sábado, 12 de enero de 2013

Capítulo 16.2: Pasado - Ankoku cloths - Septiembre 13.2011



Capítulo 16.2: Pasado – Ankoku Cloths



Era difícil para Saga explicar por qué adoraba a Seat con todas sus fuerzas. Tan solo le gustaba al grado de creer que no podría vivir sin él, lo necesitaba, se había convertido en algo indispensable en su vida y pensó, erróneamente, que el sentimiento era mutuo. Así que cuando se enteró, por una indiscreción de Heze, que el caballero de acuario estaba buscando a un sucesor, no pudo más que sentirse traicionado. Que buscara un discípulo quería decir que quizá planeaba retirarse pronto, y aunque pensó noches enteras en el porqué, no pudo encontrar la respuesta. Lo más sencillo habría sido preguntarle directamente al de acuario, pero sentía que si lo hacía se iba a desmoronar delante de él, y su orgullo no se lo permitía. Así que esos últimos días que pasaron juntos, Saga lo amó de la manera más absoluta posible, quería que Seat se diera cuenta de lo importante que era para él y que decidiera quedarse en el Santuario. Sin embargo, fue una tarde después de entrenar cuando el tema por fin salió a la luz.



                  - ¿Qué ocurre? – preguntó Saga, Seat se había detenido de golpe a medio camino.


                  - … Me iré a Siberia… - musitó y el de géminis comenzó a sentir que su corazón latía de forma descontrolada.


                  - ¿Irás… en una misión? – preguntó con voz temblorosa, aunque intuía la respuesta.


                  - … No… Iré a entrenar al próximo caballero de Acuario… - le dolía decirlo, por más que hubiera ensayado cómo hacerlo, nada se comparaba con en ese momento, en el que tuvo que enfrentarse a la ira contenida en los ojos de Saga. Esa intensidad que lo arrastraba y que lo seducía irremediablemente.



El de géminis cerró los puños con fuerza y siguió caminando sin mirar atrás.



                  - Su nombre es Camus… es de Francia…


                  - No me interesa – interrumpió, no quería saber nada. No comprendía por qué Seat tenía que buscar a un discípulo, le faltaban AÑOS para tener que entrenar a alguien que ocupara su puesto, así que, incluso antes de conocer a Camus, Saga ya sentía cierta antipatía hacia él, pensaba que jamás podría llegar a aceptarlo como a un compañero.


                  - Todavía estaré aquí algún tiempo – quería remediar de alguna manera la situación – Podemos… podemos estar juntos hasta que me vaya…


                  - No… - y ahora fue el turno de Seat, de sentir que se le iba la vida – Si sigo a tu lado terminaré odiándote… y prometeré vengarme de ti…



Se alejó despacio, como si quisiera darle tiempo a Seat de alcanzarlo, pero el de acuario estaba tan ensimismado en sus pensamientos que ni siquiera intentó seguirlo. Lo sentía ya demasiado lejos.



***



                  - ¡No tienes que irte! – dijo Shura con enfado, estaban en su templo – Deberíamos hablarlo con el patriarca.


                  - Ese sujeto… su cosmos es… muy fuerte, enfrentarnos a ellos… dejaría vulnerable al Santuario.


                  - ¿Y piensas que irte arreglará las cosas?


                  - Se supone que solo me buscan a mí… - en los días anteriores, Shura había podido escribir lo que había dicho el oráculo, o al menos, lo que había entendido él, que Seat sería el causante de una gran catástrofe – es más fácil reemplazar a uno solo de nosotros ¿no crees? 



Seat se puso de pie y se dirigió a la puerta, no esperaba que el de capricornio lo entendiera, tan solo quería saber que no le diría nada a nadie.



                  - Si te vas… le romperás el corazón – Seat sonrió con tristeza.


                  - Y tú estarás ahí para sanarlo.



***



Con el tiempo fue casi inevitable que entre Shura y Saga se diera una relación. El de géminis estaba destrozado y el de capricornio estuvo ahí, a su lado, durante toda esa época. Aioros se sorprendió un poco al sentirse repentinamente excluido, había notado que Saga estaba un poco distante pero supuso que se debía a la partida de Seat, él también lo extrañaba, ya no tenía con quién perder el tiempo.



