sábado, 12 de enero de 2013

Capítulo 17: Ausencias - Los fragmentos perdidos - Primera parte - Septiembre 16.2011



Capítulo 17: Ausencias – Los fragmentos perdidos – Primera parte



Saga no mostró la carta que Seat le había enviado, en primer lugar porque era suya y no deseaba compartirla con nadie, en segundo lugar, porque tenía escritas frases específicas que le habría sido imposible dar a conocer o justificar como las insinuaciones acerca de su relación, de la relación con Shura (aunque todavía no sabía cómo es que se había enterado), las quejas por el sabor del té de Dohko y en especial, cuando hacía mención de que el patriarca era histérico, que sí lo era y no era un secreto, pero no habría sido nada agradable que lo leyera en una carta escrita por su guerrero favorito. Así que tan solo les proporcionó la información necesaria, que había detectado cosmos desconocidos y que quizá no tardarían en aparecer en el Santuario.



Habían pasado dos meses desde la muerte de Seat y todos los nuevos discípulos tenían algunas semanas de haber regresado al Santuario, todos excepto Camus. Tuvieron una reunión con el patriarca para decidir quién sería el nuevo maestro del francés, aunque lo cierto era que Shion ya había elegido a Saga. Solamente Shura y Aioros pudieron ver cuánto le había afectado realmente al de géminis la muerte de Seat, pero para el resto del mundo, el carácter de Saga no cambió en absoluto, seguía discutiendo sin cansarse, con tanta energía que se preguntaban si no estaría tomando alguna clase de estimulante. Incluso había desarrollado una fuerte rivalidad con Milo, el discípulo de Lesath, quien después de escuchar por boca de Aioria que Saga era el más fuerte de la orden, no pudo más que verlo con admiración, aunque el de géminis lo malinterpretó y comenzó a llamarlo chico escorpión, creyendo que lo desafiaba con la mirada cada vez que se topaban.



Si Saga armó un drama cuando se enteró que Camus sería su discípulo fue por dos razones, en primer lugar, porque culpaba al francés de que Seat se fuera a Siberia y lo culpaba también, quizá de manera inconsciente, de su muerte. Y en segundo lugar, porque en su mente no había tiempo para entrenar a alguien, él necesitaba respuestas, quería saber qué había sucedido exactamente y el reporte del deceso de Seat no lo convencía, no creía que hubiera muerto en un simple enfrentamiento. Así que se resistió e intentó pasarle la responsabilidad a Shura.



                  - ¿Qué hay de Shura?


                  - Yo no puedo… estoy… perfeccionando algunas técnicas, así que… no tengo tiempo – respondió Shura pausadamente, había seguido al pie de la letra el consejo de Aioros.


                  - ¡Mentiraaa! – gritó Saga, sabía que Shura mentía porque hacía muchas pausas al hablar, como si se sintiera culpable.


                  - Lo siento pero… el Patriarca ya lo decidió – giró su rostro sonriendo con burla y Saga hizo una seña obscena que el de capricornio ignoró tan solo para cabrearlo más. Y así era su relación, discutían, se peleaban por cualquier tontería y luego se reconciliaban para volverse a insultar.



Habían quedado como amigos después de la ruptura, más que nada porque eran compañeros y porque el de capricornio era lo suficientemente maduro como para comprender lo que sentía Saga; no lo culpaba, aunque sí le tenía cierto resentimiento, así que por eso aprovechaba cada oportunidad que tenía para discutir con él, para lastimarlo aunque fuera en broma, sin importar que en ocasiones llegaran a los golpes y fuera Aioros quien tuviera que detenerlos.



Al final, Saga tuvo que aceptar la decisión del Patriarca, también lo hizo porque sentía que se lo debía a Seat, aunque nunca le dijo a nadie que el de acuario se lo había pedido como favor en su última carta, de hecho, había guardado en una pequeña caja esa carta junto con una fotografía donde aparecían los dos con Aioros, deseaba borrar a Seat de su memoria, para ver si así dejaba de doler.



Tuvieron que ir por Camus hasta la central. Como era de esperarse, Saga se fue quejando durante todo el trayecto y Aioros lo escuchó con la paciencia que solo él tenía. En algún momento Saga le quitó las hojas de la información del francés y comenzó a leerlas musitando algunas palabras.



                  - Fecha de nacimiento… tipo de sangre… inconsciente durante un mes, ¿tan grave fue?... no habló durante las siguientes dos semanas… mm… – lo cierto era que no había leído el informe antes porque no quería saber de él – vaya, parece que me tocó un cobardica…



Aioros lo defendió y Saga resignado comenzó a escáner la central con la mirada.



                  - Tengo entendido que la mayoría de los caballeros que han pertenecido a ese signo son prepotentes, engreídos, con aires de grandes, malcriados y odiosamente… hermoso – la última palabra escapó de sus labios contra su voluntad, había pensado en Seat al decirla pero curiosamente estaba viendo a Camus, incluso cuando todavía no sabía que se trataba de él, era como si tan solo lo atrajera de manera inexplicable, como un imán. Un joven muy atractivo a unos metros de distancia con una pequeña maleta a sus pies. Tenía una expresión extraña que cautivó a Saga haciéndolo sentir muy culpable – dime que es él, Aioros, por favor, dime que es él – musitó aunque en el fondo no le importaba ni había pensado en las consecuencias de sentirse atraído por su discípulo.



