sábado, 19 de enero de 2013

Capítulo 13: Confusión - Agosto 17,2012

Capítulo 13: Confusión 


El león no tardó en convertirse en el confesionario de Milo y Camus, cada uno acudía a él en busca de consejos aunque lo cierto era que Aioria apenas si les prestaba atención, sus pensamientos por lo regular estaban con Shaka, incluso llegó a sacarlo de clases un par de veces para hacerlo en los baños de la facultad. Y el rubio accedía a todo porque le parecía excitante, había una especie de química nociva entre ellos y su dependencia crecía a pasos agigantados. 



          - ¿Y Camus? – preguntó el escorpión mientras empujaba los libros de Aioria para poner su mochila. 



          - No lo sé. 



          - Tenía que preparar una clase en equipo – dijo Milo cruzándose de brazos indignado. Y el león no entendía por qué le preguntaba entonces por Camus si ya sabía donde estaba – Me ha estado evitando últimamente. 



          - Milo, estamos en finales, de hecho, que yo sepa deberías estar estudiando.



           - Quizá ni siquiera le gusto y solo sale conmigo porque… - ignoró el comentario de Aioria y comenzó con su drama diario. Para él era incomprensible que Camus no le enviara mensajes cursis o que no le dijera ñoñería y media cuando estaban juntos. 




Habló durante casi veinte minutos hasta que uno de sus compañeros de clase fue por él para decirle que presentaban en quince minutos. El escorpión caminó con pereza, y por un instante Aioria sintió envidia, y es que a Milo todo se le daba muy fácil, si solo estudiaba un capítulo de algún libro resultaba que la mayoría de las preguntas eran de ahí, si no estudiaba nada de pronto su maestro decidía cambiar la fecha del examen. Era una persona con suerte, aunque él no lo notara. Por eso tampoco le ponía demasiada atención, sabía que de una forma u otra, Milo se las arreglaría para sacar adelante su relación. 




Con Camus era diferente. El francés al menos escuchaba las respuestas del león e incluso soportaba todo lo que le contaba de Shaka.




          - ¿Y cómo te fue? – preguntó Aioria cuando se encontró con Camus en la cafetería. 



          - En la clase nos fue bien, ahora solo tengo que acomodar lo del trabajo escrito, pero… - suspiró – Milo está enojado… DE NUEVO – le cansaba ese lado combativo del escorpión, más que nada porque no sabía cómo lidiar con él. 



          - ¿Le preguntaste por qué? 


          - No, me lo topé solo un instante y muy apenas me saludó, yo traía prisa y no podía quedarme mucho tiempo. 


          - Sabes que en la noche te armará todo un drama ¿cierto?



          - Ya sé, y me desespera eso, no sé qué quiere, tan solo se enfada de repente y luego está feliz de nuevo, es peor que cuando estuve con… - guardó silencio de pronto y fue como si pudiera escuchar el latido inquieto de su corazón, estuvo a punto de decir el nombre de Shaka pero se dio cuenta de que era Aioria con quien hablaba – con… Hyoga… - dijo porque fue el primer nombre que le vino a la mente – Es decir, cuando entrenaba con Hyoga, al principio no nos entendíamos y él era apenas un niño y… ya sabes, los niños son difíciles. 


          - De acuerdo… te diré esto sólo porque eres mi amigo… pero tienes que prometer que no le dirás a Milo que te lo he dicho – Camus asintió y por un instante tuvo miedo de que el escorpión tan solo buscara una excusa para terminar, quizá estaba viendo a alguien más, después de todo era muy atractivo – Milo piensa que no le prestas suficiente atención. 


          - ¿Qué? Eso no es cierto – dijo indignado. 



          - Pero es lo que él piensa. 



          - Iré a hablar con él – se puso de pie pero Aioria lo tomó del brazo para detenerlo. 



          - Camus, dijiste que no dirías nada. 



          - ¿Y qué se supone que debo hacer entonces? 



          - No sé, llámale de vez en cuando, espéralo al salir de clases, ese tipo de cosas. 



          - Supongo que podía intentarlo – musitó sin muchas ganas, lo cierto era que había aprendido a poner distancia, a respetar espacios, límites, y olvidar todo eso le parecía un tanto imposible. 



El móvil de Aioria sonó al recibir un mensaje de Shaka “Estoy en casa, ¿vienes?”. Y no tardó en despedirse de Camus. 




*** 




No tardo” – decía la respuesta de Aioria y el rubio sonrió mientras guardaba su móvil. Se dispuso a doblar su ropa, le gustaba tener todo en orden porque sentía que de esa forma controlaba un poco mejor su vida. Pasaron alrededor de 15 minutos. Entonces, cuando iba por el pasillo, el menor de los gemelos lo tomó del brazo y casi lo arrastró a su habitación. 




          - Necesito hablar contigo.



          - Kanon, si es para que te ayude en algo de la escuela, ya te he dicho cientos de veces que no pienso servirte de modelo. 



