Capítulo 14: Trato
- Cam, ¿estás en casa? – preguntó el escorpión. Había salido a hacer unas compras y cuando regresó notó que algunas luces estaban encendidas.
- Sí – respondió con nerviosismo. Había aprovechado la ausencia de Milo para salir de su escondite, comer y fingir que estaba de regreso.
- ¿Qué haces? – vio al francés en el cuarto de lavado en medio de una montaña de ropa.
- Separo la ropa.
- ¿Tienes mucho que llegaste?
- No… solo un rato…
- Ahh… - sí notó que Camus esquivaba su mirada pero supuso que era porque estaba distraído – Voy a hacer pizza… ¿me ayudas?
- Claro… - respondió, aunque sinceramente los dos sabían que en la cocina Camus no era muy útil.
Milo no tardó en disipar la tensión que había entre ambos. Le contaba anécdotas del trabajo, de cómo había aprendido a cocinar y alguno que otro chisme de los que se había enterado. Hablaba con tanta naturalidad que por un momento Camus pensó que había olvidado lo sucedido y se sintió más tranquilo, más cómodo.
***
Hyoga se apoderó del sillón en cuanto pudo, estaban transmitiendo un programa especial de su grupo favorito y no tardó ni dos segundos en silenciar al Fénix, permitiéndole hablar tan solo en los cortes comerciales.
- Ahh, Ikki mira - dijo sorprendido - ¿recuerdas la película que queríamos rentar y que no encontramos? – Ikki asintió – La van a pasar más tarde, ¿quieres que la veamos?
- Por mí está bien – había una duda que seguía sin dejarlo en paz, sin embargo esperó pacientemente a que el ruso se desocupara, tampoco es que estuviera haciendo algo importante, tan solo estaba coreando las canciones y ocasionalmente sonreía como tonto cuando pasaban alguna entrevista.
- Empieza a las 11:00, tenemos media hora para hacer lo que sea que vayamos a cenar – Ikki miró el reloj.
- ¿Por qué media hora?
- Porque a las 10:30 se acaba este programa y… shh… - lo silenció de pronto - ya va a empezar.
***
- Oye Cam, ¿puedo dormir aquí esta noche? – la pregunta lo paralizó, pero no encontró ninguna excusa para negarse.
- Sí… claro…
- Mañana tengo una junta temprano… - dijo antes de meterse entre las sábanas, el cuarto de Camus era el más frío de la casa.
- ¿Pongo la alarma? – sintió el abrazo de Milo. No le pareció extraño ya que casi siempre lo abrazaba, así que no hizo nada por alejarse.
- No – musitó y poco después se quedó en silencio.
Por un instante, Camus sintió el deseo de enfrentarlo, de hacer algún comentario respecto a la noche anterior, ¿sería que Milo no lo recordaba? Aunque bueno, tomando en cuenta que incluso él había olvidado casi todo, no le sorprendía que al escorpión le hubiera pasado lo mismo. Suspiró pensando que quizá era mejor así.
***
- Entonces, después de cinco meses lo metieron al grupo… pero NADIE lo quería porque era el nuevo, el más joven y tenía una de la mejores voces… ahh – tomó aire y sonrió – creo que ahora lo consideran la mejor voz… - cuando se trataba de su grupo favorito podía hablar toda la noche.
- Aún tengo una duda…
- ¿Quieres saber si cantan en vivo? Pues NO LO SÉ, ya que CIERTA PERSONA no me dio permiso de ir al concierto cuando vinieron a la ciudad… ¿recuerdas? – Ikki sonrió.
- No, de eso no… ¿qué hay de las cicatrices? ¿cómo te las hiciste? – preguntó el Fénix señalando sus muñecas con la mirada.
- Fue un accidente – respondió fastidiado, no entendía por qué el fénix sacaba ese tema cuando estaban hablando de cosas más importantes como los integrantes del grupo – No te culpo, todos pensaron lo mismo… menos Seiya…
- ¿Qué tiene que ver el Pony?
- Fuimos a una convención – el rubio tomó aire – teníamos prohibido salir porque no teníamos los créditos suficientes para aprobar el curso… - sí recordaba algo de eso el Fénix, aunque no sabía que Seiya también había reprobado – Pero aun así fuimos, Seiya pensaba que una vez que viniera a vivir contigo ya no tendría tiempo para verlo a él, así que se la pasaba pegado a mí… fue muy amable conmigo esas últimas semanas…
Lo cierto era que el Pegaso creía firmemente que Hyoga no duraría con vida al lado de Ikki, imaginaba que en la primera discusión ambos terminarían en el hospital, el Cisne por culpa del Ikki y el Fénix por culpa de Camus al enterarse de lo sucedido, así que en esa última semana de vida del rubio (según Seiya), había decidido el Pegaso acceder a cualquier capricho que pasara por la mente de Hyoga, pero como Hyoga andaba negado ante la vida creyó conveniente obligarlo a salir con él.
