Capítulo 5
Algo tenía Hyoga que lo hacía irresistible, lo había pensado durante toda la mañana mientras lo observaba probarse algunas prendas en el centro comercial, también lo pensó cuando lo invitó a comer y notó con algo de desagrado que el rubio casi no comía, pero no quiso fastidiarlo con cuestionamientos, sus razones tendría. Finalmente, una vez que estuvieron de regreso en la mansión, llegó a la conclusión de que no solo tenía un cuerpo que lo invitaba a poseerlo, sino que su rostro también era hermoso, su celeste mirada solía perderse en la nada constantemente, su piel era suave y con un aroma delicioso, en fin, todo en él le parecía perfecto, perfecto e inalcanzable, seguramente algo aprendido de su maestro.
- Ahh, estoy tan cansado.
Se recostó o mejor dicho, se dejó caer boca arriba en la cama y después se puso de costado, Saga hizo lo mismo y se observaron durante un par de minutos. Dioses, el rubio lo estaba volviendo loco, cada vez era más difícil contener los deseos de someterlo, ¿cuánto tiempo llevaban saliendo? Sinceramente no lo recordaba, pero hasta ese momento no había pasado nada, se limitaban a salir, a platicar pero cada vez que Saga intentaba avanzar, Hyoga lo evadía con maestría, y eso... eso era lo que lo hacía tan irresistible.
***
Santuario.
Nadie supo cómo era que Camus había terminado al lado de Shura en tan poco tiempo, la verdad es que ni el mismo Camus habría sabido responder si le hubieran preguntado, quizá habría culpado a Death Mask. Todo comenzó cuando Dita decidió hacerla de cupido, aunque de cupido no tenía nada y es que era insoportable, así que se pasaba todo el día insistiendo en las cualidades de Shura, mencionándolo en cada oportunidad, incluso llegó a escribir su nombre con miel sobre el desayuno de Camus, y todo el día hablaba sin parar, el francés no sabía de donde sacaba tantas anécdotas, tantas frases, tanta... energía, y Camus... Camus solamente lo observaba deseando que llegara la noche para poder descansar de él aunque fueran unas cuantas horas. Pero después, al de piscis se le ocurrió la grandiosa idea de pasar sus noches en el templo vecino, tomándose la confianza de remodelar todo aquello que le parecía fuera de moda, así que para el quinto día Camus se veía desaliñado, cansado y con esa expresión psicópata propia de Death Mask.
Fue un sábado cuando el dueño del cuarto templo llegó indignado a su habitación, más que indignado, podría decirse que... desesperado, sí, quizá esa era la palabra adecuada.
- Quiero hablar contigo - Camus asintió y salieron hasta la escalinata que llevaba al templo de piscis - ¿Por qué no puedes salir con la estúpida cabra y ya?
- ¿Qué? - se preguntó cuándo iría a terminar toda esa insistencia.
- Mira, no me dirás que Shura no es atractivo, dioses, lo sabré yo - y sonrió seguramente recordando la furtiva relación que mantuvieron durante meses hasta que Dita logró meterse en su corazón - además, es tu vecino, no tendrías que caminar demasiado cuando estés caliente - Camus se sonrojó, cosa que no pasó desapercibida para el de Cáncer quien soltó una carcajada - es en serio, es horrible despertar con tremenda erección y que tu pareja esté hasta el otro extremo del santuario, lo que daría yo por vivir en tu templo.
- Pero...
- Camus... escucha, no te pido que te acuestes con él, aunque puedes hacerlo, él es... wow... - sonrió presa de los recuerdos - ahh, pero sí, tan solo sal con él una semana o dos, inténtalo y si no funciona lo dejas - la voz de D.M. era casi de súplica - no lo hagas por él, hazlo por mí.
- ¿Por ti? - tuvo que reprimir una carcajada ¿qué ganaba él si accedía a salir con Shura?
