miércoles, 16 de enero de 2013

Capítulo 7: Revelaciones - Mayo 26.2011

Capítulo 7: Revelaciones



Le había estado dando vueltas al asunto desde hacía algunos días, bastaba con ver el cuerpo desnudo de Camus para recordar cuánto le gustaba, su mirada recorrió la anatomía del francés detenidamente, la firmeza de sus muslos y la blancura de su piel lo hipnotizaban, siguió subiendo hasta su bien definido trasero, sonrió al recordar la noche anterior. Supuso que Shura estaría dormido, así que se sorprendió bastante cuando se topó con esa intensa mirada que observaba lo mismo que él. No supo exactamente cómo describir lo que sintió en aquel momento, era una extraña sensación entre su abdomen y su pecho, algo que impedía que sus pulmones se llenaran por completo de oxígeno, algo que le provocaba ansiedad y tristeza, y es que ESE era el gran problema, que no importaba que Shura estuviera con él, parecía que éste tan solo estaba con el francés. Le dolía mucho el rechazo del de capricornio. Odiaba que éste se preocupara por los sentimientos de Camus, que se negara a iniciar una relación con él por temor a destrozarle el corazón al francés. ¿Y qué había de sus sentimientos? ¿Qué tenía Camus que no tuviera él? Camus, podía ser muchas cosas, pero no era la diversión personificada, entonces no comprendía que Shura se interesara en él.



¿Cuándo se habían convertido en un triángulo amoroso? Tenía la impresión de que la relación estaba en sus manos, pero al mismo tiempo sentía que era algo que no podía controlar. Por más que lo pensaba, no encontraba motivos suficientes para que el de capricornio sintiera lo que sentía por Camus… aunque tampoco entendía por qué él mismo prefería a Shura y no al francés. Que Camus era exquisitamente delicioso, sí, era cierto, pero Shura… Shura era indomablemente irresistible, salvaje y tosco, con él no había nada de tratos delicados, Shura era todo un hombre. Nunca comprendió realmente por qué Camus le parecía frágil siendo uno de los más fuertes de la orden, quizá hasta podía vencerlo con los ojos vendados y encerrarlo para siempre en un ataúd de hielo y aun así seguiría pensando que su cuerpo era delicado. Era una diferencia de pieles, Shura irradiaba fuerza, sus gemidos eran más parecidos a una sensual queja y estar entre sus piernas era una sensación indescriptible, lo hacía sentirse más grande, más fuerte, más poderoso… era irónico, pero con Camus tan solo sentía que era la sombra de Milo. Comenzaba a dolerle la cabeza de tanto pensar, así que sin más, portando la sonrisa irónica que lo caracterizaba, cubrió el cuerpo de Camus con una sábana y lo abrazó. El francés se removió entre sus brazos y Shura pareció algo decepcionado.



Pasaron unos cuantos minutos antes de que Death Mask se pusiera de pie y comenzara a vestirse.



                   - ¿A dónde vas? – preguntó el de capricornio.


                   - Ya me cansé de estar acostado – más bien, estaba cansado de ver cómo Shura devoraba a Camus con la mirada, prefería, en cualquier caso, no enterarse de ello.



Camus despertó casi media hora después.



                   - ¿Qué haces? – preguntó al ver que Shura se encontraba con la vista al frente.


                   - Viendo una película – Camus volteó para darse cuenta de que el televisor estaba encendido.


                   - ¿Puedes escuchar lo que dicen?


                   - Le bajé el volumen para no despertarte – apenas rozó los labios del francés y éste desvió el rostro.


                   - Eres muy bueno Shura… tienes un carácter muy agradable…



Pero un carácter agradable no era suficiente. Había ocasiones en que sentía que tenía una probabilidad potencial con Camus, que solo era necesario hacerle notar cuánto lo quería y que con el tiempo, no habría más remedio que devolver el sentimiento. Después de todo, en algún lugar había escuchado que el amor creaba amor. Y había amado a Camus durante tanto tiempo, que no podía imaginar siquiera que todo hubiera sido en vano.



***



Shaka miró su móvil por enésima vez, nada, ni un mensaje, ni una llamada perdida, no había indicios de Saga.



                   - ¡¿Cómo está mi rubio favorito?! – gritó Kanon antes de abrazar a Shaka al punto de dejarlo sin respiración.


