jueves, 17 de enero de 2013

Capítulo 9: Ansiedad - Julio 31.2011

Capítulo 9: Ansiedad



                  - ¿Vas a salir? – preguntó Ikki desde la estancia mientras revisaba unos documentos.


                  - Sí… ah… Ed me acaba de decir de unas correcciones del trabajo de cálculo… le dije que lo hiciéramos mañana pero… va a estar ocupado así que… iré a su casa…


                  - ¿A qué hora regresas? – ahora sí miró fijamente al rubio.


                  - No tardaré…


                  - ¿Quieres que te lleve?


                  - No… - musitó – gracias – tomó su gabardina y las llaves pero la voz de Ikki lo interrumpió.


                  - ¿Es porque vendrá Shun? – preguntó repentinamente el Fénix y Hyoga lo miró algo desconcertado.


                  - No, de verdad tenemos que entregar ese trabajo el viernes – Ikki no le creyó del todo, pero al menos le dio el beneficio de la duda.



Algo había sucedido entre ellos, ninguno lo había notado, a decir verdad, no se dieron cuenta del momento exacto en el que comenzaron a alejarse para hacer sus propias vidas. Ikki sonrió con algo de amargura, extrañaba las discusiones sin sentido y todo lo que implicaba estar cerca de Hyoga.



***



El trabajo se convirtió en su principal fuente de distracción, aunque tan solo fueran algunas horas durante el día, era lo que le permitía no caer en esos lapsos de ansiedad que tanto lo angustiaban, le gustaba mantenerse ocupado porque si no lo hacía sus pensamientos terminaban inevitablemente en Saga, en Saga y en su última conversación, en Saga y en todas las posibles razones por las cuales lo había dejado, una parte de sí mismo intentaba ponerse en el lugar del mayor de los gemelos y lo comprendía, pero otra parte, la parte masoquista tan solo le decía palabras crueles, le recordaba que Saga no lo había elegido, que había preferido buscar a alguien más que compartiera sus mismos sueños, y que, en pocas palabras, el amor que decía tenerle no había sido suficiente. Entonces Camus mordía sus labios y se preguntaba con quién estaría Saga en ese momento y eso lo atormentaba.



Faltaban veinte minutos para que comenzara su siguiente clase, la última del día, y casi de manera inconsciente tomó su móvil, era una necesidad casi enfermiza por tener contacto con el mayor de los gemelos, ni siquiera cuando pensaba fríamente lograba encontrarle sentido a su comportamiento. Había marcado casi por completo el número de Saga cuando el móvil vibró en sus manos. Era un mensaje de Milo.



“Me dieron una muestra gratis de un acondicionador para cabello, esas cosas son para chicas ¿no? Pero, creo que me lo dieron porque tengo el cabello largo” – el mensaje, lo dejó pensando durante unos minutos, no decía nada importante realmente, pero le causó una sensación que no supo cómo describir, tan solo se encontró sonriendo levemente. Era como si de pronto todo se hubiera apagado y estuviera tranquilo de nuevo. No sabía bien qué debía responderle, no era muy bueno comunicándose, pero sí pensó que debía al menos dar alguna señal de que había leído el mensaje.



“Que bien, luego me dices si funciona. Yo estoy a punto de dar una clase” – mandó el mensaje sin esperar respuesta, así que se sorprendió cuando, tres minutos después, su móvil volvía a sonar.



“Sí, ¿crees que si funciona deberíamos comprarlo? ¿A qué hora sales? ¿Paso por ti?”



