sábado, 12 de enero de 2013

Capítulo 3: Aprende de mí - Agosto 2.2008



Capítulo 3: Aprende de mí



                    - Entonces... ¿ya lo sabes? – dijo Shura intentando no parecer ansioso por saber quienes serían los primeros en enfrentarse. Luego se recargó en una pared mientras encendía un cigarrillo.


                    - No, el gran patriarca aún no… - comenzó a decir Aioros, pero fue interrumpido por Saga quien lo empujó contra una columna tomándolo amenazadoramente del cuello.


                    - ¿Dónde está? – musitó Saga con lentitud. Shura tardó un par de segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo, consiguió separar a Saga del arquero – ¡Suéltame!


                    - Já, soltarte sería suicidio… ahora… ¿a quién coño estás buscando?


                    - No es tu asunto cabra…



Era común ver ese tipo de escenas entre Saga y Shura, era como si no pudiesen estar tranquilos cuando se encontraban en el mismo lugar. Así que, suponiendo que la pregunta de Saga se relacionaba con el futuro dueño del onceavo templo, Aioros decidió intervenir antes de que las cosas pasaran a mayores.



                    - Saga… Saga… - pero parecía que el de géminis no lo escuchaba – Camus está entrenando ahora con Milo y Aioria – Saga se mantuvo en silencio, como si le costara procesar la información.


                    - ¿Con tu hermano y el chico escorpión? – dijo como para confirmar.


                    - Sí.


                    - Shion lo dispuso así ya que cierto imbécil no cumple con sus funciones… - Shura observó a Saga, encontraba cierta satisfacción cuando lo fastidiaba.


                    - Shura, por favor.


                    - Camus no te necesita Aioros… así que, no quiero que interfieras en su entrenamiento… - dijo antes de darles la espalda.


                    - Saga… Saga espera… sé que piensas que puedes hacer de Camus un caballero muy fuerte… y de hecho, yo también sé que puedes hacerlo, pero… falta una semana para que inicien los enfrentamientos entre ellos, y hay algo que estás olvidando… - Saga lo observó con curiosidad – él no es como tú. Que tú seas muy fuerte no significa que Camus también lo sea tan solo porque es tu discípulo… lo he visto entrenar, y… al menos físicamente no está a la par que los demás… él no es tan fuerte como tú…


                    - ¿Y entonces qué? ¿Eso significa que… debo dejar que tú sigas entrenándolo en mi lugar? ¿Que sea tu nuevo discípulo?


                    - No estamos hablando de eso, tan solo digo que… si tienes asuntos que atender, está bien, pero él debería continuar con su entrenamiento – Saga sabía que Aioros tenía razón, odiaba que siempre tuviera razón.


                    - … Pasaré más tarde a tu templo por él… - entendía lo que Aioros quería decir, pero no podía evitar sentir una especie de celos, por no ser él quien ayudara a Camus a convertirse en el caballero de acuario, por ni siquiera estar con él… tan solo, sentía que habían tomado su lugar y que poco a poco comenzaría a perderlo – más vale que cuides de él y no dejes que el chico escorpión esté de encimoso con él.


                    - De acuerdo – dijo Aioros sonriendo. Quizá él era único que podía tranquilizar a Saga de esa forma.



***



Shion revisó nuevamente los papeles que tenía en su escritorio, había formado dos grupos, en el primer grupo se encontraban Milo, Aioria, Aldebarán y Death Mask… seguía sin acostumbrarse a ese nombre elegido por el futuro caballero de cáncer, este grupo se caracterizaba por su enorme fuerza física y poco manejo del cosmos, en cambio, en el otro grupo, tenía el nombre de Mu, Camus y Dita, quienes manejaban con gran maestría el cosmos a pesar de su poca fuerza física, sin embargo, quedaba alguien que no cabía en ninguno de los dos grupos… Shaka, ¿cómo podía colocarlo en el primer grupo si su manejo del cosmos era impresionante y cómo podía colocarlo en el segundo grupo si su fuerza física era incluso mayor que las del primer grupo…? Esto de tomar decisiones siempre le causaba dolor de cabeza.



                    - ¿Por qué no lo dejas al azar?


                    - Dohko, ¿qué haces aquí?