- Ya no soporto estar sin Dita - suspiró - lo necesito Camus y... cuando te deja en paz está demasiado cansado como para estar conmigo, por favor.
- ... Está bien - si así se libraba de Dita y de sus extravagancias, estaba bien. Solo sería un tiempo y si no funcionaba sería fácil terminar con él.
No sabía si se arrepentía, Shura era considerado, amable y por qué no decirlo, era atractivo, pero también era posesivo y celoso, incluso más que Milo, y vaya que el escorpión era celoso. Lo que más disfrutaba el de capricornio era tumbarse entre las piernas de Camus y morder los lóbulos de sus orejas, mordía sus muñecas, sus dedos, tenía esa extraña manía de morder todo aquello que le parecía apetecible del francés llevándolo hasta un punto casi doloroso, las quejas de éste solo lo excitaban más, en más de una ocasión mordió los labios del de acuario haciéndolos sangrar, entonces éste se lo quitaba de encima y se marchaba furioso, minutos después Shura lo alcanzaba, le decía un par de frases que Camus no podía resistir y todo comenzaba de nuevo, para finalizar en su cuello, entonces Camus se quedaba inmóvil.
- Shura... detente - decía con la mayor suavidad posible, en ocasiones temía que llegara más allá.
- No te haré daño.
- Tengo que irme, le dije a Milo que iría con él por los resultados del médico - odiaba que Camus hablara de Milo, pero tragándose todo su coraje se limitó a sonreírle.
- ¿Y cómo sigue? ¿Se siente mejor? - en verdad no le importaba, pero quería quedar bien con su precioso francesito.
- Pues, él dice que se siente bien, pero lo veo algo cansado. Esperemos que no sea nada malo.
- Claro... - Camus se puso de pie y acomodó su largo cabello - ¿no quieres que los acompañe? - no soportaba la idea de Camus y Milo solos.
- No, gracias - y sin más, salió del décimo templo.
"Estúpido Milo" - pensó Shura mientras maldecía al escorpión.
***
Mantuvo los ojos cerrados hasta que sintió como Saga lo abrazaba acercándolo a su cuerpo, luego comenzó a besarlo de forma demandante. El cisne intentó alejarse de él pero el de géminis era más fuerte. Ninguno de los dos se percató de la presencia de un enfurecido fénix que bajó las escaleras empujando a quien se interpusiera en su camino.
- Oye Ikki, Shun me dijo que... - el pegaso no pudo decir más porque Ikki ya se encontraba afuera de la mansión.
La cabeza de fénix se convirtió en una incubadora de pensamientos obsesivos. "¿Quién se cree el rubio que es para andarse besuqueando con el imbécil de Saga? Ni siquiera se preocupa por mantener las apariencias, noo, ¡se le entrega en bandeja de plata con todo el descaro del mundo!" Claro, era solo un beso, pero para Ikki era la prueba de que Hyoga le había mentido, que en realidad nunca lo había querido, y es que no entendía cómo era que se había dejado convencer por Saga. "No tienen nada en común, Saga es tan psicópata como lo era antes, Pato torpe, ¿cómo es que terminó en sus brazos?" En el fondo, lo que más le dolía a Ikki era saber que Hyoga ya no era suyo, quizá se había equivocado, en ocasiones se arrepentía de haber terminado con el rubio y que éste ya no fuera de su propiedad. Si lo pensaba un poco, sí lo quería, lo deseaba más que a nadie y ¿por qué no decirlo? Lo extrañaba muchísimo, pero eso no era amor, aunque a decir verdad, ya no estaba muy seguro de qué era el amor.
Algo tenía Hyoga que lo hacía irresistible, lo había pensado durante toda la mañana mientras lo observaba probarse algunas prendas en el centro comercial, también lo pensó cuando lo invitó a comer y notó con algo de desagrado que el rubio casi no comía, pero no quiso fastidiarlo con cuestionamientos, sus razones tendría. Finalmente, una vez que estuvieron de regreso en la mansión, llegó a la conclusión de que no solo tenía un cuerpo que lo invitaba a poseerlo, sino que su rostro también era hermoso, su celeste mirada solía perderse en la nada constantemente, su piel era suave y con un aroma delicioso, en fin, todo en él le parecía perfecto, perfecto e inalcanzable, seguramente algo aprendido de su maestro.