A Camus no le pasó por la mente que el enviarle mensajes fuera una estrategia de Milo para distraerlo, a decir verdad, no pensó nada extraño al respecto, tan solo se sorprendió un poco cuando, con el paso de los días, se vio en la necesidad de borrar mensajes antiguos porque ya no cabían en la memoria de su móvil. Encontró algunos en la carpeta de mensajes enviados dirigidos a Saga, casi todos decían lo mismo: “¿Puedo hablar contigo? Por favor” Y eran mensajes sin respuesta, ¿tan difícil había sido para el de géminis responderle?, no le habría tomado más que unos cuantos segundos teclear un “sí” o un “no”, incluso encontró uno en que le reclamaba ese comportamiento al gemelo “¿Por qué nunca respondes mis mensajes o llamadas? ¿Tan poco te importo?” Y es que eso era lo que le dolía al francés, que Saga siguiera su vida sin él, como si nada, sentía que se había esforzado tanto en quererlo y justo cuando pensaba que no podría amar a nadie más, Saga lo dejaba, le parecía una injusticia, quería reclamar por el tiempo y los sentimientos no correspondidos. Sin embargo, la vida con Milo a partir de ese entonces fue como andar entre nubes, a pesar de que habían vivido mucho tiempo juntos, se sentía distinto, era como si todo estuviera donde debiera, seguían turnándose para preparar el desayuno o la comida, y Camus seguía olvidándolo la mayor parte de las veces, pero tenía la sensación de que había llegado, no sabía a dónde ni si se quedaría mucho tiempo ahí, tan solo le daba la impresión de que la palabra “hogar” estaba grabada en todos lados.



Para Milo fue algo distinto, se sentía un traidor, sentía que engañaba a Camus al no contarle la verdad y que traicionaba a Saga al aprovecharse de la situación con Camus, sin embargo, cada vez que lo veía ahí, esperándolo, con una sonrisa que estaba seguro que solo le dirigía a él, era incapaz de confesarse. Quería que las cosas se mantuvieran así la mayor cantidad de tiempo posible, porque sentía, que era lo más cerca que estaría de la felicidad.



***



Shun entró a la casa con cierta precaución, entraba despacio, mirando a todos lados como si ansiara encontrarse con la esbelta figura del cisne. Sin embargo, eso jamás ocurría. Hyoga siempre encontraba alguna excusa para salir de casa cuando él visitaba a Ikki.



                  - ¿A dónde fue esta vez? – preguntó Andrómeda un poco desilusionado.



Hablaron mientras tomaban un refrigerio, casi toda la charla giraba en torno a Shun, Ikki hacía preguntas, pero por lo regular no se inmiscuía demasiado, y le vino a la mente que cuestionaba más a Hyoga que a su propio hermano. Supuso que era normal, con Hyoga sentía una especie de responsabilidad, sentía que debía velar por el bien del cisne aunque nunca estaba seguro de cómo hacerlo. Y entonces, sucedió. No supo cómo terminó hablando de él, tan solo se encontró relatando sucesos irrelevantes de su vida en común, y habría seguido así, de no ser porque notó la expresión de tristeza en su hermano. El Fénix no era tonto, sabía perfectamente que hablar de uno de ellos delante del otro estaba casi prohibido, y aun así, no hablar de Hyoga era como si le pidieran no respirar, era inevitable, no podía hacerlo.



                  - No sé… cómo sea tu relación con Hyoga… pero… se ve que es muy importante para ti… - la forma en que lo dijo le hizo sentir que lo habían descubierto, que por algún motivo había comenzado a ser tan transparente que sus pensamientos no tan puros acerca del rubio eran de dominio público.


                  - No sé a qué… - intentó fingir que no tenía idea de lo que Andrómeda decía, pero éste lo interrumpió.


                  - Hay algo que debo decirte… - Ikki entrecerró los ojos, la seriedad en su hermano no era una buena señal, le indicaba que las cosas no solo no andaban bien, sino que andaban mal.


                  - Te escucho.


                  - Se trata de Hyoga.



***



Hyoga salió más tarde de lo que había pensado. Comenzaba a oscurecer y no veía la hora de llegar a casa y darse un baño, había días (como ese en particular) en que odiaba a la humanidad entera y que maldecía ser quien era y no alguien menos problemático, ¿por qué no podía ser como su maestro Camus? ¿O como Shiryu? Pero no, él tan solo era Hyoga, y tenía que bastarle porque seguiría siendo él mismo en lo que le restaba de vida.



                  - ¿Cómo te fue? – le preguntó uno de sus compañeros de trabajo.


                  - Terrible.


                  - ¿Por qué lo dices? Vi que una adorable ancianita estaba dispuesta a pagar lo que fuera con tal de tocar tu trasero… - dijo burlonamente y comenzó a reír. Hyoga tan solo sonrió antes de darle un golpe en el brazo.


