jueves, 17 de enero de 2013

Capítulo 15: Malentendido - Agosto 26.2011

Capítulo 15: Malentendido



Camus desabrochó el pantalón de Milo mientras escalaba sobre su cuerpo. Estiró una de sus manos para apagar la lámpara que iluminaba la habitación pero Milo lo detuvo, quería verlo, deseaba estar al tanto de cada uno de los movimientos que hiciera el francés, pensaba que quizá si veía su rostro podría darse una idea lo que pasaba por su mente. Sin embargo, el francés se encontraba muy serio, mantuvo el aire en sus pulmones hasta que se topó de frente con el miembro de Milo, ya lo había sentido bajo la tela pero aun así le sorprendió un poco que ya se encontrara semi erecto, sintió una leve y súbita palpitación en su propio miembro, y le pareció extraño excitarse tan solo con verlo.



El escorpión echó la cabeza hacia atrás cuando después de unos instantes de duda, el de acuario llevó sus labios hasta la punta de su miembro, luego lo fue introduciendo en su boca haciendo que rozara la parte interna de sus mejillas, las húmedas caricias lo llevaron al borde del orgasmo en cuestión de minutos, tal vez era la simple idea de saber que era Camus quien lo estaba haciendo.



                 - ¡AHH! – exclamó Milo y estiró las piernas para después comenzar a elevar un poco sus caderas, embistiendo la boca experta de Camus. Por un instante se preguntó si habría aprendido eso con Saga, pero el dolor que le causaba la idea le hizo desechar ese pensamiento casi de inmediato – Espera… - musitó con dificultad empujando la frente de Camus para separarlo de su cuerpo – Quítate la ropa… - el francés se quedó estático, no era la primera vez que se desnudaba frente a Milo, pero nunca antes lo había hecho de esa forma, podía notar el deseo en los ojos del escorpión y el nerviosismo le impedía moverse más rápido. Cuando Milo estuvo por completo desnudo al francés aún le faltaba la camisa y la ropa interior, lo hacía con tanta lentitud que, desesperado, el escorpión lo ayudó mientras de paso acariciaba y manoseaba su cuerpo, quería hurgar en cada rincón, palpar toda la extensión de su piel, quería marcarlo como suyo de todas las maneras posibles.



Besó la blancura de Camus antes de apoderarse de sus labios, en un principio había pensado en jamás hacerlo ya que se trataba solo de sexo, y en su opinión, en el sexo no había besos, sin embargo, sus labios le parecían tan deliciosos e irresistibles que terminó sucumbiendo ante ellos. Ambos se pusieron de rodillas sobre la cama, uno delante de otro, tan cerca podían sentir el aroma y el calor corporal del otro. Restregaban sus miembros primero con timidez y luego con más curiosidad mientras se dedicaban a explorar la firmeza de sus cuerpos, como si se tratara de algo que quisieran descubrir, muchas veces tuvieron la sensación de ya haberlo vivido y ocasionalmente algún recuerdo los hacía sonreír o sonrojarse. Camus tomó ambos miembros con una de sus manos para que la fricción fuera mayor, se sentía tan bien que Milo tuvo que sostenerse del cuerpo del francés para soportar la intensidad de las sensaciones.



                 - Ponte en cuatro… - ordenó y Camus se movió con la misma lentitud con la que se había quitado la ropa, era como si todo ocurriera en cámara lenta y Milo no pudo evitar sonreír. Le daba la impresión de que el francés meditaba cada movimiento que hacía.



Una vez que estuvo en cuatro el escorpión observó su cuerpo detenidamente mientras acariciaba sus nalgas, las cuales apretó dejando marcadas sus manos durante unos cuantos segundos. Lo tomó por las caderas levantando un poco su trasero para que quedara más expuesto, Quería ver, sentir, tocar, quería todo de Camus, quería que inundara sus sentidos de formas inimaginables, hasta el fin del mundo. Acarició la parte interna de los muslos del francés provocándole escalofríos mientras lo obligaba a separar más las piernas. La estrecha abertura se veía tan pequeña y sonrosada que se preguntó si realmente podría penetrarlo. Lamió su dedo índice y lo apoyó en la entrada provocando que el francés se tensara de inmediato y se inclinara un poco hacia adelante.



                 - No te voy a lastimar… - dijo como si tuviera que dejárselo en claro, aunque eso era algo que Camus ya sabía. Luego volvió a apoyar la yema de su dedo índice y ejerció un poco de presión.


