jueves, 3 de enero de 2013
Capítulo 15: Instantáneo - Marzo 10,2010
Capítulo 15: Instantáneo
Milo permaneció en absoluto silencio, era como si en su mente se desarrollaran una serie de escenas a las que tenía que prestarles la más absoluta atención. Luego miró el reloj, no tenía ni idea de cuánto tiempo habría pasado. Repentinamente se puso de pie y se le echó encima a Ikki para golpearlo.
- ¡ESTO ES TU CULPA!
- ¡Milo, Milo! ¡Detente! – Dohko abrazó el cuerpo de Milo inmovilizándolo para que el Fénix pudiera ponerse de pie, pero éste no lo hizo. Shura ya se encontraba con ellos.
- Cálmate Milo – dijo Aioros viendo a Ikki que seguía en el suelo – hay que pensar en cómo traerlos de regreso.
- Es imposible – dijo Ikki pesimista – no hay forma de traerlos de regreso – nuevamente Milo intentó echársele encima mientras Aioros y Dohko lo detenían.
- Ya Milo… todo va a estar bien – dijo Aioros dulcemente y Milo no pudo hacer otra cosa más que abrazarse a su cuerpo ante la furiosa mirada del de capricornio.
- Bien, basta… - separó a Milo bruscamente de su amado y se sentó entre ellos - ¿Qué es lo que sabemos de Aiacos?
***
- ¿Lo hiciste? – preguntó Mime ansioso, aún no regresaba Milo y le preocupaba lo que hubiera podido ocurrir.
- Sí – dijo con tristeza.
- ¿Y qué pasó? – Bud permaneció en silencio – Vamos Bud… habla… - casi le rogó el pelirrojo.
- Tholl se los llevó.
- ¿Tholl?
- El tipo que contrató Aiacos para encontrarlos…
- Já, entonces… volvieron con Aiacos… los dos… es decir, el rubio y Camus están ahora con Aiacos – lo repetía como si tuviera que convencerse a sí mismo de que esta vez había ganado.
Bud intentó acercarse para besarlo pero Mime lo rechazó. Eso le dolió más de lo que hubiera imaginado.
- No… Milo llegará en cualquier momento… tengo que estar listo para consolarlo – Bud intentó sonreír pero no pudo.
Mime siempre encontraba la forma de romper su corazón.
- Me mentiste ¿cierto? – Mime puso cara de fastidio.
- No empieces… este es un buen momento y… no quiero que lo arruines con tus reproches.
- Todo eso de… que podrías amarme era mentira ¿verdad? – anhelaba escuchar una respuesta negativa, pero solo obtuvo un prolongado silencio.
- Primero quiero intentarlo con Milo…
- ¿Qué? ¿Y yo? ¿Soy tu última opción? ¿Por qué no me lo dices claramente en lugar de tenerme aquí esperando por algo que NO va a llegar?
- Te lo dije… te dije que amaba a Milo.
Entonces Bud se dio cuenta de que todas esas pequeñas esperanzas que había ido coleccionando habían sido solo producto de su anhelo.
- No te importa ¿verdad? – sintió un enorme deseo de llorar – y no importa lo que haga o diga, nunca va a ser suficiente…
- Piensa lo que quieras – Mime parecía incluso enfadado – además, no es mi culpa que tu malinterpretaras las cosas…
- No, nunca es tu culpa.
***
- ¿Cómo te llamas? – preguntó Tholl, aunque ya había escuchado que le llamaban Mu.
Se encontraban en una pequeña cocina de lo que parecía ser una cabaña, el mayor calentaba algunas rebanadas de pan antes de colocarles diferentes tipos de queso, el aroma que inundaba la habitación era delicioso.
- Mu – musitó después de segundos de silencio.
- ¿Cómo llegaste con Aiacos? – preguntó mientras acercaba una de sus manos a la cabeza del pelimorado, quien por instinto retrocedió un poco – tranquilo, no pienso lastimarte.
- ¿Qué hará conmigo?
- ¿Tienes familia? – el menor negó con duda al principio y más enérgicamente al final, después de todo su llamada familia lo había vendido – bueno, por lo pronto, debes alimentarte, ya mañana veremos qué hacer.
***
Camus recuperó la consciencia para darse cuenta de que se encontraba en una habitación que a pesar de estar a oscuras le era familiar, no tardó ni un minuto en saber que estaba en la propiedad de Aiacos. Miró a su alrededor en busca de Hyoga pero fue inútil, se encontraba solo y por un instante deseó que Milo estuviera ahí.