                   - Suéltame Kanon…


                   - ¿Cómo sabes que soy Kanon y no Saga? – preguntó con incredulidad.


                   - Porque… puedo ver tu alma… - dijo con sarcasmo que Kanon no supo detectar.


                   - ¿Es en serio? – el menor de los gemelos estaba realmente sorprendido con las hasta ahora desconocidas capacidades del rubio – Y… ¿cómo es? ¿Cómo es el alma de Saga? ¿Es oscura y perversa?


                   - Está bromeando Kanon – dijo Saga entre risas y Shaka dejó de sonreír.


                   - ¿Puedes ver mi alma o no? – preguntó Kanon con una seriedad casi irreconocible.


                   - No… no puedo...



Después de sermonear a Shaka, el menor de los gemelos se puso de pie y salió del sexto templo.



                   - A veces me sorprende que sea capaz de manipularme cuando es tan fácil engañarlo – dijo Saga refiriéndose a Kanon y Shaka no supo qué decir al respecto.



Eso era algo que Saga, a pesar de sus constantes distracciones, era capaz de notar. Era algo de lo que el mismo Shaka estaba consciente y que no sabía cómo cambiar. Y es que cuando estaba con Saga, no sabía de qué hablarle, tenía tanto miedo de quedar en ridículo delante del mayor de los gemelos que no podía ser él mismo, quería al menos, aparentar que era perfecto. Se sentía, aburrido, por más que planeara qué iba a decirle cuando se vieran, las palabras simplemente se negaban a abandonar sus labios. Prefería escuchar la conversación del mayor, aunque también se daba cuenta de que éste parecía cansado después de un rato, supuso que por eso no le había hablado hasta ese entonces, quizá no le había parecido lo suficientemente divertido.



***



A veces Shura pensaba que había sido un error pedirle a Dita la receta del pay que Camus quería. Porque había sido esa la ocasión perfecta que tuvo el de piscis para meterse en la vida del de capricornio. Había iniciado con una taza de té aromático y sin saber cómo o por qué, se le hizo costumbre pasar algunas tardes al último templo, le gustaba escuchar su parloteo, tal vez era esa manera liberal que tenía de ver las cosas lo que le agradaba, Dita era, en muchas formas, distinto a Shura, solía seguir sus impulsos, sus corazonadas, no le importaba lo que pensara la gente siempre y cuando él fuese feliz, después de todo, (y sin importar que Athena les hubiera devuelto la vida), en teoría, esa era la única vida que tendrían, no iban a ser jóvenes eternamente, pensaba que si tenían que cometer errores o aprender cosas, entre más pronto comenzaran sería mejor.



                   - ¿Se lo piensas decir? – pregunto Afrodita.


                   - ¿Qué cosa?


                   - Que te gusta… - el rostro de Shura palideció y miró a Dita como si acabara de decir algo muy malo.


                   - No… no sé de qué hablas.


                   - ¡Por todos los dioses, Shura! Soy vecino de Camus, no creerás que no me entero de lo que pasa… no son… lo que se dice silenciosos. Además… basta con ver la manera en que lo miras… incluso hicieron un pay el otro día, parecen un matrimonio… uno muy aburrido por cierto…


                   - Camus está saliendo con Death Mask.


                   - Milo y Aioria son pareja…


                   - Ahh… de acuerdo – no entendió a qué venía el comentario.


                   - ¿Sabes cuánto tiempo estuvo Aioria enamorado de Milo? – Shura lo observó sin saber la respuesta - ¡Años! Desde antes de que Milo fuera sexualmente activo y eso fue hace ya MUCHO tiempo… - el de capricornio lo observó sin comprender qué quería insinuar Dita con todo aquello – A lo que voy, mi querida cabra… es que… la espera es algo muy difícil de soportar… a veces tan solo hay que tomar valor y hacer las cosas…


                   - No sé si tenga oportunidad…


                   - Pero al menos así lo sabrás, ¿no?... Aioria tomó el riesgo…


                   - ¿Por qué me comparas con Aioria?


                   - Porque es el mejor ejemplo… él y Milo han sido amigos desde siempre, y Aioria pudo seguir enamorado en silencio durante muchos años más… porque tenía mucho que perder, si Milo decía que no sentía nada por él iba a ser desastroso para su amistad, pero habría sido peor el haber seguido perdiendo tiempo… en ambos casos.