                 - Ahh… - intentó reprimir la queja mordiendose los labios pero se notaba la tensión en sus piernas.


                 - Relájate... - musitó antes de separarle las nalgas con ambas manos para después comenzar a rozar la entrada con su lengua, introdujo la punta con cierta dificultad y la movió en su interior intentando humedecerlo. Sabía que había un tubo de lubricante en uno de los cajones, pero se tomó todo el tiempo del mundo, le entretenía deslizar su lengua pecaminosamente por el orificio, sintiendo cómo se abría lentamente, dilatándose despacio, ocasionalmente uno de sus dedos le hacía compañía mientras se deleitaba con los excitantes gemidos del francés. Su miembro comenzaba a palpitar así que decidió apresurar un poco las cosas y finalmente tomó el lubricante, dejó caer una pequeña cantidad entre las nalgas de Camus y otro poco sobre su miembro.



El francés se apoyó en una sola de sus manos para poder masturbarse con la otra pero el escorpión lo detuvo.



                 - Todavía no… - dijo Milo y apoyó sus manos sobre la espalda de Camus, obligándolo a bajar su cuerpo hasta quedar apoyado sobre su pecho. Luego dirigió su miembro endurecido al punto del dolor hasta la entrada del francés y un gemido abandonó sus labios cuando lo fue introduciendo con lentitud. Era tan estrecho que tuvo que detenerse casi de inmediato.


                 - Ahh… - a pesar de que la punta se había deslizado con facilidad, el resto del miembro les causaba dolor a ambos. Si algo le disgustaba de esa posición al francés, era que la penetración era muy profunda y que había una gran fricción, que era precisamente lo que le gustaba a Milo.



El francés apoyó sus brazos para poder levantar un poco la espalda, sentía que al menos así no estaba tan expuesto. Milo fue introduciéndose despacio, y se detenía cuando sentía la resistencia del cuerpo de Camus o cuando éste se quejaba. El francés podía sentirlo dentro de su cuerpo, rozando su interior con una lentitud casi dolorosa, quería que se detuviera y al mismo tiempo quería sentirlo más adentro, le dolía pero al mismo tiempo le causaba un gran placer indescriptible, era una deliciosa tensión que se iba acumulando en su cuerpo. Milo no se introdujo por completo cuando comenzó el vaivén, se aferraba a las caderas del francés para hacer más rápido el movimiento y luego disminuía la velocidad para no correrse tan pronto, cosa que agradecía Camus. Le gustaba escucharlo gemir cada vez que entraba, en algún momento el francés inclinó su cuerpo hacia adelante y Milo lo observó, seguramente el ángulo de penetración lo habría lastimado, y a pesar de haberle dicho que no lo iba a lastimar, por instinto tomó sus caderas nuevamente para acercarlo a él hundiéndose en su cuerpo, introduciéndose por completo, hasta el fondo. Invadiendo sus entrañas y proclamándolas como de su propiedad. Su miembro se había perdido totalmente en el interior de Camus, como si hubiera estado hambriento de él.



                 - AHH… - se quejó aferrándose a las sábanas y apoyó la cara sobre la almohada. Sentía que lo estaban partiendo en dos y solo podía pensar en que todo terminara.



Por algún motivo esa escena excitó más al escorpión, si es que eso era posible, le gustaba ver a Camus así, sometido, le gustaba ver su cuerpo perlado por el sudor y la fuerza de sus manos queriendo transmitir la intensidad de las sensaciones de las que era presa. Jaló una de las piernas del francés haciéndole perder el equilibrio y volvió a empujar su cuerpo hasta que éste quedó completamente acostado.



                 - Ahh – gimió Milo al sentir cómo su miembro quedaba apretado con gran fuerza en el interior de Camus, sus testículos descansaban bajo las nalgas del de acuario.