- Ahh, estoy tan cansado.
Se recostó o mejor dicho, se dejó caer boca arriba en la cama y después se puso de costado, Saga hizo lo mismo y se observaron durante un par de minutos. Dioses, el rubio lo estaba volviendo loco, cada vez era más difícil contener los deseos de someterlo, ¿cuánto tiempo llevaban saliendo? Sinceramente no lo recordaba, pero hasta ese momento no había pasado nada, se limitaban a salir, a platicar pero cada vez que Saga intentaba avanzar, Hyoga lo evadía con maestría, y eso... eso era lo que lo hacía tan irresistible.
***
Santuario.
Nadie supo cómo era que Camus había terminado al lado de Shura en tan poco tiempo, la verdad es que ni el mismo Camus habría sabido responder si le hubieran preguntado, quizá habría culpado a Death Mask. Todo comenzó cuando Dita decidió hacerla de cupido, aunque de cupido no tenía nada y es que era insoportable, así que se pasaba todo el día insistiendo en las cualidades de Shura, mencionándolo en cada oportunidad, incluso llegó a escribir su nombre con miel sobre el desayuno de Camus, y todo el día hablaba sin parar, el francés no sabía de donde sacaba tantas anécdotas, tantas frases, tanta... energía, y Camus... Camus solamente lo observaba deseando que llegara la noche para poder descansar de él aunque fueran unas cuantas horas. Pero después, al de piscis se le ocurrió la grandiosa idea de pasar sus noches en el templo vecino, tomándose la confianza de remodelar todo aquello que le parecía fuera de moda, así que para el quinto día Camus se veía desaliñado, cansado y con esa expresión psicópata propia de Death Mask.
Fue un sábado cuando el dueño del cuarto templo llegó indignado a su habitación, más que indignado, podría decirse que... desesperado, sí, quizá esa era la palabra adecuada.
- Quiero hablar contigo - Camus asintió y salieron hasta la escalinata que llevaba al templo de piscis - ¿Por qué no puedes salir con la estúpida cabra y ya?
- ¿Qué? - se preguntó cuándo iría a terminar toda esa insistencia.
- Mira, no me dirás que Shura no es atractivo, dioses, lo sabré yo - y sonrió seguramente recordando la furtiva relación que mantuvieron durante meses hasta que Dita logró meterse en su corazón - además, es tu vecino, no tendrías que caminar demasiado cuando estés caliente - Camus se sonrojó, cosa que no pasó desapercibida para el de Cáncer quien soltó una carcajada - es en serio, es horrible despertar con tremenda erección y que tu pareja esté hasta el otro extremo del santuario, lo que daría yo por vivir en tu templo.
- Pero...
- Camus... escucha, no te pido que te acuestes con él, aunque puedes hacerlo, él es... wow... - sonrió presa de los recuerdos - ahh, pero sí, tan solo sal con él una semana o dos, inténtalo y si no funciona lo dejas - la voz de D.M. era casi de súplica - no lo hagas por él, hazlo por mí.
- ¿Por ti? - tuvo que reprimir una carcajada ¿qué ganaba él si accedía a salir con Shura?
- Ya no soporto estar sin Dita - suspiró - lo necesito Camus y... cuando te deja en paz está demasiado cansado como para estar conmigo, por favor.
- ... Está bien - si así se libraba de Dita y de sus extravagancias, estaba bien. Solo sería un tiempo y si no funcionaba sería fácil terminar con él.
