sábado, 12 de enero de 2013

Capítulo 17: Ausencias - Los fragmentos perdidos - Segunda parte - Septiembre 18.2011



Capítulo 17: Ausencias – Los fragmentos perdidos – Segunda parte



Hubo más encuentros, Swom había adoptado una actitud prepotente hacia Saga, a decir verdad, lo había hecho no por gusto sino por consejo de Shura, el de géminis era bueno detectando puntos débiles, y seguramente nunca habría accedido a cooperar de haber conocido la verdadera personalidad cálida y poco conflictiva de Swom, tenía que hacerse ver como alguien imponente. Casi siempre hablaban de pistas, de personas que creían haber visto a Seat pero por más que buscaban, no llegaban a ningún lugar.



***



El punto de reunión para uno de los encuentros fue en el bosque nuevamente, habían elegido ese lugar porque Saga solía llegar tarde, así que el bosque en cuestión era casi perfecto, estaba lo suficientemente lejos del Santuario como para no ser vistos y lo necesariamente cerca como para llegar sin contratiempos. Saga esperó con paciencia. Había ido solo y casi sufrió de un paro respiratorio cuando escuchó la voz de Camus detrás de él.



                         - ¿Saga? ¿Estás muy ocupado? – lo había estado buscando mucho tiempo sin tener noticias de él, Camus pensó que Saga lo evitaba, pero lo cierto era que las reuniones con Swom le quitaban mucho tiempo, y el de géminis comenzaba a cansarse, no importaba cuánta energía tuviera, la situación era un laberinto y él estaba perdido y muy lejos de la salida.


                         - No para ti mi hermoso discípulo – giró su cuerpo con lentitud y se sorprendió al verlo tan desmejorado - ¿Qué sucede? ¿Te sientes bien? – estuvo a punto de culpar al chico escorpión, pensaba erróneamente que cualquier cosa que le sucediera a Camus era culpa de la mala influencia de Milo.


                         - Sí, estoy bien, pero…


                         - Entonces… - lo abrazó acorralándolo contra un árbol, y es que no podía tener a Camus tan cerca sin sentir unas inmensas ganas de echársele encima, quería poseerlo, quería todo de él.


                         - No, Saga… espera… no es eso… quiero que me ayudes a entrenar…


                         - Ahh – suspiró – ahora no puedo… - y en verdad no podía porque estaba esperando al tal Swom y un entrenamiento requería mucho tiempo, tenía bastantes consejos que darle a Camus y si lo hacía en ese preciso instante, Swom no aparecería (Shura ya le había comentado que quizá lo observaría en silencio para asegurarse de que estuviese solo).


                         - ¿Qué…? – preguntó Camus incrédulo y molesto, pensó en reclamarle algo pero estaba demasiado enfadado como para pensar claramente, le daba la impresión de que si se quedaba ahí terminaría diciendo cosas que realmente no quería decir. Y en su interior rogó porque Saga no dijera nada tampoco.


                         - ¿A dónde vas? – le angustiaba cuando Camus se alejaba porque aunque sabía dónde encontrarlo, se quedaba con la sensación de abandono, creía que en cualquier momento lo podía perder y por eso se la pasaba de encimoso con él.


                         - A ningún lugar… - dijo con evidente molestia.


                         - Camus… en este momento no tengo tiempo, pero… - lo decía con toda la sinceridad del mundo, pero el enfado de Camus no le permitió creerle.


                         - ¡¿No tienes tiempo?! ¿Y si te dijera que quiero que me folles? Entonces sí que tendrías tiempo ¿no es así? – Saga sonrió y eso solo enfadó más a Camus.


                         - En…


                         - ¡Entonces no digas que no tienes tiempo! – lo interrumpió – Mejor di que no quieres entrenarme… - y puso el dedo en la herida – tal vez debería buscar otro maestro – dijo con una seriedad que le causó escalofríos a Saga, y de pronto sintió que su amor por Camus no era correspondido, y no es que Camus no lo amara, era tan solo que la diferencia de edad sí influía en su forma de pensar, cada uno se preocupaba por distintas cosas, Saga quería saber qué había ocurrido con Seat, y Camus tan solo quería ser el próximo caballero de acuario, las pocas cosas que tenían en común se perdían en los malentendidos. Saga pensaba que el contacto físico con el francés era la forma de decirle cuánto lo amaba, y Camus creía exactamente lo contrario. Tal vez por eso Saga comenzó a enfadarse también.


                         - ¿Ah sí? ¿Y con quién irás? ¿Con Heze?... – rodeó a Camus – No sobrevivirías ni un día con él… ¿con quién irías Camus?... ¿Eh? – quería asustarlo para poder retenerlo con él.



El francés supo en ese momento que no tenía muchas opciones y por un instante consideró realmente buscar a alguien más. No solo para amenazar a Saga sino para avanzar, porque tenía la sensación de que se iba estancando, y si se quedaba estancado jamás podría alcanzar al de géminis.



                         - Tal vez sea yo quien decida cambiar de discípulo – Camus lo observó con atención, Saga nunca había utilizado esa actitud hacia él, y le vino a la mente la idea de que era como un niño pequeño que solo veía las cosas en blanco y negro, que si no era su amigo entonces se convertía en su enemigo, ¿qué tanto sabía él de Saga? – quizá alguien que no sea débil…



Camus no lo notó pero Saga volvió a cambiar su tono de voz, ya no era amenazante, podía ver la constante lucha interior del francés y quería llevarlo al límite, quería que supiera lo que era pelear para ganar. Que reaccionara con fuerza y que dejara sus inseguridades y sus miedos. El francés intentó golpearle pero Saga era demasiado rápido, como si pudiera predecir cada uno de sus golpes, y es que Camus aún no había alcanzado la velocidad de la luz.



                         - ¿Eso es todo lo que sabes hacer? – dijo con voz burlona – Tal parece que lo único en lo que eres bueno es en la cama… quizá deberías dejar esta pequeña ilusión tuya de convertirte en caballero y dedicarte a otras cosas… - volvió a acorralarlo, esta vez acariciando su rostro lentamente, casi relamiendo sus labios al recordar tantas noches con él, y es que de solo pensarlo volvía a desearlo cada vez con mayor intensidad – incluso yo… pagaría muy bien por esto… - se le acercó demasiado, invadiendo su espacio personal, aunque a decir verdad, jamás había respetado ese espacio – Intenta golpearme… si piensas que puedes…



Camus se encontraba molesto, herido y una sola palabra abarcaba su mente: “Lastimar”. Entonces concentró toda su cosmoenergía y de un solo golpe, como una inmensa ráfaga helada, lo arrojó contra un árbol a varios metros de distancia, congelando de inmediato más de la mitad de su cuerpo.



                         - Ahh… hacerlo…


                         - Saga… - dijo preocupado, olvidando su enfado momentáneamente.


                         - ¿Ves? Solo tienes que hacer eso con el chico virgo… ahh – un quejido escapó de sus labios – Ahora… ¿Puedes ayudar a tu viejo maestro?



Lo miró confundido y tuvieron que esperar en silencio, cada uno con sus propios pensamientos, a que el cuerpo de Saga saliera de ese estado de letargo provocado por la congelación. En un par de ocasiones Saga alentó a Camus para que le ayudara a recuperar el calor corporal perdido, pero Camus lo ignoró olímpicamente, no sabía qué pensar. Faltó a su segundo encuentro con Swom porque para él, Camus iba primero, después, y siempre. Shura pasó más tarde por la habitación de Camus con la esperanza de ver a Saga para reclamarle haber faltado, pero el de géminis no salió. Más tarde vio a Camus salir y segundos después a Saga acechándolo como a una presa. Sintió algo de nostalgia y luego pudo sonreír antes de marcharse.



                         - Imbécil… nunca cambiarás… tendré que decir nuevamente que no te he encontrado – musitó para sí mismo, seguro de que nadie más estaría cerca, sin percatarse siquiera de que no muy lejos de ahí, Swom había observado esa escena, quería saber qué clase de persona era Saga.



***



El día del combate de Camus, Saga despertó más temprano que de costumbre, observó al francés y quiso poseerlo de nuevo. Un ruido le hizo ponerse alerta y se preguntó si se habrían infiltrado en el santuario ya. Se vistió con un pants que había abandonado ahí tiempo antes y que solía utilizar para dormir cuando se quedaba con Camus, después salió a estirarse un poco.