Corroboró sus sospechas cuando Aioros se acercó a él, le preguntó si llevaba mucho tiempo esperando, y por algún extraño motivo, Saga sintió la necesidad de verse genial delante de Camus, lo miró a los ojos un par de veces sintiendo una especie de nerviosismo al tenerlo tan cerca. Notó esa atracción hacia él desde que lo vio, era como si no pudiera evitarlo, como si no quisiera quitarle los ojos de encima y quizá ese fue el motivo por el cual, desde un principio se alejó de él, no porque quisiera sino porque se sentía culpable. Creía, que debía serle fiel al recuerdo de Seat, sin embargo, el francés tenía una personalidad tan enigmática y esa mirada indescifrable invadía la mente de Saga sin que pudiera evitarlo. Bastaban algunas palabras entre ellos para que la sensación de ternura lo siguiera durante el resto del día. Así que siempre terminaba prometiéndole que entrenarían más tarde y luego se escapaba para no tenerlo cerca. Había algo en Camus que le gustaba, tal vez era su voz y la forma en que se expresaba, le fascinaba observarlo porque en su rostro se podían leer muchas cosas y ocultaba otras tantas, entonces era un misterio que lo atraía como la miel. Estaba el hecho también, de que lo consideraba algo prohibido, algo que estaba muy cerca y que no podía tener, podía llamársele capricho u obsesión, ni siquiera él mismo lo sabía en ese momento. No le recordaba a Seat, pero sí sentía algo parecido por ambos, y cuando finalmente se dio cuenta, una terrible angustia lo perturbó.



El francés, ante las constantes ausencias de Saga, empezó a entrenar por sí mismo y desarrolló una odiosa sensación de soledad, fue entonces que conoció a Milo. Lo vio casi desnudo en el lago y por más que quiso dejar de mirarlo, le fue imposible, y es que el escorpión destilaba sensualidad, sus movimientos, su cuerpo trabajado y el color de su piel contrastaban tanto consigo mismo que incluso llegó a pensar que no tenían la misma edad. Fue la primera vez también que alguien le decía que era hermoso, acercándose tanto como para hacerlo sentir incómodo. Para Milo comenzó como un juego, se percató de la presencia de Camus desde el principio y tan solo le gustó la timidez extrema del de acuario. No se imaginaba en ese momento lo mucho que llegaría a importarle ni todo el daño que le causaría un día el francés.



***



Después de que Saga se percató de que pensaba constantemente en Camus, comenzó a sentirse tenso, viviendo una completa contradicción, no quería conocerlo, no quería involucrarse ni saber nada de él, pero le era imposible no preocuparse cuando lo veía molesto, no lo amaba, de hecho, pensaba que ya no podría volver a amar, pero le gustaba la ligera descarga que sentía cuando rozaba su piel con la del francés, ni siquiera era demasiado el contacto físico, tan solo en ocasiones sus dedos tocaban las manos de Camus y eso era suficiente para dejarlo pensando el resto de la noche en él.



***



La primera punzada de celos, la sintió cuando vio a Camus hablando despreocupadamente con Milo a las afueras de la habitación del francés, en ese entonces no sabía que eran celos, pero sí estaba consciente de que no le agradaba verlos juntos y también pudo notar que desde hacía algún tiempo que sentía que Camus le pertenecía. Poco tiempo antes había deseado besarlo mientras le explicaba acerca de cómo se clasificaba la fuerza de un caballero, y tenía la impresión de que sus sentimientos tan solo se iban descontrolando cada vez más. Su rivalidad con Milo fue en aumento y a veces visitaba a Aioros tan solo para sentir que no estaba peleado con todo el santuario.



Fue en la fiesta de convivencia cuando cruzó la única barrera que los separaba y cuando ya no hubo marcha atrás. Lo había pensado algunas veces, bueno, no solo algunas, muchas veces, todo el tiempo, creía que si besaba los labios del francés, se daría cuenta de que no sentía nada por él y podría todo volver a la normalidad. Sin embargo, la situación se le fue de las manos, así que cuando tuvo a Camus inconsciente entre sus brazos por los efectos del alcohol, fue como si de pronto ya no fuera dueño de sus acciones y un beso no fue suficiente, quería más, lo quería todo y por completo. En ese instante fue deseo puro, ver a Camus así, fue sublime, inexplicable, tan solo dejó de importarle el mañana, el después, dejó de importarle todo y habría renunciado a cualquier cosa por vivir ese instante con él, por profanar su cuerpo hasta el amanecer, sin embargo, el cambio que hubo en su relación ya no tuvo remedio.



Saga se sentía culpable, y siguió buscando a Camus, forzándolo a estar con él. Primero lo hizo para corroborar que lo que sentía por él era solo deseo, era como si quisiera probarse a sí mismo que solo quería a Camus por su cuerpo, que las sensaciones que tenía tan solo eran producto de un buen sexo, pero pronto se fue convirtiendo en una deliciosa adicción que lo lastimaba profundamente. Cada vez que lo hacían terminaba prometiéndose que sería la última vez, pero cuando volvían a encontrarse le era imposible detenerse, Camus le hacía dejar de sentir la soledad. Sintió en ocasiones que había algo muy retorcido en esa relación, sin embargo, fue el francés quien se lo hizo ver un día con extrema claridad. Se encontraban solos en una colina y el de géminis se sintió molesto, rechazado, culpable, fue la primera vez que quiso lastimar a Camus con sus palabras, quería obligarlo a quedarse a su lado hasta que fuera capaz de descubrir el origen de sus sentimientos hacia él, quería asegurarse de que no era amor. Incluso le hizo creer que la armadura y su futuro como miembro de la orden estaban en juego, y Camus no soportó tanto estrés y terminó llorando.



                  - Eso no funcionará conmigo – dijo Saga con desprecio, odiaba hacerlo llorar y se alejó porque ya no era capaz de soportar la situación. Luego se detuvo cuando lo escuchó sollozar con fuerza y lo vio en el césped, con el cuerpo temblando descontroladamente y batallando para respirar.