                    - Vine a dejar esto – mostró la enorme caja en donde se encontraba su armadura – no la necesitaré en algún tiempo así que, pienso que es mejor que se encuentre en el templo de libra. 


                    - Tu templo… - Shion no comprendía por qué siendo el caballero de libra no ocupaba su lugar en el santuario - ¿Y por qué no te quedas tú también? – dijo con algo de dolor en la voz, quizá más de lo que le habría gustado aceptar.


                    - Tengo muchas cosas que hacer – dijo fríamente, luego observó el rostro de Shion y sonrió intentando que su voz se escuchara más amable – además, al menos por ahora no me necesitas aquí – y por un instante, Shion sintió el impulso de decirle que sí lo necesitaba, pero no lo hizo, ahora el Santuario estaba a su cargo, ya no podía hacerlo.


                    - No te voy a pedir que te quedes… ya no te lo voy a pedir… - tomó todo el aire que sus pulmones fueron capaz de albergar, hubo un silencio incómodo y luego cambió de tema rápidamente, arrepintiéndose de la historia fallida que había entre ellos – entonces… ¿dices que lo deje al azar?


                    - Así es, ¿cuál es el nombre de esos chicos? – tomó una hoja y comenzó a cortarla en pequeños fragmentos, después tomó una pluma.


                    - Afrodita, Milo, Aioria, Mu, Aldebarán, Shaka, Camus y… Death Mask


                    - Já, ¿qué clase de nombre es ese?


                    - Eso mismo quisiera yo saber.


                    - Bien, el primer enfrentamiento es entre… Aioria y…


***



Aioros tenía un rato de haber llegado. Ahora Camus se encontraba enfrentándose a Aioria, aunque era éste último quien parecía tener el control de la situación.



                    - Intenta inmovilizarlo Camus – dijo Aioros con tranquilidad. 



Lo decía como si fuera muy fácil, aunque lo cierto es que, para Camus era casi imposible hacerlo, más bien, era él quien se encontraba casi inmóvil, con todo el peso de su cuerpo apoyado en una mala posición, por ese motivo no fue extraño que terminara lastimándose el tobillo derecho cuando Aioria ejerció un poco más de presión. 



                    - ¡Ahh!


                    - Lo siento Cam… - musitó Aioria realmente apenado mientras Milo abandonaba las gradas para reunirse con ellos.


                    - No te preocupes, fue mi culpa… yo no…


                    - ¡Yo te llevaré de regreso! – dijo Milo emocionado, casi ilusionado mientras señalaba su espalda. Pocas veces podía hacer algo por Camus, aunque la verdad es que no sabía porque sentía esa extraña necesidad de hacer algo por él, de cuidarlo, no lo entendía y tampoco quería entenderlo.


                    - ¡Ehh… no!, gracias, pero… yo puedo hacerlo – demasiado vergonzoso era ya el tener que detener el entrenamiento por su culpa. Sin embargo, era más fácil decirlo que hacerlo, así que en cuanto puso algo de su peso sobre el pie lastimado, no puedo reprimir un leve quejido.


                    - Vamos, sube – dijo Aioros, mientras se colocaba delante de él con el cuerpo ligeramente inclinado, lo suficiente para que Camus pudiese subir a su espalda sin mucho esfuerzo.


                    - Pero… - se sentía demasiado torpe, se supone que algún día sería un santo de Athena, no podía sucumbir ante ese dolor tan insignificante, así que, se mantenía dubitativo, sin saber que hacer.


                    - Cuando seas el caballero de Acuario… - Camus lo observó – tendrás muchas oportunidades para demostrar tu fuerza, pero ahora… yo estoy a cargo, además, Saga me mataría si te pasa algo – Aioros sonrió, él tenía esa capacidad para detectar lo que los demás sentían, era como si supiera qué decir y cuándo decirlo. Siempre había sido así y era por ello que Shion tenía una gran confianza en él.