                         - Es tarde.


                         - Shura - dijo sobresaltado – dioses, no esperaba… ¿qué haces aquí?


                         - ¿QUÉ? ¿Lo olvidaste? ¿Por qué no me sorprende? Siempre has sido un idiota.


                         - Oye, ¿qué insinúas?


                         - No insinúo nada, te lo estoy diciendo - El de géminis estuvo a punto de echársele encima pero luego se detuvo cuando escuchó la risa socarrona de Shura.


                         - Iré a cambiarme.


                         - Saga… si te le acercas al niñato de nuevo se nos hará tarde… - ¿cómo es que Shura sabía que tenía planeado tirarse a Camus antes de irse?


                         - Claro, claro, lo tengo en cuenta – mintió y muy mal, no era bueno mintiendo. 


                         - Y si se hace tarde no estarás a tiempo para su combate… - dijo sabiendo que a pesar de su actitud despreocupada, en el fondo estaba aterrorizado por la pelea.


                         - De acuerdo – ahora sí lo dijo en serio.



***



                         - Te has involucrado mucho con tu discípulo… - dijo Swom, llevaba una capa negra que cubría gran parte de su rostro. 


                         - Solo lo necesario - respondió Saga mientras le dirigía una mirada a Shura – Bien, ¿y ahora qué sigue? No nos habrás llamado tan solo para preguntarme por mi discípulo ¿o sí? – uno de los guardias que acompañaban a Swom avanzó con intención de agredir a Saga por la aparente falta de respeto, pero Swom lo detuvo con una mano.


                         - Saga, Saga, Saga… ¿Alguna vez te he hablado tan solo para preguntarte por alguien más? – No, lo cierto era que siempre le daba información, indicios de algo aunque al final desaparecían sin dejar rastro.


                         - Han descubierto otra cosa – dijo Shura serio.


                         - ¿De qué se trata? – miró su reloj por inercia, a esa hora el combate ya habría comenzado – no tengo todo el día.


                         - Detectamos, por un breve instante el cosmos de Seat. 


                         - Dijeron eso la última vez…


                         - Saga… - musitó Shura.


                         - Se acabó, me iré con Camus – se alejó molesto, frustrado.


                         - Consultamos al oráculo nuevamente y la profecía no ha cambiado… - dijo Swom y Saga se detuvo, a él no le importaba la profecía, a él le importaba Seat.


                         - Si el cosmos que sintieron en realidad es de él, perderías la oportunidad de encontrarlo – amenazó Shura, lo hacía por la promesa hecha a Swom de ayudarlo a encontrar el anillo, y porque la duda acerca de si Seat vivía o no, lo desesperaba.


                         - ¿En dónde? – preguntó Saga un poco resignado.


                         - En la ciudad de H.


                         - Eso está muy lejos de aquí… podría utilizar algún portal, pero aun así, necesito tiempo para buscarlo, ¿qué le diré al patriarca?


                         - Ahh – suspiró el de capricornio – tengo un plan…


                         - Habla.


                         - El patriarca sigue sin creer por completo en las amenazas que llegaron al santuario… pero tampoco ha bajado la guardia, así que… si creen que tienes algo que ver…


                         - Me acusarán de traición… y me suspenderán un tiempo de la orden… - musitó interrumpiendo a Shura, sabiendo de ante mano a dónde quería llegar. Un profundo silencio se interpuso entre ellos.


                         - No tienes que hacerlo… podemos pensar en alguna otra cosa… pedir algún permiso o…


                         - Déjame pensarlo – acceder significaba también alejarse de Camus, y no quería hacerlo.



***



Saga regresó tan solo para ver cómo Milo se ponía delante de Camus para recibir el poderoso ataque de Shaka, no estuvo seguro de haber pronunciado su nombre, lo había escuchado en su mente pero no supo si tan solo lo había pensado, y es que la escena lo había dejado paralizado. Por un lado se dio cuenta de lo terriblemente frágil que era la vida humana, y entonces comprendió que como maestro había fracasado. Su amor por el francés lo había llevado a un punto donde lo perjudicaba en lugar de ayudarlo.



                         - Camus… - alcanzó a decir y de inmediato fue a su lado. Tocó su frente, tenía fiebre y su cuerpo estaba lleno de heridas, lo tomó en brazos para llevarlo a la enfermería.


                         - Dijo que lo iba a proteger – alcanzó a escuchar que Aioria le dijo a Aioros, y supo de inmediato que se refería al chico escorpión.



Lo pensó durante las horas que Camus estuvo inconsciente, quizá sí sería prudente delegar su entrenamiento a alguien que no se dejara llevar por sus sentimientos, tal vez también era hora de dejar que Camus eligiera estar con alguien de su edad… ese último pensamiento lo lastimó de manera que tuvo que recargarse sobre el respaldo de la silla y cerrar los ojos. Le dolía imaginarse lejos de Camus, era casi una tortura pensar que estaría con alguien más.



                         - Perdí… - escuchó y pudo notar la tristeza en su voz. Odiaba verlo triste.


                         - El chico escorpión te salvó… ¿qué quieres? – preguntó con una mezcla de celos y dolor.


                         - ¿Eh?


                         - ¿Quieres ser tan fuerte como para vencer a Shaka o quieres arruinar todo por el niñato ese? – le faltaba el aire y se obligaba a seguir respirando mientras cerraba sus puños.


                         - ¿De qué…?


                         - ¿Por qué te salvó, Camus?


                         - No lo sé.


                         - ¡NO mientas! – se notaba desde lejos el interés de Milo, no creía que el francés fuera incapaz de darse cuenta.


                         - No lo sé, es mi amigo, por eso tal vez.


                         - Estás mintiendo… - ni siquiera el mismo Saga comprendía por qué se empeñaba en cuestionar a Camus, tan solo deseaba saber si existía la posibilidad de que un día Camus pudiera corresponderle a Milo.

                         
                         - No…



Terminaron abrazados, era común que después de una discusión se aferrara uno al cuerpo del otro como si su vida dependiera de ello, y a decir verdad, así lo sentían.



***



                         - Hazlo… - dijo Saga en cuanto se encontró a Shura.


                         - ¿Qué? ¿De pronto te dieron ganas de ser el pasivo? – respondió Shura con una sonrisa burlona.


                         - Idiota, ya quisieras estar gimiendo mientras me tienes entre las piernas…


                         - Cállate… - le ordenó antes de darle un golpe que Saga detuvo con facilidad.


                         - Tú cállate… ¡Argh! – ahora fue el de géminis quien intentaba patear al de capricornio sin conseguirlo, y podrían haber estado así, el resto de la noche de no haber sido porque escucharon que el patriarca se acercaba.


                         - ¿Están peleando otra vez? – preguntó Shion sin inmutarse.


                         - No – respondieron al mismo tiempo.



Se quedaron los dos muy serios pero en cuanto Shion desapareció de su rango visual siguieron peleando hasta que terminaron agotados en el suelo.



                         - ¿Qué quieres que haga? – dijo Shura con dificultad intentando recuperar el aire.


                         - Tengo que irme del Santuario… - el de capricornio lo observó sorprendido, había pensado que el lazo que lo unía a Camus lo iba a mantener ahí – Busca la forma de que piensen que las amenazas tienen que ver conmigo – Shura asintió porque no pudo decir nada al respecto.



Pasaron mucho tiempo en silencio, uno al lado del otro.



                         - Va a estar bien – Saga fue el primero en hablar y Shura lo observó – Todo va a estar bien… y regresaré con noticias de Seat… si… - tomó aire porque la tensión en su cuerpo iba en aumento. 


                         - Saga…


                         - ¿Sí?


                         - He pensado… que… quizá Seat sí esté muerto y… si la profecía no ha cambiado es porque… tal vez no se refería a Seat… sino a Camus…


                         - No… - dijo Saga de inmediato y casi sin pensar en lo dicho por el español – No dejaré que metas a Camus en esto… Seat está vivo…


                         - Saga… todos sentimos su cosmos desaparecer…


                         - Puede haber cientos de explicaciones para ello.