                   - No es tan fácil…


                   - Lo sé… pero cualquiera que sea la respuesta de Camus… terminará con la espera… si te dice que sí, tendrás lo que siempre has querido… si te dice que no, serás libre para buscar ese algo en alguien más…



Y sí, había días en que pensaba que había sido un error pedirle esa receta, pero había otros, en que lo agradecía inmensamente.



****



Camus notó leves diferencias en el de cáncer, ya no lo buscaba tanto como antes, supuso que era lo normal en una relación, después de todo, lo mismo había sucedido con Milo, así que comenzó a esforzarse más por complacer a Death Mask, ya ni siquiera ponía la más mínima resistencia cuando éste llamaba a Shura, lo cual se convirtió en una constante en su relación, a decir verdad, no podía recordar la última vez en que había estado solo con D.M.



                   - No recuerdo haberte quitado algo esta vez… - dijo Kanon cuando vio a Camus esperándolo a las afueras del tercer templo.


                   - Solo pasaba por aquí… - el dragón marino de inmediato supo que el francés había ido hasta ahí para hablar.



Había iniciado un par de semanas antes, cuando Kanon se topó al francés pensativo en uno de los campos de entrenamiento, intentó molestarlo pero Camus estaba extrañamente ausente ese día, así que optó por sentarse a su lado y preguntarle si todo iba bien. Tardó casi una hora contando anécdotas e historias, antes de que Camus decidiera sincerarse, pero a partir de ahí, el francés comenzó a buscarlo cada vez que se presentaba una de sus crisis. Era agradable hablar con Kanon, sentía que no lo juzgaba, que tan solo, lo escuchaba y le daba consejos, un poco extraños, pero consejos al fin.



                   - ¿Quieres tomar algo? Creo que Aioros acompañó a Saga a comprar la despensa en la mañana, así que… es muy probable que en verdad tenga comestibles en la alacena…


                   - ¿Está Saga?


                   - No, está con Shaka…


                   - Ahh…


                   - Ven, vamos a su cuarto – tomó una de las manos de Camus y lo condujo hasta la habitación del mayor – me gusta más aquí porque… tiene menos luz.


                   - Mi templo es muy oscuro.


                   - Lo sé y… ¿qué pasó? – preguntó recostándose y jalando a Camus consigo, sentía que era arriesgado ser tan directo con Camus, pero era precisamente esa forma de ser tan directa, lo que hacía que el francés confiara en él, tal vez en el fondo le recordaba a Milo, y es que, aunque Camus no lo sabía, el escorpión había aprendido eso de Kanon.


                   - No sé si quiero seguir así… - lo dejó hablar a pesar de las constantes pausas y silencios - ¿Si sabes cómo?


                   - No, ¿cómo? – Camus puso los ojos en blanco – Está bien, si no quieres que te ayude… - se puso de pie, sabía que para tratar al francés había que acorralarlo, dejarlo sin salida.


                   - Espera… está bien… - tomó aire – A veces siento como si me usara…


                   - ¿Por qué?


                   - No sé, es que… - miró a Kanon preguntándose qué tan honesto o qué tan abierto debía ser con él – a veces, cuando nos vemos después de mucho tiempo, se alegra… no por verme, sino porque le entusiasma la idea de que podrá estar con él… ya no somos nosotros dos – creyó ver algo de dolor en su rostro – hace MUCHO que dejamos de ser nosotros dos…


                   - ¿Y te molesta eso? – Camus lo pensó un par de segundos antes de responder.


                   - Sí… me molesta y mucho… ¿sabes qué creo a veces? – Kanon musitó un débil “¿qué?”, le daba la impresión de que si hablaba un poco más fuerte, el de acuario se daría cuenta de que se estaba confesando y saldría huyendo como era su costumbre – a veces creo... – lo dijo como si fuera un gran secreto, como si temiera que el simple hecho de decirlo en voz alta lo fuera a hacer realidad – que si sigue conmigo es para tenerlo a él… y he querido preguntarle si… - dejó la frase en el aire - ¿crees que ya le haya propuesto algo?



Oh si lo sabría, y muy bien, claro que se le había declarado el de cáncer, de una forma melosa, cursi y casi ridícula, pero eso no se lo diría al francés, no le correspondía intervenir en ese triángulo amoroso en el que se habían metido.



