sábado, 12 de enero de 2013

Capítulo 14: Misión - Agosto 19.2011



Capítulo 14: Misión



La misión fue un completo fracaso. Cualquiera habría pensado que no era más que un mal trabajo en equipo, pero lo cierto era que desde el principio, las posibilidades de éxito fueron casi nulas.



                    - Como soy mayor que tú tendrás que acatar mis órdenes – había dicho el de capricornio esa mañana antes de partir.


                    - ¿Ah sí? ¿Quién lo dice? – preguntó el francés antes de abrir una pequeña botella con un extraño líquido amarillo. Era una bebida energética que había preparado Aldebarán, así que, a pesar del extraño y fluorescente color, sabía muy bien.


                    - Lo digo yo – Camus arqueó una de sus cejas a manera de burla y el español reaccionó golpeando levemente su cabeza – ¡Argh! ¡Idiota!


                    - Ahh – suspiró Aioros, todavía no comenzaban con la misión y ya estaban discutiendo. De lejos se notaba que Camus era discípulo de Saga – Esta es la ruta que tomarán – dijo el arquero antes de proporcionarles un mapa y explicarles a grandes rasgos en qué consistía la misión.



Partieron temprano para poder llegar a D. antes de mediodía. Pensaban estar allá al menos dos o tres días, sin embargo, a las cinco treinta de la mañana del día siguiente, sus cuerpos malheridos fueron encontrados a las afueras del templo de Aries. El dueño del primer templo alcanzó a sentir el casi imperceptible cosmos que de inmediato reconoció como el de Shura y segundos después el de Camus.



                    - Shura… - musitó acercándose al cuerpo del español – dioses…



Había profundas heridas en su pecho, parecía como si lo hubieran atacado con algún objeto puntiagudo hasta atravesar su cuerpo, pero la hemorragia por algún motivo había cesado. Camus por su parte tenía una herida grave en la sien y otras menores en el resto del cuerpo, su rostro estaba cubierto del espeso líquido carmesí, pero al igual que las heridas de Shura, había dejado de sangrar. Curiosamente, las heridas de ambos estaban ubicadas con perfecta sincronía, era como si los hubieran atacado en los mismos puntos del cuerpo, a excepción de la herida de la sien. Mu maldijo en ese instante el no poder teletransportarse a otros templos, así que, con temor a moverlos, corrió lo más rápido que pudo en busca de Aldebarán.



***



Pasaron varios días antes de que recuperaran la consciencia por completo. Habían estado despertando por lapsos muy breves y se veían tan confusos que era imposible preguntarles qué había sucedido. El primero en recuperar la consciencia fue Camus, tenía algunos vendajes en el cuerpo, pero la mayoría de sus heridas habían sanado.



                    - Al fin has despertado – la agradable voz de Aioros lo reconfortó de inmediato. El arquero siempre sabía cómo transmitir tranquilidad a todos.


                    - ¿Y Shura? – preguntó preocupado y el de sagitario sonrió, aunque ninguno de los dos fuera capaz de aceptarlo, se preocupaban el uno por el otro.


                    - Todavía no despierta.


                    - Ahh… - se quejó el francés tocando su cabeza y de inmediato sintió el abultado vendaje que lo cubría - ¿Qué sucedió? ¿Cómo llegamos aquí? – Aioros abrió los ojos sobremanera.


                    - Pues… esperaba que tú pudieras responder esas preguntas… ¿qué pasó?


                    - No recuerdo… - le venían imágenes a la mente, pero no podía definirlas con claridad.


                    - Tranquilo… te traeré algo de comer… debes estar hambriento…


                    - Creo que él me salvó – musitó y Aioros se detuvo en la puerta – Shura… creo que cuando nos atacaron él me salvó…


                    - No lo dudo… él es de los que se sacrifican… creo que todos lo somos – no le pasó por la mente a Aioros en ese entonces, que un día, sería él quien tendría que sacrificarse para proteger a Athena, tampoco pensó que de quien la tendría que proteger, sería del de capricornio. 



***



El español despertó casi una semana después y lo primero que vio fue la hermosa cabellera rubia que se recargaba sobre su cama.