Camus subió a la espalda de Aioros, el acompasado movimiento del arquero le causaba cierta somnolencia, pero se mantenía despierto debido al incesante parloteo de Milo y Aioria. Finalmente llegaron al templo de Sagitario, de todos los nuevos aspirantes a caballero, era Aioria quien tenía más probabilidades de conseguir la armadura, (bueno, él y Shaka, aunque lo cierto es que muchos dudaban que el rubio siguiera con vida al final del entrenamiento), quizá ese era el motivo por el cual le permitían quedarse en la habitación de Aioros.



                    - Aioros…


                    - Dime.


                    - ¿Puedo… preguntarte algo? – Aioros sonrió mientras seguía vendando el tobillo de Camus, si había algo que le gustaba del francés, era esa forma tímida y respetuosa en que se dirigía hacia él, quizá ya se había acostumbrado a la familiaridad con que le hablaban Milo y Aioria, pero ocasionalmente se preguntaba si Saga sabía apreciar a su discípulo.


                    - Lo que quieras.


                    - Tú… eres el hermano de Aioria ¿cierto? – el arquero asintió - ¿es por eso que eres su maestro?


                    - Mm… pues… en parte.


                    - Ahh… y… ¿por qué Saga es mi maestro?


                    - Bueno… pues, tu antiguo maestro…


                    - Sí, lo sé – no necesitaba recordárselo, su antiguo maestro había fallecido en circunstancias extrañas, había sido asesinado y Camus quedó inconsciente cerca de un mes, sin recordar con exactitud lo que había ocurrido – Es solo que… ¿por qué Saga y no alguien más? Él ni siquiera puede manejar el hielo.


                    - Mm… - comprendía a Camus, Saga no había sido muy responsable en su papel de maestro, así que era lógico que el peliañil se sintiera de cierta forma… abandonado – Saga es el caballero más fuerte, ya deberías saberlo, cualquiera… - volteó a ambos lados como si quisiera confirmar que no hubiese nadie escuchando – incluso yo lo querría de maestro, aunque sé que en ocasiones es un poco infantil creo que puedes aprender mucho de él.


                    - Tienes razón.



De pronto se escuchó la voz del aludido, quien parecía estar enfrascado en una discusión.



                    - Seguramente fue tu culpa chico escorpión – dijo mientras lo señalaba.


                    - Bueno, fue inevitable que atrajera la atención de Camus mientras entrenaba con Aioria… - Saga estaba a punto de echársele encima, odiaba la idea de que su hermoso discípulo se pudiera interesar en alguien más.


                    - ¿Y por qué cojones tienes que entrenar con ellos, eh? Acaso no tienes maestro?


                    - ¡Saga! – dijo Aioros oportunamente.


                    - ¿Dónde está Camus?


                    - Es la segunda vez que me haces esa pregunta – dijo sonriendo mientras Saga parecía estar a punto de hacer un berrinche – Está en mi habitación – todavía no terminaba de decirlo y el mayor de los gemelos ya se encontraba buscando a Camus – claro, puedes pasar con toda la confianza del mundo – a veces él mismo se preguntaba en dónde quedaba el tan admirado hombre del que le hablaba a Camus. 



***



Saga llevó a Camus de la misma forma en que horas antes lo había llevado Aioros, pero esta vez no estaban ni Milo ni Aioria para mantenerlo despierto, y las preguntas hechas por Saga no eran suficiente, a decir verdad, el hecho de que Saga hablara ocasionalmente, tan solo aumentaba esa sensación de somnolencia, le gustaba como se sentía la vibración en la espalda de Saga, le gustaba el aroma de su cuerpo y el contacto entre ambos, nuevamente se dio cuenta de que lo extrañaba y mucho, que prefería mil veces tener esa extraña relación con él que no tenerlo. Había un montón de preguntas que le hubiese gustado hacer, pero estaba consciente de que, algunas de sus respuestas le traerían más dolor que la misma incertidumbre. Fue la primera vez que eligió la incertidumbre en lugar del dolor.



                    - ¡No nos iremos hasta que puedas golpearme! – el grito hizo que el cuerpo de Camus saliera de su sopor y se mantuvo alerta, aferrándose sin darse cuenta al cuerpo de Saga.



A lo lejos se veía al maestro de Shaka y al mismo Shaka en el suelo con uno de los pies de su maestro ejerciendo presión en el tórax, amenazando con romper algunas de sus costillas.