                         - De acuerdo – musitó porque discutir con Saga no lo iba a llevar a ningún lado.



***



                         - ¿Qué ocurre? – preguntó Aioros una noche que se topó a Shura en la escalinata que separaba sus templos.


                         - Estaba pensando – lo cierto era que ya sabía que se encontraría con Aioros tarde o temprano si permanecía ahí, y es que el arquero, a diferencia de él, podía sentir la cosmoenergía de los demás sin dificultad.


                         - ¿En qué? – dijo antes de sentarse a su lado.


                         - En Saga… ¿Has notado… que casi no está en el santuario?


                         - Sí – a decir verdad, Saga nunca solía hablar de cómo se sentía o de lo que le pasaba y mucho menos de a dónde iba – Sí me he dado cuenta.


                         - Tengo una especie de… sensación…


                         - ¿A qué te refieres?


                         - No estoy seguro, y sé que las amenazas al Santuario han cesado pero… siento que Saga tiene algo que ver – a Aioros no le había pasado por la mente esa idea, sin embargo, al escucharlo de los labios del español, recordó algo que le había contado Aioria tiempo atrás - ¿Qué ocurre? 


                         - Nada… es solo que… hace tiempo Aioria dijo que sintió que alguien estaba en mi templo…


                         - Tal vez eran fantasmas… - Aioros sonrió, conocía esa manía de Shura por lo paranormal.


                         - No lo sé, él pensó que era yo…


                         - ¿Y qué piensas que pudo ser entonces?


                         - Pues… Saga puede usar portales… pero… creo que no los puede utilizar para cortar camino por las doce casas… igual y… tan solo fue la paranoia de aquel entonces por el saqueo en el cementerio – terminó diciendo aunque lo cierto era que no recordaba con exactitud si ese suceso había sido antes o después del saqueo.



Sin embargo, Shura vio en esa conversación, la apertura perfecta para su plan.



***



Fue un día poco tiempo después cuando Milo despertó, el patriarca les había informado que su combate contra Aldebarán se cancelaría, y Lesath, el maestro de Milo, no se opuso. Aioria visitaba a Milo a diario, y tenía que mentirle diciendo que Camus había ido muy temprano y que por eso jamás lograban verse. Mentía porque sabía lo importante que era el francés para Milo, sin embargo, uno de esos días, cuando Shaka fue a visitar al escorpión con una canasta de frutas, pudo ver a Camus desde la ventana. Aioria era muy básico, era directo, sincero, de instintos, odiaba mentir y la palabra traición no estaba en su vocabulario, así que fue imposible para él contenerse en cuanto vio a Camus, musitó alguna disculpa y salió para hacerle frente, le reclamó el no haber ido a visitar a Milo y las palabras pronto pasaron a los golpes.



***



                         - ¿Sucede algo Shura? – preguntó Shion al ver al otro tan serio, más de lo normal.


                         - ¿Ya lo sabe Milo?


                         - No, el chico ha estado durmiendo la mayor parte del tiempo.


                         - ¿Y su maestro está de acuerdo? – preguntó algo indignado, aunque lo cierto era que deseaba ganar tiempo para calmarse.


                         - Ahh – suspiró el peliverde – aunque me pese aceptarlo, Lesath es un desobligado, un vago, incluso es peor que Saga… - Shura lo observó con cierta ironía, Saga también podía parecer vago aunque en el fondo no lo era – bueno, al menos Saga finge que tiene todo bajo control.



Ambos se miraron a los ojos pensando que quizá Saga sería un buen patriarca.



                         - Ni lo digas Shura… es más… ni lo pienses… - el menor tan solo sonrió.


                         - Hay algo… de Saga… creo que él tiene algo que ver con el saqueo del cementerio.



Shion escuchó con paciencia el argumento de Shura, y entonces se vio en un gran dilema porque confiaba en los dos por igual.



                         - Tal vez… deberíamos revisar sus informes para corroborar los lugares en los que ha estado…


                         - Organizaré una junta después… - musitó dándole vueltas al asunto en su cabeza.



***



Shura no solo había sembrado desconfianza en Shion sino que también lo hizo en Aioros, lo dejó pensando en todas esas extrañas ausencias que parecían inexplicables. 



                         - Saga… sé que no es de mi incumbencia pero… ¿por qué no estabas en el combate de Camus? – preguntó Aioros mientras caminaban por uno de los campos de entrenamiento. El de géminis lo observó y le sonrió aunque no dijo nada, sin embargo, ese gesto fue suficiente para tranquilizar al arquero, quien por incercia también sonrió. Luego la expresión de Saga cambió radicalmente por una de preocupación - ¿qué ocurré?


                         - ¿Sientes eso? – ambos se quedaron en silencio – Es Camus… - sin dar explicaciones y dejando la antigua pregunta en el olvido, corrió hacia el lugar de donde provenía tanta cosmoenergía descontrolada.



Llegaron a tiempo para ver cómo sus discípulos empleaban sus técnicas uno contra el otro.



                         - ¡EJECUCIÓN AURORA!


                         - ¡RELÁMPAGO DE VOLTAJE!



Los detuvieron desviando sus ataques hacia el cielo, el helado cosmos de Camus congeló la atmósfera y se fusionó con la energía concentrada de Aioria, para regresar finalmente a la tierra en forma de lluvia mezclada con copos de nieve. Saga musitaba palabras tranquilas intentando calmar al de acuario, porque por primera vez lo veía perder el control de esa forma. Algo le preocupó a Saga en ese instante y le siguió preocupando después, cuando caminaba con el francés cabizbajo rumbo al pueblo.



Había ocasiones en que veía a Camus y comenzaba a preguntarse si en realidad conseguiría ser el próximo caballero de acuario, sabía historias acerca de sujetos que podían controlar su cosmoenergía, pero ésta llegaba a niveles tan altos que sus cuerpos eran incapaces de soportarla, así que, por más que deseara tener a Camus como compañero de batalla, prefería verlo como a una persona normal, que no tuviera que preocuparse por nada más que por estar bien. En el fondo tenía tanto miedo de perderlo, de una forma definitiva, que prefería perderlo temporalmente, y esas historias sobre sujetos que no pudieron conseguir una armadura le daban la esperanza de que Camus perteneciera a ese grupo. También le preocupaba lo que le había dicho el español, no veía a Camus siendo el causante de una guerra, aunque tampoco era capaz de imaginárselo de Seat.



                         - Esa técnica… no la habías usado antes ¿o sí?


                         - No, bueno, no contra alguien más…


                         - Ya veo… - siguió en silencio, ni siquiera se atrevía a acosarlo como hacía siempre y a pesar de que Camus en un principio se sentía incómodo con los acosos, llegó a verlos como algo tan natural que se sentía extraño ante la indiferencia de Saga.


                         - ¿Estás enojado?


                         - … ¿Sabes si has llegado al cero absoluto? – eso no respondía la pregunta de Camus, quien se sintió algo cohibido, pensaba que era la manera de decirle que sí estaba molesto.
                         

                         - Aún no… - de pronto cayó en cuenta de una cosa - ¿Todos los caballeros dorados conocen las técnicas de los demás?


                         - No.


                         - Entonces… ¿cómo es que…


                         - Seat fue un gran amigo – interrumpió, el mismo Saga se sorprendió de haber dicho esas palabras con una facilidad escalofriante. Tampoco es como si pudiera contarle a Camus de la verdadera naturaleza de su relación, pero pensaba que si un día el francés le preguntaba iba a titubear antes de contestar.


                         - ¿Por qué mi maestro buscaba un reemplazo si era muy joven? – la pregunta le cayó de sorpresa a Saga.


                         - No lo sé… - mintió, sí lo sabía, buscaba un reemplazo porque al parecer tenía en su poder un anillo que no debería tener y lo estaban buscado por ello – Y no, no estoy enojado, solo estoy sorprendido… - más bien preocupado – pensó – has sabido conducirte tú solo… creo… que no soy tan indispensable como pensaba ¿cierto? – por primera vez se dio cuenta de que Camus podría seguir sin él.



Una sensación de pánico y abandono se apoderó de su cuerpo.



                         - Sí te necesito – musitó deteniéndose, pero Saga siguió caminando – Saga… Sí te necesito – el mayor lo miró con incredulidad.


                         - … y yo a ti – dijo tras un par de segundos.