Saga descubrió algunas cosas, cada diferencia entre Shura y Seat era remarcada en su consciencia lastimándolo. Los besos del español, por ejemplo, eran muy distintos a los de Seat, eran más cálidos, más húmedos y un poco torpes, no podía negar que le gustaba su cuerpo, sin embargo, era en las noches (cuando se encontraba solo) que el recuerdo de Seat aparecía para atormentarlo, era un pensamiento intrusivo, algo que una vez que se estancaba en la mente del de géminis se negaba a dejarlo en paz, así que se recluía un poco y entre lágrimas escribía cartas pidiéndole que regresara. Jamás las envió, quizá por falta de valor o por exceso de orgullo, pero no podía evitar sentir que lo seguía amando. Al mismo tiempo, el sufrimiento de Shura fue incrementándose al grado de sentir por momentos que ya no podía respirar, y es que el dolor era intenso, no importaba que Saga estuviera a su lado, su mente siempre estaría con Seat.



***



El primer ataque en Siberia se dio durante una tormenta de nieve, después de algunos meses de haber llegado. Un sujeto con una armadura muy similar a la de Aioros se había presentado delante de él y casi lo había atravesado con una flecha. Pudo derrotarlo porque a pesar de la apariencia, su cosmos no se comparaba para nada con el del arquero. Cuando se acercó al cuerpo se sorprendió al notar que físicamente también era muy parecido al de sagitario, tanto, que de no haber sido por su cosmos, habría pensado que se trataba de Aioros.



                  - Oi Camus – el menor volteó a verlo, estaba muriendo de frío y apenas se podía mover, le causó un poco de gracia a Seat y por instinto lo abrazó – Todas las técnicas que utilizarás involucran hielo… ¿crees que puedas soportar el frío sin ese abrigo? – lo separó de su cuerpo y la expresión de terror de Camus le dijo todo y no pudo reprimir una risa, era extraño, a pesar de que era uno de los más poderosos de la orden, fue hasta que se convirtió en maestro de Camus cuando en realidad se sintió necesitado, quería darle el mundo entero, quería convertirlo en el mejor de los caballeros de hielo aunque nunca supo en realidad por qué – Iremos a visitar a alguien…



Lo que más impresionó a Camus, cuando una semana después llegaron a su destino, fue la enorme cascada, el sonido parecía silenciar todo lo demás. Observó a su maestro hablando con otro sujeto pero no le prestó demasiada atención.



                  - Shion está muy preocupado porque dejarás la orden – dijo Dohko.


                  - Algún día tenía que pasar…


                  - ¿A qué has venido? – preguntó mientras le ofrecía algo de té.


                  - Tengo una pregunta… - Dohko asintió para indicarle que podía seguir hablando - ¿Se pueden hacer réplicas de las armaduras doradas? - el de libra lo observó con curiosidad, no es que no confiara en Seat, no por nada era la mano derecha de Shion, pero que le preguntara acerca de ese tema lo desconcertaba un poco.


                  - … Ankoku cloths… - musitó después de algunos minutos de silencio,


                  - Ankoku… ¿qué son?


                  - Todas las personas poseen cosmoenergía… sin embargo, no todos pueden soportar ese poder… - eso lo sabía, también de ahí radicaba la diferencia de rangos entre caballeros – Incluso cuando alguien puede manejar el cosmos, no todos pueden obtener una armadura… Hay una leyenda que habla de los llamados santos negros, son caballeros que al no poder obtener una armadura, recurrieron a la alquimia y de ahí se crearon las ankoku cloths.


                  - Alquimia…


                  - A pesar de ser físicamente igual a una armadura normal, su poder es menor.


                  - ¿Existe algún libro que hable de ello?



Dohko lo observó con cierto recelo, seguía sin causarle mucha confianza que alguien de la orden quisiera investigar de esos asuntos, más cuando ese alguien estaba a punto de dejar el santuario, sin embargo, la reputación de Seat era impecable, y no podía negar que él también tenía esa insaciable curiosidad por cualquier clase de conocimiento que albergara el universo.



                  - En mi templo… - Seat contuvo la respiración un instante, no podía regresar al Santuario – En mi antigua habitación hay libros, hay uno de pasta roja… puedes ir por él cuando quieras.


