jueves, 17 de enero de 2013

Capítulo 17: Hogar - Septiembre 6.2011

Capítulo 17: Hogar



                 - Sí pensé en ir a tu casa… - musitó Kanon mientras se recargaba en el auto de Aioria.


                 - Disculpa, olvidé mis llaves – interrumpió el león mientras intentaba alejarse, lo cierto era que sentía que esa conversación no los llevaría a nada más que a una inevitable ruptura.


                 - Yo las tengo – avanzó hacia el de leo sosteniendo las llaves en una de sus manos.


                 - Dámelas – intentó quitárselas pero los escasos centímetros de estatura que les diferenciaban le impedían alcanzarlas.


                 - No – dijo escondiéndolas en el bolsillo de su pantalón – Primero escúchame… - Aioria lo ignoró y comenzaron a forcejear hasta que se vio derrotado ante la fuerza física de Kanon, otro golpe más para su orgullo y todo en la misma noche – Sí pensé en ir a tu casa…


                 - ¿Y por qué no fuiste? – preguntó indignado, y es que moría de celos al pensar que había elegido a Milo y no a él como su primera opción – Sabes que puedes ir cuando quieras… - fijó su vista en el suelo - ¿Es por Shun? ...Te lo he dicho antes, si me pides que lo deje… lo haré…


                 - Ahh – suspiró – ¿Y por qué tengo que pedírtelo? – no estaba molesto, pero el cansancio en su voz le hizo creer a Aioria que sí lo estaba – Tú sabes por qué me fui, ¿cierto?


                 - Porque te molestaba mi relación con Shun…


                 - No… - quiso darle un golpe a Aioria por idiota, pero supo que si lo hacía terminarían forcejeando de nuevo, y lo que deseaba Kanon en ese momento era terminar con esa conversación de una vez por todas – Eres mi amigo, no te diré con quién salir ni tampoco te pediré que dejes a alguien… Me gustas Aioria… - pudo notar la tensión en el cuerpo del menor y sintió que debía decir algo para quitarle el peso a sus palabras – Y… quiero todo contigo – la suave risa del dragón marino contagió a Aioria quien terminó sonriendo – Y estoy casi seguro de que lo sabes…


                 - ¿Desde cuándo? – preguntó con una lentitud que desesperó a Kanon.


                 - Desde siempre… aunque, quizá influyó el hecho de haberte visto en ropa interior cuando se descompuso el clima hace algunos años…



El de leo lo observó, su instinto le había gritado muchas veces que podía ir más allá con Kanon, pero lo quería tanto que le aterrorizaba la simple idea de arriesgarse a perderlo para siempre. En aquella ocasión, cuando el de géminis le preguntó que si mantenía una relación con Andrómeda, dos cosas pasaron por su mente, la primera era que Kanon tal vez estaba celoso, la segunda, fue que quizá tan solo le incomodaba que estuviera saliendo con un hombre. Y como nunca había notado iniciativa por parte del mayor, supuso que entonces la segunda idea había sido la correcta. Nunca tuvo el valor de preguntarle directamente.



                 - ¿Antes o después de Shun?


                 - ¿Qué?


                 - Lo que sientes, ¿fue antes o después de que yo estuviera con Shun?


                 - Desde antes… mucho antes – sonrió, aunque sentía que no ganaba nada con decirle ya.


                 - ¡¿Por qué no me lo dijiste?! - comenzaba a sentirse molesto por no haberlo sabido, sentía tristeza y rabia por todo el tiempo que habían perdido. Creyó, que de haberlo sabido se habrían ahorrado dolor innecesario y muchísimos meses de angustia – Todo este tiempo pensé que no te importaba… creí que ya no querías tenerme cerca y que por eso te habías ido…


                 - ¿Qué? No… claro que no… no hay nada que puedas hacer o decir para que mis sentimientos hacia ti cambien… no importa si un día me correspondes o no… eso no cambia lo que siento por ti… - Aioria tuvo que morder sus labios para que el dragón marino no notara cómo temblaban, no supo si de ansiedad, emoción o tristeza, tan solo era un movimiento involuntario que su cuerpo intentaba controlar desesperadamente.


                 - Nunca diste ninguna señal… - señales hubo y muchas, de parte de ambos, solo que el amor que se tenían era tan ciego que ninguno se dio cuenta – Cuando te decía que tenía alguna cita… nunca hiciste nada…


                 - De acuerdo… primero… no soy mucho de hacer dramas, además, yo sé que soy cotilla – sonrió con nerviosismo – eso… todos lo saben… pero una cosa es que sea metiche y otra que sea masoquista, si tenías una cita, prefería no enterarme…


                 - Por eso te fuiste… - afirmó para sí mismo, ahora comprendía todo el de leo.