El francés respiraba muy rápido pero apenas si entraba aire a sus pulmones, comenzó a sentir cómo Milo se meneaba en su interior, ya no entraba y salía, ahora tan solo movía sus caderas de un lado a otro, como si quisiera rozar todo en su interior. El escorpión se colocó en cunclillas y entonces sí comenzó a embestirlo con tanta fuerza que las quejas de Camus inundaron la habitación mezclándose con el rechinido de la cama. Milo sintió que estaba a punto de eyacular, era esa sensación de no retorno, cuando no hacía falta más que moverse un poco más, con más fuerza para terminar bajo la sublime sensación de un poderoso orgasmo. Pensó en abandonar el interior de Camus para no correrse dentro de él pero fue demasiado tarde, su cuerpo se tensó para descargarse con furia, inundándolo. El francés casi pudo sentir las palpitaciones del miembro de Milo dentro de su cuerpo, y luego escuchó el jadeo del escorpión cuando se apoyó sobre él para descansar unos instantes. Se quedaron así, en silencio un rato hasta que Milo salió de esa deliciosa cavidad para acostarse boca arriba a su lado.



                 - Ahh – se quejó Camus al sentir el roce del miembro de Milo abandonando su interior, no solo le dolía sino que le ardía. No tardó en girar su cuerpo para quedar boca arriba y comenzó a acariciar su miembro, sentía el semen de Milo deslizándose entre sus nalgas y la casi dolorosa excitación al no haberse descargado.


                 - Yo te ayudo… - dijo Milo sonriendo antes de tomar el miembro de Camus y llevarlo a su boca, y la sensación fue sublime, las caricias húmedas, la lengua del escorpión recorriendo todo su miembro, succionando la punta como si quisiera dejarlo seco. Metió uno de sus dedos en la adolorida entrada de Camus y comenzó a acariciar su interior hasta que encontró la próstata, lo supo porque el cuerpo de Camus se arqueó al sentirlo y separó más las piernas.



No tardó mucho el francés en correrse y entonces los dos estuvieron satisfechos. En algún momento Camus llegaría a notar que cuando lo hacían en esa posición el escorpión jamás le permitía tocarse, tal vez un día Milo le confesaría que era porque le gustaba ver su rostro cuando se corría víctima de un orgasmo, y tal vez un día Camus le propondría colocar un espejo delante de ellos.



***



Asaltó el refrigerador alrededor de las cuatro de la tarde, escuchó al Fénix entrar pero no le hizo caso, de momento no tenía ganas de verlo porque seguramente le preguntaría por qué estaba en casa a esa hora, y es que en teoría, debía estar en el centro comercial con Seiya haciendo fila para comprar el último volumen de su manga favorito. El problema fue que el Pony a última hora tuvo la gran idea de llevar a Shun con él. Supuso que era un truco sucio para reunirlos, un truco muy obvio también, tomando que cuenta que Shun ni siquiera leía mangas.





                 - Ahh – suspiró, antes de abrir la bebida, al menos su día se había alegrado en cuanto encontró una lata de té helado al fondo del refrigerador, le gustaba aunque Shiryu no se cansara de decirle que eso no era té y que el verdadero té se tomaba sin azúcar, ¿qué culpa tenía el rubio de ser adicto a los carbohidratos? Y mientras le gustara, el mundo podía decir lo que quisiera.



Le pareció extraño que Ikki no hubiera ido a la cocina así que fue a buscarlo a pesar de que momentos antes había asegurado no querer verlo.



                 - No lo sé – dijo el fénix, al parecer hablaba por teléfono con alguien – dejó cálculo – entonces supo que hablaba de él y entrecerró los ojos pensando que seguramente Ikki siempre hablaba de él cuando no estaba o cuando CREÍA que no estaba en casa – No creo que haya problema, a estas alturas el pato ya debe tener una maestría en cálculo – dijo antes de reír.



Ikki por lo regular no reía, así que el rubio lo tomó como una burla y haciendo un gesto de enfado regresó a la cocina. Encendió el televisor y se dedicó a cambiar de canal hasta que se topó con un video de su grupo favorito, y se preguntó si por cada disgusto obtenía a cambio algo bueno, también se preguntó si valdría la pena en caso de ser cierta esa teoría.



                 - ¿Pato? – preguntó el fénix cuando entró a la cocina – Pensé que estabas con Seiya.


                 - No tuve ganas de ir – mintió porque sabía lo importante que era Shun para Ikki.


                 - ¿Comiste algo? – el cisne agitó la lata de té sin verlo a la cara.


                 - Ahh – suspiró, tenía la sensación de que Hyoga estaba molesto - ¿Qué sucede?


                 - Nada… - dijo de mala gana y subió el volumen del televisor, señal inequívoca de que no quería hablar con el mayor.


