jueves, 17 de enero de 2013

Capítulo 16: Celos - Septiembre 2 - 2011

Capítulo 16: Celos



Kanon no tardó en darse cuenta de la manera en que Camus lo miraba, tan solo tenía que acercarse a Milo o hablarle para que de inmediato el francés prestara menos atención a lo que hacía y se concentrara más en lo que sucedía alrededor del escorpión.



                 -Cam… ¿quieres jugar? – preguntó Milo sin pausar el videojuego.


                 - Ah… no… tengo que terminar un ensayo…



Por lo regular Camus trabajaba en el estudio, pero desde que Kanon estaba con ellos se había trasladado a la sala, lugar en donde pasaban la mayor parte del tiempo Kanon y Milo. Tardaba más de lo habitual ya que no podía concentrarse con tanto ruido, pero aun así permanecía ahí hasta que la desagradable sensación en su pecho se hacía insoportable y entonces se retiraba a la cocina, desde donde podía seguir escuchando las risas y una que otra pelea.



En algún momento del juego Kanon puso su mano sobre las de Milo, lo cierto era que tan solo estaba presionando algunos botones de manera constante, para ayudarlo a quitarse a uno de los zombies que se aferraba al cuello de su jugador, pero desde donde estaba Camus se veía como si tan solo le estuviera tomando la mano. El francés se puso de pie y se alejó, era simple, tan solo le dolía verlos.



                 - ¿De qué te ríes? – preguntó Milo. En realidad Kanon no estaba riendo, pero sí tenía una amplia sonrisa en su rostro.


                 - De nada… - dijo y segundos después dejó escapar una leve y melodiosa risa que fastidió al escorpión, la curiosidad lo mataba y quería saber de qué se estaba burlando el menor de los gemelos.


                 - Dime…


                 - Nada… no me río de nada – musitó con otra gran sonrisa y entonces Milo le quitó el control, pausó el juego y se fue a “opciones”.


                 - Si no me dices, te dejaré todas las armas débiles y me quedaré con el chaleco… - entonces la sonrisa de Kanon se desvaneció.


                 - No… el chaleco no… - era lo más costoso del juego y le había llevado SEMANAS que su jugador juntara suficiente dinero como para poder comprarlo, de hecho, (y eso era algo que también le reprochaba a Aioria), odiaba la manera en que él se esforzaba para comprar municiones, armas, antídotos para mordeduras de zombie y todo lo que les era útil, para que luego llegara Aioria o Milo y perdieran todo en un instante. Era un juego, sí, pero Kanon se lo tomaba muy en serio – Ahh – suspiró – Creo que Camus está celoso… - ya lo había notado antes pero después de pensarlo, llegó a la conclusión de que tal vez no era buena idea que el escorpión lo supiera, quizá, si no era correspondido, ambos se sentirían incómodos.


                 - Ja… - sonrió - ¿Celoso? – por un instante pensó que quizá el francés estaba interesado en Kanon y se molestó, aunque supo ocultarlo, después de todo Kanon no tenía la culpa de ser idéntico a Saga.


                 - Sí… siempre que me acerco a ti se va…


                 - No creo… se va porque haces mucho escándalo por cualquier cosa – a decir verdad no recordaba haber visto a Camus celoso en el transcurso de su relación con Saga. Aunque, Saga no lo había dejado por alguien más, habían terminado por otros motivos muy distintos a la infidelidad.


                 - De acuerdo… no me creas entonces… pero te lo demostraré…


                 - ¿Qué piensas hacer?


                 - Tú solo déjate querer… - reanudó el juego – Eh… Milo…


                 - ¿Qué?


                 - Hay algo más… - el escorpión lo observó sin saber exactamente a qué se refería – creo que tengo algunos consejos que te pueden funcionar con él…



A partir de ese momento Kanon adoptó la costumbre de acercarse a Milo, le gustaba ver las casi imperceptibles reacciones de Camus, estaba tan acostumbrado a verlo siempre serio que le causaba una especie de morbosa curiosidad el verlo enfadado.



