miércoles, 16 de enero de 2013

Capítulo 2: El secuestro del dragón - Mayo 1.2010

Capítulo 2: El secuestro del dragón. 


Kanon buscó a Milo toda la mañana. Fue al octavo templo, a los campos de entrenamiento, incluso se dio una vuelta por el pueblo pero no lo encontró. Desanimado regresó sobre sus pasos hasta su templo, bueno, el templo de su hermano, que prácticamente también era suyo. Miró el reloj, dentro de un par de horas Shura se aparecería por ahí y ¿qué le iba a decir? ¿Lo siento Shura, no lo pude conseguir? Tal vez si lo distraía con alguna película, el de capricornio lo olvidaría y tendría más tiempo hasta encontrar a Milo.



                 - Pido permiso para pasar por tu templo… - la voz de Aldebarán le hizo levantar la mirada que estaba perdida en el suelo.


                 - Ahh, no soy Saga… - aclaró, aunque tenía la impresión de que Aldebarán ya lo sabía, después de todo, era el único que rara vez los confundía.


                 - ¿Sucede algo? – era rarísimo ver a Kanon serio.


                 - No, nada… oye, ¿no has visto a Milo?


                 - Lo vi muy temprano hace días con el Patriarca… ¿por qué no le mandas un marcas o le mandas un mensaje?


¡Bendita tecnología!- pensó, apenas ahora reparaba en la existencia de los móviles.


                 - Cierto… buena idea amigo – dijo con una enorme sonrisa, eso lo diferenciaba de su hermano, Saga jamás sonreía de esa manera. Se puso de pie y palmeó la espalda del grandote, y ahí estaba de nuevo, el Kanon de siempre.


***



El sonido del móvil llamó la atención de Shaka.



                 - Disculpa – dijo Milo antes de alejarse un par de metros para responder – ¿Diga? ¿El qué?... – la voz al otro lado del teléfono se escuchaba algo desesperada – ¿Qué hay con ello? Ahh, lo siento Kanon… se lo di a Camus…


¿Por qué hiciste eso? – preguntó el menor de los gemelos entre indignado y decepcionado; y Milo solamente pudo musitar que no lo sabía. Y en parte era cierto, aún podía recordar el día en que Camus se apareció en la puerta de su templo, solo tuvo que elevar un poco su cosmoenergía para que Milo se diera cuenta de su presencia, luego salió a su encuentro y lo vio ahí, con una caja entre sus brazos, dentro había infinidad de cosas, ropa, películas, videojuegos, era la vida que habían tenido juntos resumida a una simple caja, sintió escalofríos, cada objeto tenía su historia.



                 - Te traje tus cosas – había dicho Camus en aquel entonces con infinita tristeza que le dolió a Milo en el alma. El escorpión estuvo consciente todo el tiempo de que el francés guardó hasta el último momento, la esperanza de volver.


                 - No te las di para que un día me las devolvieras… ¿Tú quieres tus cosas?



Camus lo pensó un momento. ¿Para qué las querría de regreso? Y aunque quizá extrañaría la ropa para dormir que había abandonado en el octavo templo, estaba seguro de que no deseaba tenerlas de regreso porque le dolía. Le dolía saber que Milo se desharía de todo y que pronto lo iría olvidando. Miró el suelo y luego cerró los ojos, no sería nada bueno que el escorpión lo viese llorando, aún le quedaba algo de orgullo y amor propio, mancillado y por los suelos, pero amor propio al fin.



                 - No te las di… para que… - le costaba horrores decir aquello – un día me las regresaras… - dio la vuelta y se alejó un par de pasos - ¿Siempre guardas todo? – Milo guardó silencio sin saber muy bien a lo que se refería – De las personas… con las que has estado… ¿siempre guardas todo?


                 - No… - respondió por tres razones, primero porque era cierto, porque nunca había estado tanto tiempo con alguien como para guardar objetos de valor sentimental, y porque era lo que Camus necesitaba escuchar.



El carraspeo de Shaka interrumpió los pensamientos de Milo y nuevamente se concentró en la voz histérica de Kanon al otro lado del móvil. Observó al rubio, demasiado serio para su gusto.