No sabía si se arrepentía, Shura era considerado, amable y por qué no decirlo, era atractivo, pero también era posesivo y celoso, incluso más que Milo, y vaya que el escorpión era celoso. Lo que más disfrutaba el de capricornio era tumbarse entre las piernas de Camus y morder los lóbulos de sus orejas, mordía sus muñecas, sus dedos, tenía esa extraña manía de morder todo aquello que le parecía apetecible del francés llevándolo hasta un punto casi doloroso, las quejas de éste solo lo excitaban más, en más de una ocasión mordió los labios del de acuario haciéndolos sangrar, entonces éste se lo quitaba de encima y se marchaba furioso, minutos después Shura lo alcanzaba, le decía un par de frases que Camus no podía resistir y todo comenzaba de nuevo, para finalizar en su cuello, entonces Camus se quedaba inmóvil.
- Shura... detente - decía con la mayor suavidad posible, en ocasiones temía que llegara más allá.
- No te haré daño.
- Tengo que irme, le dije a Milo que iría con él por los resultados del médico - odiaba que Camus hablara de Milo, pero tragándose todo su coraje se limitó a sonreírle.
- ¿Y cómo sigue? ¿Se siente mejor? - en verdad no le importaba, pero quería quedar bien con su precioso francesito.
- Pues, él dice que se siente bien, pero lo veo algo cansado. Esperemos que no sea nada malo.
- Claro... - Camus se puso de pie y acomodó su largo cabello - ¿no quieres que los acompañe? - no soportaba la idea de Camus y Milo solos.
- No, gracias - y sin más, salió del décimo templo.
"Estúpido Milo" - pensó Shura mientras maldecía al escorpión.
***
Mantuvo los ojos cerrados hasta que sintió como Saga lo abrazaba acercándolo a su cuerpo, luego comenzó a besarlo de forma demandante. El cisne intentó alejarse de él pero el de géminis era más fuerte. Ninguno de los dos se percató de la presencia de un enfurecido fénix que bajó las escaleras empujando a quien se interpusiera en su camino.
- Oye Ikki, Shun me dijo que... - el pegaso no pudo decir más porque Ikki ya se encontraba afuera de la mansión.
La cabeza de fénix se convirtió en una incubadora de pensamientos obsesivos. "¿Quién se cree el rubio que es para andarse besuqueando con el imbécil de Saga? Ni siquiera se preocupa por mantener las apariencias, noo, ¡se le entrega en bandeja de plata con todo el descaro del mundo!" Claro, era solo un beso, pero para Ikki era la prueba de que Hyoga le había mentido, que en realidad nunca lo había querido, y es que no entendía cómo era que se había dejado convencer por Saga. "No tienen nada en común, Saga es tan psicópata como lo era antes, Pato torpe, ¿cómo es que terminó en sus brazos?" En el fondo, lo que más le dolía a Ikki era saber que Hyoga ya no era suyo, quizá se había equivocado, en ocasiones se arrepentía de haber terminado con el rubio y que éste ya no fuera de su propiedad. Si lo pensaba un poco, sí lo quería, lo deseaba más que a nadie y ¿por qué no decirlo? Lo extrañaba muchísimo, pero eso no era amor, aunque a decir verdad, ya no estaba muy seguro de qué era el amor.
Llegó a un bar de aspecto sucio, se acercó a la barra y bebió de un solo trago para después distraerse viendo un partido de fútbol. No podía sacar al rubio de sus pensamientos, y la escena del beso con Saga se repetía sin cesar. "¿Y si lo hizo para que lo viera? Para hacerme regresar con él... no, el pato no haría eso... seguramente es culpa del idiota de Saga". Un trago más, una nueva cerveza quemando su garganta, odiaba la cerveza.
- ¿Te invito un trago? - una melodiosa voz interrumpió sus pensamientos seguida por el contacto de una mano sobre la suya.
Miró al joven, y de haber sido otra la situación ya lo habría golpeado por insinuársele, pero ¿qué oportunidad más perfecta para que el pato viera lo que se sentía? Entonces le sonrió como solo él sonreía, y media hora más tarde se encontraban en el baño besándose.