                   - Death Mask es un tipo raro, no te sabría decir qué espero de él – dijo esquivando la mirada del de acuario.


                   - Por todos los dioses… sí lo hizo ¿verdad?


                   - No lo sé – lo que no sabía era cómo había hecho Camus para llegar a esa conclusión.


                   - ¿Cuándo?


                   - ¿Qué? Camus no sé qué…


                   - Kanon - comenzaba a desesperarse – por favor… te prometo que no le reclamaré nada ni se lo echaré en cara, es que… ya no puedo con esto… no puedo seguir pensando que todo va a tener un final feliz… y ya no quiero estar con la esperanza de que todo el asunto de Shura es una etapa que se le va a pasar y que volveremos a estar bien… - el menor de los gemelos no podía siquiera verlo, aunque él no tenía nada ver con ello, se sentía un traidor – Kanon…


                   - Camus, no vale la pena que sigas desgastándote de esta forma… mira, mejor habla con D.M. enfréntalo… pregúntale directamente si siente algo por la cabra…


                   - Pero si me dice que sí, me va a dejar…


                   - ¿Desde cuándo al caballero más frío e insensible de la orden le preocupa lo que piensen los demás? – si hubiera sido de los que sonreían, habría sonreído, pero no lo hizo, porque no era de ese tipo de personas - ¿Eh?


                   - Desde siempre… - y ese era otro lado que no conocía del francés – Sabes, siempre pienso… que puedo aguantar un poco más…


                   - ¿Aguantar qué?


                   - Estar así… cuando pienso en preguntarle o… darle un ultimátum… imagino que terminará dejándome y entonces me digo a mí mismo que prefiero tenerlo así, de manera parcial a no tenerlo en absoluto… y entonces pienso que puedo aguantar un poco más… 



El sonido de su móvil lo distrajo.



                   - ¿Es él? – preguntó Kanon.


                   - Sí… quiere que pase por Shura…


                   - Yo te aconsejo que… lo disfrutes… digo, si va a durar o si no, no ganas nada preocupándote tanto, lo que tenga que pasar, pasará y no habrá nada que puedas hacer al respecto…



Un nuevo mensaje interrumpió la conversación. Eran solo dos palabras, un simple "te quiero”, que de hecho, estaba mal escrito y parecía más bien un mensaje reenviado, pero eso era suficiente para que el francés sonriera inexplicablemente. Kanon lo comprendía, Camus no tenía que decir nada para que el dragón marino se diera cuenta de que el nuevo mensaje implicaba algún sentimiento positivo hacia el francés. Siempre le había parecido extraña la manera en que una persona se convertía en el centro de nuestro universo, que bastara una frase buena o mala para hacer de nuestro día un completo éxito o un fracaso. Él también había pasado por ello, recordaba cuando sentía que Milo lo buscaba más, cómo, cualquier señal de cariño de parte del escorpión lo hacían inmensamente feliz… a veces lo odiaba por ello, por haberle hecho perder la fe en el amor, otras veces tan solo lo odiaba por haberlo olvidado tan pronto.



                   - Me tengo que ir…


                   - Es temprano… - no pudo ocultar la decepción en su voz, su estancia en Cabo Sunión le habían hecho que detestara el estar solo. 


                   - Lo sé… ahh… Puedo venir más tarde… o… no sé si tengas planes…


                   - Me mandas un mensaje cuando te desocupes.


                   - De acuerdo… - se dirigió a la puerta.


                   - Oye Camus…


                   - ¿Sí?


                   - ¿De dónde sacaste la idea de que D.M. se le había declarado a Shura?


                   - No sé… intuición tal vez… o paranoia.


                   - Y… ¿por qué piensas que yo tendría que saber algo al respecto?


                   - Pues… eres del tipo de persona que se lleva bien con todos… eres neutro y… siempre pareces saber qué ocurre con los demás…


                   - ¿Me estás diciendo cotilla?


                   - No, no es eso…


                   - Camus, no te preocupes, yo sé que soy cotilla… - Camus sonrió casi imperceptiblemente – acéptalo, así me amas…


                   - Idiota…



***



                   - ¿Estás listo? – preguntó Camus en cuanto llegó al décimo templo.


