sábado, 12 de enero de 2013
Capítulo 10: Traición - Febrero 11.2011
Capítulo 10: Traición
Los rumores en el Santuario se esparcieron a la velocidad de la luz, no hubo santo dorado que no opinara al respecto ni tampoco quién defendiera a Saga. Entonces Camus, se convirtió en sospechoso, Shion le mandó llamar de inmediato y lo interrogó durante horas sin obtener ninguna respuesta que le dejara satisfecho, le había preguntado si sabía dónde estaba Saga, si el mayor había intentado ponerse en contacto con él y de qué habían hablado la última vez.
- ¿Cómo era tu relación con Saga? – esa pregunta siempre turbaba al de acuario, era la única pregunta que hacía que perdiera la compostura y actuara nervioso.
- Era… normal… como cualquier otra… relación Maestro – discípulo… - pero Shion sabía que mentía y quería matar al bastardo de Saga por haberse metido con Camus, ¿qué pensaría Seat si hubiera sabido que su sucesor terminaría en manos de un depravado traidor como Saga? Y luego notaba la tristeza de Camus, quizá, en realidad no tenía idea de lo que había sido del de géminis.
- Puedes retirarte, y dile a Aioros que ya puede pasar – Camus asintió con la cabeza, no estaba muy seguro de qué era lo que estaba sucediendo, lo habían mantenido casi aislado, no tenía permitido entrenar y las comidas las realizaba solo en su habitación, solamente el primer día después de que Saga se fuera pudo regresar a su dormitorio, le prohibieron salir de ahí y cuando descubrieron que Milo lo fue a visitar a escondidas un par de horas por la tarde, el patriarca decidió trasladar a Camus a una habitación contigua a la suya, había guardias que lo custodiaban día y noche, quebrantando así el ánimo del francés. Nunca antes se había sentido tan solo.
El cuestionamiento se había repetido toda la semana, a veces cambiaba el orden de las preguntas pero no llegaba a nada, era como si Saga se hubiera esfumado, de nada le sirvió mandar a casi la mitad del santuario a buscarlo, el muy bastardo tan solo había desaparecido, junto con la armadura dorada y cierto objeto que hasta ese entonces no sabían que tenía en su poder.
- ¿Me mandó llamar? – preguntó Aioros.
- ¿Han sabido algo de Saga?
- Aún nada… - parecía más pensativo que de costumbre el arquero.
- ¿Sucede algo?
- Me preguntaba… ¿qué pasará con Camus? ¿Seguirá su entrenamiento?
- Aún no lo sé. ¿Has hablado con él?
- Sí, lo he visitado varias veces pero… no dice nada que no sepamos ya… creo que en realidad no estaba al tanto de lo que sucedía con Saga… y… se le ve triste… - ya había notado eso el patriarca, pero hizo caso omiso al comentario del arquero, no tenía tiempo para culpabilidades.
- ¿Y Shura? ¿Has hablado con él?
- Sí, pero insiste en que Saga es un traidor que pensaba vender la seguridad del Santuario…
- ¿Y tú qué piensas?
- Yo… preferiría quedarme al margen de esto…
- Aioros… - insistió el patriarca, sabía que ponía en una encrucijada al de sagitario, pero era su mano derecha, era el caballero en el que más confiaba, así que su opinión tenía un peso irremediable, y eso lo sabía Aioros, y por ese mismo motivo prefería guardarse sus comentarios – Te prometo que no me basaré en lo que digas, tan solo quiero saber tu opinión… todo esto… fue inesperado, es como si anduviera a ciegas, por favor… - el menor se sonrojó un poco, de pronto se sentía el centro de atención, aunque solamente fuera de una sola persona.
- Es que en realidad no sé qué pensar… Saga… puede ser infantil, irresponsable y en ocasiones, en verdad es borde y se comporta como idiota – sonrió al recordar todas las ocasiones en que lo veía discutiendo con Milo o Shura, pero también le venía a la mente la imagen de Saga dándole consejos a Aldebarán, y su rostro realmente preocupado por Camus – pero… no creo que sea un traidor… - al fin lo dijo, sintió como si un gran peso cayera de su espalda, todos sus compañeros no hacían más que hablar mal de Saga, como si fuera lo peor que le hubiera pasado al Santuario, pero ellos no lo conocían como Aioros, ellos no lo habían visto en sus peores ni en sus mejores momentos, ellos tan solo se habían quedado con la idea de que era el más poderoso de la orden y que ahora, era un traidor.