- Ven... - de nada serviría si el acostón terminaba ahí, quería que el pato, su adorado pato se enterara.
***
Anemia – Ese era el diagnóstico hecho por el médico. Había obligado al escorpión a ir a consultar, porque a pesar de que Shaka le decía que no tenía nada, y aun cuando la fiebre no volvió a presentarse, en las siguientes tres semanas el aspecto de Milo cambió, ahora se veía cansado, podría decirse que débil, sin mencionar la inusitada palidez de su piel.
- Estoy bien, no te preocupes.
Milo puso una de sus manos sobre el brazo de Camus quien se veía realmente preocupado, cualquiera habría dicho que estaba exagerando y quizá era cierto, pero no podía explicar lo que sentía cuando veía al escorpión llevando sus dedos hacia sus sienes con un terrible dolor de cabeza, o cuando era presa del vértigo, simplemente no lo soportaba.
- Vamos Cam... no es de importancia.
- Vas a estar bien ¿cierto? - preguntó con algo de temor y Milo sonrió, se sentía tan bien cuando Camus se preocupaba por él.
- Sí... - se acercó al francés - y si estás conmigo, estaré mucho mejor.
Pensó que se estaba aprovechando de la situación, sabía que Camus no lo aceptaría pero que tampoco lo rechazaría y se sintió culpable, pero él lo amaba, nunca nadie lo amaría como él, así que sin darle mucha importancia, lo abrazó tomándolo de la cintura, dispuesto a besarlo y fue entonces que esa sensación de mareo se apoderó de su cuerpo y tuvo que colocar sus manos sobre los hombros de Camus intentando sostenerse, cerró los ojos con fuerza y segundos después sintió cómo el de acuario lo apresaba en un abrazo lleno de ternura y protección. Fue extraño lo que sintió en ese momento, fue como si apenas se diera cuenta de todo el daño que le había hecho.
- Lo lamento Camus - musitó.
- Milo... - no sabía cómo decirlo - Shura y yo...
- Lo sé... lo sé - ¿cómo no saberlo si el idiota de Shura se lo restregaba en la cara cada vez que podía?
Siguieron caminando al santuario en silencio, cada uno discutiendo con sus propios pensamientos.
***
- Hyoga, ¿quieres ir a Grecia conmigo?, podrías aprovechar para visitar a Camus - miraba al techo como si nunca se hubieran besado.
- No lo sé - lo que menos quería Hyoga en ese momento era estar a solas con Saga, quien en ocasiones lo acariciaba poniéndolo nervioso.
- Bueno, piénsalo, tengo que irme, visitaré a algunas víctimas... ahh... digo, amistades - el tono de su voz y una maliciosa mirada fingida hicieron reír a Hyoga
Nuevamente se acercó a él y le dio un dulce beso en la comisura de los labios, tan opuesto al que le había dado minutos antes.
- Deberías ser mi novio, podría enseñarte tantas cosas, además... me identifico contigo - Hyoga se estremeció sin saber cómo era que Saga había ido ganando terreno en su vida.
- Yo también, eres mi amigo.
- Amigo, novio, luchador por la justicia, ¿cuál es la diferencia? - el rubio emitió una risa.
- ¿Luchador por la justicia?
- Sí, esa historia, mi precioso rubio, la sabrás otro día. Si cambias de parecer o si no lo haces, puedes hablarme, nunca está de más escuchar tu linda voz.
Salió sin voltear a verlo.
Nunca sabía que esperar de Saga, su comportamiento era demasiado voluble, de pronto se portaba agresivo al grado de que le causaba algo de temor, y de la nada podía portarse como el hombre más perfecto y dulce sobre la tierra. No quiso pensarlo demasiado, era cierto que no sentía nada por el gemelo, pero había estado ahí cuando Ikki lo dejó y de cierta forma se sentía agradecido con él.
***
El golpe fue doloroso, de esos que no lastiman al principio sino que después de unos segundos comienzan a molestar hasta que una exagerada queja es inevitable.