                 - De acuerdo… estaré afuera lavando el auto, puedes pedir algo de comer si quieres…



***



Sus encuentros se volvieron tan frecuentes que parecía casi una adicción, no intercambiaban palabras, tan solo se decían mutuamente qué hacer, a veces era el francés quien tomaba el control de la situación y a Milo le agradaba, era… diferente, y es que con Camus había aprendido a estimular cada uno de sus sentidos y a despertar su imaginación, tenía preferencias distintas y no perdían oportunidad de ponerlas en práctica, pero ambos eran tan flexibles y tolerantes que cada sesión se volvía una experiencia única. A veces Milo escapaba de su trabajo a media mañana para encontrarse con Camus, quien aún estaba de vacaciones.



                 - Quítate la ropa… - decía el escorpión nada más con entrar y entonces Camus sonreía y dejaba a un lado lo que fuera que estuviese haciendo.



Eran en esas ocasiones, cuando tenían menos tiempo, que el sexo se volvía más apasionado, más salvaje, era embestirlo contra la pared hasta terminar entre sus piernas, con el semen resbalando lentamente entre ellas. Les gustaba explorarse, acariciar cada centímetro de piel, recorrer con la lengua todos los lugares que les parecían apetecibles hasta terminar agotados. Fue una época muy intensa para ambos, hasta que un día… Kanon entró a sus vidas.



***



Fue una mañana cuando el menor de los gemelos apareció en la puerta de Milo. El escorpión estaba en una junta que se había alargado así que aún no llegaba a casa. El dragón marino tocó el timbre, traía una maleta consigo y varios bastidores, le pareció algo triste poder meter todas sus cosas en una sola maleta, le daba la impresión de que estaba solo, que podría escaparse y que nadie notaría su ausencia. El sonido de la puerta abriéndose lo distrajo y puso su mejor sonrisa, tenía que convencer a Milo de poder quedarse ahí, ya tenía todo un discurso y hasta había ensayado las lágrimas falsas, sin duda solo le faltarían los violines como música de fondo para que el escorpión le abriera las puertas de su hogar. Su sorpresa fue máxima y su sonrisa se convirtió en un gesto de confusión cuando notó que quien abría la puerta era Camus y no Milo, como él pensaba.



Retrocedió un par de pasos para ver bien la casa, “N° 1102” – pensó. No, no se había equivocado de casa.



                 - ¿Camus?... – el francés lo observó con su acostumbrada seriedad. Supo de inmediato que se trataba de Kanon porque Saga no solía sonreír de esa forma, no, el de géminis solamente tenía dos clases de sonrisa, las de ternura y las de burla, en cambio Kanon era diferente, sus expresiones estaban cargadas de algo muy parecido a la alegría. Era enérgico y tan sincero que la verdad podía leerse fácilmente en sus ojos cuando uno le ponía atención.


                 - Pasa… - musitó intentando ocultar su sorpresa al verlo.


                 - ¿Y Milo? - tuvo que preguntar porque no estaba muy seguro de estar en la casa correcta.


                 - Creo que tenía una junta hoy, pero no debe tardar. ¿Quieres algo de tomar? – la confianza con la que hablaba el francés le hicieron deducir que vivía ahí.


                 - Ah… no, gracias… - notó que Camus había detenido su mirada un par de veces en la maleta que llevaba consigo. Ambos morían de ganas de preguntarse qué hacían ahí pero fue Kanon quien no aguantó la curiosidad más tiempo – Y… ¿tienes mucho viviendo con Milo?


                 - Creo que un año – respondió con algo de duda en la voz – O tal vez menos…


                 - Vaya… no lo sabía – ahora entendía por qué habían llegado juntos a la boda.



La puerta se abrió segundos después y tanto Kanon como Camus fueron a recibir al escorpión, como si en el fondo esperaran alguna clase de explicación de su parte.



                 - Ah… estoy cansado – comenzó a decir el escorpión antes de percatarse de la presencia de Kanon – creo que deberíamos salir a comer…a menos que quieras...


                 - Pues si me invitas puede que diga que sí… - interrumpió el menor de los gemelos con burla y Camus lo agradeció infinitamente.


                 - ¡Kanon! – exclamó sonriendo y en ese momento fue como si Camus se diera cuenta de que Milo estaba muy lejos de él - ¿Qué haces aquí?


                 - ¿Así tratas a tus visitas? – golpeó levemente el hombro de Milo – Malagradecido, yo que siempre te recibo en mi hogar… - dijo fingiendo tristeza de manera exagerada y luego comenzó a reírse. El escorpión por inercia también se rió y Camus tuvo la terrible sensación de que estaba de más.