                  - ¡Ni me lo recuerdes! Sigo traumado por eso.


                  - ¿Cómo? ¿Sí te tocó?


                  - Sí, fue horrible, me habló para preguntarme cómo funcionaba una de las máquinas y cuando me acerqué a explicarle me pellizcó… - su compañero no pudo contener la risa.



Esa clase de cosas eran comunes en el casino donde trabajaban, la mayoría de los clientes eran personas de dinero, y no faltaban los que creían que por eso, tenían derecho a manosear a los meseros cuando quisieran, desafortunadamente para Hyoga, solía ocurrirle a menudo, casi siempre con gente mayor, y lo único que podía hacer era alejarse. Ese día en específico, lo habían acosado dos ancianas, una joven heredera, el hijo de un político que quería mantener bajo anonimato su identidad y un hombre dueño de una gran empresa, por eso odiaba a la gente a veces, por la manera en que lo trataban. Afortunadamente para él, ese era el último día, con lo que había ganado ya podría deshacerse de todas las deudas que tenía y quizá, podría contarle a Ikki la verdad, se lo merecía el Fénix, por toda la paciencia que le había tenido.



Lo extrañaba, aunque solo estuviera regañándolo y cuestionándolo- Sentía que no se habían visto en mucho tiempo. Se detuvo de pronto y su compañero lo imitó.



                  - ¿Qué pasa?


                  - Creo que debería de comprarle a Ikki algo de cenar…


                  - Te preocupas mucho por él... ustedes... él... él… ¿es tu pareja? – la idea le había venido rondando desde hacía tiempo.


                  - NO, ¿Por qué lo dices? – sus mejillas se habían sonrojado y comenzaba a sentir el rostro caliente.


                  - Pues… viven juntos, te la pasas hablando de él, pensé que… eran más que amigos.


                  - No… - parecía que iba decir algo más pero ciertamente no supo qué, quiso decir que habían crecido juntos o que eran como hermanos, pero lo primero no era cierto y lo segundo le provocaba ansiedad de solo pensarlo.



***



                  - Y… un señor me dio un boleto para el metro, y… me dio desconfianza, así que le pregunté que por qué me lo daba, y… me dijo que había quedado de verse ahí con su esposa, pero que no lo ocupaba y que no quería que se desperdiciara – Milo sonrió, jamás en su vida había andado en metro, así que no tenía ni idea de lo que Camus quería decir, tampoco sabía por qué el sujeto desconocido no guardó el boleto para alguna otra ocasión, pero al menos le gustaba escuchar la breve pausa que hacía el francés al hablar cada vez que decía “y”, era como si tomara un poco de aire y algo de tiempo para acomodar sus ideas.


                  - ¿Quieres que te enseñe a conducir? – dijo mientras seguía cortando algunos vegetales para añadirlos a la sopa.


                  - Sé conducir… pero… no me gusta mucho, además, no soy bueno recordando direcciones… - Camus sonrió – si condujera… seguramente te estaría hablando a cada rato para preguntarte por dónde ir…


                  - No me molestaría que lo hicieras – dijo con una enorme sonrisa que contagió al francés, y segundos después se sintió extrañamente incómodo, así que musitó algo relacionado con el trabajo y salió tan rápido como pudo.



***



Hyoga se dejó caer en la banca para esperar el autobús, podría haber tomado un taxi, pero no tenía ganas de hablar ni de que le sacaran plática ni de nada. Buscó su móvil para avisarle a Ikki que ya iba de regreso a casa, pero apenas había tecleado un par de palabras cuando una voz conocida lo sorprendió.



                  - ¿Terminaste? – el rubio se quedó inmóvil unos segundos, sin respirar, sin siquiera atreverse a girar su cuerpo para toparse con el dueño de aquella voz profunda.


                  - Ikki… - musitó cuando después de armarse de valor lo miró a la cara - ¿Qué haces aquí? – intento sonar natural pero su voz se quebró levemente con el nerviosismo.


                  - Te vi… - Hyoga sonrió, una sonrisa forzada.


                  - Pasé al centro a comprarte algo de cenar… - le mostró la bolsa de papel que llevaba consigo.


