Secretos
Capítulo 14: Separaciones
- ¡PARA! – dijo Kanon mientras intentaba quitarse a Aioros de encima, pero éste estaba en pleno orgasmo y aunque hubiera querido obedecerlo no habría podido, entonces sintió cómo el gemelo lo empujaba con más fuerza al grado de obligarlo a salir de su cuerpo - ¡QUÍTATE!
Podía sentir el enojo de Kanon sobre la piel, era como si su cosmoenergía se hubiera alterado repentinamente y por un segundo pensó que lo había lastimado.
- Vete – musitó el dragón marino un poco más calmado pero sin verlo a la cara.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- ¡¿Y todavía lo preguntas?! – de pronto se incorporó y empujó al arquero como si quisiera hacerle daño - ¡Dijiste su nombre!... – su voz temblaba al igual que sus labios.
- No… - musitó – yo no…
- Largo…
- Pero…
- No quiero escucharte, no quiero verte.... tan solo... déjame en paz.
El arquero no intentó evadir los golpes del gemelo, había olvidado que era uno de los más fuertes de la orden. Forcejearon durante algunos segundos pero les pareció una eternidad y finalmente Kanon consiguió sacarlo de la habitación para después arrojar su ropa interior y cerrarle la puerta en la cara. Por un segundo Aioros quiso alegar que ese era su cuarto, pero en ese momento era lo que menos le importaba y seguramente Kanon ni siquiera lo había notado.
Le pidió algo de ropa a Aioria y durmió en el cuarto de invitados. ¿En realidad había dicho el nombre de Saga? Porque ni siquiera recordaba haber pensado en él. Sí entendía que Kanon estuviera muy molesto, pero pensó que en un par de días se le pasaría el enojo y que de una forma u otra las cosas se arreglarían entre ellos, y es que desde hacía algún tiempo que ya no se imaginaba su vida sin él.
***
Durante tres días exactos, Camus comenzó a mandarle mensajes a Milo, lo buscaba cada que podía, intentaba mantener contacto visual cuando hablaban (aunque le incomodaba bastante), y en varias ocasiones le obsequió dulces que compraba cuando salía de clases. Y el escorpión parecía más contento que nunca, de pronto la situación se había invertido y era Milo quien estaba feliz cuando Aioria no paraba de quejarse, al parecer, su relación con Shaka había tomado un camino turbio, y el león solo lo utilizaba para satisfacerse de manera sexual. Pero el escorpión no lo criticaba por ello, estaba demasiado ocupado pensando en Camus y en el fin de semana que, según él, pasarían juntos.
Sin embargo, el francés tenía otros planes, así que cuando Milo llegó muy emocionado para decirle que había pasado todas sus materias y que ahora podrían salir el fin de semana entero, Camus solo respondió que no podía. El griego parecía algo decepcionado, pero amaba al de acuario así que aceptó su respuesta, no sin antes preguntarle el motivo. Y éste fue el preciso instante en que su relación se convirtió en una parábola.
- Todavía tengo un examen pendiente – mintió el francés.
- Pensé que ya habías terminado.
- No… Hubo un problema con las calificaciones…
Le pareció extraña su respuesta, pero lo dejó pasar, después de todo se trataba de Camus, la persona más correcta, amable, expresiva, con un cabello súper bonito y con la sonrisa más guapa del mundo, y es que habían bastado esos pocos días para que el escorpión idealizara al francés y viese en él cosas que no necesariamente reflejaban la realidad.
- Entonces, ¿preferirías enfrentarte a zombies o a fantasmas? – preguntó Milo una noche mientras jugaba con una pequeña pelota de tenis que se había encontrado en el desván.
- Zombies – respondió Camus medio adormilado. Ambos estaban tendidos en la cama del francés.
- ¿En serio? – el escorpión se distrajo y la pelota terminó cayendo al suelo.
Cuando se agachó para buscarla se topó con una pequeña maleta bajo la cama, primero no le dio importancia, pero la curiosidad era tan grande que a la mañana siguiente volvió a entrar cuando Camus no estaba. La abrió esperando encontrar revistas porno o algo interesante, pero a cambio había solo ropa y un boleto de un tren que partía el viernes en la tarde, la fecha de la compra era del día anterior.
¿Qué no tenía Camus un examen el sábado? Y comenzó a hacerse un montón de preguntas, ¿a dónde pensaba ir? ¿cuánto tiempo estaría fuera? ¿por qué le había mentido al respecto? Y de pronto un pensamiento se instaló en su mente, ¿por qué con otras personas sí salía y con él no? Estuvo de mal humor el resto del día.
