miércoles, 16 de enero de 2013

Capítulo 6: Videojuego - Marzo 2.2011

Capítulo 6: Videojuego



                   - Lo siento – dijo Kanon con algo de angustia en la voz, luego se escuchó un quejido y un sonido que ninguno de los presentes quiso ni supo descifrar.



El de capricornio abandonó su almuerzo y se acercó (a pesar de haber sido advertido por los demás de no hacerlo) a la salida del comedor principal. Ya no se sorprendía por toparse con ese tipo de escenas, por lo regular Kanon tomaba algo de Camus y éste, sumamente enfadado le iba a reclamar, para segundos después, terminar peleando en el suelo como un par de críos. Y a pesar de que le gustaba estar al margen de ese tipo de situaciones, era casi inevitable para Shura intervenir. Era como si algo lo obligase, y ese algo en el fondo no era más que una especie de celos al ver la cercanía del francés con el griego, le incomodaba un poco pero ellos ya ni lo notaban, invadían mutuamente su espacio personal pero estaban tan acostumbrados que ya les era indiferente.



                   - Ya te dije que te lo devolveré… ¿de acuerdo?


                   - Eso dijiste la última vez y tuve que pedirle el cargador a Shura porque TÚ perdiste el mío.


                   - No lo perdí… - desvió la mirada – iba con Aioros, estaba seguro de que si olvidaba algo, él lo recogería… ya conoces a Aioros, él jamás pierde las cosas.


                   - No, él no, pero tú sí… - Kanon lo pensó un instante, era cierto lo que decía Camus, pero no estaba dispuesto a aceptarlo. 


                   - Hagamos esto, ten…


                   - ¿Y esto?


                   - Es para jugar… con este botón avanzas… - explicó con paciencia – y con este otro puedes…


                   - Sé lo que es… - interrumpió – lo que no sé es para qué me lo das.


                   - Te lo dejo como garantía, si algo le pasa a tu cargador, te quedas con el juego… ¿te parece?


                   - … De acuerdo… - musitó el francés no muy convencido.



Lo que no sabía Camus era que el videojuego en cuestión le pertenecía a Aioria, y lo que no sabía Kanon era que el francés terminaría enviciándose.



***



El primer encuentro con Shura después del suceso fue menos incómodo de lo que Camus hubiera pensado, había decidido no topárselo en algunas semanas, pero una misión que les habían encomendado juntos arruinó sus planes de escape. Así que tuvo que aguantarse y fingió que no había pasado nada, afortunadamente para el francés, la personalidad reservada del de capricornio le facilitó mucho las cosas.



Comenzaron por compartir el almuerzo una mañana y después de un par de días, desarrollaron un extraño gusto por la comida, con Shura todo le parecía delicioso, tanto, que se les hizo costumbre pasar el tiempo juntos, era una gran ventaja el ser vecinos, estaban relativamente disponibles a cualquier hora, solo a un par de minutos de distancia. Solamente algunos notaron en realidad esa cercanía, entre esos pocos se encontraba Death Mask, quién, contra lo que esperaba el francés, insistió en un segundo encuentro y luego en un tercero hasta que un día perdieron la cuenta de todas las ocasiones en que habían estado juntos.



                   - ¿Sabes qué vi el otro día en un programa? – dijo Camus sin perder la vista del juego que tenía entre sus manos. Había olvidado por completo pedirle el cargador a Kanon y éste no hizo nada por regresárselo.


                   - ¿Qué cosa?


                   - Un pay… era de… limón, se veía fácil de preparar…


                   - ¿Anotaste la receta? – en ocasiones sentía la extraña nostalgia de la costumbre, como si hubieran pasado la mayor parte de su vida juntos, no como compañeros, sino como pareja y ese pensamiento lo traía de regreso a la realidad, en donde no tenían una relación más allá de la amistad.