Regresó sobre sus pasos molesto, fastidiado, tomó con fuerza el cuello de la camiseta de Camus y lo obligó a ponerse de pie, recargándolo sobre un árbol y haciendo el ademán de querer golpearlo. El hermoso francés tan solo cerró los ojos con fuerza, y fue esa expresión, fue ese momento el que lo cambió todo, supo en ese preciso instante que lo quería, que quería verlo feliz y que estaba dispuesto a dar su vida por ello. No entendía por qué, ni pretendía buscar explicaciones, y era muy extraño e ilógico porque el francés era capaz de sacar lo peor de él, pero al mismo tiempo llenaba un vacío en su vida y le hacía sentir muchas cosas que creía imposibles. Se convirtió en su vida y su muerte, era una completa dualidad de sentimientos. Entonces abrazó su cuerpo y lo mantuvo así. Después de eso Saga desapareció por tres semanas.



***



Una tarde, mientras Shura iba rumbo al pueblo, Saga salió de entre las sombras y lo arrastró con él.



                  - ¡Ahh! – se quejó el de capricornio mientras era apresado contra una columna.


                  - Entra… - Shura lo observó con odio verdadero, no entendía por qué tenía que ser tan extremista el de géminis, sin embargo, aun así entró con él a su templo.


                  - ¿Qué ocurre?


                  - Necesito que veas algo – dijo Saga poniendo una carpeta delante de Shura.


                  - ¿Qué? ¿Quieres ayuda para calificar a tu alumno? – se burló el de capricornio cuando vio que la carpeta en cuestión era de Camus – A juzgar por tu entrenamiento no me sorprendería que no consiga la armadura de acuario – luego sonrió con el cinismo de siempre.


                  - Muy gracioso, ¿tienes tiempo? – ahora, la seriedad en su voz hizo que el español le prestara toda la atención del mundo.


                  - Sí…


                  - ¿Puedo confiar en ti? – Shura asintió – Es acerca de Seat… - un leve malestar recorrió el cuerpo del de capricornio – He leído el reporte de su muerte y toda la información acerca de Camus… así que decidí investigar…


                  - ¿Por eso te desapareciste estas tres semanas?


                  - Sí… - ese no había sido el único motivo, también se había desaparecido porque prácticamente había obligado a Camus a estar con él y no podía con la culpa, no deseaba tener que toparse con la mirada de odio del menor, ni tampoco quería tenerlo tan cerca para darse cuenta de que no podría ser suyo, pero no le dijo nada de eso a Shura, ni pensaba decírselo a nadie.


                  - Ni siquiera Shion sabe a dónde fuiste, vas a tener problemas tarde o temprano por eso.


                  - Lo sé…


                  - ¿Qué descubriste? – preguntó con curiosidad.


                  - Camus estuvo inconsciente alrededor de un mes, después de eso perdió el habla por dos semanas…


                  - Dime cuando deba sorprenderme.


                  - A lo que me refiero es que… me parece muy extraño que hayan borrado la memoria de Camus…


                  - ¿Qué te hace pensar que borraron su memoria?


                  - No lo sé, pero… aun cuando no lo hubieran hecho, ¿por qué lo dejarían con vida? – de acuerdo a la carta de Seat, era muy probable que hubiera dado su vida para salvar a Camus, sin embargo, si el enemigo era lo suficientemente poderoso como para matar a Seat, entonces no entendía por qué no habían acabado también con el francés, que agradecía a todos los dioses porque no hubiera ocurrido, pero no por eso dejaba de parecerle extraño.


                  - Tal vez pensaron que estaba muerto.


                  - Seat fue con Dohko antes de morir… - no hacía falta que se lo dijera, Shura lo sabía pero actuó como si se sorprendiera.


                  - ¿Para qué?


                  - Hablaron acerca de las armaduras negras, Dohko dice que tenía un libro en su templo pero ya lo busqué y no está… quizá se relacione con eso…



Saga se mantuvo serio, había empleado esas semanas de ausencia para investigar la muerte de Seat y por más que le explicaran cómo habían sucedido las cosas, él simplemente no lo creía. Seat era demasiado fuerte para caer tan fácil, Seat siempre había sido demasiado, en todo el sentido de la palabra, entonces sitió el cosmos de Camus y sonrió. Se dirigió a la entrada, escuchó que Shura le decía algo, pero ya no le prestó atención, había olvidado todo en cuanto vio a Camus en su puerta. Se le veía nervioso y adorable, Saga le preguntó si se sentía bien y Camus respondió que sí, que tan solo quería verlo, entonces el de géminis sonrió y le dijo que más tarde iría, sin embargo, el tiempo pasó sin que lo notara y no fue.



La ausencia de Saga también sirvió para que Milo y Camus se acercaran, para que Aioria tuviera su primer enfrentamiento instintivo contra Camus mientras forcejeaban y para que el francés se diera cuenta de que extrañaba a Saga, por muy masoquista que eso fuese.



***



Dohko llegó un día al Santuario mientras Shion se quebraba la cabeza pensando en cómo organizar el combate entre discípulos.



                  - ¿Por qué no lo dejas al azar? – preguntó al verlo tan concentrado y al borde de colapsar por la desesperación que crecía a pasos agigantados en su interior.


                  - Do… Dohko, ¿qué haces aquí?


                  - Vine a dejar esto – señaló la enorme caja donde se encontraba su armadura – no la necesitaré en algún tiempo así que, pienso que es mejor que se encuentre en el templo de libra – mintió, la verdad es que moría de ganas de verlo.



Su relación fue algo inevitable, habían pasado tanto tiempo juntos que no podían terminar de otra forma, su amor había crecido al grado de hacer dolorosamente difícil la separación. Y es que ninguno de los dos habría querido separarse, pero cuando Shion se hizo cargo del Santuario, a Dohko le encomendaron hacerla de vigía en Rozan. Dohko le prometió volver y Shion prometió esperarlo, pero hasta ese entonces, ambos tendrían que aguantar el paso del tiempo separados, amándose de lejos, hasta que llegara el día de estar juntos de nuevo, y definitivamente, así tuvieran que volver a la vida, ese día llegaría.



