martes, 15 de enero de 2013
Capítulo 4: ¿Quién es el uke ahora? - Agosto 25.2009
Capítulo 4: ¿Quién es el uke ahora?
La primera vez que te propuso matrimonio fue estando en una fiesta, las luces opacaban algunos de los rasgos de su rostro y resaltaban pequeños detalles, como su mirada triste y esos adictivos labios que siempre querías besar, en cambio a ti te servía para disimular esa sonrisa que siempre ocultabas bajo una seriedad impecable,… si tuvieras un apodo, te llamarías Seriedad Impecable.
- Cásate conmigo… - musitó sonriendo y sus ojos dejaron de ser tristes por un instante.
No sabías qué tan en serio lo decía, así que no supiste qué tan seria debía ser tu respuesta y tan solo lo besaste. Él sonrió y lo interpretó como un sí. Cada cierto tiempo volvía a formular esa pregunta, como si quisiera asegurarse de que no habías cambiado de opinión, y tú respondías por inercia, sin pensarlo, como si se tratara de un juego, de una adivinanza, de algo que quizá no iba a suceder, y no porque no quisieras, sino porque tus planes terminaban frustrándose, así que esta vez, con Milo, decidiste no planear nada y dejar que el tiempo hiciera estragos en ambos.
Tú no te diste cuenta en aquel entonces, pero él siempre te habló muy en serio, y también fue muy en serio cuando él dejó de proponértelo.
***
Conociste a Uniceja (Radamanthys) más por obligación que por gusto. Te encontrabas recostado en el suelo, con un inmenso dolor de espalda que parecía aumentar a cada segundo, tuviste que quitarte los zapatos para poder colocar los pies sobre el sofá. Comprador Compulsivo (Aldebarán) te habría hecho limpiar los sillones y el resto de la casa si veía una mancha. Ya no sabías cuánto tiempo llevabas ahí tirado, pero ahora, por más que quisieras moverte, te resultaba imposible, así que decidiste esperar a que Milo saliera en tu auxilio. Milo siempre iba en tu auxilio.
- ¿Milo? – la hasta entonces desconocida voz llamó tu atención, más que nada por lo que había pronunciado – ¡Ahh! ¡Hola! Tú debes ser amigo de Milo…
¿Amigo de Milo?... A pesar de que su relación nunca había estado expuesta, el hecho de que te catalogara como un amigo más de Milo te dolía, te daban ganas de corregirlo y anunciar con todas las letras que no eras su amigo sino su novio, pero no lo hiciste, tan solo te limitaste a tomar la mano que te ofrecía.
- Sí, supongo.
- ¿Eres Aldebarán? – preguntó curioso. Entonces supiste que te estaba confundiendo y que por eso pensaba que tan solo eras un amigo de Milo. Ahora que lo pensabas, no conocías a ningún amigo de Milo.
- No, mi nombre es Camus.
- ¿Camus?... – parecía hacer un esfuerzo enorme por recordar tu nombre - ¿Se acaban de conocer? Nunca me había hablado de ti.
Ahora sí, un golpe directo a tu ego. Ignoraste la vena que parecía sobresalir en tu frente y respiraste profundamente contando hasta diez. Era mejor así, que no supiera quien eras, quizá así podrías obtener información importante de Milo sin parecer un novio celoso y posesivo (aunque probablemente sí lo eras). Él se sentó en el sofá al lado de tus piernas.
- Yo me llamo Radamanthys.
Uniceja – pensaste.
- Ah, y… ustedes, ¿Milo y tú se conocen de hace mucho tiempo? – preguntaste indagando en su persona.
- Sí… es casi mi hermano – una punzada en tu de por si dolorido cuerpo te hizo estremecer – Nos conocemos de hace años… de hecho, él pensaba venir a vivir a mi departamento, solo que creo que éste le quedaba más cerca o… algo así, no recuerdo bien.
- Ahh, ya veo – tu mente organizaba toda esa información para utilizarla posteriormente – Casi hermanos… ¡que bien! – dijiste con falso entusiasmo.