                   - Camus, tenemos que hablar… - le venía a la mente aquella ocasión en que Milo le había dicho que si quería algo debía de ir por ello. En este caso, él quería al francés, ¿significaba eso que debía ser directo? Ni siquiera supo de dónde sacó el valor para plantarse ahí, pero sintió que había llegado el momento.


                   - Claro… ¿sucede algo? – tuvo un mal presentimiento, pero lo ignoró.


                   - Te amo Camus… estoy enamorado de ti – el francés lo observó con incredulidad, luego miró a su alrededor, como si esperara que no fuese más que una broma.



La melodiosa risa fue lo único audible y Shura se percató de algo que no había notado antes, nunca lo había escuchado reír, si hubiera sido otra la situación, habría atesorado ese momento, pero ahora solo pensaba en lo estúpido que se vería con el rostro enrojeciendo de manera casi insultante para su orgullo. Camus puso una manos sobre su hombro.



                   - Estás bromeando ¿cierto? – rió – Shura, por un momento me asustaste – pero el de capricornio se mantuvo serio – bien, se hace tarde – intentó tomar la mano de Shura para llevarlo con él en busca de D.M.


                   - No es broma Camus – tenía la esperanza, de que si insistía, si lograba convencerlo de que hablaba en serio todo iba a estar bien.



Camus dejó de sonreír y tuvo que tomar asiento porque si no lo hacía las paredes se le iban a venir encima y eso no sería nada bueno, si eso pasaba, se quedaría atrapado y esa era una de las sensaciones que más odiaba, eso y la incertidumbre.



                   - Shura, tú no puedes estar hablando en serio, tú… - cerró los ojos y negó levemente con la cabeza – no puedes, ¿entiendes? – por un instante sintió que lo decía por compromiso, porque era lo correcto, lo que se tenía que decir, lo había aprendido con Milo, a pesar de todo el daño, Milo fue su mejor maestro, no porque le hubiera enseñado algo, sino porque le ayudó a comprender el dolor que causaban las acciones, y a tomar decisiones a partir de ello.


                   - ¿Por qué no?


                   - Porque no… - a él también le habría gustado encontrar una verdadera razón que lo convenciera de que se trataba de una simple confusión por parte del de capricornio - porque eres mi amigo y…


                   - Y aun así te acostaste conmigo ¿no?


                   - Pues sí, pero… yo ahora estoy con D.M. y no… no debo sentir nada por ti, ¿entiendes?


                   - ¿No debes? - arqueó una de sus cejas sin creer en lo que el otro decía, no lo convencía – dime Camus, ¿lo amas? – Camus no podía separar la mirada del suelo, como si fuera lo más interesante del mundo.


                   - … lo lamento Shura… - Shura sonrió con decepción.


                   - Entonces, ¿no tengo ninguna oportunidad? – Camus negó con la cabeza.


                   - Sé lo que se siente que te engañen… y aunque no lo supiera… es algo que yo no haría… lo siento…



Hubo un silencio incómodo que se prolongó tanto que parecía eterno. Entonces Shura se puso de pie y Camus hizo lo mismo.



                   - Vamos… se hace tarde y Death Mask estará cansado de esperar.


                   - No creo que sea buena idea… - entonces Shura supo que había cometido un grave error al declararse.


                   - Lo sabía… - su tono de voz había cambiado levemente - de hecho, se lo dije a Death Mask… que ibas a reaccionar así… pero él insistió y… 


                   - Espera… no entiendo…


                   - Él tenía miedo de que ya no sintieras lo mismo por él y… me pidió que… te pusiera a prueba… - Camus hizo un gesto de incredulidad.


                   - ¿En serio? Es decir… ¿todo eso de… la declaración fue para ver si era capaz de engañarlo?


                   - Sí… pero… por favor no le digas que te lo he dicho… me mataría si descubre que no soy tan buen espía como él piensa…


                   - Ahh… no te preocupes, pero… ¿por qué cree que lo voy a engañar?


                   - No lo sé… ¿vamos? - Camus asintió, sentía que lo habían liberado de un gran peso, aunque no pudo negar que por un instante, la idea de estar con Shura, le pareció atractiva, quizá tan solo le agradó la idea de que alguien lo quisiera de esa forma.



Shura no bebió mucho esa noche, le gustaba mantener los sentidos alerta cuando tenía oportunidad de estar con Camus. En cambio el francés bebió algunas cervezas a petición (o por insistencia) de Death Mask.