                  - Gracias… - bebió el té que ya casi se había enfriado y tuvo que aguantarse las ganas de rechazarlo. No estaba acostumbrado al fuerte y amargo sabor de esa infusión.



***



La postal de Seat llegó bajo un pseudónimo un par de meses después, estaba escrita en forma de poema y fue dificilísimo para el de capricornio entender a qué se refería. Una vez que comprendió el mensaje, pidió permiso para entrenar durante un par de semanas fuera y llegó a Siberia donde Seat lo esperaba.



                  - Ahh… - todo su cuerpo temblaba, el frío le calaba tanto que pensó que su sangre no tardaría en congelarse y romper sus venas. Vio a Camus entrenando, no llevaba abrigo y pensó que Seat era un monstruo de maestro – Se va a enfermar… - musitó.


                  - No, se está acostumbrando ya…


                  - ¿Planeas dejarme aquí esperando?


                  - Lo siento, pasa… - entraron a la pequeña cabaña y de inmediato Seat le sirvió un poco de café al de capricornio, lo había comprado expresamente para él.


                  - Ten… - le entregó un paquete que el de acuario no tardó en abrir - ¿Para qué lo quieres?


                  - Me gusta leer… - dijo con una sonrisa mientras acariciaba la maltratada pasta roja.


                  - No jodas Seat, me haces buscar ese libro en el templo de libra, y no solo eso, sino que me obligas a venir personalmente a entregártelo, ¿sabes cuánto me tardé en descifrar el mensaje de tu postal?


                  - Lo lamento… pero… confío en ti, sabía que si alguien podía hacerlo eras tú…


                  - No mientas, lo hiciste para no tener que ir al santuario y toparte con Saga.



Camus se acercó a la cabaña y esa fue la primera vez que escuchó el nombre de Saga, no alcanzó a ver a Shura, y tampoco reconocería su voz sino hasta mucho tiempo después, cuando un día que estaba en la enfermería lo escuchó discutir con el de géminis. Y es que la voz de Shura estando enfadado era algo fácil de reconocer. Afortunada o desafortunadamente, el de capricornio no solía discutir de manera seria con frecuencia, así que Camus quizá nunca llegaría a recordar que lo vio alguna vez hablando con Seat.



                  - De acuerdo, tienes razón, pero… también es cierto que confío en ti – las palabras de Seat lo hicieron sentir culpable. 


                  - He salido con Saga… - musitó porque no podía soportar la culpa.


                  - Eso pensé… - hablaban en voz baja, como si de esa forma las cosas dolieran menos - ¿Crees que sea cierta la profecía del oráculo? - preguntó intentando cambiar de tema, si salía o no con Saga, prefería no saberlo aunque muriera de la curiosidad.


                  - No lo sé – a decir verdad, le parecía casi ridículo insinuar siquiera que Seat iniciaría una batalla - ¿Y tú?


                  - Dicen que los dioses no tienen poder sobre el destino… ni siquiera los dioses más poderosos pueden hacer algo, incluso ellos están sujetos al destino, nadie tiene poder sobre él… yo pensaba… que los dioses eran demasiado geniales y que podían hacer todo, pero no, si el oráculo les decía que iban a sufrir, entonces comenzaban a prepararse porque sabían que iba a pasar… por eso se preocupaban cuando les decían que uno de sus hijos o que algún mortal sería su ruina… y por eso tomaban medidas tan drásticas como acabar con la vida de muchas personas, porque sabían que el oráculo no mentía… aunque, muchas veces, el intentar hacer algo era lo que los guiaba hacia su destino, como en la historia de Edipo… - en ese momento, Shura no tenía ni idea de que mucho tiempo después, esas mismas palabras serían pronunciadas de nuevo, esta vez con su voz y con Shaka como oyente. 


                  - ¿Y qué deberíamos hacer?


                  - No lo sé… pero he estado pensando, si algo sucede… lee esto – le entregó una pequeña hoja doblada en cuatro partes y el de capricornio se vio tentado a abrirla – Solo si algo sucede… - insistió Seat mientras tomaba una de las manos de Shura y el de capricornio guardó la hoja en su abrigo.