                  - Deja de mentir y sube al auto.



Una maraña de sensaciones se concentró en su estómago, no supo si se trataba de nerviosismo o ansiedad, tal vez era un poco de ambas cosas lo que ahora le impedía romper la tensa atmósfera que se había formado en el interior del auto. El fénix tampoco ponía de su parte, y la duda corroía a Hyoga, no dejaba de preguntarse cuándo y qué estaba haciendo cuando Ikki lo vio. No podía siquiera intentar decir algo a su favor porque no tenía idea de qué se le estaba acusando, así que cualquier cosa podía ser utilizada en su contra.



Llegaron al departamento, el Fénix dejó las llaves sobre la mesa de la estancia y se dirigió a las escaleras, entonces Hyoga sintió una especie de pánico, ¿de qué iba todo aquello? ¿Se iría tan fácilmente sin siquiera echarle bronca o acribillarlo con preguntas?



                  - Te traje algo para que cenes… - dijo Hyoga en un intento desesperado por hacer que Ikki se quedara ahí más tiempo. Pero el mayor tan solo le dirigió una fría mirada que estremeció al rubio - ¿Estás enojado? – por primera vez quería que Ikki dijera algo, que le gritara o lo regañara, cualquier cosa era mejor que no saber qué pasaba por la mente del peliazul.


                  - … Sí… lo estoy – Hyoga sonrió con nerviosismo, ¿qué clase de respuesta tan directa era esa?


                  - ¿Por qué?


                  - ¿De verdad quieres saberlo? – dijo Ikki entrecerrando los ojos, Hyoga asintió con un muy mal presentimiento, y no estaba equivocado – Por todo Hyoga, sé que no es verdad cuando dices que vas con Ed…


                  - De acuerdo, me desvié un poco de su casa, pero fue porque… tenía que ir a trabajar y… pensé que si te lo decía no me dejarías ir…


                  - Trabajar… - repitió sin quitar la expresión seria – en un casino… - afirmó.


                  - ¿Quién te dijo eso? – pensó que aún podía arreglar las cosas, pero no estaba seguro de qué tanto sabía el Fénix.



Se le veía cansado a Ikki. En alguna ocasión había leído una famosa frase de Nietzsche, no la recordaba con exactitud en ese momento, pero decía algo como “No me preocupa que me hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré confiar en ti” y es que eso era lo que le sucedía con el cisne, por algún extraño motivo lo imaginaba riéndose, burlándose de él, se sentía… decepcionado, sentía que no importaba cuánto se hubiera esforzado, tan solo no había conseguido que Hyoga confiara en él. Sabrían los dioses cuántas cosas habría hecho el cisne sin que él se enterara y a decir verdad, no quería formar parte de todo eso, ya no quería cargar con la responsabilidad de que lo que hiciera Hyoga, lo hiciera bajo su cargo.



                  - ¿Te pagan porque los dejes tocarte? – preguntó acercándose a Hyoga.


                  - ¿Por qué? ¿Quieres pagarme? – utilizó esa voz seductora que solía usar cuando quería cabrear a Ikki, sin embargo, no se acercó a él con tanta seguridad como en otras ocasiones – A ti te lo dejaría gratis – sonrió y desvió la mirada, así era como lidiaba con el nerviosismo.


                  - No estoy jugando – dijo como si le estuviera dando un ultimátum.



Entonces Hyoga pudo ver en sus ojos todo lo que no había sido capaz de ver con el tiempo, esa mirada fría que ocultaba el dolor, se preguntó si así eran los ojos de Ikki, tristes, la verdad casi nunca les había prestado atención, quizá solo una o dos veces, cuando pensó que tenía una mirada atractiva, no como él que aún tenía que utilizar anteojos.



                  - Ikki… - musitó, el nombre del Fénix le parecía extraño, era como si de pronto estuviera hablando de otra persona.