                 - Camus es una gran persona, puedes pedírselo, no creo que te lo niegue… Tengo que colgar…


***



¡Maldición! – musitó Kanon cuando le colgó Milo. Lo último que quería era tener que pedirle algo a Camus, no después de haberse burlado de él. Y no es que tuviera algo contra el francés, a decir verdad, le agradaba, pero al mismo tiempo le gustaba molestarlo, sacarlo de sus casillas, ver su rostro iracundo cuando con nadie más demostraba sentir algo, en varias ocasiones habían llegado incluso a los golpes, a veces perdía Camus, y a veces era el dragón Marino quien terminaba malherido. Pero en el fondo, muy en el fondo, se apoyaban incondicionalmente.



Kanon ensayó el nombre de Camus en su mente varias veces, no se había planteado ningún diálogo pero sabía que llegado el momento las palabras vendrían a su mente. Así que cuando el francés apareció no pudo más que interceptarlo.



                 - Camus… - dijo sonriendo.


                 - Kanon.


                 - Oye, quería saber si… podrías hacerme un favor… - la breve risa del de Acuario le estremeció, no supo si le causó temor, sorpresa o si tan solo le gustó escucharlo reír. Tal vez era una mezcla de todas esas sensaciones y sonrió tontamente hasta que el francés habló.


                 - Así que vienes a pedirme un favor… - dijo con fingido cinismo – te escucho, aunque de antemano la respuesta es no – dijo divertido, sabía que era algo arriesgado decir que no desde un principio, pero después de la forma en que el gemelo se había burlado de él, sentía que debía vengarse de alguna forma.


                 - Vamos Cam – solo le llamaba Cam cuando quería algo, y esta era una de esas ocasiones – Milo me dijo que tenías algunos videojuegos – pronunció con cautela, el tema de Milo seguía siendo una especie de tabú en la vida del dueño del onceavo templo – que fueron de él y… quería saber, si podrías prestármelos.


                 - No… - de manera casi imperceptible su actitud había cambiado, ya no parecía negarse tan solo para fastidiarlo, era como si tuviera un motivo verdadero para decir que no – si me disculpas, iba de salida.


                 - Pero… - no alcanzó a decir nada más cuando el menor se alejó pensativo, cosa que no pasó desapercibida para el gemelo.



***



                 - ¿Por qué ya no mantienes tus ojos cerrados? – el rubio lo observó desde el otro lado de la mesa.


                 - Porque ya no hay necesidad de hacerlo.


                 - ¡No Shaka!, así jamás se dará cuenta.


                 - ¿Qué? ¿Por una simple pregunta? ¿Qué se supone que debo decir entonces?


                 - Tendrías que haber dicho: “¿Y privarme de ver tu rostro?” ó “Porque me gusta verte” – el rostro concentrado de Milo le hizo darse cuenta de que por más ridículo que se escuchara, hablaba en serio.


                 - ¿Y aún así tienes fama de ser un conquistador?



Milo sonrió y tomó una de las manos de Shaka para tirar suavemente de ella y poder musitar en su oído.



                 - Cuestión de práctica – el cálido aliento hizo que Shaka se estremeciera, la cercanía, la sensualidad en la voz del escorpión, como si estuviera excitado, como si realmente lo deseara. Cuánto comprendía ahora a Camus, tanto tiempo cuestionándole qué había visto en el vago de Milo y ahora, en unos cuantos segundos, la respuesta se presentaba ante él con tanta claridad que asustaba.


                 - Será mejor que nos vayamos – dijo disimulando lo mejor posible su turbación – debíamos haber partido ayer rumbo al santuario.



***



Camus se mantuvo quieto mirando hacia la nada, se sentía un poco egoísta por la escena con Kanon, después de todo, seguían siendo las cosas de Milo… y le apenaba aceptar que todo seguía intacto en una caja. Algo en su interior le rogaba porque dejara todo así, tan solo una vez se atrevió a abrirla para ver su contenido, había cosas que ya ni recordaba y sonrió con amargura para lamentarse segundos después. Una parte de sí estaría irremediablemente atada al escorpión aunque no quisiera, tan solo no podía contra ello, porque a pesar de todo el dolor, en el tiempo que estuvieron juntos, al menos él, fue muy feliz.



                 - La que quieras por tus pensamientos… - el inesperado abrazo de Death Mask lo alertó y por instinto lo golpeó para después ponerse a la defensiva.


