Capítulo 15: Saga/Shura/Seat Segunda parte
Shura
Había tres palabras que describían al de capricornio perfectamente, justicia, fidelidad y desconfianza. Nadie podía decir si esa última característica era buena o mala, tan solo fue creciendo en su personalidad hasta que finalmente, y de manera inevitable, terminó siendo parte de ella. Y es que la desconfianza de Shura hacia las personas no pertenecía a su naturaleza sino que nació con Saga, al igual que otros muchos sentimientos que lo atormentarían durante un largo tiempo.
Conoció al de géminis un sábado, se había convertido en el caballero de capricornio siendo muy joven y su primera impresión del santuario fue que era un lugar muy grande en el que se podía perder fácilmente. Suspiró agotado, estaba en uno de los campos de entrenamiento y no tenía ni idea de cómo llegar hasta su templo, el cual por cierto, solo había visto una vez.
- Estás perdido… - le fastidió un poco el comentario, pero tenía que aceptar que era cierto.
- Sí… este lugar es enorme… - giró su cuerpo para quedar de frente con el dueño de aquella voz.
- Te entiendo, también me pasó al principio… me llamo Saga por cierto – dijo antes de darle la mitad de las golosinas que traía consigo – Y vivo en el tercer templo.
- Géminis… - musitó y el mayor asintió.
Avanzaron juntos de regreso al santuario.
- Uno puede perderse fácilmente aquí – Shura lo observó aunque no tenía deseos de hablar con él – Pero siempre puedes guiarte por el reloj… - señaló a lo lejos y el de capricornio tuvo que esforzarse para verlo – después, cualquier camino que tomes te llevará al Santuario. Tienes que cruzar forzosamente todas los templos, pero puedes detenerte en géminis cada vez que quieras… no te recomiendo detenerte en Virgo… Heze es un maldito… - siguió hablando acerca de cada uno de los habitantes del Santuario, y Shura tuvo la impresión de que Saga jamás se callaba – … y cuando estés muy cansado para llegar a tu templo, puedes quedarte en libra, Dohko jamás está ahí…
Pasaron algunos días antes de que Shura enfermara por primera vez, el cambio de clima causó estragos en el español y tuvo que guardar reposo durante un par de días. Fue entonces cuando conoció a Seat, fue extraño, tenían varios días siendo vecinos y ninguno de los dos había coincidido en el mismo lugar.
- Te traje algo de sopa – dijo Aioros sentándose a un lado de su cama, el arquero era el vecino perfecto, era considerado, amable, servicial y su compañía era de las más agradables del Santuario. En ese momento y aunque se lo hubieran dicho los mismos dioses, no habría creído que un día sería capaz de lastimar a Aioros, muchísimo menos que sería él el causante de su muerte.
- Oi, chico cabra – la voz burlona de Saga le hizo abrir los ojos.
- Idiota – dijo entre dientes, y es que en el poco tiempo que habían pasado juntos, se dio cuenta de que no toleraba la presencia del mayor, le parecía infantil, voluble, egoísta y nada confiable.
- Ten… - dijo antes de darle unas cuantas pastillas y un vaso con agua – Te hará sentir mejor.
El español se quedó en silencio y sin moverse, y es que, había ocasiones como esa, en que durante un breve momento, parecía que Saga era otra persona, tan distinta que inevitablemente le agradaba, y esa era una contradicción que el de capricornio no sabía cómo manejar. No había forma de saber qué pasaba por la mente de Saga, y por lo tanto, tampoco sabía cómo tratarlo.
- Tan sólo trágalas – dijo el mayor desesperado y obligó a Shura a abrir la boca para darle el medicamento a fuerza.
- ¡Aghh! – se quejó el español.
- Saga… vas a hacer que se ahogue – dijo Aioros preocupado, pero el de géminis no hizo más que reírse, y ahí estaba de nuevo, esa odiosa personalidad que Shura tanto detestaba.
- ¿Aioros? Ahh, aquí estás, el patriarca quiere verte… - dijo Seat entrando a la habitación y la primera impresión que le causó al de capricornio, fue que era una persona muy atractiva – Tú debes ser Shura… - puso su fría mirada sobre él y fue como si todo en la habitación se congelase un instante.
- Pero puedes llamarle chico cabra – dijo Saga tan solo para fastidiarlo y el de capricornio le dio un fuerte golpe en el brazo – Ahh – se quejó.