No tardó el francés en escabullirse rumbo a la cocina y se sirvió un poco de jugo. Alcanzaba a escuchar las voces de Milo y Kanon quienes cada dos comentarios se echaban a reír.



                 - Están remodelando el edificio donde vivo… - dijo Kanon un poco más serio – No sabía que vivías con Camus sino no habría venido…


                 - No te preocupes, te puedes quedar el tiempo que quieras… - Kanon sonrió – Después de todo… siempre es bueno tener un sirviente… - y entonces la sonrisa se borró de sus labios.


                 - ¡Argh, serás cabrón! – gruñó antes de echársele encima a Milo intentándolo ahogar con uno de los cojines – oye… - dijo de pronto – pero… ¿no será un problema…? Ya sabes… con Camus… - escuchó cómo Milo mascullaba algo – No te entiendo, habla bien.


                 - AHH… - dijo el escorpión tomando aire después de quitárselo de encima - ¿cómo querías que hablara si me estabas asfixiando? – fingió enfado pero el de géminis solo se burló de él – No creo que haya problema… ¡Cam! – el francés fue hacia la sala con un muy mal presentimiento – Corrieron a Kanon de su departamento… - recibió un golpe de parte del gemelo.


                 - No le creas Camus, no me corrieron, están REMODELANDO el edificio – recalcó.


                 - En fin, ¿crees que pueda quedarse aquí algún tiempo?


                 - … Claro… - asintió con la cabeza antes de mirar al piso mientras mordía su labio inferior. Milo no lo notó, pero Kanon sí.



***



                 - ¿Y qué hiciste hoy? – preguntó el fénix.


                 - Nada… - musitó sin ganas antes de comerse el pan de una rebanada de pastel.


                 - Ahh – suspiró Ikki y se puso de pie – ¿Qué ocurre? - Hyoga lo miró fríamente – Vamos Pato, sé que algo te pasa y si no me dices no podré hacer nada al respecto ¿entiendes?... – se quedó unos segundos en silencio, observando el gesto de fastidio de Hyoga, odiaba que estuviera molesto porque era como si la casa entera se sumiera en oscuridad – Ya dime, ¿qué tienes?


                 - ¿Quieres saber qué tengo? – dijo molesto levantándose de golpe, podía sentirse la ira en cada vibración de su voz – Pues según tú casi tengo una maestría en cálculo ¿cierto? – el fénix no pudo evitar reírse consiguiendo que el Cisne se enfadara aún más - ¡Jódete Ikki! No todos somos perfectos como el gran Fénix – dijo muy molesto – ¡Y ya deja de reírte!


                 - Pato tonto… - dijo e intentó acariciar la cabeza de Hyoga, pero éste se hizo hacia atrás – No deberías escuchar conversaciones ajenas…


                 - No me interesa lo que tengas que decir – volvió a sentarse, aún le quedaba betún sobre su plato, y es que tenía la costumbre de dejar lo mejor para el final.


                 - Pues qué lástima porque pensaba llevarte conmigo – dijo Ikki mientras se dirigía hacia la cocina.


                 - … Espera… ¿a dónde? – el fénix lo ignoró mientras se preparaba un sándwich - ¿A dónde? – preguntó angustiado, ¿acaso Ikki pensaba mudarse y obligarlo a regresar a la mansión? – Ikki…


                 - En la empresa organizan conferencias de actualización, solo son un par de horas diarias durante una semana – apenas llevaba unas cuantas palabras y el rubio ya lo veía con cara de aburrimiento extremo – Argh – gruñó molesto – Si no me vas a poner atención no te diré nada…


                 - Te estoy escuchando – dijo mientras le ayudaba a ponerle los ingredientes al sándwich.


                 - Bueno, este año las conferencias serán cerca de una playa… - el rubio sonrió de solo escucharlo, no se llevaba bien con el calor, pero la playa le fascinaba – y pensaba que…


                 - ¿Me vas a llevar?