                    - Oi, te vas a resfriar si te duermes así – dijo antes de darle un suave empujón en la cabeza con tres de sus dedos. Shaka abrió sus hermosos cielos, hacía días que había dejado de meditar para poder cuidar a Shura, y este agradeció enormemente poder ver sus ojos de nuevo.


                    - Shura… - musitó, había estado todo el tiempo con él, tan solo lo dejaba cuando Mu le aconsejaba irse a descansar. El de virgo entonces, iba a su templo para tomar una ducha y un par de horas más tarde estaba de regreso en el templo del español.


                    - Te vas a resfriar – insistió y estuvo a punto de invitarlo a recostarse a su lado, donde la temperatura de las sábanas se sentía tan bien.


                    - Ahh… me alegra que hayas despertado – dijo antes de abrazar al mayor. Sintió que no debía hacerlo y lo soltó de inmediato en cuanto escuchó una leve queja por parte de éste – lo siento… - musitó apenado.


                    - Dioses, me duele todo el cuerpo, ¿qué sucedió?


                    - Tenías muchas heridas internas… - dijo algo sorprendido al darse cuenta de que el de capricornio no recordaba nada - ¿en serio no recuerdas nada?


                    - Solo… - parecía estarse esforzando realmente por recordar algo, pero era como si su cerebro bloqueara esa información.


                    - Ya, no te preocupes…


                    - ¿Camus me trajo?


                    - No lo sé… él tampoco recuerda nada… - dijo con un nudo en el pecho, el interés de Shura por Camus, aunque fuera solo por cuestiones del santuario le causaba malestar.



***



Dos días después, una vez que pudo ponerse de pie, Shura acudió hasta el recinto del patriarca para pedirle que lo enviara de nuevo a la ciudad de D., Shion ni siquiera tuvo que pensarlo antes de decirle que no. El español intentó negociar, pero nada de lo que dijo hizo que el patriarca cambiara de opinión. Entonces Shura salió, primero ocultando su molestia y luego, cuando estuvo lo suficientemente lejos, en uno de los campos de entrenamiento, dejó salir toda su frustración contra una columna.



                    - Já, entre tú y Milo acabarán con el santuario… - reconoció de inmediato la voz de Aioria y dirigió su mirada hacia donde se encontraba. Lo que no esperaba el español, fue que sentado al lado de Aioria estuviese Shaka.



Habían sido pocas veces las que habían conversado, lo cierto era que Shaka pasaba la mayor parte de su tiempo entrenando porque era a lo que estaba acostumbrado, además, no se le daba bien eso de socializar. Sin embargo, ese día, se había encontrado con el león, quien de inmediato le ofreció merendar con él. Shaka lo pensó un momento antes de aceptar, Shura le había dicho que estaría ocupado arreglando unos asuntos en el recinto del patriarca, así que no le vio nada de malo quedarse con el de leo.



                    - ¿Qué haces aquí? – ambos menores se observaron mutuamente sin saber a quién se estaba dirigiendo y por qué.


                    - Estábamos… - empezó a decir Shaka, pero Shura no lo dejó terminar.


                    - No importa – dijo con algo de fastidio – me voy…


                    - Espera… - de pronto tuvo la sensación de que había hecho algo malo – Nos vemos luego Aioria… - el león asintió con una sonrisa falsa y pensó que quizá esa sería la historia de su vida, ser abandonado.



El rubio tuvo que apresurar el paso para poder alcanzar al de capricornio.



                   - Shura… espera… - el español lo ignoró por completo - ¿Qué pasa?


                    - Ven conmigo – musitó antes de tomarlo por la muñeca y alejarse rumbo al pueblo.



Quiso preguntarle en varias ocasiones hacia dónde se dirigían, pero el contacto del mayor era tan placentero que tuvo miedo de decir algo y que éste lo soltara. No tardaron en llegar hasta lo que parecía ser un bar. El ambiente era oscuro, había algunas personas jugando billar mientras que otras veían un partido que transmitían en una enorme pantalla. Shura le hizo una señal al sujeto que atendía la barra y no tardó en ofrecerles dos bebidas.



                    - ¿Quieres que nos quedemos aquí o prefieres ir a una mesa? – preguntó mientras dejaba el dinero sobre la barra.


                    - No deberías beber… - musitó y Shura pudo notar cómo retorcía sus manos con ansiedad. Al parecer, esa sería una costumbre que sería difícil de dejar.


                    - Solo un par de copas…


                    - De acuerdo - dijo el rubio no muy convencido.



***



                    - ¿Conoces… la leyenda del… anillo… Nibelungo? – preguntó Shura, el par de copas había pasado a convertirse en muchas copas de las cuales perdió la cuenta y ahora estaba ebrio, así que Shaka tuvo que esforzarse por comprender sus palabras. 


                    - Es un anillo mágico – respondió dejando que pasara uno de sus brazos sobre su hombro para ayudarlo a llegar a su templo – hecho con oro de Rin y… si lo tienes puedes dominar al mundo entero… pero… que yo sepa es solo una leyenda… sería problemático si una sola persona pudiera hacer lo que quisiera con solo tener el anillo, ¿no crees?



De pronto Shura se reincorporó y avanzó unos cuantos pasos para después caer súbitamente.



                    - Espera, ¿qué haces?


                    - Una… persona podría… hacer cualquier cosa con… el anillo…


                    - Sí, esa es la magia del anillo… - dijo como si fuera obvio – Shura… bebiste demasiado… tus heridas no han sanado por completo… será mejor que descanses… puedes quedarte aquí… - dijo con nerviosismo, habían llegado a su templo y saber que faltaban cuatro templos más para llegar al de capricornio le parecía infinito.


                    - El maldito bastardo tenía razón.


                    - ¿De qué hablas?

                    
                    - Saga… Seat no era Seat… - "incoherencias de ebrio" – pensó Shaka y no le dio importancia a las palabras de Shura – Pero… yo sentí su cosmo… desaparecer… - el mayor se recargó en una de las paredes del templo de Shaka, parecía como si fuera presa de un gran dolor.


                    - ¿Estás bien? – preguntó el rubio ayudándolo a incorporarse y luego lo llevó hasta el sofá – Te iré a preparar un poco de té – musitó.


                    - Espera… NECESITO decirte algo… - Shaka se detuvo – Hay algo que debes saber de Saga y de mí…



***



Camus buscó en la alacena algo para cenar, había un poco de pan, pasta, mermelada y frutas enlatadas. Se vio tentado a ir hacia el templo de Aioros, el arquero tenía la costumbre de invitar (aunque a veces los obligaba) a comer a quien pasara por su templo y lo cierto era que no cocinaba nada mal, quizá se había quedado con la costumbre de preparar comida para Aioria y Milo.



                    - Ahh – suspiró, existía la posibilidad de que Milo estuviera en el templo de Aioros, no habían hablado todavía, así que Camus prefirió no arriesgarse y mejor se dedicó a investigar el contenido de su refrigerador.



Para su sorpresa se encontró con un platillo envuelto en plástico, tenía la fecha escrita con un marcador y una nota que decía “Agradéceme niñato, si no es por mí, morirías de hambre”, supo de inmediato que había sido Shura quien lo había dejado, aunque el de capricornio tampoco era bueno en la cocina tenía la ventaja de ser vecino directo de Aioros, así que cada que podía, le dejaba un poco a Camus, éste nunca se daba cuenta del momento en que el español se escabullía en su templo, la verdad, Camus jamás se dio cuenta de todas las cosas que Shura había hecho por él.



                    - Te soltaré si prometes no hacer ruido – Camus sintió su cuerpo inmovilizado al mismo tiempo que una mano cubría su boca y no supo qué le sorprendió más, si no haberse percatado de ese cosmos que invadía su templo o reconocer al dueño de esa voz - ¿Entendiste? – asintió para luego toparse de frente con él – Te he extrañado muchísimo – Camus lo observó con desconfianza, pudo notar algunas manchas de sangre en su ropa, seguramente provenía de algunas heridas que se habían reabierto.


                    - Saga… - pronunció su nombre pero sonó vacío, sin alma.



Continuará…

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