- Eres un idiota Saga… bueno, solo venía a avisarte Aioros… - sin decir más, Seat salió de la habitación.
- Ese era Seat – musitó Aioros.
- Es un poco borde, pero es buena persona… - terminó diciendo Saga.
***
- No deberías estar fuera de la cama… - la voz de Saga lo distrajo una noche poco después de caer enfermo.
Se encontraban en uno de los entrenamientos nocturnos. El de capricornio tenía leve indicios de fiebre y estar al aire libre no era bueno para él, de hecho, aunque intentaba controlarse, era incapaz de dejar de temblar. Sin embargo, había decidido asistir porque había escuchado lo fuerte que era Heze y le pareció la oportunidad perfecta para verlo entrenar.
- Ya estoy bien – respondió y el de géminis sonrió antes de tocar su frente.
- Te vas a volver a enfermar… - dijo quitándose la gabardina para después colocarla sobre el cuerpo del menor.
Shura lo observó con algo de sorpresa, y no supo si fue por la presencia de Saga, pero el frío que sentía desapareció por completo. Fueron muchos detalles los que le hicieron enamorarse del de géminis, fue algo que sucedió tan lentamente que ni siquiera pudo percatarse de ello o hacer algo al respecto. De pronto se encontraba presa del nerviosismo cuando estaba cerca de él y sonreía al recordar sus conversaciones con Saga. En varias ocasiones pensó en confesarle sus sentimientos pero le angustiaba lo que éste pudiera decirle, quizá tan solo se burlaría de él y le diría que no estaba interesado en los hombres. Había muchas cosas que lo detenían, pero estaba convencido que era cuestión de juntar valor y hacerle frente.
- Hay algo que necesito decirte… - musitó Shura un día bajo los efectos del alcohol, estaban en el templo de géminis, no había bebido demasiado, pero de pronto se sentía muy alegre y animado.
- ¿Qué? – el de capricornio lo miró a los ojos, si le preguntaban, eran los más hermosos del universo, así como sus labios y cada una de sus facciones.
- Já… yo… - le costaba horrores encontrar las palabras, quería que su declaración abarcase todo lo que sentía por él en ese momento.
- Saga… ¿sigues aquí? – la voz de Seat lo interrumpió.
- ¿Qué pasa? – preguntó el de géminis.
- Lo olvidaste de nuevo, ¿cierto? – preguntó el de acuario e hizo un gesto de fastidio antes de irse. Shura pudo notar la angustia en el rostro de Saga y tuvo la sensación de que algo no andaba bien.
- Espera… ya vuelvo – dijo el de géminis antes de ir tras Seat.
El de capricornio se quedó pensando en cómo iba a decirle que lo quería, no era muy bueno con los sentimientos, así que quizá primero le agradecería por todas las ocasiones en que lo había ayudado, tal vez le diría lo mucho que le gustaba y cuánto deseaba que el de géminis pudiera corresponderle. A veces le daba la impresión de que se habían conocido en alguna vida pasada, porque cuando el de géminis dejaba de lado su parte egoísta, se convertía en la mejor persona del mundo, y entonces sentía que lo conocía de toda la vida y que el tiempo no era suficiente para calmar la necesidad que tenía de él.
Pasó cerca de una hora cuando decepcionado se puso de pie, supuso que era obvio que Saga no regresaría, así que decidió volver a su templo. Iba por la escalinata de libra cuando creyó escuchar algo. Se sintió un poco tonto al darse cuenta del leve temblor que recorrió su cuerpo, tenía entendido que el dueño del séptimo templo no se encontraba en el santuario, así que la idea de que algo sobrenatural habitaba en ese lugar le vino a la mente. Avanzó despacio, sin hacer ruido y entonces el tiempo se detuvo para él. Fue cuando los vio, juntos, a Saga y a Seat, el de géminis devoraba los labios del de acuario mientras éste acariciaba su cuerpo.
Su corazón latió con tanta fuerza que tuvo que retirarse de ahí lo más rápido posible. No supo cuánto tiempo tardó en abandonar el Santuario, tan solo siguió caminando hasta que el dolor lo obligó a recargarse en uno de los árboles, un par de lágrimas recorrieron sus mejillas sin que él lo quisiera y tuvo que mantener el aire en sus pulmones para no llorar. Intentó calmarse diciéndose a sí mismo que era ridículo llorar por algo que jamás había tenido, y es que no comprendía cómo es que había terminado sintiéndose de esa manera.