***



La segunda vez que Ikki terminó entre las piernas de Hyoga fue una noche en que el fénix llegó y lo encontró dormido en su cama. No tenía ni idea de que el rubio husmeaba ocasionalmente entre sus cosas y ese día, se quedó dormido antes de poder escabullirse. Le gustaba Hyoga, le gustaba de una manera que no había conocido antes, incluso le divertían sus berrinches aunque otras veces lo desesperaba y hacía que renaciera en él un instinto de venganza que creía olvidado, le daba la impresión de que Hyoga era el único capaz de sacar lo peor y lo mejor de él, muchas veces en el mismo instante. Le daba risa la manera en que alardeaba por cualquier cosa y luego huía ante cualquier insinuación. Le intrigaba todo lo que el rubio pudiera pensar cuando no hacía más que mirar a la nada. Adoraba todo de él y le gustaba incluso más.



Se recostó a su lado y el cisne despertó.



                 - Ahh… - miró a su alrededor como si no recordara en dónde estaba, y luego vio al Fénix - Ikki… lo siento yo… - se puso de pie pero éste lo tomó por la muñeca.


                 - Quédate… - musitó y el cisne en su estado somnoliento obedeció.


                 - ¿Por qué? ¿Tienes miedo de dormir solo? – dijo con burla después de unos cuantos minutos de silencio. 


                 - No – respondió Ikki girando su cuerpo para quedar de frente al rubio – Quiero estar contigo… - dijo antes de besarlo.



El rubio no se resistió aunque quiso hacerlo. Y es que estar con Ikki era una montaña rusa de emociones, se la pasaba pensando en él, en cuánto deseaba su cercanía pero cuando por fin estaba ahí tan solo le entraban ganas de salir corriendo. Odiaba que le marcara a su móvil para saber dónde estaba pero le fastidiaba aún más que no se preocupara por él en lo absoluto, y entonces le pedía más permisos sabiendo que el fénix se negaría celosamente, era la única forma que tenía de sentir que sus sentimientos eran correspondidos. Y quería preguntarle directamente, pero no quería saber la respuesta y eso era un gran problema.



***



El móvil vibró sobre la mesa y el de géminis lo miró con indiferencia.



                 - Kanon, ¿puedes fijarte quién es? – preguntó desde la cocina el escorpión.


                 - No – dijo tan solo para molestar a Milo mientras tomaba el móvil – Ah, mira, es Aioria… ahh – se aclaró la garganta antes de responder – Casa de huéspedes, ¿en qué puedo servirle?


                 Ah… yo… lo siento creo que me equivoqué de número – su voz se escuchaba realmente desconcertada.


                 - Pues tenga más cuidado a la próxima, solo nos hace perder el tiempo – dijo casi sin aguantar la risa.


                 ¿Kanon? – entonces el menor de los gemelos soltó la carcajada.


                 - Sí, deja te paso a Milo…


                 Espera, ¿qué haces con el móvil de Milo?


                 - El bicho está en la cocina y me pidió que viera quién estaba marcando, pero contesté porque vi que eras tú y quise que gastaras tu saldo…


                 Idiota… ¿Están en tu casa? – preguntó como si no le importara, aunque lo cierto era que se moría de curiosidad. Le había marcado varias veces a Kanon y en su departamento no contestaban, luego intentó comunicarse con él a su móvil, pero como el menor de los gemelos jamás en su vida traía saldo, era muy común que abandonara su celular en cualquier lugar de la casa. Fue entonces cuando decidió buscar a Milo y preguntarle si sabía algo de Kanon. Por una parte se sintió aliviado al escuchar la voz del gemelo, pero no podía negar que le causaba un poco de conflicto que sus dos mejores amigos fueran amigos entre sí, su naturaleza le pedía a gritos ser el centro de atención pero Kanon siempre se lo impedía.

