martes, 15 de enero de 2013

Capítulo 6: Háblame - Febrero 17.2010



Capítulo 6: Háblame



Fue un sábado por la tarde cuando comenzó el verdadero sufrimiento emocional de Belleza Extrema. Se encontraba ayudando al imbécil de Shura a acomodar unos libros, le gustaba sentirse útil. En el tiempo que habían estado juntos, Shura le había comprado tantas cosas para mantener la farsa de que eran pareja, que inevitablemente Shaka terminó sintiéndose culpable. Uno de los libros cayó de sus manos, abriéndose y dejando caer a su vez un par de fotografías. Las tomó para colocarlas nuevamente en su lugar pero cuando vio quiénes se encontraban en ellas sintió una especie de malestar. Ahí estabas tú, con Shura, en tiempo pasado, cuando fueron pareja, se veían bien, en una de las imágenes parecía que no les habían dado tiempo de acomodarse para la fotografía, pero en la segunda realmente se veían bien. Se veían tranquilos, felices.



Shaka se preguntó entonces qué había pasado realmente entre ustedes, le daba miedo preguntarle a Shura si seguía sintiendo algo por ti, más bien, le daba miedo que éste le dijera que seguía enamorado y que solo lo utilizaba para darte celos y ver si así regresaban un día. Y se sintió muy triste.



Escuchó los pasos acercándose a la estancia y guardo de inmediato las fotos.



                             - ¿Tienes hambre? – Shaka negó con la cabeza e intentó parecer normal.



Iré a casa – escribió en la pequeña pizarra.



                             - ¿No puedes quedarte un rato más? Yo te llevo más tarde – el rubio negó con la cabeza y abandonó la habitación.



No se vieron durante el resto de la semana, el Cretino Malnacido le envió cientos de mensajes, pero Belleza Extrema apagó su móvil y se sumergió en una profunda e inexplicable tristeza.



***



Siempre creíste en el karma, pensabas que si le hacías algo malo a alguien, alguien te haría algo malo a ti, que el dolor se pagaba con dolor y que por cada buena acción había una buena recompensa. Así que guiándote por todo esto, decidiste NO hacer daño, aunque con el tiempo descubriste que no siempre dependía de ti.



Estaban en una reunión en el departamento de Radamanthys, tú estabas con el anfitrión en el área de fumadores, a decir verdad, los habían excluido a una esquina cerca de la ventana. Nadie más fumaba.



                             - Hace frío – dijiste mientras te abrazabas a ti mismo.


                             - ¿Quieres que te caliente? – dijo mientras se acercaba a ti con el mismo morbo de siempre.



En eso tocaron a la puerta y Dita fue a abrir. Para tu sorpresa, era Siegfried. Tenías tanto tiempo de no verlo que abandonaste tu cigarrillo para ir hacia donde él estaba. Para ese entonces habías cruzado solo un par de palabras con Milo, lo veías demasiado animado platicando con todos que no quisiste arruinarle la noche siendo encimoso con él. Al parecer ya había arreglado su amistad con Aioria, cosa que te produjo algo de envidia, te preguntabas constantemente cómo era que lo perdonaba tan rápido si cuando ustedes tenían un problema tardaban más en resolverlo.



Milo te vio a lo lejos con Siegfried, era un conocido en común pero no lo sabían, así que, él pensó que te estabas mostrando muy cercano con alguien desconocido. No te iba a armar una escena de celos, aunque se estuviera muriendo, aunque tuviera que hacer uso de todo su autocontrol para no ir a reclamarte, este día no sería él quien iniciara la discusión. Así que respiró hasta que sintió que sus pulmones estallarían. Pasaron un par de minutos antes de que se acercara a ustedes. Tú estabas sonriendo.



                             - Eso es grandioso – giraste con Milo - ¿Escuchaste lo que dijo Siegfried?


