos se alejaran.


                    - Deberías quedarte esta noche con nosotros – dijo Milo con la confianza que siempre tenía.


                    - ¿Qué?


                    - Sí, podríamos ver películas en mi habitación – Camus lo pensó unos cuantos segundos.


                    - Está bien – después de todo necesitaba distraerse en algo para dejar de pensar en Saga y en la extraña relación que ahora mantenían. Porque a pesar de que no eran nada y nunca habían hablado de sentimientos, sentía que nunca podría sustituirlo con alguien más y eso solo lo entristecía hasta que se obligaba a pensar en otra cosa.



***



A Milo le habría gustado poner una de sus famosas películas porno para masturbarse al lado de Camus, se lo imaginaba delicioso, pero sabía que no había la confianza necesaria para hacerlo, así que se limitaron a ver un montón de películas de terror, género que no le iba muy bien al francés, aunque le costara admitirlo, era algo miedoso, situación que Milo de inmediato aprovechó.



                    - Tan solo imagínalo Camus – le hacía gracia plantearle al francés situaciones extrañas en donde se viera perseguido por algo incontrolable, algo contra lo que no podría luchar.


                    - No, no digas eso – estaban recostados en la misma cama, era pequeña pero ambos cabían perfectamente, al lado, sobre un montón de cobijas que hacían de cama, se encontraba Aioria, quien contribuía con las imágenes terroríficas y los sonidos que solo asustaban al de por si asustado acuariano.


                    - Sí, es cierto, tú no lo notarías, tan solo verías la sombra bajo la puerta pensando que es alguien más y…


                    - Noo, ya, eso nunca pasaría, es… imposible…


                    - ¿Ah si? – dijo Aioria – entonces… ¿qué es eso…? – señaló detrás de él y Camus solamente se tapó con las sábanas soltando un gritito de angustia.



A Milo le causó ternura y terminó abrazándolo, pero Camus tan solo pensaba en esconderse, así que cuando sintió el contacto de Milo comenzó a removerse frotando sin querer la entrepierna del escorpión, quien no necesitaba de mucho para excitarse, así que apresó más el cuerpo de Camus hasta que sintió que su amigo de abajo estaba demasiado despierto, entonces se puso de pie con dificultad y se retiró al baño a masturbarse, intentó no hacer ruido, pero jamás había disfrutado tanto correrse como esa vez. Cuando regresó a la habitación, se encontró con que Aioria había tomado su lugar y ahora se encontraba con Camus, ambos se estaban riendo y esa escena no le gustó por algún motivo.



                    - Ese es mi lugar gato – dijo bromeando.


                    - No me quitaré, soy tu invitado, debes tratarme bien chico escorpión – esto último lo dijo porque sabía que Milo odiaba que Saga le dijera así.


                    - ¡Idiota! – le gritó y Camus decidió ser él quien cambiara de lugar para que Milo y Aioria se quedaran juntos en la cama.


                    - Vale, yo me iré al suelo – dijo mientras intentaba saltar sobre Aioria para pasar al otro lado, pero éste se lo impidió con un abrazo.



De pronto, o quizá porque ahora no se encontraba presa del miedo como cuando ocurrió con Milo, sintió peligrosamente la entrepierna de Aioria contra uno de sus muslos y se sintió agredido, así que por impulso golpeó al de Leo. Aioria era muy instintivo, Milo también lo era, pero a diferencia de Aioria, el escorpión podía controlar sus emociones con mayor eficacia que el leonino, quien de inmediato sometió a Camus bajo su cuerpo y continuaron forcejeando hasta que ambos cayeron al suelo, Aioria sobre Camus, en una pelea silenciosa que tenía al escorpión como único espectador. La mirada de Camus buscó la de Milo, y cuando se encontraron, éste pareció despertar de una especie de hipnosis, para detener a Aioria justo antes de que golpeara a Camus.



                    - ¿Qué demon… - no terminó de hacer la pregunta cuando sintió el abrazo de Milo y vio como Camus se ponía de pie alejándose de ambos.


                    - Ya gato, cálmate.


                    - Yo… lo lamento Camus – dijo realmente apenado, pero a Camus no le interesaba lo que pudiera decirle, su cuerpo aún se encontraba agitado por el forcejeo.


                    - Creo que es mejor que me vaya…


                    - ¡No! – dijo Milo – duerme en la cama, no dejaré que este gato torpe te haga daño, es un idiota, a mi también me ha atacado con sus rasguños – la risa del escorpión calmó un poco los ánimos y regresó a la cama, estaba cansado así que no pasó mucho hasta que se quedó dormido.



Cuando Milo ocupó su lugar en el suelo al lado de Aioria, se quedó pensando en por qué no había detenido al de Leo antes y la respuesta le llegó con una simpleza que le sorprendió. Se había excitado al verlos así, se excitaba porque se imaginaba él mismo sobre el cuerpo de Camus.



A pesar de que ninguno dijo nada, la próxima vez que se masturbaron, ya no lo hicieron pensando en aquella joven de la película porno, ahora pensaban en el próximo dueño del onceavo templo.



Continuará…

No hay comentarios:

Publicar un comentario