- Compramos un par de katanas con dinero de Shiryu… y en el camino veníamos tonteando con ellas… yo… de verdad pensé que eran inofensivas, que eran de imitación… así que cuando Seiya me atacó intenté detenerlo… - puso ambos antebrazos formando una cruz e Ikki pudo notar que las cicatrices seguían una misma línea, que eran producto de un solo corte - Seiya ni siquiera empleo fuerza...
- ¡Par de idiotas! – dijo el Fénix golpeando con fuerza la cabeza del rubio.
- ¡Ah! – se quejó sorprendido y se recargó en la mesa por el dolor.
- ¿Sabes lo que pudo haber pasado por estar jugando? ¡Solo a ustedes se les ocurre hacer algo tan peligroso e idiota! – Ikki se veía muy molesto y el cisne no consiguió entender por qué.
- Lo siento… - musitó sin saber qué más decir. El fénix suspiró, no sabía de dónde venía esa ansiedad que sentía al imaginar lo ocurrido. No era capaz aún de darse cuenta de lo mucho que le aterrorizaba que algo le pudiera pasar a Hyoga.
- ¿Qué pasó después?
- No te contaré nada más si planeas seguirme golpeando… - dijo con una mueca de disgusto e Ikki sonrió.
- Lo siento… ya no te golpearé… ¿qué pasó después? – Hyoga no esperaba una disculpa del fénix, le pareció muy civilizado y considerado de su parte así que decidió probar suerte.
- Si quieres que te siga contando tendrás que comprarme algo – sonrió con burla ante la expresión del mayor – La información cuesta Ikki… - dijo cruzándose de brazos.
- ¡Ahh! – se quejó – De acuerdo, ¿qué quieres, pato idiota y manipulador?
- Todavía no lo sé, luego te digo… ahh y… también tendrás que darme más libertad para salir… - el fénix lo miró tan serio que la sonrisa del cisne desapareció en ese instante – de acuerdo, solo tendrás que comprarme algo… en fin… Seiya se asustó porque había demasiada sangre y… yo me asusté porque la sangre era mía – se rió de sus propias palabras, quizá para quitarle tensión al asunto – fuimos a una pequeña clínica para que Saori no se enterara. Como dos días después Shun vio que Seiya me estaba cambiando las vendas, y como yo no hablaba con Shun, le fue a decir a Shiryu y… Saori también se enteró… intentamos explicarles, pero se negaban a escuchar cualquier cosa que dijéramos… tan solo seguían diciendo que yo estaba mal y… preferí ya no insistir… no pienso darle explicaciones a quien no quiera escucharlas – en eso se parecían los dos, aunque Ikki no solía dar explicaciones aunque se las exigieran.
- ¿Qué pasó con las katanas?
- Creo que Seiya las vendió para pagar algo de la escuela, no estoy seguro…- Ikki suspiró aliviado y es que cualquier arma era peligrosísima en manos de alguien como el Pegaso.
***
Ikki se quedó dormido a mitad de la película, estaba en el sofá así que no le fue difícil adormilarse. Hyoga se encontraba en el suelo, había colocado unas cuantas almohadas para acostarse pero tenía miedo de estirarse y que algo jalara sus pies, así que prefirió permanecer sentado, recargado en el sofá donde estaba Ikki.
- ¿Viste? ¿Viste que la sábana se movió como si alguien la levantara? – preguntó sin despegar la mirada del televisor - ¿Ikki? – musitó al no haber recibido respuesta – Ahh – suspiró, estaban en el momento clímax de la película y al fénix no se le ocurría otra cosa más que quedarse dormido.
El cisne se levantó para después acostarse junto a Ikki en el sofá, pegó su espalda al pecho del fénix y se acomodó bajo uno de sus brazos. Le hacía sentir más seguro, ya al día siguiente se encargaría de reclamarle lo cobardica que era el Fénix por dormirse a mitad de la película, claro, siempre y cuando pudiera despertar más temprano que él para poder fingir que no necesitaba dormir a su lado. En algún momento de la noche el rubio giró su cuerpo e Ikki por instinto lo abrazó con más fuerza, aunque ninguno lo recordaría al día siguiente.
***
La relación de Milo y Camus tuvo leves pero significativos cambios. El escorpión comenzó a abrazarlo con mayor frecuencia, solía llegar a casa y lo mantenía entre sus brazos hasta que el francés comenzaba a inquietarse, entonces le sonreía y lo dejaba ir, también se le hizo costumbre acariciar su piel cuando estaban acostados, tenía cierta fascinación por el cuello del de acuario, así que no se cansaba de pasar sus dedos para después juguetear con su cabello. Camus estaba acostumbrado a la cercanía de Milo, así que ignoró el asunto, sin embargo, días después el francés se dio cuenta de que Milo daba por hecho que tenían una relación más allá de la amistad.