***
Un par de semanas después el patriarca los envió en una misión a la ciudad de D. Shura maldijo su suerte pero hizo todo lo posible por poner su mejor cara. Afortunadamente para él, el de géminis y el de acuario eran muy discretos, se trataban con tanta frialdad que incluso pensó que lo que había visto no era más que producto de su imaginación, sin embargo, tenía entendido que las relaciones entre miembros de la orden estaban mal vistas, aunque corría el rumor de que Shion y Dohko habían vivido un romance que terminó cuando éste último se fue a Rozan.
- Ya vuelvo… - musitó el de capricornio dejando su cena a medias, y aunque no pudo asegurarlo, creyó ver una sonrisa de parte de Saga.
De seguro agradecía internamente el de géminis poder estar a solas con Seat sin estar fingiendo que solo eran compañeros.
- Creo que le gustas – dijo Seat encendiendo un cigarrillo.
- ¿A quién?
- A Shura… se la pasa viéndote…
- ¿Estás celoso? – preguntó Saga divertido y Seat sonrió con burla.
- No, tú puedes estar con quien desees, no es como si estuvieras atado a mí – la indiferencia en su voz hizo que Saga se sintiera herido.
- Espera… ¿estás diciendo que… si quisiera estar con Shura podría hacerlo? – el de acuario elevó los hombro y dejó que el humo escapara de sus pulmones – entonces… ¿tú también puedes estar con quien quieras?
- Ahh… no empieces… - dijo fastidiado.
- Responde… - podía notar su molestia, así que no le quedó más remedio que acercarse y besar sus labios.
- Elegí serte fiel hace mucho tiempo, pero te dejo la libertad de estar con quien desees.
Saga se quedó pensando, y es que él no quería esa libertad, él quería estar exclusivamente con el de acuario y nada más. No entendía cómo es que Seat era capaz de expresarse así, tan fríamente, sin sentimientos.
- Borde… - dijo entre dientes para molestarlo pero Seat tan solo sonrió – No tienes que darme libertad… siempre he hecho lo que he querido… no creas que eres el único – Seat lo observó sin creerle, era facilísimo notar cuando Saga mentía por el simple hecho de que no sabía hacerlo – Si no me he tirado a nadie del Santuario es porque nadie me atrae lo suficiente, pero cada vez que voy al pueblo termino entre las piernas de alguien… - entonces el de acuario entrecerró los ojos - ¿Nunca te has preguntado por qué tardo tanto en volver? – lo cierto era que tardaba porque se distraía hasta con el aire, pero eso no pensaba decírselo – Buenas noches – giró su cuerpo para darle la espalda.
- Espera… Saga… - el de géminis no respondió – Saga… ¿me estás engañando con alguien? ¡Hazme caso! – a pesar de que minutos antes le había regresado su libertad, lo cierto era que no deseaba verlo con nadie más. Sacudió el cuerpo de Saga hasta que éste se giró y comenzaron a forcejear. Siempre buscaba el de géminis alguna manera de hacerlo reaccionar, le gustaba saber que no era tan frío y vacío como aparentaba.
***
Shura no tenía ganas de volver, seguramente ni siquiera se habrían percatado de su ausencia así que siguió caminando hasta que el cansancio le hizo parar un momento. Tardó un poco en darse cuenta de que se encontraba en lo que parecían ser unas ruinas, lo que sea que hubiera estado ahí había desaparecido y ahora tan solo quedaban algunas columnas cubiertas por musgo y maleza.
Se dedicó a ver la luna hasta que escuchó el arrastrar de unas cadenas, nuevamente la idea de que se trataba de algún fantasma lo alertó, pero el sonido de las voces acercándose le hizo prestar más atención. Se ocultó entre dos muros, antes de hacer cualquier cosa, quería enterarse de lo que estaba sucediendo. Entonces vio a tres individuos con capa seguidos de una mujer, tenía los ojos vendados y las manos encadenadas. Shura la observó con atención, era tan hermosa que pensó que jamás sería capaz de ver tanta belleza en una sola persona, en ese entonces, no tenía ni idea de la existencia de Shaka, a quien consideraría el ser más perfecto que hubiese pisado la tierra.
