sábado, 12 de enero de 2013

Capítulo 9: La caja - Abril 20.2010



Capítulo 9: La caja



La situación en el Santuario empeoró, era como si algo hubiera oscurecido el lugar entero. Por algún motivo era Shura quien mantenía a Saga al tanto de lo que acontecía en el recinto del patriarca, posponían sus acostumbradas discusiones para dialogar con una seriedad que pocas veces mostraban entre sí. 



                    - ¿Ya lo sabe Shion? – preguntó el de géminis.


                    - No – respondió Shura – pero creo que deberíamos investigar primero…


                    - Tuve un sueño…


                    - ¿Qué soñaste? – encendió uno de sus cigarrillos antes de sentarse al lado del mayor.


                    - Soñé con Camus… - Shura puso cara de fastidio – no, pero escucha, lo interesante es que… ya habían pasado años… él ya era el caballero de Acuario y… yo no estaba aquí – el ambiente comenzó a sentirse pesado. 


                    - Eres mucho mayor que Camus, para cuando se convierta en el dueño del onceavo templo tú te estarás retirando… - dijo con burla antes de tener que esquivar un despertador que Saga le había arrojado.


                    - Lo digo en serio, me preocupa no estar aquí cuando eso pase…


                    - Lo estarás – ambos sintieron que estaba mintiendo, pero no dijeron nada al respecto.



*** 



Con los días Camus se dio cuenta de que Saga no estaba molesto, sino que estaba profundamente herido, lo sentía distante y a pesar de que a veces seguían durmiendo en la misma cama, las palabras entre ellos casi habían desaparecido.



                    - ¿Saga? – no hubo respuesta - ¿Estás enojado? – sentía que últimamente hacía demasiado esa pregunta, o tal vez era que la había hecho tantas veces en su cabeza que ahora tan solo le resultaba familiar.


                    - ¿Estás enamorado de él? – Camus se sonrojó levemente, sus sentimientos eran confusos incluso para él mismo. ¿Qué si estaba enamorado de Milo? No lo sabía, tan solo sentía un extraña ansiedad y nerviosismo cuando estaba a su lado.


                    - No lo sé…


                    - No lo sabes… - repitió mientras buscaba algo en una de las cómodas de la habitación – eso quiere decir que existe la posibilidad de que sí lo estés…


                    - Sabes Saga… me cansa mucho que me estés reclamando todo el tiempo… tú y yo ni siquiera somos… algo… - Saga cerró los ojos para suprimir la expresión de dolor, no entendía cómo alguien que había entrado a su vida hacía tan poco tiempo podía lastimarlo tanto.



Había estado todos esos años sin Camus y había sobrevivido, ¿cómo es que ahora lo necesitaba? Y de pronto sintió el deseo de llorar y le pareció tan patético y tan ridículo que una sonrisa irónica abandonó sus labios. 



                    - Entonces mataré a ese imbécil… - dijo con seriedad.


                    - No le harás daño… - Camus se le acercó.


                    - ¿Quién me lo va a impedir? ¿Él?... ¿Su maestro?... ¿Tú? – a Camus solía causarle algo de temor cuando Saga adoptaba esa actitud, era en esas ocasiones cuando sentía que se enfrentaba a alguien realmente poderoso. 


                    - Por favor, Saga… no te ha hecho nada…


                    - No, el que me está traicionando eres tú…


                    - No te estoy traicionando… - Saga dejó de buscar para hacerle frente al francés.


                    - ¿Y cómo le llamas a eso entonces? ¿Duermes conmigo y después vas a besarlo a él? No Camus… las cosas van así… y no te pediré que me elijas, porque sé que no lo harás… - le dolía en el alma aceptar de esa forma lo que pensaba era realidad – me voy.


                    - Espera… ¿a dónde vas?


                    - Ya te lo dije… me desharé del chico escorpión… - le sonrió a Camus causándole escalofríos.