- Entonces, ¿piensas que Shura miente?
- … ESE es el problema… conozco a Shura… si tuviera que confiarle el cuidado de Aioria a alguien, elegiría a Shura, porque sé… que haría un excelente trabajo, sé que lo guiaría por el camino correcto y que, al final, le estaría eternamente agradecido… no creo que Shura mienta, lo conozco…
- ¿Entonces?
- No lo sé, creo que… lo mejor es esperar a que aparezca Saga y… dejar que nos dé su versión de la historia antes de sentenciarlo…
- Tienes razón… Puedes retirarte… - Aioros se dirigió a la puerta pero el patriarca lo detuvo a último momento – Ah… Aioros.
- ¿Sí?
- Ve a ver cómo está Camus… esto de aislarlo no da resultados, llévalo contigo un rato…
- Así lo haré.
- Aioros – el arquero detuvo nuevamente su paso – Mandaré a Lesath, junto con Milo y Death Mask en una misión, creo que será bueno que Camus vaya.
- ¿Cuándo se van?
- En la tarde.
***
Shaka se despertó de golpe cuando escuchó el sonido en la puerta, buscó desesperadamente el reloj y maldijo en silencio haberse quedado dormido, pensó miles de cosas mientras se ponía de pie, avanzó hacia el guardarropa, pero pensó que su maestro se pondría furioso si le hacía esperar más tiempo, así que sin importarle encontrarse tan solo en ropa interior, abrió la puerta.
- Lo lamento, olvidé poner la alarma y… - comenzó a excusarse - ahh… yo… pensé que era… mi maestro – terminó musitando cuando vio que delante de él, con cigarrillo en mano, se encontraba el guardián de capricornio.
- ¿Puedo pasar? – preguntó sin despegar la mirada del apetecible cuerpo de Shaka, éste no tardó en notarlo y se sonrojó con violencia arrepintiéndose de no haberse tomado el tiempo para cambiarse de ropa.
- Claro… yo… iré a cambiarme.
Shura sonrió, habría sido hipócrita de su parte fingir que no le gustaba Shaka. Observó a su alrededor, el cuarto solamente contaba con una diminuta cama con las sábanas desordenadas, a unos cuantos pasos estaba una mesa y una silla, se veía muy vacía la habitación, no había objetos personales ni nada que hablara acerca de la vida del rubio antes del Santuario. Avanzó un par de pasos hasta un pequeño rincón, ahí había unos cuantos cojines y restos de incienso.
- ¿Sucede algo? – preguntó y Shura lo observó, se veía igual de deseable que minutos antes, pero al menos así, con ropa de entrenamiento, podía concentrarse mejor.
- ¿Hay alguna técnica que te falte por aprender?
- Pues… - retorció sus manos con cierto nerviosismo – creo que ya sé cómo utilizarlas… pero… eso no… es decir, algunas nunca… las he puesto en práctica - Shaka se veía muy incómodo, y sonrió levemente pensando que seguramente ahora Shura creería que no era más que otro niñato que no sabía de qué hablaba.
- ¿Por qué no? – Shaka no respondió, en cambio seguía empeñado en jugar nerviosamente con sus manos, su comportamiento le llamó mucho la atención a Shura, pocas veces lo había visto entrenar, pero sabía que Shaka había impresionado al mismo Saga, incluso el Patriarca estaba consternado por su fuerza, así que no entendía muy bien de dónde venía toda esa inseguridad – Shaka… ¿me estás escuchando? – el rubio se sobresaltó al darse cuenta de que se había perdido en sus pensamientos, de haber hecho eso con su maestro ahora estaría siendo golpeado contra alguna columna, así que le sorprendió gratamente la paciencia del de Capricornio.
- Lo siento… ¿qué decías? – dijo Shaka realmente apenado.
- Ven – Shura se puso de pie y tomó una de las manos de Shaka – te invito a desayunar.
- Pero… tengo que entrenar y… es tarde…
- Sí, tenemos que hablar respecto a eso.
***
- ¿Vienes a interrogarme de nuevo? – se notaba el fastidio tanto en su voz como en su aspecto en general – porque si es así, al menos me gustaría saber de qué están acusando a Saga.
- No vengo a interrogarte – dijo Aioros – vengo a sacarte de aquí. Avanzaron por los pasillos del santuario hacia uno de los campos de entrenamiento.
