jueves, 3 de enero de 2013

Capítulo 14: Fiesta - Mayo 6,2009



Capítulo 14: Fiesta



Fue al bajar las escaleras por un poco de agua cuando lo escuchó.



                    - ¿Estás seguro que era él? – preguntaba Aioros.


                    - Sí… Era Aiacos…


                    - Quizá solo fue una coincidencia, no creo que…


                    - ¿Y qué piensas hacer? Sabíamos que tarde o temprano darían con ellos… - interrumpió Shura.


                    - Lo sé… ya pensaré en algo y… todo estará bien.


                    - ¿Has pensado en dejar que Hyoga regrese a la vida que tenía antes?



Por primera vez el peliazul se preguntó qué clase de vida habría tenido Hyoga antes. Nunca se preocupó por saber si vivía bien o si solo era un esclavo más. Tenía la sensación de que Hyoga estaba bien ahora, sentía que no podía estar en un lugar mejor, pero a ciencia cierta, no estaba seguro del todo.



                    - Ya pensaré en algo – dijo más para si mismo.



Hyoga se mantuvo en silencio, esperaba escuchar algo más, pero al parecer la conversación terminaba ahí así que decidió regresar a la habitación.



***



                    - Listo – dijo Tholl sosteniendo un par de sobres entre sus dedos.



Bud se sentía terriblemente culpable, estaba seguro de que ahora Syd sí lo odiaría, recordó cómo tiempo atrás terminó ebrio entre las sábanas de Tholl, no fue capaz de decirle a Syd que se había acostado con su entonces novio, pero sí le dijo que éste lo había engañado. Y cuando Syd dejaba ver algo de tristeza, comenzaba a preguntarse si haber hablado era lo correcto, verdades a medias. De eso estaba plagada la vida de Bud.



                    - ¿Y bien? – preguntó Tholl – Dime, ¿por qué haces esto?


                    - No lo hago por ti si es lo que piensas – dijo molesto.


                    - Lo sé, por eso te pregunto los motivos – Bud guardó silencio.


                    - ¿Tú sabías reconocerme de Syd? Antes… aquel día, ¿tú sabías que yo no era Syd?


                    - Me di cuenta cuando ya no tuvo arreglo.


                    - Debes odiarme ¿cierto? – su voz comenzaba a doler. Se sentía mal, había dañado a personas innecesariamente y ni siquiera él mismo conocía los motivos.


                    - No te odio, pienso que en el fondo tanto tú como yo nos equivocamos y pienso también, que tú te odias por ambos – sonrió con tristeza – Ahora, ¿puedo saber por qué lo haces?


                    - No, prefiero guardarme esa información – dijo poniéndose de pie y se dirigió a la puerta – Oye Tholl…


                    - ¿Si?


                    - ¿Aún amas a Syd?


                    - Más que nunca.



Una vez que se quedó solo, comenzó a marcar el teléfono de Aiacos.



                    - Mañana los tendrás… pero ha subido el precio.


                    - ¡¿Qué?! ¿Cómo te atreves a poner condiciones? ¡Solo cumple con tu trabajo!


                    - ¿Aceptas o no? – a Aiacos no le importaba el dinero, sin embargo, le fastidiaba que alguien lo desobedeciera, y Tholl desde el principio había hecho lo que le había venido en gana.


                    - ¿Cuánto quieres? – Tholl sonrió.


                    - No es precisamente dinero lo que deseo…



***



Observó a Ikki un par de minutos antes de atreverse a acercarse.



                    - ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? – preguntó algo preocupado.



Las suaves manos de Hyoga recorrieron ansiosas el torso semidesnudo de Ikki, luego sintió el peso del cuerpo del rubio sobre el suyo y una de sus rodillas que comenzaba a rozar la entrepierna del peliazul buscando excitarlo mientras sus labios se fundían en un beso algo violento. Algo no andaba bien, algo alertaba a Ikki de la situación y le advertía que ése no podía ser Hyoga, que quizá era un sueño o algo parecido.



                    - ¿Qué haces? – musitó sorprendido cuando Hyoga liberó sus labios para bajar por su cuello, ahora tenía prácticamente a Ikki entre sus piernas y comenzaba a restregarse suavemente contra su miembro.


                    - ¿Te gusta? – preguntó obteniendo como respuesta un tenue gemido – Si lo hago contigo… ¿me dirás en dónde está Camus? – Ikki abrió los ojos sobremanera.


                    - ¡Ahh! No… no sé donde está.



