Capítulo 2
Entró completamente empapado al enorme departamento que solía llamar hogar. No había dado ni cinco pasos cuando uno de los empleados se le acercó con una toalla. Su madre, quien estaba de visita y a quien se debía la presencia del empleado, había estado parloteando al teléfono y abrió los ojos desmesuradamente al ver el estado en el que se encontraba su adorado hijo.
- Bien, te llamo más tarde querida... - Ikki secó su cabello mientras intentaba escabullirse a su habitación sin tener que dar explicaciones, de antemano sabía que sería imposible - Espera Ikki.
- ¿Sí?
- ¿Por qué vienes todo mojado? - preguntó la elegante mujer mientras se le acercaba - ¿Qué le pasó al auto? ¿Tuviste un accidente? ¿Te encuentras bien? - y la avalancha de preguntas cayó sobre el fénix, sin que éste supiera que responder.
- No llevé el auto en la mañana - fue lo único que atinó a decir ante la incrédula expresión de su madre, por lo que supuso que tendría que explicarse - no tenía ganas de conducir, así que decidí tomar el autobús, no pensé que llovería.
Estaba mintiendo pero tenía que hacerlo, ¿qué se supone que le iba a decir? ¿confesarle que estaba enamorado? ¿decirle que la persona que le gustaba era demasiado orgullosa como para dejar que lo llevase a casa? ¿admitir que dejaría mil veces todo lo que poseía con tal de estar unos minutos con él? No, eso era algo que no diría.
***
- Tuve examen hoy y... - tenía la mirada fija en el suelo, sintiendo la excesiva cercanía de su hermano - salí... un poco más tarde.
-
Examen... ¿ahora les llamas así? - lo aprisionó un poco contra la pared - ¿y
cuánto te dejó este "examen"?
Sigfried acarició el húmedo rostro de Hyoga, era todo un sueño, le era difícil contenerse cada vez que lo veía pasearse por la casa, y aprovechaba cada oportunidad que tenía para restregarse contra él, para besarlo furtivamente, agradeciendo enormemente que su padre se hubiera casado años antes con la madre de Hyoga.
- ¿Eh? Dime, ¿cuánto te dieron ahora? Tal vez pueda darte más de lo que ganaste hoy, aunque claro, tendrías que hacer lo que hiciste con ellos - comenzó a separar las piernas de Hyoga con su rodilla derecha.
- ¡No
seas imbécil! - empujó a su hermano y salió rumbo a su habitación.
Se sacó las mojadas prendas y se recostó en aquel colchón que le servía de cama, ¿desde cuándo había comenzado aquella situación? Ya ni sabía si se arrepentía, porque cuando uno se arrepiente de algo por lo regular deja de hacerlo, y él no se detenía, seguía cometiendo el mismo error una y otra vez, como si toda la culpabilidad que sentía se esfumara por momentos para regresar intensificada cuando se encontraba solo.
Tomó su libro, encendió la pequeña lámpara que descansaba en el piso y comenzó a leer, no tuvo que pasar mucho tiempo hasta que se dio cuenta de que sería imposible, tan solo estaba viendo las páginas intentando reconocer alguna palabra, pero no entendía lo que leía y sin desearlo, una caprichosa lágrima cayó sobre aquello que intentaba en vano comprender.
***
10:14 p.m.
Despertó con una terrible erección entre sus piernas, había llegado muy cansado y decidió tomar una siesta antes de hacer la tarea, y había soñado de nuevo con él, con esa expresión de placer en su rostro, sentir cómo su cuerpo respondía con agrado a cada caricia, entregándose casi por completo pero reservando su alma. De pronto, sintió la terrible necesidad de poseerlo nuevamente y se preguntó si sería demasiado tarde para marcar aquel teléfono que ahora sabía de memoria, lo había aprendido desde aquel día en que casi lo obligó a dárselo.
Cuando Hyoga contestó ya sabía de quien se
trataba, así que tuvo que aclarar un poco su garganta pues aquella lágrima
solitaria pronto se había convertido en sollozos incontrolables.
- Diga.
