sábado, 12 de enero de 2013

Capítulo 5: Fantasmas en el Santuario - Mayo 5.2009



Capítulo 5: Fantasmas en el Santuario


Abrió lentamente los ojos y se sentó sobre la cama mientras intentaba ubicar algo con la mirada, su cuerpo se sentía pesado y entonces una cálida mano se posó sobre su frente y volvió a recostarse, aunque no alcanzaba a ver de quién se trataba, de inmediato le reconoció.



                    - Saga… - musitó - ¿Qué pasó con Milo? – Saga guardó silencio un instante, sentía una desagradable punzada en el pecho cuando Camus mencionaba al chico escorpión.


                    - Estará bien… ahora será mejor que duermas. 



Atrajo el cuerpo del menor hacia el suyo y lo abrazó por la espalda.



                    - ¿Camus?


                    - ¿Mm…? – tenía unas inmensas ganas de preguntarle acerca de Seat, pero sabía que no era un buen momento. Camus giró su cuerpo para quedar frente a Saga – ¿Qué pasa?


                    - Nada… descansa – apoyó su rostro cerca del de Camus, adoraba sentir ese cuerpo tibio y suave entre sus brazos.



***



Con los días todo volvió a la normalidad. Shion decidió comenzar con los combates como tenía planeado para disipar los rumores de que algo andaba mal en el Santuario, aunque informó a todos los caballeros dorados que se mantuvieran alerta.



                    - ¿Contra quién te tocó pelear? – preguntó Milo mientras se sentaba y comenzaba a comer uno de los panes que llevaban para almorzar.


                    - Mu… - dijo Aioria sonriendo.


                    - ¿Y no estás preocupado? Es el discípulo del Patriarca, de seguro tiene técnicas impresionantes y poderosas – le gustaba fastidiar el ego del león.


                    - ¿Y qué? ¿Piensas que yo no tengo técnicas impresionantes y poderosas? – Lo miró acercándose peligrosamente mientras lo apuntaba con un dedo en forma de reto.


                    - Eso dímelo tú a mi… - sonrió con cinismo y se retaron con la mirada durante unos segundos, luego el escorpión volteó a ver a su hermoso acuariano quien hasta ahora había permanecido en silencio recargado en un árbol - ¿A ti con quién te tocó?


                    - No lo sé, aún no me lo han dicho – a pesar de su frialdad, se le veía constantemente preocupado.


                    - Ven – Milo tomó una de las manos del francés y lo jaló haciéndole perder el equilibrio.


                    - ¡Ahh! ¿Qué haces? – se removió entre los brazos del escorpión.


                    - Yo te protegeré – musitó en su oído seriamente.


                    - En fin, ¿ya escucharon lo que se rumora en el santuario? – dijo Aioria pretendiendo que se trataba de algo sin importancia – parece que algo sucedió en el cementerio…


                    - Cementerio… - musitó Camus e instintivamente dejó de forcejear con Milo, el escorpión solamente sonrió al ver las intenciones de Aioria.


                    - Se han estado escuchando ruidos extraños por todo el Santuario, parece que algunos caballeros han sentido extrañas presencias por sus templos, el otro día… en el templo de mi hermano, vi como si una sombra se detuviera a mitad del pasillo… yo pensé que era mi hermano y no le tomé importancia pero… cuando entré a la habitación vi que Aioros estaba ahí esperándome…



Para ese momento Camus se encontraba aterrorizado. No le gustaban las historias de fantasmas.



***



                    - ¡Ahh! Dioses… Shura… ¡Esto… es delicioso! – dijo Saga, quien apenas si podía hablar.


                    - Espera… espera…


                    - Lo siento, no puedo, es demasiado rico, ¡ahh! ¡Mm…!


                    - ¡Saga!… - lo miró con reproche – ¡Te dije que esperes! Te lo vas a acabar, ¡dame eso!


                    - ¡Noo! – dijo Saga comenzando a forcejear con Shura. 


                    - Aún hay más en la cocina, así que, pueden tomar lo que deseen – interrumpió Aldebarán deteniendo el  forcejeo.



Shura y Saga prácticamente se habían convertido en los gorrones oficiales de Aldebarán.



                    - Y… ¿dónde está Alcíore? – preguntó Shura.


                    - Mi maestro bajó al pueblo.


                    - Ahh, ya veo… oye, ¿sabes preparar tortilla de patatas?