- ¡No seas exagerado! - dijo Dita molesto mientras buscaba sus prendas entre las sábanas.
- Pero sí me dolió - D.M. seguía sobándose el brazo derecho.
- ¡Más me dolió a mí saber que te has acostado con alguien del Santuario!
- Pero si fuiste tú quien me preguntó - eso era cierto, Dita tenía la costumbre de hablar hasta por los codos y de cuestionar hasta lo incuestionable.
- Sí, pero fue porque pensé que no lo habías hecho... Dime - respiró intentando calmarse, se había puesto el jersey que horas antes traía D.M., le quedaba grande y por alguna razón el italiano pensó que se veía adorable, en esa posición, con esa prenda y con esa expresión de enfado - ¿con quién fue?
- ¿Para qué quieres saberlo? - se le acercó tomándolo de la cintura, dioses, se sentía tan bien tenerlo entre sus brazos, todo en Afrodita era suave, su cabello, su piel, sus labios, era absolutamente apetecible.
- Deja - empujó al de cáncer quien masculló algo molesto - no te quejes, ahora dime.
- No importa con quien me haya acostado antes, no significó nada, te amo a ti - comenzó a besarlo mientras acariciaba su rostro, y después pasó sus manos entre su cabello, pero si creía que Dita se quedaría con la duda... estaba equivocado.
***
- Así que, puse cara de concentración, ya sabes, lo normal - la risa de Camus lo hizo sonreír - y me quedé viendo algo como si sucediera algo a su espalda, y obvio que él volteó, así que aproveché para quitarle la tarjeta.
- ¿Y eres su amigo? - dijo Camus bromeando.
- ¡Oye! Él habría hecho lo mismo - el francés se sentó al lado de Milo para después poner el dorso de su mano sobre su frente - estoy bien, en serio.
Camus sonrió nuevamente, había olvidado lo bien que se sentía con Milo, pero ahora estaba con alguien más.
- ¿Puedo preguntarte algo?
- Claro.
- ¿Por qué sales con Shura? ¿Lo amas?
- Shura... es una buena persona.
- Sí, lo sé y no pongo eso en duda, pero me preguntaba por qué sales con él, yo sé que ya no soy nada para ti pero...
- No digas eso - lo interrumpió algo molesto - Milo, el hecho de que ya no estemos juntos no significa que me importes menos, eres mi amigo... mi mejor amigo y eso es muy valioso para mí - se mantuvieron en silencio, Camus no se atrevió a verlo a los ojos, sabía que si lo hacía terminaría abrazándolo.
***
El teléfono no hacía más que sonar, ¿qué no había nadie en la mansión? Hyoga bajó con algo de desgano y fue cuando lo escuchó, unos cuantos gemiditos apagados, sonrió al pensar en Seiya y Shun, de seguro estaban en el cuarto del menor de los cinco, pero su sorpresa fue enorme cuando se dio cuenta de que no provenían de ahí sino del cuarto del fénix, se acercó a pesar de que no quería hacerlo, la puerta estaba entreabierta, cosa hecha a propósito, lo que deseaba el Fénix era que Hyoga supiera que ya lo había olvidado, que ya no le interesaba.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca tuvo que contener el deseo de reclamarle cuando vio cómo manoseaba a un desconocido, el cual no parecía nada incómodo con la situación.
- Entonces... era por esto - dijo para sí mismo pensando en que quizá él era la razón por la cual Ikki lo había abandonado.
Retrocedió un poco, no se sentía bien, era algo parecido a la decepción, fue como si no creyera realmente lo que sus ojos habían visto, se preguntaba qué le había faltado a Ikki. Cuando finalmente llegó hasta el teléfono éste había dejado de sonar, aun así lo tomó y comenzó a marcar lentamente aquel número que sabía de memoria.
- ¿Saga? ... Acerca de lo de Grecia, yo... sí quiero ir contigo.
Continuará...
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