                 
                 - No, estamos acá, en casa de Milo…


                 Pásamelo…


                 - Es Aioria… - dijo Kanon antes de darle el móvil a Milo – Dile que venga – sí, en poco tiempo y el dragón marino se sentía en su casa.


                 - Eh Aioria, ¿por qué no vienes? – preguntó el escorpión y no tuvo ni idea de por qué le hacía caso a Kanon, de igual manera extrañaba la época en que salían los tres juntos, cuando se ponían de acuerdo de la nada y planeaban algo a última hora. Le gustaba cenar con ellos porque sentía que el tiempo se detenía y que esa época duraría para siempre, que no había que preocuparse porque todo estaría bien.


                 ¿Por qué está Kanon en tu casa?


                 - Se está quedando aquí hasta que terminen una ampliación del edificio donde vive o algo así…


                 ¿Hasta cuándo estará ahí? – parecía muy desconcertado el de leo.


                 - No lo sé…


                 Voy para allá…



***



El fénix se puso de pie y fue rumbo al cuarto de baño. Minutos después, el cisne escuchó el correr del agua en la regadera y suspiró cansado.



                 - Se acabó… - musitó para sí mismo. Escuchó una de las canciones de su grupo favorito y buscó en el suelo su móvil – Diga.


                 ¡HYOGA! ¿Estás en tu casa? – la voz de Seiya se escuchaba alterada.


                 - Sí…


                 Te voy a marcar, CORRE al teléfono – se preguntó ¿por qué Seiya le había marcado primero a su móvil?, lo más lógico sería intentar primero localizarlo en casa, pero... la lógica no era algo que empleara muy seguido el Pony.


                 - ¿Qué pasó? – preguntó una vez que contestó el teléfono de su habitación.



***



Kanon empezó a tontear con Milo desde antes de que llegara Aioria y siguió haciéndolo cuando ya estaba ahí. Camus tan solo los observaba, había ido a la cocina para escapar de ellos y ahora estaban ahí, los dos, delante de él toqueteándose cada que podían mientras pretendían preparar la cena. En realidad, y eso sí lo notó Camus, era Kanon quien acariciaba ocasionalmente a Milo, pero el escorpión no hacía nada por detenerlo. Aioria, al otro lado de la barra, tenía una mirada asesina dedicada tanto a Milo como a Kanon por igual.



                 - ¿Por qué lo estás haciendo separado? – preguntó Kanon al ver que el escorpión utilizaba dos sartenes para cocinar.


                 - Es que éste es el tuyo porque no lleva ni guisantes ni zanahoria… - el dragón marino era un poco quisquilloso con la comida y el escorpión lo sabía muy bien.


                 - Ahh, gracias Milo – dijo antes de abrazarlo de manera cursi, empalagosa y exagerada.


                 - Oi, espera… se va a tirar esto… - alegó pero Kanon decidió ignorarlo.


                 - Eres tan considerado… - se acercó peligrosamente a los labios del de escorpio y tanto Camus como Aioria se pusieron de pie.



El menor de los gemelos estaba tan pendiente de cada una de las reacciones del francés que ni siquiera notó que Aioria se veía muy molesto. Camus salió de la cocina abandonando las notas que estaba revisando.



                 - ¿A dónde vas? – preguntó Milo pero Camus no lo escuchó o no quiso contestarle y siguió alejándose.


                 - Te lo dije… - musitó Kanon cerca del oído de Milo - No lo persigas o saldrá huyendo.



Milo se sorprendió un poco al notar la relativa rapidez con que el menor de los gemelos había analizado a Camus, en pocos días, Kanon consiguió aprender lo que a él (Milo) le había llevado meses, y después fue más allá. Ninguno se dio cuenta de que el león los observaba,esperando impaciente a que el escorpión saliera de la cocina.



***



                 - Sí, hay que pensar bien lo que pondremos… - dijo Hyoga al teléfono.


                 Hyoga… debes prometerme algo… si ganas… tendrás que llevarme como tu acompañante… ¿de acuerdo?