- Sí, me gusta un conocido en común… - te preguntaste por qué coño alguien como Uniceja te contaba tan fácilmente de su vida, no parecía ser como Dita que tomaba confianza a la primera, al menos Uniceja parecía ser más reservado – Tú… ¿de qué lo conoces?
- ¿Cómo?
- Sí, es decir, ¿de dónde lo conoces? ¿de la facultad, del trabajo, deportes, vecino, compañero…?
- Nos conocimos por casualidad – dijiste girando tu rostro, te sentías incómodo y pensaste abandonar la postura en la que te encontrabas, pero el dolor se incrementaba y tenías la impresión de que si te movías, tu espalda se destrozaría irremediablemente – Y… dime, ese conocido suyo que te gusta… ¿cuál es su nombre? – él sonrió.
- … Kanon…
- ¿Y le hablas?
- ¡Claro! ¡Somos amigos!
¿Es casi tu hermano? – pensaste con cinismo. Ahora te sentías un poco aliviado al descubrir que quizá Uniceja consideraba a todos sus amigos del alma.
- Aioria, Milo, Kanon y yo solemos salir muy seguido, deberías venir un día con nosotros.
- Lo pensaré… - ¿por qué no reconocías ninguno de esos nombres? ¿acaso no te interesabas en la vida de Milo? ¿o era que quizá él te excluía?
- Camus… - la dulce voz interrumpió tus obsesivos pensamientos, pero te quedó la sensación de molestia – ¡Ah! Hola Rada… - Milo y su alegre voz, su alegre voz que contrastaba con sus ojos tristes irrumpió en la habitación - ¿tienes mucho que llegaste?
- No, hace apenas unos minutos.
La conversación era tan fluida entre ellos que comenzaste a sentirte como un cenicero o un objeto más en la habitación. Así que haciendo acopio de todo tu autocontrol del dolor, bajaste las piernas despacio y te pusiste de pie.
- Me retiro. Que tengan un buen día – dijiste fríamente.
- Camus, espera… - te dijo, pero tú ya ibas cerca de la puerta.
***
Te gustaba caminar cuando estabas enfadado, solías dejar que tus pies se movieran a voluntad propia y terminabas delante de alguna pastelería. Se te hizo costumbre comprar algo dulce y luego regresabas tranquilo a casa. La mayoría de las veces Milo te esperaba pacientemente en tu departamento con Azul Cielo (Dita), pero en raras ocasiones se quedaba en la banqueta, solo. Milo siempre te esperaba porque sabía que ibas a regresar.
- ¿Estás enojado? – siempre comenzaba con esa pregunta.
- No – y tú siempre le dabas la misma respuesta, pero luego te quedabas en silencio y él te daba todo el tiempo del mundo para que comenzaras a hablar - ¿por qué no conozco a ninguno de tus amigos?
- ¿Eh?... Conoces a Aldebarán… y a Radamanthys…
- Milo… lo acabo de conocer hoy, y no fue porque tú me lo presentaras… ¿te avergüenza que seamos algo?
- ¡¿Qué?! – te dijo realmente sorprendido – No… claro que no.
- Entonces por qué no los conozco? Nunca les hablas de mí ¿cierto? – Y así eran sus discusiones, tú preguntabas y él respondía, aunque él jamás te cuestionó – Uniceja dijo que le gustaba un amigo tuyo…
- ¿Uniceja? – intentó no reír, así que terminó sonriendo - ¿te dijo eso?
- Sí… Y que ustedes eran casi como hermanos.
- Nos conocemos de hace mucho tiempo…
- Y aún así nunca les hablaste de mí… - ya no era una pregunta, era una afirmación.
- Si quieres te los presento…
- No… no quiero que me hagas un favor… si no quieres que los conozca está bien.
A veces te sentías como un completo manipulador, sabías que a Milo no le agradaba que estuvieras enfadado y que lo más seguro era que te fuera a presentar a sus amigos en la próxima reunión. Lo que no esperabas era que uno de ellos te causara tantos dolores de cabeza e inestabilidad emocional.
