Capítulo 3: Sospechoso
Camus caminó rumbo al tercer templo, iba cabreado, cabreadísimo y con un instinto asesino que era más común ver en Death Mask. Cuando vio a la figura causante de aquel monumental enfado, no pudo hacer otra cosa más que echársele encima para derribarlo. Esta acción tomó por sorpresa al individuo quien solo pudo mirarlo fijamente.
- Dime dónde está… - amenazó Camus mientras una de sus manos se deslizaba hacia la entrepierna del gemelo – dime… - repitió – dónde está o te congelo… - apretó ligeramente sus genitales ignorando la sorpresa que le había causado el tamaño - y sabes que hablo MUY en serio…
En un movimiento rápido, tan rápido que el acuariano apenas pudo percatarse de lo que sucedía, el gemelo logró invertir los papeles y ahora era él quien estaba sobre Camus.
- No sé de qué hablas… - dijo mientras terminaba de inmovilizar al francés.
Entonces Camus se sorprendió y formuló dos hipótesis muy interesantes, o esta vez no había sido Kanon quien había entrado a su habitación o… o ese no era Kanon. Lo meditó un instante, ¿qué lo llevó a pensar que se trataba de una de las bromas del menor de los gemelos? Pues bien, Kanon, además de Milo, era el único que entraba a su habitación sin pedir permiso, se tomaba la libertad de husmear y tomar sus cosas, ¿qué culpa tenía el francés de que compartieran la misma talla de zapatos, que pudieran usar el mismo cargador del móvil, que le gustara el aroma de su shampoo y una infinidad de cosas más? Así que cuando notó que faltaba cierto objeto que solía utilizar con Death Mask, solo pudo pensar en un nombre: Kanon. Posteriormente se dio cuenta de que había una galleta con chispas de chocolate mordida, había que decir que el menor de los gemelos no solía ser muy discreto, siempre olvidaba algo que lo delataba. Así que, si le preguntaban si estaba seguro de quién era el responsable, podría haber dicho que sí. Entonces solo hubo espacio para la segunda hipótesis, ante la cual palideció.
- Saga… - tragó saliva después de tartamudear el nombre.
- Camus… - dijo el mayor.
- Lo lamento – su rostro enrojeció tanto que no se le ocurrió nada más inteligente que acercarse al cuello del mayor y ocultarse – pensé... pensé… - pensó… pensó que moriría en ese instante.
- No te preocupes, no es la primera vez que me confunden con Kanon, aunque a él le molesta más que a mi dicha confusión.
Ambos se pusieron de pie, el francés seguía con la mirada entretenida en el suelo, jamás en toda su existencia sería capaz de ver a Saga a los ojos nuevamente.
- Tengo que salir ahora, diviértete Camus – dijo mientras palmeaba su cabeza como si se tratase de una mascota o de un niñato – y no dejes que Kanon te enfade demasiado.
Lo vio alejarse y suspiró, o mejor dicho, dejó salir todo el aire que habían contenido sus pulmones.
Para Camus, Saga siempre fue como un superhéroe, fue la primer persona que le hizo dudar acerca de sus preferencias sexuales cuando apenas tenía 14 años, y es que, Saga era atractivo, tenía todo, era alto, tenía carácter, presencia, era poderoso y lo más importante, era muy amable con él, lo admiraba, quería ser como él, que un día éste le viera como a un igual, aunque incluso ahora, después de tantos años, el francés seguía con ese complejo de inferioridad cuando estaba con el mayor de los gemelos. Estuvo años enamorado de Saga, años que le parecieron siglos. Cuando tenía 16 comenzó a fantasear con él para luego sentirse culpable por sus pensamientos, fue una etapa muy difícil para el francés, no sabía si lo que sentía estaba bien o mal, no tenía ni idea de qué debía hacer y entonces llegó Milo, con toda esa energía y felicidad de la cual terminó enamorándose para ir olvidando a Saga. Nunca se lo confesaría a nadie, ni al mismo Milo, aunque éste solía tener sus ataques de celos cada que descubría al francés viendo al gemelo con esa miradita tonta de enamorado.