***



Shura vio a Shaka por primera vez en uno de los campos de entrenamiento. No solo le llamó la atención físicamente sino que le pareció curioso que fuera el único que se encontraba leyendo arduamente mientras los demás la hacían de vagos. De lejos se notaba que el rubio debía estar muriendo de sueño y aun así se esforzaba por mantenerse despierto. No se sintió capaz de preguntar su nombre. De hecho fue gracias a Saga que supo que el rubio de ojos súper bonitos tenía nombre y que se llamaba Shaka. Caminaba por el Santuario después de ir a visitar a Aldebarán, el de tauro sabía cocinar exquisitamente y había conseguido robar un par de bollos.



                  - Vaya, así que no dormiste en tu templo… ¿por qué no me sorprende? – preguntó tan solo por fastidiarlo aunque en un principio Saga lo ignoró.


                  - Calla y dame eso – le quitó uno de los bollos y se sentó en la escalinata.


                  - ¿Cómo vas con Camus?


                  - No lo sé, ayer vi el entrenamiento de Shaka…


                  - ¿Shaka?


                  - Virgo.


                  - ¡Ah! – sonrió ligeramente pero Saga no lo notó - ¿El rubio de ojos hermosos? – le había alegrado el día tan solo por el hecho de haberlo recordado. Y agradecía a todos los dioses saber su nombre sin tener que ir personalmente a preguntarle, no era muy bueno socializando y menos cuando se trataba del rubio, a quien consideraba perfecto en todo el sentido de la palabra.



Hablaron más acerca del entrenamiento y Shura sintió un gran alivio al notar que lentamente Saga había dejado el tema de Seat a un lado. Poco tiempo después, Shura tuvo un encuentro con Swom, aprovechaba cada oportunidad para ir a los lugares en donde se lo había encontrado y no tuvo suerte, fue Swom quien una tarde se le acercó a él, inmovilizándolo con lo que parecían ser unas esposas y él apenas se percataba de su presencia.



                  - ¡Argh! ¿Qué demonios… - forcejeó pero fue inútil.


                  - No pienso lastimarte… – lo cierto es que de haber querido, tampoco habría podido hacerlo, sus técnicas eran más de defensa que de ataque - ¿Dónde está? – Shura lo observó sin saber de qué hablaba – Tu compañero… él lo tiene ¿cierto?


                  - ¿De qué hablas?


                  - El que me atacó la última vez…


                  - Seat… - musitó.


                  - ¿Dónde está?


                  - Él… él está muerto… - Swom cerró los puños con fuerza desconfiando un poco de sus palabras, y antes de que Shura pudiera decir otra cosa, golpeó su abdomen dejándolo sin aire.


                  - Le dirás al patriarca que nos lo entregue, ¿de acuerdo? – insistió tomándolo de la ropa de forma amenazadora.


                  - No entiendes… Seat está muerto – Swom pudo notar la leve angustia en su voz y a pesar de querer sacarle a golpes la información no se sintió capaz porque en el fondo le creía.



Garabateó algunas palabras sobre una hoja mientras las pronunciaba en voz alta “Tienen diez días para entregarnos todas las pertenencias de… Seat”, luego guardó la nota entre la ropa del de capricornio.



                  - Espera… - dijo Shura cuando lo vio alejarse.


                  - No te preocupes, las esposas desaparecerán cuando esté lo suficientemente lejos – su cosmos podía tomar la forma de casi cualquier objeto, por lo regular lo utilizaba para protegerse y para inmovilizar a su oponente.


                  - No es eso… - musitó - ¿Cómo… cómo puedo ponerme en contacto contigo? – después de todo, ese había sido el último deseo de Seat.


                  - Volveré en diez días…


                  - No… ¿cómo puedo encontrarte yo antes o después? Tengo muchas cosas que preguntarte…



Había algo en Shura que lo lastimaba, era como si se viera a sí mismo en sus ojos, como si quisiera confiar en él porque en ese momento se había quedado solo. Ya no estaba Ryu, y Mara tenía mucho de haber muerto. Así que no supo por qué, pero le sonrió al de capricornio.



                  - Swom… ese es mi nombre… - no tenía que decírselo pero quiso hacerlo.


                  - Shura…


                  - En ocho días, aquí mismo.



El de capricornio habló directamente con Shion, modificó un poco la historia y se encargó de que la nota llegara al Santuario sin tener que ser él quien la llevase. A decir verdad, el sujeto que entregó la nota se la dio precisamente a Shura cuando éste estaba con el caballero de Tauro, hablaba de lo complacido que estaba con que su discípulo pudiera cocinar y en eso llegó un mensajero que parecía andar perdido a las afueras del Santuario.



                  - ¿Caballero dorado? – preguntó sin dirigirse a alguien en específico.


                  - ¿Qué ocurre? – preguntó Shura, aunque había sido él mismo quien había planeado todo manteniendo su anonimato.



Le entregó la nota y la sonrisa de Shura desapareció. Pudo haber dicho la verdad desde un principio, pero habría tenido que explicar un montón de cosas y aun así no poder decir lo que estaba ocurriendo en realidad. Cuando la noticia llegó a oídos de Shion, el patriarca los envió por equipos a investigar, iban de encubiertos así que tenían casi prohibido utilizar cosmoenergía o cualquier técnica que los relacionara con la orden de Athena, buscaban algún indicio de que alguien quisiera invadir el santuario, pero había pasado una semana y seguían como al principio. 



                  - No entiendo nada, ¿qué es lo que buscamos? – preguntó Aioros.


                  - Cualquier cosa – respondió Shion.


                  - Hace una semana llegó una nota al Santuario – Aioros se sorprendió al no haber sido informado antes, pero lo cierto era que solo el patriarca, el de capricornio y el de tauro sabían al respecto.


                  - ¿Y qué decía?


                  - Hablaba de Seat…


                  - ¿Seat? – fue una extraña sensación, escuchar el nombre del antiguo caballero de acuario le causó una mezcla de nostalgia y escalofríos.