                             - Hola Siegfried – dijo Milo sin mucho entusiasmo - ¿Podemos hablar?


                             - Claro – tuviste el presentimiento de que algo andaba mal.


                             - ¿Siegfried? ¿Le llamas por su nombre? – dijo tan dolido que se desató la tormenta mal contenida, negó con la cabeza un par de veces – adiós Camus. 


                             - ¿Qué? ¿Tienes que ir a casa? – él te miró con odio, incrédulo a tus preguntas.


                             - No… - pero segundos después recapacitó – sí, tengo que ir a casa, adiós – tomaste su mano.


                             - ¿Estás enojado conmigo?


                             - No – respondió sin mirarte, entonces supiste que sí estaba enojado.


                             - ¿Ahora qué hice? – solo tenías tres opciones, o estaba enojado porque fumabas, por haber pasado casi toda la noche con Radamanthys o por haber saludado a Siegfried, finalmente optaste por ésta última - Estás exagerando Milo. Es solo un viejo conocido… estuvimos juntos en una clase de primer semestre, luego él… 


                             - No me interesa – te interrumpió pensando que mentías.


                             - Milo…



A veces él tan solo no deseaba escucharte. Te fuiste en cuanto él abandonó la fiesta, sin él, no había nada en ese lugar que te interesara.



***



Te topaste con el Innombrable en un parque, parecía un cachorro abandonado y mandaste el karma a la mierda, esta era tu venganza y no la ibas a desperdiciar.



                             - Hola Shura… - dijiste. Él te miró con fastidio.


                             - ¿Qué quieres?


                             - Uy, ¿amanecimos de malas? – disfrutabas viéndolo sufrir, pero él no estaba de ánimo para soportarte. 


                             - No encuentro a Shaka – dijo antes de encender un nuevo cigarrillo.


                             - ¿Qué? ¿Eres un idiota o qué coño pasa contigo?


                             - Ya cállate Camus, no es como si hubiera querido que esto pasara, él tan solo dijo que tenía que irse.


                             - ¿Irse a dónde?


                             - A su casa.


                             - ¿Y ya fuiste a su casa?


                             - Ah, lo habría hecho si supiera donde vive, genio… - se quedó mirando al suelo antes de verte de nuevo - ¿Tú lo sabes?


                             - No… él tan solo llegaba… - en ese momento, al ver cómo se preocupaba por Belleza Extrema, dejaste de sentir odio por él.



***



Cuando escuchó el golpeteo en la puerta se apresuró a abrir, estaba al borde de un colapso nervioso por la ausencia de Belleza Extrema. No había tenido noticias suyas y eso lo estaba volviendo loco. Cuando finalmente abrió se topó con él, ahí estaba, empapado, se preguntó si habría caminado bajo la lluvia para llegar a su casa.



                             - ¿Por qué no me llamaste para que fuera por ti? – le preguntó antes de abrazarlo con profundo alivio - ¿Dónde has estado todo este tiempo? – quitó los rubios cabellos de su rostro y pudo percatarse de sus ojos enrojecidos - ¿Te encuentras bien?



Le quitó la gabardina, le preparó un reconfortante baño y se quedó ahí, a su lado, viendo como el menor sollozaba abrazando sus piernas sin poder evitarlo. Algo dentro de él se rompía al verlo de esa forma y sin poder soportarlo más se sumergió en la tina y lo abrazó.



                             - Lo que sea que ocurra lo arreglaremos… y todo va a estar bien de nuevo, ¿de acuerdo? – el rubio se aferró a su cuerpo – Vamos Shaka… estaremos bien… ¿de acuerdo? – le insistió separándose un poco para observarlo asentir.



***



Las preguntas, o mejor dicho, las respuestas siempre vinieron cuando ya no eran necesarias, cuando tu indecisión y su inseguridad habían inutilizado las explicaciones.