El francés lo notó de inmediato pero decidió alejarse de él para darle espacio, no quería sofocar a Milo aunque era ésto precisamente lo que el escorpión deseaba.
***
Las discusiones entre el león y el de virgo se habían vuelto insostenibles. Aioria hacía comentarios muy crueles acerca de Shaka, y a pesar de que éste intentaba mantenerse tranquilo, la situación comenzaba a sobrepasarlo, y en más de una ocasión tuvo que encerrarse en su cuarto para calmarse y no terminar golpeando al león. Le parecía hipócrita de su parte que lo criticara por la cantidad de personas con las que se había acostado cuando él (Aioria) había hecho lo mismo estando en el Santuario. Estaba casi seguro de que se habría tirado a Aioros si no hubiera sido su hermano y si éste no hubiera amado tanto a Saga.
Sin embargo, y a pesar de todos los problemas que tenían, el sexo se les había hecho adictivo, era como si fuera la única forma de estar cerca el uno del otro sin discutir.
- Ahh – se quejó el rubio al ponerse de pie y el león lo observó detenidamente. Caminaba despacio, como si realmente le doliera a cada paso que daba.
- Pensé que estabas acostumbrado… - se burló Aioria, y el hindú lo miró con verdadero odio, pero se limitó a ignorarlo para ahorrarse el mal rato - ¿Con cuántas personas te has acostado?
- Eso no es asunto tuyo.
- ¿Has escuchado eso… de que si te acuestas con alguien es como si te acostaras con todas las personas con las que ese alguien ha estado? Quiero saber con cuánta gente me he acostado al estar contigo.
- Já… si tanto te preocupa entonces no te acuestes conmigo y ya.
- Ya estoy de vacaciones, si no lo hago contigo, ¿de qué otra forma puedo perder el tiempo?
Y esas palabras en verdad le dolieron, ¿realmente el león lo veía así? Como alguien para pasar el rato solo por no tener nada mejor que hacer. De pronto sintió una profunda tristeza porque toda su vida había pensado que Aioria era diferente, que era amable, que había algo bondadoso en él. Y justamente ahora se daba cuenta de que había estado equivocado, que no había nada bueno en el león y que solamente le hacía daño.
- Acéptalo Shaka… todo este tiempo no has sido más que la puta del Santuario – y fue la sonrisa del león lo que lo enfadó tanto y en un arranque de ira, arrojó al suelo todo lo que el griego tenía sobre su escritorio - ¡AH! ¡¿Qué demonios crees que haces?! – preguntó acercándose a él y empujándolo contra la pared.
Había odio en los ojos de ambos, y el hindú golpeó el abdomen del griego haciéndolo retroceder, el león intentó golpearlo pero Shaka detuvo su puño con una mano, y de pronto se encontraron en un forcejeo que les recordó la ocasión en que se habían enfrentado cuando Saga se había hecho pasar por el patriarca. La única diferencia es que esta vez se miraban a los ojos y peleaban por algo muy distinto.
- Se acabó – musitó Shaka mientras bajaba la cabeza y disminuía la fuerza con la que intentaba golpear al león. Se daba por vencido, aceptaba su derrota y ya no tenía ganas de pelear.
El de virgo apretó el puño de Aioria con suavidad, quería sentir lo que era tocarlo por última vez, luego dejó de contener el golpe, y el león terminó arrojándolo contra la pared nuevamente, esta vez con tanta fuerza que el rubio quedó unos cuántos segundos aturdido.
- Ah, yo… lo – iba a disculparse y ayudarlo a ponerse de pie, pero Shaka rechazó el contacto.
Lo vio irse de su habitación y no hizo nada por detenerlo, se sentía avergonzado de sí mismo, no había pensado ni por un segundo que fueran a llegar a tal extremo. Y así fue como terminó su relación.
***
Seiya era una combinación extraña, era el más distraído de todos pero poseía una gran intuición, amaba los deportes pero por lo regular se la pasaba sin hacer nada en casa. Era muy alegre el menor de los Kiddo, le encantaban las fiestas, la comida, los juegos y la forma en que las vibraciones de la música recorrían su cuerpo. Siempre robaba los apuntes de Milo (quien a su vez los obtenía de otros alumnos) y sin importar qué tanto estudiara nunca sacaba más de 8 en las pruebas. Cientos de chicas (incluida la misma Saori) habían caído rendidas ante el pegaso, pero éste nunca se había enamorado, o eso pensaba él.
Iba con los niños del orfanato dos veces por semana, en ocasiones arrastraba a Shun con él, pero por lo regular era Shiryu quien le hacía compañía. No tenía un mejor amigo pero sentía cierta predilección por el dragón y el fénix, el primero por todo el tiempo que habían estado juntos, peleando uno al lado del otro, el segundo porque era el único que lo hacía sentirse importante. Y a pesar de que siempre decía cosas sin sentido, ocasionalmente era el que hacía que los demás abrieran los ojos.