                   - No, pero Dita sí… ¿se la pedimos? – Shura estaba a punto de asentir pero la queja de frustración del de acuario lo distrajo – ¡AHHH!


                   - ¿Qué?


                   - Me mataron… - lo dijo con tanta seriedad que le causó gracia al de capricornio.


                   - A ver, ¿en qué nivel vas? ¿Ya pasaste al tipo de la sierra eléctrica?


                   - Dioses no – Shura se sentó a su lado, le gustaba poder acercarse de esa manera sin que el francés lo notara – No quiero toparme con un tipo de una sierra…


                   - No es tan peligroso como se escucha, solo tienes que dispararle antes de que se te acerque – la expresión de preocupación de Camus lo hizo sonreír un instante – o… si quieres cuando llegues me dices y te digo cómo acabar con él.


                   - Gracias – sonrió casi imperceptiblemente sin saber que ese pequeño gesto causaba estragos en el español – ¿A dónde vas? – preguntó cuando vio que el mayor se alejaba repentinamente.


                   - Por… por la receta… - musitó apenas y salió para no tener que dar más explicaciones.



***



Shaka salió hacia su templo rápidamente, si no le hubiera importado lo que pensaban los demás, habría salido corriendo y es que, el de virgo podía soportar muchas cosas, podía tener toda la paciencia del mundo y más, pero no estaba listo para esa horrible sensación llamada celos, y es que le dolía cada vez que veía a Saga demasiado cerca de alguien más, en especial de Aioros. Todo comenzó en el momento en que se encontró a solas con Saga, ¿qué le gustaba de Saga? No estaba seguro aún, PERO, tenía la sensación de que podían ser felices, felices juntos, y nunca antes había deseado algo de esa forma, a decir verdad, nunca antes había deseado nada, y cuando pensaba en Saga todo era tan… fácil, lo hacía sentirse bien (a pesar de que también lo destrozaba constantemente con su indiferencia), le daba la sensación de poder contra el mundo entero si el gemelo estaba a su lado, sonreía de manera tonta cuando pensaba en él, cuando hablaban, cuando lo veía pasar, incluso cuando decía su nombre… SAGA… ¿Había nombre más encantador? Y lo amaba, con toda su alma, lo necesitaba porque aunque no comprendía el motivo, era lo más hermoso que le había pasado e irónicamente por eso, en ocasiones, lo odiaba tanto, ¿qué derecho tenía el mayor de los gemelos para herirlo de esa forma? Para despreciarlo sin siquiera darle una oportunidad, ¿no era injusto? Y se sentía egoísta y torpe, sentía que todo su mundo y su vida se derrumbaba con el más leve rechazo.



                   - ¿Estás bien? – preguntó Milo cuando entró al templo vecino y sorprendió al rubio como nunca antes, apretaba sus manos con rabia sobre uno de los muebles mientras su mirada acuosa se perdía en algún punto inespecífico de la habitación.


                   - … Sí – su cuerpo se relajó de inmediato cuando se dio cuenta de que no estaba solo, ni siquiera había sido capaz de notar la presencia del escorpión, y eso lo turbó un poco - ¿Necesitas algo?


                   - No, solo… estaba con Aioria, te vi pasar y pensé… que quizá querrías hablar – Milo tomó asiento sin ser invitado y con todo el descaro que lo caracterizaba tomó un pequeño racimo de uvas que tenía el rubio sobre una pequeña mesita.


                   - Quiero estar solo Milo – musitó, ni siquiera tenía ganas de fingir que estaba bien.


                   - ¿Sabes cómo es que logré que Camus se fijara en mí? – a pesar de no querer demostrarlo, sintió curiosidad, siempre se había preguntado eso, a decir verdad, era el tema de conversación que surgía cuando ya no había nada más de qué hablar en el Santuario, porque… Milo y Camus eran… como fuego y hielo, eran tan diferentes, que de no haber sido porque Kanon era un chismoso, jamás nadie se habría enterado de que estaban juntos. Algunos pensaron que era una apuesta, que estaban fingiendo por algún motivo desconocido o que quizá tan solo se trataba de una broma que se les había ido de las manos.