-
Hyoga, ¿estás bien? - la voz entrecortada del rubio no había pasado
desapercibida para Ikki.
No se atrevió a responder a esa pregunta, porque sabía que no estaba bien, necesitaba sentirse alguien, que su vida tenía sentido, que no había arruinado todo.
- ¿Qué sucede?
- Nada
- no supo si debía continuar hablando - bueno es que... quería verte.
- Pensé
que nos veríamos en la mañana - dijo el rubio ignorando lo que Ikki en realidad
quería decir, removió las cosas de un cajón en busca una pequeña caja en donde
guardaba algo dinero y una fotografía de su madre.
-
Bueno, sí, es solo que... tú sabes, quería estar contigo.
- Ikki,
somos amigos y... ya no es lo mismo.
- ¿Por
qué no?
-
Maldición - musitó al ver que ya casi no tenía dinero y al recordar todo lo que
le debía a Shaka.
- ¿Qué pasa?
- Está
bien.
-
Entonces, ¿nos vemos mañana?
- Claro.
- Adiós.
Una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro, y mientras ponía el despertador comenzó a recordar. La primera vez que lo vio fue en una fiesta organizada por Kanon, se sentía fuera de lugar a pesar de todos los intentos de Milo por integrarlo.
- Vamos Ikki, mira a esa joven, ¿no es hermosa? - señaló hacia el otro extremo del salón mientras le ofrecía una bebida.
- Sí, lo es, pero...
- ¿Quieres que la consiga para ti? - enarcó una ceja.
Siempre había sido así, por lo regular el escorpión solía tener a quien quería en su cama, y por alguna extraña razón era capaz de conseguirle cita a quien fuera. Su agenda siempre estaba llena de eventos sociales y tenía fama de ser inconquistable.
Ikki dirigió una mirada ansiosa por todo el salón hasta que dio con él. Era un joven rubio que discutía acaloradamente con Saga, el hermano mayor de Kanon. Se quedó durante unos minutos observando la expresión enfadada del rubio hasta que éste volteó a verlo para después seguir discutiendo con el gemelo.
- Olvídalo amigo - interrumpió Milo cuando logró ubicar a la persona que atraía poderosamente la mirada del fénix.
- ¿Qué?
- Es el
novio de Saga, conoces a Saga, no le gusta compartir nada.
Por el momento no le dio importancia, tan solo pensó que era un joven hermoso y hasta cierto punto deseable. No pensó que harían falta solamente unos cuantos meses para volverse adicto a él, en una relación casi destructiva donde no había nada más que deseo.
***
11:23 p.m.
Terminó con dificultad de leer la clase, tenía que hacerlo, el cansancio había dejado de importar, así como el hambre y el esfuerzo sobre humano al que se sometía día con día.
Desde que su relación con Saga había terminado todo se había vuelto un poco más difícil, y comenzó a administrar minuciosamente su tiempo, cada segundo era considerado vital por el rubio, y no era para menos, cuando falleció su madre tuvo que comenzar a trabajar y no era suficiente, nunca era suficiente, así que por lo regular era Saga quien pagaba muchas de las cuentas del rubio, y no es que necesitara demasiadas cosas, de hecho, era raro cuando gastaba en algo para su propia satisfacción, lo que sucedía era simple, vivir de arrimado en la casa de su padrastro era motivo más que suficiente para que extrajesen lo poco que ganaba. Y si sobrevivía era gracias a la beca que mantenía honrosamente, al dinero que Shaka casi le obligaba a aceptar y a esas ocasiones en que Ikki o alguien más deseaba estar con él.
No era algo de lo que estuviera orgulloso, no era algo que quisiera comentar o recordar, pero la primera vez no tuvo muchas opciones, dejándolo completamente herido y prometiéndose no volverlo a hacer de esa forma, por dinero. La segunda vez había sido casi una necesidad, pero para la tercera vez había perdido por completo los escrúpulos pensando en terminar de estudiar y largarse para siempre, irse a algún lugar donde nadie lo conociera, y con ese pensamiento que se había convertido en una obsesión, se durmió.
Continuará...
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