                  - Al parecer Seat tenía en su poder algo muy valioso…


                  - ¿Valioso para quién? ¿Para el santuario?


                  - Para sus asesinos…



En ese lapso de tiempo el equipo de Saga fue atacado. El de géminis había escuchado ruidos durante la mañana y salió a investigar pensando que no tardaría mucho. Luego tres sujetos atacaron a Milo y Camus. Swon pudo enviar a quien quisiera, el problema de los propietarios de las armaduras negras era que no tenían empatía por nada, seguían órdenes, cumplían cualquier cosa que se les pidiera sin importarles qué o quién se interpusiera, era como si algo en las armaduras fuera corrompiéndolos mientras iban perdiendo su identidad. Quizá por eso, cuando notó que en las cercanías habían personas, no mandó a imitaciones de caballeros dorados sino uno de plata y dos de bronce, no eran muy conocidos, uno de ellos poseía flechas como las de sagitario pero eran muchísimo menos poderosas, otro de ellos era el caballero de bronce de Hydra, sus garras poseían veneno que no tardó en inmovilizar a Milo y Camus. El tercero era el caballero de bronce del lobo. Las armaduras originales del lobo y de la hydra aún no tenían dueño, Saga tenía poca familiaridad con dichas armaduras, así que eso y el hecho de que fueran completamente negras le hizo imposible identificarlos.



El de géminis llegó a tiempo para impedir que Camus utilizara alguna de sus técnicas y luego el combate se dividió. Cuando regresó, Milo apenas si podía moverse, así que lo llevó en su espalda de regreso al Santuario, intentó hablar con Camus, quería sacarle plática para distraerlo porque su aspecto no era muy bueno, pero fue inútil, parecía como si el francés tan solo caminara porque debía hacerlo, sin prestar atención a su alrededor y en más de una ocasión tuvo que guiar sus pasos para que no tropezara. Pensó, en ese momento, que quizá su destino era ese, evitar que tropezara, aunque muchas veces era él quien lo hacía caer.



Ese mismo día, cuando hablaba con Shion, les llegó la noticia de que habían atacado el cementerio del Santuario. Shura se sorprendió y con dificultad soportó a que llegara el día siguiente para encontrarse con Swom.



***



Cuando Camus despertó lo primero que hizo fue preguntar por Milo. Saga, muerto de celos abrazó el cuerpo del francés y le dijo que estaría bien.



                  - ¿Camus?


                  - ¿Mm…? – tenía unas inmensas ganas de preguntarle acerca de Seat, pero creyó que no era un buen momento y la verdad tampoco se sentía preparado, deseaba, que las heridas terminaran de sanar por sí mismas – ¿qué pasa?


                  - Nada… descansa – apoyó su rostro cerca del de Camus, adoraba sentir ese cuerpo tibio y suave entre sus brazos, le gustaba estar con él porque le daba la impresión de que eran personas normales, fantaseaba con la idea de un día tener una vida como cualquier otra persona, sin tener que preocuparse por estar a la defensiva todo el tiempo.



Camus rompía todas las barreras que separaban a Saga del mundo, lo hacía sentirse humano, que nada era imposible y que mientras estuvieran juntos serían capaz de superar cualquier obstáculo, así, hasta el fin de los tiempos en todas las vidas en las que se encontraran, porque no pensaba dejarlo ir tan fácil, comprendía lo que era el dolor de una pérdida y esta vez no pensaba ceder, aunque tuviera que ir contra los dioses, no iba a permitir que lo separasen del francés. No se imaginaba que tiempo después, sería él quien se fuera, por voluntad propia aunque lleno de heridas. Camus por su parte no era capaz de comprender la profundidad de los pensamientos de Saga, ni siquiera era capaz de distinguir los límites de su relación y no tenía ni idea de a dónde irían a parar un día.



***



No habían acordado una hora en específico así que Shura pidió el día libre y esperó con paciencia en el bosque.



                  - Pensé que no vendrías – dijo el español sin necesidad de voltear a verlo.


                  - Llevo rato observándote – entonces Shura lo miró fijamente algo desconcertado, se preguntaba cómo es que era tan malo para detectar el cosmo de los demás - Quería asegurarme de que venías solo – Shura asintió y Swom se sentó a su lado. Había sido muy cansado desde el momento en que habían ido a consultar al oráculo – Ahh – suspiró.


                  - ¿Cómo entraron al Santuario? – preguntó después de unos cuantos minutos de silencio compartido.

                  
                  - ¿Por qué habría de decírtelo?


                  - Porque si me dices qué estás buscando puedo ayudarte a encontrarlo… - era una confianza mutua. A pesar de haberse atacado anteriormente y en diferentes ocasiones, se provocaban una sensación de complicidad, como si compartieran algo muy grande.


                  - … Ryu no era normal…


                  - ¿Ryu?


                  - El que te dejó inconsciente la primera vez… él… siempre había sido muy poderoso, su cosmos… no era normal… bastaba estar cerca de él para sentirlo, era muy bueno en ataques a distancia así que el dios Odín le confirió a su cuidado el anillo del Nibelungo a cambio de que renunciara al amor… - se recargó en un árbol y Shura hizo lo mismo – Ryu aceptó en un principio, pero después… cuando se dio cuenta de que era incapaz de sentir algo quiso deshacerse del anillo, lo dejó al cuidado de Mara, pensaba que de esa manera el trato que había hecho con Odín desaparecería pero no fue así. Fuimos a consultar al oráculo, queríamos saber qué debíamos hacer con el anillo… y fue cuando nos encontramos contigo… ¿escuchaste la profecía?


                  - Sí…


                  - Dilo…


                  - No puedo… - decirla haría que Ryu lo encontrara y era lo que menos deseaba.


                  - Es la única forma de saber si Ryu sigue vivo…


                  - ¿De qué hablas? - preguntó aunque sí notó que cuando hablaba de Ryu lo hacía en pasado.