- ¿A dónde vamos?
- Pues... debes seguir entrenando, pensé que tal vez te gustaría unirte a Aioria y Milo… Hablé con Shura también y… se ofreció a ser tu maestro hasta que Saga regrese…
- Preferiría que no fuera él.
- ¿Tienes algún problema con Shura? – el menor no respondió pero el gesto en su rostro dejó a Aioros pensando – Camus, aunque se la pasaran discutiendo todo el tiempo, ellos en verdad se llevan bien… no le guardes rencor a Shura… él solo hace lo que piensa que es correcto, igual que todos nosotros.
- ¿De qué están acusando a Saga? – Aioros se vio a si mismo algo comprometido, por un lado sentía que debía ser honesto con Camus pero le preocupaba estar hablando de más – Aioros… por favor…
- Han… sucedido ciertas cosas en el Santuario… prácticamente se han burlado de la seguridad de este lugar y… hasta el momento no sabemos de qué va todo este asunto… no sé si te habrás dado cuenta de que, la mayoría hemos estado algo ausentes, en especial Lesath, el maestro de Milo – Camus asintió – Bueno, es porque el patriarca nos había enviado a investigar…
- Ah… - ahora entendía por qué Milo se la pasaba todo el tiempo entrenando con Aioria – pero, yo pensé que… - se quedó en silencio y Aioros pudo notar que Camus estaba contrariado.
- ¿Pensaste que Lesath era un irresponsable? – el francés se sonrojó al verse descubierto.
- No, no… no pensaba eso – mintió.
- No te preocupes… la mayoría piensa eso de él porque aprovecha las misiones para conocer lugares, comida, personas… así que por lo regular se toma más tiempo del necesario y descuida mucho el entrenamiento de Milo, pero… en cuanto a Saga… él… no pudo justificar todas sus ausencias.
- ¿Justificar?
- Después de cada misión, tenemos que entregar un reporte y… Saga tan solo se ausentaba del santuario sin decir a dónde o por qué iba…
- ¿Y eso lo hace un traidor? ¿Qué fue lo que dijo Shura de él?
- ¿Por qué piensas que fue Shura?
- Escuché que Shura había hablado con el patriarca… - mintió, en realidad no estaba seguro de que el español tuviera algo que ver, pero las reacciones de Saga y de Aioros le hacían pensar lo contrario.
- ¡Camus! – el grito de Milo hizo que toda la tensión que se había acumulado con la conversación desapareciera – Estaba muy preocupado por ti, ¿estás bien? Hola Aioros – dijo al darse cuenta de la presencia del arquero, en ocasiones parecía como si al ver a Camus no fuese capaz de ver a nadie más.
- Hola Milo.
- Sí… - respondió.
- Qué bueno, porque… ¡tenemos una misión! Pero primero iremos a comer… ¿ya comiste? – Camus volteó a ver a Aioros.
- ¿Puedo ir? – preguntó, aún no estaba seguro de qué cosas podía hacer y qué no.
- Claro, bueno, yo los dejo, hasta luego – dijo Aioros, y Milo se despidió de él con una gran sonrisa. Le tenía un aprecio inmenso al arquero.
- Mi maestro nos llevará a un lugar que conoce, dice que hacen la mejor lasagna que ha probado en Grecia, es que a Death Mask le gusta la lasagna… - siguió hablando, era como si hubiera juntado un montón de anécdotas en esos días que no se habían visto.
A Camus Le pareció un tanto curiosa la forma en que se expresaba Milo de su maestro, y le sorprendió aún más darse cuenta de que su relación era tan… agradable, no encontraba otra palabra para describirla, Aioros tenía razón, Lesath, al igual que Milo, era de esas personas que disfrutan enormemente la vida, amaba la buena comida y tenía muchísimas historias qué compartir con ellos, era como si hubiera vivido durante siglos en libertad, era muy diferente a cualquier otro caballero del Santuario. No pudo evitar compararse con ellos, en su caso, Saga podía ser el más poderoso de la orden, era protector, justo (siempre y cuando no se tratara de Camus), pero su relación no se comparaba a la de Milo y su maestro, quizá por todas esas cosas que tal vez no debían haber pasado. Quizá si nunca hubieran hecho nada, ahora su relación sería distinta.