Pero la preocupación siguió latente, y es que nunca pensó que tuviera que utilizar tanta fuerza para retenerlo.



                         - ¿Te gusta? – preguntó Saga cuando notó que Camus se había quedado observando una cruz.


                         - No soy creyente… - musitó.


                         - Siempre es bueno creer en algo, es la cruz del norte… creo, espera… - Saga entró a la tienda de antigüedades y salió unos cuantos minutos después – Toma.


                         - ¿La compraste? - preguntó sorprendido - ¿Por qué?


                         - Es un regalo.


                         - Entonces… si me hubiera quedado viendo un helado, ¿me habrías comprado un helado?


                         - ¿Quieres un helado?


                         - No… estaba bromeando… - Saga sonrió, pensó que a Camus le iba más estar serio que hacer bromas.


                         - Puedes dársela a tu discípulo cuando tengas uno… - dijo antes de seguir avanzando y Camus sonrió.


                         - Ni siquiera tengo una armadura y… ¿piensas que podré tener un discípulo?


                         - Sí, pero… ni se te ocurra quererlo más que a mí, ¿entiendes? – Camus sonrió antes de sentir cómo Saga lo jalaba del brazo para obligarlo a caminar a su lado.



***



Poco después anunciaron el inicio del entrenamiento por equipos.



                         - Saga, tenemos que hablar – dijo Shura muy serio, tenía que ponerlo al tanto de lo que había hablado con Shion.


                         - Ahora no cabra… - Shura apretó los puños al ser llamado así pero decidió no agredirlo – acabo de despertar, me daré una ducha e iré a buscar a Camus.


                         - Camus… siempre Camus… - dijo con fastidio – no te das cuenta de que todo esto ha sido por él.


                         - ¿A qué te refieres?


                         - Vamos Saga, ambos sabemos muy bien lo que buscan en el Santuario… - dijo por si había alguien cerca, y es que era malísimo para detectar el cosmos de otros - y creo… - se acercó demasiado a Saga, tanto, que éste tuvo que retroceder – que debemos pensar bien… lo que vamos a hacer.


                         - Yo ya sé lo que haré… me ducharé e iré a buscar a Camus – salió antes de que Shura volviera a insistir.


                         - ¿No has cambiado de opinión? – Saga cerró los ojos.


                         - No, todo sigue en pie – por eso sentía que debía pasar cada segundo con Camus, porque tenía el tiempo contado.



Por eso fue que, cuando lo vio en el entrenamiento sobre Milo, con las manos del escorpión deslizándose por el abdomen del francés, no pudo contenerse y se acercó a él.



                         - Camina… - su voz le causó un leve escalofrío a Camus y supo que estaba en problemas.


                         - Pero… - intentó decir algo pero solo consiguió que Saga lo empujara para apurar su paso.


                         - Camina – repitió con voz más grave, más lenta.



Comenzó a desvestirlo en cuanto llegó a la habitación, no importaba cuántas veces se dijera a sí mismo que Camus estaría mejor con alguien de su edad, tan solo no podía aceptarlo, lo amaba, lo amaba de la manera más absoluta y profunda que rayaba en lo enfermizo, pero era inevitable, Camus era la parte más importante de su vida y moría de celos y de tristeza cuando pensaba que no le quedaba mucho tiempo a su lado. 



                         - Dime… no es la primera vez que te lo pregunto así que piensa bien tu respuesta… no me mientas Camus… ¿Qué tipo de relación tienes con Milo?


                         - Ninguna… - Saga comenzó a desnudarse.


                         - Camus – acarició su abdomen – odio que me mientas – bajó hasta sus tetillas para tomar una entre sus labios y acariciarla con su lengua, tenía una extraña adicción a su cuerpo, lo deseaba al borde del dolor.


                         - No te estoy ahh…


                         - Bien, si no quieres hablar, entonces haremos otra cosa – giró el cuerpo de Camus mientras alcanzaba un lubricante que tenía sobre la mesa al lado de la cama.



Quiso, en ese momento, marcarlo, para que no lo olvidara, y sin importarle la negativa del francés, se dejó llevar por sus instintos. Camus le dijo que lo odiaba y Saga lo lamentó pensando que al menos de esa forma sería incapaz de olvidarse de él. Más tarde, cuando despertó ante la ausencia del francés, fue en su búsqueda, tan solo para encontrarlo besando a Milo. Fue un día muy triste para ambos.



***



Saga se mantuvo al margen de lo que acontecía en el Santuario, era Shura el que lo mantenía informado.



                         - ¿Estuviste deambulando por los templos del Santuario cuando entraron al cementerio?


                         - Ay Shura, no recuerdo ni qué hice ayer… ¿a qué te refieres con deambular?


                         - Ahh – suspiró con fastidio – me refiero a que si utilizabas esa técnica de… la otra dimensión para pasar de un templo a otro…


                         - No – Shura lo observó fijamente – es en serio, no he utilizado esa técnica en mucho tiempo.


                         - ¿Hay alguien más que sepa utilizar esa técnica?


                         - No que yo sepa, ¿por qué?


                         - Alguien lo ha hecho.


                         - ¿Ya lo sabe Shion? – preguntó el de géminis.


                         - No – respondió Shura – pero creo que deberíamos investigar primero…



"Tal vez sí se trataban de fantasmas" - pensó Shura, luego Saga le relató un sueño en el que veía a Camus como el caballero de acuario y él no estaba presente, Shura intentó darle ánimos pero no funcionó.



***



La relación de Saga y Camus se enfrío después del beso de Milo. Dormían juntos pero apenas hablaban, las palabras entre ellos casi habían desaparecido. Y era ilógico para Saga, no entendía cómo es que podía importarle tanto lo que pasara con el chico escorpión cuando tenía que descubrir lo que había sucedido con Seat, no sabía por qué le preocupaban más los dilemas emocionales que la seguridad del santuario, era irracional e inexplicable. En algún momento le preguntó a Camus si estaba enamorado de Milo, Camus dijo que no sabía y Saga partió de ese punto para discutir con él, al grado de amenazar el bienestar del escorpión, y es que era una sensación que iba más allá de él. En el fondo deseaba sentirse correspondido por Camus, no porque se sintiera obligado sino por voluntad propia.



Nunca se dio cuenta del estrés emocional al que sometía al de acuario, a decir verdad, no era capaz de ver cuánto le afectaban a Camus sus palabras ni tenía idea de que para el francés, Saga podía hacer y deshacer con un simple gesto. Que Milo le hacía sentir nervioso, era cierto, pero Saga, Saga le proporcionaba una profunda sensación de plenitud, era estar frente a algo sublime que crecía en su pecho.



Eran sentimientos distintos, habían nacido de diferente forma, uno por admiración y otro por ternura, pero al final habían terminado en el mismo lugar, ambos sentían que se habían salvado mutuamente de todas las formas posibles, eran su camino de regreso, se pertenecían aunque terminaban lastimándose de una forma u otra, eran un ciclo, lo eterno, no podían estar el uno sin el otro ni tampoco podían permanecer juntos en el mismo lugar, eran una contradicción al sentimiento humano, adicción, cariño, deseo, no se entendían ni tenían ganas de comprenderse, tan solo se amaban, queriendo desde el fondo de su alma ser correspondidos y sin el valor para hablar al respecto.



***

El encuentro se dio en la enfermería. Saga estaba ahí porque Camus estaba enfermo, y Shura llegó con Shaka en brazos después de haberlo rescatado de Heze.



                         - ¿Cuidas a Camus un rato? – le preguntó al español.


                         - Claro.


                         - Eh, Camus, iré por algo a mi templo, no tardo – apenas si podía abrir los ojos, el medicamento que le habían administrado le hizo sentirse somnoliento. Saga se topó a Aioros en la puerta pero solo se saludaron.


                         - ¿Cómo sigue? – preguntó Aioros y luego se percató de que Camus estaba durmiendo en la cama de al lado, separados por una cortina celeste – Ya se me hacía raro que Saga anduviera por aquí…


                         - ¿Qué dijo Shion?