***



En los días subsecuentes, el de acuario comenzó a sentir una fuerza distinta a la de los sujetos que habían aparecido en el bosque. El libro que le había prestado Dohko estaba escrito a mano y parecía más un diario que un libro. Hablaba acerca de las armaduras y de cómo el usuario iba tomando lentamente la apariencia física del verdadero propietario de la armadura original.



Conforme pasaba el tiempo, sentía que todo empezaba a oscurecer. Le angustiaba imaginar que algún día sería el causante de una guerra, se negaba a creerlo. Observó el anillo preguntándose si en realidad era tan poderoso, tal vez si se quedaba con el anillo sería capaz de evitar liberar su poder. ¿Qué tenía de especial? A decir verdad, era muy parecido a uno que le había regalado Saga mucho tiempo antes y que no solía utilizar a menudo. Lo llevaba consigo entre su ropa, por aquello del valor sentimental, pero lo cierto era que no le veía mucha utilidad, en aquel entonces, el de géminis (que también tenía un anillo igual) se había sentido total y completamente ofendido, así que se negó a utilizar el par del anillo que le había obsequiado a Seat. Tomó el anillo del Nibelungo y lo colocó en el dedo anular de su mano derecha, y en ese preciso momento, sintió un extraño temblor que hizo que los muebles de la cabaña cayeran al suelo.



                  - ¿Qué ocurre? – preguntó Camus saliendo de la habitación, en todo el tiempo que llevaba entrenando ahí, nunca había experimentado algo parecido.


                  - Vuelve a la cama… yo iré a ver qué sucede… - la idea de que el cuarto de Camus tampoco era seguro le pasó por la mente, pero no supo qué otra decisión tomar.



Corrió hacia la puerta y en cuanto salió se encontró de frente con tres sujetos. Uno de ellos era idéntico a Alrisha, el caballero de piscis, otro era muy parecido a Heze de virgo, y el tercero… el tercero era idéntico a él.



Ni siquiera tuvo oportunidad de hablar cuando una de las rosas diabólicas de piscis alcanzó a rasguñar su mejilla mientras el otro acuario lo mantenía inmóvil con el círculo de hielo. Era extraño ser víctima de sus propias técnicas y de pronto, cuando comenzaba a perder la sensibilidad de su cuerpo, una gran energía comenzó a recorrelo, era como si algo muy cálido se esparciera lentamente por su torrente sanguíneo sanando cada una de las heridas del combate. Miró su mano derecha y vio que el anillo brillaba intensamente, quizá sí tenía poder después de todo.



Un enfrentamiento entre caballeros dorados podía durar muchísimo tiempo, sin embargo, él tenía ventaja porque independientemente de cómo lucieran los sujetos delante de sí, no eran caballeros dorados. Su ejecución aurora golpeó de lleno al de piscis, lanzándolo tan lejos que el mismo Seat se sorprendió, era como si la fuerza de sus ataques hubiera aumentado repentinamente y supuso que había sido por el anillo. No tardó en deshacerse de los caballeros de virgo y acuario. Y cuando creyó que todo había terminado, la misma cosmoenergía amenazante de antes volvió a sentirse.



                  - Vaya… entonces, no solo puedes llegar al cero absoluto sino que… también tienes el anillo del Nibelungo… - dijo Ryu y su voz hizo que Seat se estremeciera.


                  - ¿Qué es lo que quieres?


                  - Tengo que eliminarte, ese es mi trabajo… - respondió antes de lanzarlo contra la cabaña destrozando una de las paredes.



Camus salió segundos después.



                  - Maestro… - musitó corriendo hacia Seat.


                  - Ve adentro… - le dijo mientras limpiaba la sangre de su boca.


                  - ¿Quién es? – preguntó Ryu acercándose - ¿Es tu discípulo? ¿Debería acabar con él también?



El francés lo observó con ira e intentó atacarlo con el polvo de diamantes. Sin embargo, Ryu levantó una de sus manos y fue como si absorbiera el ataque con ella, no había necesidad de utilizar mucha fuerza, bastaba con arrojarlo contra la pared para dejarlo muy mal herido. Lo tomó por el cuello levantándolo y Seat observó la escena aterrorizado.