El piso de las ruinas se abrió dejando ver unas escaleras que estaban ocultas y que al parecer llevaban a algún lugar subterráneo. Uno de los individuos entregó una especie de tablilla al anciano que abría la puerta y la mujer encadenada bajó en silencio tras él. Shura se mantuvo inmóvil, observando atentamente. Cerca de una media hora después, la puerta volvía a abrirse.
- "El cero absoluto del santuario será quien provoque una nueva guerra desencadenando el poder del anillo" – dijo el anciano con voz cansina, y de inmediato Shura pensó en Seat, aunque nunca lo había visto en combate, recordaba haber escuchado en algún lugar eso del cero absoluto.
- ¿El Nibelungo? – preguntó uno de ellos realmente desconcertado – No hay forma de que acabe en manos enemigas…
***
- Saga… deberíamos ir a buscar a Shura – musitó Seat, pero el de géminis ya estaba dormido.
Seat se puso de pie, la diferencia de edad entre él y Shura lo hacían sentirse responsable de cualquier cosa que pudiera sucederle.
- Eh, Saga… - movió el cuerpo del de géminis con uno de sus pies.
- Ah… - se quejó - ¿qué ocurre?
- Iré a buscar a Shura.
- ¿Para eso me despiertas? – Seat puso cara de fastidio, estaba seguro de que, de no haberlo despertado para avisarle, seguramente le habría armado un drama acerca de lo poco considerado que era con él al desaparecer de esa forma. Y es que Saga tenía la capacidad de crear problemas de la nada.
***
- El cero absoluto del santuario… - repitió uno de los individuos.
- ¿Se referirá al santuario de Athena? – entonces Shura puso verdadera atención.
- Deberíamos hacer algo… el oráculo JAMÁS se equivoca…
- ¿Creen que deberíamos ir al Santuario?
- Sí, hay que acabar con él antes de que haga algo… - el de capricornio intentó recargarse más en uno de los pilares para poder escuchar mejor, pero uno de sus pies resbaló con el musgo de las rocas y el ruido alertó a los tres sujetos.
Uno de ellos dirigió una de sus manos hacia donde se encontraba Shura y arrojó una especie de estaca que atravesó el muro destrozándolo y rasgando el hombro del español, éste no tardó en abandonar su escondite cubierto de polvo y el combate empezó entre ellos.
***
Seat avanzó por el bosque, no estaba seguro de hacia dónde había ido Shura y tampoco podía sentir su cosmoenergía.
***
Pudo haber llamado a su armadura, no le habría llevado mucho tiempo hacerlo para acabar con esos tres sujetos en un instante, pero su intuición le decía que no debía revelar su identidad. Sin embargo, habían pasado casi quince minutos y ya se encontraba en el suelo sangrando copiosamente. Se puso de pie y concentró su cosmos en la mano derecha.
- ¡Excálibur! - solo alcanzó a golpear a uno de ellos rasgando parcialmente su ropa y dejándolo tan herido que tuvo que apoyarse en el suelo.
Fue entonces que otro de los sujetos golpeó al de capricornio con tanta fuerza que lo dejó inconsciente. Se acercó al español y colocó una de sus manos en la frente de éste.
-Ryu… - volteó a ver a su compañero – Ya…
- ¿Esperas que lo deje con vida?
- Mara está muy mal… - intentaba controlar la hemorragia pero parecía casi imposible – Él va a morir de cualquier forma – dijo refiriéndose a Shura.
- De acuerdo, vámonos, pero antes… - apoyó su dedo índice en la frente del español.
- ¿Qué haces?
- Por si no muere… cuando intente hablar de lo sucedido podré leer su mente - sonrió.
- Nunca uses esa técnica conmigo – musitó Swom, y es que Ryu era poderoso, tanto, que a veces le daba miedo.
***
Seat alcanzó a sentir la cosmoenergía agitada de Shura así que corrió tan rápido como pudo en esa dirección. Tardó más de lo que había imaginado en llegar y se preguntó qué rayos estaría pensando el de capricornio para haberse alejado tanto.
- ¡Shura!... – exclamó en cuanto lo vio en el suelo, vio que estaba sangrando y su abdomen tenía múltiples heridas que comenzaban a amoratarse – Maldición… - musitó y concentró su cosmos en las manos para disminuir la temperatura del cuerpo del español, de esa forma, al menos las heridas principales dejarían de sangrar.