                    - No, no lo harás… no puedes…


                    - No debería, pero claro que puedo… y créeme que lo haré…


                    - Saga por favor… - le suplicó, no sabía si creerle o no pero se sentía tan agotado emocionalmente que solo pudo dejarse caer – lo lamento… de verdad lo siento…


                    - ¿Tanto lo amas? – le preguntó Saga mientras lo tomaba en sus brazos.



Y en su voz ya no hubo más ira. Tan solo quedaba la tristeza y el dolor, entonces Camus supo que lo quería… solo Saga era capaz de provocarle esa sensación de bienestar con un simple abrazo.



***



Para cuando Shaka regresó a su habitación Heze había terminado de entrenar, a veces el rubio se preguntaba de dónde sacaba tanta energía y se cuestionó también si un día llegaría a ser como él. Se recargó en una columna, se sentía cansado, entonces, una voz muy familiar le hizo ponerse a la defensiva aunque fingió mantener la calma. 



                    - Llegas tarde – le recriminó Heze.


                    - Estuve entrenando con Aio…


                    - No me interesan tus excusas… - lo interrumpió antes de golpearlo por primera vez.



Fue extraño, Shaka ya se esperaba algo por el estilo y aún así lo tomó por sorpresa.



                    - Tus enemigos no esperarán a que te pongas en guardia ¿sabes? – y el rubio estaba consciente de ello, pero tampoco podía esperar que alguien que no se suponía que fuese su enemigo lo atacase. Pensó en decírselo, pero algo en su interior le hizo permanecer callado, soportando los ataques que apenas podía esquivar.



A veces tenía la impresión de que el único objetivo de su maestro era matarlo antes que cederle la armadura, y por un instante sintió que ésta vez lo conseguiría. Cerró los ojos, estaba muy cansado, pero el golpe final jamás llegó.



                    - ¿Estás bien? – el rubio abrió los ojos al escuchar la pregunta, que si mal no suponía, iba dirigida a él. Intentó articular alguna palabra, pero la voz no salió de sus labios – Tranquilo… te llevaré a la enfermería.


                    - No… - musitó Shaka antes de ver con terror como a varios metros de distancia su maestro se ponía de pie dispuesto a atacarlos.


                    - ¡EXCALIBUR! – alcanzó a escuchar antes de desvanecerse.



***



                    - Sé que no estás dormido – dijo Saga colocándose sobre su cuerpo. Hizo presión sobre las mejillas del menor para obligarlo a besarlo.


                    - No mm..


                    - ¿Sabes? Me gusta cuando te resistes.



Y a él le gustaba resistirse, pero no se sentía muy bien ese día.



                    - No Saga… no quiero… estoy cansado y además… tengo frío…


                    - Yo podría calentarte.


                    - No… - se removió entre sus brazos.


                    - Espera… ¿Tienes frío? Tú no puedes tener frío… todas tus técnicas involucran hielo… ¿no tendrás fiebre?



Lo abrazó con más fuerza para inmovilizarlo y colocó bruscamente su mano derecha sobre la frente del francés.



                    - Oye… espera… ¡me vas a torcer el cuello!


                    - Te llevaré a la enfermería…


                    - Espera… - puso su mano sobre el brazo del mayor – tan sólo quédate así… - Saga se quedó inmóvil durante algunos segundos.


                    - No, te llevaré a la enfermería.



***



                    - ¿Cómo te ha ido con Shaka? – preguntó Milo mientras habría un caramelo y le daba la mitad a Aioria.


                    - No ha pasado nada…


                    - Por supuesto que no, jamás se fijaría en ti… tan solo míralo – dijo bromeando antes de sentir que el de leo se le echaba encima. En eso tenía mucho parecido a su signo, era muy instintivo y solía acorralar a Milo cada vez que discutían – tráelo mañana.


                    - ¿Qué?


                    - Tráelo y yo invito a Camus. Creo que ellos dos sí se llevan bien.


                    - ¿En serio? ¿Cómo lo sabes?