                  - Ryu te puso esa marca para saber de ti cuando hablaras de esa noche… - dijo tocando su frente - él… fue en busca de… Seat – hubo algo de duda en su voz, y es que había escuchado su nombre solo una vez, así que no estaba seguro de haberlo recordado con exactitud.


                  - Espera… ese tal Ryu… ¿fue él quien mató a Seat? – se incorporó para ponerse frente a Swom.


                  - No lo sé… - bajó la mirada – Ryu desapareció desde aquel día…


                  - El cero absoluto del santuario provocará una guerra con el anillo… - musitó ante la sorpresa de Swom quien lo observó fijamente, tenía la esperanza de ver la marca de Ryu en la frente de Shura pero no fue así.


                  - Nada… - dijo Swom con una mezcla de alivio y decepción, aunque agradeció inmensamente que Shura lo comprendiera.


                  - ¿Por qué fue en busca de Seat? – preguntó después de unos cuantos segundos.


                  - Porque creímos que él tenía el anillo, por eso Ryu fue a buscarlo y si está muerto es porque en verdad Seat tiene ese anillo.


                  - El saqueo del cementerio… - dijo Shura de pronto.


                  - No era su cuerpo…


                  - ¿Qué?...


                  - ¿Sabes dónde puede estar? – Shura negó con la cabeza, seguía sorprendido por las palabras de Swom.



Estuvieron casi veinte minutos en completo silencio.



                  - Escribe una carta…


                  - ¿Qué?


                  - Intentaré pensar en la forma de ayudarte a encontrar a Seat, pero necesito que escribas una carta…


                  - De acuerdo… - no sabía para qué, pero confió ciegamente en Shura.



***



El patriarca quería evitar que los rumores acerca del ataque al cementerio se esparcieran, así que para mantener las apariencias de que todo estaba bajo control, decidió que los combates entre discípulos no debían suspenderse. Milo le prometió a Camus protegerlo y el francés pensó que estaba jugando.



                  - ¿Ya escucharon lo que se rumora en el Santuario? – dijo Aioria – Parece que algo sucedió en el cementerio…


                  - Cementerio… - musitó Camus y dejó de forcejear con Milo que lo mantenía abrazado.


                  - Se han estado escuchando ruidos extraños por todo el Satuario, parece que algunos caballeros han sentido extrañas presencias por sus templos, el otro día… en el templo de mi hermano, vi como si una sombra se detuviera a mitad del pasillo… yo pensé que era Aioros y no le tomé importancia pero… cuando entré a la habitación vi que Aioros estaba ahí esperándome…



El relato de Aioria era parte verdad y parte mentira. Era cierto que habían sentido presencias extrañas, a veces sentían que era Saga quien se acercaba pero por más que esperaban el de géminis tan solo no aparecía. En esa ocasión, Aioria sí había visto la sombra de alguien, y sí había pensado que era Aioros a pesar de que no podía sentir su cosmos; lo que no era cierto de su historia, era el tinte paranormal que quería darle. No había nada de paranormal en ello, no eran fantasmas, eran personas reales que podían cruzar el santuario utilizando portales como los de Saga. Aioria solamente le contó esa historia a tres personas, a Milo, Camus y Aioros, quizá de habérselo contado a Shura, éste de inmediato habría comenzado a cazar fantasmas, y es que al de capricornio le daba por creer en los sucesos paranormales.



***



Saga podía ocultar muchas cosas, tenía un lado muy serio y analítico que pocas veces mostraba, el resto del tiempo era lo que todos conocían de él. Como la ocasión en que se enteró que Aldebarán sería el contrincante de Milo y comenzó a darle consejos de cómo entrenar. Shura le recriminó que ayudara a otros discípulos cuando el suyo llevaba las de perder sin importar contra quién peleara pero Saga, aunque sabía que el español tenía razón, no hizo más que comenzar a discutir con él, para más tarde ir juntos al pueblo a comprar ingredientes para que Aldebarán les hiciera de comer.



***



Fue durante el primer enfrentamiento cuando Shura creyó confirmar lo que venía sospechando desde la fiesta de integración, y es que notaba algo en la mirada de Saga, algo que curiosamente solo había notado al verlo con Seat. Era una especie de mirada que solo le dirigía a él y ahora a Camus. Hacía comentarios a veces, preguntándole que con quién había dormido pero el de géminis era un experto en evadir temas, y no era tanto que le interesara la vida sexual del de géminis, aunque sí sentía una especie de decepción cuando recordaba su relación fallida, lo que en realidad quería saber era qué tan apegado seguía estando de Seat.



                  - ¿Por qué tan preocupado? – preguntó Saga cuando llegó a medio combate. Iba ganando Aioria, y Aioros no podía evitar preocuparse por Mu. Shura observó a Camus, notaba el cansancio en su rostro, y quizá pecaba de desconfiado, pero creía que el motivo de sus desvelos era Saga, Saga y su debilidad por los caballeros de acuario.



***



El de capricornio le entregó la carta a Shion personalmente, el patriarca lo vio con algo de sospecha, le parecía muy extraño que el de capricornio se viera involucrado siempre, pero el carácter serio y frío del español, además de la confianza ciega que Aioros y Saga le tenían, hizo que todas sus dudas se desvanecieran. Fue Shion quien le pidió a Shura mantenerlo en secreto, no había sucedido nada en el santuario así que no había por qué alarmarse aún.



                  - Todos sentimos el cosmos de Seat… puede que esta carta sea falsa y tan solo se trate de un intento de entrar al Santuario… – dijo Shion – no haremos nada hasta que estemos seguros de lo que está pasando.