Rasgó su ropa para improvisar un torniquete y comenzar a curar sus heridas. Se preguntó qué había pasado y por qué no había obligado al idiota de Saga a ir con él. De esa forma todo habría sido más fácil. Una vez que la hemorragia se detuvo, meditó acerca de cuánto tiempo debería esperar antes de mover su cuerpo. Observó el lugar detenidamente, había escombros y sangre derramada. Algo en el suelo llamó su atención, se acercó despacio y tomó el brillante objeto entre sus dedos.
- Un anillo… - dijo divertido preguntándose si sería del de capricornio. Lo guardó en su bolsillo, ya le preguntaría cuando recobrara la consciencia.
Continuará…
Capítulo 15: Saga/Shura/Seat Tercera parte
Seat
Seat siempre fue uno de los preferidos de la orden, dejó de ser un secreto a voces puesto que ya todo mundo lo sabía y algunos le odiaban por ello, había sido un discípulo perfecto, así que cuando anunciaron que por fin había ganado su armadura nadie se sorprendió realmente. Era… el hijo predilecto del Santuario. Quizá fue eso lo que llamó la atención de Saga en primer lugar, jamás se había detenido a pensar en sus preferencias sexuales pero no le causaba ningún conflicto aceptar que le gustaba Seat. El problema fue que a Seat no parecía gustarle Saga. No importaba cuántas veces lo acosara, el de acuario jamás se tomaba la molestia de discutir con él, tan solo lo ignoraba y se iba, entonces Saga terminaba enojadísimo, frustrado ante tal indiferencia, había dejado de ser una simple atracción física para convertirse en una obsesión. Y el de géminis no podía vivir con eso.
Hacía todo lo posible por entrenar con él, negociaba con el patriarca para ir a misiones junto con el de acuario y se lo topaba constantemente en todos los lugares habidos y por haber.
- ¿Me estás siguiendo? – preguntó una tarde Seat cuando iba rumbo al pueblo, había notado la presencia del de géminis desde que salieron del santuario pero le divertía averiguar qué planeaba Saga.
- No… - mintió y muy mal, entonces Seat sonrió, y Saga supo en ese preciso momento que lo deseaba.
- ¿Qué haces entonces?
- Te estoy cuidando – musitó y el de acuario hizo un gesto de burla.
- No deberías seguirme… - notó la tristeza en el rostro de Saga e inevitablemente se sintió mal – cuando podrías caminar conmigo… - no supo por qué lo dijo y se arrepintió en el instante en que vio la ilusión en los ojos del de géminis.
Y es que Seat no toleraba la cercanía de los demás, algo en su personalidad estaba destrozado y era incapaz de sentir algo por alguien. Sí apreciaba a Aioros, le tenía una gran estima porque le parecía una persona muy correcta, a Saga también lo consideraba su amigo, pero cuando se le acercaba mucho o cuando intentaba insinuársele prefería salir huyendo, ocultaba toda la ansiedad que le causaban los intensos sentimientos del de géminis y prefería ignorarlo, creía que de esa forma Saga terminaría cansándose, pero entonces se dio cuenta de que sucedió todo lo contrario.
- Y… quien… te tenga como pareja… debe ser muy afortunado… - dijo Saga arrastrando las palabras debido al alcohol, Seat solamente sonrió, jamás se habría imaginado que el de géminis no acostumbraba beber – Sabes… recuerdas… cuando le dijiste a Aioros lo que amabas… - No, no lo recordaba y tampoco entendía muy bien lo que decía el de géminis.
- ¿Cómo?
- Te gustan… las frutas rojas… y los días de lluvia… los colores y dormir…
Seat volvió a sonreír, en realidad, no se trataba más que de un juego tonto entre Aioros y él. Alguno de los dos iniciaba diciendo algo que le gustara y el otro respondía de igual forma, y así continuaban hasta que ya no se les ocurría nada más que decir y terminaban diciendo cosas sin sentido. En realidad, era una forma poco inteligente de perder tiempo. Quiso explicarle a Saga que nada de eso era verdad, aunque sí le gustaba dormir y también le gustaba la lluvia, sin embargo, antes de que pudiera decir algo, el de géminis lo sorprendió con sus palabras.
- También… me hubiera gustado escuchar que me amas… - un sentimiento hasta entonces desconocido lo embargó, era una mezcla de ternura y tristeza en partes iguales.