El rostro del rubio cambió de uno seductor a uno lleno de ira y se hizo a un lado, dejando a Ikki con una dolorosa erección.



                    - ¿Qué? ¡ESTÁS MINTIENDO! ¿Cómo puedes no saber en dónde está? ¿Qué demonios hicieron con él? – comenzaba a perder el autocontrol y en un arranque de ira, se levantó y comenzó a arrojarle cosas a Ikki. Nunca antes había estado tan molesto.


                    - Ya… cálmate – su voz se escuchaba tranquila, cosa que irritaba aún más a Hyoga.


                    - ¡Ah! ¡Suéltame! – gritó al sentir los brazos de Ikki rodeándolo.



Tenía ganas de prometerle que lo volvería a ver, tenía ganas de salir en ese mismo momento en busca de Camus, pero ¿cuánto tiempo hacía que no tenía noticias de Milo? Una inmensa preocupación lo invadió y por primera vez, el gran Fénix se arrepintió de muchas de las cosas que había hecho.



***



                    - ¡¿No me digas que le harás caso?! – preguntó Minos alterado.


                    - No me queda otra opción, ese idiota de Tholl. Ya me las pagará cuando tenga al rubio de regreso – observó a Mu quien con manos temblorosas procuraba ingerir la cena frente a él, más que hambre tenía miedo de que lo castigaran por no alimentarse.


                    - Pero… ¿has pensado en lo que dirá Saga? ¿No crees que se molestará?


                    - ¡Ah, ya lo sé! Estúpido Tholl… - dijo arrojando un vaso contra la pared.



***



Tarde del día siguiente.



Apenas si había dormido, esa idea del libro había sido por completo mala, el escorpión lo había mantenido despierto toda la noche y la mayor parte de la madrugada hasta que tuvo que suplicarle que lo dejara descansar. No entendía de donde sacaba Milo tanta energía, ¿qué no se supone que también tenía un límite? No lo sabía, hasta el momento era siempre él quien terminaba cansándose mientras Milo parecía poder seguir toda la noche y más. Lo observó un momento antes de dirigir su mirada a su propio cuerpo, tenía marcas, pensó por un instante que se debía a que su piel era muy blanca y se preguntó cómo sería marcar el cuerpo de Milo.



Miró los suaves labios y se acercó con lentitud, pero en lugar de eso, bajó por el cuello del escorpión y depositó ahí sus labios temblorosos, ¿se enfadaría Milo si lo marcaba? Deslizó sus dedos por el acaramelado pecho, deteniéndose en sus tetillas, de la misma forma en que Milo solía acariciarlo a él, quería bajar más una de sus manos y explorar su cuerp, tenía un inmenso deseo de ser él quien se encontrara entre sus piernas con el escorpión jadeando bajo su peso. No pudo evitar sonrojarse y apartarse de inmediato cuando notó que su propio cuerpo comenzaba a reaccionar.



El sonido de alguien tocando a la puerta le hizo sobresaltarse y de inmediato cubrió su desnudez.



                    - Mm… - se quejó Milo – no abras Cam…


                    - Pero… - apenas se estaba poniendo de pie cuando fue regresado a la cama por el abrazo de Milo.


                    - Quédate aquí, solo 5 minutos más – abrazó a Camus por la cintura mientras acomodaba su cabeza en el pecho del menor, éste se removió de inmediato, no quería que el otro notara su repentina erección.


                    - Son casi las 4 de la tarde – buscó la ropa interior en el suelo y luego se dirigió a la ventana.



A lo lejos alcanzó a distinguir una figura conocida… se sorprendió sobremanera cuando vio a esa otra persona hablando animadamente con Mime.



                    - ¿Qué pasa Camus?


                    - Eh?... nada… - ¿qué le podía decir de cualquier forma? Ya interrogaría a Mime más tarde.



***



Se vistió de mala gana frente al espejo, esforzándose por no verse presentable. En eso se parecía a Camus, aunque nunca lo habían notado.



                    - Se hace tarde – dijo Ikki sin verlo a los ojos, sabía que si sus miradas se hubieran cruzado solo habría encontrado desprecio en esos hermosos cielos que solían hipnotizarlo.



Hyoga siguió en silencio, intentando inútilmente anudar su corbata.



                    - Espera, te ayudaré – dijo el Fénix acercándose, pero el rubio retrocedió un par de pasos y giró su rostro molesto – Ahh, esto me está cansando ¿sabes? – dijo antes de tomar su mentón peligrosamente.