***
Death Mask lo estuvo pensando durante la mayor parte del día. Estaba más que seguro de que alguien los espiaba y que incluso, se masturbaba como si se tratara de una película porno pero en vivo y a todo color. Hizo una lista mental del Santuario, suponiendo claro que el voyeurista fuese un caballero dorado, y la cuenta ascendía a 12 personas, “Demasiados” – pensó.
Se sorprendió al encontrar a Camus a las afueras de su templo, tenía la mirada perdida como muchas otras veces.
- ¿Lo encontraste?
- ¿Eh?
- Dijiste que buscarías a Kanon, ¿lo encontraste?
- Ahh, eso… no – dijo distraído.
- Camus… - guardó silencio hasta que el francés volteó a verlo – tengo algo que proponerte.
Explicó a grandes rasgos su plan ante la mirada inexpresiva del de acuario, le estresaba eso un poco de Camus, no saber si estaba de acuerdo, si estaba enfadado, si lo haría o si no.
- ¿Para qué? – preguntó con algo de desconfianza.
“Al menos no dijo que no” – pensó Death Mask, y eso con Camus ya era ganancia, ahora solo faltaba convencerlo, no podía tan solo revelar sus sospechas, eso tan solo aumentaría la paranoia del francés y eso sería como arrojarse al precipicio de la abstinencia.
- Confía en mí.
- De acuerdo – dijo después de pensarlo unos cuantos segundos. No le entusiasmaba mucho la idea pero confiaba en Death Mask, así como en su momento había confiado ciegamente en Milo - ¿Cuándo quieres que lo haga?
- Yo te diré después.
***
La junta comenzó a las dos de la tarde. Habían transcurrido apenas 15 minutos y el de cáncer no había dejado de intentar meterle mano a Camus, con descaro y sin intentar ocultarse. Luego lo besó ante la mirada de todos. Algunos lo miraron con curiosidad, otros desviaron la mirada incómodos y unos cuantos los observaron con morbo.
- Bien, irán Shura y… - el Patriarca los miró.
- Camus no ha salido del Santuario en mucho tiempo – acusó Kanon como un colegial y de haber podido, el francés lo habría aniquilado con la mirada.
- En ese caso tú tampoco has salido… - musitó Camus y entonces sintió la mano de D.M. en uno de sus muslos.
- Yo no soy un santo dorado… - dijo Kanon intentando tocar el rostro del francés, pero este se hizo hacia atrás, luego entrecerró los ojos, odiaba que Kanon tuviera razón.
- Entonces ¿qué haces aquí? – ahora hubo un intento fallido de sonrisa burlona en su rostro y Kanon pareció a punto de iniciar un enfrentamiento.
- Ya, los dos, Camus, irás con Shura… - Kanon sonrió y Shura, aunque fue interiormente, también lo hizo – Y tú Kanon, los relevarás cuando regresen.
El Patriarca siguió comentando de las actividades que llevarían a cabo y por su parte, Death Mask, siguió de encimoso con Camus, ante la evidente incomodidad de éste. Una vez que el Patriarca les llamó la atención y terminó la junta, Camus golpeó levemente la cabeza de Death Mask.
- No vuelvas a hacer eso… - dijo muy molesto.
- De acuerdo – mintió.
Anotó en una hoja las iniciales de cada signo, habría puesto los nombres pero habían demasiadas “A” (Aldebarán, Aioria, Aioros y Afrodita), “M” (Mu, Milo) y “S” (Saga, Shaka, Shura y Shion). Ya había conseguido descartar al menos a tres de ellos; Shaka, Mu y el mismo patriarca, durante el beso, intentó ver la expresión de todos y fueron ellos tres quienes más turbados parecían, incómodos, no podía imaginarlos siquiera intentando espiarlos.
Al día siguiente interceptó a su primer y principal sospechoso, Milo. Fue cuando lo vio solo terminando de desayunar, o mejor dicho, comenzando a desayunar después de la posible resaca del día anterior, corrió hacia Camus para derribarlo.
- ¿Qué ha…? – la pregunta quedó en el aire cuando la mano izquierda de D.M. se colocó sobre su boca.