                    - Pues… nunca lo he intentado…


                    - ¿Y moussaka?


                    - Ehh…



En ocasiones el futuro caballero de Tauro se sentía acosado ante las peticiones de ambos dorados, sin embargo, le gustaba que hubiera gente en su casa, disfrutaba mucho de la compañía de las personas, las discusiones entre Shura y Saga le parecían en exceso dramáticas y por lo tanto divertidas. Además le gustaba cocinar. 



                    - Pues… supongo que podría intentarlo…


                    - ¡Perfecto! Deberíamos ir a comprar los ingredientes Saga.


                    - Pero… le dije a Camus que entrenaría con él… - Shura puso cara de fastidio y luego sonrió con cinismo.


                    - Bien, entonces, solo compraré los ingredientes para la tortilla de patatas… es una lástima que te quedes sin comer moussaka… pero en fin…


                    - ¡Espera!... Está bien… está bien, más tarde vamos…


                    - ¿Ya sabes contra quién pelearás? – preguntó Shura volviéndose hacia el chico. De todos los discípulos que entrenaban para convertirse en caballeros, Aldebarán era a quien más había tratado e incluso, ocasionalmente lo veía como si ya fuese el caballero de Tauro.


                    - No, solamente anunciaron el primer combate, Aioria contra Mu.


                    - Ahh sí, escuché eso… - dijo Saga restándole importancia, ni Aioria ni Mu le preocupaban.


                    - Escuché que quizá te toque combatir contra Milo… - dijo Shura, sin perderse la reacción de Saga quien casi se atraganta al escuchar ese nombre.


                    - ¡¿El chico escorpión?! – Saga se puso de pie y se acercó a Aldebarán, quien de por si era muy alto. Tomó uno de sus brazos y comenzó a palparlo – Eres fuerte ¿cierto? ¿Has comido bien? ¿Duermes lo suficiente? – siguió con una serie de preguntas a las que no daba tiempo de responder – Si quieres, yo podría ayudarte a entrenar cuando tu maestro se ausente… siempre y cuando le des una buena golpiza a ese niñato del infierno... en serio, yo puedo ayudarte a mejorar tus técnicas...


                    - Deberías entrenar a tu propio discípulo en lugar de dejar a Aioros de niñera.


                    - ¡¿Qué dices?! – y nuevamente comenzaban a discutir.



***



Aioros terminó con el entrenamiento antes de que anocheciera. A la mañana siguiente se efectuaría el primer combate. Los combates se dividían en dos partes, una donde solo utilizaban fuerza física y otra donde solo utilizaban cosmoenergía. Había escuchado por parte de Shura, quien por algún motivo siempre estaba informado de todo, que Mu tenía un excelente manejo de la cosmoenergía, a diferencia de Aioria y eso le preocupaba.



                    - ¿Pasa algo? – preguntó Aioria al ver tan silencioso a su hermano.


                    - No, nada… - continuó guardando las cosas - ¿Quieren cenar en mi templo? – le preguntó a Milo y a Camus, éste último al recordar todo lo que le habían relatado acerca de apariciones en el Santuario, rechazó la invitación cortesmente.


                    - Vamos Cam… será divertido… - dijo Milo y abrazó a Camus, solía abrazarlo ante el menor motivo.


                    - Quítale las manos de encima chico escorpión – dijo Saga quien iba con Shura rumbo al pueblo. Se habían pasado gran parte de la tarde dialogando con Aldebarán y practicando un poco con él. Sin duda, el chico era fuerte – Vamos Camus, iremos al pueblo… - el francés solo asintió con la cabeza antes de que Saga lo tomara de la muñeca y avanzara a paso rápido con él.


                    - Nos vemos Milo.


                    - ¡Vamos Milo! – gritó Aioria, se había adelantado al ver que su hermano se encontraba hablando con Shura.


                    - ¡Oi! ¡Espera Saga! – gritó Shura, al notar que Saga y Camus ya habían partido, aunque a decir verdad, el primero parecía arrastrar al segundo con él. ¿Qué no se supone que irían juntos al pueblo? – Nos vemos luego Aioros.


                    - Hasta luego – de pronto el arquero se giró y ya no alcanzó a ver ni a su hermano ni a Milo, le pareció algo irónico encontrarse en medio de la multitud en un segundo y al otro encontrarse solo, así que sonrió y caminó con paso lento hacia su templo.