- Milo, dejé el dinero de las facturas sobre la repisa – acostumbraban dividir todos los gastos de la casa en partes iguales. Camus había dejado el dinero desde el lunes y para el jueves todavía se encontraba ahí.
- No te preocupes, ya las pagué – dijo sin importancia – ¿Qué harás este fin de semana? – acercó una silla hacia donde estaba el francés y se sentó – Pensé que podríamos salir de la ciudad…
- Estaría bien… - respondió sin quitar la vista de su ordenador - ¿A dónde quieres ir?
- A cualquier lugar donde podamos estar solos – el francés dejó de teclear y sonrió nervioso.
- Siempre estamos solos… - respondió porque no supo qué más decir.
- Entonces… ¿tú crees que podríamos… - dijo sensualmente cerca de su oído mientras acariciaba una de sus piernas.
- Ahh… Milo yo… - no pudo continuar hablando cuando sintió cómo los labios del escorpión se apoderaban de los suyos, invadiéndolo con su lengua ansiosa de explorarlo, la mano de Milo subió hasta la entrepierna del francés y se quedó ahí, apretando ligeramente su miembro por sobre la tela – Ahh – se quejó antes tomar la muñeca de Milo para impedir que siguiera avanzando.
- ¿Qué pasa?
- Yo… lo siento Milo yo no… - se quedó en silencio unos instantes que al escorpión le parecieron eternos – No quiero una relación… - Milo se alejó casi en automático y lo miró fijamente.
- Cuando dices que no quieres una relación… ¿te refieres a… que no deseas una relación en este momento o… que no deseas una relación conmigo?
- Ahh – abrió la boca para responder, pero no sabía la respuesta así que no sirvió de nada. Le habría gustado tener una tercera opción.
- Está bien, no te preocupes, yo entiendo… - dijo, pero lo cierto era que no entendía.
Se puso de pie y tomó sus llaves.
- ¿A dónde vas? – preguntó porque realmente le angustiaba la situación.
- Saldré un rato… ¿quieres algo?
- No… gracias – su voz apenas se escuchó, en su mente todavía daba vueltas lo acontecido minutos antes.
***
Kanon recargó ambos pies sobre la pared y giró un poco su rostro para ver nuevamente la pequeña botella de extraño líquido azul, se estiró para tomarla pero no la alcanzó y su cuerpo se negó a intentarlo una segunda vez, al fin y al cabo no era su culpa no tener los brazos más largos. Luego suspiró de cansancio al recordar que tenía una pintura que terminar. El sonido de la puerta lo distrajo y se puso de pie de inmediato.
- ¿Puedo pasar? – Kanon asintió y fue por dos de las botellas azul extraño.
- Te dejó la chica – afirmó.
- ¿De qué hablas? – preguntó Milo.
- Vienes con cara de tristeza…
- No es cierto – dijo sin saber si Kanon hablaba en serio.
- Además, acéptalo Milo, solo me vienes a ver cuando la chica te hace algo.
- No hay ninguna chica… - dijo antes de probar la bebida - ¡Argh! ¿Qué rayos es esto?
- ¿Verdad que sabe horrible?
- Sí, ¿qué es?
- Es un suplemento alimenticio, Aioria me trajo una caja entera – dijo decepcionado.
- Está bien, es porque se preocupa por ti…
- No creo, seguro que se la mandó Aioros y no supo cómo deshacerse de ella – sonrió y Milo lo imitó, y es que eso era lo que le gustaba de Kanon, le daba la impresión de que el menor de los gemelos no tenía problemas, incluso su trabajo era muy libre, no sabía el escorpión lo mucho que sufría el gemelo cuando se quedaba sin inspiración – No tienes que tomarla… solo quería saber si era yo o si en realidad esas cosas saben mal…
- No, está bien, tal vez puedes ponerle algo de hielo para que se diluya un poco…
- O vodka…
Ambos sonrieron mientras Kanon iba por algunas bebidas.
- Hace mucho que no nos juntamos, ya ni siquiera hemos hecho nuestro concurso anual de bebidas…
- Ahh, yo pensé que era porque se habían cansado de perder…
- ¡Idiota! - dijo riendo y luego empujó al escorpión con el único fin de que se retractara.