                    - Ahh – sus labios dejaron salir una débil queja antes de ser apresados por los del fénix.



Intentó separarse pero Ikki ya lo había acorralado.



                    - Tú comenzaste esto anoche ¿no? Deberías terminar lo que empiezas…


                    - Suéltame – forcejeó entre los fuertes brazos del peliazul, pero solo consiguió que éste lo empujara hacia la cama.



Sostuvo ambas muñecas por sobre su cabeza y se colocó parcialmente sobre él, rozando su entrepierna con su cuerpo, besaba sus labios y el dulce cuello, mientras una de sus manos se deslizaba rumbo a su entrepierna para comenzarlo a acariciar lentamente.



                    - Ahh – la respiración del rubio comenzó a alterarse, su rostro ligeramente enrojecido y presa de la excitación.



Cuando vio que Hyoga dejó de forcejear, lo fue soltando para comenzar a desnudarlo, ya se imaginaba el berrinche que haría el rubio cuando tuviera que arreglarse de nuevo y no pudo evitar sonreír. Desabotonó la camisa y beso su pecho, sus tetillas atraían poderosamente su atención y las tomó entre sus labios mientras le quitaba el pantalón. El cuarto se había llenado de sonidos húmedos de su boca y de los débiles jadeos de Hyoga. Fue bajando con su lengua hasta hundirse en su ombligo y continuó hasta encontrarse con el miembro erecto.



La sensación, aunque su mente se negara a aceptarlo, era indescriptiblemente deliciosa, sus manos se aferraban a las sábanas mientras sentía como Ikki le obligaba a separar un poco las piernas tomándolas por debajo de las rodillas. Se sentía expuesto, y la sola visión de tenerlo entre sus muslos le excitaba. Pasó poco tiempo antes de que se corriera en la boca del mayor. Luego se quedó inmóvil, intentando normalizar su respiración para después lanzarle una almohada en el rostro al peliazul.



                    - ¡Au! ¿Por qué haces eso?


                    - ¡Ahora tendré que comenzar a vestirme de nuevo! – Ikki sonrió y se recostó a su lado.



***



Los primeros minutos de la fiesta transcurrieron en presentaciones, Hyoga se preguntaba para qué tenía que conocer a los conocidos de Ikki, no le encontraba ningún sentido, pero se limitaba a sonreír porque sabía que eso enfurecía al Fénix.



                    - ¡Ikki! – dijo Milo acercándose, para fortuna de Ikki iba solo.


                    - ¡Milo! – si Hyoga hubiese prestado atención, se habría percatado de que repentinamente el peliazul se encontraba nervioso – Hyoga… éste es Milo, un gran y antiguo amigo de la familia.


                    - Mucho gusto – dijo sonriendo encantadoramente y se limitó a escucharlos hablar de negocios que parecían importantísimos aunque a él poco le interesaban. 



***



Esa noche fue en particular concurrida, Camus se sentía algo incómodo al encontrarse entre tantos desconocidos, así que le aliviaba un poco que Milo hubiera dejado que Dohko fuese nuevamente como su sombra, aunque a decir verdad, el castaño era demasiado serio, no es que Camus hablara demasiado.



                    - ¿Habías trabajado para Milo antes? – preguntó el francés con curiosidad.


                    - Sí… - de inmediato lo imaginó vigilando a alguien más para Milo y ese pensamiento le hizo sentir mal.


                    - Y… ¿cómo era él? – preguntó mordiendo su labio inferior, se sentía nervioso, quería escuchar la historia pero al mismo tiempo temía lo que pudiese descubrir.


                    - ¿Quién? ¿Milo? – avanzaron rumbo al jardín.


                    - No… la persona… a la que vigilabas… - Dohko observó la preocupación en los ojos del menor y no pudo evitar sonreír.


                    - ¡Ahh! Já, no, no hacía esta clase de trabajo.



Camus abrió los ojos sobremanera y se sintió profundamente aliviado y él mismo sonrió ante esa leve sensación de celos apoderándose de él. Luego se escuchó el sonido de una copa precipitándose hacia el suelo. Giró su rostro y palideció al reconocer nuevamente a Aiacos junto con un joven al que no reconocía. Se recargó en la pared mientras atraía a Dohko hacia su cuerpo, el mayor era más alto que él así que le pareció demasiado sencillo cubrirse con su cuerpo mientras intentaba alejarse sin ser visto.



                    - ¿Qué pasa? – dijo Dohko volteando hacia otro lado, buscando el motivo de la repentina angustia del menor.


