martes, 15 de enero de 2013

Capítulo 2: Día lluvioso en condiciones no ideales - Marzo 16.2009



Capítulo 2: Día lluvioso en condiciones no ideales.



En un mundo de condiciones ideales, Milo habría sido el primer, gran y único amor de tu vida, tu mejor amigo, tu alma gemela y el primero en tu cama, pero éste no era un mundo de condiciones ideales, y tu primer gran amor no fue Milo.



Belleza Extrema entró a tu vida en un día lluvioso, él estaba en una banca del parque y tú estabas justo enfrente esperando a que Azul Cielo (Dita) pasara por ti, habías ido a comprar un chocolate caliente y a pesar de notar el montón de nubes que oscurecían la ciudad, decidiste ir caminando, la chica del clima había dicho que no llovería y por algún motivo, tú creías ciegamente en la chica del clima, así que en verdad te sorprendiste cuando la primer gota cayó convirtiéndose pronto en un diluvio que amenazaba con no permitirte llegar a la cafetería y con no detenerse jamás. Ese día, la chica del clima se equivocó, entonces terminaste empapado, observando a Belleza Extrema en una banca… todo lo relacionado a Belleza Extrema era un misterio, estuviste a punto de llamarlo Misterio Súper Bonito, pero era increíblemente hermoso y la palabra bonito no era suficiente para describirlo.



                             - ¿Estás bien? – él te observó con sus enormes ojos azules y sonrió, pensaste que diría algo, pero no hizo nada más.



Le ofreciste el chocolate caliente que tanto habías insistido en comprar y te sentaste a su lado mientras te quitabas la chaqueta para cubrirse de la lluvia. Le marcaste a Dita para avisarle que ya no era necesario que fuera por ti. Intentaste en vano entablar conversación con Belleza Extrema, y a pesar de que tú no eras de los que hablaban mucho, terminaste contándole cuánta cosa pasaba por tu mente para mantenerlo entretenido, él sonreía y en ocasiones te miraba sorprendido. Una de sus manos abandonó la seguridad bajo tu chaqueta que servía de paraguas y te diste cuenta de que la lluvia se había detenido. No supiste cómo terminaste llevándolo a casa y secando su hermoso cabello rubio.



                             - ¿Qué hacías en el parque? – no hubo respuesta – Puedes quedarte aquí si quieres – dijiste mientras le dabas algo de ropa que pudiese quedarle y saliste de la habitación.



Cuando regresaste él se veía hermoso, intentaste hacerle un par de preguntas más pero pronto descubriste que él nunca respondía, te preguntaste si en realidad te estaba escuchando. Esa noche le permitiste quedarse en tu habitación, a Dita le habría dado un ataque de histeria si hubiera descubierto que un desconocido estaba en el departamento, por ese motivo, no le dijiste nada. Unos cuantos minutos fueron suficientes para que Belleza Extrema terminase en un profundo sueño, entonces observaste su rostro a detalle, te gustaba ver su calmada respiración, la humedad de su cabello y la suavidad de su piel, no te diste cuenta del momento en que le hiciste compañía. Siempre te dio la impresión de que Belleza Extrema tenía hambre, frío y sueño, así que se te hizo costumbre alimentarlo, abrazar su cuerpo y verlo dormir.



Nunca te dabas cuenta del momento en que se ponía de pie y se iba, era como si desapareciera y días después se encontraba ante tu puerta nuevamente, con esa hermosa sonrisa que solo podía ser comparada con la de Sonrisa Perfecta, tú lo dejabas entrar, le ofrecías algo de cenar y terminaban recostados en tu cama, a veces él se acercaba a ti y dejaba descansar sus manos sobre tu pecho, todos sus movimientos eran terriblemente sensuales, cada caricia suya despertaba miles de sensaciones que culminaban en tu entrepierna, y no sabías si él lo notaba o si tan solo lo hacía de manera inconsciente… a veces deseabas que hiciera algún movimiento que te permitiera tomarlo de las muñecas y poseerlo, pero algo te detenía, y era el hecho de que no sabías nada de él, excepto lo que resultó evidente desde el principio, él no hablaba.