- ¿Qué estás haciendo? – preguntó Seiya cuando Ikki se le acercó demasiado, como si fuera a besarlo.
Se encontraban en un bar que era famoso por el tipo de música que tocaban.
- Ahh, lo lamento – dijo muy apenado, realmente le agradaba Seiya, le debía muchas cosas – Es que… el pato llegó hace rato, viene disfrazado de no sé qué y… supongo que quería darle celos. Lo siento muchísimo. – se sintió terriblemente mal e infantil actuando así, y más al intentar “corromper” a Seiya de esa forma.
- ¿Hyoga está aquí? – preguntó el pequeño pegaso, y bastó que Ikki asintiera para que fuera él (Seiya) quien besara al fénix.
Ikki no supo cómo reaccionar, tan solo se quedó inmóvil, como si no creyera lo que estaba pasando. Luego el pegaso se separó un poco y lo observó con un gesto extraño en el rostro.
- Sabes a arándano y naranja. ¿Es por esa bebida nueva?
El fénix sonrió.
***
- Kanon… lo lamento mucho… en serio – dijo el arquero mientras interceptaba al dragón marino en el pasillo, pero éste lo ignoró por completo y se encerró en su habitación.
Luego se escuchó que algo caía al suelo, como si el gemelo estuviera destrozando todo lo que había en su cuarto. Así habían sido los últimos días, para Kanon, Aioros había dejado de existir. Le dolía verlo pero también estar lejos de él le hacía daño. Y se desquitaba con todo y con todos, por eso prefería quedarse en su habitación. Y perdió de nuevo la noción del tiempo. Tenía que hacer una serie de pinturas como examen final de una clase, era su segunda oportunidad (la primera la había perdido por faltas cuando Aioros se alejó de él) así que lo más probable es que tuviera que llevar de nuevo la materia.
- ¿Crees que podamos hablar? – escuchó la voz apagada del arquero. ¿Qué no entendía que no quería verlo ni saber nada de él?
Y no le respondía pensando que de esa forma Aioros terminaría cansado de esperar, pero si algo tenía el de sagitario era una paciencia infinita, y se sentaba al lado de la puerta con la esperanza de verlo salir.
- ¿Cuánto tiempo llevan así? – preguntó Shaka mientras tomaba asiento al lado de Aioros.
- Unos días.
- ¿Hasta cuándo lo vas a esperar?
- El tiempo que él quiera – por un instante el hindú deseó que Aioria fuera como su hermano. Solo había dos personas con las cuales nunca se había acostado en el santuario y una de ellas era Aioros.
- ¿Quieres que hable con él?
El arquero sonrió mientras se perdía en la claridad de sus ojos, comprendía por qué Aioria se había encaprichado con él aunque le parecía extraño que discutieran todo el tiempo. El rubio sin duda le parecía una persona muy amable, y pensar que siempre le daban celos cuando se acercaba a Kanon.
- Es inútil – respondió con tristeza – No quiere saber nada de mí… y lo entiendo.
- Tengo algo que proponerte – dijo Shaka despacio, como si hubiera pensado en cada una de las palabras por separado.
***
Hyoga se cambió de mesa, se sentía triste, a decir verdad, aunque siempre sospechó de la relación entre el fénix y el pegaso, muy en el fondo tenía la esperanza de que no fueran más que amigos. Pero los había visto besándose y fue como si hubiera perdido algo.
- Te ves ridículo – la voz de Ikki hizo que se sobresaltara y casi estuvo a punto de derramar su bebida.
- ¡Pollo idiota, me asustaste! Ridículo tú que solo te acercas a molestarme.
- Já – se burló mientras tomaba asiento frente al ruso y miró con curiosidad su cabello, lo traía recogido en una coleta y se veía muy oscuro, casi negro. Además traía lentes porque no quería que Ikki lo reconociera. Lo que no sabía el cisne era que el fénix lo habría reconocido de cualquier forma, en cualquier lugar, incluso si se volvían a topar en su próxima vida - ¿Eso es permanente? – preguntó señalando el cabello y un tatuaje falso que traía en el antebrazo.
- No, me lo hizo Death Mask, es tinta de pluma.
- Vaya, no sabía que pudiera dibujar – dijo el fénix sorprendido en realidad - ¿Y el cabello?
- No sé qué es, pero dijo que era temporal.
- ¿Y le creíste?
- Sí, ¿por qué no habría de… ahh - entonces una sensación de terror invadió al ahora-no-tan-rubio.