                    - Por favor, no te muevas – musitó mientras escuchaba la voz de Aiacos discutir algo con alguien, se preguntó si Minos se encontraría en ese lugar también.


                    - ¡¿Qué significa esto?! – La voz alterada de Milo sacó a Camus de sus pensamientos y entonces dio cuenta de que se encontraba en una situación comprometedora que no podía explicar. Sintió entonces la cercanía de Dohko, su cuerpo apoyándose en el suyo y no supo qué decir.


                    - Se sentía mal, así que dejé que se recargara sobre la pared – Milo observó a Dohko quien pronunciaba las palabras con una seriedad que le hacía pensar que no mentía, después se percató de que ciertamente Camus se veía algo pálido.


                    - Déjanos solos Dohko, tu trabajo por hoy ha terminado – de haber sabido lo que significaría la ausencia del castaño, jamás le habría pedido que se retirara – Así que te sentiste mal… - a Camus le aterrorizaba que Milo utilizara ese tono de voz, sabía que de un momento a otro explotaría y terminaría gritándole, y en ese preciso momento, con Aiacos rondando por el lugar, no se podía permitir armar un escándalo con el escorpión.



***



Hyoga se la pasó curioseando por el lugar, parecía ser un día importante para Ikki y a pesar de que le guardaba en ocasiones cierto rencor, no quería estarle arruinando el día, entonces decidió salir al jardín, escuchó lo que parecía ser una discusión y pensó en retirarse, pero entonces el sonido de una voz conocida lo detuvo.



                    - Ya te dije que no Milo…


                    - ¿Camus? – preguntó el rubio con voz temblorosa. 



Sin darse cuenta el francés empujó ligeramente a Milo para observar a la persona que hablaba, y una sonrisa se dibujó en su rostro. Milo nunca lo había visto sonreír de esa manera y sintió una punzada de celos del ahora odioso joven que acaba de aparecer a escena.



                    - ¡Hyoga! – ambos se acercaron y se dieron un abrazo necesitado - ¿Estás bien? – preguntó mientras acariciaba su rostro de forma paternal, aunque Milo no lo vio de esa manera y furioso se acercó para alejarlo del rubio.


                    - Camus me pertenece ¿entiendes niñato? – empujó a Hyoga y éste por primera vez le observó.



Entonces Hyoga lo reconoció y sintió una profunda decepción, la ira tan solo se iba acumulando en su cuerpo.



                    - No, Milo, espera, no entiendes, Hyoga es… - Lo arrastró junto con él – ¡Suéltame!


                    - ¡NUNCA! ¿Qué? ¿Quieres irte con él?


                    - Hyoga es mi hermano… - musitó. El escorpión observó al rubio a un par de metros.


                    - ¡Suéltalo! – dijo echándosele encima a Milo intentando que soltara a Camus.


                    - Mientes… - dijo Milo muy serio.


                    - ¿Qué?


                    - Y tú niñato… - dijo tomándolo del cuello de la camisa – más vale que te vayas olvidando de Camus – luego lo arrojó contra una pared aturdiéndolo.


                    - ¿Qué haces? ¡Te dije que es mi hermano! ¡Suéltame! – se alejó junto con Camus, no soportaba seguir viendo al rubio, no soportaba que alguien más le importara al de acuario.


                    - Estás mintiendo… has mentido antes, estás mintiendo ahora…


                    - ¿De qué hablas?


                    - Tan solo quieres irte con él… ¡Ahh! ¿Qué te falta Camus? ¿Eh? ¿Qué te ha faltado todo este tiempo? ¿Quieres irte con él? – esa última frase la repetía constantemente en su cabeza.


                    - Y si quisiera ¿qué?... – su cuerpo temblaba, sentía que ese día terminaría todo, para bien, o para mal – Tú ni siquiera me escuchas y te la pasas todo el tiempo recordándome que soy solo un objeto más en tu mansión… y yo no lo entiendo Milo… tú te acostabas con Mime y después ibas a verme a mi o viceversa… si tanto necesitas acostarte con alguien, pues entonces busca a una ramera… - las palabras de Camus caían sobre él como pequeñas dagas dejando heridas, quería decirle que lo amaba, que lo necesitaba como nunca había necesitado a nadie – Si me dejas ir… - tomó el rostro de Milo entre sus manos – si me dejas ir ahora, te prometo jamás irrumpir en tu vida… en serio, yo… te prometo lo que quieras si me dejas ir…


                    - Yo… no puedo Camus… te quiero muchísimo… - las palabras de Milo también le dolían, quería creer que lo decía en serio, pero sentía que no eran ciertas.