Por un instante Camus lo vio aterrorizado, y a pesar de que sabía que D.M. no iba a dañarlo, comenzó a forcejear con él. El de Cáncer apresó sus manos sobre su cabeza, pegó más su cuerpo al del francés y éste, en un último intento de zafarse, quiso doblar las piernas para crear un espacio entre su atacante y él.
- ¿Todo bien? – la voz de Milo interrumpió la escena.
Se le veía calmado al escorpión, calmado pero daba la impresión de estar preparado para un ataque. “No es él” – pensó D.M. mientas soltaba a Camus y se ponía de pie.
- ¿Camus? – dijo el escorpión tendiéndole la mano.
D.M. imitó el movimiento, sabía que para Camus, Milo era un tabú, un innombrable, un asunto que de preferencia no se tocaba y por donde se había que andar con cuidado.
- Todo bien – musitó y con gran (pero poco evidente) enfado se puso de pie sin la ayuda de nadie. Salió del comedor principal sin siquiera ver a Death Mask, mucho menos a Milo.
- ¡Oye, espera! – gritó el de Cáncer cuando lo vio salir molesto, por un instante, Milo estuvo a punto de seguirlo, pero se detuvo cuando su mirada se topó con la casi asesina mirada del de cáncer, que musitaba un silencioso “No es tu problema”
***
El segundo intento se dio cuando iban rumbo al pueblo, Camus estaba contándole acerca del episodio que había visto de su programa favorito y Death Mask hacía como que lo escuchaba, en esas ocasiones el francés era irreconociblemente parlanchín. El de cáncer se detuvo y Camus lo observó con curiosidad. Luego sintió como lo tomaba entre sus brazos y lo obligaba a besarle. Lo había tomado por sorpresa así que intentó empujarlo, pero el de Cáncer no hizo más que jalar su cabello para obtener una leve queja y poder introducir su lengua en la dulce cavidad, luego mordió sus labios, pensó en congelarlo, pero era Death Mask, ¿cómo podría hacerle daño? Un nuevo tirón del cabello lo alejó del de cáncer.
- Suéltame… - musitó pero solo consiguió que el italiano volviera a besarlo con la misma violencia.
El de cáncer observó los rostros de los presentes, y tuvo que detenerse cuando Saga lo sometió para alejarlo de Camus. El francés lo observó, nuevamente tuvo que mirar al suelo mientras su rostro enrojecía olímpicamente.
- El patriarca te busca Death Mask – dijo con tranquilidad. El de cáncer lo observó con un falso enfado, luego miró los rostros de Aioros y Aioria “Descartados” – pensó el de Cáncer, ninguno reflejaba satisfacción alguna por haber presenciado dicha escena, más bien parecían preocupados, y el voyeurista debía estar más que acostumbrado a verlos así, por lo tanto decidió que no se trataba de ninguno de ellos, se alejó dejando a Camus desconcertado – Camus… - musitó Saga cuando estuvo a su lado – no jueguen así.
- No.
***
Fue un martes por la noche cuando Afrodita y Aldebarán se encontraban viendo televisión. Death Mask se había encontrado esa mañana con Aldebarán y descubrió que también era gran aficionado del mismo programa del que tanto parloteaba Camus, así que se lo comentó y el de tauro tuvo la gran idea que invitarlos a ver el programa esa noche en su templo. Prepararon un montón de comida, bebidas y se sentaron a verlo. Camus no estaba muy convencido, no era de los que andaban demasiado en otros templos, los únicos templos que había visitado por voluntad propia habían sido el de escorpión, cáncer y el de géminis cada vez que buscaba a Kanon.
- Vamos Camus, come – dijo Aldebarán y le sirvió más.
- Shh, shh, shh – musitó Afrodita cuando los comerciales terminaron.
Luego los tres se quedaron inmersos en el programa que veían. Death Mask intentó acercarse a Camus, pero desistió cuando vio que nadie le prestaba atención, además, conocía al francés, sabía que interrumpirlo era hipotermia segura. Ocasionalmente escuchaba alguna queja colectiva, algún suspiro o expresión de sorpresa, pero Camus permanecía serio, casi inmóvil e inexpresivo. Se preguntaba si tan solo era para guardar las apariencias y si en solitario era distinto.
- ¡Noo! – dijo Afrodita con una angustia palpable, y fue cuando el de cáncer abrió los ojos para darse cuenta de que el programa había finalizado – no lo puedo creer, ¿cómo es que ella sobrevive? – dijo indignado – a nadie le cae bien – Aldebarán sonrió, siendo santos de Athena, le resultaba difícil que Afrodita le deseara la muerte a un personaje ficticio, aunque en el fondo estaba de acuerdo con él – iré por algo de helado, ¿me ayudas Alde?
- Claro… - dijo poniéndose de pie.
- Ahh, no puedo creerlo todavía… NO es justo… - siguió quejándose mientras iban rumbo a la cocina.
- Ahora… - musitó D.M. con voz lujuriosa mientras se ponía sobre Camus.
- No, aquí no.
- Tardarán en volver… - separó los muslos del francés y comenzó a besar su cuello.
- ¡Te dije que no! – dijo molesto antes de empujarlo y volver a tomar asiento, pero D.M. lo empujó contra el respaldo con más fuerza de la que usualmente utilizaba, lo tomó de los brazos para inmovilizarlo y volvió sobre su cuello ahora mordiendo ligeramente.
- … Entonces, ¿qué ganan los escritores dejándola vivir? – bueno, al menos Afrodita sabía que era ficción y que había escritores detrás de toda su indignación - ¿qué… - los vio forcejeando en el sillón y de inmediato intervino.
- Me voy – dijo Camus una vez que le quitaron a D.M. de encima, y no es que no pudiese quitárselo por si mismo, era tan solo que, una parte de él seguía pensando que D.M. jamás lo dañaría. Aunque últimamente comenzaba a estresarle un poco las actitudes que tomaba el de cáncer cuando estaban en público.
Salió molesto y de pronto escuchó que alguien se acercaba.
- Camus… - escuchó la voz de Shura llamándolo.
- Ah, Shura…
- ¿Qué haces?
- Estaba viendo – dijo el nombre del popular programa de televisión – en el templo de Aldebarán, pero ya terminó así que voy a mi templo…
- Ahh, hoy es martes, tendré que verlo en la repetición hasta la madrugada.
Comenzaron a compartir opiniones del programa en cuestión y sin saber en qué momento, el de capricornio ya había invitado a Camus a pasar a su templo, fue una enorme fascinación para el francés descubrir que su anfitrión tenía panecillos dulces y fue hasta casi dos horas después cuando notó que ya era tarde.
- Dioses, es tardísimo – seguramente D.M. ya estaría fastidiado de tanto esperarlo, si es que no se había quedado dormido.
- ¿Por qué no te quedas? – preguntó con tanta naturalidad que no le pareció una sugerencia extraña al de acuario – Digo… somos vecinos y tengo helado…
Camus lo pensó, no tenía nada de ganas de irse, pero tampoco le parecía correcto quedarse en un templo que no era el suyo, Shura pareció leerle el pensamiento.
- Vamos, Kanon se queda todo el tiempo… cuando Saga lo corre, te contaré chismes de él.
- De acuerdo, iré por algo de ropa.
- Nah, ven, yo te presto – lo que menos deseaba era que se fuera, sentía que si salía aunque fuera por un instante, cambiaría de opinión.
Más tarde vieron la repetición del programa.
- No puedo creer que ella siga viva, digo… hay cientos de personajes más carismáticos que ella y la dejan con vida, le disparan y sigue caminando como si nada…
- Ja, Dita tuvo la misma reacción que tú.
- ¿Camus? – Shura y Camus se miraron algo desconcertados, poco después salieron al encuentro del individuo que se acercaba.
- Death Mask.
- ¿Qué haces aquí?
- Estaba viendo… - no le dio tiempo de terminar cuando se le acercó para besarlo, lo obligó a girar su cuerpo para que quedara de espaldas hacia él y besó su cuello, luego se apoderó de sus labios mientras sostenía su cabeza de forma agresiva, su otra mano se dirigió a su entrepierna y miró fijamente a Shura.
El de capricornio los miraba como hipnotizado, no se sorprendía puesto que ya estaba acostumbrado a verlos de esa forma y a pesar de que Camus forcejeaba para recuperar su libertad, Shura no hizo nada para ayudarle, de hecho, mordió sus labios y pudo distinguir D.M. un breve atisbo de deseo en su mirada. “Es él” – pensó y sonrió satisfecho.
- ¿Te vas a quedar aquí? – preguntó D.M.
Camus lo observó, estaba casi a punto de preguntarle si podía quedarse, pero se dio cuenta de que no tenía por qué pedirle permiso, es más, ya ni siquiera pensaba quedarse, pero tan solo por fastidiar al de cáncer lo haría. Más tarde, cuando se puso a pensar en que lo hacía solo para molestar a D.M. se sintió un poco tonto e infantil.
***
El cotilleo era algo muy común en el Santuario, probablemente Shaka y Saga eran los únicos que pasaban de ello. Así que el nuevo tema era la actitud posesiva y agresiva de Death Mask. Milo estaba algo preocupado, aunque sabía que no le correspondía seguía sintiendo cierta ansiedad cuando escuchaba relatada alguna de las escenas que se hicieron tan comunes entre el de cáncer y el de acuario.
- Ya Milo, no es para tanto – dijo Kanon mientras tomaba otra cerveza.
- ¿No escuchaste lo que dijo Afrodita?
- Mira, Camus no es tonto… bueno, salió contigo pero eso no lo hace tonto – un cojín aterrizó sobre su cabeza y no pudo hacer más que reír - sabe como cuidarse solo… - le constaba que se la pasaban muy bien los dos – estoy seguro que D.M. le quiere, a su manera y de una forma bizarra y extraña, pero de seguro lo quiere.
- ¿Y si no?
- Pues… si no, Camus lo sabrá tarde o temprano… como contigo… - en el rostro de Milo se reflejó una leve mueca de dolor y precisamente por ello, había hecho ese comentario Kanon, él mejor que nadie había sido testigo de todo el dolor que le había causado el escorpión a Camus y no perdía oportunidad para restregárselo, primero porque Camus nunca le reclamó nada a Milo y en segunda porque le gustaba joderlo por haber sido el primero en romper su propio corazón.
Y es que Milo tenía una larga lista de amores y desamores, unos más serios que otros, algunos simples acostones producto de sus hormonas y entre esos acostones estaba Kanon. Le parecía casi ridículo que un niñato le hubiese hecho hacer las cosas que hizo, que lo hubiera tenido en sus manos, a su merced. Nunca le dejaría saber al escorpión cuánto lo había querido, y es que eso tenía Milo, se hacía querer, te hacía pensar que era indispensable en tu vida, que no podrías seguir sin él, que era tu alma gemela, y luego te dejaba, cuando alguien más le llamaba la atención. Y esa era la historia de su vida.
***
Para Camus todo pareció volver a la normalidad. Ya no había escenas amorosas delante de otras personas, habían desaparecido los besos violentos, las mordidas, los toqueteos y esa costumbre que desarrolló el de cáncer por tirarlo al suelo. Se lo seguía tirando, pero ahora en la cama, en el sofá o en algún lugar privado de sus respectivos templos. Eso representó un alivio para el francés.
- Hazlo…
- ¿Qué?
- Lo que te pedí hace tiempo, hazlo ahora…
- Pero… no tengo ganas…
- Vamos Cam… - musitó mientras le iba sacando la ropa, acariciando su cuerpo, con el tiempo que llevaban juntos había aprendido de memoria cada punto sensible del cuerpo del francés.
- Ahh… - gimió – está bien, pero… nunca me dijiste para qué.
- Porque quiero encontrarte así… tocándote, metiéndote un par de dedos mientras te preparas para mi, luego quiero metértela hasta el fondo… - terminó de decir y salió de la habitación.