***
Camus notó el distanciamiento de Milo, habían pasado unos cuantos días y había perdido la sensación de hogar, ahora tan solo era una casa la que habitaba. Recordó cuando Milo se había molestado con él al enterarse de que estaba saliendo con Saga, a decir verdad era como si el escorpión hubiera tomado la misma fría actitud hacia él. Y es que, era facilísimo notar cuando Milo estaba molesto, dejaba de sonreír y perdía el entusiasmo por las cosas. El francés había meditado el asunto seriamente, era cierto que no deseaba una relación con Milo en ese momento, no estaba seguro de poder ofrecerle lo que él merecía, a decir verdad, pensaba que había pocas cosas que podía ofrecerle en realidad, y es que tampoco sabía qué esperaba precisamente el escorpión de él, ¿qué tanto cambiaría su relación? ¿hasta dónde llegaría? Y lo que más lo inquietaba, ¿cuánto iba a durar?
- ¿Estás muy ocupado? – preguntó cuando por fin se armó de valor. Milo lo miró fijamente y Camus sintió que de pronto le faltaba el aire.
- Un poco… ¿qué ocurre? – estaba revisando unos documentos en su ordenador.
- ¿Puedo pasar? – quería retrasar lo más posible el momento en que diría lo que había pensado durante todo el día.
- ¿Para qué? – Camus entrecerró levemente los ojos como si de pronto le doliera algo, y es que esa era otra característica de Milo, sabía cómo lastimar con sus palabras, como si hubiera veneno en ellas. El francés supuso que se debía a que Milo nunca daba motivos para enfadarse con él, probablemente nunca nadie le había hecho daño verbalmente y quizá jamás llegaría a conocer lo que era ser herido de esa manera – Pasa…
Camus se acercó hasta la cama y se sentó en la orilla opuesta a donde estaba el escorpión. Se acostó despacio, tan lentamente y de manera tan automática que Milo estuvo a punto de preguntarle si se sentía mal. El francés se mantuvo en silencio alrededor de diez minutos, los primeros el escorpión esperó a que dijera o hiciera algo, pero después siguió leyendo el informe en su ordenador, sonrió levemente creyendo que Camus tan solo había ido para estar con él un rato.
- Ahh… - suspiró.
- ¿Todo bien? – aun estando molesto con él era incapaz de dejar de preocuparse por su bienestar. Camus tomó todo el aire que pudieron contener sus pulmones antes de hablar.
- Si es solo sexo está bien…
- ¿Perdón? – no creía haber escuchado bien, y es que nunca había escuchado la palabra sexo con la voz de Camus.
- Sí… si lo que quieres es sexo… por mí está bien… - lo dijo con claridad aunque no sonaba muy convencido.
- ¿Piensas que solo quiero sexo contigo? – dejó su ordenador en la mesita de noche y Camus lo observó como si no comprendiera su pregunta – Camus… ¿sabes lo que estás diciendo? – dijo algo molesto y el francés no supo cómo reaccionar. ¿Acaso no era esa la única diferencia entre lo que tenían actualmente y una relación?
- ¿No quieres? – fue lo único que se le ocurrió preguntar, parecía que ninguno de los dos estaba hablando el mismo idioma.
- Ha… - dejó salir el aire de sus pulmones, ¿qué si no quería? Los dioses eran testigos de cuánto anhelaba estar con Camus, pero no así, no sabiendo que no había amor de por medio – De acuerdo… - dijo antes de jalar el cuerpo del francés dejándolo en medio de la cama – Si es solo sexo está bien… - repitió las palabras del de acuario pero su tono era distinto, lo decía con sarcasmo, con algo de dolor también.
Llevó ambas muñecas del francés por encima de la cabeza de éste y se hizo un espacio entre sus muslos. Esperaba que Camus se retractara, que se arrepintiera a último momento porque en el fondo no lo creía capaz de aceptar una relación así, sin sentimientos de por medio. Sintió cómo se tensaba bajo su cuerpo pero contrario a lo que creía, el francés no hizo nada por quitárselo de encima. Aspiró el aroma de su cuello y pasó sus labios tan cerca de los del francés que éste por instinto se acercó un poco tan solo para darse cuenta de que Milo se alejaba de él.
- No creo que hables en serio… - dijo sentándose a su lado y recargándose en el montón de almohadones que le servían de respaldo – Te conozco… en cualquier momento te puedes retractar y… no estoy para juegos…
- ¿Qué hago? – preguntó y la sonrisa del escorpión le causó escalofríos.
- Convénceme… sé tú quien dé el primer paso.
Camus se acercó con lentitud, su cuerpo temblaba ligeramente aunque el escorpión se dio cuenta de inmediato.
- ¿Quieres que… - ni siquiera era capaz de completar la pregunta.
- No lo sé… haz lo que quieras… - mantuvo su sonrisa, le parecía divertida la situación porque pensaba que Camus se iba a detener a última hora y escaparía como solía hacer siempre que no quería enfrentarse a algo. Así que fue toda una sorpresa cuando sintió los labios del francés recorriendo su cuello mientras una de sus manos se dirigía hacia su miembro.
Continuará...
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