          - No es eso, necesito preguntarte algo – se dejó caer en la cama y Shaka buscó en vano con la mirada un lugar dónde sentarse. El cuarto del dragón marino era un verdadero desastre, había bastidores, pintura y lápices sobre sillas, mesas y muy apenas se podía caminar entre tantas cosas. Shaka se acercó a la cama del gemelo para sentarse en la orilla porque era el único lugar disponible. 



          - ¿Qué cosa? Ahh – se sorprendió cuando Kanon lo jaló para recostarlo a su lado - ¡¿Qué haces?! – preguntó removiéndose entre sus brazos. 



          - Necesito saber cuál es la diferencia entre Saga y yo – dijo ignorando las quejas del rubio. 



          - Que tú eres un idiota. 



          - Pero a parte de eso – la seriedad de su expresión enterneció al hindú y por instinto dejó de forcejear para observarlo fijamente – No había pensado en ello pero…cada vez que intento acercarme a Aioros él se aleja… y creo que es porque le recuerdo a Saga. 



          - Pero eso fue hace mucho… 



          - ¿Qué? – la expresión de incertidumbre del dragón marino le hicieron ver a Shaka que quizá había cosas que éste no sabía de la relación entre Saga y Aioros. 



          - ¿Qué es lo que te preocupa exactamente? 



          - Antes de salir conmigo, Aioros salió con Saga – pensó que Shaka se sorprendería pero tampoco le extrañó que actuara con cierta indiferencia. 



          - Él es más… - tomó aire – frío… no es mucho de juegos previos, es más directo, agresivo, le gusta someter y no le gusta hacerlo de frente, tú eres más ruidoso y aprietas las sábanas cuando estás a punto de correrte, experimentas con posiciones, él no. Sabe lo que le gusta y no es muy flexible en cuanto a eso. 



          - La verdad es que lo que me preguntaba es si él la tiene más grande que yo – no supo si bromeaba o no pero el comentario le causó gracia al hindú. 




*** 




Aioria subió directamente al cuarto de Shaka, sin embargo, antes de llegar escuchó su risa que provenía de la habitación de Kanon, y se acercó temiendo lo peor. 




          - ¿Es mejor que yo? – escuchó decir al menor de los gemelos. 



          - Es diferente – respondió Shaka – Pongámoslo así, si quiero sexo rápido y directo, lo elijo a él. Si quiero juguetear un rato, te elijo a ti. 




El león se alejó de ahí, sabía que si no lo hacía iba a terminar golpeando a Kanon. Pensó, erróneamente, que hablaban de él y llegó de inmediato a la conclusión de que lo engañaban. “Rápido y directo” – la frase lo atormentaba y tuvo que salir al jardín a tomar un poco de aire. 




Minutos después, volvió entrar a la mansión y fue en busca del rubio. Lo encontró en su cuarto hojeando una revista que parecía muy aburrida. 




          - Hey – lo saludó el hindú con una sonrisa seductora. 




Y el león tan solo se le echó encima mientras se desnudaba. Mordía sus labios con ansiedad, lamía su cuello y no tardó en ponerlo de pie y recargarlo contra una pared. 




          - Espera… todavía no… AHH – se quejó cuando lo sintió abrirse paso en su interior sin haberlo preparado lo suficiente. Lo embistió con fuerza y el rubio tuvo que cerrar los ojos y concentrarse en la sensación placentera que apenas era perceptible. 


***




          - Pony, ya te dije que no tienes que seguirme a todos lados – dijo el fénix mientras arrojaba sus cosas sobre un sillón. 




Hyoga se encontraba a un par de metros y no pudo evitar prestarles total y absoluta atención. Y es que siempre andaban juntos, salían por las noches sabrían los dioses a qué lugar y entre clases se buscaban mutuamente. Para el cisne era clarísimo que habían iniciado su relación días antes, en la fiesta de Shura, por eso Ikki ya no requería que durmiera a su lado, porque seguramente Seiya cumplía con esa función. 




          - Iré a buscar algo de comida – dijo de pronto el pegaso cuando su estómago lo delató. 




Y el rubio tuvo que elegir entre sacarle la verdad a Ikki o abordar al menor de los Kiddo en la cocina. Al final se decidió por el Fénix. 




          - Y… ¿están saliendo juntos? – preguntó y luego tomó asiento delante del fénix. 



          - Eso no es asunto tuyo pato – respondió el mayor. 



          - Pensé que habías dicho que yo te gustaba – dijo casi como un reclamo y por primera vez lo vio a la cara.



          - Sí… supongo, me gustan tus ojos – Ikki lo observó fijamente hasta que el rubio tuvo que desviar la mirada. 



          - ¿Por qué estás saliendo con Seiya entonces? ¿Son novios? 



          - ¿Y si así fuera qué? Que me gustes no significa que te quiera o que sienta algo por ti. 




Sintió una especie de enojo y frustración, ¿qué había sido todo aquel flirteo entonces? ¿Solo estaba jugando con él? El cisne no era capaz de ver el daño que le había hecho al fénix y se enfocaba en lo que pensaba que Ikki le hacía a él. Lo sentía como un engaño aunque en el fondo sabía que no lo era. 