***



Era la primera vez que probaba la moussaka, también fue la primera vez que convivió con Aldebarán. Le pareció muy agradable y a pesar de que Camus tenía cierta dificultad para relacionarse con los demás, se sintió muy cómodo cuando charlaba con el discípulo de Tauro. Ahora eran pasadas de las 3, según Aioria y Milo a esa hora era cuando los espíritus tenían oportunidad de escapar de su mundo y entrar en contacto con el nuestro.



Entonces escuchó un leve quejido y se puso alerta, intentó mover el cuerpo de Saga, para variar había dormido otra vez con él, sin embargo cuando vio ese rostro tranquilo, no fue capaz de despertarlo y es que se veía tan distinto, sus facciones serias adquirían una especie de dulzura que no solía ver muy seguido, pensó que Saga, a pesar de su odiosa costumbre de molestarlo y el fuerte sentido de posesión, era realmente una buena persona, por algún motivo le vino esa idea a la mente. Al final optó por esquivar su cuerpo y salir a investigar.



Avanzó con lentitud, no había calzado sus pies para no hacer ruido, solo unas cuantas luces iluminaban de forma tétrica los alrededores del santuario. No sabía qué esperaba encontrar… ¿Y si descubría alguna sombra? ¿Se enfrentaría a ella? ¿Qué iba a hacer? Pero era tarde, alcanzó a distinguir el movimiento de algo arrastrándose hacia un oscuro rincón y su respiración se detuvo, ya no podía pensar en qué iba a hacer, sus pasos tan solo se dirigían hacia ese lugar… lamentó no llevar una lámpara consigo, y la imagen de alguien sonriendo cuando le apuntase con la luz le hizo sentir escalofríos.



                    - ¿Hay alguien ahí?... – preguntó intentando que su voz pareciera segura.


                    - Aléjate… - se quedó casi paralizado al escuchar esa voz a medias y tardó un par de segundos en reconocerlo.


                    - ¿Shaka? – cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad pudo distinguir el cuerpo malherido del rubio de virgo – Dioses… - estaba lleno de heridas, con sangre cubriendo sus labios y gran parte de su rostro y cuerpo - Espera aquí – regresó tan rápido como pudo y tomó lo que consideró necesario para curar las heridas del rubio.



***



                    - ¿Crees que si lo invito a salir acepte?


                    - Milo… no entiendo qué es lo que te gusta tanto de él… - se giró en la cama dándole la espalda a Milo, odiaba ver la cara de idiota que el escorpión ponía cada vez que hablaba de Camus.


                    - No lo sé, tiene… - no sabía qué le atraía de Camus, quizá era esa mirada triste y ausente – es hermoso…


                    - Y débil – aunque algo en su interior le decía que las palabras de Aioria eran ciertas, no pudo evitar sentirse algo molesto por el comentario.


                    - No hables así de él.



Aioria tuvo entonces una extraña sensación, él también encontraba a Camus excitante pero en ocasiones sentía que Milo le dedicaba demasiado tiempo. Le dio miedo pensar que quizá estaba celoso del francés.



***



Despertó por instinto. Era algo que no solía hacer muy seguido, pero repentinamente comenzó a desarrollar una especie de sensación ante la ausencia de Camus y tan solo despertaba para encontrarse con lo que ya sospechaba, Camus no estaba a su lado.



***



                    - No le digas a nadie que me has encontrado aquí – dijo Shaka, Camus tuvo ganas de preguntarle algo, pero no estaba seguro de qué. 


                    - Está bien – terminó de vendar una de sus muñecas y limpió las heridas de sus piernas y de sus brazos – Te llevaré a tu habitación.


                    - No es necesario… puedo llegar solo…


                    - Pero…


                    - Si me ve llegar contigo tendré problemas – se puso de pie con dificultad – Gracias Camus.



Camus se quedó en ese lugar un rato. “No eran fantasmas después de todo” – pensó.



                    - ¿Qué haces?


                    - ¡Ah! ¡Dioses! – se sobresaltó – no hagas eso ¿quieres? – Saga sonrió.


                    - ¿A dónde fuiste?


                    - Yo… - Saga miró a su alrededor buscando la presencia de alguien más. Después se percató de que en sus manos y ropa había algo de sangre.


                    - ¿Qué sucedió? ¿Estás herido? – de inmediato lo llevó a su habitación.