                         - Harán la junta mañana… - la voz de Aioros se tornó sombría – quiere que Saga justifique cada una de sus ausencias. Me parece muy drástico… Saga es nuestro amigo, deberíamos avisarle…


                         - Sé cómo te sientes, pero… si no tiene nada que ocultar, entonces no tendrá problema en decirle al patriarca en dónde ha estado cuando se va.


                         - Lo sé, tan solo pienso que debería saberlo antes de la reunión.



Camus escuchó la conversación a medias y tuvo la sensación de que debía alertar a Saga, sin embargo, el efecto del medicamento en su torrente sanguíneo, le hizo quedarse dormido olvidando casi por completo la conversación.



                         - Ya vine – dijo el de géminis casi una hora después, Aioros ya se había ido.


                         - Bien, porque ya me retiro…


                         - Dejarás aquí al rubio… - afirmó pero algo en su declaración se sentía como pregunta.


                         - Vendré más tarde por él.


                         - ¿Por él?


                         - Si tengo éxito lograré que Heze lo deje en paz… - se dirigió a la puerta pero se detuvo casi al lado de Saga – le comenté al patriarca mis sospechas sobre ti… no te sorprendas si te manda en alguna misión casi suicida…



Saga ya se esperaba algo así, a decir verdad, el patriarca ya le había anunciado que a primera hora tendrían una reunión.



***



                         - No lo recuerdo – era la tercera vez que respondía de la misma forma y de pronto sintió que estar en el santuario era algo parecido a una cárcel.


                         - Saga… - musitó Shion muy serio.


                         - Lo siento, no lo recuerdo.


                         - Fue como cuando sucedió lo del cementerio, todos estábamos aquí, y nadie sintió nada, ¿no les parece extraño? – preguntó Shura en la reunión, la reunión se había adelantado un par de horas porque alguien había entrado en el recinto del patriarca y había tomado la daga dorada. Tenía el aspecto de una daga normal, pero su poder era tan grande que incluso podía matar a los dioses.


                         - ¿Qué quieres decir? – preguntó Shion, confiaba en el sexto sentido de Shura, por algún motivo siempre le hacía notar cosas que de otra forma hubieran pasado desapercibidas, incluso sabiendo de su poca capacidad para detectar otros cosmos ajenos al suyo.


                         - Tan solo pienso que… si no sentimos un cosmos extraño es porque no se trataba de un extraño – le dirigió una mirada a Saga – ¿Dónde estuviste Saga?


                         - No tengo por qué darte explicaciones a ti.


                         - Quizá porque no puedes.


                         - De acuerdo, quizá no recuerde todas las veces que estuve ausente, pero HOY estuve con Camus… entrenando – Aioros supo que mentía y comenzó a preocuparse.


                         - He estado revisando los informes – dijo Shion, pero no mencionó que fue por petición de Shura.


                         - Has salido más veces de las que tenías permitidas – musitó Shura.


                         - He ido al pueblo… espera, ¿estás insinuando algo?


                         - No lo sé, ¿piensas que insinúo algo?


                         - ¡Que te den! Si piensas que puedes ensuciar mi nombre así de fácil…


                         - ¿Dónde estabas Saga? – preguntó Shion, la paranoia se había apoderado de él, y es que Shura tenía una forma jodidamente convincente de decir las cosas.


                         - No le creerán ¿o sí? – observó a Aioros casi implorando su ayuda, pero sabía de antemano que el arquero también comenzaba a dudar – Estuve en el pueblo, compré cosas.


                         - ¿Y aquella ocasión en que desapareciste por tres semanas? Basta recordar que no entrenabas a Camus, no porque no quisieras, sino porque no estabas.


                         - Saga… - el patriarca arrastró las vocales de su nombre.


                         - Suficiente, me largo.


                         - ¿Tienes la daga? – Shion preguntó casi sin levantar la voz, era como si una parte de él se negara a creer lo que Shura insinuaba.


                         - No…


                         - ¿Deberíamos revisar tu templo? – dijo Shura con una sonrisa cínica que utilizaba para fastidiar al mayor.


                         - ¡JÓDETE SHURA, YO ME LARGO!


                         - Saga, te prohíbo que pongas un pie fuera de este Santuario.


                         - Encontraré la maldita daga ¿de acuerdo?


                         - Espera Saga… - rogó Aioros y solo así el de géminis se detuvo – yo te ayudaré a buscarla…


                         - Hasta que ese asunto se aclare, no podrás abandonar el Santuario, ¿entiendes?



Shura observó al de géminis, el punto era salir del santuario, no quedarse recluso en él. Así que tuvieron que pensar, cada uno por su lado, en otra forma de sacar a Saga de ahí.



***



Camus tuvo un mal presentimiento durante todo el día, sabía que tenía que avisarle algo a Saga pero no podía recordar qué. La conversación de Aioros con Shura el día anterior había quedado en un rincón inalcanzable de su memoria, entonces el francés se pasó gran parte de la tarde disperso, ni siquiera era capaz de prestarle atención a Milo, quien acababa de invitarlo a quedarse con él. Saga los observó hablando y en un impulso tomó a Camus del brazo y lo arrastró con él. Aioros lo observaba a lo lejos, sentía que si lo veía el tiempo suficiente sería capaz de saber qué pensaba el de géminis, y es que era un gran conflicto para él desconfiar de Saga.



                         - Me preguntaba si… podría ir con Aioria, Shaka y Milo…


                         - No… - respondió Saga y el arquero se acercó.


                         - ¿Qué pasa? – preguntó Aioros.


                         - Camus quiere ir con tu hermano y el chico escorpión.


                         - ¿Y qué tiene de malo? Vamos Saga… nosotros pasábamos todo el tiempo juntos ¿lo recuerdas? También Seat venía siempre… - Saga miró fijamente al arquero, y Camus desvió la mirada al suelo al escuchar el nombre de su antiguo maestro.


                         - Déjame hablar con Camus a solas.


                         - Claro… - Aioros sintió que había dicho algo malo, entonces había sido contraproducente, en lugar de acercarse al de géminis tan solo consiguió alejarse.


                         - Convénceme con un beso… - dijo Saga cuando Aioros se fue.


                         - No…


                         - ¿Por qué no?


                         - Aunque lo haga no me dejarás ir.

                         
                         - Inténtalo… - tomó el cuerpo de Camus para acercarlo al suyo antes de sentir sus labios acariciándose con dulzura. Hubo algo nostálgico en ese beso – está bien, puedes ir.


                         - ¿En serio? – dijo Camus sorprendido antes de abrazar a Saga y volverlo a besar.



El francés fue con Milo mientras Saga se acercaba a Aioros.



                         - Aioros…


                         - Dime.


                         - Quiero pedirte algo – la inusual seriedad de Saga le hicieron sentir algo extraño.


                         - ¿Qué pasa?


                         - Quiero que cuides de Camus si algo llega a pasarme.


                         - ¿Qué?


                         - ¿Lo prometes?


                         - No seas tonto Saga, eres uno de los caballeros más fuertes del santuario, nada podría pasarte.


                         - Por favor.


                         - De acuerdo, te lo prometo, pero créeme que no será necesario.



***


Shion entró al tercer templo, aprovechó que Saga no estaba y entró con cierta culpabilidad. Primero revisó con la vista, sin atreverse a tocar las pertenencias del de géminis, pero después, un objeto brillante llamó su atención, sintió que el aire se hacía tan denso que le era imposible respirar, y es que ahí estaba, la daga dorada. Tomó el objeto y regresó a su recinto antes de decidirse a llamar a Saga.



                         - Encontré eso en tu habitación… - dijo Shion señalando la daga con la mirada.


                         - ¿Así que ahora ni siquiera tengo privacidad?


                         - ¿Te preocupas por la privacidad? ¡Debería de preocuparte cómo demonios explicar esto, Saga!


                         - Alguien debió ponerla ahí…


                         - Puedo acusarte de traición en este mismo instante y exigir tu cabeza – la molestia de Shion se sentía en cada rincón del recinto.


                         - No lo hice… - digo Saga y por primera vez Shion vio algo en sus ojos, algo oscuro que jamás había notado.


                         - ¡Revolución estelar!


                         - ¡Explosión de galaxias!



