jueves, 17 de enero de 2013

Capítulo 4: Acercamiento - Abril 23.2010

Capítulo 4: Acercamiento



Las ausencias de Ikki comenzaron a ser más notorias. El fénix supo que necesitaba algún tiempo lejos cuando comenzó a sorprenderse a sí mismo mirando fijamente al rubio, no estaba seguro de que éste lo hubiera notado, pero de cualquier forma prefirió alejarse antes de que las cosas comenzaran a complicarse, después de todo, Hyoga era lo que llamaban “inestable”. Así que comenzó a salir muy temprano, ya no regresaba para comer y volvía muy tarde. Si acaso se cruzaban los fines de semana si es que el Cisne tenía la suerte de que no le surgiera un contratiempo a Ikki. Y el departamento estaba tan vacío sin él. Ya ni siquiera husmear en la habitación del Fénix le causaba satisfacción, el sillón había dejado de ser objeto de pelea y estaba constantemente al tanto de la puerta.



El teléfono le parecía demasiado tentador, tal vez si se fingía enfermo el Fénix llegaría temprano ese día o al menos no tan tarde. Marcó los números casi de manera inconsciente y su mente comenzó a divagar tan pronto que cuando le respondieron se encontró a sí mismo sorprendido y sin saber qué decir.



                      - Hyoga, ¿estás bien? – el tono de preocupación de Ikki le hizo sonreír.


                      - Sí… solo… ¿estás ocupado?


                      - Un poco, pero dime, ¿qué necesitas? – Hyoga le sintió apurado, como si quisiera deshacerse de él y por algún motivo se sintió herido - ¿Hyoga? ¿Qué ocurre? – dijo preocupado al ver que el otro no respondía. 


                      - ¿Vendrás temprano?



Se armó de valor y lo preguntó de golpe, seguramente ahora el Fénix se mofaría de él preguntándole algo ridículo como: “¿Temes quedarte solo?” “¿Me extrañas?” o peor aún, quizá terminaría recriminándole, acusándolo de maquilar algún plan en su ausencia. Entonces se preguntó qué demonios hacía llamándole.



                      - ¿Quieres que regrese temprano? – nuevamente silencio, y es que… ¿Qué se podía responder a esa pregunta? ¿“Claro Ikki, te extraño”? Que en parte era cierto pero eso no iba con el rubio - ¿Hyoga? – la preocupación podía escucharse en su voz.


                      - Tengo que colgar. Cuídate Ikki.


                      - Tú también rubio… - dijo pero éste ya había colgado.


***


Para cuando Milo regresó, Saga y Camus habían salido en dos ocasiones, en la segunda fueron a un evento cultural que entusiasmaba al francés y posteriormente fueron a cenar. Era un poco tarde y al día siguiente Camus debía despertar temprano así que pidieron la cena para llevar y fueron a casa de Saga.



                      - Vaya… - dijo Camus admirando el enorme lugar - ¿Vives con alguien?


                      - No – observó la expresión del francés y se adelantó a la explicación – siempre pensé en que… un día me casaría, tendría hijos y tal vez un perro o dos…


                      - Me gustan los perros – no pudo decir lo mismo del matrimonio y los hijos – entonces… compraste la casa pensando en ellos… - le pareció una idea encantadora y se sintió triste por un instante.


                      - Sí, algo por el estilo.


                      - ¿Y tienes algún prospecto?


                      - Tal vez… - se acercó a Camus deleitándose con su aroma neutro y lo besó, fue apenas un breve roce de labios al que el francés no correspondió pero tampoco rechazó. Tal vez iban demasiado rápido - ¿Quieres terminar de ver la película del otro día?


                      - Claro.


Y ahí estaban, de nuevo cerca, era como si entraran en un estado de somnolencia al estar juntos, como si desprendieran alguna especie de tranquilizante somnífero, Saga se preocupó por poner la alarma temprano, para que Camus no se viera afectado en su trabajo llegando tarde. Y así fue como su segunda cita concluyó.