                   - ¿Te sientes bien? – preguntó Shura al ver que Camus apenas podía mantener los ojos abiertos.


                   - Tal vez debamos dejar que descanse mientras nosotros hacemos lo nuestro – musitó el de cáncer acorralando a Shura contra una pared.


                   - Ya sabes cuál es el trato, solo dejaré que me lo hagas si yo puedo hacerlo con Camus – musitó para que el francés no los escuchara.



Y ahí estaba de nuevo aquella declaración de la que estaba consciente y que tanto le fastidiaba al italiano. Odiaba saber que el de capricornio solamente estaba ahí por Camus. ¿Qué acaso no era bueno el sexo con él? Porque ninguna de sus parejas se habían quejado nunca, entonces, no entendía por qué Shura estaba tan obsesionado con Camus.



                   - ¿Entonces no haremos nada? – preguntó molesto D.M. y la mirada de Shura se dirigió hacia la cama donde se encontraba Camus.


                   - Déjame intentar algo – se acercó al francés y tocó su brazo – Camus… hoy tendrás el mejor orgasmo de tu vida… - el de acuario tan solo sonrió y acercó sus labios al rostro de Shura. Éste no pudo resistirse a probar el etílico y dulce sabor de su boca.



Luego besó su cuello y el de acuario echó hacia atrás la cabeza mientras un gemido escapaba de sus labios. Shura se encargó de desnudarlo y se entretuvo lengüeteando sus tetillas hasta que estuvieron tan erectas que le causó un ligero dolor al francés. Siguió bajando por su abdomen hasta toparse con el erguido y ansioso miembro, apresó la punta entre sus labios y utilizó su lengua para explorar cada centímetro de su endurecida hombría. Los gemidos del francés no tardaron en inundar la habitación.



                   - ¿Te gusta? – preguntó mientras seguía masturbándolo, como respuesta el francés tan solo sonrió y separó un poco los muslos.



El de capricornio deslizó su lengua por los testículos, se sentían calientes y pesados, los besó mientras tomaba ambas piernas del francés por debajo de las rodillas para separarlas y dejaba expuesta la estrecha entrada que prometía gran placer. Rodeó la pequeña abertura antes de posar su lengua directamente sobre la entrada, intentando follarlo con la lengua, sentía cómo casi imperceptibles contracciones apresaban su lengua para luego relajarse acompañadas de sensuales gemidos que tan solo lo excitaban más. Luego volvió a meter el miembro de Camus en su boca, succionando con fuerza y con tanta insistencia que de pronto el cuerpo de Camus se tensó por completo. Shura apretó la base del miembro de Camus para impedir que eyaculara y éste de inmediato se alertó.



                   - Espera… ahh… - Camus intentó separarlo de su miembro pero el de capricornio apartó las manos del francés y Death Mask se acercó para sostener ambas muñecas de Camus – No, ya… para… ahh… - la excitación era tanta que comenzaba a dejar de ser placentera para convertirse en dolorosa – detente… , me duele… ahh… - en realidad parecía que estuviera sufriendo y Death Mask por un instante se vio tentado a soltarlo, pero algo en la mirada de Shura le hizo pensar que sabía lo que hacía.



El español había introducido uno de sus dedos en la entrada de Camus y masajeaba la próstata, los gemidos fueron en aumento, tanto así que más bien parecían quejidos. Las piernas de Camus estaban completamente tensas, quería empujar a Shura, pero la intensidad de las sensaciones en la parte baja de su cuerpo le impedía hacer fuerza. Segundos después Shura dejó de ejercer presión sobre el miembro de Camus y siguió masajeando su próstata, recibiendo un profundo gemido mientras el cuerpo del francés se contrajo con fuerza, oleadas de placer lo recorrían como nunca antes, era como si su cuerpo entero palpitara con violencia de forma deliciosamente inexplicable, su respiración estaba alterada y su corazón latía al máximo. Su cuerpo no tardó en relajarse tanto que terminó profundamente dormido.



Camus despertó algunas horas después, se sentía por completo relajado. Shura y D.M. seguían dormidos a su lado, supuso que lo habrían hecho cuando él se quedó dormido, y aunque la idea le lastimaba un poco, no podía dejar de sentirse satisfecho. Olvidó mandarle un mensaje a Kanon.