Le pareció un poco ingenuo acercarse a la puerta para ver si estaba abierta, pero aún así lo hizo, luego sonrió casi imperceptiblemente burlándose de si mismo.
- Bien Camus – se dijo – piensa… - respiró profundamente intentando tranquilizarse hasta que su mirada se topó con una pequeña ventana casi inaccesible.
***
- Tenemos que ir por ellos – decía el escorpión desesperado – podemos… negociar… - Ikki lo observó con mucha paciencia pero con poca esperanza – les daremos dinero… ¿qué más pueden querer? – cada uno de los presentes estaba sumido en sus propios pensamientos.
- A ellos Milo, los quieren a ellos.
- Pero, no son de su propiedad… ¿Quiénes son ellos para empezar? ¿Cómo es que Camus y el rubio terminaron ahí? – todas las miradas se dirigieron al escorpión.
- Son huérfanos… - dijo Ikki inseguro.
- ¿Y sus padres trabajaban para Aiacos? – preguntó Aioros – O… ¿por qué tuvieron que quedarse ahí?
- ¿Qué te dijo el rubio al respecto? – interrogó Milo a Ikki.
- No lo sé, nunca hablamos de eso…
- ¡Por todos los dioses Ikki! ¡¿Jamás te pasó por la mente preguntarle al rubio de su origen?! – se paró enfadado, más bien, indignado.
- Tú tampoco se lo preguntaste a Camus, ¿o si? – se puso de pie también para enfrentarse al escorpión.
- Ya… - dijo Shura hastiado.
- ¿Qué edad tiene Camus? – preguntó Aioros pensativo.
- Ahh – suspiró el escorpión – diecinueve.
- ¿Y Hyoga?
- No lo sé… dieciséis o diecisiete, no estoy seguro – musitó el Fénix.
- Ni eso sabes… - dijo Milo entre dientes e Ikki pareció querer írsele encima.
- No empiecen – advirtió Shura - ¿se te ocurre algo?
- Pues… lo más lógico… poner una denuncia por secuestro…
Todos lo miraron extrañados, sí, lo aceptaban, era lógico, ¿pero qué acaso no habían ellos hecho lo mismo? ¿Privarlos de su libertad e incluso lastimarlos física y emocionalmente?
- Pero… - dijeron Ikki y Milo casi al mismo tiempo.
- Es hora de que se hagan responsables de sus actos – dijo Aioros serio.
- No es eso – dijo Ikki – Aiacos es muy influyente… no creo que… podamos hacer algo al respecto.
- Oye, yo también soy influyente, y me visto mucho mejor que Aiacos, eso debe darme puntos extra ¿no crees? – ninguno de los presentes entendió al escorpión.
- … - Aioros lo pensó un instante y todos lo vieron, en especial Shura, quien estaba orgulloso de su precioso arquero cuyas ideas le parecían acertadísimas - ¿Qué hay de Saga?
- No creo que quiera ayudarnos… - dijo Milo sin dar más detalles.
- En eso estoy de acuerdo contigo – aceptó Ikki – Saga anda en asuntos muy turbios, no creo que desee arriesgarse y…
- No se preocupen, yo me encargo de eso – el arquero habló con tal seguridad que Shura lo miró con sospecha.
***
Minos tomó una larga ducha mientras pensaba en su hermoso francés, seguro en ese momento se encontraría temblando de miedo al imaginar lo que le esperaba. Lo imaginaba sumiso, nervioso, sonrojándose ante el morbo de sus palabras, y luego lamentó no haber tomado una ducha juntos, quizá así podría manosearlo un poco mientras lo enjabonaba.
Salió con pereza de la tina rumbo a la habitación donde se encontraba Camus. No tardaría en darse cuenta de la desagradable ausencia del menor.
***
- Te lo advertí.
Levantó al joven tomándolo de los rubios cabellos y golpeó su abdomen dejándolo sin aire. El rubio se encorvó intentando recuperarse pero un fuerte golpe en la espalda lo dejó en el suelo, una lluvia de patadas fue suficiente para dejarlo casi inconsciente.
- ¿Te gustaba? – sonrió con malicia - ¿te gustaba ser su putita? – se agachó colocándose entre los muslos del más joven – Bien, entonces, esto te va a gustar… - comenzó a besar con violencia ese rostro pálido, dispuesto a poseerlo.
El sonido de la puerta hizo que dirigiera una mirada asesina a quien interrumpía.
- No está…
- ¿Se puede saber qué demonios sucede Minos? – preguntó molesto.