Y no pudo evitar pensar en tantas cosas, como todas las ocasiones en que le llevaba golosinas a pesar de decirle constantemente que debía comer más vegetales, recordaba también la ocasión en que se inscribieron en un gimnasio y lo terminaron dejando después de un par de semanas, cuando de regreso a casa descubrieron un lugar donde rentaban películas y videojuegos, fue como si en ese momento se hubiera dado cuenta de que todo el tiempo, desde que había dejado la mansión, Ikki había estado con él, preocupándose, cuidándolo, queriéndolo… y lo destrozaba emocionalmente esa mirada triste, Ikki no se merecía eso… quiso de pronto sanar todas las heridas que pudiera tener el mayor. Se acercó con nerviosismo, casi hasta rozar los labios del Fénix, podía sentir su piel tibia bajo sus manos temblorosas.



                  - No estoy jugando Pato… - dijo tan devastado que Hyoga sintió ganas de abrazarlo. Tomó una de sus manos y la dirigió hasta su pecho, su corazón palpitaba amenazando con colapsar en cualquier momento. 


                  - Yo tampoco… - dijo antes de besarlo. Fue un beso suave al principio, solo una leve presión en sus labios que el Fénix no supo cómo interpretar.



Había pensado en cuestionarlo, quería saber qué demonios pensaba, pero la suavidad de sus labios, el dulce aroma de su cuerpo y tanta cercanía lo cegaron por completo. Una de sus manos se deslizó hasta tomar al cisne por la cintura y con su lengua obligó al rubio a abrir un poco la boca, para luego explorarla con lentitud, apresaba su labio superior para después volver a saborearlo hasta que se quedaron casi sin aire. Pudo notar la firme erección del cisne presionando contra su cuerpo. El fénix sonrió, con esa sonrisa cínica que combinaba perfectamente con sus rasgos duros.



                  - ¿Qué? ¿Se te pone dura por tenerme tan cerca? – dijo Ikki con voz burlona.


                  - No – sonrió – se me pone dura al pensar que me quieres follar…



El fénix estuvo a punto de reclamarle, pero los labios de Hyoga se lo impidieron mientras intentaba quitarle la ropa, finalmente las hormonas habían llegado a su límite y ahora no quería ni podía dar marcha atrás. Ikki tampoco lo pensó demasiado, ver a Hyoga tan ansioso, tan excitado, restregando la dureza de su miembro contra la entrepierna de Ikki… no pasó mucho tiempo, antes de que el Fénix obligara al Cisne a recostarse sobre el enorme sofá, luego se posicionó sobre él mientras terminaba de desnudarlo.



                  - Te la voy a enterrar hasta que te duela patito… - dijo mientras sus manos acariciaban con cierta rudeza sus tetillas, haciendo que se endurecieran por completo.


                  - Ahh… - gimió cuando los dedos de Ikki rozaron su miembro.



A su edad, no era necesario hacer mucho para lograr que se corriera, así que el Fénix lo torturó acariciando la parte interna de sus muslos. Luego, cuando vio que Hyoga comenzaba a elevar sus caderas rogando por un poco de contacto en esa tan adolorida parte de su anatomía, el fénix se compadeció y comenzó a acariciarlo mientras lo besaba, la piel que cubría su miembro se deslizaba haciendo una fricción tan placentera que Hyoga pensó que iba a morir en ese instante, porque, era muy diferente cuando él se masturbaba, por lo regular lo hacía a escondidas cuando el fénix no estaba, y siempre con el temor de que éste llegara temprano, o con la angustia de quedarse dormido después de correrse y que Ikki lo encontrara con los pantalones abajo y lleno de semen.



                  - ¿Qué quieres que te haga patito? – preguntó Ikki con malicia, su propio miembro comenzaba a pedirle atención así que comenzó a acariciarlo con lentitud.


                  - Ahh… no sé…


                  - ¿Quieres que te la chupe? – Hyoga abrió los ojos con una expresión de sublime placer, casi podía correrse en ese instante de tan solo escuchar a Ikki decirlo.