                   - ¿Lo embriagaste? – dijo Shaka después de un par de minutos de pensarlo.


                   - ¿Qué? – cuestionó el escorpión realmente sorprendido - ¡NO!


                   - ¿Entonces?


                   - Le dije lo que nadie le había dicho hasta ese entonces – Shaka lo observó con curiosidad.


                   - No te entiendo…


                   - A lo que me refiero es que, con gente como Camus, como Saga hay que ser directos, ellos jamás se enteran de ese tipo de cosas, no son de las personas que saben interpretar expresiones o leer entre líneas, tal vez le agradas a Saga más de lo que te imaginas y…


                   - Milo… espera… - lo detuvo antes de que siguiera construyendo más castillos en el aire, con los que el propio rubio había creado eran más que suficientes – no comprendes, no tengo ninguna oportunidad con Saga… ahh – suspiró.


                   - ¿Está interesado en alguien más?


                   - Más o menos… escuché… que le gusta una joven del pueblo – la última frase lo dijo rápido, como si quisiera terminar con ello lo antes posible.


                   - ¿Y qué? – a veces le sorprendía la poca capacidad de comprensión que aparentaba el escorpión – a mí también me han gustado algunas chicas del pueblo…


                   - No estás entendiendo, a Saga no le gustan los hombres… - un dolor punzante lo golpeó de pronto, fue como si al decirlo en voz alta se hubiera dado cuenta de que en realidad no tenía oportunidad, porque no era algo que estuviera en sus manos cambiar, no era como si a Saga no le gustaran los rubios o de cabello largo, al de géminis tan solo no le gustaba Shaka porque era hombre, y era doloroso eso, porque sabía que era capaz de hacer cualquier cosa por agradarle al mayor, pero en este caso había perdido antes de intentarlo siquiera, era una tragedia, no tenía remedio - ¿Podrías dejarme a solas? – musitó, tenía ganas de recostarse y permanecer así el resto del día.


                   - Shaka… mírate – lo obligó a ponerse de pie y tomándolo por los hombros lo acercó a un gran espejo que se encontraba en la habitación – Tu facciones son tan delicadas como las de una mujer – entonces el comentario no le agradó nada al rubio y se giró con violencia hacia Milo.


                   - ¿Qué estás insinuando? – preguntó molesto.


                   - A lo que me refiero es que… tu rostro es tan… - el enojo en la mirada de Shaka hacían que el escorpión no supiera qué decir y balbuceara cosas apenas entendibles – perfecto que nadie sabría si eres hombre o mujer… porque le gustarías a todos… y…


                   - ¡Eres un idiota Milo! – le gritó, hacía mucho tiempo que no gritaba y se sintió bien por un momento – No sé qué intentas decir, pero quiero que te vayas en este instante de mi templo.


                   - Lo que digo es que… - y no entendía el escorpión, seguía intentando arreglar las cosas para tan solo empeorarlas.


                   - LARGO…



***



Saga se dirigió al templo de virgo, él no había notado nada raro en el comportamiento de Shaka, pero en cambio Aioros sí lo hizo, y como el arquero tenía una vaga idea acerca de los sentimientos del rubio hacia el mayor de los gemelos, decidió que era hora de acercarlos un poco.



El ruido proveniente del sexto templo y la escandalosa voz de Milo, le hicieron pensar por un momento que en su distracción se había pasado y había llegado hasta el templo del escorpión. Pero cuando entró se topó con una escena que jamás en su vida hubiera imaginado. Milo se encontraba tirado en el suelo con Shaka encima de él, lo había inmovilizado y sostenía las muñecas del escorpión a ambos lados de su cabeza.