¿Por qué pienso que Milo y yo podemos funcionar? - Estaba escrito con un crayón naranja en la pared de tu habitación, cerca del suelo, lo habías escrito uno de los tantos días en que te topaste con Sanguijuela Traidora, jamás le dijiste nada de esas visitas a Milo, en parte porque lo veías como innecesario y porque en el fondo el Grandísimo Hijo de Puta te seguía jodiendo la vida, y no era que le estuvieras mintiendo a Milo, a decir verdad, le contaste la historia de Idiota Vete al Infierno, omitiendo los detalles escabrosos que te dolían sin que supieras por qué; después le relataste la historia del Innombrable, del Cretino Malnacido y por último solías hablarle de Shura, claro que nunca le dijiste que todas esas historias se referían a la misma persona con diferentes apodos, y tampoco le mencionaste que esa persona era aquel joven de cabello oscuro por el que te preguntó en una ocasión.



                             - ¿Ya viste quién está ahí? – preguntó Crisis Existencial un poco ebria, se la había pasado toda la noche tomando con Death Mask y tú te seguías preguntando qué demonios hacías en esa fiesta. Apenas habían pasado un par de días desde la reunión con Radamanthys y tú no eras mucho de fiestas, así que no tenías ni idea de qué hacías ahí.


                             - ¿Quién? – preguntaste por cortesía, en realidad dudabas que Shaina pudiera reconocer a alguien en ese estado.


                             - Shura… el Cretino Innombrable Hijo de Puta… – comenzó a reír. Milo se puso alerta y decidiste ignorar a Crisis Existencial – Mira… está allá con ese hermoso rubio… ¿quién será? – dijo más para si misma mientras intentaba enforcar la imagen de Belleza Extrema.


                             - ¿Shura? – musitó Ojos Tristes y desvió la mirada hacia donde decía Shaina - ¿Ese es Shura? – dijo realmente sorprendido y te observó, tú solo pudiste morder tus labios. Fuiste incapaz de verlo a los ojos.




El regreso a casa fue más incómodo de lo que pensabas. Iban en silencio, no estabas seguro de cuánto tiempo llevaban así. Luego él comenzó a cuestionarte, ¿cuántas veces le habías ocultado la verdad hasta ahora?



***



                             - Camus… - tu nombre se escuchó extraño, quizá porque no estaba impregnado con la dulzura de siempre.


                             - Dime.



Él te observó y tú esquivaste su mirada, lo cual parecía fastidiarlo aún más.



                             - Háblame de él… - se cruzó de brazos y se recargó en la puerta, como si supiera que en ese momento tenías unas inmensas ganas de salir corriendo.


                             - Milo… eso pasó hace mucho tiempo… no tiene caso hablar de ello ahora…


                             - ¿Por qué me mentiste entonces?... ¿Tú lo amabas?


                             - No.


                             - Pero tú lo buscaste a él ¿cierto?


                             - Así es – respondías con la mayor seriedad posible, tenías que hacerlo para no entrar en pánico.


                             - Entonces me mentiste – quería escucharlo de tus labios, quería que le dijeras: “Sí, te mentí”, que lo aceptaras porque él no lo entendía de otra forma.


                             - Las cosas no fueron así Milo, estás… confundiendo muchas cosas.


                             - Camus…


                             - Y la verdad, es que todo ese asunto ya no importa ahora… créeme… por favor Milo… - sentías que el final estaba más cerca de lo que hubieras querido y tuviste un inmenso deseo de llorar.


                             - Camus… me dijiste que ya no tenías nada que ver con él… ¡me… contabas montones de historias en donde hablabas en pasado cuando la verdad es que ustedes se seguían viendo!... ¿Por qué me mentiste? – intentabas interrumpirlo pero su voz amenazaba con quebrarse si dejaba de hablar y entonces terminaría sollozando – ¡No… no entiendo! ¿Se te hacía más fácil?... ¿Era más divertido?... ¿Pensabas… pensabas que nunca me iba a enterar? ¿O qué pensabas Camus?