          - Solo había cereal, pero no había leche así que le puse chocolate – dijo Seiya regresando con un plato de superhéroes que probablemente era de Kanon. 



          - Já – sonrió el fénix mientras que Hyoga los miraba a ambos con cierto rencor – Te vas a enfermar si sigues comiendo eso… Vamos, te invito a comer fuera. 



          - ¡¿En serio?! – preguntó emocionado mientras dejaba el plato sobre la mesita delante de Hyoga – Te lo encargo Hyoga – fue detrás de Ikki mientras éste tomaba las llaves - ¿Podemos ir a ese lugar de pizzas? Escuché que hay una nueva versión de dulce. 



          - Entonces no es pizza, es solo pan dulce. 



          - Pero tiene forma de pizza. 




Siguieron discutiendo acerca del dichoso platillo y el cisne tan solo los observó con fastidio. Cuando salieron pateó la mesa delante de él y tuvo la mala suerte de hacer que el plato con cereal cayera al suelo salpicando tanto el sillón como su ropa. 




          - ¡¡AHH!! – gruñó, ahora no solo tendría que cambiarse sino que recibiría el regaño de Saori por arruinar la sala. 



          - ¿Todo bien? – preguntó Shiryu cuando vio a Hyoga limpiando lo que había tirado. 



          - Estúpido Ikki – murmuraba muy molesto sin percatarse de la presencia del dragón. 



          - Hyoga… ¿Ocurre algo? 



          - Es solo el idiota de Ikki… está saliendo con Seiya y no quiere decírmelo. 



          - ¿Y por qué tendría que hacerlo? – le venía a la mente la ocasión en que el cisne estaba molesto porque Seiya era el confidente de Ikki, no entendía muy bien la lógica del rubio, pero siempre se esforzaba por comprenderlo. 



          - Porque dijo que yo le gustaba… ¡y ahora sale con Seiya!



          - ¿Y a ti te gusta Ikki? 



          - … No… - musitó. 



          - Hyoga, si no estás interesado de forma romántica en él, entonces deja que él se interese por quien quiera. 




Eso era lo que no le gustaba de hablar con Shiryu, ¿por qué tenía que ser tan correcto siempre? ¿Lo había aprendido de Dohko?




          - Me tengo que ir – dijo el dragón mientras miraba con ansiedad el reloj – pero… podemos hablar cuando llegue, si quieres. 



          - Sí… 



*** 




Kanon esperó a que Aioros terminara de contarle acerca de cómo le había ido en los finales y alguno que otro chisme de gente de su salón de clases, a los que Kanon ya creía conocer por todas las veces en que el de sagitario hablaba de ellos. 




          - Mañana me dan resultados y… seré libre… - dijo con una sonrisa mientras se ponía la ropa de cama. 




El dragón marino se le acercó y besó sus labios antes de que el arquero terminara de vestirse. Aprovechó la desnudez de su torso para acariciarlo despacio y Aioros no tardó en gemir. Iba a decirle que se detuviera, pensaba en alguna excusa para no hacerlo en ese momento, pero el gemelo ya estaba casi desnudo y fue imposible no tocar su cuerpo. 




Para cuando quiso darse cuenta se vio entre los muslos de Kanon, restregando su miembro erecto contra el del dragón marino. Era una delicia sentir la palpitación entre sus piernas y fue el gemelo el primero en hablar. 




          - Puedes hacérmelo si quieres… 



          - Ahh… - no sabía qué decir porque nunca se había encontrado en esa situación – Yo… nunca he estado de este lado… - musitó, por algún motivo moría de vergüenza cuando se trataba de hablar de sexo. 



          - Yo tampoco he estado de este lado… 




Aioros sonrió, y pensó que de cierta forma esa sería la primera vez para ambos. 




*** 




Si los dioses le hubieran dicho lo bien que se sentía desempeñar el rol pasivo, seguramente lo habría intentado hacía mucho tiempo, sin embargo, agradecía compartir esa experiencia con el arquero, le gustaba ver la expresión de su rostro mientras lo embestía, sus gemidos lo excitaban y la forma en que tomaba sus piernas para hacer la penetración aún más profunda. Por su parte, Aioros creía morir de placer, el interior de Kanon apretaba su miembro con fuerza, rozándolo con insistencia como si no quisiera dejarlo ir. Saga nunca le había permitido hacer eso, ni siquiera le gustaba que lo acariciaran en esa zona tan privada y jamás habría dejado que Aioros lo lamiera de la forma en que había lamido al dragón marino. 




          - Ahh… voy a… - gimió mientras aceleraba las embestidas, sacaba y metía su miembro como si su vida dependiera de ello – voy a correrme – dijo muy apenas, y el gemelo se masturbó más rápido para terminar al mismo tiempo. 




Pero fue Kanon quien terminó primero, y su cuerpo se contrajo de tal forma que solo consiguió aumentar el placer de Aioros al apretarlo con más fuerza. 




          - Ahh… Saga… - gimió el de sagitario. 




Y en la confusión del orgasmo, el dragón marino se sintió devastado. 




Continuará… 

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