                  - Espera… - casi parecía un ruego – Si le haces algo jamás te devolveré el anillo… - Ryu se burló, ¿acaso pensaba que podría detenerlo? – Deja que se vaya… luchemos tú y yo… si ganas, la profecía se acaba y tendrás el anillo de regreso…


                  - ¿Qué tanto sabes? – le preguntó a Camus mientras lo obligaba a levantar el rostro con violencia.


                  - Deja que se vaya… - insistió Seat y se puso de pie aunque se tambaleó al caminar – Puedes… borrar su memoria…sé que algo parecido hiciste antes con Shura...


                  - No tendría por qué escucharte… - dijo Ryu y colocó una de sus manos sobre la frente de Camus, apenas si juntó un poco de energía antes de golpearlo. El francés perdió el conocimiento de inmediato y Ryu lo tomó de la camisa para lanzarlo lejos como si fuera un bulto y no una persona.


                  - ¡¿Qué le hiciste?!


                  - No tengo interés en matarlo... - le parecía una pérdida de tiempo después de todo - No recordará nada de lo sucedido hoy… tampoco podrá hablar hasta que se haya recuperado… si es que algún día recobra la consciencia… eso depende de lo fuerte que sea…



Ryu se acercó a Seat y extendió la mano.



                  - Ahora, ¿me das el anillo o prefieres que te lo quite cuando hayas muerto? – Seat sonrió.


                  - Como si fuera a ser tan fácil.



Levantó su brazo derecho y algunos rayos salieron de él comenzando a congelar el aire alrededor del cuerpo de Ryu, y aunque éste intentó moverse, se vio apresado por círculos de hielo, ni siquiera se dio cuenta del momento en el que Seat los había utilizado en su contra.



                  - Es un ataúd de hielo… no hay nada que lo destruya, permanecerás encerrado para siempre.


                  - ¡Argh! – intentaba desesperadamente detener el ataque de Seat, pero le fue imposible – No soy el único… - alcanzó a decir con dificultad – cuando sepan que aún tienes el anillo Swom irá por ti.



Era lo que Seat intuía, era una batalla que solamente terminaría cuando él muriera. Cuando completó la técnica se encontraba débil y jadeante, apenas podía mantenerse en pie. Llevó el cuerpo de Camus hasta la entrada de la cabaña, de otra manera habría muerto de hipotermia. Luego, después de descansar un poco, rompió una gruesa capa de hielo y arrojó el ataúd al mar, donde descansaría eternamente. Hizo lo mismo con el cuerpo del de virgo y el de piscis y miró al otro acuario durante largos minutos. Era igual que él, era como verse en un espejo con una armadura negra, y entonces una idea llegó a su mente, si la solución era su muerte, entonces les haría creer que estaba muerto. Buscó entre su ropa el anillo que le había obsequiado Saga y se lo colocó al cuerpo de su otro yo. Se encargó de cambiar de ropas con él y regresó a la cabaña.



Se sentó delante del escritorio, tomó una hoja y comenzó a escribir.



“Saga… tal vez sigas molesto, pero sabes mejor que nadie que si confío en alguien es en ti… - se sintió extraño expresándose de esa forma, lo cierto era que confiaba también en Shura – Dioses, ¿a quién quiero engañar? Me sentí como Aioros cuando intentaba reconciliarnos, ¿me pregunto si alguna vez supo lo de nosotros? Divago… ha habido actividad por aquí, cosmos que no consigo ubicar, consulté a Dohko hace meses, le pregunté si sabía acerca de alguna guerra santa, me contó una leyenda y después me invitó a tomar el té, era té verde… sabía extraño – aún podía sentir el sabor amargo en su boca – creo que pudo envenenarme de haber querido… ¿Sigues con Shura? – la pregunta casi se escribió sola y sonrió con tristeza porque sabía que no iba a tener respuesta, desde ese momento, él estaba oficialmente muerto, así que pensaba que esa sería la última oportunidad que tendría de comunicarse con Saga, cualquier cosa que quisiera decirle, sus últimas palabras estaban en esa carta – Dioses… divago demasiado… pero tenía que preguntarlo, volviendo al punto, no sé si alcanzaste a conocer o… al menos ver a Camus, seguro que no, estabas demasiado molesto porque me iba y juraste vengarte de mí y odiarme eternamente ¿cierto? Sabemos que no lo decías en serio, o al menos eso me gusta creer, aun así, y aunque sé que no tengo derecho a pedirte nada, quisiera que cuidaras de Camus, por si algo me pasa. Podría pedírselo al mismo patriarca, pero ya sabes cómo es de histérico, además, siempre has sido el más fuerte de todos nosotros. No dudo que lo seguirán al santuario. Intentaré detenerlos. Me habría gustado verte por última vez”.