                 - Si quieres contarme algo de ti y de Shun, está bien, te escucho porque te quiero… no porque quiera escucharte… No quiero perderte… no quiero… que nuestra relación cambie por mi culpa… tampoco deseo interferir en tu relación con él… no te diré que te amo más que él aunque sí lo creo, pero no te lo diré porque a él no lo conozco ni me interesa conocerlo, me interesas tú y nada más.



El de leo se quedó en silencio un par de minutos mientras que Kanon moría de la ansiedad por no saber qué pensaba.



                 - Es poco confiable… - musitó Aioria.


                 - ¿Qué?


                 - Una persona que deja a otra… por alguien más…


                 - No estoy seguro de entender lo que quieres decir…


                 - Te amo… más de lo que un día te puedas imaginar – el de géminis sintió su rostro enrojecer un instante – Pero sabiendo lo que sabes de mí, y si dejo a Shun por ti… ¿podrías tenerme confianza algún día? – le dolió pronunciar esas palabras, tenía miedo que de pronto el menor de los gemelos comenzara a pensar en eso y se diera cuenta de que el león no valía la pena.


                 - No me importa lo que hayas hecho… yo te amo y no creo que eso cambie algún día, hasta podrías vender mi chaleco por municiones y eso no cambiaría lo que siento por ti… - guardó silencio unos segundos – pero no lo vendas… me costó mucho comprarlo… - el león lo observó sin saber a qué chaleco se refería, pero la palabra amor resonaba con tanta dulzura que prefirió no preguntar nada más.


                 - Yo también te amo… - el dragón marino intentó acercarse para besarlo, lo había deseado durante tanto tiempo que pensó que quizá era otro sueño y que no tardaría en escuchar la alarma de Milo – Espera… - lo detuvo Aioria y sonrió al ver el gesto de desconcierto y frustración en el mayor.


                 - ¿Qué pasa?


                 - Oficialmente… aún estoy con Shun… - la expresión de Kanon se ensombreció, pero luego cambió cuando Aioria volvió a hablar – No quiero convertirte en “el otro” – sonrió pero luego volvió a ponerse serio – Quiero hacer las cosas bien… para que puedas estar seguro de que jamás te voy a engañar… ni venderé tu chaleco tampoco… - lo último lo aseguró con algo de duda, no sabía qué chaleco era, pero pensó que quizá tan solo debería alejarse de todos los chalecos del mundo para mantener feliz al dragón marino.



***



El fénix los observó a un par de metros de distancia, se habían pasado una parte de la tarde frente al ordenador y otra parte tonteando entre ellos. Según se enteró, estaban llenando un formulario para entrar a un concurso donde el primer premio era ir a un convivio con los integrantes de su grupo favorito. Pero eso, según Ikki, no justificaba tantos toqueteos, de Seiya no le sorprendía, cada vez que iba a la mansión era común verlo muy cerca de cualquiera de los habitantes de la casa, era como si el Pegaso no tuviera ni idea de dónde comenzaba el límite del espacio personal de los demás, incluso el mismo Ikki había sido víctima de esa odiosa cercanía, cuando en alguna ocasión le llevaba algún obsequio a Shun, y sin poder aguantar más, Seiya se le lanzaba al Fénix para agradecerle (sobra decir, que el Pegaso también tenía la costumbre de adueñarse de las pertenencia de los demás, así que un regalo para Shun era como darle un regalo, indirectamente, al Pony). Así que por ese lado, no, no se sorprendía de ver tan cerca a Seiya de Hyoga, y tampoco le molestaba, lo que le hacía enfadarse en realidad, era la manera en que Hyoga le devolvía el gesto, ya fuera rozando sus brazos con los dedos, quitándole dulcemente el cabello de la cara o aprovechando cualquier oportunidad para tocarlo, eso sí que fastidiaba a Ikki.



Ocasionalmente el rubio le dirigía una sonrisa burlona al fénix consiguiendo que se enfadara aún más.



                 - Ahh – suspiró fastidiado y dejó la lata de cerveza en suelo – Pony ya es tarde… deberías ir a casa…


                 - ¿Por qué no te quedas? – preguntó Hyoga con el único fin de cabrear a Ikki.


                 - Hyoga… - musitó Ikki viéndolo muy fijamente mientras tomaba su cartera – Ten Seiya, disculpa que no te pueda llevar… pero puedes tomar un taxi…- dijo antes de darle un billete.

                 
                 - Espera Seiya, quédate – dijo Hyoga sin dejar de ver al fénix. Mantenían una intensa lucha visual y ninguno de los dos tenía intenciones de ceder. 


                 - Yo… creo que mejor me voy… - se puso de pie y se dirigió a la puerta, incluso siendo tan despistado como lo era pudo notar que no habría sido buena idea contradecir al fénix, y es que Ikki solía emanar un aura extraña y peligrosa cuando estaba enfadado.