***



Shura lo pensó, había prometido a Swom ayudarle y la única forma de contarle la verdad a Saga sin romper su pacto de silencio con Seat era teniendo un buen motivo para decírselo. Fue muy estresante toda esa situación para el de capricornio, era como si tuviera que quedar bien con todo mundo. Por un lado, le había dicho a Seat que guardaría silencio de lo ocurrido aquel día, le había prometido a Swom ayudarlo pero la única forma de hacerlo era rompiendo su promesa con Seat, y después estaba Saga, a quien a pesar de odiar ocasionalmente, sentía que le debía la verdad, pero eso podía ser contraproducente respecto a sus otras dos promesas, además estaba el hecho de que si Saga seguía sintiendo algo por Seat, y si sus sospechas acerca de que su relación con Camus iba más allá de la típica relación maestro – discípulo, entonces no solo destrozaría el corazón del francés sino que metería a Saga en una grave crisis emocional. Por eso fumaba demasiado, la nicotina calmaba sus nervios porque Shaka todavía no entraba en su vida con ese efecto analgésico y tranquilizador que tenía el rubio, a decir verdad, hasta ese mometno no lo había visto siquiera como algo factible, es decir, el rubio le encantaba, pero no pasaba de una simple atracción.



Antes del segundo encuentro vio a Milo pedirle a Camus que se sentara a su lado pero el francés se negó y se limitó a recargarse en una columna. Observó al de acuario, había llegado junto con Saga, tarde, como siempre y supuso el motivo, sacó un cigarrillo para calmar su ansiedad pero antes de encenderlo Aioros le señaló con la mirada un lugar más lejano. El de capricornio gruñó molesto, pensaba que en ocasiones el arquero sobreprotegía a su hermano y a Milo. 



                  - ¿Vienes Saga? – el de géminis estuvo a punto de decir que no, pero un breve intercambio de miradas le hizo comprender que Shura le revelaría algo importante, quizá alguna nueva receta de Aldebarán o quizá la forma de molestar al chico escorpión. Estaba muy lejos de la realidad, pero aun así siguió a Shura no sin antes amenazar a Milo de que se mantuviera alejado de Camus. 



Shura terminó un cigarrillo y encendió otro.



                  - Somos amigos ¿cierto? – Saga asintió - ¿Hay algo que quieras decirme?


                  - ¿De qué?

                  
                  - No lo sé… de Camus… de Seat… - sintió que debía andarse con cuidado – Hay algo muy importante que debo decirte… ¿tienes tiempo? – Saga volvió a asentir sin despegar la mirada del combate de Afrodita y Death Mask.



El francés los observó un par de minutos, Shura fumaba sin parar y Saga se veía demasiado serio, con la mirada perdida y asentía ocasionalmente cuando Shura terminaba de hablar.



                  - Camus… siéntate… - la voz de Milo distrajo al francés.


                  - ¿Eh? – le señaló nuevamente el asiento a su lado pero el de acuario dijo que estaba bien de pie.



No se dio cuenta del momento en el que Saga desapareció con Shura. A veces sentía que no lo conocía en lo absoluto y eso le causaba tristeza, era como si Saga no confiara en él, o peor aún, como si tan solo lo buscara cuando su cuerpo se lo pedía, ¿cuánto tiempo seguiría esa situación? ¿Y si le ponía un final definitivo y drástico a todo? Pensaba muchísimas cosas, quizá fue por eso que no escuchó la primera vez que anunciaron el tercer encuentro. El suyo… contra Shaka.



***



                  - Sé que aún adoras a Seat… - había dicho el de capricornio con cierta preocupación. 


                  - No sé de qué hablas… - respondió Saga queriendo ocultar lo que sentía en ese momento, prefería, en cualquier situación, no mencionar a Seat.



Era un recuerdo que le hacía sentirse culpable por muchas razones, porque le había jurado amor eterno, le había prometido que sería el único siempre, y que después de él nadie sería tan importante, Seat pensó que se trataban de promesas de enamorados, así que nunca esperó realmente que el de géminis cumpliera con su palabra, pero Saga no pensaba igual, y se decepcionó profundamente de sí mismo cuando se dio cuenta de que, con el tiempo, fue traicionando cada una de las cosas que le había prometido a Seat, sintió que se traicionaba a sí mismo, que perdía credibilidad y que, a fin de cuentas, estaba haciendo algo malo.



Lo cierto era que cuando hizo esas promesas, en realidad hablaba en serio, de verdad pensaba que iba a ser capaz de cumplirlas, aprendió con Seat el verdadero valor de las palabras porque lo había querido mucho, y no podía dejar de sentir que estaba en deuda con él, era como si no pudiera deshacerse de ese sentimiento de cariño y esa ridícula fidelidad que le guardó hasta que Camus entró a su vida. Entonces le pesaba amar a Camus, porque el recuerdo de Seat, junto con todas sus promesas rotas le seguían atormentando.



                  - Encontramos una carta acerca de él – la expresión de sorpresa de Saga le incitó a seguir hablando – Tenía el anillo Nibelungo. Todo indica que estaban buscándolo por eso… y parece que tu querido francesito es el siguiente – esa era demasiada información para Saga, ¿qué diablos tenía que ver Seat con el legendario anillo Nibelungo? ¿por qué nadie le avisó del contenido de esa carta? ¿Y por qué ahora estaban tras Camus?


                  - ¿Lo sabe Shion? – preguntó molesto, no con Shura sino con la vida misma que intentaba arrebatarle todo lo que amaba, pero esta vez no iba a ceder.


                  - Sabe de la carta que dejaron, pero no creyó ni una sola palabra, piensa que lo que en realidad quieren es entrar en el Santuario, el problema es que, con el saqueo del cementerio, si Seat tuvo alguna vez el anillo, pues entonces alguien se lo llevó… Shion piensa que es una artimaña para llevarse a Camus.


                  - ¿Y lo es? - preguntó muy preocupado – Espera, ¿qué tiene que ver Camus en todo esto? ¿él tiene el anillo?


                  - No lo sé, deberías preguntárselo tú… tienes una relación muy cercana con él ¿no?


                  - ¿Estás celoso? – ni siquiera en momentos tan delicados dejaba de ser un imbécil.