Seat recordaría ese día como el día en que el caos comenzó en su vida. Quizá si Saga no hubiera hecho ese comentario se habrían ahorrado el daño que se hicieron mutuamente, y es que en ese momento, mientras veía a Saga balbucear palabras apenas entendibles, besó sus labios por primera vez. Lo hizo porque no quería verlo triste, pensaba que si en sus manos estaba el hacerlo feliz lo haría, después de todo era uno de sus mejores amigos y no quería que sufriera, y menos por él.
El problema fue que Seat no solía sentir apego hacia las personas, parecía como si no necesitara de nadie y eso al de géminis le dolía en el alma.
- ¿Te divertiste? – preguntó Saga molesto un día cuando vio a Seat entrar al Santuario. El patriarca todavía no encontraba a quien sería su discípulo y próximo dueño de la primera casa así que el templo de Aries estaba vacío.
- No empieces Saga… me duele la cabeza.
- Estuviste bebiendo – dijo algo decepcionado, Saga era muy posesivo así que cualquier cosa que Seat hiciera sin él, era interpretado como alguna especie de traición. Avanzaron rumbo a géminis – ¿No se supone que eres el ejemplo del Santuario?
- Saga, en serio – respondió hastiado – no estoy de humor – se sentía asfixiado por el de géminis e inevitablemente le daban ganas de huir de él.
- ¿Qué diría el patriarca si se entera de esto? – odiaba que Seat tan solo lo ignorara, ¿acaso no le preocupaba cómo se había sentido él mientras lo esperaba?
- ¿Sabes qué? Dile – habían llegado al tercer templo.
- Sabes que no lo haré.
- Entonces deja de amenazarme con eso… si quieres hacer algo, hazlo… no me pidas permiso, no me preguntes qué opino porque no pienso tomar decisiones por ti… - el de géminis se quedó en silencio un instante, sentía que solo era una carga para el de acuario y de inmediato toda esa angustia se vio reflejada en su rostro.
- De acuerdo… - dijo con algo de tristeza – que descanses…
- Ahh – suspiró, odiaba sentirse culpable, era su punto débil, no podía con la culpa ni con el dolor del de géminis – Saga… - el mayor se detuvo y Seat puso su mejor cara - ¿Puedo quedarme esta noche?
- Ja – sonrió – Puedes quedarte toda la vida si quieres…- y ahí estaba de nuevo, ahogándolo, asfixiándolo con ese intenso amor que no sabía cómo manejar.
- No me presiones – respondió mitad en broma y mitad en serio.
Y esos eran sus días, inestables, era un ir y venir constante, lleno de amor y desamor. Esa era la naturaleza de su relación.
***
Seat conoció a Shura cuando éste estaba enfermo. No intercambió palabras con él, tan solo había entrado a avisarle a Aioros que el patriarca lo buscaba. Con el tiempo se dio cuenta de los sentimientos que el español albergaba hacia Saga, no fue difícil notarlo, lo miraba constantemente y a pesar de que se la pasaban discutiendo, cuando Saga no se daba cuenta, Shura lo miraba con admiración.
Una noche esperó a Saga hasta tarde pero el de géminis no daba señales de vida. Le había prometido ayudarlo a pintar su habitación aunque sospechaba que lo único que buscaba Saga era quedarse esa noche en su templo. Decidió ir a buscarlo, tan solo para reclamarle por no haber llegado, y es que odiaba eso de él, le fastidiaba que olvidara sus promesas, que no hiciera lo que decía que haría y que jamás cumpliera con sus amenazas. Cuando llegó al tercer templo escuchó su voz.
- Saga… ¿sigues aquí? – se asomó tan solo para encontrarlo con Shura, ambos estaban bebiendo.
- ¿Qué pasa? – preguntó como si nada.
- Lo olvidaste de nuevo ¿cierto? – no pudo evitar sentirse fastidiado y se fue, después de todo, ya era muy tarde para pintar su habitación.
***
Encontró el anillo del Nibelungo por casualidad, ni siquiera sabía que el anillo era real y tampoco estaba seguro de cuál era su verdadero poder, tan solo lo había visto sobre la tierra húmeda a unos cuantos metros del cuerpo malherido de Shura y lo tomó pensando que era del español. De haber sabido que ese suceso le traería muchos problemas, quizá jamás lo hubiera tomado. Pero el destino era misterioso y siempre encontraba la forma de que el agua regresara a su cauce.
Continuará…
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