- ¿Qué sucede Camus? – preguntó el maestro de Milo - ¿No te gustó la lasagna?
- No, no es eso, solo… pensaba – algo le hizo suponer a Lesath que el dueño de los pensamientos de Camus, en ese momento era Saga, pero no quiso traer el tema a la conversación porque tenían prohibido hablar de ello.
***
- Pero… - el rubio tomó una servilleta entre sus manos y comenzó a jugar con ella mientras miraba la mesa.
En el poco tiempo que habían estado juntos, Shura notó que Shaka era una persona muy nerviosa, que en una batalla podía ser frío, insensible e incluso cruel, pero fuera de ello, no tenía confianza en sí mismo, supuso, conociendo a Heze, que éste había mancillado tanto su autoestima, manteniéndolo aislado y recordándole incansablemente que no era más que un fracaso, que al final terminó creyendo cada una de las palabras de su maestro.
- Todo va a estar bien… - dijo Shura poniendo su mano derecha sobre las de Shaka – De todos los aspirantes a caballero, eres el más fuerte… nunca dudes de eso – si el rubio se había sonrojado al sentir el contacto de Shura, definitivamente creyó morir cuando éste levantó su rostro tomándolo de la barbilla – Mírame… - también había notado que el rubio era enemigo del contacto visual, lo cual era una pena, puesto que tenía los ojos más hermosos de todo el mundo – Puedes hacerlo… tengo fe en ti.
- Solo lo vencí una vez… y muchas de las técnicas nunca las he empleado, así que… no estoy seguro de poder obtener la armadura aún…
- ¿Sabes?, yo pensaba lo mismo cuando estaba a punto de ganar mi armadura, es decir, vas a pelear con alguien que en teoría, tiene muchos años de experiencia, ¿cómo se supone que le vas a ganar? – entonces el rubio lo miró fijamente, era como si leyera sus pensamientos – Pues bien, te contaré algo que no es un secreto, aunque Heze tenga las mismas técnicas que tú, eso no los hace iguales, ¿sabes qué diferencia a un caballero de otro? – Shaka estaba tan concentrado en las palabras de Shura, que no se dio cuenta del momento en que su rostro se acercó al suyo – La cosmoenergía, a veces es tan inmensa que es difícil de controlar, pero… he visto a Heze pelear y te he visto a ti… si consigues canalizar toda esa energía hasta el punto máximo… no habrá ser humano que pueda enfrentarse a ti…
Sin duda Heze le había hablado de ello alguna vez, pero nunca se lo había explicado de una manera tan sencilla y clara, y comenzó a preguntarse por qué Shura no tenía un discípulo, pensó que sería un maestro excelente.
- ¿Has pensado en meditar?
- Sí, suelo hacerlo, para equilibrar la energía…
- Bien, entonces ahora piensa en una forma de hacerlo, para incrementar esa energía…
- Incrementar…
- Así es… - Shura fue soltando lentamente las manos de Shaka y notó que éstas ya no se movían tanto.
- Creo que me has dado una idea… Si te digo que sí ahora, ¿cuándo sería el combate?
- En un mes a partir de que aceptes… le dije al Patriarca que hablaría contigo…
- Ah, ¿él te mandó a que me avisaras? – se sintió algo decepcionado, por un segundo había pensado que Shura en verdad quería ayudarlo, pero quizá tan solo lo hacía por mandato del Patriarca. E instintivamente volvió a bajar la mirada y siguió jugando con la servilleta entre sus manos.
Ese tipo de cosas no pasaron desapercibidas para el español, era muy observador, aunque Saga prefería llamarle obsesivo, perfeccionista y borde.
- No, fui a decirle que te había visto en tu último entrenamiento y que pensaba que estabas listo, que quizá habías estado listo desde hace mucho tiempo, pero que Heze era un malnacido que no quería dejar su puesto – Shaka sonrió - ¿Entonces?
- Creo que un mes es más que suficiente.
- ¡Genial! Esto hay que celebrarlo… - se le veía contento al de capricornio e inevitablemente contagió ese entusiasmo a Shaka.
- No…
- ¿Por qué no?
- ¿Qué te parece… si – se armó de todo el valor que poseía para seguir hablando en ese momento – celebramos cuando obtenga la armadura? Bueno… si es que la llego a tener… - Shura tomó sus nerviosas manos entre las suyas y le obligó a levantar el rostro nuevamente.