***


“Sí llegaré temprano” – el mensaje le hizo sonreír y de pronto se vio a si mismo dirigiendo sus pasos a la habitación de Ikki.



Le gustaba sentir el nerviosismo de saber que el Fénix podía llegar en cualquier momento y echarle bronca por estar en su cuarto. Se recostó en la cama un par de minutos, la cama de Ikki era suave y confortable, no entendía cómo era que Ikki prefería muchas noches dormir en el sofá. El aroma del peliazul era otra de las cosas que le gustaba, ¿qué fragancia utilizaría?, decidió buscar en algún cajón y se topó con una imagen, era un pintura de una joven rubia, “seguramente Esmeralda” – pensó y sonrió con tristeza, nunca habían hablado del tema así que lo que sabía era por boca de Shun.



El sonido de un auto lo distrajo y de inmediato puso todo en su lugar, se asomó por la ventana y vio a Ikki dialogando con una joven rubia, no la reconoció, de haber prestado atención se habría dado cuenta que se trataba tan solo de una de las vecinas que solía sacarle plática al arisco Fénix. Pero Hyoga no sabía eso, tan solo se enfocó en el hecho de que era rubia… como Esmeralda, al igual que esa chica que había ido el otro día a su oficina… dejó sus pensamientos a un lado para ir a la estancia.



***



                      - ¿Quieres que comamos fuera? – preguntó Milo la primera noche que estuvo de regreso, su viaje se había prolongado y había estado a punto de abrazar a Camus, no sabía si era por los días sin haberlo visto pero le daba la impresión de que se veía diferente, menos nervioso, menos distraído, más atractivo si eso era posible y sin la constante preocupación.


                      - Ahh… comeré con Saga. Pensé que te lo había comentado.


                      - ¿Con Saga? ¿Por qué?


                      - Me invitó, ¿quieres venir?



Sí, sí quería, de pronto Milo se sintió aislado, excluido, fuera de lugar, ¿unos días sin él y ya había armado toda una vida? Tampoco era para tanto, pero considerando lo antisocial que era el francés, el hecho de que saliera a comer con alguien era un gran suceso. 



                      - Que te diviertas – dijo poco convencido.


                      - ¿Seguro que no vienes? Un amigo suyo hace lasaña vegetariana – el aroma y el sabor del platillo vinieron a su mente haciendo que sonriera casi imperceptiblemente.


                      - ¿Ya probaste esa lasaña? – se sintió casi ofendido con dicha información.


                      - Sí… el otro día.




“El otro día” ¿Cómo el otro día? ¿El otro día, cuándo? Sabía que tratándose de Camus, existía la posibilidad de que “el otro día” no fuese más lejano que esa misma mañana, pero aún así se sintió inquieto.



                      - ¿A qué hora pasará por ti? – preguntó intentando fingir que no le importaba demasiado.


                      - No debe tardar, dijo que arreglaría algunos asuntos y después pasaría por mí.


                      - ¿Y cómo vas con tu trabajo?


                      - Mucho mejor – dijo casi emocionado – he avanzado en estos días… creo que de seguir así, podría terminar a fin de mes… - vio la seriedad de Milo - ¿sucede algo?


                      - No, nada, parece que te las arreglaste muy bien sin mi – se arrepintió casi al instante de decirlo pero afortunadamente para Camus era casi imposible leer entre líneas, se preguntó el Escorpión cómo era capaz de comprender poemas y no una simple insinuación.



***



                      - Olvidé que no hemos ido por la despensa…


                      - Yo puedo ir a hacer las compras – interrumpió Hyoga sin mirar al mayor.


                      - Iremos mañana, por lo pronto ve pensando qué quieres para cenar.



Hyoga lo observó brevemente, tenía ganas de fastidiarlo, quizá esa era su forma de llamar la atención de Ikki, quería que volvieran a ser como antes.



                      - Así que te van las rubias – dijo mordaz mientras terminaba la tarea.


                      - No empieces.