                    - No lo sé, tal vez por la forma en que se expresó de él el día que me fue a visitar al hospital… ahora… muévete, tengo calor – empujó el cuerpo de Aioria.


                    - ¿No quieres… - no terminó la pregunta cuando el escorpión le sonrió y se apoderó de sus labios.



***



Se encontraron en la enfermería. Mantuvieron una breve conversación que Camus no alcanzó a escuchar y luego Saga entró para avisarle que iría por algo a su templo. El silencio del lugar, sumado al medicamento que le habían administrado le hizo sentirse somnoliento, abriendo los ojos ocasionalmente cuando escuchaba algún sonido, y de pronto creyó oír a Shura hablar, parecía decir algo de Saga, y se esforzó en poner algo de atención, se sintió sorprendido un instante con la idea de advertirle al mayor, y luego se quedó dormido.



                    - Ya vine – dijo el de géminis casi una hora después.

                    
                    - Bien, porque ya me retiro…


                    - Dejarás aquí al rubio… - afirmó pero algo en su declaración se sentía como pregunta.


                    - Vendré más tarde por él.


                    - ¿Por él?


                    - Si tengo éxito lograré que Heze lo deje en paz… - se dirigió a la puerta pero se detuvo casi al lado de Saga – le comenté al patriarca mis sospechas sobre ti… no te sorprendas si te manda en alguna misión casi suicida…



Saga ya se esperaba algo así y observó a Camus durmiendo tan tranquilamente, que por un segundo se arrepintió de todas las malas decisiones que había tomado durante su vida.



***



Era un día extraño, había despertado en su habitación y no vio a Saga, al parecer éste estaba en el recinto del Patriarca tratando algún asunto del que no había querido hablar.



                    - ¿Entonces?


                    - ¿Perdón?


                    - Camus… ¿Qué te preocupa ahora? – Milo apoyó su barbilla sobre ambas manos delante del francés.


                    - Nada… es solo que… siento que algo malo pasó o que olvidé algo, no sé… no estoy seguro.


                    - Bueno, por el momento no puedes hacer algo al respecto ¿o si?


                    - No…


                    - Entonces, ¿por qué no mejor vienes conmigo con Aioria? Él invitará a Shaka – vio que Saga se acercaba y pudo notar como el rostro de Camus cambiaba con solo verlo.

                    
                    - Vámonos Camus… - jaló al menor de un brazo, Aioros se encontraba algo lejos pero se puso al tanto de la situación.


                    - Me preguntaba si… podría ir con Aioria, Shaka y Milo…


                    - No… - el arquero se acercó al ver que tanto Saga como Camus se detenían.


                    - ¿Qué pasa? – preguntó Aioros.


                    - Camus quiere ir con tu hermano y el chico escorpión.


                    - ¿Y qué tiene de malo? Vamos Saga… nosotros pasábamos todo el tiempo juntos ¿lo recuerdas? También Seat venía siempre… - Saga miró fijamente al arquero y Camus desvió la mirada al suelo al escuchar el nombre de su antiguo maestro.


                    - Déjame hablar con Camus a solas.


                    - Claro… - Aioros sintió que había dicho algo malo.


                    - Convénceme con un beso… - dijo Saga cuando Aioros estuvo lo suficientemente lejos.


                    - No…


                    - ¿Por qué no?


                    - Aunque lo haga no me dejarás ir.


                    - Inténtalo… - tomó el cuerpo de Camus para acercarlo al suyo antes de sentir sus labios acariciándose con dulzura. Hubo algo nostálgico en ese beso – está bien, puedes ir.


                    - ¿En serio? – dijo Camus sorprendido antes de abrazar a Saga y volverlo a besar.



El francés fue con Milo mientras Saga se acercaba a Aioros.



                    - Aioros…


                    - Dime.


                    - Quiero pedirte algo – la inusual seriedad de Saga le hicieron sentir algo extraño.


                    - ¿Qué pasa?


                    - Quiero que cuides de Camus si algo llega a pasarme.


                    - ¿Qué?