                 - Está bien, pero tú harás lo mismo…


                 Eso es obvio Hyoga, ni siquiera tienes que preguntarlo.


                 - Oye Pato, ¿quieres salir a cenar? – preguntó Ikki desde la puerta y el Cisne lo observó con una mirada tan fría e indiferente, que el Fénix se sintió mal de inmediato.


                 - Espera Sei – dijo al teléfono - ¿Es una cita? – le preguntó al Fénix y éste pudo notar cómo su voz se escuchaba distante.


                 - Pues… no, tan solo es ir a cenar por ahí.


                 - Entonces… no, gracias Ikki, pero ya veré que cenar más tarde – el fénix sonrió desconcertado y con algo de nerviosismo.


                 - Pero…


                 - Ikki… - lo interrumpió – estoy ocupado…- le dirigió una mirada rápida al teléfono, como para que el mayor se diera cuenta de que la llamada en cuestión era MUY importante.


                 - De acuerdo… - musitó el fénix y se preguntó en qué momento aprendió Hyoga a hablar con tanta autoridad.


                 - Sei, creo que sería mejor que vinieras para ver las preguntas entre los dos…



***



                 - Cam… ya está la cena… - dijo Milo y entró a la habitación del francés porque la puerta estaba abierta y porque quería saber si todo estaba bien.


                 - Bajaré más tarde…


                 - ¿Pasa algo?


                 - Ahh… - suspiró – No, todo bien solo… un poco de estrés… - Milo sonrió antes de ponerle seguro a la puerta.


                 - Te puedo ayudar a deshacerte del estrés… - musitó sensualmente mientras se colocaba sobre el cuerpo de Camus.


                 - Detente… - cerró los ojos aunque no ejerció resistencia en un principio – No deberías hacer esperar a tus visitas – hubo algo en la forma de decir la palabra visitas que molestó al escorpión, entonces se separó un poco del francés y lo miró a los ojos.


                 - ¿Estás molesto porque vinieron?


                 - No – le creyó porque Camus no solía mentir cuando se le preguntaba algo directamente.


                 - ¿Entonces? – besó el cuello del francés con insistencia, acercándose lentamente a su pecho.


                 - Ahh… - gimió – No sigas…


                 - ¿Por qué no? – una de sus manos se escabulló entre su ropa.


                 - No… no tengo ganas… - dijo molesto empujando al escorpión para poder incorporarse un poco.


                 - De acuerdo… ya sabes dónde estamos.



De pronto se dio una situación desconocida hasta entonces por el francés, y es que Milo SIEMPRE insistía, no era común que se diera por vencido tan rápido, al menos se enfadaba, discutían, forcejeaban, pero NUNCA se iba así, como si nada. Y la palabra “estamos” dicha por el escorpión le calaba hondo, porque creía que se refería específicamente a Kanon.


                 
                 - Ya no quiero seguir con esto… - Milo se detuvo y volteó a verlo.


                 - ¿Con qué? – preguntó divertido y su sonrisa desconcertó a Camus porque no supo cómo interpretarla, nada nuevo para el francés ya que solía estar en la luna la mayor parte del tiempo. Así que tomó todo el aire que pudo antes de hablar.


                 - Nada… - fue la única palabra que abandonó sus labios, y es que una sensación de pánico lo invadía cada vez que se trataba de hablar de sentimientos.



Con Saga había sido fácil, el mayor de los gemelos era frío y un poco distante, le daba el espacio y la libertad que Camus necesitaba, así que su relación no tuvo contratiempos hasta que el mayor comenzó a arrepentirse de sus decisiones. Sin embargo, con Milo era diferente, Milo era más posesivo, más intenso, quería tener a Camus por completo, de todas las formas posibles, con el escorpión corría más riesgos y eso le daba miedo.