Y se puso de pie de inmediato con la única idea de volver a casa y lavar su cabello. Luego escuchó la risa del Fénix y se detuvo.
- ¿Y Seiya? - preguntó solo para torturarse a sí mismo.
- No tarda, ¿quieres que le de algún recado? – el cisne negó con la cabeza, no había nada que quisiera decirle al menor.
- Ya me voy – avanzó algunos pasos.
- Feliz cumpleaños pato – dijo Ikki con una sonrisa que no parecía sentir, y el rubio ni siquiera se había acordado de que era su cumpleaños. A decir verdad, nadie en la mansión había pensado en ello porque todos estaban demasiado ocupados.
***
- Solo vengo para ver si dejé aquí mi carpeta – dijo el escorpión de mala gana, y aun así el francés lo dejó entrar.
- No recuerdo haberla visto.
- No, tú nunca recuerdas nada – no tenía sentido el comentario, pero la forma enfadada en que lo dijo le hicieron querer poner un alto.
- De acuerdo, dime por qué estás molesto.
- No creo que te interese – estaba a punto de marcharse cuando Camus lo tomó del brazo con fuerza. Quería MUCHO a Milo, pero odiaba que a veces fuera tan infantil.
El escorpión intentó zafarse del agarre y le sorprendió no poder hacerlo con facilidad, entonces comenzó a forcejear hasta que el francés lo sostuvo entre sus brazos.
- ¡NO, no quiero que vayas a lloriquearle a los demás! Quiero que me digas a mí qué es lo que te molesta – se veía enojado, cosa rara en él.
Por primera vez Milo vio en sus ojos algo más que frialdad e indiferencia, se dio cuenta en ese instante de que Camus no era de hielo y que de cierta forma se preocupaba por él. Y estar tan cerca de su cuerpo tibio y suave era más de lo que el escorpión podía soportar.
- Desnúdate – musitó sobre los labios del francés, le causaba cierta excitación verlo así, tan dominante y molesto.
Pero una vez más, Camus no entendió por completo al escorpión. Pensó que su molestia era por la falta de sexo, y a pesar de que él también se moría de ganas, le enfadó que Milo se molestara por ello. El problema entre ellos era que no se entendía, se escuchaban pero lo interpretaban como les daba la gana y terminaban cabreadísimos.
- ¿A dónde vas? – preguntó el griego casi presa de la paranoia, se imaginaba al francés haciendo un viaje romántico con quien fuera menos con él, y eso lo molestaba muchísimo.
- ¡TODA la semana me he estado esforzando y sales con eso! Estoy… harto, ¡ya me cansé!
- ¿Y crees que es sencillo para mí? Siempre pones primero a los demás, ¿cuántas veces te he pedido que me acompañes a lugares? Y nunca puedes Camus, siempre tienes cosas más importantes que hacer.
El francés se indignó incluso más, desde su punto de vista, todo su tiempo libre era dedicado al escorpión. Así que le hacía sentir triste el saber que no era suficiente.
- Esto no está funcionando, ni va a funcionar.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó el escorpión, aunque ambos sabían la respuesta.
- Se acabó Milo, ya no quiero nada contigo.
- Me alegra que lo digas – dijo con tristeza en la voz – porque no eres quien yo creía.
Y esa fue su despedida.
***
- ¿Entonces? – nunca había visto a Shaka tan ansioso.
- Déjame intentar hablar con él una vez más – respondió Aioros antes de ponerse de pie.
Se paró frente a la puerta de Kanon y tomó un poco de aire antes de entrar. Nunca antes había entrado sin permiso, pero no le quedaba otra opción.
Shaka escuchó la voz de Aioros intentando calmar a Kanon, le daba la impresión de que el gemelo le arrojaba cuanta cosa tuviera enfrente. Y algunos segundos después, el arquero salió de la habitación con una expresión sombría.
- Está bien, mañana nos ponemos de acuerdo – Shaka asintió.
Ansiaba que la noche terminara.
Continuará…
Anónimo28 de agosto de 2012 20:48
ResponderEliminarQ_Q todos terminaron con sus parejas, el mendigo de aioria se paso con shaka en verdad pobre de mi rubio, que decir de aiorios que metio la pata hasta el fondo en verdad se pasan
camus y milo snif snif lloró pobres
por cierto son viri jejejfj
me encanto quiero continuación
Jade&Argen29 de agosto de 2012 14:24
EliminarJajajajajaja, me encantó el "por cierto soy Viri" xDD, y sí todos terminaron enojados, a ver si en esta semana escribo el siguiente capítulo. Lo que sí es seguro es que mañana en la noche terminaré el 3° de Play para que lo revises y así =)