Ikki tomó las piernas de Hyoga y tiró de ellas para dejar a Hyoga al borde del sofá, luego se concentró en degustar el firme miembro del rubio, jamás lo había hecho con un chico, pero había visto la cantidad suficiente de películas porno como para saber cómo hacerlo, además, tenía como referencia cómo le gustaba que se lo hicieran a él, procurando no rozarlo con los dientes porque sabía que dolía horrores, y más cuando se estaba tan sensible como en ese momento, jugó con el glande, acariciándolo con la lengua y dándole pequeños golpeteos con la misma, luego recorrió toda su longitud, hasta llegar a sus testículos y jugar con ellos. Los gemidos de Hyoga lo excitaban y supo que tarde o temprano, tendría que ir más allá, hasta la pequeña abertura que comenzaba a contraerse con inquietud. Primero puso un dedo, lo acariciaba sin penetrarlo mientras seguía saboreando el pene del cisne.



                  - ¿Quieres que te la meta patito? – preguntó.


                  - Sí… ahh… hazlo… - ni siquiera lo pensó, tan solo quería sentir a Ikki sobre su cuerpo, dentro de él. El Fénix se colocó sobre él y comenzó a embestir entre sus nalgas. Rozando su entrada, queriendo profanarla lo más pronto posible.


                  - Necesitamos algo… para lubricar… - Hyoga lo miro casi con desesperación, estaba ansioso, quería que se la metiera de una vez y a la de ya – Espera… - dijo con dificultad antes de casi correr rumbo al cuarto de baño. Tomó algo de acondicionador ya que no encontró ninguna crema a la mano y volvió a la estancia. Se puso un poco de la fría y espesa sustancia en el miembro y el contraste con lo caliente de su piel le hizo estremecerse, luego puso otro poco en la entrada del rubio, la acarició unos segundos antes de intentar meter el primer dedo, tuvo más resistencia de lo que había pensado que tendría, pero siguió besando al cisne hasta que un segundo dedo se unió al primero.


                  - AAHH… - Ikki no supo si era una queja o un gemido, a decir verdad era como una mezcla de ambos, así que el fénix hizo los movimientos más lentos hasta que sintió que entraban sin dificultad.



Se colocó sobre el rubio y guió su erguido y ansioso miembro hasta la estrecha entrada. Solo con apoyar la punta y ya sentía que tocaba el cielo con las manos, comenzó a penetrarlo despacio, introduciéndose poco a poco hasta que Hyoga tensó todo su cuerpo y apretó sus brazos.



                  - Detente… AAHH – ahora sí era una queja – Ahh… me duele… - Ikki apresó sus labios y acarició su miembro hasta que fue el mismo cisne quien elevó un poco sus caderas intentando profundizar la penetración.


                  - Tranquilo… ya casi está toda dentro… - se separó un poco del cuerpo de Hyoga para ver cómo su miembro se iba perdiendo en el interior del rubio, le gustaba lo apretado que se sentía, era tibio y se sentía TAN bien, que terminó por penetrarlo de una estocada, recibiendo una queja del rubio.


                  - AHH – quiso decirle que era un idiota, pero el dolor en su parte más sagrada se lo impedía.


                  - Relájate… - musitaba el fénix con una voz tan dulce, que Hyoga no podía hacer más que asentir.



Esperó un poco hasta que sintió que Hyoga se había calmado, luego comenzó a salir lentamente para volver a entrar, era simplemente grandioso, la manera en que sus cuerpos se acoplaban, el cálido interior del cisne que estiraba ligeramente la piel de su miembro causándole una deliciosa sensación.



                  - Dioses… está… muy apretado… - apenas pudo decir y Hyoga sonrió, le gustaba ver ese gesto de placer absoluto en Ikki, y el simple hecho de saber que era él quien producía todas esas sensaciones en el Fénix lo excitaban más. Quería ser suyo ese día y por el resto de su vida.



El Fénix se incorporó y los movimientos pélvicos se hicieron más intensos, más rápidos, más fuertes, los gemidos y las quejas de Hyoga habían desaparecido y ahora tan solo mordía sus labios para no gritar de placer. Sintió como la sangre acumulada en su miembro hacía estragos y las palpitaciones se hicieron más intensas, seguidas de constantes contracciones mientras eyaculaba, aprisionando el miembro de Ikki con tanta fuerza que el fénix terminó por correrse en su interior, inundando cálidamente sus entrañas.



Ikki se dejó caer sobre Hyoga, acomodándose sobre su pecho, podía escuchar los latidos de su corazón y después, se fue quedando dormido y ya no supo nada más.



Continuará…

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