                             - Lo lamento Milo…


                             - ¿Y crees que es tan fácil? – contuvo el aire un par de segundos y temiste que una tormenta de reclamos cayera sobre ti, pero lo que sucedió fue incluso peor – Ya… vete Camus – te dolían cada una de sus lágrimas.



Te acercaste lo más posible a su cuerpo, pero él giró su rostro.



                             - Lo lamento Milo…


                             - Eso ya lo dijiste – te dijo con dolorosa frialdad.


                             - No quería que las cosas fueran así…


                             - Tan solo dime por qué me mentiste… - era la única explicación que te pedía y tú no podías dársela.


                             - Sabía que esto iba a pasar, por eso no te lo dije antes.


                             - ¡Y seguías viéndolo! – dijo casi a gritos, como si esa fuera la única forma de que sus palabras no se distorsionaran – Y cuando te pregunté, me dijiste que no, ¡que tenías mucho tiempo sin saber de él!... ¡Y cuando te pregunté por ese chico me dijiste que no lo conocías!


                             - No te dije eso…


                             - ¡Coño Camus, no sigas mintiendo!, ¡me dijiste su jodido segundo nombre incluso antes de que supiera que tenías algo que ver con él! No puedes negarlo ahora Camus… entonces… entonces ¿todo esto qué ha sido? – se detuvo y volteó a verte como si fueras un completo extraño para él – Era él ¿cierto? – una expresión de dolor se apoderó de su rostro y entonces sí comenzó a llorar, sentía que le faltaba el aire, no podía ver, no podía respirar y con dificultad se mantenía de pie.


                             - ¿Qué?


                             - Aquella ocasión… era él – no lo entendías, era como si apenas estuviera organizando sus pensamientos – cuando te invité a la convención y dijiste que tenías un trabajo que hacer… - intentó sonreír burlándose de toda la situación pero le fue imposible – Já… ¿el trabajo era él?... – ahora parecía tan resignado en medio del llanto que te dolió más de lo que hubieras querido o imaginado – ustedes se besaron… dime… ¿cada vez… cada vez… que decías que tenías otras cosas que hacer era porque ibas a verte con él…? – la pregunta fue pronunciada con la mayor claridad posible, no quería tener que repetirla, no se sentía capaz.


                             - Lo lamento…


                             - Já, ¿qué lamentas? ¿Que me haya enterado?


                             - … No sé que decirte… - cualquier palabra era potencialmente dañina, tan solo no querías lastimarlo más.


                             - Dime por qué… dime si todo esto ha sido un puto juego para ti.


                             - No, no puedes decir eso, Milo, yo te quiero mucho…


                             - ¿Y a él?


                             - Él no significa nada, es cierto, ahora somos amigos o algo así pero… sabía que ibas a reaccionar así… y… y… y no era necesario decirte que aún sigo en contacto con él.


                             - ¿Qué creías que te iba a decir? ¿Que te lo iba a impedir? ¿Que te iba a decir que ya no lo vieras?... Joder Camus, no lo entiendes, puedes hacer lo que te venga en gana… no me molesta eso, me molesta que luego vengas pensando que te puedes burlar de lo que siento por ti, me molesta que no tengas el puto valor de aceptar lo que haces y que incluso ahora sigas mintiendo… ¿y dices que era para evitar todo esto?… no me salgas con eso Camus… porque no ha sido solo una vez… me mentiste todo el tiempo…


                             - Lo hice porque te amo… - intentaste tocar su rostro pero él avanzó un par de pasos y te dejó la puerta libre… curiosamente ahora no tenías ganas de huir.


                             - No digas eso ¿quieres?, ya no mientas de esa forma… y por favor… no le vuelvas a mentir a alguien así…



Entonces lo comprendiste, a esas alturas era imposible que confiara en ti.



Continuará…

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