***



Esa misma semana D.M. propuso reunirse de nuevo, le habían asignado una misión así que no estaría en el santuario durante algunos días, y decidió llevarse un grato recuerdo antes de partir. Reposó alrededor de media hora y luego se puso de pie.



                   - ¿Ya te vas? – preguntó Camus un poco decepcionado, aunque supo disimularlo.


                   - Sí, entre más rápido parta más rápido estaré de regreso.


                   - Ah… - se despidieron con apenas un roce de labios y luego el italiano se fue, dejando a Camus solo con un adormilado Shura.



No supo por qué, pero en esos últimos encuentros, Camus sintió más placer que en toda su vida, las últimas veces todo había sido más intenso, quizá, aunque ninguno de los tres lo sabía a ciencia cierta, en el fondo sentían que pronto terminaría todo. Algo que no entendía Camus, era cómo hacía Shura para llevarlo a un extremo casi doloroso y luego convertir todas esas sensaciones en indescriptible placer, y aunque no se sentía cómodo sabiendo que se trataba solo de sexo, habría sido hipócrita de su parte decir que no lo disfrutaba.



                   - ¿Y Death Mask? – preguntó extrañado al no ver al italiano en la cama.


                   - Tenía una misión…


                   - ¿Y te dejó a solas conmigo? – dijo intentando sonar peligroso, pero solo obtuvo una leve sonrisa del francés.


                   - Sí… - tomó aire pero no dijo nada, luego, segundos después hizo la pregunta que venía rondándole por la mente desde hacía mucho tiempo - ¿Qué te gusta más?


                   - ¿De qué?


                   - Te gusta… ¿ser pasivo o… - no pudo terminar la pregunta, no solía ser muy directo en esa clase de cosas.


                   - Ambas… - sonrió ante la expresión incrédula del francés.


                   - Pero… debes preferir una, ¿no?


                   - Mm… no lo sé, ¿tú qué prefieres?


                   - … bueno – la pregunta lo había tomado por sorpresa – yo nunca he… nunca…


                   - ¿Nunca se lo has hecho a alguien? – preguntó sorprendido, había sido Camus quien se había encargado de prepararlo la primera vez que estuvieron juntos, así que no sabía entonces de dónde había sacado la experiencia.


                   - No…


                   - ¿Por qué? ¿No te agrada la idea? – se incorporó sobre la cama apoyándose sobre uno de sus brazos.


                   - No es eso, es que… Milo nunca quiso y Death Mask… jamás me ha dejado… creo que están conformes con su papel… saben lo que les gusta y ya…


                   - Pero a ti, ¿te gustaría hacerlo?


                   - No sé… creo que ya me acostumbré… ya sabes…


                   - Pero… ¿te gustaría hacerlo? – insistió.


                   - Tal vez… para saber qué se siente.



Hubo un momento de incómodo silencio.



                   - Puedes hacérmelo a mí si quieres – Camus abrió los ojos sobremanera, le sorprendía enormemente que Shura se ofreciera a ello, solo en un par de ocasiones se lo había propuesto a Milo y a Death Mask, pero siempre recibía la misma negativa, o una sonrisa sarcástica que tan solo le hacían enfadarse y alejarse un tiempo – bueno, si te parece…


                   - ¿Es en serio?


                   - Claro.

                   
                   - Genial… le diré a D.M. en cuanto regrese… espero… que no te arrepientas para ese entonces… - la idea no le agradó tanto al de capricornio, sabía que D.M. no estaría de acuerdo y algo le decía que se encaminaba lentamente al fin de esa extraña relación.



***



                   - Y… ¿cómo te va con Shaka? – preguntó Aioros mientras preparaba la cena en el tercer templo.


                   - Mm… no lo sé… es que… ¿tú lo conoces bien? – el arquero lo observó con curiosidad - tan solo no lo entiendo… creo que no le agrado mucho, quizá solo salió conmigo para quitarse a Milo de encima…


                   - ¿Por qué lo dices? – desde su punto de vista, el de virgo estaba que moría por Saga, así que no sabía de dónde sacaba Saga esa idea de que no le agradaba - ¿puedes pasarme la salsa de soya? – Saga tomó un frasco – no, es la de tapa roja…


                   - Cuando está conmigo es más serio… y he visto cómo trata a los demás, es como si no tuviera interés en hablar conmigo y…


                   - Y… ¿tú qué piensas de él?