                      - Oh Ikki – el mayor abrió una lata de refresco – Ahh sí… más fuerte… ohh… - dijo entre gemidos con una voz terriblemente sensual que elevó un poco la temperatura del fénix, intentó no darle importancia pero se vio obligado a dejar la bebida sobre la mesa. Y que se jodiera el rubio si pensaba fastidiarlo ese día – A que piensas que soy una chica si me ves de espaldas. 



Se puso de pie y alborotó un poco su cabello que hasta entonces había permanecido recogido en una coleta.



                      - ¿Ves? – le sonrió con cinismo - ¿Qué? – preguntó ante el mutismo del Fénix - ¿Se te antoja follarme? Ahh… Ikki – volvió a gemir para fastidiar al mayor. Su expresión era todo un poema, delicioso y prohibido éxtasis.


                      - Cállate… - gruñó Ikki arrojándole uno de los cojines del sofá.


                      - ¡Oye! – le reclamó el rubio - ¿Te molesta? – había descubierto que eso parecía sacar de quicio al mayor y lo estaba disfrutando. Giró su cuerpo para apoyar sus manos sobre el descansa brazos del sofá, apretó sus manos y echó la cabeza hacia atrás – ahhh… así Ikki… la tienes gran… - no pudo terminar cuando sintió que Ikki lo empujaba tumbándolo en el sofá – ahh – ya no era un gemido, era una queja – suéltame...



El Fénix consiguió colocarlo boca arriba y le inmovilizó las manos tomándolo por las muñecas. Si lo había buscado, en definitiva lo había encontrado. Forcejearon en el sofá, Hyoga se apoyó en el descansa brazos para empujarse lejos de Ikki, pero éste aprovechó el movimiento para colocarse entre sus piernas.



                      - Suéltame – lo miró aterrorizado cuando sintió la plena erección de Ikki contra su muslo, el peso del mayor sobre su cuerpo le impedía cualquier intento de escape, ni siquiera tenía las manos libres, así que quiso intentar dialogar – solo estaba… jugando… era un juego Ikki…


                      - ¿No querías que te follara? – aunque había sido el cisnel quien había hecho la pregunta primero, escucharla de labios de Ikki le causó un fuerte estremecimiento y sintió su rostro demasiado caliente al igual que su cuerpo.


                      - Ahh – se sorprendió cuando sintió la mano de Ikki colándose entre su ropa. Intentó decir algo pero las palabras no salieron.


                      - ¿Qué? No me digas que ninguno de tu lista de amiguitos te ha metido mano… - ahora el rubio estaba literalmente paralizado, entonces sintió la lengua de Ikki deslizándose morbosamente cerca de su oreja para después besar el blanco cuello.


                      - Ikki… por favor… me estás asustando… - tartamudeó al decir la última frase y recién ahí el Fénix cayó en cuenta de lo que hacía.


                      - Descuida pato… era un juego…



Se levantó arrepentido, avergonzado. No hablaron el resto de la tarde. La cena también transcurrió en silencio.



                      - No… - fue Hyoga quien rompió el hielo.


                      - ¿No qué?


                      - No me he… fajado… manoseado… ahh, ni siquiera recuerdo qué dijiste pero no, no he estado con ninguno de ellos.



Ikki lo miró extrañado, ¿dónde estaba el pato liberal del que todos hablaban?



                      - Lo siento Pato – le había costado trabajo decirlo, pero por fin lo había hecho.


                      - No te preocupes – dijo comprendiendo lo difícil que habría sido para el Fénix disculparse – sé que te excita tenerme cerca – dijo bromeando, parecía que no entendía, se había quemado y ahí iba de nuevo, a jugar con fuego – entonces, ¿mañana vamos a hacer las compras? – dijo esquivando la mirada del peliazul y cambiando de tema rápidamente.


                      - Sí, puedes hacer la lista si quieres.


                      - Genial – dijo emocionado y se puso de pie para ir por papel y lápiz.



Iba a detenerlo para decirle que debía terminar de cenar primero, pero la idea de ver ese delicioso cuerpo en movimiento le hizo cambiar de opinión.



Continuará…

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