                    - ¿Lo prometes?


                    - No seas tonto Saga, eres uno de los caballeros más fuertes del santuario, nada podría pasarte.


                    - Por favor.


                    - De acuerdo, te lo prometo, pero créeme que no será necesario.


***



Comenzó a haber demasiado movimiento en el recinto del patriarca y en el santuario en general. Ellos se dieron cuenta cuando Aioros entró a decirles que no salieran por ningún motivo y un terrible presentimiento invadió a Camus.



                    - Tenemos que ir – dijo el francés.


                    - Pero Aioros dijo que… - comenzó a decir Aioria pero Camus ya estaba saliendo.



El resto fue confuso. Camus corrió hasta donde iniciaba el primer templo y tuvo el deseo de subir, había guardias corriendo por todos lados y por un segundo se sintió más tranquilo cuando vio a Saga dirigirse rumbo a su habitación, lo siguió de inmediato, creyó ver a Shura a cierta distancia pero no le prestó atención.



                    - ¿Qué sucede?


                    - Me voy…


                    - ¿Irte? ¿a dónde? – preguntó Camus.


                    - Me están acusando de traición – comenzó a buscar entre las pertenencias que llevaba, hasta ese momento se percató Camus de que Saga llevaba consigo la caja de la armadura dorada de géminis.


                    - Shura… - musitó – fue él ¿cierto?


                    - ¿Escuchaste algo? – la agresividad en la pregunta hizo que Camus retrocediera.


                    - No, no estoy seguro… creo que en la enfermería él hablaba con alguien… pero no sé si lo soñé… yo… quédate Saga… por favor no vayas… creo que Shura planeó algo y…


                    - Tengo que ir.


                    - Si me amaras… te quedarías aquí por mi… por favor – se sintió algo vil utilizando sus sentimientos en su contra, pero aún así lo hizo.


                    - Camus… yo te amo – le sonrió antes de besarlo.


                    - ¿Entonces por qué no te quedas?


                    - Porque es mi deber.


                    - Saga… yo tuve un presentimiento, sé que si te vas ya no te volveré a ver y… no puedo aceptar eso… por favor – insistió – te lo pido, no te vayas… Saga – lo abrazó tan fuerte que temió asfixiarlo.


                    - Si no lo hago, pensarán que soy un traidor.


                    - Y si lo haces seguirán pensando lo mismo hasta que termines muerto…


                    - Tengo algo para ti… - señaló la caja de la armadura.


                    - ¿Qué?


                    - La dejaré a tu cuidado, hasta que un día regrese – ¿Y si no regresas? - pensó Camus, pero no dijo nada aunque Saga pareció leerle el pensamiento – Sí regresaré, sé que no debería prometértelo, pero te lo prometo… - sonrió.


                    - Espera, ¿no planeas llevarte la armadura?


                    - Me lo prohibieron… - comenzó a reír como si hubiera hecho una travesura – se supone que debía dejarla en mi templo, así que la tomé pero no la llevaré, para que cuando la encuentren se arrepientan por haberme llamado traidor – ahora hablaba muy serio – así que la dejaré aquí, cuando te den la armadura de Acuario, la llevarás a tu templo y la esconderás ahí.


                    - De acuerdo.


                    - Ahora… tengo algo más qué darte – sacó una caja mucho más pequeña – te será útil – Camus intentó abrir la caja pero Saga lo detuvo – No, tienes prohibido abrirla hasta que nos encontremos de nuevo – nuevamente un pensamiento pesimista llegó a su mente pero lo reprimió – porque nos vamos a volver a encontrar.


                    - ¿Y si la abro antes? 


                    - Entonces estaré muy decepcionado de ti. Hasta luego Camus.



El menor se quedó ahí en su habitación, sintiendo que su vida había cambiado en un instante y que él no había estado presente. Pensó en todo aquello que dijo, lo que no y lo que pudo decir… esa noche no durmió, tampoco podría hacerlo las posteriores.



Continuará…

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