                   - No digo que parezcas mujer… solo digo qué…


                   - No sabes cuándo callarte ¿cierto? Tal vez debería quitarte un par de sentidos, por el bien de la comunidad… ¿Cuál debería quitarte primero? – preguntó amenazante.


                   - Si le quitas el tacto se muere… - dijo Saga divertido por la escena.


                   - Ahh… Sa… Saga… - por más que quiso, no pudo controlar el sonrojo en su rostro y se puso de pie tan rápido como pudo – no es… lo que… parece – intentó justificarse sin saber por qué – él empezó – acusó como si con eso pudiera librarse de ese embarazoso momento y no le importaba echarle tierra a Milo, después de todo, en su opinión, se lo había ganado por imprudente.


                   - No es cierto, tan solo dije que…


                   - ¡Cállate! – le dirigió una mirada asesina, y la sonrisa llena de sarcasmo que le ofreció Milo le hizo sentir escalofríos.


                   - O, ¿tú qué piensas Saga?


                   - ¿De qué? – su poco despierta curiosidad hizo acto de presencia, y es que no imaginaba ver a Shaka tan alterado como en ese momento, por lo regular el rubio era tranquilo, serio, callado, un poco borde a veces, pero era raro verle perder el control de esa forma.


                   - Supongamos que no conoces a Shaka, y vas caminando por la calle y te lo topas… ¿No pensarías que es hermoso?


                   - Milo, por favor no… - casi rogó Shaka, no se sentía capaz de soportar la respuesta de Saga, y esta vez no tenía a dónde salir corriendo porque ya se encontraba en su templo. Maldijo su suerte por toparse ese día al escorpión y que éste fuera tan testarudo.


                   - Es decir, no te importaría que fuera un chico ¿verdad? – Saga se quedó en silencio provocando por primera vez cierto nerviosismo en el escorpión, no estaba acostumbrado a que las cosas no salieran como pensaba, así que se giró hacia el rubio y continuó hablando - Y es aquí donde no me entiendes, no digo que parezcas chica, tan solo digo que eres tan… perfecto que da igual, yo me enamoraría de ti, fueras lo que fueras… ¿qué dices Saga? – el mayor de los gemelos observó detenidamente el rostro de Shaka, como si por primera vez lo viera en realidad. Ya había notado antes que el rubio tenía los ojos más bonitos del Santuario, pero no es como si lo pensara todo el tiempo. Y sí, ahora que lo veía podía decir que tenía un rostro precioso.



El silencio de Saga se prolongó unos segundos más y el escorpión estuvo a punto de obligarlo a decir que Shaka era hermoso y que no le importaría salir con él aunque fuese hombre. Así que decidió ser más directo y tomando a Shaka por los hombros como cuando lo obligó a mirarse al espejo, lo puso delante de Saga. El rubio estaba a punto de colapsar por tanto estrés y nerviosismo.



                   - ¿No crees que Shaka es bellísimo? – sacudió un poco el cuerpo del de virgo y éste se dejó manejar como si no pudiera hacer nada para evitarlo.


                   - Ya basta Milo – el rubio no parecía molesto, más bien decepcionado – Saga, no tienes que hacerle caso, ya sabes cómo es Milo… - bajó la mirada intentando pensar en otra cosa, pero la realidad lo golpeaba con dureza. “No le gusto… bueno, no me sorprende…no puedo gustarle porque… no le gustan los hombres” – sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sintió el contacto de Saga con su rostro, el mayor de los gemelos había levantado la cara de Shaka tomándolo de la barbilla, como si quisiera verlo mejor.


                   - Es cierto – dijo finalmente el de géminis, y en ese momento Shaka sintió que de verdad iba a colapsar, se había repetido tantas veces que no le gustaba, que cuando Saga dijo que era cierto, no pudo evitar pensar que de alguna manera había leído sus pensamientos y que en verdad no le gustaba – tienes un rostro hermoso…



Shaka sonrió avergonzado, de pronto todo tenía color de nuevo y era feliz, y alegre y él estaba bien otra vez, la expresión de Milo también cambió, siempre confiaba en su instinto y realmente se preocupó cuando creyó que Saga no le iba a dar la razón.