***
Te presentaron a Copia de Sonrisa Perfecta y a Egocentrismo Inverosímil (Kanon y Aioria) un sábado, a Uniceja (Radamanthys) ya lo conocías, así que para no batallar tanto, decidiste llamarlos tan solo Copia y Ego. A primera instancia sentiste que la Copia te observaba con cierta reserva, como si supiera algo de ti y eso te ponía ligeramente nervioso. Con el Ego fue diferente, el Ego era de esas personas que inevitablemente caían bien, pero algo en él te causaba desconfianza. Tal vez se debía al hecho de que se la pasara pegado a Milo, ¿qué no podía hacer nada solo? Eso te fastidiaba, te molestaba que estuviera todo el santo día con él, pero no dijiste nada porque Milo y tú habían acordado no hablar de su relación, mejor dicho, tú le pediste no hablar de su relación, pensabas que si ellos se enteraban de que eras su pareja, no actuarían de forma natural contigo, y tú deseabas conocerlos. Más tarde, te lamentarías por ello.
- Habrá una obra de teatro… - dijo Milo mientras se sentaba en el sofá.
- ¿Ah si? – respondiste por inercia aunque en realidad estabas más concentrado en el videojuego favorito de Radamanthys.
- Já, ¡perdiste! Das asco en este juego Camus… - dijo Uniceja entre risas.
- ¡Cállate! ¡La próxima te ganaré!
- ¿De qué se trata la obra? – preguntó Aioria muy interesado, aunque tú no lo escuchaste porque estabas enfrascado en una discusión con Radamanthys, ambos se encontraban en el suelo lanzándose miradas de odio ficticio.
- No importa – dijo decepcionado – solo es una estúpida obra estudiantil.
- No digas eso, te ayudaré a ensayar – tú no oíste nada de ese diálogo, solo escuchabas las malas palabras que salían de la boca de Uniceja cada vez que estabas a punto de vencerlo.
- Gracias – musitó Milo y fue a la cocina a ayudar a Kanon.
A veces te preguntabas cómo es que Radamanthys, estando enamorado de Kanon, no estaba todo el día sobre él. Siempre te dio la impresión de que Uniceja era un empalagoso y siempre esperaste poderte burlar de ello, pero nunca pasó, Uniceja trataba a Copia como si fuera alguien más, no había ningún trato especial hacia él y eso siempre te pareció muy curioso de su persona.
***
Con el tiempo terminaste siendo amigo de Rada. Aunque si lo pensabas un par de segundos, te darías cuenta de que en realidad no fue nada difícil. Rada y tú compartían varias cosas, (además del gusto por la nicotina), así que fue inevitable que ocasionalmente terminaran bebiendo en su departamento o en el tuyo.
- Já – de pronto todo te parecía muy gracioso – tengo algo que confesarte – le dijiste.
- ¿Qué? ¿Estás perdidamente enamorado de mí y ahora mueres porque te folle toda la noche? – él también se rió y puso una de sus manos sobre tus muslos.
- No - musitaste entre risas - eres un idiota… al principio… me fastidiabas.
- ¿Por qué? - él también se estaba riendo.
- Creo que estaba celoso.
- Já, ¿ah si? ¿Tenías miedo de que Milo se fuera a fijar en alguien tan apuesto como yo?
- Noo. Bueno es que… tú eras muy amigo de Milo, y no es que yo quiera ser amigo de todos los amigos de Milo, pero él nunca… olvídalo… já, creo que no tiene importancia ahora.
- Aún así – dijo como si hubiera comprendido todo – no es por mí por quien debes preocuparte.
- ¿A qué te refieres?
- Aioria – dijo encendiendo otro cigarrillo.
- ¿Qué con él? – fingiste que no odiabas a Aioria con toda tu alma.
- Me parece que el pequeño gato está enamorado de Milo.
- ¿Por qué lo dices? – cuando Milo era el tema de conversación, tú solo podías hacer preguntas.
- Se le nota… Aioria no es como tú o como yo – lo miraste sin entenderle – no creo que Kanon alguna vez se haya puesto a pensar en que me gusta y que quiero follármelo – sonreíste – y tampoco creo que Milo sepa que te interesa.