Ambas técnicas chocaron enfrentándose unos cuantos segundos antes de arrojarlos contra las paredes del recinto. Era demasiada fuerza concentrada en un solo lugar. El polvo de los escombros formó una densa capa que les impedía ver con claridad. Shion observó que Saga se acercaba a la caja de cristal en donde se encontraba la daga, no alcanzó a ver si la había tomado o no, pero lo volvió a atacar con la revolución estelar. Saga salió herido y cuando Shion vio que la daga seguía en la urna se sintió más tranquilo. 



                         - ¿Qué sucede? – preguntó Aioros cuando se encontró a Shura afuera del primer templo.


                         - No lo sé, pero asegúrate de que ninguno de los discípulos se acerque – Aioros asintió.



***



Comenzó a haber demasiado movimiento en el santuario en general. Ellos se dieron cuenta cuando Aioros entró a decirles que no salieran por ningún motivo y un terrible presentimiento invadió a Camus.



                         - Tenemos que ir – dijo el francés.


                         - Pero Aioros dijo que… - comenzó a decir Aioria pero Camus ya estaba saliendo.



***



                         - ¡¿No me digas que fuiste tan idiota como para robar esa daga?!


                         - Fue una ilusión, ¡no sé quién tiene la verdadera daga!


                         - ¿Ilusión? – había escuchado que Saga tenía esa habilidad entre su repertorio pero nunca lo había visto utilizarla.


                         - Le hice creer al patriarca que la daga estaba en mi templo para ser expulsado de la orden… pero no sé quién tiene la verdadera daga…


                         - Espera… - algo se había retorcido en el camino y ya no entendía qué estaba sucediendo.


                         - Alguien robó la daga, ¿quién? No lo sé, pero le hice creer al patriarca que fui yo para ser expulsado… - repitió porque la expresión de Shura era de incertidumbre total – Sé que Seat está vivo… lo sé… tú deberías saberlo también.



Lo que no sabía Shura, era que las ilusiones de Saga eran solo visuales. La daga que había encontrado Shion en la habitación de Saga sí era la verdadera, aunque el de géminis le hizo creer a Shura lo contrario.



                         - Me voy… cuida a Camus… - Shura asintió preso de la confusión, pero cumpliría con su promesa, porque quería a Saga, ya no lo amaba, pero lo seguía queriendo.



***



Camus corrió hasta el primer templo, había guardias por todos lados pero nadie hizo nada por detener al gemelo, nadie sabía aún que el de géminis se había enfrentado al patriarca. El francés se sintió más tranquilo cuando vio al mayor dirigirse rumbo a su habitación, lo siguió de inmediato, creyó ver a Shura a cierta distancia pero no le prestó atención.



                         - ¿Qué sucede?

                         
                         - Me voy…


                         - ¿Irte? ¿a dónde? – preguntó Camus.


                         - Me están acusando de traición – comenzó a buscar entre las pertenencias que llevaba, hasta ese momento se percató Camus de que Saga llevaba consigo la caja de la armadura dorada de géminis.


                         - Shura… - musitó – fue él ¿cierto?


                         - ¿Escuchaste algo? – la agresividad en la pregunta hizo que Camus retrocediera.


                         - No, no estoy seguro… creo que en la enfermería él hablaba con alguien… pero no sé si lo soñé… yo… quédate Saga… por favor no vayas… creo que Shura planeó algo y…


                         - Tengo que ir.


                         - Si me amaras… te quedarías aquí por mi… por favor – se sintió algo vil utilizando sus sentimientos en su contra, pero aun así lo hizo.


                         - Camus… yo te amo – le sonrió antes de besarlo.


                         - ¿Entonces por qué no te quedas?


                         - Porque es mi deber – no pensaba explicarle, al menos en ese momento lo que había ocurrido.


                         - Saga… yo tuve un presentimiento, sé que si te vas ya no te volveré a ver y… no puedo aceptar eso… por favor – insistió – te lo pido, no te vayas… Saga – lo abrazó tan fuerte que temió asfixiarlo.


                         - Si no lo hago, pensarán que soy un traidor.


                         - Y si lo haces seguirán pensando lo mismo hasta que termines muerto…


                         - Tengo algo para ti… - señaló la caja de la armadura.

                         
                         - ¿Qué?


                         - La dejaré a tu cuidado, hasta que un día regrese – “¿Y si no regresas?”- pensó Camus, pero no dijo nada aunque Saga pareció leerle el pensamiento – Sí regresaré, sé que no debería prometértelo, pero te lo prometo… - sonrió.


                         - Espera, ¿no planeas llevarte la armadura?


                         - Me lo prohibieron… - comenzó a reír como si hubiera hecho una travesura – se supone que debía dejarla en mi templo, así que la tomé pero no la llevaré, para que cuando la encuentren se arrepientan por haberme llamado traidor – ahora hablaba muy serio – así que la dejaré aquí, cuando te den la armadura de Acuario, la llevarás a tu templo y la esconderás ahí.


                         - De acuerdo.


                         - Ahora… tengo algo más que darte – sacó una caja mucho más pequeña – te será útil – Camus intentó abrir la caja pero Saga lo detuvo – No, tienes prohibido abrirla hasta que nos encontremos de nuevo – nuevamente un pensamiento pesimista llegó a su mente pero lo reprimió – porque nos vamos a volver a encontrar.


                         - ¿Y si la abro antes? 


                         - Entonces estaré muy decepcionado de ti. Hasta luego Camus.



***



La siguiente semana fue un eterno cuestionamiento para el francés, lo tenían aislado y Shion no tenía ni idea de qué pensar, incluso le pidió su opinión a Aioros, pero solo consiguió tranquilizarse un poco, y es que Aioros era incapaz de dudar de Saga, no lo veía como a un traidor, pero tampoco pensaba que las suposiciones de Shura estuviesen por completo equivocadas, a pesar de verlos pelear constantemente, lo cierto era que sabía bien que en el fondo eran muy amigos. Si mal no recordaba Shion, Saga había dicho que alguien había puesto la daga en su habitación, así que decidió darle el beneficio de la duda, esperando poder arreglar las cosas cuando el de géminis regresara.



***



Saga fue a la ciudad de H. con el único objetivo de encontrar a Seat, no contaba con mucho dinero y sonrió al pensar que de haber llevado su armadura consigo quizá habría podido empeñarla. Algunas noches las pasó a la intemperie, algo que caracterizaba a la ciudad de H. era el estilo de sus plazas, los parques tenían entradas de concreto que los separaban de las avenidas y las calles principales. Fue muy conveniente para el de géminis ya que al menos podía recargar su cansado cuerpo contra la pared y cubrirse un poco del viento. Al décimo día tuvo que conseguir un trabajo, no sabía hacer muchas cosas, pero cuando quería podía ser una persona muy agradable y no tardó en ganarse la confianza de la gente de H. Incluso se había inventado una trágica historia en donde había perdido todas sus pertenencias y la dueña del local donde trabajaba no dudó ni un segundo en ofrecerle un cuarto donde dormir. Se sintió manipulador y a pesar de que las mentiras no se le daban de forma natural, la gente le creía.



Habían pasado casi tres semanas y comenzó a preguntarse qué estaba haciendo ahí, sin duda podría estar con Camus en ese momento, de pronto la cotidianidad de la ciudad comenzaba a impregnarlo con su embriagante aroma. Sentía como si perteneciera a ese lugar, como si el santuario no fuera más que un recuerdo muy lejano al que solamente seguía unido por su amor a Camus.



Salió a correr una mañana, comenzaba a pensar que Seat en realidad había muerto y quiso regresar sobre sus pasos para ir de vuelta con su adorado francés, quizá debería comprarle algún recuerdo de la ciudad de H., tal vez un día podrían ir de visita juntos y le mostraría todas las cosas que había conocido en aquel lugar. Quería mostrarle a Camus el mundo entero y pasar su vida juntos. Compró un café y se sentó en una banca. Un sujeto se sentó a su lado, llevaba una gabardina que cubría su rostro y un gorro de invierno.



                         - Te vi casi desde que llegaste… - su voz paralizó a Saga – pensé que venías en alguna misión pero los días pasaron y llegué a pensar que no eras tú… Me alegra mucho verte… Saga…


                         - Seat… - sonrió, una sonrisa se formó en sus labios a pesar de que había lágrimas en sus ojos - ¿Cómo es que…


                         - Es un buen lugar para vivir… - Saga asintió - ¿Qué haces aquí?