                    - Vamos Shaka… tienes que ganarte el derecho de regresar a casa hoy…



Al joven rubio se le cerraban los ojos, sentía que en cualquier momento todo terminaría, sabía que debía ponerse de pie e intentarlo de nuevo pero su cuerpo había dejado de responderle y ni toda su determinación y deseo eran suficientes para continuar. A veces tan solo se preguntaba si valía la pena y se prometió que si un día llegaba a tener un discípulo, jamás lo entrenaría de esa forma.



                    - ¡Levántate! – decía mientras se apoyaba más sobre el cuerpo del rubio – ¡si no quieres morir hoy, tendrás que levantarte y golpearme! – no hubo respuesta, el rubio se encontraba casi inconsciente – lo sabía, no eres más que un patético intento de discípulo… - tomó el cuerpo de Shaka dispuesto a terminar con su vida, aunque eso significara tener que rendir cuentas con Shion.


                    - Será mejor que no intentes hacer lo que creo que vas a hacer – Saga bajó a Camus, de esa forma sería más fácil protegerlo si todo terminaba mal.


                    - Preocúpate de tus asuntos Saga… - dijo señalando a Camus.


                    - Llevaré al rubio a la enfermería – se acercó a Shaka e intentó tomarlo en brazos, pero éste de inmediato lo rechazó.


                    - Estoy… bien – lo cierto era que no lo estaba, pero sabía que sería peor si permitía que el caballero de géminis lo salvara.


                    - No lo estás… tu cuerpo ya no soportará mucho más tiempo…


                    - El cuerpo es solo el vehículo de mi energía, y mi energía está bien…



Su cosmos comenzó a acumularse de manera impresionante, a pesar de que su cuerpo estaba tambaleante su energía era constante, su mirada tenía una especie de indiferencia, porque cuando le has perdido el miedo a la muerte, ya no te queda nada más que temer. Así que concentró la energía en su puño y cerró los ojos antes de lanzar un golpe hacia su maestro. Sabía que era muy probable que lo esquivara con facilidad, así que no lo lanzó directo hacia él sino que intentó predecir el lugar al que se movería, alcanzó a golpear su abdomen haciendo que escupiera algo de sangre y dejando al de géminis por demás sorprendido. Luego, su cuerpo se desvaneció.



                    - Muy bien Shaka… - limpió la sangre con el dorso de su mano – esta noche puedes dormir… - lo tomó en brazos y se alejó sin siquiera ver a Saga, quien seguía sorprendido.



No entendía muy bien, cómo alguien tan joven y en esas condiciones podía ser tan fuerte… regresó hacia donde estaba Camus y continuaron su camino en silencio. Saga se preguntaba si algún día conseguiría que Camus fuese tan poderoso como el chico rubio. Camus, por su parte, tan solo pensaba en la nueva admiración que había nacido hacia Saga y Shaka, siempre había creído que Saga era algo egoísta, nunca lo había visto hacer algo bueno por alguien sin obtener algo a cambio, así que, de alguna forma comenzaba a comprender por qué todos lo admiraban tanto. Ese día, descubrió 3 cosas distintas, primero, se dio cuenta que en realidad quería ser el caballero de Acuario, segundo, supo que cuando lo fuera, lo primero que haría sería presentarse apropiadamente con Shaka, y tercero, descubrió que… sentía algo por Saga.



Esa noche, permitió que el de géminis se quedara con él.



***



Afrodita tomó una rosa entre sus dedos, era de un color negro profundo y pertenecía a una técnica que acababa de perfeccionar, las rosas piraña. De pronto, los delicados pétalos comenzaron a caer sin que comprendiera por qué, era como si algo invisible estuviese arrancándolos para dejarlos caer ante sus ojos.



                    - ¿Qué…?


                    - Vaya… parece que a la princesa le gustan las flores… – soltó una carcajada, si había algo que Dita odiaba de ese insolente discípulo de cáncer, era la risa psicópata que utilizaba para todo.


                    - ¡Fuiste tú! No sé como lo hiciste, y tampoco me interesa saberlo, pero te advierto que si te acercas…


                    - ¿Si me acerco qué? ¿Me atacarás? – se le acercó de forma insinuante – eso quiero verlo… princesita… - musitó antes de señalar el resto de las rosas con el dedo índice, moviéndolo en círculos, mientras todas las rosas iban perdiendo sus pétalos. Después tan solo se alejó. 