                    - Milo – le sonrió – no te engañes, tú… ni siquiera me conoces… solo he sido un cuerpo más que ha ocupado tu cama… tarde o temprano te cansarás y…


                    - No… yo te quiero Camus… sé que quizá no lo crees, pero… te lo digo en serio… te amo, yo no… yo no imagino mi vida sin ti, así que, te pido… te ruego que no me pidas que te deje porque yo haría cualquier cosa por ti, de eso estoy seguro y… no quiero que me dejes… - en ese momento, sintió que lo había perdido, que no importaba si lo seguía reteniendo a la fuerza a su lado, Camus simplemente le había puesto las cosas en claro, no sentía lo mismo que él - ¿Por qué no puedes amarme de la forma en que yo te amo?



***



Cuando pudo ponerse de pie ya no había rastro de Milo y Camus.



                    - Te estaba buscando – dijo Ikki - ¿Dónde has estado?


                    - Milo es tu amigo ¿cierto? – por el tono en la voz de Hyoga, Ikki supo que algo andaba mal – Tú lo supiste todo este tiempo y ayer… cuando te pregunté ¡lo negaste! ¿Qué ganabas con ello?


                    - Hyoga… - a pesar de que en ningún momento había mencionado el encuentro con Camus, supo que el rubio ya lo sabía – Cálmate…


                    - ¡No me pidas que me calme! A ti ni siquiera te importa!, tú… tan solo nos separaste y nosotros jamás te hicimos nada… Eres un asco Ikki… de verdad, no sé cómo es que Aioros y Shiryu te aprecian, lo entiendo de Shun porque es tu hermano… - nunca pensó que el reproche de Hyoga le dolería tanto – Ojalá nunca te hubieras metido en nuestras vidas.


                    - Perdóname Hyoga… créeme que lo lamento y si pudiera hacer algo para reparar… el daño que te he hecho en todo este tiempo… lo haría… - el rubio lo miró con frialdad, sus palabras no lo conmovían.


                    - Y dime… ¿existe algún motivo? ¿o tan solo lo hiciste por diversión? – dijo irónico y el Fénix comprendió que era hora de decirle la verdad. 


                    - La familia de Milo y mi familia tenían un acuerdo desde que éramos pequeños… él… yo tenía que entregarle a Shun… Había escuchado los rumores acerca de un joven muy hermoso que estaba bajo la tutela de Aiacos cuyo nombre era Camus, así que esa noche… tan solo fuimos y descubrimos que no solo había un joven sino dos… - Hyoga escuchaba con poca paciencia – no estábamos seguros de quién era Camus, así que… los trajimos a ambos.


                    - ¿Así que lo hiciste por un ridículo acuerdo entre tus padres?


                    - Lo lamento… es que… Milo… no conoces a Milo, él no hubiera sido alguien bueno para Shun… - entonces el rubio lo observó con ira antes de golpear su rostro.


                    - ¿Y piensas que era alguien bueno para Camus?...


                    - No quise decir eso…


                    - ¡NO! NO TE ATREVAS A HABLAR… No quiero escucharte ¿entiendes?... Me das asco Ikki…


                    - Hyoga… - la mirada del rubio le hizo guardar silencio.


                    - ¿Y qué pensabas que éramos nosotros?... ¿Eh?... ¿Quién te piensas que eres para jugar de esa forma con la vida de los demás? NO tienes el derecho ¿entiendes? No tenías ningún derecho a dejar a Camus con ese tipo… cuando tú mismo sabías que no sería bueno con tu hermano - ahora Hyoga se encontraba caminando de un lado a otro, como si estuviera analizando qué hacer.


                    - Sé que estás molesto y…


                    - NO HABLES IKKI ¿Qué no entiendes? No quiero escuchar nada de lo que tengas que decir, yo… tan solo no quiero saber más de ti… buscaré a Camus ahora… y más vale que no intentes detenerme… - se alejó unos pasos.


                    - ¿Y qué piensas hacer? ¿Realmente piensas que te dejaré ir tan fácil? – no le importaba retener al rubio a su lado a la fuerza, aunque algo le decía que no había mucho que pudiera hacer. Hyoga detuvo sus pasos.


                    - Haz lo que quieras… - se encontraba cansado.


***



Habían terminado ambos sentados en el césped. Ahora estaban en silencio.