                 - Nos vemos mañana Sei… - el castaño asintió desde la puerta antes de irse.



Ikki fue el primero en desviar la mirada para después ir por otra cerveza.



                 - Ah… ¿a dónde vas? Fue muy grosero de tu parte pedirle a Seiya que se fuera… - dijo siguiendo al fénix y casi chocó contra su espalda cuando éste se detuvo. 


                 - No vuelvas a tontear con él… - dijo molesto.


                 - Dame una buena razón para hacerte caso…


                 - Porque yo lo digo y eso es más que suficiente – quería evitar decirle al rubio que moría de celos de verlo tan cerca de alguien más.


                 - ¡Esa no es una razón!... – el fénix lo ignoró – Odio que hagas eso Ikki… - cerró los puños con furia – ¡No te haré caso…! que seas mi tutor no quiere decir que seas dueño de mi vida… - casi tuvo que perseguir al fénix porque éste parecía no escucharlo - No te he dado motivos para desconfiar de mí y aun así lo haces… y luego me ignoras que es aún peor… - había tantas cosas que quería reclamarle al fénix que sus pensamientos abandonaron sus labios de forma desordenada – Haré lo que me venga en gana desde hoy… - sintió que le faltaba el aire y de pronto la presencia del fénix lo lastimaba. Regresó a la estancia molesto y entonces la situación se invirtió y ahora era Ikki quien iba detrás de él.


                 - ¡Hyoga! ¿A dónde vas? – preguntó irritado. Odiaba discutir con el rubio.


                 - Voy por Seiya.


                 - Ya te lo dije, no dejaré que se quede… - el cisne lo miró con desprecio, pensó por un momento que el único objetivo de Ikki era hacer su vida miserable.


                 - Dame una buena razón Ikki, solo una…


                 - Es mi casa y son mis reglas – dijo con lentitud, como si luchara consigo mismo para no seguir hablando – y si no te gustan… - no terminó la frase pero la mirada que le dirigió a la puerta no pasó desapercibida para Hyoga.



Eso fue más de lo que Hyoga pudo soportar y tuvo que sentarse porque su mente era una maraña de pensamientos nocivos que le quitaban las fuerzas para permanecer en pie.



                 - Si no me gustan – dijo en voz tan baja que el fénix no supo si en realidad había hablado.



Ikki regresó a la cocina, se sentía física y emocionalmente agotado. Buscó en el refrigerador otra cerveza pero el sonido de un portazo lo desconcertó, pensó que era el rubio que se habría encerrado en su cuarto como tantas otras veces, pero minutos después una sensación de pánico recorrió su cuerpo. No supo cuánto tiempo tardó en llegar a la estancia, seguramente no habrían sido más de 20 segundos, pero a él le parecieron una eternidad.



                 - ¿Hyoga? – preguntó con la esperanza de que el cisne respondiera pero no fue así – ¡Maldición! – tomó las llaves y salió en busca del rubio.



***



Hyoga lamentó dos cosas en ese momento, la primera fue no haber llevado sus lentes y la segunda, haber querido regresar desde que había puesto un pie fuera de la casa. Se encontraba a unas cuantas cuadras, esperando en la parada del autobús. No sabía a dónde ir o a quién hablarle. A pesar de que podía considerarse de los populares de su clase, lo cierto era que todas sus relaciones eran superficiales, pudo haberle pedido asilo a cualquiera y seguramente nadie se habría negado a cambio de indagar un poco en la vida privada del rubio, y es que solía ser un misterio, un misterio muy apetecible por cierto.



A lo lejos vio la figura de alguien acercándose, no alcanzaba a distinguir su rostro pero pensó que tenía un cabello bonito y un cuerpo muy atractivo, sonrió, jamás se había fijado en un desconocido tan solo por su físico y pensó que quizá era hora de cambiar, tal vez debería volverse frívolo y manipulador y quizá de esa forma no volverían a lastimarlo jamás. El individuo en cuestión siguió acercándose y por un segundo Hyoga pensó en alejarse, le daba la impresión de que iba directo hacia él, y comenzó a preguntarse qué haría si su instinto no lo engañaba y en realidad el sujeto le sacaba plática. Dirigió su vista hacia el lado contrario mientras seguía pensando en qué hacer. Quizá lo mejor era hablarle a Milo, se notaba a miles de kilómetros el interés del escorpión en su maestro y supuso que lo ayudaría con tal de quedar bien con él. Además, Milo tenía esa personalidad de cómplice, el escorpión siempre estaba dispuesto a ayudar antes de preguntar siquiera por lo ocurrido.



                 - Vuelve a casa – la voz de Ikki lo paralizo y giró su rostro hacia él. Se sorprendió un poco al no haberse dado cuenta antes que el sujeto atractivo se trataba ni más ni menos que del propio fénix, tal vez sí necesitaba los lentes más de lo que le habría gustado aceptar.