                    - ¡AHHH! – lo observó con odio, pidiéndole a todos los dioses tener que enfrentarse a él, ya encontraría la manera de vengarse.



***



Shura se encontraba bebiendo jugo de naranja y traía un par de bollos dulces que había cocinado Aldebarán, el discípulo de Tauro, no sabía qué tan conveniente era que el chico supiera cocinar, pero lo cierto era que sabía hacerlo y muy bien. Así que comenzaba a convertirse en costumbre pasar a visitar a su maestro, quien obviamente estaba encantado con la deliciosa capacidad de su discípulo, y minutos más tarde Shura se encontró vagando por el santuario, fue entonces que vio a Saga.



                    - Vaya, ¿así que no dormiste en tu templo? – Saga lo ignoró – ¿Por qué no me sorprende? ¿A quién te follaste ahora? – lo decía con cierta molestia en la voz.


                    - Calla y dame eso – dijo para después quitarle uno de los bollos, luego se sentó en la escalinata.


                    - ¿Cómo vas con Camus?


                    - No lo sé… - se recostó en el suelo, con las piernas flexionadas sobre los escalones y Shura lo imitó – ayer vi el entrenamiento de Shaka…


                    - ¿Shaka?



                    - Virgo.


                    - ¡Ah! ¿El rubio de ojos hermosos? – a Saga le pareció curiosa la forma en que Shura se refería al discípulo de virgo pero no le dio importancia – y… ¿sigue con vida?


                    - Sí, todavía vive. Supongo que es cierto eso de que lo que no te mata, te fortalece.


                    - Escuché que Shion no sabe en qué grupo colocarlo, al parecer el niñato es demasiado fuerte… yo no diría lo mismo por su aspecto pero…


                    - Lo es…


                    - ¿En serio?


                    - Sí, por lo poco que vi… es… demasiado, lo lamentaré por el que tenga que enfrentarse a él… - Entonces Shura se preocupó, Saga no era de los que se sorprendieran fácilmente, si tenía esa opinión de Shaka, entonces Shaka, debía ser realmente especial – si tuvieras un discípulo… ¿cómo lo entrenarías? ¿Serías como el maestro de virgo, con un entrenamiento casi inhumano?, ¿o serías como Aioros, con esa paciencia que solo él tiene?


                    - No lo sé, no pienso tener discípulos por ahora…


                    - ¿Dónde conseguiste esto? – preguntó señalando el bollo, Shura sonrió.


                    - Yo lo cociné – dijo orgulloso, pero lo único que consiguió fue que Saga casi muriera de asfixia al intentar contener la risa.


                    - Claro y yo soy virgen.


                    - ¡No seas idiota! Ahh… - suspiró – Lo hizo Aldebarán… - Saga lo observó sin saber a quien se refería – Tauro.


                    - Ahh, el chico Tauro, creo que lo visitaré más tarde.


                    - ¿No piensas entrenar a Camus?


                    - Hoy no.



***



Cuando Camus despertó se encontró solo en la cama, aún tenía el aroma de Saga sobre ella, incluso impregnaba su propio cuerpo, recordaba el delicioso vaivén, las embestidas mezcla de violencia y deseo, entró al cuarto de baño y vio una profunda marca rojiza en su cuello, comenzaba a preguntarse si algún día se arrepentiría de entregarse de esa forma a Saga, pero aunque su sentido común le dijera que eso le traería problemas, él simplemente no quería escuchar. Terminó de ducharse y salió en busca de Saga, pero no fue precisamente a él a quien encontró.



                    - Camus.


                    - ¿Sí? – se giró para ver de quien se trataba y se sorprendió cuando se dio cuenta de que era el mismísimo Shion quien lo llamaba.


                    - ¿Dónde está Saga? – Camus se mantuvo en silencio unos segundos, lo último que quería era meter en problemas al de géminis.


                    - No… no lo sé.


                    - Bien, entonces, entrenarás con Shaka hoy – Shion analizó la expresión de Camus – no te preocupes, ya he hablado con su maestro. Aprovecha lo que aprendas hoy, ya después hablaré con Saga.