                  - Eso quisieras… - Saga tan solo sonrió – Creo que es algo acerca de un oráculo – dijo quitándole importancia al asunto - ¿puedes creerlo? – Shura sondeó el rostro de Saga, quería saber qué tanto había hablado con Seat antes de que éste partiera a Siberia.


                  - No entiendo… ¿para qué quieren a Camus? ¿para el oráculo? – había escuchado que se requerían de jóvenes vírgenes y Camus había perdido esa característica mucho tiempo atrás, sonrió al darse cuenta de la simplicidad de sus pensamientos y se obligó a ponerse serio nuevamente. Shura no le preguntó por qué sonreía, pero tenía el presentimiento de no querer saberlo.


                  - No lo sé, escuché por ahí que… el oráculo les dijo que el dueño del cero absoluto los ayudaría. Y con Seat muerto… tan solo nos queda Camus… tu adorado discípulo.


                  - ¿Cómo sabrían del cero absoluto?


                  - No lo sé – sabía que Saga lo cuestionaría hasta morir, de hecho, pensó en cómo responder a cada una de sus preguntas, pero el de géminis siempre iba más allá, quería saber todo, su curiosidad lo llevaba al extremo en cualquier situación. 


                  - Pero… ¿por qué el patriarca no cree lo de la carta, qué decía?


                  - Decía… - tomó aire - decía que… Seat… no está muerto.



Saga contuvo un suspiro que rogaba por abandonar sus labios, intentó sonreír con cinismo pero no pudo, tampoco pudo moverse o decir alguna palabra, sentía que cualquier cosa era potencialmente dañina, una parte de sí anhelaba que eso fuera cierto, pero él había visto el cadáver, lo había reconocido de inmediato, así que por eso comprendió el por qué el patriarca no creyó ninguna de las palabras de dicha carta.



***



Más tarde se enteró de que el oponente de Camus sería Shaka, fueron demasiadas impresiones para un mismo día y estuvo a punto de ir lloriqueando con Camus para pedirle que por favor no muriera en su enfrentamiento contra Shaka, quería pedirle también se quedara a su lado para siempre y que no muriera nunca, jamás en la vida.



                  - ¿Lo has entrenado? – preguntó Shura dejando escapar el humo de sus labios.


                  - No… - respondió casi al borde de un colapso nervioso aunque supo disimularlo muy bien. Era malo mintiendo, pero era bueno ocultando lo que sentía en realidad.


                  - El hermoso rubio lo va a destrozar ¿sabes?


                  - Lo sé… - lo sabía y lloraba, lloraba internamente porque su orgullo no le permitía llorar delante de alguien más. También tenía que parecer fuerte delante de Camus porque si el francés entraba en pánico quizá hasta habría abandonado la orden. Y es que Camus pensaba mucho algunas cosas y era impulsivo en otras, eso le gustaba de él porque le hacían sentirse más normal. No como Aioros que siempre hacía lo correcto, o como Heze que era un maldito o Shura que lo hacía enfadar, no, Camus era diferente, Camus era especial.


                  - Estás consciente de que Camus es muy joven aún ¿cierto? – Saga asintió - ¿desde hace cuánto que te lo has estado tirando?


                  - ¿Estás celoso? – preguntó mitad en broma mitad en serio.


                  - ¿Debería estarlo? – Shura se odió a sí mismo en ese momento y el rostro de Saga cambió drásticamente.


                  - Shura… yo…


                  - Ya cállate… no digas nada – se alejó un par de pasos – todo ha quedado en el pasado ¿cierto?


                  - … - tardó casi un minuto en responder – Cierto – y su respuesta le dolió a Shura en el alma.


                  - Hay algo que no te dije… - musitó con profunda tristeza porque sentía que Saga lo terminaría odiando por no habérselo dicho antes. 


                  - ¿Qué?


                  - Sé quién envió la carta…


                  - ¿Quién?


                  - Puedo llevarte con él… hay cosas que debes saber… si prometes guardar silencio.



Saga asintió, habría prometido cualquier cosa en ese momento.



En su primer encuentro, Swom, quien ocultaba su rostro, le habló de la profecía y a grandes rasgos lo que había sucedido con Seat. Tenían que encontrar el anillo y de paso saber si Seat estaba muerto o no. Fue un golpe duro para Saga enterarse de todo eso. En algún momento se enfadó tanto con Shura que ni siquiera fue capaz de verlo.



Caminaron de regreso al Santuario en el más sepulcral y absoluto silencio.



                  - ¿En qué piensas? – preguntó Shura poco antes de llegar, si Saga le iba a armar un escándalo, prefería que fuera ahí y no en el Santuario.


                  - Tú lo sabías, lo supiste… todo este tiempo… - le dijo con algo de rencor.


                  - Lo lamento…


                  - ¡Sabías que lo estaban siguiendo y NO hiciste nada!


                  - Saga… tú no conociste a Ryu… era incluso más poderoso que tú y sin siquiera usar el anillo…


                  - Debiste decirme… debiste impedir que se fuera… - y lo había intentado, quizá no de manera insistente, pero le hizo saber a Seat que no arreglaría nada yéndose, también le advirtió que rompería el corazón de Saga, pero eso no podía explicárselo al de géminis.


                  - Ya te dije que lo sentía… ¿qué quieres que haga? ¿Qué me arrodille y te pida perdón? – entonces Saga se sintió culpable, conocía a Shura, y conocía a Seat, no había necesidad de que el español le explicara con lujo de detalles cómo habían sucedido las cosas. Si le reclamaba era porque le dolía y no porque desconfiara de él.


                  - Te mueres por arrodillarte ante mí ¿cierto? - el enfado hizo que no lo dijera con la perversión de siempre, se quedó en un punto medio, como una broma muy seria que al final no dejaba de ser broma.


                  - Idiota – dijo antes de golpearlo tan fuerte que la queja murió en sus labios.



Continuar

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