No pudo evitar derramar algunas lágrimas, le dolía inmensamente saber que ya jamás volvería a ver a Saga, inconscientemente puso sus manos sobre su pecho, y es que le dolía tanto que no se sentía capaz de seguir, quiso escribir que lo amaba, quiso que el de géminis lo supiera, pero cuando lo pensó bien, supo que no habría sido una buena idea, decirle eso a Saga habría sido encadenarlo a su recuerdo y eso no era justo.



Hizo arder el poco cosmos que le quedaba, debilitándose hasta quedar al borde de la muerte. Todos en el santuario lo sintieron a pesar de la distancia, se dieron cuenta de cómo la energía vital de Seat desaparecía lentamente hasta hacerse casi imperceptible, después de todo, cuando un santo muere, los demás dejan de sentir su cosmos.



El patriarca envió a Lesath a investigar, Shura fue con él. Encontraron a Camus tan herido que se sorprendieron de que siguiera con vida, lo llevaron a un hospital y estuvo inconsciente durante un mes. Cuando despertó fue incapaz de articular palabra alguna durante dos semanas.



***



El día en que sepultaron a Seat fue triste, era como si todo se hubiera desteñido y no quedara más que el gris. Saga leyó la carta donde le pedía que cuidara de Camus. En un principio no notó las marcas que habían dejado las lágrimas de Seat sobre el papel, así que más tarde, cuando dejó de llorar, pudo darse cuenta de que la tinta se había corrido en algunas zonas de la carta. Pensó que habían sido sus propias lágrimas las causantes de ello, después de todo, no creía que Seat fuera capaz de llorar.



***



Shura jugueteó con la nota de Seat. No se sentía capaz de leerla, ni siquiera creía poder abrirla y por un instante la idea de ir con Aioros y contarle todo lo sucedido le pasó por la mente. Esperó a las afueras del recinto del patriarca, al parecer, Shion aún estaba pensando en qué hacer con Camus.



El arquero salió y se topó con Shura sentado al lado de la puerta.



                  - ¿Todo bien? – preguntó antes de tocar su frente.


                  - ¿Puedo caminar contigo? – Aioros asintió mientras se dirigían a sus respectivos templos.


                  - Es triste… - el de sagitario levantó la mirada del suelo un poco sorprendido.


                  - Seat era muy fuerte… lo que sea que haya pasado… sé que lo hizo defendiendo aquello en lo que creía… no estés triste… - su voz tembló un poco sin que él lo quisiera, no importaba lo fuerte que quisiera aparentar ser, en el fondo también le dolía inmensamente – El patriarca ha decidido que los nuevos aspirantes a caballeros regresen al santuario… ¿te interesaría tener un discípulo?


                  - ¿Yo? ¿Por qué? – el de sagitario no pudo evitar sonreír ante la expresión de Shura.


                  - No para capricornio… el discípulo de Seat… Camus…


                  - No... no lo sé… - musitó.


                  - No te preocupes, puedes decirle al patriarca que estás perfeccionando algunas técnicas… de cualquier manera, lo más seguro es que sea Saga quien lo entrene…



Llegaron al décimo templo y se despidieron. “Seat era muy fuerte… lo que sea que haya pasado… sé que lo hizo defendiendo aquello en lo que creía” – las palabras de Aioros resonaron en la mente de Shura, entonces volvió a tomar la hoja entre sus manos mientras se recostaba en su cama, pensó, que al menos eso le debía a Seat, después de todo, parecía como si supiera que no le quedaba mucho tiempo.



“Sigue en contacto con ellos” – Leyó, y maldijo en ese instante esa tendencia de Seat a hablar en código. Suspiró mientras intentaba dormir. Ya después pensaría en el significado de esas palabras.



Continuará…

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