                    - Está bien…



***



La noche llegó a pesar de que el día se le hizo eterno, nunca se había sentido tan cansado, nunca había extrañado tanto su habitación, así que, tan solo decidió colocar una almohada bajo sus piernas y recostarse hasta que amaneciese de nuevo. Escuchó como la puerta se abría pero no tuvo intención de levantarse.



                    - Buenas noches corazón.


                    - ¿Corazón?


                    - Já, nuevo apodo, te traje algo de cenar – al parecer, la visita al chico Tauro había salido mejor de lo que se había imaginado.


                    - ¿En dónde estabas?


                    - ¿Eh?


                    - Estuve esperándote para que entrenaras conmigo y no llegaste. – Saga se recostó a su lado con el recipiente en donde tenía la comida.


                    - Lo siento. PERO, mi bello discípulo pudo arreglárselas solo, ¿cierto?


                    - El gran patriarca me ordenó entrenar con el maestro de Shaka…


                    - ¡Uh! – hizo una expresión mitad comprensión mitad dolor. Seguramente ahora Camus apenas si se podía mover.


                    - Así que ahora estoy dolorido.


                    - Entonces… ¿no podemos…? – acarició el abdomen de Camus mientras levantaba la camiseta que los separaba.


                    - Detente Saga, en verdad me duelen las piernas.


                    - No te preocupes, yo me encargaré de todo – poco a poco comenzó a colocarse sobre el cuerpo del más joven mientras iba retirándole una a una las prendas.


                    - ¡Ahh! No, es… espera, ¡no! – las caricias se hacían más intensas, sabía que si seguía así, él tampoco pondría ya mucha resistencia. 


                    - Bueno, al menos dame un beso – intentó apoderarse de sus labios, pero fue nuevamente rechazado - ¿Por qué no?


                    - Porque si te beso, luego no te detendrás – Saga lo observó mientras acariciaba su rostro, le gustaba la forma en que Camus se resistía para terminar entregándose minutos después. 


                    - Solo un beso… 


                    - ¡Ahh! Está bien… - algo le decía que no solamente sería un beso y pronto lo confirmó cuando las expertas manos de Saga se introdujeron en su ropa interior, acariciando su miembro –¡ ahh! Espera… ¡esperaahh! ¿Ves? Ya lo estás haciendo.


                    - No seas paranoico Camus, solo te pido un beso antes de irme a dormir – no le creía, pero le gustaba darle el beneficio de la duda.


                    - Mm… bueno, pero dame tus manos.


                    - ¿Qué?


                    - No quiero juzgarte mal por mi paranoia, después de todo tú no piensas hacer nada ¿cierto?



Tomó las muñecas de Saga para inmovilizarlo mientras éste comenzaba a restregarse contra él. Lo sentía endurecerse lentamente y emitir deliciosos gemidos. Bajó por su cuello y siguió besando, tenías ganas de follárselo, tenía ganas de penetrarlo con fuerza, hacerlo suyo esa y todas las noches por el resto de su vida.



                    - Lo siento Cam…



Se zafó fácilmente del agarre del menor y terminó de desnudarlo, le gustaba acariciar su torso, tomando sus tetillas entre sus labios, le gustaba ver como se iban poniendo erectas, tan sensibles que cualquier caricia brusca le habría irritado, luego siguió bajando por su abdomen hasta llegar al miembro de Camus, quien para ese momento solo se aferraba a las sábanas. Saga colocó un poco de lubricante en su miembro y otro tanto en la entrada de Camus, preparándolo un poco antes de introducirse con lentitud.



                    - ¡Ahh! – volvió a besarlo para silenciar sus gemidos, aunque lo cierto era que le fascinaban. Luego cuando estuvo completamente dentro se mantuvo quieto un instante antes de comenzarlo a embestir.


                    - Eres mío Camus… y siempre lo serás. 



Se pertenecían de una forma extraña, en silencio, en la oscuridad. Sin saber si en realidad se amaban o si tan solo se trataba del deseo por el que eran consumidos, pero los sentimientos poco importaban, estaban ahí, juntos, perteneciéndose.



Continuará...

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