                 - Bien – dijo Milo conteniendo las ganas de armarle un escándalo por sus constantes cambios de estados de ánimo, pero había decidido seguir los consejos de Kanon aunque en el fondo no sabía por qué le hacía caso – Entonces… me voy… - había puesto un pie fuera de la habitación cuando sintió cómo el francés lo detenía tomándolo de la camisa.


                 - Sí te quiero… - musitó con el rostro enrojeciendo ligeramente y la mirada clavada en el suelo.


                 - Yo también, eres mi amigo y te quiero…- dijo de la manera más natural que su emoción interna y desbordada le permitió.


                 - No… - sentía que su rostro enrojecía cada vez más y agradeció que el cabello lo cubriera un poco – Yo… te quiero… diferente… - ya ni siquiera hablaba con coherencia, había dejado de pensar segundos antes y tuvo la impresión de que colapsaría de un momento a otro.


                 - Bien… creo que entiendo – lo abrazó con fuerza y Camus sintió que le devolvían la vida, pudo recargar su cuerpo ligeramente sobre el del escorpión y la tensión que sentía comenzó a desvanecerse, pero no quería que Milo creyera que entendía, quería que no le quedara duda.


                 - Espera…



El francés buscó las hojas que había comprado mucho tiempo antes para hacer las figuras de origami, (que por cierto jamás le salieron), y luego tomó una de las tantas plumas que había en su habitación.



“No solo como amigo, te quiero de todas las formas en que una persona puede querer a otra… P.D. Destruye esta nota”



                 - ¿Es en serio? – se mantuvo serio porque JAMÁS se había esperado una declaración de Camus, pensaba que seguirían siendo amigos eternamente hasta que el francés se cansara, porque si de algo estaba seguro Milo, era que, al menos por su parte, él no iba a dar marcha atrás.



“Sí, no me hagas escribirlo de nuevo” – añadió el francés al final de la nota. 



Porque él no era bueno expresándose verbalmente, pero de manera escrita era otra cosa, después de todo, a eso se dedicaba.



***



                 - Ya se tardaron – dijo Kanon para romper el incómodo silencio.


                 - ¿Por qué te estás quedando aquí? – preguntó Aioria.


                 - Porque no tenía a donde ir… digo… no iba a ir con Saga, se acaba de casar… aunque igual y pude ir a la mansión Kido pero… creo que Tatsumi no me quiere… - además, aunque no lo mencionó, estaba el hecho de que cierto peliverde habitaba ahí, y no es que le tuviera mala fe, tan solo prefería no estar cerca de él.


                 - ¡Pero pudiste haber ido a mi casa! – exclamó el león dolido.


                 - Aioria… - no le gustaba discutir cosas serias y menos con el de leo.


                 - No entiendo Kanon…


                 - ¿Qué cosa?


                 - ¿Por qué sigues sacándome de tu vida? ¿Por qué siempre te vas de mi lado? – parecía estar haciendo un enorme esfuerzo para hablar en voz baja, pero aun así se notaba todo el enfado que había ido acumulando sabrían los dioses desde cuándo - ¿Qué hay entre tú y Milo? – preguntó apretando los puños con fuerza.


                 - Nada… y aunque hubiera algo, eso no tiene nada que ver contigo – pudo notar el dolor en el rostro desencajado del león y se sintió un poco culpable.



Se miraron a los ojos unos cuantos segundos hasta que fue Aioria quien tuvo que desviar la mirada porque sabía que Kanon tenía razón, entonces sintió que había perdido y se dirigió a la salida tan molesto y dolido que olvidó sus llaves. El dragón marino fue tras él por el simple hecho de que Aioria era completamente diferente a Camus, al león le gustaba cazar y ser cazado, era territorial y posesivo, sus pertenencias eran solo de él y de Kanon, con quien le fascinaba compartir todo.



                 - ¡Argh! – gruñó en cuanto se dio cuenta de que había dejado las llaves y camino en círculos debatiéndose entre tragarse su orgullo y regresar o tomar un taxi.


                 - Ahh – el suspiro de Kanon hizo que se detuviera – creo que tenemos que hablar…



Continuará…

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