                   - Pues… me agrada… antes no lo había notado mucho ¿sabes?… no me había dado cuenta de que es realmente hermoso… PERO ese no es el problema… el problema es que no sé cómo conocerlo.


                   - Hazte pasar por Kanon – bromeó el arquero.


                   - No es mala idea.


                   - Saga… estaba jugando, es una pésima idea…


                   - No, así podré conocerlo de verdad… quiero saber por qué no me trata como a los demás.


                   - ¿No sería más fácil si le preguntaras directamente? – pudo ver en ese momento la determinación en los ojos de Saga, así que supo que aunque insistiera, no lograría convencerlo – Ahh – suspiró – de acuerdo… te apoyaré… pero solo porque eres mi amigo, la verdad, la idea no me emociona…


                   - No te preocupes, todo saldrá bien…



***



Dos días después.



                   - Sabes, no creo que lleve miel…


                   - Camus, he hecho esta receta antes… - mintió – claro que lleva miel… es para darle consistencia.


                   - Creo que para eso de la consistencia, había que echarle gre… ¿grenetina?


                   - Pero… ¿y luego cómo haces que quede dulce?


                   - ¿Con azúcar? – sí, ambos eran un desastre en la cocina.


                   - Creo que Saga debe tener un libro de cocina…


                   - ¿En serio? – no imaginaba a Saga cocinando.


                   - En realidad, creo que Aioros lo olvidó…


                   - Eso suena más lógico.


                   - Espera, iré por él, si no lo encuentro, igual y le preguntamos a Aioros.


                   - Me parece bien.



Kanon salió rumbo a la habitación de Saga dejando a Camus solo en la cocina, miró a detalle el tercer templo, había estado ahí varias veces y siempre le causaba la misma curiosidad, le gustaba preguntarse qué cosas serían de Kanon y qué cosas de Saga, porque a pesar de que eran tan parecidos físicamente, en la forma de ser eran completamente distintos.



El sonido de un móvil lo distrajo y lo tomó para llevárselo a Kanon, o al menos esa era su intención hasta que notó que el mensaje era de Death Mask… desde que había partido a la última misión no se había comunicado con él, así que le sorprendió sobremanera que sí se pusiera en contacto con el dragón marino, y aunque sabía que estaba mal, no pudo evitar abrir el mensaje con algo de nerviosismo.



“Te extraño” – era la primera frase del mensaje y ya era presa de las náuseas, ¿entonces D.M. no estaba interesado en Shura sino en Kanon? Su mirada repasaba el mensaje pero era como si de pronto hubiera olvidado cómo leer, apartó la vista, mientras una sensación de enfado iba acumulándose en su cuerpo hasta convertirse en ira, entonces, en medio de todo el movimiento que había en su cabeza, recordó algo que lo dejó helado, el móvil de Kanon era igual que el suyo, por algo siempre tenían discusiones cuando el menor de los gemelos tomaba sin permiso su cargador, entonces, o había cambiado de móvil o ese NO era el móvil de Kanon, así que se armó de valor e intentó concentrarse para poder leer el resto del mensaje. “En cuanto regrese te follaré hasta que te duela querida cabrita” Fue como si el tiempo se detuviese, la confusión le impedía ordenar sus pensamientos y entonces, fue como si un ruido intenso inundara la habitación, sabía que no debía hacerlo, pero algo lo impulsaba a leer mensajes antiguos, se quedó sin palabras cuando vio que había muchísimos mensajes de parte del de cáncer, la mayoría eran lascivos, aunque había uno que otro que destilaban cursilería, luego vio el registro de llamadas y descubrió que había más de una llamada diaria.



                   - Camus, no encuentro el libro, creo que es mejor preguntarle a Aioros…


                   - Tú lo sabías – arrastraba las palabras con enfado – No eres más que un maldito traidor… igual que ellos.

                   
                   - ¿Qué? ¿de qué… - la confusión de Kanon se disipó cuando vio el móvil de Shura entre las manos del francés – Camus… escucha…


                   - Pensé que éramos amigos…


                   - Camus… yo… - no tenía ni tiempo de preguntarse por qué el francés le reclamaba a él, tan solo podía sentir la tensión en el aire – espera… - y ya no pudo decir más.



Continuará…

No hay comentarios:

Publicar un comentario