                    - No, estoy bien.


                    - Pero… - comenzó a palpar su abdomen, descubriéndolo en busca de alguna herida.


                    - Estoy bien… ah… solo vi un conejo herido y lo ayudé – la preocupación del rostro de Saga se desvaneció y la búsqueda de heridas se convirtió en una serie de caricias que excitaron involuntariamente al menor.


                    - ¿Te gusta? – Camus solo mordió sus labios – Ven.



Lo llevó hasta la cama y comenzó a desnudarlo, devoraba sus labios mientras exploraba su interior con uno de sus dedos. Su miembro no podía estar más duro y lo único que podía pensar era en follar ese delicioso cuerpo.



                    - Ponte en cuatro – musitó morbosamente a su oído.


                    - No… ahh… - su cuerpo se encontraba alerta. 



Era una tortura sentir a saga pasando su miembro entre sus nalgas, empujando contra su entrada sin penetrarlo, era un constante estado de ansiedad. Saga acariciaba las tetillas de Camus con las yemas de sus dedos, y luego bajaba hasta el adolorido miembro y jugaba con la punta que comenzaba a dejar salir un poco de líquido preseminal.



                    - Hazlo… ahh… - finalmente se puso en cuatro y tuvo que recargar su torso sobre la cama al sentirle abriéndose paso en sus entrañas.



Le era imposible acostumbrarse a esa invasión, le dolía y al mismo tiempo, tocaba puntos de exquisito placer que lo impulsaban a moverse lentamente, buscando albergarlo con mayor profundidad en su interior.



***



Entró silenciosamente, aún era capaz de sentir el cálido contacto del discípulo de Saga. Miró el reloj, eran las 3:40 a.m., solo tenía una hora y 20 minutos para dormir, lo último que pensó fue en cuanto deseaba que por primera vez Heze, su maestro, se quedara dormido.



***



El combate dio inicio al azar, lanzaron una moneda al aire y el ganador eligió el modo de combate inicial. Aioria no lo pensó dos veces al elegir fuerza física. Y Mu tan solo cerró los ojos intentando no demostrar nerviosismo. Para el león, resultó relativamente fácil someter a Mu, quien en un momento dado fue acorralado contra una columna. En varias ocasiones, quizá por instinto, intentaba utilizar su muro de cristal, pero se frenaba cuando recordaba que por eso podía ser descalificado.



                    - Ríndete ahora y evitarás que acabe contigo… - dijo Aioria con cierto tono ególatra en la voz.


                    - No puedo hacer eso – dijo intentando esbozar una sonrisa que solo consiguió que el león se enfadara.



Y siguió atacándolo. La velocidad de Mu fue disminuyendo y la pérdida de sangre se incrementaba. Aioros observaba al lado de Shura desde las gradas.



                    - No entiendo cómo es que el Patriarca permite esto… - dijo Aioros preocupado.


                    - Pero si es tu discípulo quien va ganando, ¿no deberías estar feliz?


                    - No me refiero a eso, es solo que… no me parece justo que divida fuerza física y cosmoenergía.


                    - Ahh – suspiró – Aioros… el Patriarca lo hace para que ellos aprendan aquello de lo que carecen… nosotros pasamos por eso también – palmeó su espalda. 


                    - ¿Por qué tan preocupado? – dijo Saga quien apenas llegaba con un Camus algo ojeroso. Shura observó al francés, suponía el por qué de su desvelo.



***



Al otro extremo del coliseo se encontraba Shaka.



                    - ¿Puedes ver eso? – Shaka se mantuvo en silencio, no estaba muy seguro acerca de lo que su maestro quería que viera – Al paso que van, el discípulo del Patriarca perderá, su cuerpo ya está demasiado herido.



Shaka observó al de cabellos lila, se preguntó contra quién le tocaría pelear.



***



El combate terminó en poco tiempo, al parecer, el maestro de Shaka había tenido razón y no importó qué tan bueno fuera Mu con el manejo de su cosmoenergía, su cuerpo estaba tan débil que Aioria conseguía romper con cierta dificultad el muro de cristal del futuro dueño del primer templo. Shion pensó dos cosas en ese momento, primero, que el combate en general, así como su inicio había dependido tan solo del azar y segundo, que al menos estaba orgulloso de que su discípulo no se hubiera dado por vencido.



Continuará…

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