Un escalofrío recorrió su cuerpo y se preguntó si de cualquier forma se habría enamorado de Ikki si alguno de los dos no hubiera pertenecido a la orden de Athena, quiso saber si era el destino quien lo obligaba a sentirse atraído inevitablemente hacia él aunque no lo reconociera en un principio.



                 - Vamos a casa pato… - musitó sentándose a su lado.


                 - No… - dijo Hyoga aunque moría de ganas de decir que sí.


                 - Yo… lamento lo que te dije… - en cualquier circunstancia esa disculpa habría bastado para convencerlo, pero supo en ese momento que ceder habría significado regresar a la misma rutina de siempre, y él no quería eso.


                 - Hace tiempo… dijiste que estabas interesado en mí… ¿era cierto?


                 - Sí…


                 - Cuando dices que te interesas en mí… ¿lo dices porque eres mi tutor y es tu obligación?


                 - ¿Qué es exactamente lo que quieres saber?


                 - Necesito saber si sientes algo por mí…- por fin lo había dicho y sentía que le quitaban un gran peso de encima.

                 
                 - Te quiero… pensé que eso estaba muy claro – Hyoga quiso romper cada uno de sus huesos, y es que él para nunca hubo nada claro.


                 - ¿Y por qué nunca me dices nada? ¡Ni siquiera sé si somos algo!


                 - Calma… vamos por partes… si no te dije nada es porque no quería presionarte… quería que fueras tú el que se acercara a mí pero tampoco lo hiciste.


                 - ¿Y por qué debía ser yo? – preguntó indignado.


                 - Porque yo soy la figura de autoridad – el rubio no pudo reprimir la burla, no es que no respetara a Ikki, pero de ahí a verlo como una figura de autoridad había una GRAN diferencia. Volvió a ponerse serio cuando vio que el fénix lo veía con disgusto - ¿Ves? Cada vez que intento hablar en serio contigo terminas burlándote o cambiando de tema…


                 - Lo siento… así soy… - musitó porque no supo qué más decir.


                 - Lo sé, y así te quiero – lo dijo de manera tan natural que Hyoga ni siquiera pudo detenerse a pensar en esa declaración – no quería que sintieras que te estaba forzando a estar conmigo… además… si se enteraba alguien de la mansión podrían haber pensado cosas que no son…


                 - No creí que te importara lo que piensan los demás…


                 - No es tan sencillo.


                 - Ikki… si estuvieras en mis zapatos… te habrías desmoronado en un instante…


                 - Ahh… - suspiró – Saori piensa que no eres muy estable emocionalmente…


                 - ¿Y tú qué piensas? – lo cierto era que le daba igual lo que pensara la diosa. 


                 - Yo… creo que he llegado a la conclusión de que, no es que seas inestable, es solo que así eres tú… te preocupa tan poco lo que piensen de ti que no te tomas el tiempo siquiera de intentar convencerlos de lo contrario… - Ikki quitó el cabello que cubría parte de la cara de Hyoga y lo miró a los ojos – Ya no quiero ser tu tutor – el cisne lo miró incrédulo y estuvo a punto de alejarse del fénix, pero algo hipnotizante en su mirada le hizo permanecer ahí – No quiero que… dependas de mí… ni que estés obligado a vivir conmigo…


                 - Ikki… - no sabía a qué venían todo aquello tan repentinamente, pero la desesperación comenzó a crecer en su interior, y entonces los labios del fénix se posaron sobre los suyos antes de deslizar su lengua para explorar su boca una vez más. Y fue como si la calma regresara nuevamente, y todo parecía estar bien.


                 - No quiero ser tu tutor, quiero ser tu pareja – dijo cuando se separaron – Que decidas vivir conmigo porque así lo quieres y no porque alguien más te ha obligado. No quiero que me des explicaciones ni que tengas que pedirme permiso para hacer algo o salir con alguien – a pesar de que le gustaba saber en dónde y con quién estaba el ruso, lo cierto era que siempre le quedaba la sensación de estarse imponiendo en su vida, prefería tratarlo como a un igual, como a un compañero, quería poder confiar en él ciegamente porque para él eso era el amor – Quiero devolverte tu libertad, pero te advierto que soy celoso y posesivo, y que si te veo tonteando de nuevo con el pony o con alguien más no quedarán ni las cenizas… 


                 - Eres un psicópata ¿sabes? – sonrió.


                 - Te quiero pato, y no planeo compartirte con nadie. ¿Vamos a casa? – por primera vez la palabra casa tuvo un significado diferente, ya no era el lugar en el que estaba viviendo con el fénix, se había convertido de pronto, en el hogar donde compartirían sus vidas.



FIN

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