                    - Iré a buscar a Hyoga… - intentó ponerse de pie pero Milo lo retuvo en un abrazo.


                    – Espera… espera… ¿te irás con él? – le sorprendía un poco la angustia en la voz del escorpión.


                    - Tengo mucho tiempo de no verlo…


                    - Entiendo… Tú no me amas ¿cierto?


                    - Milo… más tarde hablamos de esto ¿si? – le dolía sobremanera verlo sufrir.


                    - Pero… ¿volverás? – Camus le sonrió.


                    - Te veo más tarde… - Milo solo asintió algo aliviado, al menos sabía que ésa no era su despedida.



***



                    - Estúpido Ikki… es un idiota… - Hyoga siguió blasfemando y maldiciendo contra el Fénix hasta que sintió que alguien lo alzaba en brazos, colocando una mano sobre su boca para que no emitiera sonido alguno. Intentó forcejear pero el tipo que lo sostenía era muy fuerte y mucho más alto que él.



Fue conducido a las afueras de la mansión y de ahí a un auto que lo esperaba.



***



Observó a un joven de cabello claro, no lo recordaba como invitado, así que debía de tratarse del hijo de algún empresario o quizá la pareja momentánea de alguien.



                    - Jamás lo vas a olvidar ¿cierto? – preguntó Saga con tristeza.


                    - ¿Eh? ¿De qué hablas? – respondió Shaka.


                    - Mu… Ese joven de allá… se le parece ¿cierto? – Shaka sonrió, no lo había pensado, pero ahora que Saga lo mencionaba, sí se parecía - Shaka… ¿Tengo alguna oportunidad contigo?


                    - Saga… ya antes habíamos hablado de esto…


                    - No, tan solo dime, ¿tengo alguna oportunidad contigo? No importa si es dentro de un millón de años o si piensas que es apenas una pequeña esperanza, tan solo… necesito saber si alguna vez considerarías estar conmigo…


                    - Lo lamento Saga… yo te aprecio mucho pero… no te veo de esa forma…


                    - ¿Y no puedes hacerlo? ¿No puedes intentarlo?


                    - Saga… estoy enamorado de alguien más…


                    - De Mu… ni siquiera sabes dónde está… - dijo con ironía antes de ponerse de pie y alejarse un poco, dejando a Shaka un poco destrozado al reconocer que Saga tenía razón. ¿Y si nunca lo volvía a ver? ¿Seguiría fascinado por él aún cuando estuviese ausente toda la eternidad?



***



Milo decidió algo en ese momento, recuperaría a Camus, sentía muchas cosas y una especie de ridículo optimismo lo invadió. Tenía que hablar con Ikki, haría lo que fuese necesario para que Camus fuera feliz y volviera a sonreír como ese día. Estaba cerca de la salida cuando vio al de acuario. Iba a gritar su nombre, pero decidió darle alcance, entonces observó a un tipo demasiado alto acercarse y sintió una especie de preocupación, era una corazonada, un presentimiento, algo que le anunciaba que alguien estaba tras Camus. Y así fue, tan solo alcanzó a distinguir cuando el tipo sometía al francés y se lo llevaba consigo. Gritó su nombre, corrió tan rápido como pudo, pero era tarde, no consiguió alcanzarlos.



Sufrió una crisis de histeria y entró a la mansión en busca de Ikki a quien le contó lo sucedido. Dohko estaba cerca y alcanzó a escuchar un fragmento de la conversación, entonces recordó que había visto a Camus preocupado.



                    - Es alguien a quien conoce…


                    - ¿Qué? ¿De qué hablas? – preguntó Ikki.


                    - Camus parecía querer esconderse de alguien…


                    - ¡¿De quién?! – gritó Milo casi echándose sobre Dohko.


                    - No sé, era un hombre de cabello mediano, oscuro…


                    - Aiacos… - musitó Ikki - ¿Dónde está Hyoga? – un escalofrío recorrió su cuerpo.



***



                    - Y con esto… se termina el trato… ¿Dónde está mi paga? – Aiacos le extendió un sobre con el resto del dinero acordado – Sabes a qué me refiero – dijo tomando el dinero.


                    - ¡Ahh! – se quejó con fastidio - Está bien… Minos… ve por Mu y tráelo.


                    - De acuerdo.



***



Dieron por terminada la fiesta y buscaron a Hyoga por toda la mansión y los alrededores sin encontrar nada. Nadie lo había visto.



                    - Mi hermoso Hyoga… has regresado al lugar del que nunca debiste salir…



Continuará…

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