                         - Te he estado buscando – Seat lo miró consternado.


                         - ¿Cómo supiste que no era mi cuerpo? – preguntó antes de quitarle el café a Saga.


                         - En sí… no estábamos seguros, buscaron tu cuerpo en el cementerio del santuario, el patriarca no supo quién fue, pero nosotros sí, un tal Swom entró de alguna forma y se llevó tu cuerpo… buscaban un anillo… no tengo idea de cómo es que ese cadáver era igual a ti… Swom dijo que no eras tú, pensé que se trataba de una ilusión pero las ilusiones no toman forma física y… yo toqué tu rostro así que… no sabía qué pensar...



Seat reconoció el nombre de Swom, era el sujeto que se supone iría tras él según palabras de Ryu. Le explicó a Saga lo que había sucedido, le habló de las armaduras negras y de cómo había acabado con Ryu gracias al poder del anillo.



                         - Es tarde… debes ir a tu trabajo – dijo Seat con una sonrisa.


                         - Faltaré hoy… pediré el día libre – sentía que si dejaba a Seat volvería a desaparecer. 


                         - Te veo en la noche… - antes de irse lo abrazó con tanta fuerza que sintió que le faltaba el aire.

                         
                         - Te extrañé mucho – musitó.


                         - Y yo a ti – Seat intentó besar a Saga pero éste se alejó por instinto – Lo siento. Te veo aquí esta noche.



El día se le hizo eterno, cada segundo parecía durar años y la última media hora de la jornada lo llevó al borde de una crisis. La dueña del negocio notó la inquietud de Saga y le preguntó si se sentía bien, el de géminis sonrió y le dijo que sí. Más tarde volvió al mismo parque para su encuentro con Seat.



                         - ¿Sabes si ha alcanzado el cero absoluto? – preguntó Seat después de ponerse al corriente con lo sucedido en el Santuario.


                         - Es muy fuerte, pero no estoy seguro de que lo haya alcanzado aún – obviamente había omitido la parte en donde él se tiraba a Camus – Hubiera sido más fácil si les hubieras regresado el anillo desde un principio ¿no crees? Por algo Odín se los dejó a ellos – Seat negó con la cabeza. 


                         - Cuando dejé a Camus intenté devolverlo, perderlo en algún lugar y siempre regresaba a mí… porque es mágico…


                         - Estás bromeando ¿cierto? – Seat sonrió.


                         - Sí, la verdad es que, después de la pelea con Ryu… tuve un encuentro con el dios Odín… No creí que fuera él, de hecho, pensé que era ese tal Swom, si Ryu era muy fuerte, entonces Swom debía serlo también, así que me enfrenté a él y no pasaron ni dos segundos cuando ya estaba derrotado… supo lo que sucedió con Ryu y… me ofreció ser el nuevo guardián del anillo.


                         - ¡¿Por qué aceptaste?!


                         - Creí que de esa forma estaría más seguro... uno tiene que renunciar al amor para tener ese anillo… así ha siendo siempre… en mi caso… le pedí también renunciar a esa técnica.


                         - ¿Al cero absoluto? – Seat asintió.


                         - Si no podía utilizar esa técnica, entonces, la profecía del oráculo quedaba cancelada… solo que no pensé que Camus pudiera conseguirla en tan poco tiempo… - su voz se escuchaba algo desesperada.


                         - Pero… ya te dije que no sé si Camus puede usarla o no, solo sé que es fuerte.


                         - El asunto es… que la profecía no ha cambiado, entonces… jamás se refirió a mí… la profecía siempre habló de Camus…



Entonces Saga se sintió parte de una tragedia. Tanto esfuerzo, tantas mentiras y secretos no habían servido para nada. Recordó también que Shura le había dicho algo parecido tiempo antes, y al igual que en aquel entonces, volvió a negar que eso fuese posible.



                         - ¿Piensas que el tal Swom intentará algo contra Camus? – preguntó presa de la preocupación.


                         - No lo sé… no sé si el destino puede cambiarse… debemos acabar con Camus, Saga… - el de géminis lo observó incrédulo.


                         - NO… No dejaré que te acerques a él, ni tú ni nadie ¿entiendes? – se puso de pie.


                         - Saga… todavía no tiene la armadura… si dices que ahora es fuerte no podremos detenerlo después… por favor escucha – lo detuvo del brazo y lo miró a los ojos.


                         - NO, escucha tú… no hay nada que puedas hacer o decir para ponerme en contra de él – se soltó del agarre y se alejó – Creo que esto fue una pérdida de tiempo.


                         - Saga… ¿Qué harás si el día de mañana es el responsable de una nueva guerra? – el de géminis se detuvo.


                         - Lo que tenga que pasar, pasará… y yo estaré de su lado – Seat sintió celos, ya no podía sentir amor por Saga pero seguía sintiendo celos.


                         - Lo mataré… Sabes que lo haré ¿verdad?



Saga regresó sobre sus pasos y tomó del cuello a Seat.



                         - Le pones una mano encima y seré yo quien acabe contigo…


                         - Aghh – se quejó por la falta de aire, luego puso una de sus manos sobre el pecho de Saga y lo arrojó con tanta fuerza que por primera vez el de géminis sintió temor por el futuro de Camus.


                         - Ahh.. – los escombros de la pared quedaron sobre su cuerpo, de haber sido una persona normal habría quedado inconsciente por el golpe.


                         - ¿Estás con él o conmigo?


                         - Tengo algo… tengo algo que puede detener a quien sea… te preocupa que Camus sea el que inicie una nueva guerra ¡pero tú tienes el anillo, no hay forma de que te lo quite!... Esperemos… si algo sucede yo me encargaré de detenerlo.


                         - Ahh – suspiró - ¿Qué harás hasta entonces?


                         - Me quedaré contigo – lo dijo porque sentía que estando a su lado podría proteger a Camus, era su forma de mantener vigilado a Seat.


                         - ¿Piensas quedarte todo este tiempo lejos del Santuario?


                         - Esos caballeros negros… debe haber uno con mi rostro ¿no? – Seat asintió. Entonces una idea le vino a la mente a Saga.


                         - ¿Qué ocurre?


                         - Nadie supo cómo entraron al Santuario cuando saquearon el cementerio… hubo rumores de que había fantasmas por los pasillos…


                         - ¿Y eso?


                         - Creo que usaron portales… creo que mi otro yo fue quien los transportaba sin que nadie lo notara – musitó y estaba en lo cierto.



***



Tardaron una semana y unos cuantos días en encontrar al caballero negro de géminis, lo vieron con el de escorpio después de haber asaltado un negocio. Supieron entonces que originalmente estaban bajo las órdenes de Ryu, al principio solamente eran 6 impostores del zodiaco, géminis, virgo, escorpio, sagitario, acuario y piscis. Había sido Seat quien había aniquilado a 4 de ellos, primero a sagitario y después al de virgo, acuario y piscis. Así que ahora tan solo quedaban ellos (géminis y escorpio). La idea de Ryu era controlar la orden por completo, pero Seat acabó con él antes de que pudiera conseguirlo. Por su parte, Swom fue incapaz de continuar con los deseos de Ryu, y no solo les otorgó su libertad a géminis y escorpio sino que ya no hizo el intento de convocar a los 6 guerreros restantes, sí empleó al de géminis para entrar al Santuario y después consiguió a un par de santos de bronce y alguno que otro de plata, pero lo había hecho porque éstos eran muchísimo más débiles que cualquier otro guerrero.



Fue una suerte para Saga que su doble existiera, y cuando lo vio a los ojos se dio cuenta de que no era más que una marioneta, un tipo que había tenido la suerte o desgracia de toparse con Ryu un día. Se giró después de amedrentarlos, ya no tenía deseos de acabar con ellos. No le parecía necesario. Avanzó un par de metros cuando escuchó la queja de ambos, el de escorpio estaba casi destrozado y había rastros de hielo en sus heridas, al de géminis tan solo lo acabó con un golpe.


                         
                         - ¿Y así dices que detendrás a Camus? – Saga apretó los puños, el que tenía delante de sí, ya no era el mismo Seat que conocía.


                         - Haré lo que tenga que hacer, cuando llegue el momento.