***



                             - ¿Quién es ese chico? – preguntó Azul Cielo (Dita) un día después de hacer las compras de la semana.


                             - ¿Qué? ¿Quieres ligar con él? – Dita sonrió antes de decirte “idiota” y te ahorraste la explicación que tendrías que inventar para no tener que confesar que no sabías su nombre.


                             - Hola, soy Afrodita, pero puedes llamarme Dita…


                             - O Azul Cielo, es más fácil de recordar… - Belleza Extrema los miró a ambos divertido. Apenas iba a mover sus manos para presentarse pero lo detuviste – Él es Belleza Extrema… y está apartado.




Entonces tomaste una de sus muñecas y lo llevaste a vagar contigo a la ciudad. Por lo regular intentabas hablar todo el tiempo, sentías que los silencios eran incómodos, pero sabías que esa persona que utilizaba tu voz para hablar no eras precisamente tú, sentías que eras alguien más y eso comenzó a angustiarte.



***



Un día llegaste con un libro en tus manos, él sonrió como siempre y tú te mantuviste serio… como siempre. Entonces lo guiaste hasta tu cama, y te sentaste delante de él. El primer movimiento de tus manos consistió en juntar ambas como si sostuvieran algo, y terminaste con un señalamiento ficticio sobre tu pecho mientras pronunciabas la pregunta en voz alta y con un movimiento claro. “¿Cómo te llamas?” Él se quedó muy serio y temiste haberlo hecho mal, quizá habías dicho otra cosa y no lo que pensabas. Él tomó una pequeña libreta que te servía de agenda provisional, y con hermosos trazos colocó la palabra: “Shaka”.



Sonreíste emocionado, entonces le hiciste montones de preguntas y le proporcionaste todas las plumas de colores que habías encontrado en la habitación de Dita, (a lo lejos se escuchaba su constante lloriqueo por sus plumas nuevas). Tenías la extraña sensación de querer darle todos los cuadernos y hojas del mundo para poder comunicarte con él, era como si una puerta se abriera ante ti y él estuviera más cerca que nunca. Pero Belleza Extrema solo te sonrió. Nunca más volvió a escribir para ti.



***



Con el tiempo te fuiste adaptando a su lenguaje. Era un sábado en la noche cuando sus manos se rozaron levemente, había alguna película en la televisión pero tú estabas estudiando para un examen. Al parecer él estaba aburrido, te abrazó por la espalda y se recargó en ti. Giraste tu rostro para observarlo y sus labios se encontraban tan cerca que no pudiste evitar besarlo, él se separó un poco de ti y se recostó nuevamente en la cama, entonces deslizaste tus dedos sobre su abdomen causando un suave jadeo mientras mordía sus labios, una de sus manos se dirigió a su miembro y comenzó a acariciarse.



                             - Espera – dijiste tomando su mano – déjame hacerlo a mí.



Esa noche se corrió en tus manos, con la respiración agitada para terminar durmiendo minutos después. Besaste sus labios suavemente antes de seguir estudiando.



***



En ese entonces tu historia con Shura se encontraba en puntos suspensivos, todavía lo llamabas Shura, incluso tenía un apodo más dulce, pero se fue deteriorando y con el tiempo lo olvidaste, no sabías qué iba a suceder, te mantenía esperando cosas que no llegaban, te absorbía por completo a pesar de que no eran nada, hubo muchas promesas que se rompieron y que se iban llevando partes de tu alma, era como si cada vez se fuera muriendo algo dentro de ti y nunca sabías especificar qué era, tal vez por eso fue tan fácil que Belleza Extrema formara parte de tu vida. No recuerdas bien cómo es que un día terminaste entre sus muslos, fundiéndose hasta donde te era físicamente posible, era una deliciosa danza muda, al principio te había dado miedo lastimarlo pero pronto supiste que él era incluso mejor que tú en la cama.



Con Belleza Extrema aprendiste muchas cosas, te enseñó a besar de manera más dulce, entendiste que existían cosas incomprensibles como él, que había personas que podían curar heridas y que el silencio podía ser hermoso. Belleza extrema entró a tu vida en un día lluvioso, él tan solo entró y se quedó ahí. En un mundo de condiciones no ideales.



Continuará…

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