- ¿De dónde sacas esa idea?
- Si no lo conociera y si no te conociera a ti, jamás me pasaría por la mente que son algo – ese momento fue de confusión pura, ¿acaso Radamanthys ya sabía que tú y Milo eran pareja? Muchas preguntas se acumulaban en tu mente – pero Aioria… Aioria es diferente, cuando algo le interesa tan solo va tras ello, ¿nunca te has preguntado por qué le cae bien a la gente? Digo, no es tan atractivo como yo, ni tan interesante, já, no, ya bien, Aioria es muy normal, es muy transparente, y a la gente le gusta eso.
- Sí, supongo…
- ¿Y cómo va Milo con su obra?
- ¿Cuál obra?
- ¿No estaba en una obra de teatro de su facultad?
- … Yo… no lo recuerdo… - pensaste en tus últimas conversaciones con Milo, estaba un poco ausente pero creíste que se debía a los exámenes.
- Ahh – suspiró – Camus, Camus, Camus, te diré… tan solo porque tienes un buen trasero y quiero echarle un vistazo cuando te pongas de pie y salgas de la habitación…
- Jódete.
- Já, Milo está en una obra de teatro y Aioria se ofreció a ayudarlo a ensayar… así que ahora deben estar en casa de Milo.
- ¿Cómo sabes eso?
- Porque la diferencia entre tú y yo, es que, aunque me haga pendejo y no escuche a Milo, él no se ofende por ello y es capaz de volverme a contar las cosas. Pero si tú lo ignoras aunque sea un segundo, ya no te lo volverá a decir.
- Eso es injusto… - dijiste de inmediato.
- No, no lo es, de hecho es algo muy tierno de Milo, piensa que si te dice algo y no le prestas atención es porque quizá no te interesa, y siempre ha tenido miedo de hacer algo que te moleste… - ahora muchas cosas tenían sentido – ¡pero ya!, ve a buscarlo, ya quiero ver tu hermoso trasero mientras pienso en cómo sería mejor follarte, já.
Le hiciste una seña obscena con una de tus manos y él volvió a reír, luego tan solo saliste de la habitación.
***
Comprador Compulsivo (Aldebarán) abrió la puerta con una sonrisa en el rostro, siempre era muy amable. Pasaste hasta la estancia, la casa te era tan familiar como tu propio departamento, él te ofreció ir en busca de Milo, pero le dijiste que tú mismo subirías a verlo. Lo que menos esperabas era encontrarlo sentado en la cama mientras Aioria se apoderaba de sus labios. La imagen fue extraña, inesperada, te causó nauseas, dolor y un terrible malestar general. No hiciste ruido alguno y tan solo regresaste sobre tus pasos hasta la cocina sintiendo que odiabas al idiota de Aioria, al traidor de Milo y a ti mismo por dejar que te afectara tanto.
- Camus, ¿te vas tan pronto? – dijo Aldebarán y fue nuevamente esa sonrisa la que calmó la tormenta que sentías dentro.
- Sí, Milo está ocupado – lo dijiste con todo el cinismo que tu enojo te permitía, pero Alde no lo notó.
- ¿Quieres merendar mientras se desocupa? – sonreíste.
- No, gracias. No tengo apetito.
- Já, eso no es bueno, por eso estás tan delgado, deberías consumir más proteínas y hacer algo de ejercicio.
Por primera vez pensaste en tu cuerpo y en cómo te veías. Era cierto, comparado con el Jodidísimo Hijo de Puta Egocéntrico Traidor (Aioria) te veías más delgado, no recordabas si eran de la misma estatura, pero por algún motivo te daba la impresión de que era mucho más alto que tú.
- Sabes, deberías ir algún día a comer con nosotros.
- ¿Con quiénes?
- Comparto departamento con un amigo, Azul Cielo.
- Ahh, claro, por mi encantado.
Se sentaron ambos y comenzaron a charlar mientras disfrutabas de unas deliciosas tostadas francesas.
- Sí… entonces le dije que… - la voz del Ego te hizo añicos.