- De acuerdo… me parece perfecto… - y entonces Shura se armó también de valor para dar el primer paso – así tendré otra excusa para volverte a ver…
***
- Milo – musitó Camus cuando se aseguró de que todos estuvieran dormidos.
- ¿Aioria?
Estaba tan acostumbrado a que Aioria lo despertara, en realidad era el escorpión quien tenía la mala costumbre de hablarle a Aioria cuando estaba dormido, le hablaba para hablarle de Camus, de qué comerían al día siguiente, acerca de si pensaba que Shaka se ponía más y más hermoso con los días, o si había notado que el clima estaba cambiando. En fin, le hablaba para cuanta estupidez le pasaba por la mente, así que, Aioria, en últimas fechas, había optado por hacerle lo mismo de vez en cuando a manera de venganza. Aunque el escorpión siempre estaba dispuesto a una buena charla, así que, si lo que buscaba el de leo era molestarlo, no estaba siendo muy efectivo.
- No… soy Camus… - musitó y sonrió al ver la mirada perdida de Milo.
- ¿A qué hora llegaste? – no tenía muy buena memoria el escorpión.
- No hemos terminado la misión, ¿recuerdas?
- Ah, sí, cierto, ¿qué sucede?
- ¿Puedo acostarme contigo? – para Milo, la palabra acostarse era sinónimo de sexo, así que no fue difícil que su amigo del sur se sintiera repentinamente despierto, se hizo a un lado de inmediato y antes de que Camus pudiera acomodarse a su lado, se colocó encima de él mientras intentaba meterle mano - ¡¿Qué haces?! – Milo observó el rostro petrificado de Camus y supo en ese momento que tenían serios problemas de comunicación.
- Lo siento, me estaba acomodando…
- Sé que siempre estás al tanto de todo lo que ocurre en el Santuario… no sé cómo lo haces, pero siempre sabes cosas y… me preguntaba si sabes algo acerca de Shura y Saga…
- ¿A qué te refieres? ¿Quieres decir, si son pareja o algo así?
- ¡¿Qué?! – jamás le había pasado esa idea por la mente y de pronto se sintió traicionado al recordar todas las ocasiones en que los había visto juntos – ¿Crees que ellos…
- Pues, dicen que del amor al odio hay un paso…
- Es… del odio al amor, del odio al amor hay un paso.
- Es lo mismo – dijo el escorpión tan seguro de sus palabras que Camus supo que sería inútil hacerle entender la diferencia.
- Bien, pero… ¿Sabes si Shura le dijo algo al patriarca acerca de Saga?
- Sé que dicen que Saga es un traidor – a Camus le dolía inmensamente escuchar que se expresaran mal de Saga, le dolía más que si los comentarios fueran acerca de él mismo – pero yo no creo que eso sea cierto.
- Yo tampoco lo creo.
- Puedo investigar si quieres… PERO… tienes que hacer algo por mí…
- ¿Qué cosa?
- Bésame como el otro día, enséñame a besar de esa forma – por un instante, debido a lo que había sucedido minutos antes, pensó que le pediría algo más serio, así que se sintió aliviado y culpable, aliviado de no tener que hacer nada que no hubiera hecho ya con Milo, y culpable al darse cuenta de que a pesar de que Milo en un principio le había parecido seductor, no tenía la misma malicia que él (o al menos eso pensaba el de acuario).
- Pero besas bien… no necesitas aprender nada… - apenas si distinguía las facciones de Milo, pero sabía que estaba haciendo una mueca de disgusto – está bien… lo haré.
- ¿Puedes darme un adelanto?
Camus entrecerró los ojos y sonrió, de haber sido cualquier otra persona que no fuera Milo, ya lo habría congelado por manipulador, pero tratándose de Milo, no pudo hacer otra cosa más que tomar sus manos (costumbre que le quedó cuando besaba a Saga para evitar que éste avanzara más) y se acercó al escorpión. Sus labios eran suaves, dulces, le gustaba presionarlos contra los suyos y después ir metiendo su lengua despacio, como si temiera asustar a Milo con el contacto, el cuerpo del escorpión se estremecía ante los besos expertos de Camus. Esa noche Camus descubrió dos cosas, primero, que le gustaban los besos de Milo y segundo, que el escorpión era sumamente sensible. Ninguno de los dos sabía en ese momento, que esos dulces besos terminarían amargando sus vidas.
Continuará…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario