Horas
Capítulo 1
Pasaron casi veinte minutos en silencio mientras esperaban el autobús, eran las 6:30 de la tarde, "maldición" - pensó Hyoga, sabía bien que a esa hora sería difícil encontrar un asiento vacío y la pesadez que sentía en todo su cuerpo comenzaba a ser insoportable.
- Ahí viene - Ikki observó el rostro cansado de Hyoga, el rubio mantenía los ojos cerrados descansando en un letargo contagioso, ajeno a los pensamientos obsesivos del fénix.
Odiaba su estilo de vida, sus extrañas costumbres a las que más de una vez se atrevió a llamar manías, sus preocupaciones respecto a su imagen y que tomara el camino fácil... tan solo odiaba que no se dejara ayudar, que se mantuviera distante y callado, pero lo que más odiaba y eso jamás pudo negarlo, fueron los sentimientos que el rubio despertaba en él.
Si se hubieran conocido en otra situación todo sería diferente, quizá ya lo habría invitado a salir y quién sabe, puede que incluso tuvieran algo formal para esas fechas. Pero no, se conocieron en un mal momento para ambos y con el tiempo se aferraron uno al otro sin que hubiera sentimientos de por medio.
- Viene lleno - dijo Hyoga con un gesto de fastidio. El cielo amenazaba con precipitarse sobre ellos en forma de lluvia purificando todo a su paso. En ocasiones deseaba eso, que la lluvia purificara su alma que constantemente se quedaba vacía.
- Podemos
esperar el siguiente - las palabras fueron dichas con un tono desinteresado,
como un impulso, sin pensar lo que decía, tan solo llenando los espacios que el
tiempo ocupaba silenciosamente.
Hyoga miró su reloj mientras calculaba la hora a la que llegaría a su casa, y una casi imperceptible expresión de preocupación oscureció su ojeroso rostro. Y sin decir más, subió al autobús abriéndose paso entre las personas hasta llegar al final del largo pasillo infestado de gente. Ikki iba detrás de él sin saber qué decir, quería reclamarle, quería pedirle alguna explicación pero no tenía derecho alguno así que se limitó a colocarse muy cerca del joven ruso para que éste pudiera apoyar un poco su cansado cuerpo sobre él.
El camino era largo y lo único que pasaba por la mente de Hyoga eran los errores en el examen que había tenido ese día, y se lamentó profundamente mientras la consciencia lo abandonaba y un sueño ligero se apoderaba de él, entonces sintió que alguien rozaba su cuerpo.
- Recárgate en mi - dijo Ikki poniéndose detrás del rubio,
atrapándolo en un cálido abrazo que el cisne no rechazó.
- No te preocupes, estoy bien - su voz sonaba convencida, sin embargo su cuerpo no hacía nada por alejarse del peliazul.
- Vamos
Hyoga, estás cansado y por mí no hay problema de mantenerte en pie, es más -
una atractiva sonrisa adornó sus labios - creo que me agrada tenerte así -
terminó de musitar en su oído mientras empujaba una de las piernas del rubio,
haciendo que éste depositara todo su peso sobre él.
Ignoró por completo el rubor que ostentaron las mejillas de Hyoga, contrastando drásticamente con su pálida piel. Y no pudo evitar sonreír mientras pensaba que no tenía por qué sonrojarse. No pasaron ni diez minutos cuando el rubio retomó sus pensamientos, maldiciendo los pocos errores que recordaba haber cometido en el examen, poniendo en un peligro imaginario todo su futuro, hasta que con ese mismo pesimismo se quedó dormido.
***
- ¡¿Dónde está ese mocoso?! - gritaba un hombre robusto de mediana edad cuyo cabello mugriento y encanecido cubría grotescamente su rostro sudoroso y enrojecido por el alcohol.
- Está
lloviendo, tardará un poco en llegar - dijo un joven de cabello largo y
ondulado.
- ¡Bah!