- Ahh… Camus… - tu nombre en los labios traidores de Milo, era como si hubiera visto un fantasma comiendo con cara de amargado cuando en realidad eras tú comiendo con cara de amargado - ¿Cuándo… tienes mucho que llegaste?
Observaste a ambos entrecerrando los ojos mientras te ponías de pie.
- ¿Por qué? ¿Te molesta que esté aquí?
- No, claro que no… - dijo Milo.
- No importa, de cualquier forma ya me voy, gracias por la comida – dijiste y después tan solo pasaste entre el Ego y Milo.
- Camus… espera, no te vayas… quédate un rato más.
Te detuviste y segundos después regresaste para ponerte frente al imbécil de Aioria.
- No eres más alto que yo – dijiste con voz triunfal.
- Já, ¿de qué hablas? – dijo el JHPET (Jodidísimo Hijo de Puta Egocéntrico Traidor (Aioria))
- ¿Estuviste bebiendo? – ignoraste esa pregunta y te fuiste.
Siempre te la pasaste huyendo. Aquel día no regresaste a casa, Azul Cielo (Dita) te marcó a tu móvil para decirte que Milo tenía horas esperándote y a ti no te importó. ¿Por qué habría de importarte cuando tú no le importaste a él?
- ¿En serio? Pues, puedes decirle que se besuquee con el Jodidísimo Hijo de Puta Egocéntrico Traidor mientras me espera… argh - te quedaste sin aliento para decir toda aquella frase y entonces Radamanthys te quitó el móvil.
- Hola amigo de Camus, sí, no te preocupes, yo cuidaré de él. No, ya no dejaré que beba.
- ¡Dame eso! – intentaste quitarle el móvil pero perdiste el equilibrio y él tuvo que sostenerte creando una especie de tensión entre ambos.
Radamanthys era obviamente más alto que tú, te hacía sentir inútil, pero extrañamente cómodo y seguro.
- No importa que tan molesto y ebrio esté… no follaré contigo.
- Já, no te preocupes, no intentaré follarte… esta noche.
Continuaste un rato entre sus brazos hasta que de pronto ya no supiste nada más, te habías quedado dormido.
***
Despertaste a la mañana siguiente con un fuerte dolor de cabeza. La suavidad de las sábanas contrastaba con tu estado en general. Giraste tu rostro hacia la izquierda y viste a Rada aún dormido. Te pusiste de pie y notaste que tenías puesta un pijama que te iba algo grande, así que casi arrastrándote llegaste al cuarto de baño y lavaste tu rostro, después volviste a la habitación para dormir cinco minutos más. Las gruesas y oscuras cortinas no te permitían adivinar la hora del día así que buscaste el reloj con la mirada. 1:50 p.m. prácticamente ya habías perdido todas las clases importantes del día.
- ¡Mierda!
- Buenos días princesa…
- Ahh, no grites – tapaste tu rostro con una almohada.
- ¿Qué? ¿La muñeca tiene dolor de cabeza? – Rada había desarrollado un gusto por fastidiarte, más bien, el fastidio era mutuo, solo que ahora estabas en desventaja por todas las neuronas que perdiste el día anterior.
- ¿A qué hora me quedé dormido?
- Como a las 4, después de dejar que te follara. Por eso ahora traes ese pijama.
- Idiota – le lanzaste una almohada y volviste a recostarte – Espera, ¿qué pasó con Milo?
- Lo mandaste a la verga – seguramente en ese momento palideciste y quizá por eso Uniceja se puso serio y te dijo – no te preocupes, la mayoría de las estupideces tienen arreglo. Iré a preparar el desayuno, ahí está el teléfono, por si quieres marcarle.
- Gracias…
Radamanthys no te lo dijo, pero después de que te quedaste dormido, él mismo le marcó a Milo para explicarle lo que había en tu, a veces increíblemente paranoica, mente. Hubo muchas cosas de Radamanthys que solamente supiste con el tiempo y con las preguntas directas. Días más tarde, un encuentro con Aioria cambiaría radicalmente las cosas.
Continuará…
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Omg esto es ta interesante continua porfa!
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