***



Swom encontró el cuerpo del caballero negro de escorpio, había rastros de congelación en él y una intensa ira recorrió su cuerpo. Había perdido el contacto con Shura y dejó una nota pidiendo que entregaran al dueño del cero absoluto, más para llamar la atención del español que porque realmente le interesara Camus, del cual ni siquiera sabía su nombre.



Sin embargo, esa simple nota que encontraron fue suficiente para que Shion mantuviera a Camus casi preso en su recinto. El patriarca pensaba que tenerlo cerca era la manera más efectiva de que estuviera a salvo. Y una semana después, dejaron el cuerpo del de géminis en las cercanías del Santuario.



                         - Se ve como yo – dijo Saga.


                         - ¿Hay algo que siempre uses? ¿Algo que quieras dejar con él?



Saga se arrodilló y le colocó un anillo. Era el par del que le había obsequiado a Seat años antes. Seat no recordaba haber visto a Saga utilizándolo, y de hecho, el de géminis jamás lo usaba, si lo puso en el cuerpo de su doble fue porque al deshacerse de ese anillo, morían por completo sus sentimientos hacia Seat.



                         - Pensé que no lo usabas… es como el anillo que me regalaste ¿no? – dijo Seat.


                         - Lo empecé a usar cuando te fuiste – mintió y por primera vez, Seat no se percató de la mentira.



***



No tardaron en encontrar el cuerpo de Saga, Milo y Lesath regresaban de una misión cuando sucedió el hallazgo, el chico escorpión de inmediato fue a avisarle al patriarca y fue inevitable que algunos de los dorados se enteraran en el camino.



                         - Este no es Saga… - dijo Camus, nadie se había percatado de su presencia, a decir verdad, había escapado congelando los barrotes de la ventana cuando escuchó la voz de Milo. 


                         - Camus… - dijo Shura con la voz quebrada, Aioros había intentado decir algo pero el dolor le impedía hablar.


                         - Este no puede ser Saga… Saga es fuerte… es el más fuerte – dijo Camus mientras jalaba un poco la ropa de Aioros, era como un niño pequeño buscando la aprobación de sus padres, pero no obtuvo nada más que la mirada triste del arquero. Camus creyó escuchar un sollozo por parte del de sagitario, pero no estuvo seguro de ello – No… - contuvo la respiración un instante que le pareció eterno.



Todos quedaron destrozados con la noticia y cada uno lidió con el dolor a su modo. Shura se encontró con Swom después de un par de semanas, lo había estado evitando hasta que le fue imposible seguir haciéndolo.



                         - ¿Lo hiciste tú?


                         - Dejé la nota porque quería que vinieras…


                         - No mientas – dijo con verdadero odio – No hablo de la estúpida nota, me refiero a Saga – Swom negó con la cabeza y se arrepintió en ese momento de jamás haberle contado acerca de las armaduras negras.


                         - No… creo que…


                         - No quiero saberlo… no me interesa… me temo que ya no puedo cumplir mi promesa de ayudarte… - él no era de los que rompían promesas, así que fue una difícil decisión para él. Se sentía decepcionado de sí mismo.


                         - Shura, espera…



El de capricornio no se detuvo.



***



Saga pensó en varias ocasiones alejarse de Seat de una vez y por completo, pero tenía la impresión de que si se iba, entonces pondría a Camus en peligro, por eso prefería quedarse. El problema fue que con Seat se cansaba demasiado, bastaba que lo dejase solo algunas horas para encontrarlo con las manos ensangrentadas, algo había ido cambiando en su interior lentamente, a veces parecía el mismo pero se debía a los reflejos que aún guardaba su cuerpo, como cuando abrazaba a Saga, no lo hacía porque quisiera sino porque estaba acostumbrado a hacerlo.



                         - ¿A dónde fuiste? – preguntó mientras lo ayudaba a quitarse la sangre de encima.


                         - No recuerdo… - su cuerpo temblaba y Saga tuvo que abrazarlo para intentar que se calmara un poco. Era como si entrara en una especie de trance del que le era muy difícil salir.


                         - Por favor no salgas sin mí – musitó Saga para vendar sus manos que también estaban heridas.


                         - Ya no puedo con esto Saga… - dijo con voz temblorosa.


                         - Todo estará bien… - mintió, lo cierto era que ni él mismo sabía a dónde iban a parar. Se preguntó si estaría destinado a estar lejos de Camus para siempre, sufría al pensar que ya jamás lo volvería a ver, le dolía la promesa que le había hecho un día acerca de regresar, lo lastimaba el simple recuerdo del francés.



En pocos meses Seat había ido acabando con cada uno de los aliados de Swom, y al final terminó con el mismo Swom, no fue una pelea larga, a decir verdad, y sin importar cuán poderosa fuera la defensa de Swom, el poder de Seat se había incrementado hasta niveles indecibles. Y después, tuvo la idea de acabar con el problema de raíz, por algún motivo pensó que el oráculo era el causante de todo, así que creyó que sin ellos, no habría de qué preocuparse. Ya ni siquiera era capaz de ver la muerte que dejaba a su paso, creía que las cosas que hacía estaban justificadas para evitar un mal mayor.



***



La noticia de que había anormalidades en el oráculo llegó al Santuario, y Shion decidió enviar a Camus. Shura no tardó en aparecerse en el recinto del patriarca para ofrecerse como compañero del francés. El peliverde no recordó en ese momento que había visto esa actitud antes pero en otras personas, es decir, no recordaba que Seat era el que se ofrecía acompañar a Shura en sus misiones cuando éste acababa de entrar a la orden.



Cuando Shura y Camus partieron, lo hicieron discutiendo, Aioros suspiró, de cierta forma el francés le recordaba a Saga, no es que fuera tan conflictivo, a decir verdad, Camus solamente discutía con Shura. Les entregó un mapa y les dijo que los integrantes del oráculo habían desaparecido sin dejar huella, ellos tendrían que ir y hacerla de vigías hasta resolver el misterio. Partieron temprano para poder llegar a D. antes de mediodía. Pensaban estar allá al menos dos o tres días, sin embargo, cuando estaba anocheciendo una sombra se interpuso ante ellos. Ninguno lo reconoció en ese instante, tan solo fue como si una serie de golpes los atacara sin que supieran bien de dónde provenían.



                         - Camus… - la voz de Seat los sorprendió a ambos – Es un agradable encuentro el nuestro… 



Y antes de que pudieran reaccionar, otra ráfaga de golpes los atacó, era como si estacas de hielo atravesaran sus cuerpos. Shura intentó utilizar Excálibur pero Seat fue más rápido y esquivó el golpe tan solo para acercarse a ambos. El español se colocó frente al cuerpo de Camus para protegerlo, así que cada fragmento de hielo que perforaba su cuerpo llegaba hasta el francés dañándolo con menor intensidad. Las heridas de Shura eran terribles y sangraban copiosamente. Las de Camus, no eran tan profundas y habían quedado marcadas con perfecta sincronía con las del de capricornio.



Ambos cayeron de lleno al suelo, Seat estaba por acabar con Camus, quería atravesar su cabeza para asegurarse de que muriera, sin embargo, justo antes de hacerlo, Saga desvió el golpe y consiguió que la herida se limitara a un corte en la sien.



                         - Vamos a casa – musitó con tranquilidad, esa clase de frases conseguían que Seat recuperara la cordura un instante.



Seat asintió antes de desvanecerse, la gran cantidad de poder que poseía dañaba su cuerpo. Saga aprovechó ese lapso de tiempo para detener la hemorragia de Shura y Camus. Luego utilizó el Satán Imperial para borrar de su mente ese encuentro, esa técnica originalmente solo podía ser utilizada por el patriarca, sin embargo, en algún momento de su juventud la había practicado porque le parecía muy útil. Llegó a las cinco con diez al Santuario, el sol aún no salía y se limitó a dejar los cuerpos ahí, malheridos a las afueras del templo de Aries. Mu sintió apenas el cosmos de Shura y segundos después el de Camus, no se percató de que Saga había estado ahí también.



                         - Shura… - musitó acercándose al cuerpo del español – dioses… - observó las heridas y maldijo en ese instante el no poder teletransportarse a otros templos, así que, con temor a moverlos, corrió lo más rápido que pudo en busca de Aldebarán.



Continuará…

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