Excusas, pero ese maldito niñato me escuchará cuando llegue - terminó de beber
el contenido de la botella y se dirigió a su habitación.
Sigfried sabía que su padre no despertaría hasta el día siguiente, ya sería él quien reprendiera a Hyoga.
***
7:25 p.m.
Faltaba poco para que terminara el recorrido
del autobús que ahora estaba casi vacío, sin embargo, Ikki seguía con Hyoga
entre sus brazos, sintiendo cómo el anhelado y embriagante aroma del rubio
inundaba sus sentidos, adormeciéndolos, obligándolo a mantener esa incómoda
posición, prolongando el reparador sueño del ruso.
Un movimiento brusco hizo que Hyoga abriera de golpe los ojos para toparse con su reflejo en una de las ventanillas, se movió un poco para alertar al peliazul de su renovado estado de consciencia y éste deshizo inmediatamente el abrazo.
Hyoga se dirigió a un asiento cercano y se sentó del lado de la ventana, abrazando con desconfianza la mochila que había puesto sobre sus piernas y recargando su cabeza en el incómodo respaldo. Ni siquiera se había dado cuenta del momento en que la terrible lluvia había comenzado a azotar la ciudad.
El abrumador momento había disipado el sueño, pero el sentimiento de culpa lo obligaba a mantener cerrados los ojos. Culpa, esa horrible sensación que no lo dejaba desde hacía tiempo, aquel impensable motivo que lo mantenía cautivo dentro de un mutismo desesperante. Si tan solo pudiera decírselo a alguien, pero no podía, era demasiado vergonzoso, había estado mal, una serie de decisiones equivocadas sin dejar espacio para que las cosas retomaran su rumbo.
- ¿A qué hora entras mañana? - preguntó el fénix sabiendo de antemano que el otro fingía dormir, lo conocía bien, mejor que a sí mismo, sabía cuándo algo lo preocupaba sin tener que preguntarle siquiera.
- A las
siete.
- Ah,
entro a las ocho, pero si quieres... puedo pasar por ti.
- Una
hora más temprano, ¿no te molesta?
- No,
de hecho, creo que me servirá para leer la clase.
- Já,
no deberías dejarlo para última hora.
- ¿Eso
es un sí?
- Te veré mañana a las seis con veinte en la avenida central - pasó al lado de Ikki y tocó el timbre mientras pensaba en lo que le esperaba al llegar a casa.
Si tan solo se hubieran conocido en otra situación las cosas serían diferentes, y ahora estaría acompañando a ese hermoso rubio hasta su hogar, protegiéndolo de la lluvia. Si hubiera sido otra la situación no odiaría tantas cosas, no se estaría muriendo por escuchar esas palabras que quizá el otro jamás pronunciaría. No estaría extrañándolo y envidiando a cada una de sus amistades, si hubiera sido otra la situación.
***
Corrió hasta el pequeño techo que lo protegía tan solo parcialmente de la lluvia y esperó a que el siguiente autobús pasara, rogando en silencio que no tardara demasiado, sintiendo como cada centímetro de su cuerpo se erizaba al solo pensar en lo que le esperaba en casa, el último lugar al que podría llamar hogar.
***
Entró silenciosamente, apenas eran las ocho de la noche, sin embargo, no era la hora a la que acostumbraba llegar así que de antemano sabía que eso le traería problemas.
- Hasta que llegas – la voz de Sigfried resonó mezclándose con el sonido de la lluvia que se estrellaba furiosa contra las ventanas.
Sabía que no podría defenderse, que ese sería un mal día más que agregar a la lista de días nefastos, lo supo antes, lo supo desde que se dio cuenta de que llovía, lo supo desde que Ikki le avisó que el camión se acercaba, desde que salió una hora más tarde, desde que comenzó a sentir sueño a mitad del examen, tan solo lo supo esa mañana y el día anterior. Y también sabía que todo sería peor mañana.
Continuará...
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