                   - ¡Te lo dije! – el escorpión lo sentía como una victoria personal, como si la persona a la que amaba le acabara de decir que era recíproco – Entonces, ¿saldrías con él? ¿Aunque no sea una chica? – y ahí iba de nuevo Milo, a meterse en donde no le llamaban, y si en algún momento Shaka pensó en agradecerle al escorpión por haber alegrado su día, bastaron segundos para que olvidara ese pensamiento y tuviera deseos nuevamente de quitarle uno a uno los sentidos.


                   - Pues… cuando te gusta alguien eso no importa ¿o sí?


                   - ¿Y te gusta?


                   - Milo, ya… - dijo hastiado el rubio, su día ya se había alegrado lo suficiente y no quería perder esa sensación escuchando algo que quizá le haría daño. Saga observó nuevamente a Shaka.


                   - No lo pienses Saga, tan solo dilo, ¿te gusta?


                   - Sí, supongo…


                   - ¿Saldrías con él?


                   - … Sí


                   - ¿Y por qué no salen? Saben, se acaba de estrenar una película muy buena, creo que les gustará.


                   - Suena bien, ¿tienes algo que hacer esta noche? – Shaka negó con la cabeza, y si tenía algo que hacer, lo cancelaba con tal de estar al lado de Saga – ¿A las 8:00 está bien?


                   - Sí – musitó aún sin creer que todo aquello estuviera pasando.



***



                   - Sigues con eso – preguntó Death Mask cuando vio a Camus enfrascado en el videojuego.


                   - Sí, ¿qué sucede?


                   - Acabo de encontrarme con Shura – dijo Death Mask emocionado.


                   - ¿En serio? ¿En dónde?


                   - Estaba en el templo de Aioria – Camus se sorprendió un poco, ¿qué no había ido Shura con Afrodita? – Y, ya me puse de acuerdo con él, iremos a su templo en la noche…


                   - … ¿Otra vez? – dejó el videojuego a un lado, de cualquier manera no encontraba la llave que le pedían para pasar de nivel.


                   - Vamos Camus, será divertido, ha sido divertido hasta ahora ¿no te parece?


                   - Ese no es el punto – el rostro decepcionado de D.M. lo molestó un poco.


                   - Estaré en el templo de Shura como a eso de las 10, puedes venir si quieres – terminó de decir y se dirigió rumbo a la puerta.



Para Camus, esa fue una llamada de alerta, a D.M. no le importaba que estuviera él presente o no.



                   - ¿Por qué no vienes y te quedas esta noche aquí? – preguntó Camus.


                   - ¿Quieres que mejor nos reunamos aquí?


                   - No – se acercó a D.M. y lo besó – me refiero a… solo tú y yo, como antes…


                   - Camus… Shura no estará disponible para siempre – dijo intentando convencerlo.


                   - ¿Y yo sí? – se sintió un poco ofendido el francés, de que D.M. creyera que él seguiría ahí sin importar qué.


                   - Cam… lo nuestro seguirá… aun cuando dejemos de pertenecer a la orden, cuando salgamos de aquí, seguiremos estando juntos ¿no? – Camus sonrió, le agradaba la idea de no pasar su vida solo – hay que aprovechar lo de Shura ahora, porque será solo hasta que él se canse y se aleje de nosotros.


                   - De acuerdo – Aceptó Camus.



D.M. siempre había sabido cómo envolverlo con sus palabras, con él había hecho cosas que jamás pensó hacer por voluntad propia y seguramente sería él quien terminaría con la relación un día, porque Camus no se imaginaba dejándolo, no se imaginaba estar sin él, pero en ambas cosas, el francés estaría equivocado.



Continuará…

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