                 - Era lo que estaba pensando, pero… en esas fechas estarás llevando el curso de cálculo – el cisne abrió la boca sorprendido, como si fuera a decir algo – entonces no sé si sea buena idea…


                 - Ay Ikki… ¿de qué te preocupas? Casi tengo maestría en cálculo… - dijo antes de quitarle el sándwich a Ikki – Iré a presumirle a Seiya…


                 - Espera… - dijo Ikki tomándolo del brazo – Debes dejar de hacer eso – el rubio lo vio como si no supiera a qué se refería – Si cada vez que te enfadas no haces más que ignorarme esto no irá a ningún lado – se preguntó en ese momento a qué se refería Ikki con “esto” y su corazón empezó a latir con fuerza presa del nerviosismo – Me dejaron a cargo de ti – dijo soltándolo – si tú no me dices qué ocurre no hay manera de que pueda hacer algo al respecto… ¿entiendes? – el cisne asintió, ya se lo había dicho minutos antes, no es como si no lo hubiera entendido la primera vez.


                 - Sí…



Meditó al respecto, sintiendo una enorme tristeza al pensar que el fénix solo lo veía como alguien a quien debía cuidar, no porque quisiera sino porque lo habían obligado, pensó que quizá a eso se reducía su relación.



                 - Ah… hay algo que he querido preguntarte… desde hace tiempo… - la seriedad con que lo dijo sorprendió un poco al fénix.


                 - Dime…



Quería preguntarle qué eran ellos, quería saber si lo que había sucedido entre ambos significaba algo y qué pasaría después, cuando finalmente cumpliera la mayoría de edad.



                 - ¿Cuál es… - respiró un par de veces intentando tranquilizarse, le aterrorizaba cualquier cosa que pudiera responder el fénix – eh… - sonrió - ¿cuál es el nombre de la colonia que usas? – Ikki entrecerró los ojos, supo que no era eso lo que en realidad quería saber el cisne, pero lo dejó pasar, había aprendido que a veces tenía que dejar que fuera Hyoga quien diera el primer paso.



***



                 - Milo – preguntó Kanon casi a media noche. La casa solamente tenía dos habitaciones así que el dragón marino terminó compartiendo cuarto con Milo. Tanto el escorpión como el francés habrían preferido compartir cuarto entre ellos, pero el gemelo, sin darles tiempo de decir algo al respecto, tan solo entró a la habitación de Milo arrastrándolo con él – Milo, ¿estás dormido? – preguntó aguantándose la risa y tan solo por fastidiar.


                 - ¿Mm?


                 - Oi, te pregunto si estás dormido – movió el cuerpo del escorpión hasta despertarlo.


                 - ¿Qué quieres? – preguntó intentando no enfadarse porque apenas era el primer día con su nuevo inquilino.


                 - Solo te preguntaré esto una vez… lo he estado pensando toda la tarde… - sonrió – así que sé sincero por favor.


                 - Dime


                 - Ahh… todos los problemas que has tenido con la chica… - Milo cerró los ojos con hartazgo – escucha… todavía no acabo – el escorpión lo observó nuevamente – ¿Todos los problemas han sido porque vives con Camus, es decir, a ella le molesta que vivas con Camus…?


                 - No, ya te dije que…


                 - Entonces… - interrumpió – has estado mintiendo, ¿cierto?


                 - ¿De qué hablas?


                 - Todo este tiempo, haciéndonos creer que salías con alguien… - dijo tan serio que Milo estuvo a punto de golpearlo por idiota – Esa chica no existe… tú la inventaste – el escorpión lo miró con gesto de incredulidad ante tal acusación.


                 - ¡ESO DEBERÍA DECIRTE YO A TI!


                 - Solo acéptalo, no me reiré de ti y tus novias imaginarias… - sonrió.


                 - Te dije cientos… no, MILES de veces que no había ninguna… – Kanon seguía sonriendo mientras le daba palmaditas en el hombro a Milo – de acuerdo – respiró y contó hasta diez – te mentí, no hay ninguna chica, inventé todo…- y es que a veces a Kanon era mejor darle por su lado.


                 - No te preocupes, ya llegará alguien – se dio la vuelta para dormir – y no deberías desvelarte, mañana trabajas temprano.


                 - ¡ARGH IDIOTA! – le gritó antes de comenzar a pelearse con él, el dragón marino no dejaba de reír e inevitablemente su risa llegó a oídos del francés en el otro cuarto.


                 - Por cierto… - musitó después de algunos minutos de haberse calmado – creo que Camus… - volteó a ver al escorpión pero éste se había quedado dormido nuevamente.



Supo que si despertaba al escorpión probablemente terminaría durmiendo en el patio, así que prefirió esperar para decirle lo que pensaba del francés.



Continuará…

No hay comentarios:

Publicar un comentario