                 - Ahh, lo lamento, no sabía que eras tú…


                 - ¿Quién pensabas que era? – dijo desde el suelo.


                 - No sé, estaba distraído…


                 - Pude haberte violado ¿sabes? – exageraba, como siempre.


                 - ¿Cuándo regresaste? – el semblante de Camus cambió por uno serio e imperturbable.


                 - Hace un par de minutos y vine a verte… - se le acercó para acorralarlo contra una columna – quiero romperte ese culo redondo y apretadito que tienes – apoyó su entrepierna en uno de los muslos de Camus y besó sus labios mientras acariciaba sus nalgas.


                 - Eres un guarro… - una de las manos de D.M. se deslizó dentro de su ropa y ayudándose con la otra mano que aún estaba afuera, hizo un espacio entre sus nalgas para pasarle un dedo y acariciar su entrada, estaba demasiado cerrado, pero ya se encargaría más tarde de lengüetearlo hasta que estuviera lo suficientemente húmedo como para poder penetrarlo. El cuerpo de Camus se estremeció y por instinto se acercó al italiano. 


                 - Vamos…



Camus había pensado en cuestionarlo cuando regresara, pero el de cáncer no se lo permitió. De pronto se encontraba sumiso entre sus brazos y esa sensación de pertenecerle a alguien le excitaba.


***



Kanon entró al cuarto de Camus, buscó sigilosamente y por fortuna para él, el francés era demasiado predecible. Podía decir casi con los ojos cerrados donde estaría ubicada cada cosa. Había estado en su habitación algunas veces y seguía todo en el mismo orden, la única diferencia era que todas las pertenencias que habían sido un día de Milo fueron a parar bajo la cama. Sacó todo para buscar el dichoso videojuego, un clásico muy raro que el idiota de Milo había abandonado con Camus, era casi imposible para Kanon comprender cómo es que había sucedido, pero no tuvo mucho tiempo para pensarlo cuando escuchó un par de voces que lo alertaron. Guardó todo tan rápido como pudo y salió escondiéndose entre los pilares.



Lo que vio lo dejó sin habla. Ahí estaba Death Mask, tirándose a Camus de forma violenta, el francés estaba en cuatro, con las piernas abiertas y el abdomen casi tocando el suelo, era embestido con fuerza y se aferraba a la ropa que estaba tirada. Parecía que de un momento a otro el francés terminaría rompiéndose, siempre le dio la impresión de que Camus era frágil, aunque eso estaba muy lejos de la realidad. Kanon estaba embobado con aquella imagen.



                 - Ahh… Deahhth… así… - gimió sin poder contenerse.


                 - ¿Te gusta? Dilo… - manoseaba todo su cuerpo mientras lo masturbaba, le agarraba los testículos para apretarlos y luego entretenerse con el miembro de Camus. Mordía sus hombros, lo besaba para distraerlo y metérsela de golpe.


                 - Ahh… - dijo con una expresión encantadora, mitad placer, mitad dolor – Sí… - el rostro encendido del de Acuario era toda una delicia y Kanon, a varios metros sintió como su miembro se endurecía, y no es que le fueran los tíos, aunque tampoco descartaba la idea. Pero repentinamente un montón de pensamientos le vinieron a la mente. Camus chupándosela despacio mientras alguien se lo follaba… dioses… si seguía así se correría con tan solo pensarlo, así que sin perder tiempo salió sin ser visto.



Cuando se encontró en su templo minutos más tarde se dio cuenta de que no podía dejar de pensar en la escena que había visto. Incluso estuvo tentado a intentar algo con el de capricornio en cuanto lo viera.



***



Shura se encontraba fumando un cigarrillo, salió para ir rumbo al templo de géminis cuando los gemidos provenientes del templo vecino le hicieron sonreír con amargura. Sabía que no debía acercarse pero sus pasos se guiaron solos hasta que se encontró nuevamente, como tantas otras veces espiándolos, masturbándose mientras imaginaba que era él quien estaba con el francés.



Se preguntó, como en otras ocasiones si lo que sentía por Camus era solo deseo y pensó con tristeza que si así fuera no le dolería tanto verlo con alguien más.



*** 



El cuerpo inmóvil de Camus descansaba boca abajo sobre la alfombra, no quería moverse, ni siquiera se atrevía a pensar en cómo haría para sentarse en los próximos días.



                 - Tengo hambre – dijo Death Mask mientras abrazaba a Camus.


                 - Ni creas que me voy a levantar ahora… - dijo y después giró su rostro para evitar que el de cáncer lo besara, aún estaba molesto con él.


                 - Pero Camus… - se quejó como un niño pequeño – no hemos comido… - eso era cierto, sí, pero también era cierto que si no habían comido aún era porque D.M. no había podido contenerse y habían terminado haciéndolo incluso antes de llegar a la habitación.



Eso era algo muy de Death Mask, le era imposible mantenerse alejado de Camus cada vez que lo veía al entrar a su templo, de haber sido por él se la habrían pasado follando todo el día, y vaya que el de cáncer tenía aguante, si la mayoría pensaba que Milo era bueno en la cama, era porque definitivamente jamás habían estado con Death Mask.



El italiano se sentó y observó el cuerpo desnudo del francés.



                 – Tengo hambre… - insistió – aunque podría comerme otra cosa… - musitó para luego morder suavemente su cuello, colocándose sobre él, acariciando todo su cuerpo.


                 – Idiota… ahh – gimió – espera… ahh… está bien… - D.M. le permitió girarse para quedar de frente.


                 – ¿Estás cansado?


                 – Un poco… - dijo, D.M. lo abrazó con cuidado para irse reincorporando y así quedar sentados ambos – ahh… - se quejó.


                 – Lo siento, ¿sigues enojado?



Iba a responderle que sí, que aún estaba cabreadísimo por no haberle avisado que se iba a una misión de tantos días, pero no podía hacer eso, no era una novia celosa, y se consideraba lo suficientemente maduro como para aceptar cualquier ausencia que tuviera que ver con el santuario y sus deberes como caballeros. Además, lo que en verdad le molestaba no era que se hubiera ido, sino haber sido el último en enterarse por medio de las burlas de Kanon.



                 - No – mintió.


                 - Te prometo – lo besó apenas rozando sus labios – no volverme a ir sin avisarte.


                 - No tienes que avisarme… no es... 


                 - Pero quiero hacerlo – interrumpió.



Estaba consciente de lo inseguro que era Camus, y si se ponía en su lugar por un segundo, tendría que aceptar que él también se habría sentido dolido si de pronto al despertar el francés hubiera tan solo desaparecido, así, sin decir nada.



                 - De cualquier forma, creo que el patriarca nos seguirá mandando a investigar, a mi me fue bien, solo una semana, enviaron a Saga al Norte antes que a mi y todavía no regresa… Shaka debía regresar ayer, pero tal vez tuvieron algún contratiempo – Camus parecía ausente - ¿Qué tienes?


                 - Estaba pensando… Kanon me pidió algo prestado y tan solo le dije que no… - Death Mask entrecerró los ojos y se posicionó bien bajo Camus separando un poco los muslos de éste. Dejó que su miembro rozara los testículos del francés y se apoyara en sus nalgas, como reclamando algo de  su propiedad. Era algo posesivo el de cáncer.


                 - ¿Por qué? – preguntó aunque en realidad lo que sucediera con el menor les gemelos le daba igual.


                 - Porque estaba molesto con él y… - tomó aire – no sé – no se atrevió a decir que lo que le había pedido prestado pertenecía a Milo y que las pertenencias del escorpión eran casi sagradas aún para él – Sabes, creo que iré a dejarle lo que me pidió.



Se puso de pie y el de cáncer lo imitó.



                 - Oye Camus… - el francés se detuvo para mirar a D.M, éste se acercó para abrazarlo y recargó su rostro sobre el hombro del francés.


                 - ¿Qué sucede? ¡Ahh! – se quejó – ¿qué haces? – el ligero dolor sobre su cuello lo alertó e intentó alejarse.


                 - Para que sepan que eres mío – musitó D.M. y luego besó casi con violencia sus labios.


                 - ¡Idiota! – acarició la marca rojiza sobre su cuello y se dirigió a su habitación.



Death Mask lo observó con lujuria mientras encendía un cigarrillo. Había sentido nuevamente esa presencia en el templo de acuario, se preguntó si en verdad Camus no se había dado cuenta. Un “¡Grandísimo mal nacido!” le hizo ir hacia la habitación donde observó a un colérico acuariano guardando un montón de cosas bajo la cama.



                 - ¡El idiota se lo llevó! ¡Entró a mi habitación y se lo llevó! – le pareció casi cómica la situación, nunca había visto a Camus enojado, él era más bien una persona tranquila, fría y en apariencia insensible.


                 - Pero… pensé que se lo ibas a prestar de cualquier forma…


                 - Sí – dijo como si fuera demasiado obvio – ¡pero entró a mi habitación…! iré a reclamarle – se vistió molesto, haciendo demasiado ruido cada que podía, como si con eso su ira fuera disminuyendo.



El de cáncer lo vio salir, y se preguntó si la presencia que había sentido era de Kanon, no, el cosmo que sintió no era nada parecido al de Kanon, era otro muy familiar y ya haría algo al respecto, primero tendría que ver si lo que sospechaba desde algún tiempo era cierto.



***



                 - Vamos Shura, dijiste que eras bueno jugando…


                 - Aún estoy recordando cómo jugar… ahh – gruñó perdiendo nuevamente – ¡Maldición!


                 - ¡KANON! – la voz colérica del francés paralizó al menor de los gemelos y usó todo su autocontrol por permanecer serio.


                 - Si buscas al idiota de mi hermano, debo decirte que salió hace rato – Shura miró entretenido la escena, aunque la presencia del francés lo ponía nervioso, recordar sus gemidos definitivamente no ayudaba en nada.



Camus se quedó estático.



                 - Ahh, lo siento Saga, te confundí, ¿dónde está Kanon?


                 - ¿Ahora qué te hizo?


                 - Nada importante… - se mantuvo serio, más bien parecía triste - ¿puedo esperarlo aquí?


                 - Claro… - dijo antes de ponerse de pie – te traeré algo de beber…


                 - Gracias…


                 - ¿Ya regresó Death Mask? – preguntó tan solo para ver el rostro de Camus sonrojarse levemente, aún no estaba acostumbrado a que le preguntaran por él.


                 - Sí, hoy, creo que Sag… espera… - entrecerró los ojos, apenas ahí caía en cuenta – Saga aún no regresa… ¡KANON! – nuevamente ese tono de voz.


                 - Nos vemos Shura – dijo el menor de los gemelos rápidamente y salió corriendo.



El francés estuvo a punto de seguirlo pero una punzada en la parte baja le hizo recargarse en uno de los sillones, una mueca de dolor cruzó su rostro, cosa que no pasó desapercibida para Shura, quien de inmediato se puso de pie para auxiliarlo. Cuando estaba Camus cerca, parecía no importarle nada más en el mundo.



                 - ¿Estás bien? – preguntó Shura, aunque supuso la razón.


                 - Sí… maldito Kanon – musitó. Shura quiso preguntarle, pero le dio la impresión de que Camus no querría hablar de ello, así que optó por cambiar de tema.


                 - ¿Quieres jugar?


                 - No, no soy muy bueno jugando.


                 - Vamos, yo te enseño – no lo vio muy convencido – O podemos saquear la cocina de Kanon… - ahora creyó ver una sonrisa - ¿qué te hizo?


                 - Me quitó algo... importante – ahora que lo pensaba con mayor claridad y en frío, le había parecido hasta infantil irle a reclamar, hasta pena le había dado decirle la verdad a Shura.


                 - Entonces quítale algo importante a él… - sonrió de manera encantadora, Camus lo vio sin entender aún qué debía hacer – hay rumores de que duerme con cierto dragón de peluche…


                 - ¿Es en serio? – dijo Camus divertidísimo y le gustó esa expresión en el rostro del francés y asintió.



Jugaron el resto de la tarde después de esconder el famoso dragón de peluche. Cuando Kanon regresó pensando que Camus ya no estaría en su templo, descubrió con horror que Drah (el nombre del dragón) no se encontraba sobre su cama, pasaron segundos antes de que saliera a reclamarle al francés. Parecían dos niños pequeños discutiendo, más bien Kanon discutía, Camus tan solo se burlaba de él, Shura se unió a las burlas recibiendo una mirada de odio del dragón Marino y justo cuando pensaron que el menor de los gemelos se echaría a llorar, Camus decidió regresarle el preciado objeto. 



Esa sería la primera de muchas veces en que Shura se uniría a Camus para hacer rabiar al mayor.



Continuará…

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