- Camus no está… - dijo casi incrédulo.
- No puede ser cierto.
A pesar de lo débil que se sentía, el saber que su hermano no se encontraba en la misma situación que él le hizo sentir mejor.
***
Tuvo que escalar una gran cerca para poder encontrarse en relativa libertad. Sin embargo, en el proceso una de sus piernas se atascó en la enredadera y terminó cayendo de lleno sobre su brazo izquierdo, lastimándose tanto que tuvo que morder sus labios para no gritar de dolor. Había pensado en intentar rescatar a Hyoga, pero sabía lo difícil que sería, así que finalmente consideró que sería mejor ir en busca de Milo.
Sentía su cuerpo pesado y varias veces estuvo a punto de caer, pero siguió caminando sabiendo que si no se daba prisa terminarían atrapándolo de nuevo.
***
Aún recordaba las palabras del rubio.
- ¿Qué hiciste con Mu? – Saga había bajado el rostro sin poder responder la pregunta.
- Jamás lo vas a olvidar ¿cierto? – le preguntó y sintió una inmensa tristeza cuando se dio cuenta de lo infeliz que era Shaka por su culpa.
Se preguntó si en verdad lo amaba tanto como para hacer lo que estaba haciendo, ¿no sería un mero capricho? ¿Y si con el tiempo se daba cuenta de que era un error? Aún así siguió su camino rumbo a la hacienda de Aiacos. Recuperaría a Mu y haría feliz a Shaka aunque él mismo se desangrara emocionalmente en el proceso.
***
- El señor no ha regresado aún, no debe tardar, ¿gustan tomar algo mientras lo esperan? – dijo uno de los mayordomos de Saga.
- No, gracias – dijo amablemente Aioros – creo que esperaremos afuera, no queremos importunar.
- Como ustedes gusten.
Y sin más, salieron, Shura seguía viéndolo de manera extraña.
- Saliste con él ¿cierto? – preguntó una vez que estuvieron afuera.
- ¿Qué?
- Con Saga… tuviste algo con él.
- Shura…
- Dioses, sí tuviste algo con él… ¿Cómo fue? ¿cuándo? ¿por qué no…
- Espera… no pienses cosas que no son… ¿de acuerdo? – tomó sus brazos antes de silenciarlo con un dulce beso.
Sus lenguas se acariciaron despacio, Shura colocó ambas manos sobre la cintura de Aioros y lo acercó más a su cuerpo, y éste jugaba con su cabello y su nuca para profundizar el beso. Se separaron cuando la falta de oxígeno no les dejó otra opción.
- Responde – musitó Shura, no importaba lo que hiciera Aioros, no pensaba quitar el dedo del renglón.
- Shura…
***
El sonido del timbre hizo que Minos corriera hacia la puerta, seguramente el francés se habría arrepentido de huir y había decidido volver sobre sus propios pasos arrepentido.
- Seguro es él – musitó Minos, pero cuando abrió la puerta se encontró con la sorpresa de que no era Camus quien estaba fuera – Saga… ¿Qué haces aquí?
- Vengo por Mu.
- ¿Quién es? – gritó Aiacos acercándose.
***
Camus se detuvo un instante, más que nada porque su vista se estaba nublando y su corazón amenazaba con estallar, ya ni siquiera podía mantener los ojos abiertos, pero una vez más, se obligó a continuar… hasta que se topó con una enorme figura que lo tomó en sus brazos evitando que cayera al suelo.
- Chico, ¿te sientes bien?
***
La histeria de Saga era notoria, a pesar de que Aiacos intentó explicarle de la forma más civilizada, el peliazul simplemente no quiso escucharlo y se fue de ahí enojado, entre reclamos y palabras malsonantes. Para cuando llegó a su hogar, se encontraba más calmado, quizá era una señal del destino para que Mu no regresara con Shaka, pero en el fondo sabía que las cosas no debían haber sido de esa manera. Y luego se topó con dos figuras, una de ellas demasiado familiar.
- Vaya… ¿a qué se debe el honor de tu magnifica presencia? – dijo sonriendo mientras devoraba el apetecible cuerpo del arquero con la mirada.
- Hola Saga – respondió amable como siempre – necesito… necesitamos – corrigió para evitarse problemas con Shura – tu ayuda.
- A ver, dime.
- Es una larga historia, ¿tienes tiempo?
- Para ti todo el tiempo del mundo.
Shura cerró los puños y Aioros pensó que quizá había sido una mala idea que lo hubiese acompañado.
Continuará…
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