***
Shura iba caminando rumbo al recinto del Patriarca cuando lo escuchó, pudo reconocer de inmediato que se trataba de Camus y a pesar de sentir que no debía acercarse, lo hizo, se le había hecho una mala costumbre, pero no podía evitarlo, no le hacía daño a nadie con tan solo ver ¿o si?, y lo que vio, lo dejó helado. El delicioso cuerpo de Camus se movía elevando un poco las caderas, su mano derecha se aferraba a su miembro erecto y se movía con lentitud mientras la otra de sus manos se acariciaba los testículos, apretándolos suavemente. No vio a D.M. pero bueno, cualquiera era capaz de hacerse una paja para calmar sus necesidades. La mano que acariciaba sus testículos comenzó a deslizarse hacia su trasero, pasó dos dedos jugando pecaminosamente con su reducido orificio y luego alcanzó un tubo que al parecer contenía lubricante. Se untó un poco y despacio, como si disfrutara enormemente con la intromisión, comenzó a introducir uno de sus dedos, los gemidos se hicieron más intensos, y Shura no pudo evitar acariciarse a si mismo. Camus comenzó a introducir con dificultad y un gesto de dolor el segundo dedo, y se empeñó en meterlos y sacarlos con morbosa insistencia, y luego pareció encontrar un punto dentro de si mismo que lo hizo aumentar el ritmo de su mano derecha, ¿Y dónde coño se encontraba D.M.? Quería que se lo follara ahí mismo, necesitaba sentirlo dentro, recordó todas las palabras morbosas que solía decirle el de cáncer y terminó corriéndose. Shura terminó casi al mismo tiempo que Camus.
- Parece que te divierte mucho observarnos ¿cierto? – Shura sonrió ante la irónica situación, ahora nadie lo bajaría de “el mirón del Santuario”, pero esa corrida había valido la pena.
- Yo… - no sabía como justificarse, estar ahí, escondido mientras Camus se masturbaba.
- Shh, mira y aprende – se acercó al cuerpo de Camus, se encontraba en un estado somnoliento, relajado, y eso que no traía ganas.
Entonces el de cáncer se acomodó, elevó las caderas del francés y lo penetró con tanta energía y tanta fuerza que el francés tuvo que aferrarse a la ropa esparcida en el suelo para no gemir. Dirigió un par de miradas hacia donde sabía que se encontraba Shura, era incapaz de verlo, pero sabía que seguía ahí, entonces giró el cuerpo de Camus para ponerlo en cuatro y volvió a hundirse en él, siendo apresado con dolorosa y placentera lentitud.
- ¿Dónde Camus? ¿Ahí? – dijo mientras rozaba algún punto en su interior.
- No… - musitó apenas. Entonces el de cáncer cambió de ángulo y volvió a entrar con fuerza – Ahí, ahh… - sus brazos se negaban a sostenerlo mientras seguía jadeando – ahí… dioses… Ahh – era un punto específico de su próstata que al ser estimulado le causaba un enorme placer, quería correrse pero D.M. se lo impedía tomándolo de la base del miembro – Ya… no puedo… yahh… ahhh – estiró sus pies en un movimiento que se veía delicioso y luego todo su cuerpo se contrajo para correrse por segunda vez.
D.M. siguió embistiendo para inundarlo minutos después, en su mente seguía el haber descubierto a Shura, aún no había pensado en qué hacer con dicha información, pero sabía que le sacaría el mayor provecho posible, después de todo, siempre le había parecido que el de capricornio tenía un trasero firme, delicioso y envidiable. Miró a Camus casi dormido y se preguntó cómo haría para convencerlo. Tal vez si utilizaba el nombre de Milo en alguna forma de chantaje, es decir, esa parte de su autoestima seguía siendo el punto débil de Camus. Y era algo que agradecía infinitamente el italiano.
- Camus… - lo pensó antes de hacer la pregunta - ¿Tú me amas? – el francés se giró y lo miró desconcertado - ¿harías cualquier cosa por mi? – tuvo un mal presentimiento, no le gustaba para nada el tono que utilizaba D.M. con él, pero aún así, asintió. Días después se arrepentiría de ello.
Continuará...
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